Hasta el 17 de diciembre
SEMANA
I
[DO][LU][MA][MI][JU][VI][SA]
SEMANA
II
[DO][LU][MA][MI][JU][VI][SA]
SEMANA
III
[DO][LU][MA][MI][JU][VI]
Desde el 17 de diciembre
SEMANA
III
[DO][LU][MA][MI][JU][VI][SA]
SEMANA
IV
[DO][LU][MA][MI][JU][VI][SA]
I VÍSPERAS
INVOCACIÓN INICIAL
V.
Dios mío ven en mi auxilio
R. Señor,
date prisa en socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
Éste
es el tiempo en que llegas
Jesucristo,
Palabra del Padre
SALMODIA
Ant. 1: Anunciad a los pueblos y decidles: «Mirad, viene Dios, nuestro Salvador.».
Salmo 140, 1-9
ORACIÓN ANTE EL PELIGRO
El humo del
incienso subió a la presencia de Dios,
de mano del ángel, en representación
de las oraciones de los santos. (Ap 8, 4)
Señor, te estoy llamando, ven de prisa,
escucha mi voz cuando
te llamo.
Suba mi oración como incienso en tu presencia,
el alzar de mis
manos como ofrenda de la tarde.
Coloca, Señor, una guardia en mi boca,
un centinela a la puerta
de mis labios;
no dejes inclinarse mi corazón a la maldad,
a cometer
crímenes y delitos;
ni que con los hombres malvados
participe en
banquetes.
Que el justo me golpee, que el bueno me reprenda,
pero que el
ungüento del impío
no perfume mi cabeza;
yo opondré mi oración a su
malicia.
Sus jefes cayeron despeñados,
aunque escucharon mis palabras
amables;
como una piedra de molino, rota por tierra,
están esparcidos
nuestros huesos
a la boca de la tumba.
Señor, mis ojos están vueltos a ti,
en ti me refugio, no me
dejes indefenso;
guárdame del lazo que me han tendido,
de la trampa de los
malhechores.
Ant. 1: Anunciad a los pueblos y decidles: «Mirad, viene Dios, nuestro Salvador.»
Ant. 2: Mirad, el Señor vendrá y todos sus santos vendrán con él; en aquel día habrá una gran luz. Aleluya.
Salmo 141
ORACIÓN DEL HOMBRE ABANDONADO: TÚ ERES MI
REFUGIO
Todo lo que
describe el salmo
se realizó en el Señor durante su pasión.
(S.
Hilario)
A voz en grito clamo al Señor,
a voz en grito suplico al
Señor;
desahogo ante él mis afanes,
expongo ante él mi
angustia,
mientras me va faltando el aliento.
Pero tú conoces mis senderos,
y que en el camino por donde
avanzo
me han escondido una trampa.
Me vuelvo a la derecha y miro:
nadie me hace caso;
no tengo
adónde huir,
nadie mira por mi vida.
A ti grito, Señor;
te digo: «Tú eres mi refugio
y mi heredad
en el país de la vida.»
Atiende a mis clamores,
que estoy agotado;
líbrame de mis
perseguidores,
que son más fuertes que yo.
Sácame de la prisión,
y daré gracias a tu nombre:
me rodearán
los justos
cuando me devuelvas tu favor.
Ant. 2: Mirad, el Señor vendrá y todos sus santos vendrán con él; en aquel día habrá una gran luz. Aleluya.
Ant. 3: Vendrá el Señor con gran poder y lo contemplarán todos los hombres.
Cántico
FIp 2, 6-11
CRISTO, SIERVO DE DIOS,
EN SU MISTERIO PASCUAL
Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su
categoría de Dios,
al contrario, se anonadó a sí mismo,
y tomó la
condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.
Y así, actuando como un hombre cualquiera,
se rebajó hasta
someterse incluso a la muerte
y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el Nombre sobre
todo nombre;
de modo que al nombre de Jesús
toda rodilla se doble en el
cielo,
en la tierra, en el abismo
y toda lengua proclame:
Jesucristo
es Señor, para gloria de Dios Padre.
Ant. 3: Vendrá el Señor con gran poder y lo contemplarán todos los hombres.
LECTURA BREVE 1Ts 5, 23-24
Que el mismo Dios de la paz os consagre totalmente y que todo vuestro ser -espíritu, alma y cuerpo- sea custodiado sin reproche hasta la Parusía de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es a sus promesas el que os ha convocado; y él las cumplirá.
RESPONSORIO BREVE
V. Muéstranos, Señor, tu
misericordia.
R. Muéstranos, Señor.
V. Y danos tu
salvación.
R. Muéstranos, Señor, tu misericordia.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu
Santo.
R.
Muéstranos, Señor, tu misericordia.
CANTICO EVANGÉLICO
Ant. Mirad: el Señor viene de lejos y su resplandor ilumina toda la tierra.
PRECES
Invoquemos a Cristo, alegría y júbilo de cuantos esperan su llegada, y digámosle: Ven, Señor, y no tardes más.
Esperamos alegres tu venida, * ven, Señor Jesús.
Tú que existes antes de los tiempos, * ven y salva a los que viven en el tiempo.
Tú que creaste el mundo y a todos los que en él habitan, * ven a restaurar la obra de tus manos.
Tú que no despreciaste nuestra naturaleza mortal, * ven y arráncanos del dominio de la muerte.
Tú que viniste para que tuviéramos vida abundante, * ven y danos tu vida eterna.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Tú que quieres congregar a todos los hombres en tu reino, * ven y reúne a cuantos desean contemplar tu rostro.
Pidamos ahora con grande confianza la venida del reino de Dios, con las palabras que Cristo nos enseñó: Padre nuestro.
Oración
Señor, despierta en tus fieles el deseo de prepararse a la venida de Cristo por la práctica de las buenas obras, para que, colocados un día a su derecha, merezcan poseer el reino celestial. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos
guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.
Amén.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera
celebración del día:
V.
Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo
contrario:
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date
prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Ant.1: Mirad, viene ya el Rey excelso, con gran poder, para salvar a todos los pueblos. Aleluya.
Salmo 1
LOS DOS CAMINOS DEL HOMBRE
Felices los
que, poniendo su esperanza en la cruz,
se sumergieron en las aguas del
bautismo.
Dichoso el hombre,
que no sigue el consejo de los impíos,
ni
entra por la senda de los pecadores,
ni se sienta en la reunión de los
cínicos;
sino que su gozo es la ley del Señor,
y medita su ley día y
noche.
Será como un árbol
plantado al borde de la acequia:
da fruto
a su tiempo
y no se marchitan sus hojas;
y cuanto emprende tiene buen
fin.
No así los impíos, no así;
serán paja que arrebata el
viento.
En el juicio los impíos no se levantarán,
ni los pecadores en la
asamblea de los justos;
porque el Señor protege el camino de los
justos,
pero el camino de los impíos acaba mal.
Ant.1: Mirad, viene ya el Rey excelso, con gran poder, para salvar a todos los pueblos. Aleluya.
Ant. 2: Alégrate y goza, hija de Jerusalén: mira a tu Rey que viene. No temas, Sión, tu salvación está cerca.
Salmo 2
EL MESÍAS, REY VENCEDOR
Verdaderamente se aliaron contra tu santo siervo
Jesús, tu Ungido.
(Hch 4, 27)
¿Por qué se amotinan las naciones,
y los pueblos planean un
fracaso?
Se alían los reyes de la tierra,
los príncipes
conspiran
contra el Señor y contra su Mesías:
«Rompamos sus
coyundas,
sacudamos su yugo.»
El que habita en el cielo sonríe,
el Señor se burla de
ellos.
Luego les habla con ira,
los espanta con su cólera:
«Yo mismo he
establecido a mi Rey
en Sión, mi monte santo.»
Voy a proclamar el decreto del Señor;
él me ha dicho: «Tú eres
mi Hijo:
yo te he engendrado hoy.
Pídemelo: te daré en herencia las
naciones,
en posesión los confines de la tierra:
los gobernarás con cetro
de hierro,
los quebrarás como jarro de loza.»
Y ahora, reyes, sed sensatos;
escarmentad los que regís la
tierra:
servid al Señor con temor,
rendidle homenaje temblando;
no sea
que se irrite, y vayáis a la ruina,
porque se inflama de pronto su
ira.
¡Dichosos los que se refugian en él!
Ant. 2: Alégrate y goza, hija de Jerusalén: mira a tu Rey que viene. No temas, Sión, tu salvación está cerca.
Ant. 3: Salgamos con corazón limpio a recibir al Rey supremo, porque está para venir y no tardará.
Salmo 3
CONFIANZA EN MEDIO DE LA ANGUSTIA
Durmió el
Señor el sueño de la muerte y resucitó del sepulcro
porque el Padre fue su
ayuda. (S. Ireneo)
Señor, cuántos son mis enemigos,
cuántos se levantan contra
mí;
cuántos dicen de mí:
«Ya no lo protege Dios.»
Pero tú, Señor, eres mi escudo y mi gloria,
tú mantienes alta mi
cabeza.
Si grito invocando al Señor,
él me escucha desde su monte
santo.
Puedo acostarme y dormir y despertar:
el Señor me
sostiene.
No temeré al pueblo innumerable
que acampa a mi
alrededor.
Levántate, Señor;
sálvame, Dios mío:
tu golpeaste a mis
enemigos en la mejilla,
rompiste los dientes de los malvados.
De ti, Señor, viene la salvación
y la bendición sobre tu
pueblo.
Ant. 3: Salgamos con corazón limpio a recibir al Rey supremo, porque está para venir y no tardará.
V. Levantaos, alzad la
cabeza.
R. Se acerca vuestra liberación.
PRIMERA LECTURA
Año I:
Del libro del profeta Isaías 6, 1-13
VOCACIÓN DE ISAÍAS
El año de la muerte del rey Ozías vi al Señor sentado sobre un trono alto y excelso: la orla de su manto llenaba el templo. Y vi serafines de pie junto a él, cada uno con seis alas: con dos alas se cubrían el rostro, con dos alas se cubrían el cuerpo, con dos alas se cernían. Y se gritaban el uno hacia el otro, diciendo:
«¡Santo, santo, santo es el Señor de los ejércitos, llena está la tierra de su gloria!» y temblaban las jambas de las puertas al clamor de su voz, y el templo estaba lleno de humo. Yo dije:
«¡Ay de mí, estoy perdido! Yo, hombre de labios impuros, que habito en medio de un pueblo de labios impuros, he visto con mis ojos al Rey y Señor de los ejércitos.» y voló hacia mí uno de los serafines. con un ascua en la mano, que había tomado del altar con unas tenazas; la aplicó a mi boca y me dijo:
«Mira: esto ha tocado tus labios, ha desaparecido tu culpa, está perdonado, tu pecado.» Entonces escuché la voz del Señor, que decía:
«¿A quién mandaré? ¿Quién irá de parte mía?» Yo contesté:
«Aquí estoy, mándame.» Él
replicó:
«Ve y di a ese pueblo: "Oíd con vuestros oídos, sin entender; mirad
con vuestros ojos, sin comprender." Embota el corazón de ese pueblo, endurece su
oído, ciega sus ojos: que sus ojos no vean, que sus oídos no oigan, que su
corazón no entienda, que no se convierta ni sane.» Yo pregunté:
«¿Hasta cuándo, Señor?» y él me contestó:
«Hasta que queden las ciudades sin habitantes, las casas sin vecinos, los campos desolados. Porque el Señor alejará a los hombres, y crecerá el abandono en el país.
y si queda en él uno de cada diez, de nuevo serán destrozados, como una encina o un roble que, al talarlos, dejan sólo un tocón. Este tocón, sin embargo, será semilla santa.»
Responsorio Cf. Ex 3, 4. 7. 13; Sal
79, 2
R. Por favor, Señor: mira la opresión de tu pueblo y envía al
que te propones mandar; * ven a salvarnos, como
lo has prometido.
V. Pastor de Israel, escucha, tú que guías a José como a un
rebaño; tú que te sientas sobre querubines.
R. Ven a salvamos, como lo has
prometido.
Año II:
REPRENSIÓN AL PUEBLO
Comienza el libro del profeta Isaías 1, 1-18
Visión de Isaías, hijo de Amós, acerca de Judá y de Jerusalén, en tiempos de Ozías, Yotán, Ajaz y Ezequías, reyes de Judá.
Oíd cielos, escucha tierra, que habla el Señor: «Hijos he criado y elevado, y ellos se han rebelado contra mí. Conoce el buey a su amo, y el asno el pesebre del dueño;
Israel no conoce, mi pueblo no recapacita.» ¡Ay, gente pecadora, pueblo cargado de culpas, raza de malvados, hijos degenerados! Han abandonado al Señor, despreciado al Santo de Israel.
¿Dónde seguiros hiriendo, si acumuláis delitos? La cabeza es una llaga, el corazón está agotado, de la planta del pie a la cabeza no hay en él parte sana: llagas, cardenales, heridas recientes, no exprimidas ni vendadas ni aliviadas con ungüento.
Vuestra tierra devastada, vuestras ciudades incendiadas, vuestros campos, ante vosotros, los devoran extranjeros. Desolación como en la catástrofe de Sodoma. y Sión la capital ha quedado como cabaña de viñedo, como choza de melonar, como ciudad sitiada. Si el Señor de los ejércitos no nos hubiera dejado un resto, seríamos como Sodoma, nos pareceríamos a Gomorra.
Oíd la palabra del Señor, príncipes de Sodoma, escucha la enseñanza de nuestro Dios, pueblo de Gomorra:
«¿Qué me importa el número de vuestros sacrificios? -dice el Señor-. Estoy harto de holocaustos de carneros, de grasa de becerros; la sangre de toros, corderos y chivos no me agrada. ¿Quién pide algo de vuestras manos cuando pisáis mis atrios para venir a presentaras ante mí? No me traigáis más dones vacíos, más incienso execrable. Novilunios, sábados, asambleas no los aguanto. Vuestras solemnidades y fiestas las detesto; se me han vuelto una carga que no soporto más. Cuando extendéis las manos, cierro los ojos; aunque multipliquéis las plegarias, no os escucharé. Vuestras manos están llenas de sangre.
Lavaos, purificaos, apartad de mi vista vuestras malas acciones. Cesad de obrar mal, aprended a obrar bien;
buscad lo que es justo, haced justicia al oprimido, defended al huérfano, proteged a la viuda. Entonces, venid, y litigaremos -dice el Señor-. Aunque vuestros pecados sean como la grana, blanquearán como la nieve; aunque sean rojos como escarlata, quedarán blancos como lana.»
Responsorio ls 1, 16. 18.
17
R. Lavaos, purificaos, apartad de mi vista vuestras malas acciones;
* aunque vuestros pecados sean como la grana,
blanquearán como la nieve.
V. Cesad de obrar mal, aprended a obrar bien;
buscad lo que es justo.
R. Aunque vuestros pecados sean como la grana,
blanquearán como la nieve.
SEGUNDA LECTURA
De las Catequesis de san Cirilo de Jerusalén, obispo
(Catequesis 15, 1-3: PG 33, 870.874)
LAS DOS VENIDAS DE CRISTO
De las Catequesis de san Cirilo de Jerusalén, obispo
(Catequesis 15, 1-3: PG 33, 870.874)
LAS DOS VENIDAS DE CRISTO
Os anunciamos la venida de Cristo, y no sólo una, sino también una segunda que será sin duda mucho más gloriosa que la primera. La primera se realizó en el sufrimiento, la segunda traerá consigo la corona del reino.
Porque en nuestro Señor Jesucristo casi todo presenta una doble dimensión. Doble fue su nacimiento: uno, de Dios, antes de todos los siglos; otro, de la Virgen, en la plenitud de los tiempos. Doble su venida: una en la oscuridad y calladamente, como lluvia sobre el césped; la segunda, en el esplendor de su gloria, que se realizará en el futuro.
En la primera venida fue envuelto en pañales y recostado en un pesebre; en la segunda aparecerá vestido de luz. En la primera sufrió la cruz, pasando por encima de su ignominia; en la segunda vendrá lleno de poder y de gloria, rodeado de todos los ángeles.
Por lo tanto, no nos detengamos sólo en la primera venida, sino esperemos ansiosamente la segunda. Y así como en la primera dijimos: Bendito el que viene en nombre del Señor, en la segunda repetiremos lo mismo cuando, junto con los ángeles, salgamos a su encuentro y lo aclamemos adorándolo y diciendo de nuevo: Bendito el que viene en nombre del Señor.
Vendrá el Salvador no para ser nuevamente juzgado, sino para convocar a juicio a quienes lo juzgaron a él. El que la primera vez se calló mientras era juzgado dirá entonces a los malvados que durante la crucifixión lo insultaron: Esto hicisteis y callé.
En aquel tiempo vino para cumplir un designio de amor, enseñando y persuadiendo a los hombres con dulzura; pero al final de los tiempos -lo quieran o no necesariamente tendrán que someterse a su reinado.
De estas dos venidas habla el profeta Malaquías: Pronto entrará en el santuario el Señor a quien vosotros buscáis. Esto lo dice de su primera venida.
Y de la otra dice: El mensajero de la alianza que vosotros deseáis: he aquí que viene -dice el Señor de los ejércitos-. ¿Quién podrá resistir el día de su venida?, ¿quién quedará en pie cuando aparezca? Será como un fuego de fundidor, como lejía de lavandero: se sentará como un fundidor que refina la plata.
Pablo, en su carta a Tito, nos habla también de las dos venidas con estas palabras: Dios ha hecho aparecer a la vista de todos los hombres la gracia que nos trae la salud; y nos enseña a vivir con sensatez, justicia y religiosidad en esta vida, desechando la impiedad y las ambiciones del mundo, y aguardando la feliz esperanza y la manifestación de la gloria del gran Dios y Salvador nuestro, Jesucristo. Mira cómo nos muestra la primera venida, por la cual da gracias, y la segunda, que esperamos.
Por eso la fe que hemos recibido por tradición nos enseña a creer en aquel que subió a los cielos y está sentado a la derecha del Padre. Y de nuevo vendrá con gloria, para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin.
Vendrá, por tanto, nuestro Señor Jesucristo desde el cielo, vendrá glorioso en el último día. Y entonces será la consumación de este mundo, y este mundo, que fue creado al principio, será totalmente renovado.
Responsorio
R. He aquí que veo venir a lo
lejos el poder de Dios y una niebla que cubre toda la tierra. Id a su encuentro
y preguntadle: * «Dinos si tú eres el que
esperamos, * el que ha de reinar en el pueblo de
Israel.»
V. Plebeyos y nobles, ricos y pobres,
R. Id a su encuentro y
preguntadle:
V. Pastor de Israel, escucha, tú que guías a José como a un
rebaño:
R. Dinos si tú eres el que esperamos.
V. ¡Portones!, alzad los
dinteles, levantaos, puertas antiguas: va a entrar el Rey de la gloria.
R. El
que ha de reinar en el pueblo de Israel.
V. He aquí que veo venir a lo lejos
el poder de Dios y una niebla que cubre toda la tierra. * Id a su encuentro y preguntadle: * «Dinos si tú eres el que esperamos, * el que ha de reinar en el pueblo de
Israel»
Después del segundo responsorio, se dice el himno Señor, Dios eterno.
Oración
Señor, despierta en tus fieles el
deseo de prepararse a la venida de Cristo por la práctica de las buenas obras,
para que, colocados un día a su derecha, merezcan poseer el reino celestial. Por
nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera
celebración del día:
V.
Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo
contrario:
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date
prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
Ven,
Señor, no tardes
Una
clara voz resuena
SALMODIA
Ant. 1: Aquel día los montes destilarán dulzura y las colinas manarán leche y miel. Aleluya.
Salmo 62, 2-9
El ALMA SEDIENTA DE DIOS
Madruga por
Dios todo el
que rechaza las obras
de las tinieblas.
¡Oh Dios!, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está
sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada,
sin agua.
¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu
gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios.
Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me
saciaré de manjares exquisitos,
y mis labios te alabarán
jubilosos.
En el lecho me acuerdo de ti
y velando medito en ti,
porque
fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo:
mi alma
está unida a ti,
y tu diestra me sostiene.
Ant. 1: Aquel día los montes destilarán dulzura y las colinas manarán leche y miel. Aleluya.
Ant. 2: Los montes y las colinas aclamarán en presencia del Señor y los árboles del bosque aplaudirán, porque viene el Señor y reinará eternamente. Aleluya.
Cántico
Dn 3, 57-88. 56
TODA LA CREACIÓN ALABE AL SEÑOR
Alabad al
Señor sus siervos
todos. (Ap 19, 5)
Creaturas todas del Señor, bendecid al Señor,
ensalzadlo con
himnos por los siglos.
Ángeles del Señor, bendecid al Señor;
cielos, bendecid al
Señor.
Aguas del espacio, bendecid al Señor;
ejércitos del Señor,
bendecid al Señor.
Sol y luna, bendecid al Señor;
astros del cielo, bendecid al
Señor.
Lluvia y rocío, bendecid al Señor;
vientos todos, bendecid al
Señor.
Fuego y calor, bendecid al Señor;
fríos y heladas, bendecid al
Señor.
Rocíos y nevadas, bendecid al Señor;
témpanos y hielos, bendecid
al Señor.
Escarchas y nieves, bendecid al Señor;
noche y día, bendecid al
Señor.
Luz y tinieblas, bendecid al Señor;
rayos y nubes, bendecid al
Señor.
Bendiga la tierra al Señor,
ensálcelo con himnos por los
siglos.
Montes y cumbres, bendecid al Señor;
cuanto germina en la
tierra, bendiga al Señor.
Manantiales, bendecid al Señor;
mares y ríos, bendecid al
Señor.
Cetáceos y peces, bendecid al Señor;.
aves del cielo, bendecid
al Señor.
Fieras y ganados, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por
los siglos.
Hijos de los hombres, bendecid al Señor;
bendiga Israel al
Señor.
Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor;
siervos del Señor,
bendecid al Señor.
Almas y espíritus justos, bendecid al Señor;
santos y humildes
de corazón, bendecid al Señor.
Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor,
ensalzadlo con
himnos por los siglos.
Bendigamos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo,
ensalcémoslo
con himnos por los siglos.
Bendito el Señor en la bóveda del cielo,
alabado y glorioso y
ensalzado por los siglos.
No se dice Gloria al Padre.
Ant. 2: Los montes y las colinas aclamarán en presencia del Señor y los árboles del bosque aplaudirán, porque viene el Señor y reinará eternamente. Aleluya.
Ant. 3: Vendrá el gran profeta y renovará Jerusalén. Aleluya.
Salmo 149
ALEGRÍA DE LOS SANTOS
Los hijos de
la Iglesia, nuevo pueblo de Dios,
se alegran en su Rey, Cristo, el Señor.
(Hesiquio)
Cantad al Señor un cántico nuevo,
resuene su alabanza en la
asamblea de los fieles;
que se alegre Israel por su Creador,
los hijos de
Sión por su Rey.
Alabad su nombre con danzas,
cantadle con tambores y
cítaras;
porque el Señor ama a su pueblo
y adorna con la victoria a los
humildes.
Que los fieles festejen su gloria
y canten jubilosos en
filas:
con vítores a Dios en la boca
y espadas de dos filos en las
manos:
para tomar venganza de los pueblos
y aplicar el castigo a las
naciones,
sujetando a los reyes con argollas,
a los nobles con esposas de
hierro.
Ejecutar la sentencia dictada
es un honor para todos sus
fieles.
Ant. 3: Vendrá el gran profeta y renovará Jerusalén. Aleluya.
LECTURA BREVE Rm 13,11b-12
Ya es hora que despertéis del sueño, pues la salud está ahora más cerca que cuando abrazamos la fe. La noche va pasando, el día está encima; desnudémonos, pues, de las obras de las tinieblas y vistámonos de las armas de la luz.
RESPONSORIO BREVE
V. Cristo, Hijo de Dios vivo,
ten piedad de nosotros. R. Cristo.
V. Tú que has de venir al mundo.
R. Ten piedad de nosotros.
V. Gloria. R. Cristo.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: El Espíritu Santo descenderá sobre ti, María; no temas, concebirás en tu seno al Hijo de Dios. Aleluya.
PRECES
Oremos a Dios Padre, que nos concede la gracia de esperar la revelación de nuestro Señor Jesucristo, y digámosle confiados: Muéstranos, Señor, tu misericordia.
Santifica, Señor, todo nuestro ser, alma y cuerpo, * y guárdanos libres de culpa hasta el día de la venida de tu Hijo.
Haz que durante este día caminemos en santidad * y llevemos una vida justa y religiosa.
Haz que nos revistamos de nuestro Señor Jesucristo * y que nos llenemos del Espíritu Santo.
Concédenos, Señor, que vivamos siempre preparados * para el día de la manifestación gloriosa de tu Hijo.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Como nos enseñó el Salvador, nos atrevemos a decir: Padre nuestro.
Oración
Señor, despierta en tus fieles el deseo de prepararse a la venida de Cristo por la práctica de las buenas obras, para que, colocados un día a su derecha, merezcan poseer el reino celestial. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos
guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
V.
Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor,
date prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Antífona:
Tercia: Los profetas anunciaron que el Salvador
nacería de María Virgen.
Sexta: El ángel
Gabriel saludó a María diciendo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está
contigo, bendita tú entre las mujeres.»
Nona:
María dijo: «¿Qué significa este saludo? Me quedo perpleja ante estas
palabras de que daré a luz un Rey sin perder mi virginidad.»
Salmo 117
HIMNO DE ACCIÓN DE GRACIAS DESPUÉS DE LA
VICTORIA
Jesús es la
piedra que desechasteis vosotros,
los arquitectos, y que se ha convertido
en piedra angular. (Hch 4, 11)
I
Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su
misericordia.
Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.
Diga la casa de Aarón:
eterna es su misericordia.
Digan los fieles del Señor
eterna es su misericordia.
En el peligro grité al Señor,
y me escuchó, poniéndome a
salvo.
El Señor está conmigo: no temo,
¿qué podrá hacerme el
hombre?
El Señor está conmigo y me auxilia,
veré la derrota de mis
adversarios.
Mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los
hombres,
mejor es refugiarse en el Señor
que confiar en los
magnates.
II
Todos los pueblos me rodeaban,
en el nombre del Señor los
rechacé,
me rodeaban cerrando el cerco,
en el nombre del Señor los
rechacé,
me rodeaban como avispas,
ardiendo como fuego en las
zarzas,
en el nombre del Señor los rechacé.
Empujaban y empujaban para derribarme,
pero el Señor me
ayudó;
el Señor es mi fuerza y mi energía,
él es mi salvación.
Escuchad: hay cantos de victoria
en las tiendas de los
justos:
«La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es
excelsa,
la diestra del Señor es poderosa.»
No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor.
Me
castigó, me castigó el Señor,
pero no me entregó a la muerte.
III
Abridme las puertas del triunfo,
y entraré para dar gracias al
Señor.
Esta es la puerta del Señor:
los vencedores entrarán por
ella.
Te doy gracias porque me escuchaste
y fuiste mi
salvación.
La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra
angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro
patente.
Éste es el día en que actuó el Señor:
sea nuestra alegría y
nuestro gozo.
Señor, danos la salvación;
Señor, danos
prosperidad.
Bendito el que viene en nombre del Señor,
os bendecimos desde la
casa del Señor;
el Señor es Dios: él nos ilumina.
Ordenad una procesión con ramos
hasta los ángulos del
altar.
Tú eres mi Dios, te doy gracias;
Dios mío, yo te
ensalzo.
Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su
misericordia.
Tercia: Los profetas anunciaron que el Salvador nacería de María Virgen.
LECTURA BREVE Rm 13,13-14a
Andemos como en pleno día, con dignidad. No andemos en comilonas y borracheras, ni en deshonestidad ni lujuria, ni en riñas ni envidias; sino revestíos de Jesucristo, el Señor.
V. Los gentiles
temerán tu nombre, Señor.
R. Los reyes del
mundo tu gloria.
Oremos:
Señor, despierta en tus fieles el deseo de
prepararse a la venida de Cristo por la práctica de las buenas obras, para que,
colocados un día a su derecha, merezcan poseer el reino celestial. Por Cristo
nuestro Señor.
Sexta: El
ángel Gabriel saludó a María diciendo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está
contigo, bendita tú entre las mujeres.»
LECTURA
BREVE 1Ts 3,12-13
Que el Señor os haga aumentar y rebosar en amor de unos con otros y con todos, así como os amamos nosotros, para que conservéis vuestros corazones intachables en santidad ante Dios, Padre nuestro, cuando venga nuestro Señor Jesucristo con todos sus santos.
V. Acuérdate de nosotros, Señor, por amor a tu
pueblo.
R. Visítanos con tu
salvación.
Oremos:
Señor, despierta en tus fieles el deseo de
prepararse a la venida de Cristo por la práctica de las buenas obras, para que,
colocados un día a su derecha, merezcan poseer el reino celestial. Por Cristo
nuestro Señor.
Nona: María dijo: «¿Qué significa este saludo? Me quedo perpleja ante estas palabras de que daré a luz un Rey sin perder mi virginidad.»
LECTURA BREVE Cf. 2Ts 1,6.7.10
Es justo a los ojos de Dios que a vosotros, los atribulados, os pague con descanso eterno, descanso que será en nuestra compañía. Esto sucederá el día de la revelación de Jesús, el Señor, cuando venga del cielo con los ángeles ejecutadores de su poder, cuando venga aquel día para ser glorificado en sus santos y para ser la admiración de los que han tenido fe.
V. Ven, Señor, y
no tardes.
R. Perdona los pecados de tu pueblo.
Oremos:
Señor, despierta en tus fieles el deseo de
prepararse a la venida de Cristo por la práctica de las buenas obras, para que,
colocados un día a su derecha, merezcan poseer el reino celestial. Por Cristo
nuestro Señor.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío ven en mi
auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
Éste
es el tiempo en que llegas
Jesucristo,
Palabra del Padre
SALMODIA
Ant. 1: Hija de Sión, alégrate; salta de gozo, hija de Jerusalén. Aleluya.
Salmo 109, 1-5. 7
EL MESÍAS, REY Y SACERDOTE
Él debe
reinar hasta poner
todos sus enemigos bajo
sus pies. (1Co 15,
25)
Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré
de tus enemigos
estrado de tus pies.»
Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en
la batalla a tus enemigos.
«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores
sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la
aurora.»
El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
«Tú eres sacerdote
eterno
según el rito de Melquisedec.»
El Señor a tu derecha, el día de su ira,
quebrantará a los
reyes.
En su camino beberá del torrente,
por eso levantará la
cabeza.
Ant. 1: Hija de Sión, alégrate; salta de gozo, hija de Jerusalén. Aleluya.
Ant. 2: Vendrá nuestro rey, Cristo, el Señor: el cordero de quien Juan anunció la venida.
Salmo 113 A
ISRAEL LIBRADO DE EGIPTO;
LAS MARAVILLAS
DEL ÉXODO
Reconoced que
también vosotros,
los que renunciasteis al mundo,
habéis salido de Egipto.
(S. Agustín)
Cuando Israel salió de Egipto,
los hijos de Jacob de un pueblo
balbuciente,
Judá fue su santuario,
Israel fue su dominio.
El mar, al verlos, huyó,
el Jordán se echó atrás;
los montes
saltaron como carneros;
las colinas, como corderos.
¿Qué te pasa, mar, que huyes,
y a ti, Jordán, que te echas
atrás?
¿Y a vosotros, montes, que saltáis como carneros;
colinas, que
saltáis como corderos?
En presencia del Señor se estremece la tierra,
en presencia del
Dios de Jacob;
que transforma las peñas en estanques,
el pedernal en
manantiales de agua.
Ant. 2: Vendrá nuestro rey, Cristo, el Señor: el cordero de quien Juan anunció la venida.
Ant. 3: Llego en seguida y traigo conmigo mi salario, para pagar a cada uno según sus propias obras.
El cántico siguiente se dice con todos los Aleluya intercalados cuando el oficio es cantado. Cuando el Oficio se dice sin canto es suficiente decir el Aleluya sólo al principio y al final de cada estrofa.
Cántico
Ap. 19, 1-2. 5-7
LAS BODAS DEL CORDERO
Aleluya.
La salvación y la gloria y el poder
son de nuestro
Dios.
(R. Aleluya)
Porque sus juicios son verdaderos y justos.
R. Aleluya, (aleluya).
Aleluya.
Alabad al Señor, sus siervos todos.
(R. Aleluya)
Los que le teméis,
pequeños y grandes.
R. Aleluya, (aleluya).
Aleluya.
Porque reina el Señor, nuestro Dios,
dueño de
todo.
(R. Aleluya.)
Alegrémonos y gocemos y démosle gracias.
R. Aleluya, (aleluya).
Aleluya.
Llegó la boda del Cordero.
(R. Aleluya.)
Su esposa se ha
embellecido.
R. Aleluya, (aleluya).
Ant. 3: Llego en seguida y traigo conmigo mi salario, para pagar a cada uno según sus propias obras.
LECTURA BREVE Co 1, 3-4
Estad siempre alegres en el Señor. Otra vez os lo digo: Estad alegres. Que vuestra bondad sea conocida de todos. El Señor está cerca.
RESPONSORIO BREVE
V. Muéstranos, Señor, tu
misericordia. R. Muéstranos.
V. Y danos tu salvación.
R. Muéstranos, Señor,
tu misericordia.
V. Gloria.
R. Muéstranos.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu seno y darás a luz un hijo. Aleluya.
PRECES
Oremos a Jesucristo, nuestro redentor, que es camino, verdad y vida de los hombres, y digámosle: Ven, Señor, y quédate con nosotros.
Jesús, Hijo del Altísimo, anunciado por el ángel Gabriel a María Virgen, * ven a reinar para siempre sobre tu pueblo.
Santo de Dios, ante cuya venida el Precursor saltó de gozo en el seno de Isabel, * ven y alegra al mundo con la gracia de la salvación.
Jesús, Salvador, cuyo nombre el ángel reveló a José, * ven a salvar al pueblo de sus pecados.
Luz del mundo, a quien esperaban Simeón y todos los justos, * ven a consolar a tu pueblo.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Sol naciente, de quien Zacarías profetizó que nos visitaría de lo alto, * ven a iluminar a los que viven en tiniebla y en sombra de muerte.
Pidamos ahora con grande confianza la venida del reino de Dios, con las palabras que Cristo nos enseñó: Padre nuestro.
Oración
Señor, despierta en tus fieles el deseo de prepararse a la venida de Cristo por la práctica de las buenas obras, para que, colocados un día a su derecha, merezcan poseer el reino celestial. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos
guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
OFICIO DE LECTURA
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera
celebración del día:
V.
Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca
proclamará tu alabanza.
De lo
contrario:
V. Dios mío,
ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Ant.1: Sálvame, Señor, por tu misericordia.
Salmo 6
ORACIÓN DEL AFLIGIDO QUE ACUDE A DIOS
Ahora mi alma
está agitada...
Padre, líbrame de esta hora.
(Jn 12,
27)
Señor, no me corrijas con ira,
no me castigues con
cólera.
Misericordia, Señor, que desfallezco;
cura, Señor, mis huesos
dislocados.
Tengo el alma en delirio,
y tú, Señor, ¿hasta
cuándo?
Vuélvete, Señor, liberta mi alma,
sálvame por tu
misericordia.
Porque en el reino de la muerte nadie te invoca,
y en el
abismo, ¿quién te alabará?
Estoy agotado de gemir:
de noche lloro sobre el lecho,
riego
mi cama con lágrimas.
Mis ojos se consumen irritados,
envejecen por tantas
contradicciones.
Apartaos de mí los malvados,
porque el Señor ha escuchado mis
sollozos;
el Señor ha escuchado mi súplica,
el Señor ha aceptado mi
oración.
Que la vergüenza abrume a mis enemigos,
que avergonzados huyan
al momento.
Ant.1: Sálvame, Señor, por tu misericordia.
Ant. 2: El Señor es el refugio del oprimido en los momentos de peligro.
Salmo 9 A
ACCIÓN DE GRACIAS POR LA VICTORIA
De nuevo
vendrá con gloria para
juzgar a vivos y muertos.
Te doy gracias, Señor, de todo corazón,
proclamando todas tus
maravillas;
me alegro y exulto contigo
y toco en honor de tu nombre, ¡oh
Altísimo!
Porque mis enemigos retrocedieron,
cayeron y perecieron ante tu
rostro.
Defendiste mi causa y mi derecho
sentado en tu trono como juez
justo.
Reprendiste a los pueblos, destruiste al impío
y borraste para
siempre su apellido.
El enemigo acabó en ruina perpetua,
arrasaste sus
ciudades y se perdió su nombre.
Dios está sentado por siempre
en el trono que ha colocado para
juzgar.
Él juzgará el orbe con justicia
y regirá las naciones con
rectitud.
Él será refugio del oprimido,
su refugio en los momentos de
peligro.
Confiarán en ti los que conocen tu nombre,
porque no abandonas a
los que te buscan.
Ant. 2: El Señor es el refugio del oprimido en los momentos de peligro.
Ant. 3: Narraré tus hazañas en las puertas de Sión.
II
Tañed en honor del Señor, que reside en Sión;
narrad sus hazañas
a los pueblos;
él venga la sangre, él recuerda,
y no olvida los gritos de
los humildes.
Piedad, Señor;
mira cómo me afligen mis enemigos;
levántame
del umbral de la muerte,
para que pueda proclamar tus alabanzas
y gozar de
tu salvación en las puertas de Sión.
Los pueblos se han hundido
en la fosa que hicieron,
su pie
quedó prendido en la red que escondieron.
El Señor apareció para hacer
justicia,
y se enredó el malvado en sus propias acciones.
Vuelvan al abismo los malvados,
los pueblos que olvidan a
Dios.
El no olvida jamás al pobre,
ni la esperanza del humilde
perecerá.
Levántate, Señor, que el hombre no triunfe:
sean juzgados los
gentiles en tu presencia.
Señor, infúndeles terror,
y aprendan los pueblos
que no son más que hombres.
Ant. 3: Narraré tus hazañas en las puertas de Sión.
V.
Muéstranos, Señor, tu misericordia.
R.
Y danos tu salvación.
PRIMERA LECTURA
Año I:
Del libro del profeta Isaías 7,1-17
LA SEÑAL DEL EMMANUEL
Cuando Ajaz, hijo de Yotán, hijo de Ozías, reinaba en Judá, Rasín, rey de Damasco, y Pecaj, hijo de Romelía y rey de Israel, subieron a Jerusalén para atacada; pero no lograron conquistada.
Llegó la noticia al heredero de David: «Los sirios acampan en Efraím.» y se agitó su corazón Y el del pueblo como se agitan los árboles del bosque con el viento.
Entonces el Señor dijo a Isaías: «Sal al encuentro de Ajaz, con tu hijo Sear Yasub, hacia el extremo del canal de la Alberca de Arriba, junto a la Calzada del Batanero, Y le dirás:
«¡Vigilancia y calma! No temas, no te acobardes ante esos dos cabos de tizones humeantes (la ira ardiente de Rasín y los sirios, y del hijo de Romelía). Aunque tramen tu ruina diciendo: "Subamos contra Judá, sitiémosla, apoderémonos de ella, y nombraremos en ella rey al hijo de Tabeel", así dice el Señor: "No se cumplirá ni sucederá así; Damasco es capital de Siria, y Rasín es jefe de Damasco; Samaría es capital de Efraím, y el hijo de Romelía es jefe de Samaría. Pues bien, dentro de cinco o seis años, Efraím será destruido y dejará de ser pueblo. Si no creéis en mí, no subsistiréis."»
El Señor volvió a hablar a Ajaz: «Pide una señal al Señor, tu Dios: en lo hondo del abismo o en lo alto del cielo."
Respondió Ajaz: «No la pido, no quiero tentar al Señor."
Entonces dijo Isaías: «Escucha, heredero de David: ¿No os basta cansar a los hombres, que cansáis incluso a mi Dios? Pues el Señor, por su cuenta, os dará él mismo una señal. Mirad: la joven ha concebido y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel: "Dios-con-nosotros". Éste comerá requesón y miel, hasta que aprenda a rechazar el mal y a escoger el bien. Pues, antes que aprenda el niño a rechazar el mal y a escoger el bien, será devastado el país de los dos reyes que ahora te causan temor. El Señor hará venir sobre ti, sobre tu pueblo, sobre tu dinastía, días como no se han conocido desde que Efraím se apartó de Judá.»
Responsorio Lc 1, 31. 32
R.
Concebirás y darás a luz un hijo, * y le
llamarás Jesús.
V. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre.
R. Y
le llamarás Jesús.
Año II:
Del libro del profeta Isaías 1, 21-27; 2, 1-5
JUICIO Y SALVACIÓN
DE JERUSALÉN.
AFLUENCIA DE LAS NACIONES
¡Cómo se ha vuelto una ramera la Ciudad fiel! Antes llena de equidad, morada de justicia; pero ahora morada de asesinos. Tu plata se ha vuelto escoria, tu vino está aguado, tus jefes son bandidos, socios de ladrones: todos amigos de sobornos, en busca de regalos. No defienden al huérfano, no se encargan de la causa de la viuda.
Oráculo del Señor de los ejércitos, el Héroe de Israel:
«Tomaré satisfacción de mis adversarios, venganza de mis enemigos. Volveré mi mano contra ti: te limpiaré de herrumbre en el crisol, separaré de ti la escoria; te daré jueces como los antiguos, consejeros como los de antaño: entonces te llamarás Ciudad justa, Villa fiel. Sión será redimida con el derecho, los repatriados con la justicia.» Visión de Isaías, hijo de Amós, acerca de Judá y de Jerusalén:
Al final de los días estará firme el monte de la casa del Señor, en la cima de los montes, encumbrado sobre las montañas. Hacia él confluirán los gentiles, caminarán pueblos numerosos. Dirán: «Venid, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob: él nos instruirá en sus caminos, y marcharemos por sus sendas; porque de Sión saldrá la ley, de Jerusalén la palabra del Señor.» Será el árbitro de las naciones, el juez de pueblos numerosos. De las espadas forjarán arados, de las lanzas, podaderas. No alzará la espada pueblo contra pueblo, no se adiestrarán para la guerra.
Casa de Jacob, ven; caminemos a la luz del Señor.
Responsorio Mi 4, 2; Jn 4, 25
R. Vamos a subir al
monte del Señor, al templo del Dios de Jacob. *
Él nos enseñará sus caminos y caminaremos por sus sendas.
V. Viene el Mesías,
el Cristo; cuando venga, nos hará saber todas las cosas.
R. Él nos enseñará
sus caminos y caminaremos por sus sendas.
SEGUNDA LECTURA
De las Cartas pastorales de san Carlos Borromeo, obispo
(Acta Ecclesiae Mediolanensis, t. 2, Lyon 1683, 916-917)
SOBRE EL TIEMPO DE ADVIENTO
Ha llegado, amadísimos hermanos, aquel tiempo tan importante y solemne, que, como dice el Espíritu Santo, es tiempo favorable, día de la salvación, de la paz y de la reconciliación; el tiempo que tan ardientemente desearon los patriarcas y profetas y que fue objeto de tantos suspiros y anhelos; el tiempo que Simeón vio lleno de alegría, que la Iglesia celebra solemnemente y que también nosotros debemos vivir en todo momento con fervor, alabando y dando gracias al Padre eterno por la misericordia que en este misterio nos ha manifestado. El Padre, por su inmenso amor hacia nosotros, pecadores, nos envió a su Hijo único, para libramos de la tiranía y del poder del demonio, invitamos al cielo e introducimos en lo más profundo de los misterios de su reino, manifestarnos la verdad, enseñamos la honestidad de costumbres, comunicarnos el germen de las virtudes, enriquecemos con los tesoros de su gracia y hacemos sus hijos adoptivos y herederos de la vida eterna.
La Iglesia celebra cada año el misterio de este amor tan grande hacia nosotros, exhortándonos a tenerlo siempre presente. A la vez nos enseña que la venida de Cristo no sólo aprovechó a los que vivían en el tiempo del Salvador, sino que su eficacia continúa y aún hoy se nos comunica si queremos recibir, mediante la. fe y los sacramentos, la gracia que él nos prometió, y si ordenamos nuestra conducta conforme a sus mandamientos.
La Iglesia desea vivamente hacernos comprender que así como Cristo vino una vez al mundo en la carne, de la misma manera está dispuesto a volver en cualquier momento, para habitar espiritualmente en nuestra alma con la abundancia de sus gracias, si nosotros, por nuestra parte, quitamos todo obstáculo.
Por eso, durante este tiempo, la Iglesia, como madre amantísima y celosísima de nuestra salvación, nos enseña, a través de himnos, cánticos y otras palabras del Espíritu Santo y de diversos ritos, a recibir convenientemente y con un corazón agradecido este beneficio tan grande, a enriquecemos con su fruto y a preparar nuestra alma para la venida de nuestro Señor Jesucristo con tanta solicitud como si hubiera él de venir nuevamente al mundo. No de otra manera nos lo enseñaron con sus palabras y ejemplos los patriarcas del antiguo Testamento para que en ello los imitáramos.
Responsorio Cf Jl 2, 15; cf Is 62,
11; cf Jr 4, 5
R. Tocad la trompeta en Sión, convocad a las naciones,
anunciadlo a los pueblos y decidles: * "Mirad
que ya viene Dios, nuestro salvador."
V. Anunciadlo y haced que se escuche en
todas partes; proclamad la nueva, gritadla a plena voz:
R. Mirad que ya viene
Dios, nuestro salvador.
Oremos:
Señor, despierta en
tus fieles el deseo de prepararse a la venida de Cristo por la práctica de las
buenas obras, para que, colocados un día a su derecha, merezcan poseer el reino
celestial. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera
celebración del día:
V.
Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca
proclamará tu alabanza.
De lo
contrario:
V. Dios mío,
ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
Ven,
Señor, no tardes
Una
clara voz resuena
SALMODIA
Ant. 1: A ti te suplico, Señor; por la mañana escucharás mi voz.
Salmo 5, 2-10. 12-13
ORACIÓN DE LA MAÑANA DE UN JUSTO
PERSEGUIDO
«Por la
mañana escucharás mi voz» debe entenderse
de la resurrección de
Cristo.
Señor, escucha mis palabras,
atiende a mis gemidos,
haz caso
de mis gritos de auxilio,
Rey mío y Dios mío.
A ti te suplico, Señor;
por la mañana escucharás mi voz,
por
la mañana te expongo mi causa,
y me quedo aguardando.
Tú no eres un Dios que ame la maldad,
ni el malvado es tu
huésped,
ni el arrogante se mantiene en tu presencia.
Detestas a los malhechores,
destruyes a los mentirosos;
al
hombre sanguinario y traicionero
lo aborrece el Señor.
Pero yo, por tu gran bondad,
entraré en tu casa,
me postraré
ante tu templo santo
con toda reverencia.
Señor, guíame con tu justicia,
porque tengo
enemigos;
alláname tu camino.
En su boca no hay sinceridad,
su corazón es perverso;
su
garganta es un sepulcro abierto,
mientras halagan con la lengua.
Que se alegren los que se acogen a ti,
con júbilo
eterno;
protégelos, para que se llenen de gozo
los que aman tu
nombre.
Porque tú, Señor, bendices al justo,
y como un escudo lo rodea
tu favor.
Ant. 1: A ti te suplico, Señor; por la mañana escucharás mi voz.
Ant. 2: Alabamos, Dios nuestro, tu nombre glorioso.
Cántico
1Cro 29,10-13
SÓLO A DIOS EL HONOR Y LA
GLORIA
Bendito sea
Dios, Padre de nuestro
Señor Jesucristo. (Ef 1,
3)
Bendito eres, Señor,
Dios de nuestro padre Israel,
por los
siglos de los siglos.
Tuyos son, Señor, la grandeza y el poder,
la gloria, el
esplendor, la majestad,
porque tuyo es cuanto hay en cielo y tierra,
tú
eres rey y soberano de todo.
De ti viene la riqueza y la gloria,
tú eres señor del
universo,
en tu mano está el poder y la fuerza,
tú engrandeces y confortas
a todos.
Por eso, Dios nuestro,
nosotros te damos gracias,
alabando tu
nombre glorioso.
Ant. 2: Alabamos, Dios nuestro, tu nombre glorioso.
Ant. 3: Postraos ante el Señor en el atrio sagrado.
Salmo 28
MANIFESTACIÓN DE DIOS EN LA TEMPESTAD
Vino una voz
del cielo que decía:
«Éste es mi Hijo, el amado
mi predilecto.» (Mt 3,
17)
Hijos de Dios, aclamad al Señor,
aclamad la gloria y el poder
del Señor,
aclamad la gloria del nombre del Señor,
postraos ante el Señor
en el atrio sagrado.
La voz del Señor sobre las aguas,
el Dios de la gloria hace oír
su trueno,
el Señor sobre las aguas torrenciales.
La voz del Señor es potente,
la voz del Señor es
magnífica,
la voz del Señor descuaja los cedros,
el Señor descuaja los
cedros del Líbano.
Hace brincar al Líbano como a un novillo,
al Sarión como a una
cría de búfalo.
La voz del Señor lanza llamas de fuego,
la voz del Señor sacude
el desierto,
el Señor sacude el desierto de Cadés.
La voz del Señor retuerce los robles,
el Señor descorteza las
selvas.
En su templo un grito unánime: ¡Gloria!
El trono del Señor está encima de la tempestad,
el Señor se
sienta como rey eterno.
El Señor da fuerza a su pueblo,
el Señor bendice a
su pueblo con la paz.
Ant. 3: Postraos ante el Señor en el atrio sagrado.
LECTURA BREVE Is 2, 3
Venid, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob: él nos instruirá en sus caminos, y marcharemos por sus sendas; porque de Sión saldrá la ley, de Jerusalén la palabra del Señor.
RESPONSORIO BREVE
V.
Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor. R. Sobre ti, Jerusalén.
V. Su gloria aparecerá sobre ti.
R. Amanecerá el
Señor.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Sobre ti,
Jerusalén, amanecerá el Señor.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Levanta tu mirada, Jerusalén, y contempla el poder de tu Rey: mira, tu Salvador viene a librarte de tus cadenas.
PRECES
El Señor Jesucristo, luz de luz e Hijo de Dios vivo, nos arrancará de nuestras tinieblas para que podamos contemplar su gloria; acudamos, pues, a él y digámosle confiadamente: Ven, Señor Jesús.
Oh Luz indestructible que vienes a iluminar nuestras tinieblas, * despierta nuestra fe aletargada.
Haz que andemos con seguridad durante el día, * guiados por el resplandor de tu claridad.
Enséñanos a tener la verdadera bondad, * y haz que ella sirva para iluminar a los hombres.
Ven a crear la nueva tierra que anhelamos, * en la que habite la justicia y la paz.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Digamos a nuestro Padre, con toda confianza: Padre nuestro.
Oración
Concédenos, Señor Dios nuestro, anhelar de tal manera la llegada de tu Hijo Jesucristo, que, cuando, llame a nuestras puertas, nos encuentre velando en oración y cantando sus alabanzas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos
guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.
Amén.
V. Dios mío, ven en mi
auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Antífona:
Tercia: Los profetas anunciaron que el Salvador
nacería de María Virgen.
Sexta: El ángel
Gabriel saludó a María diciendo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está
contigo, bendita tú entre las mujeres.»
Nona:
María dijo: «¿Qué significa este saludo? Me quedo perpleja ante estas
palabras de que daré a luz un Rey sin perder mi virginidad.»
Salmo 18 B
HIMNOS A DIOS, AUTOR DE LA LEY
Sed
perfectos, como vuestro Padre
celestial es perfecto. (Mt 5,
48)
La ley del Señor es perfecta
y es descanso del alma;
el
precepto del Señor es fiel
e instruye al ignorante;
los mandatos del Señor son rectos
y alegran el corazón;
la
norma del Señor es límpida
y da luz a los ojos;
la voluntad del Señor e pura
y eternamente estable;
los
mandamientos del Señor son verdaderos
y enteramente, justos;
más preciosos que el oro,
más que el oro fino;
más dulces que
la miel
de un panal que destila.
Aunque tu siervo vigila
para guardarlos con cuidado,
¿quién
conoce sus faltas?
Absuélveme de lo que se me oculta.
Preserva a tu siervo de la arrogancia,
para que no me
domine:
así quedaré libre e inocente
del gran pecado.
Que te agraden las palabras de mi boca,
y llegue a tu presencia
el meditar de mi corazón,
Señor, roca mía, redentor mío.
Salmo 7
ORACIÓN DEL JUSTO CALUMNIADO
Mirad que el Juez está a las puertas (St 5, 9)
Señor, Dios mío, a ti me acojo,
líbrame de mis perseguidores y
sálvame,
que no me atrapen como leones
y me desgarren sin
remedio.
Señor, Dios mío: si soy culpable,
si hay crímenes en mis manos,
si he causado daño a mi amigo,
si he protegido a un opresor
injusto,
que el enemigo me persiga y me alcance,
que me pisotee vivo por
tierra,
apretando mi vientre contra el polvo.
Levántate, Señor, con tu ira,
álzate con furor contra mis
adversarios,
acude a defenderme ,
en el juicio que has convocado.
Que
te rodee la asamblea de las naciones,
y pon tu asiento en lo más alto de
ella.
El Señor es juez de los pueblos.
Júzgame, Señor, según mi justicia,
según la inocencia que hay en
mí.
Cese la maldad de los culpables,
y apoya tú al inocente,
tú que
sondeas el corazón y las entrañas,
tú, el Dios justo.
II
Mi escudo es Dios,
que salva a los rectos de corazón.
Dios es
un juez justo,
Dios amenaza cada día:
si no se convierten, afilará su
espada,
tensará el arco y apuntará.
Apunta sus armas
mortíferas,
prepara sus flechas incendiarias.
Mirad: el enemigo concibió el crimen,
está preñado de
maldad,
y da a luz el engaño.
Cavó y ahondó una fosa,
caiga en la fosa
que hizo;
recaiga su maldad sobre su cabeza,
baje su violencia sobre su
cráneo.
Yo daré gracias al Señor por su justicia,
tañendo para el nombre
del Señor Altísimo.
Tercia: Los profetas anunciaron que el Salvador nacería de María Virgen.
LECTURA BREVE Is 10, 20-21
Aquel día, el resto de Israel, los supervivientes de Jacob, se apoyarán sinceramente en el Señor, el Santo de Israel. Un resto volverá, un resto de Jacob, al Dios poderoso.
V. Los gentiles temerán tu nombre, Señor.
R. Los reyes del mundo tu gloria.
Oremos:
Concédenos, Señor Dios nuestro, anhelar de tal manera la
llegada de tu Hijo Jesucristo, que, cuando, llame a nuestras puertas, nos
encuentre velando en oración y cantando sus alabanzas. Por Cristo nuestro
Señor.
Sexta: El ángel Gabriel saludó a María diciendo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo, bendita tú entre las mujeres.»
LECTURA BREVE Is 10, 24.27
Esto dice el Señor: "Pueblo mío, que habitas en Sión, no temas." Aquel día, la carga resbalará de tu hombro, arrancarán el yugo de tu cuello.
V. Acuérdate de nosotros, Señor, por amor a tu
pueblo.
R. Visítanos con tu
salvación.
Oremos:
Concédenos, Señor Dios nuestro, anhelar de tal manera la
llegada de tu Hijo Jesucristo, que, cuando, llame a nuestras puertas, nos
encuentre velando en oración y cantando sus alabanzas. Por Cristo nuestro
Señor.
Nona: María dijo: «¿Qué significa este saludo? Me quedo perpleja ante estas palabras de que daré a luz un Rey sin perder mi virginidad.»
LECTURA BREVE Is 13,22; cf 14,1
Ya está a punto de llegar su hora, sus días no tardarán. El Señor se apiadará de Jacob y volverá a escoger a Israel
V. Ven Señor, y no tardes.
R. Perdona los pecados de tu pueblo.
Oremos:
Concédenos, Señor Dios nuestro, anhelar de tal manera la
llegada de tu Hijo Jesucristo, que, cuando, llame a nuestras puertas, nos
encuentre velando en oración y cantando sus alabanzas. Por Cristo nuestro
Señor.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al
Señor.
R. Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío ven en mi
auxilio
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
Éste
es el tiempo en que llegas
Jesucristo,
Palabra del Padre
SALMODIA
Ant. 1: El Señor se complace en los justos.
Salmo 10
El SEÑOR, ESPERANZA DEL JUSTO
Dichosos los
que tienen hambre y
sed de ser justos, porque ellos
quedarán saciados. (Mt
5, 6)
Al Señor me acojo, ¿por qué me decís:
«Escapa como un pájaro al
monte,
porque los malvados tensan el arco,
ajustan las saetas a la
cuerda,
para disparar en la sombra contra los buenos?
Cuando fallan los
cimientos,
¿qué podrá hacer el justo?»
Pero el Señor está en su templo santo,
el Señor tiene su trono
en el cielo;
sus ojos están observando,
sus pupilas examinan a los
hombres.
El Señor examina a inocentes y culpables,
y al que ama la
violencia, él lo detesta.
Hará llover sobre los malvados ascuas y
azufre,
les tocará en suerte un viento huracanado.
Porque el Señor es justo y ama la justicia:
los buenos verán su
rostro.
Ant. 1: El Señor se complace en los justos.
Ant. 2: Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
Salmo 14
¿QUIÉN ES JUSTO ANTE EL SEÑOR?
Os habéis
acercado al monte de
Sión, ciudad del Dios vivo. (Hb 12,
22)
Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda
y habitar en tu
monte santo?
El que procede honradamente
y practica la justicia,
el que
tiene intenciones leales
y no calumnia con su lengua,
el que no hace mal a su prójimo
ni difama al vecino,
el que
considera despreciable al impío
y honra a los que temen al Señor,
el que no retracta lo que juró
aun en daño propio,
el que no
presta dinero a usura
ni acepta soborno contra el inocente.
El que así obra nunca fallará.
Ant. 2: Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
Ant. 3: Dios nos ha destinado en la persona de Cristo a ser sus hijos.
Cántico
Ef 1, 3-10
PLAN DIVINO DE LA SALVACIÓN
Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos
ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y
celestiales.
Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el
mundo,
para que fuésemos consagrados
e irreprochables ante él por el
amor.
Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa
suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan
generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza
suya.
Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el
perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha
sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su
voluntad.
Éste es el plan
que había proyectado realizar por
Cristo
cuando llegase el momento culminante:
hacer que todas las
cosas
tuviesen a Cristo por cabeza,
las del cielo y las de la
tierra.
Ant. 3: Dios nos ha destinado en la persona de Cristo a ser sus hijos.
LECTURA BREVE Flp 3, 20b-21
Esperamos que venga como salvador Cristo Jesús, el Señor. Él transfigurará nuestro cuerpo de humilde condición en un cuerpo glorioso, semejante al suyo, en virtud del poder que tiene para someter a su imperio todas las cosas.
RESPONSORIO BREVE
V. Ven a
salvarnos, Señor Dios de los ejércitos. R. Ven a
salvarnos.
V. Que brille tu rostro y nos salve.
R. Señor Dios de los ejércitos.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Ven a salvarnos, Señor Dios de los
ejércitos.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: El ángel del Señor anunció a María, y concibió por obra del Espíritu Santo. Aleluya.
PRECES
Oremos al Señor, que vendrá y nos salvará, y digámosle: Ven, Señor, y sálvanos.
Señor Jesús, ungido del Padre y salvador de los hombres, * ven pronto y sálvanos.
Tú que viniste al mundo, * líbranos del pecado del mundo.
Tú que viniste del Padre, * muéstranos el camino para ir al Padre.
Tú que fuiste concebido por obra del Espíritu Santo, * renuévanos a nosotros con la fuerza de este mismo Espíritu Santo.
Tú que te hiciste hombre en el seno de la Virgen María, * líbranos de la corrupción de la carne.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Acuérdate, Señor, de todos los hombres * que desde el comienzo del mundo esperaron en ti.
Siguiendo la enseñanza del Salvador, oremos a Dios, diciendo: Padre nuestro.
Oración
Concédenos, Señor Dios nuestro, anhelar de tal manera la llegada de tu Hijo Jesucristo, que, cuando, llame a nuestras puertas, nos encuentre velando en oración y cantando sus alabanzas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.
Amén.
OFICIO DE LECTURA
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera
celebración del día:
V.
Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca
proclamará tu alabanza.
De lo
contrario:
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Ant. 1: El Señor hará justicia a los pobres.
SALMO 9 B
CANTO DE ACCIÓN DE GRACIAS
Dichosos los
pobres,
porque vuestro es el reino de Dios.
(Lc 6,
20)
I
¿Por qué te quedas lejos, Señor,
y te escondes en el momento del
aprieto?
La soberbia del impío oprime al infeliz
y lo enreda en las
intrigas que ha tramado.
El malvado se gloría de su ambición,
el codicioso blasfema y
desprecia al Señor.
El malvado dice con insolencia:
«No hay Dios que me
pida cuentas.»
La intriga vicia siempre su conducta,
aleja de su mente tus
juicios
y desafía a sus rivales.
Piensa: «No vacilaré,
nunca jamás
seré desgraciado.»
Su boca está llena de maldiciones,
de engaños y de
fraudes;
su lengua encubre maldad y opresión;
en el zaguán se sienta al
acecho
para matar a escondidas al inocente.
Sus ojos espían al pobre;
acecha en su escondrijo como león en
su guarida,
acecha al desgraciado para robarle,
arrastrándolo a sus
redes;
se agacha y se encoge
y con violencia cae sobre el
indefenso.
Piensa: «Dios lo olvida,
se tapa la cara para no
enterarse.»
Ant.1: El Señor hará justicia a los pobres.
Ant. 2: Tú, Señor, ves las penas y los trabajos.
II
Levántate, Señor, extiende tu mano,
no te olvides de los
humildes;
¿por qué ha de despreciar a Dios el malvado,
pensando que no le
pedirá cuentas?
Pero tú ves las penas y los trabajos,
tú miras y los tomas en
tus manos.
A ti se encomienda el pobre,
tú socorres al
huérfano.
Rómpele el brazo al malvado,
pídele cuentas de su maldad, y que
desaparezca.
El Señor reinará eternamente
y los gentiles desaparecerán de
su tierra.
Señor, tú escuchas los deseos de los humildes,
les prestas oído
y los animas;
tú defiendes al huérfano y al desvalido:
que el hombre hecho
de tierra
no vuelva a sembrar su terror.
Ant. 2: Tú, Señor, ves las penas y los trabajos.
Ant. 3: Las palabras del Señor son palabras sinceras, como plata refinada siete veces.
Salmo 11
INVOCACIÓN A LA FIDELIDAD DE DIOS CONTRA LOS ENEMIGOS
MENTIROSOS
Porque éramos
pobres,
el Padre nos ha mandado a su Hijo.
(San
Agustín)
Sálvanos, Señor, que se acaban los buenos,
que desaparece la
lealtad entre los hombres:
no hacen más que mentir a su prójimo,
hablan
con labios embusteros
y con doblez de corazón.
Extirpe el Señor los labios embusteros
y la lengua
orgullosa
de los que dicen: «La lengua es nuestra fuerza,
nuestros labios
nos defienden,
¿quién será nuestro amo?»
El Señor responde: «Por la opresión del humilde,
por el gemido
del pobre, yo me levantaré,
y pondré a salvo al que lo ansía.»
Las palabras del Señor son palabras sinceras,
como plata limpia
de escoria,
refinada siete veces.
Tú nos guardarás, Señor,
nos librarás para siempre de esa
gente:
de los malvados que merodean
para chupar como sanguijuelas sangre
humana.
Ant. 3: Las palabras del Señor son palabras sinceras, como plata refinada siete veces.
V. Una voz clama en el
desierto: Preparad el camino del Señor.
R. Enderezad las sendas para nuestro
Dios.
PRIMERA LECTURA
Año I:
Del libro del profeta Isaías 8, 1-18
EL HIJO DEL PROFETA ES PROPUESTO COMO SEÑAL
El Señor me dijo:
«Coge una tabla grande, y escribe con caracteres ordinarios: "Pronto-al-saqueo, Presto-al-botín."» Entonces, yo tomé dos testigos fieles: Urías, sacerdote, y Zacarías, hijo de Baraquías. Me llegué a la profetisa; ella concibió y dio a luz un hijo. El Señor me. dijo:
«Ponle por nombre "Pronto-al-saqueo, Presto-al-botín." Porque antes que el chiquillo aprenda a decir "papá" y "mamá", las riquezas de Damasco y el despojo de Samaría serán llevados a presencia del rey de Asiria.» El Señor volvió a dirigirme la palabra:
«Ya que ese pueblo ha despreciado el agua de Siloé, que corre mansa, por la arrogancia. de Rasín y del hijo de Romelía, sabed que el Señor hará subir contra ellos las aguas del Éufrates, torrenciales e impetuosas: el rey de Asiria con todo su ejército; remontan las orillas, desbordan las riberas, invaden Judá, rebosan, crecen, y alcanzan hasta el cuello. Y se extenderán sus bordes hasta cubrir la anchura de tu tierra, oh Dios-con-nosotros.
Sabedlo, pueblos, y seréis derrotados; escuchadlo, países lejanos: armaos, que seréis derrotados; armaos, que seréis derrotados. Haced. planes, que fracasarán; pronunciad amenazas, que no se cumplirán, porque tenemos a Dios-con-nosotros.» Así me dijo el Señor, mientras su mano me sostenía y me apartaba del camino de este pueblo:
«No llaméis aliados a los que ese pueblo llama aliados, no temáis ni os asuste lo que él teme. Al Señor de los ejércitos llamaréis Santo, él será vuestro temor, él será vuestro terror. Él será piedra de tropiezo y roca de precipicio para las dos casas de Israel, será lazo y trampa para los habitantes de Jerusalén; tropezarán en ella muchos, caerán, se destrozarán, se enredarán y quedarán cogidos.» Guardo el testimonio, sello la instrucción para mis discípulos. Y aguardaré- al Señor, que oculta su rostro a la casa de Jacob, y esperaré en él. Y yo con mis hijos, los que me dio el Señor, seremos señales y presagios para Israel, de parte del Señor de los ejércitos, que habita en el monte Sión.
Responsorio Cf. Jr 31. 10; d. 4, 5
R. Escuchad, pueblos, la
palabra del .Señor, anunciadla hasta los confines de la tierra, * y decid a las islas remotas: «Vendrá nuestro
Salvador.»
V. Anunciadlo y haced que se escuche en todas partes;
proclamad
la nueva, gritad la a plena voz.
R. Y decid a las islas remotas: «Vendrá
nuestro Salvador.»
Año II:
Del libro del profeta Isaías 2, 6-22; 4, 2-6
JUICIO DE DIOS
Has desechado, Señor, a tu pueblo, a la casa de Jacob; porque está llena de adivinos de oriente, de agoreros filisteos, y han pactado con extraños. Su país está lleno de plata y oro, y sus tesoros no tienen número; su país está lleno de caballos, y sus carros son innumerables. Su país está lleno de ídolos, y se postran ante las obras de sus manos, que fabric
Pero será doblegado el mortal, será humillado el hombre, y no podrá levantarse. Métete en las peñas, escóndete en el polvo, ante el Señor terrible, ante su majestad sublime.
Los ojos orgullosos serán humillados, será doblegada la arrogancia humana; sólo el Señor será ensalzado aquel día, que es el día del Señor de los ejércitos: contra todo lo orgulloso y arrogante, contra todo lo altivo y engreído, contra todos los cedros del Líbano, contra todas las encinas de Basán, contra todos los montes elevados, contra todas las colinas encumbradas, contra todas las torres prominentes, contra todas las murallas inexpugnables, contra todas las naves de Tarsis, contra todos los navíos opulentos.
Será doblegado el orgullo del mortal, será humillada la arrogancia del hombre; sólo el Señor será ensalzado aquel día, y los ídolos pasarán sin remedio. Se meterán en las cuevas de las rocas, en las grietas de la tierra, ante el Señor terrible, ante su majestad sublime, cuando se levante aterrando la tierra.
Aquel día, arrojará el hombre sus ídolos de plata, sus ídolos de oro -que se hizo para postrarse ante ellos- a los topos y a los murciélagos; y se meterán en las grutas de las rocas y en las hendiduras de las peñas.
Dejad de confiar en el hombre, pues sólo un soplo hay en su nariz, ¿qué vale?
Aquel día, el vástago del Señor será joya y gloria, fruto del país, honor y ornamento para los supervivientes de Israel. A los que queden en Sión, a los restantes en Jerusalén, los llamarán santos: serán inscritos para vivir en Jerusalén.
Cuando lave el Señor la inmundicia de la hija de Sión y limpie la sangre de en medio de Jerusalén, con el soplo del juicio, con el soplo ardiente, creará el Señor el templo del monte Sión, y en su asamblea una nube de humo durante el día y un fuego llameante durante la noche.
Por encima, la gloria del Señor será toldo y cabaña, para dar sombra en el día contra el calor y abrigo y amparo contra la tempestad y la lluvia.
Responsorio Is 2, 11; Mt 24, 30
R. Será doblegado el orgullo
del mortal, será humillada la arrogancia del hombre; * sólo el Señor será ensalzado aquel día.
V. Verán
al Hijo del hombre venir sobre las nubes del cielo con gran poder y
majestad.
R. Sólo el Señor será ensalzado aquel día.
SEGUNDA LECTURA
De las Disertaciones de san Gregorio de Nacianzo, obispo
(Disertación 45, 9. 22. 26. 28: PG 36, 634-635. 654. 658-659. 662)
¡OH ADMIRABLE INTERCAMBIO!
El Hijo de Dios, el que es anterior a todos los siglos, el invisible, el incomprensible, el incorpóreo, el que es principio de principio, luz de luz, fuente de vida y de inmortalidad, representación fiel del arquetipo, sello inamovible, imagen absolutamente perfecta, palabra y pensamiento del Padre, él mismo se acerca a la creatura hecha a su imagen y asume la carne, para redimir a la carne; se une con un alma racional. para salvar mi alma, para purificar lo semejante por lo semejante: asume nuestra condición humana, asemejándose a nosotros en todo, con excepción del pecado. Fue concebido en el seno de una Virgen, que previamente había sido purificada en su alma y en su cuerpo por el Espíritu (porque convenía que fuese dignamente honrada la maternidad y que, a la vez, fuese grandemente exaltada la excelencia de la virginidad); nació Dios con la naturaleza humana que había asumido, unificando dos cosas contrarias entre sí, es decir, la carne y el espíritu. Una de ellas aportó la divinidad, la otra la recibió.
El que enriquece a otros se hace pobre; soporta la pobreza de mi carne para que yo alcance los tesoros de su divinidad. El que todo lo tiene de todo se despoja; por un breve tiempo se despoja de su gloria para que yo pueda participar de su plenitud.
¿Por qué tantas riquezas de bondad? ¿Por qué este admirable misterio en favor mío? Recibí la imagen divina y no supe conservarla. Él asume mi carne para dar la salvación al alma creada a su imagen y para dar la inmortalidad a la carne; se une a nosotros mediante un consorcio mucho más admirable que el primero.
Convenía que la santidad fuese otorgada al hombre mediante la humanidad asumida por Dios; de manera que, habiendo vencido con su poder al tirano que nos tenía sojuzgados, nos librara y atrajera nuevamente hacia sí por medio de su Hijo, que realizó esta obra redentora para gloria de su Padre y que tuvo siempre esta gloria como objetivo de todas sus acciones.
Aquel buen Pastor que dio su vida por las ovejas salió a buscar la oveja perdida, por las montañas y colinas donde tú ofrecías sacrificios a los ídolos. Y, cuando encontró a la oveja perdida, la cargó sobre sus hombros -sobre los que había cargado también el madero de la cruz- y así la llevó nuevamente a la vida eterna.
La luz brillante sigue a la antorcha que la había precedido, la Palabra a la voz, el Esposo al amigo del Esposo, que prepara para el Señor un pueblo bien dispuesto y lo purifica con el agua, disponiéndolo a recibir el bautismo del Espíritu.
Tuvimos necesidad de que Dios asumiera nuestra carne y muriera, para que nosotros pudiéramos vivir. Hemos muerto con él para ser purificados; hemos resucitado con él, porque con él hemos muerto; y con él hemos sido glorificados, porque juntamente con él hemos resucitado.
Responsorio Cf. Ga 4, 4-5; Ef 2, 4; Rm 8, 3
R. Mirad que ya se cumplió el
tiempo, y ha enviado Dios a su Hijo a la tierra, nacido de una Virgen, nacido
bajo la ley, * para rescatar a los que estaban
bajo la ley.
V. Por el gran amor con que nos amó, envió a su propio Hijo,
sometido a una existencia semejante a la de la carne de pecado.
R. Para
rescatar a los que estaban bajo la ley.
Oremos:
Señor, Dios nuestro,
acoge favorablemente nuestras súplicas y concédenos tu ayuda en las
tribulaciones, para que, reanimados por la venida de tu Hijo, que ya se acerca,
no volvamos a caer más en nuestras antiguas faltas. Por nuestro Señor
Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V.
Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias
a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera
celebración del día:
V.
Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca
proclamará tu alabanza.
De lo
contrario:
V. Dios mío,
ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
Ven,
Señor, no tardes
Una
clara voz resuena
SALMODIA
Ant. 1: El hombre de manos inocentes y puro corazón subirá al monte del Señor.
Salmo 23
ENTRADA SOLEMNE DE DIOS EN SU TEMPLO
Las puertas
del cielo se abren
ante Cristo que como hombre
sube al cielo. (S.
Ireneo).
Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus
habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.
¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el
recinto sacro?
El hombre de manos inocentes
y puro corazón
que no
confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ese recibirá
la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.
Este es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia,
Dios de Jacob
¡Portones!, alzad los dinteles,
levantaos, puertas antiguas:
va a entrar el Rey de la gloria.
¿Quién es ese Rey de la gloria?
El Señor, héroe valeroso;
el
Señor, héroe de la guerra.
¡Portones!, alzad los dinteles,
levantaos, puertas antiguas:
va a entrar el Rey de la gloria.
¿Quién es ese Rey de la gloria?
El Señor, Dios de los
ejércitos.
Él es el Rey de la gloria.
Ant. 1: El hombre de manos inocentes y puro corazón subirá al monte del Señor.
Ant. 2: Ensalzad con vuestras obras al rey de los siglos.
Cántico
Tb 13, 1-10
ESPERANZA DE ISRAEL EN BABILONIA
Bendito sea
Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que en su gran
misericordia
nos ha hecho nacer de nuevo
para una esperanza viva. (1Pe
1,3)
Bendito sea Dios, que vive eternamente,
y cuyo reino dura por
los siglos:
él azota y se compadece,
hunde hasta el abismo y saca de
él,
y no hay quien escape de su mano.
Dadle gracias, israelitas, ante los gentiles,
porque él nos
dispersó entre ellos.
Proclamad allí su grandeza,
ensalzado ante todos los
vivientes,
que él es nuestro Dios y Señor,
nuestro padre por todos los
siglos.
Él nos azota por nuestros delitos,
pero se compadecerá de
nuevo,
y os congregará de entre todas las naciones
por donde estáis
dispersados.
Si volvéis a él de todo corazón
y con toda el alma,
siendo
sinceros con él,
él volverá a vosotros
y no os ocultará su
rostro.
Veréis lo que hará con vosotros,
le daréis gracias a boca
llena,
bendeciréis al Señor de la justicia
y ensalzaréis al rey de los
siglos.
Yo le doy gracias en mi cautiverio,
anuncio su grandeza y su
poder
a un pueblo pecador.
Convertíos, pecadores,
obrad rectamente en su
presencia:
quizá os mostrará benevolencia
y tendrá compasión.
Ensalzaré a mi Dios, al rey del cielo,
y me alegraré de su
grandeza.
Anuncien todos los pueblos sus maravillas
y alábenle sus
elegidos en Jerusalén.
Ant. 2: Ensalzad con vuestras obras al rey de los siglos.
Ant. 3: El Señor merece la alabanza de los buenos.
Salmo 32
HIMNO AL PODER Y A LA PROVIDENCIA DE DIOS
Por la
Palabra empezaron a existir
todas las cosas. (Jn 1, 3)
Aclamad, justos, al Señor,
que merece la alabanza de los
buenos.
Dad gracias al Señor con la cítara,
tocad en su honor el arpa de
diez cuerdas;
cantadle un cántico nuevo,
acompañando vuestra música con
aclamaciones;
que la palabra del Señor es sincera,
y todas sus acciones son
leales,
él ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la
tierra.
La palabra del Señor hizo el cielo;
el aliento de su boca, sus
ejércitos;
encierra en un odre las aguas marinas,
mete en un depósito el
océano.
Tema al Señor la tierra entera,
tiemblen ante él los habitantes
del orbe:
porque él lo dijo, y existió;
él lo mandó, y surgió.
El Señor deshace los planes de las naciones,
frustra los
proyectos de los pueblos;
pero el plan del Señor subsiste por siempre,
los
proyectos de su corazón, de edad en edad.
Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor,
el pueblo que él se
escogió como heredad.
El Señor mira desde el cielo,
se fija en todos los
hombres;
desde su morada observa
a todos los habitantes de la
tierra:
él modeló cada corazón,
y comprende todas sus acciones.
No vence el rey por su gran ejército,
no escapa el soldado por
su mucha fuerza,
nada valen sus caballos para la victoria,
ni por su gran
ejército se salva.
Los ojos del Señor están puestos en sus fieles,
en los que
esperan en su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y
reanimarlos en tiempo de hambre.
Nosotros aguardamos al Señor:
él es nuestro auxilio y
escudo,
con él se alegra nuestro corazón,
en su santo nombre
confiamos.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo
esperamos de ti.
Ant. 3: El Señor merece la alabanza de los buenos.
LECTURA BREVE Gn 49, 10
No se apartará de Judá el cetro, ni el bastón de mando de entre sus rodillas, hasta que venga el que ha de venir, aquel a quien le está reservado, a quien rendirán homenaje las naciones.
RESPONSORIO BREVE
V. Sobre ti,
Jerusalén, amanecerá el Señor. R. Sobre ti, Jerusalén.
V. Su gloria aparecerá
sobre ti.
R. Amanecerá el Señor.
V. Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R.
Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Saldrá un renuevo del tronco de Jesé, la gloria del Señor llenará toda la tierra y contemplarán todos la salvación de Dios.
PRECES
El Señor, Padre todopoderoso, tenderá otra vez su mano, para rescatar el resto de su pueblo; supliquémosle, pues, confiados:
Venga tu reino, Señor.
Concédenos, Señor, dar aquel fruto que pide la conversión, * para que podamos recibir tu reino que se acerca.
Prepara, Señor, en nuestros corazones, un camino para tu Palabra que ha de venir; * así tu gloria se manifestará al mundo por medio de nosotros.
Abaja los montes y las colinas de nuestro orgullo * y levanta los valles de nuestros desánimos y de nuestras cobardías.
Destruye los muros del odio que dividen a las naciones * y allana los caminos de la concordia entre los hombres.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
El Señor se acerca para salvarnos; por eso nos atrevemos a pedir la venida de su reino, diciendo: Padre nuestro.
Oración
Señor, Dios nuestro, acoge favorablemente nuestras súplicas y concédenos tu ayuda en las tribulaciones, para que, reanimados por la venida de tu Hijo, que ya se acerca, no volvamos a caer más en nuestras antiguas faltas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.
Amén.
V.
Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor,
date prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Antífona:
Tercia: Los profetas anunciaron que el Salvador
nacería de María Virgen.
Sexta: El ángel
Gabriel saludó a María diciendo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está
contigo, bendita tú entre las mujeres.»
Nona:
María dijo: «¿Qué significa este saludo? Me quedo perpleja ante estas
palabras de que daré a luz un Rey sin perder mi virginidad.»
Salmo 118, 1-8
HIMNO A LA REVELACIÓN DE LA LEY
El amor de
Dios consiste en
guardar sus mandamientos.
(1Jn 5,
3)
Dichoso el que, con vida intachable,
camina en la voluntad del
Señor;
dichoso el que, guardando sus preceptos,
lo busca de todo
corazón;
el que, sin cometer iniquidad,
anda por sus senderos.
Tú promulgas tus decretos
para que se observen
exactamente.
Ojalá esté firme mi camino,
para cumplir tus
consignas;
entonces no sentiré vergüenza
al mirar tus mandatos.
Te alabaré con sincero corazón
cuando aprenda tus justos
mandamientos.
Quiero guardar tus leyes exactamente,
tú no me
abandones.
Salmo 12
SÚPLICA DEL JUSTO EN SUS DIFICULTADES
COTIDIANAS
El Dios de la
esperanza os colme
de todo gozo. (Rm 15, 13)
¿Hasta cuándo, Señor, seguirás olvidándome?
Hasta cuándo me
esconderás tu rostro?
¿Hasta cuándo he de estar preocupado,
con el corazón
apenado todo el día?
¿Hasta cuándo va a triunfar mí enemigo?
Atiende y respóndeme, Señor, Dios mío;
da luz a mis ojos
para que no me duerma en la muerte,
para que no diga mi enemigo: «Lo he
vencido»,
ni se alegre, mi adversario de mi fracaso.
Porque yo confío en tu misericordia:
alegra mi corazón con tu
auxilio,
y cantaré al Señor por el bien que me ha hecho.
Salmo 13
CORRUPCIÓN Y NECEDAD DEL IMPÍO
Donde abundó el pecado sobreabundó la gracia. (Rm 5, 20)
Dice el necio para sí:
«No hay Dios.»
Se han corrompido,
cometiendo abominaciones,
no hay quien obre bien.
El Señor observa desde el cielo
a los hijos de Adán,
para ver
si hay alguno sensato
que busque a Dios.
Todos se extravían ,
igualmente obstinados,
no hay uno que
obre bien,
ni uno solo.
Pero ¿no aprenderán los malhechores
que devoran a mi pueblo como
pan
y no invocan al Señor?
Pues temblarán de espanto,
porque Dios está con los
justos.
Podéis burlaros de los planes del desvalido,
pero el Señor es su
refugio.
¡Ojalá venga desde Sión la salvación de Israel!
Cuando el Señor
cambie la suerte de su pueblo,
se alegrará Jacob y gozará Israel.
Tercia: Los profetas anunciaron que el Salvador nacería de María Virgen.
LECTURA BREVE Jr 23, 5
Mirad que llegan días -oráculo del Señor- en que suscitaré a David un vástago legítimo: reinará como rey prudente, hará justicia y ejercerá el derecho en la tierra.
V. Los gentiles temerán tu nombre, Señor.
R. Los reyes del mundo tu gloria.
Oremos:
Señor,
Dios nuestro, acoge favorablemente nuestras súplicas y concédenos tu ayuda en
las tribulaciones, para que, reanimados por la venida de tu Hijo, que ya se
acerca, no volvamos a caer más en nuestras antiguas faltas. Por Cristo nuestro
Señor.
Sexta: El ángel Gabriel saludó a María diciendo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo, bendita tú entre las mujeres.»
LECTURA BREVE Jr 23, 6
En sus días se salvará Judá, Israel habitará seguro. Y lo llamarán con este nombre: "El-Señor-nuestra-justicia".
V. Acuérdate de nosotros, Señor, por amor a tu
pueblo.
R. Visítanos con tu
salvación.
Oremos:
Señor,
Dios nuestro, acoge favorablemente nuestras súplicas y concédenos tu ayuda en
las tribulaciones, para que, reanimados por la venida de tu Hijo, que ya se
acerca, no volvamos a caer más en nuestras antiguas faltas. Por Cristo nuestro
Señor.
Nona: María dijo: «¿Qué significa este saludo? Me quedo perpleja ante estas palabras de que daré a luz un Rey sin perder mi virginidad.»
LECTURA BREVE Ez 34, 15-16
Yo mismo apacentaré mis ovejas y las llevaré a reposar -oráculo del Señor-. Buscaré las ovejas perdidas, recogeré las descarriadas; vendaré a las heridas, curaré a las enfermas; cuidaré de las fuertes y robustas, y las apacentaré como es debido.
V. Ven, Señor, no tardes.
R.
Perdona los pecados de tu pueblo.
Oremos:
Señor,
Dios nuestro, acoge favorablemente nuestras súplicas y concédenos tu ayuda en
las tribulaciones, para que, reanimados por la venida de tu Hijo, que ya se
acerca, no volvamos a caer más en nuestras antiguas faltas. Por Cristo nuestro
Señor.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V.
Dios mío ven en mi auxilio
R. Señor,
date prisa en socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
Éste
es el tiempo en que llegas
Jesucristo,
Palabra del Padre
SALMODIA
Ant. 1: El Señor da la victoria a su Ungido.
Salmo 19
ORACIÓN POR LA VICTORIA DEL REY
Cuantos
invoquen el nombre del
Señor se salvarán. (Hch 2, 21)
Que te escuche el Señor el día del peligro,
que te sostenga el
nombre del Dios de Jacob;
que te envíe auxilio desde el santuario,
que te
apoye desde el monte Sión;
Que se acuerde de todas tus ofrendas,
que le agraden tus
sacrificios;
que cumpla el deseo de tu corazón,
que dé éxito a todos tus
planes.
Que podamos celebrar tu victoria
y en el nombre de nuestro Dios
alzar estandartes;
que el Señor te conceda todo lo que pides.
Ahora reconozco que el Señor
da la victoria a su Ungido,
que
lo ha escuchado desde su santo cielo,
con los prodigios de su mano
victoriosa.
Unos confían en sus carros,
otros en su caballería;
nosotros
invocamos el nombre
del Señor, Dios nuestro.
Ellos cayeron derribados,
nosotros nos mantenemos en
pie.
Señor, da la victoria al rey
y escúchanos cuando te
invocamos.
Ant. 1: El Señor da la victoria a su Ungido.
Ant. 2: Al son de instrumentos cantaremos tu poder.
Salmo 20, 2-8. 14
ACCIÓN DE GRACIAS POR LA VICTORIA DEL
REY
El Señor
resucitado recibió la vida,
años que se prolongan sin término.
(S.
Ireneo)
Señor, el rey se alegra por tu fuerza,
¡y cuánto goza con tu
victoria!
Le has concedido el deseo de su corazón,
no le has negado lo que
pedían sus labios.
Te adelantaste a bendecirlo con el éxito,
y has puesto en su
cabeza una corona de oro fino.
Te pidió vida, y se la has concedido,
años
que se prolongan sin término.
Tu victoria ha engrandecido su fama,
lo has vestido de honor y
majestad.
Le concedes bendiciones incesantes,
lo colmas de gozo en tu
presencia:
porque el rey confía en el Señor
y con la gracia del Altísimo
no fracasará.
Levántate, Señor, con tu fuerza,
y al son de instrumentos
cantaremos tu poder.
Ant. 2: Al son de instrumentos cantaremos tu poder.
Ant. 3: Has hecho de nosotros, Señor, un reino de sacerdotes para nuestro Dios.
Cántico
Ap 4, 11; 5, 9-10. 12
HIMNO A DIOS CREADOR
Eres digno, Señor Dios nuestro,
de recibir la gloria, el honor
y el poder,
porque tú has creado el universo;
porque por tu voluntad lo
que no existía
fue creado.
Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste
degollado
y por tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza,
lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino
de sacerdotes
y reinan sobre la tierra.
Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza y
la sabiduría,
la fuerza y el honor, la gloria y la alabanza.
Ant. 3: Has hecho de nosotros, Señor, un reino de sacerdotes para nuestro Dios.
LECTURA BREVE 1Co 1, 7b-9
Esperamos vivamente la revelación de Jesucristo, Señor nuestro. Él nos fortalecerá hasta el fin, de modo que nos encontremos libres de culpa en el día de Jesucristo, nuestro Señor. Fiel es Dios, por quien hemos sido convocados a la unión con su Hijo.
RESPONSORIO BREVE
V. Ven a salvarnos, Señor Dios de los ejércitos. R. Ven a salvarnos.
V.
Que brille tu rostro y nos salve.
R.
Señor Dios de los ejércitos.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al
Espíritu Santo.
R. Ven a salvarnos, Señor
Dios de los ejércitos.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Buscad al Señor mientras se deja encontrar, invocadlo mientras está cerca. Aleluya.
PRECES
Cristo, palabra eterna, ha inaugurado un camino nuevo y vivo, a través del velo de su propia carne, para entrar en el santuario; pidámosle, pues, con humildad:
Ven, Señor, y sálvanos.
Oh Dios, en quien
vivimos, nos movemos y existimos,
ven a
revelarnos que somos estirpe tuya.
Tú que no estás
lejos de ninguno de nosotros,
muéstrate en
seguida a todos los que te buscan.
Padre de los
pobres y consuelo de los afligidos,
da la
libertad a los cautivos y la alegría a los tristes.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Tú que destruyes
la muerte y haces brillar la vida,
líbranos a
nosotros y a todos los difuntos de la muerte eterna.
Digamos con Jesús a nuestro Padre del cielo la oración de los hijos de Dios: Padre nuestro.
Oración
Señor, Dios nuestro, acoge favorablemente nuestras súplicas y concédenos tu ayuda en las tribulaciones, para que, reanimados por la venida de tu Hijo, que ya se acerca, no volvamos a caer más en nuestras antiguas faltas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.
Amén.
OFICIO DE LECTURA
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera
celebración del día:
V. Señor, abre mis
labios.
R. Y mi boca proclamará tu
alabanza.
De lo
contrario:
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Ant. 1: Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza.
Salmo 17, 2-30
ACCIÓN DE GRACIAS DESPUÉS DE LA
VICTORIA
En aquella hora ocurrió un violento terremoto. (Ap 11, 13)
I
Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza;
Señor, mi roca, mi
alcázar, mi libertador.
Dios mío, mi escudo y peña en que me amparo,
mi fuerza
salvadora, mi baluarte.
Invoco al Señor de mi alabanza
y quedo libre de
mis enemigos.
Me cercaban olas mortales,
torrentes destructores me
aterraban,
me envolvían las redes del abismo,
me alcanzaban los lazos de
la muerte.
En el peligro invoqué al Señor,
grité a mi Dios:
desde su
templo él escuchó mi voz
y mi grito llegó a sus oídos.
Ant. 1: Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza.
Ant. 2: El Señor me libró porque me amaba.
II
Entonces tembló y retembló la tierra,
vacilaron los cimientos de
los montes,
sacudidos por su cólera;
de su rostro se alzaba una
humareda,
de su boca un fuego voraz,
y lanzaba carbones
ardiendo.
Inclinó el cielo y bajó
con nubarrones debajo de sus
pies;
volaba sobre un querubín
cerniéndose sobre las alas del
viento,
envuelto en un manto de oscuridad:
como un toldo, lo rodeaban
oscuro aguacero y nubes
espesas;
al fulgor de su presencia, las nubes
se deshicieron en granizo y
centellas;
y el Señor tronaba desde el cielo,
el Altísimo hacía oír su
voz:
disparando sus saetas, los dispersaba,
y sus continuos relámpagos los
enloquecían.
El fondo del mar apareció,
y se vieron los cimientos del
orbe,
cuando tú, Señor, lanzaste el fragor de tu voz,
al soplo de tu
ira.
Desde el cielo alargó la mano y me sostuvo,
me sacó de las aguas
caudalosas,
me libró de un enemigo poderoso,
de adversarios más fuertes
que yo.
Me acosaban el día funesto,
pero el Señor fue mi apoyo:
me
sacó a un lugar espacioso,
me libró porque me amaba.
Ant. 2: El Señor me libró porque me amaba.
Ant. 3: Señor, tú eres mi lámpara, tú alumbras mis tinieblas.
III
El Señor retribuyó mi justicia,
retribuyó la pureza de mis
manos,
porque seguí los caminos del Señor
y no me rebelé contra mi
Dios;
porque tuve presentes sus mandamientos
y no me aparté de sus
preceptos;
le fui enteramente fiel,
guardándome de toda culpa;
el Señor
retribuyó mi justicia,
la pureza de mis manos en su presencia.
Con el fiel, tú eres fiel;
con el íntegro, tú eres
íntegro;
con el sincero, tú eres sincero;
con el astuto, tú eres
sagaz.
Tú salvas al pueblo afligido
y humillas los ojos
soberbios.
Señor, tú eres mi lámpara;
Dios mío, tú alumbras mis
tinieblas.
Fiado en ti, me meto en la refriega;
fiado en mi Dios, asalto
la muralla.
Ant. 3: Señor, tú eres mi lámpara, tú alumbras mis tinieblas.
V.
Señor, Dios nuestro, restáuranos.
R.
Haz brillar tu rostro sobre nosotros y sálvanos.
PRIMERA LECTURA
Año I:
Del libro del profeta Isaías 9, 1-7
EL PRÍNCIPE DE LA PAZ
En otro tiempo, el Señor humilló el país de Zabulón y el país de Neftalí; ahora, ensalzará el camino del mar, al otro lado del Jordán, la Galilea de los gentiles.
El pueblo que caminaba en tinieblas vio una grande luz; sobre los que habitaban en tierra de sombras brilló un intenso resplandor. Acrecentaste su gozo, hiciste inmensa su alegría: se han regocijado al verte como se alegran en la siega, como se gozan los que reparten el botín. Porque la vara del opresor, el yugo de su carga. el bastón de su hombro, los quebrantaste como el día de Madián. Porque la bota que pisa con estrépito y la túnica empapada de sangre serán combustible, pasto del fuego.
Un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado; lleva sobre sus hombros el señorío y será llamado: «Consejero admirable», «Dios poderoso», «Padre sempiterno» y .Príncipe de la paz». Para dilatar el principado, con una paz sin límites, sobre el trono de David y sobre su reino. Para sostenerlo y consolidarlo con la justicia y el derecho, desde ahora y por siempre. El celo del Señor lo realizará.
Responsorio Lc 1, 32. 33; Is 9, S
R. El Señor Dios le dará el
trono de David, su padre; * y reinará en la casa
de Jacob para siempre.
V. Será llamado: «Dios poderoso», «Padre sempiterno» y
«Príncipe de la paz».
R. Y reinará en la casa de Jacob para
siempre.
Año II:
Del libro del profeta Isaías 5, 1-7
CASTIGO DE LA VIÑA DEL SEÑOR
Vaya cantar en nombre de mi amigo un canto de amor a su viña.
Mi amigo tenía una viña en fértil collado. La entrecavó, la despedregó y plantó buenas cepas; construyó en medio una atalaya y cavó un lagar. Y esperó que diese uvas, pero dio agraces.
Pues ahora, habitantes de Jerusalén, hombres de Judá, por favor, sed jueces entre mi viña y yo. ¿Qué más podía hacer por mi viña que yo no lo haya hecho? ¿Por qué, esperando que diera uvas, dio agraces?
Pues ahora os diré a vosotros lo que voy a hacer con mi viña: quitar su valla para que sirva de pasto, derruir su tapia para que la pisoteen. La dejaré arrasada: no la podarán ni la escardarán, crecerá la zarza y el espino; prohibiré a las nubes que lluevan sobre ella.
La viña del Señor de los ejércitos es la casa de Israel; son los hombres de Judá su plantel escogido: Esperó de ellos justicia, y ahí tenéis: asesinatos; esperó honradez, y sólo hay lamentos.
Responsorio Cf. Sal 79, 14. 15. 3. 16. 15
R. Pisotearon tu viña los
jabalíes y se la comieron las alimañas; vuélvete, Señor, y despierta tu poder,
* para que no perezca la cepa que tu diestra
plantó.
V. Dios de los ejércitos, vuélvete, mira desde el cielo y ven a
visitar tu viña.
R. Para que no perezca la cepa que tu diestra
plantó.
SEGUNDA LECTURA
De los Sermones de san Bernardo, abad
(Sermón. 5, En el Adviento del Señor, 1-3: Opera omnia, edición cisterciense, 4 P966] , 188-190):
VENDRÁ A NOSOTROS EL VERBO DE DIOS
Conocemos tres venidas del Señor. Además de la primera y de la última, hay una venida intermedia. Aquéllas son visibles, pero ésta no. En la primera el Señor se manifestó en la tierra y vivió entre los hombres, cuando -como él mismo dice- lo vieron y lo odiaron. En la última contemplarán todos la salvación que Dios nos envía y mirarán a quien traspasaron. La venida intermedia es oculta, sólo la ven los elegidos, en sí mismos, y gracias a ella reciben la salvación. En la primera el Señor vino revestido de la debilidad de la carne; en esta venida intermedia viene espiritualmente, manifestando la fuerza de su gracia; en la última vendrá en el esplendor de su gloria.
Esta venida intermedia es como un camino que conduce de la primera a la última. En la primera Cristo fue nuestra redención; en la última se manifestará como nuestra vida; en esta venida intermedia es nuestro descanso y nuestro consuelo.
Pero, para que no pienses que estas cosas que decimos sobre la venida intermedia son invención nuestra, oye al mismo Señor: El que me ama guardará mi palabra; mi Padre lo amará y vendremos a fijar en él nuestra morada.
He leído también en otra parte: El que teme al Señor obrará bien. Pero veo que se dice aún algo más acerca del que ama a Dios y guarda su palabra. ¿Dónde debe guardarla? No hay duda que en el corazón, como dice el profeta: En mi corazón escondo tus consignas, así no pecaré contra ti.
Conserva tú también la palabra de Dios, porque son dichosos los que la conservan. Que ella entre hasta lo más íntimo de tu alma, que penetre tus afectos y hasta tus mismas costumbres. Come lo bueno, y tu alma se deleitará como si comiera un alimento sabroso. No te olvides de comer tu pan, no sea que se seque tu corazón; antes bien sacia tu alma con este manjar delicioso.
Si guardas así la palabra de Dios es indudable que Dios te guardará a ti. Vendrá a ti el Hijo con el Padre, vendrá el gran profeta que renovará a Jerusalén, y él hará nuevas todas las cosas. Gracias a esta venida, nosotros, que somos imagen del hombre terreno, seremos también imagen del hombre celestial. Y, así como el primer Adán irrumpió en todo el hombre y lo llenó y envolvió por completo, así ahora lo poseerá totalmente Cristo, que lo ha creado y redimido y que también un día lo glorificará.
Responsorio Cf. Sal 28, 11; Is 40, 10
R. El Señor llegará con gran
poder, rodeado de esplendor, * para visitar en
paz a su pueblo y darle la vida eterna.
V. Mirad, el Señor Dios llega con
poder.
R. Para visitar en paz a su pueblo y darle la vida eterna.
Oremos:
Señor, Dios nuestro,
prepara tú mismo nuestros corazones, para que, cuando venga tu Hijo Jesucristo,
nos encuentre dignos del festín de la vida eterna y merezcamos ser invitados por
él mismo a la mesa de su reino celestial. Por nuestro Señor Jesucristo, tu
Hijo.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V.
Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias
a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera
celebración del día:
V. Señor, abre mis
labios.
R. Y mi boca proclamará tu
alabanza.
De lo
contrario:
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
Ven,
Señor, no tardes
Una
clara voz resuena
SALMODIA
Ant. 1: Tu luz, Señor, nos hace ver la luz.
Salmo 35
DEPRAVACIÓN DEL MALVADO Y BONDAD DE DIOS
El que me
sigue no camina en tinieblas,
sino que tendrá la luz de la vida. (Jn 8,
12)
El malvado escucha en su interior
un oráculo del pecado:
«No tengo miedo a Dios,
ni en su presencia.»
Porque se hace la
ilusión de que su culpa
no será descubierta ni aborrecida.
Las palabras de su boca son maldad y traición,
renuncia a ser
sensato y a obrar bien;
acostado medita el crimen,
se obstina en el mal
camino,
no rechaza la maldad.
Señor, tu misericordia llega al cielo,
tu fidelidad hasta las
nubes,
tu justicia hasta las altas cordilleras;
tus sentencias son como
el océano inmenso.
Tú socorres a hombres y animales;
¡qué inapreciable es tu
misericordia, oh Dios!
los humanos se acogen a la sombra de tus
alas;
se nutren de lo sabroso de tu casa,
les das a beber del
torrente de tus delicias,
porque en ti está la fuente viva
y tu luz nos
hace ver la luz.
Prolonga tu misericordia con los que te reconocen,
tu justicia
con los rectos de corazón;
que no me pisotee el pie del soberbio,
que no
me eche fuera la mano del malvado.
Han fracasado los malhechores;
derribados, no se pueden
levantar.
Ant. 1: Tu luz, Señor, nos hace ver la luz.
Ant. 2: Señor, tú eres grande tu fuerza es invencible.
Cántico
Jdt 16, 2-3. 15-19
HIMNO A DIOS, CREADOR DEL MUNDO Y PROTECTOR DE SU
PUEBLO
Cantaban un cántico nuevo. (Ap 5, 9)
¡Alabad a mi Dios con tambores,
elevad cantos al Señor con
cítaras,
ofrecedle los acordes de un salmo de alabanza,
ensalzad e
invocad su nombre!
Porque el Señor
es un Dios quebrantador de guerras,
su nombre es el Señor.
Cantaré a mi Dios un cántico nuevo:
Señor, tú eres grande y
glorioso,
admirable en tu fuerza, invencible.
Que te sirva toda la creación,
porque tú lo mandaste, y
existió;
enviaste tu aliento, y la construiste,
nada puede resistir a tu
voz.
Sacudirán las olas los cimientos de los montes,
las peñas en tu
presencia se derretirán como cera,
pero tú serás propicio a tus
fieles.
Ant. 2: Señor, tú eres grande tu fuerza es invencible.
Ant. 3: Aclamad a Dios con gritos de júbilo.
Salmo 46
ENTRONIZACIÓN DEL DIOS DE ISRAEL
Está sentado
a la derecha del Padre
y su reino no tendrá fin.
Pueblos todos, batid palmas,
aclamad a Dios con gritos de
júbilo;
porque el Señor es sublime y terrible,
emperador de toda la
tierra.
Él nos somete los pueblos
y nos sojuzga las naciones,
él
nos escogió por heredad suya:
gloria de Jacob, su amado.
Dios asciende entre aclamaciones;
el Señor, al son de
trompetas:
tocad para Dios, tocad,
tocad para nuestro Rey,
tocad.
Porque Dios es el rey del mundo:
tocad con maestría.
Dios
reina sobre las naciones,
Dios se sienta en su trono sagrado.
Los príncipes de los gentiles se reúnen
con el pueblo de Dios
de Abraham;
porque de Dios son los grandes de la tierra,
y él es
excelso.
Ant. 3: Aclamad a Dios con gritos de júbilo.
LECTURA BREVE Is 7, 14b-15
Mirad: la Virgen ha concebido y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel: «Dios-con-nosotros». Éste comerá requesón y miel, hasta que aprenda a rechazar el mal y a escoger el bien.
RESPONSORIO BREVE
V. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor. R. Sobre ti, Jerusalén.
V. Su gloria aparecerá sobre ti.
R. Amanecerá el
Señor.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al
Espíritu Santo.
R. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Viene detrás de mí uno que puede más que yo, y yo no soy digno ni de desatar la correa de sus sandalias.
PRECES
Cristo, Palabra de Dios, ha querido acampar entre nosotros para que contemplemos su gloria; alegres, pues, por la esperanza, digamos:
Quédate con nosotros, Señor.
Príncipe de la
justicia y de la rectitud,
haz justicia a los
pobres y desamparados.
Rey de la paz,
que de las espadas forjas arados y de las lanzas
podaderas,
convierte nuestras envidias en amor
y nuestra hambre de venganza en deseos de perdón.
Tú, que no juzgas
por apariencias,
discierne quiénes son los que
realmente te pertenecen.
Cuando vengas en
una nube con gran poder y gloria,
haz que nos
podamos mantener en pie delante de ti.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Pidamos a Dios que su reino se haga cada día más visible entre nosotros: Padre nuestro.
Oración
Señor, Dios nuestro, prepara tú mismo nuestros corazones, para que, cuando venga tu Hijo Jesucristo, nos encuentre dignos del festín de la vida eterna y merezcamos ser invitados por él mismo a la mesa de su reino celestial. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.
Amén.
V.
Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor,
date prisa en socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Antífona:
Tercia: Los profetas anunciaron que el Salvador
nacería de María Virgen.
Sexta: El ángel
Gabriel saludó a María diciendo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está
contigo, bendita tú entre las mujeres.»
Nona:
María dijo: «¿Qué significa este saludo? Me quedo perpleja ante estas
palabras de que daré a luz un Rey sin perder mi virginidad.»
Salmo 118, 9-16
¿Cómo podrá un joven andar honestamente?
Cumpliendo tus
palabras.
Te busco, de todo corazón,
no consientas
que me desvíe de
tus mandamientos.
En mi corazón escondo tus consignas,
así no pecaré
contra ti.
Bendito eres, Señor,
enséñame tus leyes.
Mis labios van
enumerando
los mandamientos de tu boca;
mi alegría es el camino de tus
preceptos,
más que todas las riquezas.
Medito tus decretos,
y me fijo en tus sendas;
tu voluntad es
mi delicia,
no olvidaré tus palabras.
Salmo 16
DIOS, ESPERANZA DEL INOCENTE PERSEGUIDO
En los días
de su vida mortal
presentó oraciones y súplicas
y fue escuchado. (Hb 5,
7)
Señor, escucha mí apelación,
atiende a mis clamores,
presta
oído a mi súplica,
que en mis labios no hay engaño:
emane de ti la
sentencia,
miren tus ojos la rectitud.
Aunque sondees mi corazón,
visitándolo de noche,
aunque me
pruebes al fuego,
no encontrarás malicia en mí.
Mi boca no ha faltado
como suelen los hombres;
según tus
mandatos yo me he mantenido
en la senda establecida.
Mis pies estuvieron
firmes en tus caminos,
y no vacilaron mis pasos.
Yo te invoco porque tú me respondes, Dios mío;
inclina el oído y
escucha mis palabras.
Muestra las maravillas de tu misericordia,
tú que
salvas de los adversarios
a quien se refugia a tu derecha.
Guárdame como a las niñas de tus ojos,
a la sombra de tus alas
escóndeme
de los malvados que me asaltan,
del enemigo mortal que me
cerca.
II
Han cerrado sus entrañas
y hablan con boca arrogante;
ya me
rodean sus pasos,
se hacen guiños para derribarme,
como un león ávido de
presa,
como un cachorro agazapado en su escondrijo.
Levántate, Señor, hazle frente, doblégalo,
que tu espada me
libre del malvado,
y tu mano, Señor, de los mortales;
mortales de este
mundo: sea su lote esta vida;
de tu despensa les llenarás el vientre,
se
saciarán sus hijos
y dejarán a sus pequeños lo que sobra.
Pero yo con mi apelación vengo a tu presencia,
y al despertar me
saciaré de tu semblante.
Tercia: Los profetas anunciaron que el Salvador nacería de María Virgen.
LECTURA BREVE Is 2, 11
Los ojos orgullosos serán humillados, será doblegada la arrogancia humana; sólo el Señor será ensalzado aquel día.
V. Los gentiles temerán tu nombre, Señor.
R. Los reyes del mundo tu gloria.
Oremos:
Señor,
Dios nuestro, prepara tú mismo nuestros corazones, para que, cuando venga tu
Hijo Jesucristo, nos encuentre dignos del festín de la vida eterna y merezcamos
ser invitados por él mismo a la mesa de su reino celestial. Por Cristo nuestro
Señor.
Sexta: El ángel Gabriel saludó a María diciendo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo, bendita tú entre las mujeres.»
LECTURA BREVE Is 12, 2
Él es mi Dios y salvador: confiaré y no temeré, porque mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi salvación.
V. Acuérdate de nosotros, Señor, por amor a tu
pueblo.
R. Visítanos con tu
salvación.
Oremos:
Señor,
Dios nuestro, prepara tú mismo nuestros corazones, para que, cuando venga tu
Hijo Jesucristo, nos encuentre dignos del festín de la vida eterna y merezcamos
ser invitados por él mismo a la mesa de su reino celestial. Por Cristo nuestro
Señor.
Nona: María dijo: «¿Qué significa este saludo? Me quedo perpleja ante estas palabras de que daré a luz un Rey sin perder mi virginidad.»
LECTURA BREVE Dn 9, 19
¡Señor, escucha! ¡Señor, perdona! ¡Señor, atiende y obra! ¡No tardes más, por ti mismo, oh Dios mío, pues tu nombre se invoca sobre tu pueblo!.
V. Ven Señor, y no tardes.
R. Perdona los pecados de tu pueblo.
Oremos:
Señor,
Dios nuestro, prepara tú mismo nuestros corazones, para que, cuando venga tu
Hijo Jesucristo, nos encuentre dignos del festín de la vida eterna y merezcamos
ser invitados por él mismo a la mesa de su reino celestial. Por Cristo nuestro
Señor.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V.
Dios mío ven en mi auxilio
R. Señor,
date prisa en socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
Éste
es el tiempo en que llegas
Jesucristo,
Palabra del Padre
SALMODIA
Ant. 1: El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?
Salmo 26
CONFIANZA ANTE EL PELIGRO
Si Dios está
con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?,
¿quién podrá apartarnos
del amor de Cristo? (Rm 8, 31. 35)
I
El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor
es la defensa de mi vida,
¿quién me hará temblar?
Cuando me asaltan los malvados
para devorar mi carne,
ellos, enemigos y adversarios,
tropiezan y caen.
Si un ejército acampa contra mí,
mi corazón no tiembla
si
me declaran la guerra,
me siento tranquilo.
Una cosa pido al Señor,
eso buscaré:
habitar en la casa del
Señor
por los días de mi vida;
gozar de la dulzura del Señor
contemplando su templo.
El me protegerá en su tienda
el día del peligro;
me
esconderá en lo escondido de su morada,
me alzará sobre la roca;
y así levantaré la cabeza
sobre el enemigo que me cerca;
en
su tienda sacrificaré
sacrificios de aclamación:
cantaré y tocaré para
el Señor.
Ant. 1: El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?
Ant. 2: Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro.
Algunos,
poniéndose de pie,
daban testimonio contra Jesús.
(Mc 14,
57)
II
Escúchame, Señor, que te llamo,
ten piedad, respóndeme.
Oigo en mi corazón: «Buscad mi rostro.»
Tu rostro buscaré,
Señor,
no me escondas tu rostro.
No rechaces con ira a tu siervo,
que tú eres mi auxilio;
no
me deseches, no me abandones,
Dios de mi salvación.
Si mi padre y mi madre me abandonan,
el Señor me recogerá.
Señor, enséñame tu camino,
guíame por la senda llana,
porque
tengo enemigos.
No me entregues a la saña de mi adversario,
porque se levantan
contra mí testigos falsos,
que respiran violencia.
Espero gozar de la dicha del Señor
en el país de la vida.
Espera en el Señor, sé valiente,
ten ánimo, espera en el Señor.
Ant. 2: Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro.
Ant. 3: El es el primogénito de toda creatura, es el primero en todo.
Cántico
Cf. Col 1, 12-20
HIMNO A CRISTO, PRIMOGÉNITO DE TODA CREATURA Y PRIMER
RESUCITADO DE ENTRE LOS MUERTOS
Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de
compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.
Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha
trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la
redención,
el perdón de los pecados.
Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda
creatura;
pues por medio de él fueron creadas
todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones,
Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.
Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también
la cabeza del cuerpo de la Iglesia.
Él es el principio,
el primogénito
de entre los muertos,
y así es el primero en todo,
Porque en él quiso Dios
que residiera toda plenitud.
Y por
él quiso reconciliar consigo todas las cosas:
haciendo la paz por la sangre
de su cruz
con todos los seres, así del cielo como de la tierra.
Ant. 3: El es el primogénito de toda creatura, es el primero en todo.
LECTURA BREVE 1Co 4, 5
No juzguéis antes de tiempo; dejad que venga el Señor. Él sacará a la luz lo que está oculto en las tinieblas y pondrá al descubierto las intenciones del corazón. Entonces vendrá a cada uno su alabanza de parte de Dios.
RESPONSORIO BREVE
V. Ven a salvarnos, Señor Dios de los
ejércitos. R. Ven a
salvarnos.
V. Que brille tu rostro y nos
salve.
R. Señor Dios de los ejércitos.
V.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Ven a salvarnos, Señor Dios de los
ejércitos.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: De Sión saldrá la ley, de Jerusalén la palabra del Señor.
PRECES
Invoquemos a Dios Padre, que nos envió a su Hijo para que nos trajera una paz sin límites, y digámosle:
Venga tu reino, Señor.
Mira, Padre santo, a tu Iglesia * y ven a visitar tu viña, la cepa que tu diestra plantó.
Señor Dios, que eres siempre fiel a tus promesas, acuérdate de los hijos de Abraham * y da cumplimiento en ellos a las promesas que hiciste a sus padres.
Mira, Dios de clemencia, a los paganos, y llámalos, por tu misericordia, * para que también ellos te alaben y glorifiquen.
Visita, Pastor eterno, las ovejas de tu rebaño * y reúnelas a todas en tus verdes praderas.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Acuérdate también de los que han salido de este mundo en tu paz * y recíbelos en el reino de tu Hijo.
Jesucristo nos ha revelado que Dios es nuestro Padre; por eso nos atrevemos a decir: Padre nuestro.
Oración
Señor, Dios nuestro, prepara tú mismo nuestros corazones, para que, cuando venga tu Hijo Jesucristo, nos encuentre dignos del festín de la vida eterna y merezcamos ser invitados por él mismo a la mesa de su reino celestial. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos
lleve a la vida eterna.
R.
Amén.
OFICIO DE LECTURA
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera
celebración del día:
V.
Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca
proclamará tu alabanza.
De lo
contrario:
V. Dios mío,
ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Ant.1: La promesa del Señor es escudo para los que a ella se acogen.
Salmo 17, 31-51
EL SEÑOR REVELA SU PODER SALVADOR
Si Dios está
con nosotros,
¿quién estará contra nosotros?
(Rm 8,
31)
IV
Perfecto es el camino de Dios,
acendrada es la promesa del
Señor;
él es escudo para los que a él se acogen.
¿Quién es dios fuera del Señor?
¿Qué roca hay fuera de nuestro
Dios?
Dios me ciñe de valor
y me enseña un camino perfecto;
él me da pies de ciervo
y me coloca en las alturas;
él
adiestra mis manos para la guerra,
y mis brazos para tensar la
ballesta.
Ant.1: La promesa del Señor es escudo para los que a ella se acogen.
Ant. 2: Tu diestra, Señor, me sostuvo.
V
Me dejaste tu escudo protector,
tu diestra me
sostuvo,
multiplicaste tus cuidados conmigo.
Ensanchaste el camino a mis
pasos
y no flaquearon mis tobillos;
yo perseguía al enemigo hasta alcanzarlo;
y no me volvía sin
haberlo aniquilado:
los derroté y no pudieron rehacerse,
cayeron bajo mis
pies.
Me ceñiste de valor para la lucha,
doblegaste a los que me
resistían;
hiciste volver la espalda a mis enemigos,
rechazaste a mis
adversarios.
Pedían auxilio, pero nadie los salvaba;
gritaban al Señor, pero
no les respondía.
Los reduje a polvo, que arrebata el viento;
los
pisoteaba como barro de las calles.
Me libraste de las contiendas de mi pueblo,
me hiciste cabeza de
naciones,
un pueblo extraño fue mi vasallo.
Los extranjeros me adulaban,
me escuchaban y me
obedecían.
Los extranjeros palidecían
y salían temblando de sus
baluartes.
Ant. 2: Tu diestra, Señor, me sostuvo.
Ant. 3: Viva el Señor, sea ensalzado mi Dios y Salvador.
VI
Viva el Señor, bendita sea mi roca,
sea ensalzado mi Dios y
Salvador:
el Dios que me dio el desquite
y me sometió los
pueblos;
que me libró de mis enemigos,
me levantó sobre los que
resistían
y me salvó del hombre cruel.
Por eso te daré gracias entre las naciones, Señor,
y tañeré en
honor de tu nombre:
tú diste gran victoria a tu rey,
tuviste misericordia
de tu Ungido,
de David y su linaje por siempre.
Ant. 3: Viva el Señor, sea ensalzado mi Dios y Salvador.
V.
Escuchad, naciones, la palabra del Señor.
R.
Y proclamadla en todos los confines de la tierra.
PRIMERA LECTURA
Año I:
Del libro del profeta Isaías l0, 5-21
EL DÍA DEL SEÑOR
¡Ay Asur, vara de mi ira, bastón de mi furor! Contra una nación impía lo envié, lo mandé contra el pueblo de mi cólera, para entrado a saco y despojado, para hollado como barro de las calles. Pero él no pensaba así, no eran éstos los planes de su corazón; su propósito era aniquilar, exterminar naciones numerosas. Decía:
«¿No son mis ministros reyes? ¿No fue Calno como Cárquemis? ¿No fue Amat como Arpad? ¿No fue Samaría como Damasco? Como mi mano alcanzó aquellos reinos, de ídolos e imágenes mayores que los de Jerusalén y Samaría. Lo que hice con Samaría y sus imágenes, ¿no lo vaya hacer con Jerusalén y sus ídolos?» Cuando termine el Señor toda su obra en el Monte Sión y en Jerusalén, castigará el corazón orgulloso del rey de Asiria, la arrogancia altanera de sus ojos. Él decía:
«Con la fuerza de mi mano lo he hecho, con mi saber, porque soy inteligente. Cambié las fronteras de las naciones, saqueé sus tesoros y derribé, como un héroe, a sus jefes. Mi mano cogió, como un nido, las riquezas de los pueblos; como quien recoge huevos abandonados, cogí toda su tierra; y no hubo quien batiese las alas, quien abriese el pico para piar.» ¿Se envanece el hacha contra quien la blande? ¿Se gloría la sierra contra quien la maneja? Como si el bastón manejase a quien lo levanta, como si la vara alzase a quien no es leño.
Por eso, el Señor de los ejércitos meterá enfermedad en su gordura; y debajo del hígado le encenderá una fiebre, como incendio de fuego. La luz de Israel se convertirá en fuego, su Santo será llama: arderá y consumirá sus zarzas y sus cardos en un solo día. El esplendor de su bosque y de su huerto lo consumirá Dios de médula a corteza, un consumirse de carcoma. Árboles contados quedarán de su bosque, un niño los podrá numerar.
Aquel día, el resto de Israel, los supervivientes de Jacob, no volverán a apoyarse en su agresor, sino que se apoyarán sinceramente en el Señor, el Santo de Israel.
Un resto volverá, un resto de Jacob, al Dios guerrero.
Responsorio Jl 2, 1. 2; 2Pe 3, 10
R. Tiemblen los habitantes del
país: que viene, ya está cerca el día del Señor. * Día de oscuridad y tinieblas, día de nube y
nubarrón.
V. Vendrá el día del Señor como un ladrón: entonces desaparecerán
los cielos con estruendo, los elementos abrasados se disolverán y la tierra con
todas sus obras dejará de existir.
R. Día de oscuridad y tinieblas, día de
nube y nubarrón.
Año II:
Del libro del profeta Isaías 16, 1-5; 17, 4-8
SIÓN REFUGIO DE LOS
MOABITAS.
CONVERSIÓN DE EFRAIM
Enviad corderos al soberano del país, desde la Peña del desierto al monte Sión. Como aves espantadas, nidada dispersa, van las hijas de Moab por los vados del Arnón.
Danos consejo; toma una decisión; adensa tu sombra como la noche en pleno mediodía; esconde a los fugitivos, no descubras al prófugo. Da asilo a los fugitivos de Moab, sé tú su escondrijo ante el devastador.
Cuando cese la opresión, termine la devastación y desaparezca el que pisoteaba el país, se fundará en la demencia un trono: sobre él se sentará con lealtad, bajo la tienda de David, un juez celoso del derecho, dispuesto a la justicia.
Aquel día, la gloria de Jacob será humillada y enflaquecerá la carne de su cuerpo. Será como cuando el segador toma a brazadas la mies y su brazo siega las espigas; como se espigan los rastrojos del valle de Refaím y queda sólo un rebusco; como al varear el olivo quedan dos o tres aceitunas en lo alto de la copa y cuatro o cinco en las ramas fecundas -oráculo del Señor, Dios de Israel-.
Aquel día, el hombre mirará a su Hacedor, sus ojos contemplarán al Santo de Israel; y ya no mirará los altares, hechura de sus manos, ni contemplará las estelas y cipos que fabricaron sus dedos.
Responsorio Jr 33, 15. 16; Is 16, 5
R. Suscitaré a David un vástago
legítimo, que hará justicia y practicará el derecho en la tierra. * Y será
llamado: «El-Señor-nuestra-justicia».
V. Se fundará en la clemencia un trono:
sobre él se sentará con lealtad un juez celoso del derecho, dispuesto a la
justicia.
R. Y será llamado: «El Señor-nuestra-justicia».
SEGUNDA LECTURA
Del Comentario de san Efrén, diácono, sobre el Diatéssaron
(Cap. 18, 15-17: SC 121,325-328)
ESTAD PREPARADOS, CRISTO VENDRÁ NUEVAMENTE
Para que los discípulos no le preguntaran sobre el tiempo de su venida, Cristo les dijo: Por lo que se refiere a aquella hora, nadie sabe nada; ni los ángeles del cielo ni siquiera el Hijo. No toca a vosotros conocer el tiempo y la ocasión. Lo ocultó para que estemos prevenidos y para que cada uno de nosotros piense que ello puede tener lugar en su propio tiempo. Pues si Cristo hubiera revelado el día de su venida, ésta se hubiera tornado un acontecimiento indiferente y ya no sería un objeto de esperanza para los hombres de los distintos siglos. Dijo que vendría, pero no dijo cuándo, y por eso todas las generaciones y épocas lo esperan ansiosamente.
Aunque el Señor estableció las señales de su venida, sin embargo, en modo alguno conocemos con exactitud su término; pues estas señales aparecen de muy distintas maneras y pasan, y algunas de ellas todavía perduran.
Con la última venida pasará algo semejante a lo que pasó con la primera.
Así como los justos y los profetas esperaron al Mesías pensando que se había de manifestar en su tiempo, también hoy cada uno de los cristianos desea que llegue ep sus propios días. Cristo no reveló el día de su venida, principalmente por esta razón: para que todos comprendieran que aquel a cuyo poder y dominio están sometidos los números y los tiempos no está sujeto al destino ni a la hora. Pero el que desde toda la eternidad había determinado este día y describió detalladamente las señales que lo precederían ¿ cómo podía ignorarlo? Por eso con aquellas palabras invitó a considerar sus señales, para que, desde entonces y para siempre, las generaciones de todos los siglos pensaran que su venida podría acontecer en su tiempo.
Estad en vela, porque cuando el cuerpo duerme es nuestra naturaleza la que domina y obramos no guiados por nuestra voluntad, sino por los impulsos de nuestra naturaleza. Y cUando un pesado sopor, por ejemplo, la pusilanimidad o la tristeza, domina al alma, ésta es dominada por el enemigo y, bajo los efectos de ese sopor, hace lo que no quiere. Los impulsos dominan a la naturaleza y el enemigo al alma.
Por lo tanto, el Señor recomendó al hombre la vigilancia de todo su ser: del cuerpo, para que evitara la somnolencia; del alma, para que evitara la indolencia y la pusilanimidad, como dice la Escritura: Despertaos, como conviene; y: Me levanté y estoy contigo; y también: No desfallezcáis. Por eso, investidos de este ministerio, no sentimos desfallecimiento.
Responsorio Is 55, 3-4; Hch 28, 28
R. Sellaré con vosotros alianza
perpetua, la promesa que aseguré a David: * lo
he puesto como testigo mío ante los pueblos, caudillo y soberano de
naciones.
V. Esta salvación de Dios ha sido enviada a los gentiles, y
ciertamente que lo escucharán.
R. Lo he puesto como testigo mío ante los
pueblos, caudillo y soberano de naciones.
Oremos:
Muestra, Señor, tu
poder y ven a socorrernos, para que la abundancia de tu misericordia nos alcance
los bienes que nuestros pecados han retardado. Por nuestro Señor Jesucristo, tu
Hijo.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V.
Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias
a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera
celebración del día:
V. Señor, abre mis
labios.
R. Y mi boca proclamará
tu alabanza.
De lo
contrario:
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
Ven,
Señor, no tardes
Una
clara voz resuena
SALMODIA
Ant. 1: Despertad, cítara y arpa; despertaré a la aurora.
Salmo 56
ORACIÓN MATUTINA DE UN AFLIGIDO
Este salmo
canta la pasión
del Señor. (S. Agustín)
Misericordia, Dios mío, misericordia,
que mi alma se refugia en
ti;
me refugio a la sombra de tus alas
mientras pasa la calamidad.
Invoco al Dios Altísimo,
al Dios que hace tanto por mí:
desde el cielo me enviará la salvación,
confundirá a los que ansían
matarme,
enviará su gracia y su lealtad.
Estoy echado entre leones
devoradores de hombres;
sus
dientes son lanzas y flechas,
su lengua es una espada afilada.
Elévate sobre el cielo, Dios mío,
y llene la tierra tu
gloria.
Han tendido una red a mis pasos
para que sucumbiera;
me han
cavado delante una fosa,
pero han caído en ella.
Mi corazón está firme, Dios mío,
mi corazón está firme.
Voy a
cantar y a tocar:
despierta, gloria mía;
despertad, cítara y
arpa;
despertaré a la aurora.
Te daré gracias ante los pueblos, Señor;
tocaré para ti ante las
naciones:
por tu bondad, que es más grande que los cielos,
por tu
fidelidad, que alcanza a las nubes.
Elévate sobre el cielo, Dios mío,
y llene la tierra tu
gloria.
Ant. 1: Despertad, cítara y arpa; despertaré a la aurora.
Ant. 2: «Mi pueblo se saciará de mis bienes», dice el Señor.
Cántico
Jr 31, 10-14
FELICIDAD DEL PUEBLO REDIMIDO
Jesús iba a
morir... para reunir
a los hijos de Dios dispersos.
(Jn 11, 51.
52)
Escuchad, pueblos, la palabra del Señor,
anunciadla en las islas
remotas:
«El que dispersó a Israel lo reunirá,
lo guardará como un pastor
a su rebaño;
porque el Señor redimió a Jacob,
lo rescató de una mano más
fuerte.»
Vendrán con aclamaciones a la altura de Sión,
afluirán hacia los
bienes del Señor:
hacia el trigo y el vino y el aceite,
y los rebaños de
ovejas y de vacas;
su alma será como un huerto regado,
y no volverán a
desfallecer.
Entonces se alegrará la doncella en la danza,
gozarán los
jóvenes y los viejos;
convertiré su tristeza en gozo,
los alegraré y
aliviaré sus penas;
alimentaré a los sacerdotes
con manjares
sustanciosos,
y mi pueblo se saciará de mis bienes.
Ant. 2: «Mi pueblo se saciará de mis bienes», dice el Señor.
Ant. 3: Grande es el Señor y muy digno de alabanza en la ciudad de nuestro Dios.+
Salmo 47
HIMNO A LA GLORIA DE JERUSALÉN
Me transportó
en espíritu a un monte altísimo
y me enseñó la ciudad santa, Jerusalén. (Ap
21, 10)
Grande es el Señor y muy digno de alabanza
en la ciudad de
nuestro Dios,
+ su monte santo, altura hermosa,
alegría de toda la
tierra:
el monte Sión, vértice del cielo,
ciudad del gran rey;
entre
sus palacios,
Dios descuella como un alcázar.
Mirad: los reyes se aliaron
para atacarla juntos;
pero, al
verla, quedaron aterrados
y huyeron despavoridos;
allí los agarró un temblor
y dolores como de parto;
como un
viento del desierto,
que destroza las naves de Tarsis.
Lo que habíamos oído lo hemos visto
en la ciudad del Señor de
los ejércitos,
en la ciudad de nuestro Dios:
que Dios la ha fundado para
siempre.
¡Oh Dios!, meditamos tu misericordia
en medio de tu
templo:
como tu renombre, ¡oh Dios!, tu alabanza
llega al confín de la
tierra;
tu diestra está llena de justicia:
el monte Sión se
alegra
las ciudades de Judá se gozan
con tus sentencias.
Dad la vuelta en torno a Sión:
contando sus torreones;
fijaos
en sus baluartes,
observad sus palacios,
para poder decirle a la próxima generación:
«Este es el Señor,
nuestro Dios.»
Él nos guiará por siempre jamás.
Ant. 3: Grande es el Señor y muy digno de alabanza en la ciudad de nuestro Dios.
LECTURA BREVE Is 45, 8
Cielos, destilad el rocío; nubes, derramad al Justo; ábrase la tierra y brote la salvación, y con ella germine la justicia.
RESPONSORIO BREVE
V.
Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor. R. Sobre ti, Jerusalén.
V. Su gloria aparecerá sobre ti.
R. Amanecerá el
Señor.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al
Espíritu Santo.
R. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Aguardaré al Señor, mi salvador, y esperaré en él mientras se acerca. Aleluya.
PRECES
Invoquemos confiados a Cristo, fuerza y sabiduría de Dios, cuyo gozo es estar con los hijos de los hombres, y digámosle:
Quédate junto a nosotros, Señor.
Señor Jesucristo, que nos has llamado al reino de tu luz, * haz que nuestra vida sea agradable a Dios Padre.
Tú que, desconocido por el mundo, has acampado entre nosotros, * manifiesta tu rostro a todos los hombres.
Tú que estás más cerca de nosotros que nosotros mismos, * fortalece nuestros corazones con la esperanza de la salvación.
Tú que eres la fuente de toda santidad, * consérvanos santos y sin mancha hasta el día de tu venida.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Digamos a nuestro Padre con toda confianza: Padre nuestro.
Oración
Muestra, Señor, tu poder y ven a socorrernos, para que la abundancia de tu misericordia nos alcance los bienes que nuestros pecados han retardado. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.
Amén.
V.
Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor,
date prisa en socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Antífona:
Tercia: Los profetas anunciaron que el Salvador
nacería de María Virgen.
Sexta: El ángel
Gabriel saludó a María diciendo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está
contigo, bendita tú entre las mujeres.»
Nona:
María dijo: «¿Qué significa este saludo? Me quedo perpleja ante estas
palabras de que daré a luz un Rey sin perder mi virginidad.»
Salmo 118, 17-24
Haz bien a tu siervo: viviré
y cumpliré tus palabras;
ábreme
los ojos y contemplaré
las maravillas de tu voluntad;
soy un forastero en
la tierra:
no me ocultes tus promesas.
Mi alma se consume, deseando
continuamente tus
mandamientos;
reprendes a los soberbios,
infelices los que se apartan de
tus mandatos;
aleja de mí las afrentas y el desprecio,
porque observo tus
preceptos.
Aunque los nobles se sientan a murmurar de mí,
tu siervo medita
tus leyes;
tus preceptos son mi delicia,
tus decretos son mis
consejeros.
Salmo 24
ORACIÓN POR TODA CLASE DE NECESIDADES
La esperanza no defrauda (R 5, 5)
I
A ti, Señor, levanto mi alma;
Dios mío, en ti confío, no quede
yo defraudado,
que no triunfen de mí mis enemigos;
pues los que esperan en
ti no quedan defraudados,
mientras que el fracaso malogra a los
traidores.
Señor, enséñame tus caminos,
instrúyeme en tus sendas:
haz
que camine con lealtad;
enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador,
y
todo el día te estoy esperando.
Recuerda, Señor, que tu ternura
y tu misericordia son
eternas;
no te acuerdes de los pecados
ni de las maldades de mi
juventud;
acuérdate de mí con misericordia,
por tu bondad,
Señor.
El Señor es bueno y es recto,
y enseña el camino a los
pecadores;
hace caminar a los humildes con rectitud,
enseña su camino a
los humildes.
Las sendas del Señor son misericordia y lealtad
para los que
guardan su alianza y sus mandatos.
Por el honor de tu nombre,
Señor,
perdona mis culpas, que son muchas.
II
Hay alguien que tema al Señor?
Él le enseñará el camino
escogido:
su alma vivirá feliz,
su descendencia poseerá la
tierra.
El Señor se confía con sus fieles
y les da a conocer su
alianza.
Tengo los ojos puestos en el Señor,
porque él saca mis pies de la
red.
Mírame, ¡oh Dios!, y ten piedad de mí,
que estoy solo y
afligido.
Ensancha mi corazón oprimido y
sácame de mis
tribulaciones.
Mira mis trabajos y mis penas
y perdona todos mis
pecados,
mira cuántos son mis enemigos,
que me detestan con odio
cruel.
Guarda mi vida y líbrame,
no quede yo defraudado de haber
acudido a ti.
La inocencia y la rectitud me protegerán,
porque espero en
ti.
Salva, ¡oh Dios!, a Israel
de todos sus peligros.
Tercia: Los profetas anunciaron que el Salvador nacería de María Virgen.
LECTURA BREVE Mi 5, 4-5a
El jefe de Israel se alzará y pastoreará el rebaño con el poder del Señor, con la majestad del nombre del Señor su Dios. Habitarán tranquilos, porque se mostrará él grande hasta los confines de la tierra, y él será nuestra paz.
V. Los gentiles temerán tu nombre, Señor.
R. Los reyes del mundo tu gloria.
Oremos:
Muestra, Señor, tu poder y ven a socorrernos, para que
la abundancia de tu misericordia nos alcance los bienes que nuestros pecados han
retardado. Por Cristo nuestro Señor.
Sexta: El ángel Gabriel saludó a María diciendo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo, bendita tú entre las mujeres.»
LECTURA BREVE Ag 2, 7.10
Todavía un poco más, y agitaré cielo y tierra, mar y continentes. La gloria de este segundo templo será mayor que la del primero y en este sitio daré la paz -oráculo del Señor de los ejércitos-.
V. Acuérdate de nosotros, Señor, por amor a tu
pueblo.
R. Visítanos con tu
salvación.
Oremos:
Muestra, Señor, tu poder y ven a socorrernos, para que
la abundancia de tu misericordia nos alcance los bienes que nuestros pecados han
retardado. Por Cristo nuestro Señor.
Nona: María dijo: «¿Qué significa este saludo? Me quedo perpleja ante estas palabras de que daré a luz un Rey sin perder mi virginidad.»
LECTURA BREVE Ml 4,
2
A los que honran
mi nombre los iluminará un sol de justicia que lleva la salud en los rayos;
vosotros saldréis brincando como terneros del establo -dice el Señor de los
ejércitos-.
V. Ven Señor, y no tardes.
R. Perdona los pecados de tu pueblo.
Oremos:
Muestra, Señor, tu poder y ven a socorrernos, para que
la abundancia de tu misericordia nos alcance los bienes que nuestros pecados han
retardado. Por Cristo nuestro Señor.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V.
Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor,
date prisa en socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
Éste
es el tiempo en que llegas
Jesucristo,
Palabra del Padre
SALMODIA
Ant. 1: Señor, Dios mío, a ti grité, y tú me sanaste; te daré gracias por siempre.
Salmo 29
ACCIÓN DE GRACIAS POR LA CURACIÓN DE UN ENFERMO EN
PELIGRO DE MUERTE
Cristo,
después de su gloriosa resurrección,
da gracias al Padre.
(Casiodoro)
Te ensalzaré, Señor, porque me has librado
y no has dejado que
mis enemigos se rían de mí.
Señor, Dios mío, a ti grité,
y tú me sanaste.
Señor, sacaste
mi vida del abismo,
me hiciste revivir cuándo bajaba a la fosa.
Tañed para el Señor, fieles suyos,
dad gracias a su nombre
santo;
su cólera dura un instante;
su bondad, de por vida;
al atardecer
nos visita el llanto,
por la mañana, el júbilo.
Yo pensaba muy seguro:
«No vacilaré jamás.»
Tu bondad, Señor,
me aseguraba
el honor y la fuerza;
pero escondiste tu rostro,
y quedé
desconcertado.
A ti Señor llamé,
supliqué a mi Dios:
«¿Qué ganas con mi
muerte,
con que yo baje a la fosa?
¿Te va a dar gracias el polvo,
o va a proclamar tu
lealtad?
Escucha, Señor, y ten piedad de mí;
Señor, socórreme.»
Cambiaste mi luto en danzas,
me desataste el sayal y me has
vestido de fiesta;
te cantará mi alma sin callarse.
Señor, Dios mío, te
daré gracias por siempre.
Ant. 1: Señor, Dios mío, a ti grité, y tú me sanaste; te daré gracias por siempre.
Ant. 2: Dichoso el hombre a quien el Señor no le apunta el delito.
Salmo 31
ACCIÓN DE GRACIAS DE UN PECADOR PERDONADO
David
proclama dichoso al hombre a quien Dios confiere
la justificación haciendo
caso omiso de las obras.
(Rm 4, 6)
Dichoso el que está absuelto de su culpa,
a quien le han
sepultado su pecado;
dichoso el hombre a quien el Señor
no le apunta el
delito.
Mientras callé se consumían mis huesos,
rugiendo todo el
día,
porque día y noche tu mano
pesaba sobre mí;
mi savia se me había
vuelto
un fruto seco.
Había pecado, lo reconocí,
no te encubrí mi delito;
propuse:
«Confesaré al Señor, mi culpa»,
y tú perdonaste, mi culpa y mi
pecado.
Por eso, que todo fiel te suplique
en el momento de la
desgracia:
la crecida de las aguas caudalosas
no lo alcanzará.
Tú eres mi refugio, me libras del peligro,
me rodeas de cantos
de liberación.
Te instruiré y te enseñaré
el camino que has de
seguir,
fijaré en ti mis ojos.
No seáis irracionales como caballos y mulos,
cuyo brío hay que
domar con freno y brida;
si no, no puedes acercarte.
Los malvados sufren muchas penas;
al que confía en el
Señor,
la misericordia lo rodea.
Alegraos, justos, y gozad con el Señor,
aclamadlo, los de
corazón sincero.
Ant. 2: Dichoso el hombre a quien el Señor no le apunta el delito.
Ant. 3: El Señor le dio el poder, el honor y el reino, y todos los pueblos le servirán.
Cántico Ap 11, 17-18; 12,
10b-12a
EL JUICIO DE DIOS
Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,
el que eres y el que
eras,
porque has asumido el gran poder
y comenzaste a reinar.
Se encolerizaron las gentes,
llegó tu cólera,
y el tiempo de
que sean juzgados los muertos,
y de dar el galardón a tus siervos los
profetas,
y a los santos y a los que temen tu nombre,
y a los pequeños y a
los grandes,
y de arruinar a los que arruinaron la tierra.
Ahora se estableció la salud y el poderío,
y el reinado de
nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fe precipitado
el
acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios día y
noche.
Ellos le vencieron
en virtud de la sangre del Cordero
y por
la palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su Vida que temieran
la muerte.
Por esto, estad alegres, cielos,
y los que moráis en sus
tiendas.
Ant. 3: El Señor le dio el poder, el honor y el reino, y todos los pueblos le servirán.
LECTURA BREVE St 5, 7-8. 9b
Aguardad con paciencia, hermanos, hasta la manifestación del Señor. Ved cómo el labrador espera el precioso fruto de la tierra. Lo va aguardando pacientemente, hasta que la tierra reciba las lluvias tempranas y las tardías. Aguardad también vosotros con toda paciencia, fortaleced vuestros corazones, porque la manifestación del Señor está ya cerca. Mirad que el juez está a las puertas.
RESPONSORIO BREVE
V. Ven a salvarnos, Señor Dios de los ejércitos. R. Ven a salvarnos.
V.
Que brille tu rostro y nos salve.
R. Señor Dios de los
ejércitos.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. R. Ven a
salvamos, Señor Dios de los ejércitos.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre.
PRECES
Imploremos a Cristo, luz resplandeciente que brilla para los que habitan en tierras de sombra, como anunciaron los profetas, y digámosle:
Ven, Señor Jesús.
Cristo, Palabra de Dios, que en el principio creaste todas las cosas y en la etapa final del mundo tomaste nuestra naturaleza humana, * ven y arráncanos de la muerte.
Luz verdadera que alumbra a todo hombre, * ven y disipa las tinieblas de nuestra ignorancia.
Hijo único que estás en el seno del Padre, * ven y danos a conocer el amor de Dios.
Cristo Jesús, que viniste a nosotros como Hijo del hombre, * concede a cuantos te reciben el poder de ser hijos de Dios.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Tú que abres las puertas de todas las cárceles, * admite en el festín de tus bodas a cuantos aguardan a su entrada.
Siguiendo la enseñanza del Salvador, oremos a Dios, diciendo: Padre nuestro.
Oración
Muestra, Señor, tu poder y ven a socorrernos, para que la abundancia de tu misericordia nos alcance los bienes que nuestros pecados han retardado. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
OFICIO DE LECTURA
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera
celebración del día:
V.
Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca
proclamará tu alabanza.
De lo
contrario:
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Ant. 1: Levántate, Señor, y ven en mi auxilio.
Salmo 34, 1-2. 3c. 9-19. 22-24a. 27-28
SÚPLICA CONTRA LOS
PERSEGUIDORES INJUSTOS
Se
reunieron... y se pusieron de acuerdo para detener
a Jesús con engaño y
matarlo. (Mt 26, 3-4)
I
Pelea, Señor, contra los que me atacan,
guerrea contra los que
me hacen guerra;
empuña el escudo y la adarga,
levántate y ven en mi
auxilio;
di a mi alma:
«Yo soy tu victoria.»
Y yo me alegraré con el Señor,
gozando de su victoria;
todo
mi ser proclamará:
«Señor, ¿quién como tú,
que defiendes al débil del
poderoso,
al pobre y humilde del explotador?»
Se presentaban testigos violentos:
me acusaban de cosas que ni
sabía,
me pagaban mal por bien,
dejándome desamparado.
Ant.1: Levántate, Señor, y ven en mi auxilio.
Ant. 2: Juzga, Señor, y defiende mi causa, tú que eres poderoso.
II
Yo, en cambio, cuando estaban enfermos,
me vestía de saco,
me
mortificaba con ayunos
y desde dentro repetía mi oración.
Como por un amigo o por un hermano,
andaba triste,
cabizbajo
y sombrío,
como quien llora a su madre.
Pero, cuando yo tropecé, se alegraron,
se juntaron contra
mí
y me golpearon por sorpresa;
me laceraban sin cesar,
cruelmente se burlaban de
mí,
rechinando los dientes de odio.
Ant.2: Juzga, Señor, y defiende mi causa, tú que eres poderoso.
Ant. 3: Mi lengua anunciará tu justicia, todos los días te alabaré, Señor.
III
Señor, ¿cuándo vas a mirarlo?
Defiende mi vida de los que
rugen,
mi único bien, de los leones,
y te daré gracias en la gran asamblea,
te alabaré entre la
multitud del pueblo.
Que no canten victoria mis enemigos traidores,
que no se hagan
guiños a mi costa
los que me odian sin razón.
Señor, tú lo has visto, no te calles;
Señor, no te quedes a
distancia;
despierta, levántate, Dios mío;
Señor mío, defiende mi
causa.
Júzgame tú según tu justicia.
Que canten y se alegren
los que desean mi victoria;
que
repitan siempre: «Grande es el Señor»,
los que desean la paz a tu
siervo.
Mi lengua anunciará tu justicia,
todos los días te
alabaré.
Ant. 3: Mi lengua anunciará tu justicia, todos los días te alabaré, Señor.
V.
Derrama, Señor, tu misericordia sobre nosotros.
R. Danos tu salvación, según tu promesa.
PRIMERA LECTURA
Año I:
Del libro del profeta Isaías 11, 10-16
RETORNO DEL RESTO DEL PUEBLO DE DIOS
Aquel día, la raíz de Jesé se erguirá como bandera de los pueblos: la buscarán los gentiles, y será gloriosa su morada. Aquel día, el Señor tenderá otra vez su mano para rescatar el resto de su pueblo: los que queden en Asiria Y en Egipto, en Patros Y en Cus y en Elam, en Senaar y en Jamat Y en las islas. Izará una enseña para las naciones, para reunir a los dispersos de Israel, Y congregará a los desperdigados de Judá de los cuatro extremos del orbe. Cesará la envidia de Efraím Y se acabarán los rencores de Judá: Efraím no envidiará a Judá, ni Judá tendrá rencor contra Efraím. Hombro con hombro marcharán contra Filistea a occidente, Y unidos despojarán a los habitantes de oriente: Edom y Moab caerán en sus manos, y los hijos de Ammón se les someterán.
El Señor secará el golfo del mar de Egipto, y alzará la mano contra el Río; con su soplo potente herirá sus siete canales, que se pasarán en sandalias. y habrá una calzada para el resto de su pueblo que quede en Asiria, como la tuvo Israel cuando subió de Egipto.
Responsorio Is S, 26; 56, 8; 55, 13
R. El Señor izará una enseña
para un pueblo remoto, * y reunirá a los
dispersos de Israel.
V. Será esto para gloria del Señor, para señal eterna
que jamás se borrará.
R. Y reunirá a los dispersos de
Israel.
Año II:
Del libro del profeta Isaías 19, 16-25
FUTURA CONVERSIÓN DE EGIPTO Y ASIRIA
Aquel día, Egipto será como las
mujeres, se asustará y temblará ante la mano del Señor de los ejércitos, que él
agita contra ellos. Judea será el espanto de Egipto: sólo mencionársela le
producirá terror, por el plan que el Señor de los ejércitos planea contra
él.
Aquel día, habrá en Egipto cinco ciudades que hablarán la lengua de
Canaán y que jurarán por el Señor de los ejércitos; una de las ciudades se
llamará Ciudad del sol.
Aquel día, en medio de Egipto habrá un altar del Señor, y un monumento al Señor junto a la frontera. Serán signo y testimonio del Señor de los ejércitos en tierra egipcia. Si claman al Señor a causa del opresor, él les enviará un salvador que los libre. El Señor se manifestará a Egipto, y Egipto aquel día reconocerá al Señor. Le ofrecerán sacrificios y ofrendas, harán votos al Señor y los cumplirán. El Señor herirá a Egipto con una plaga y lo curará; ellos volverán al Señor, él los escuchará y los curará.
Aquel día, habrá una calzada de Egipto a Asiria: Asiria entrará en Egipto y Egipto en Asiria; y los egipcios con los asirios servirán a Dios.
Aquel día, Israel será mediador entre Egipto y Asiria, será bendito en medio de la tierra: porque el Señor de los ejércitos lo bendice, diciendo: «Bendito mi pueblo Egipto, la obra de mis manos Asiria y mi heredad Israel.»
Responsorio Is 19, 21; Le 13, 29
R. Aquel día, Egipto reconocerá
al Señor, * y le ofrecerán sacrificios y
ofrendas.
V. Y vendrán del oriente- y del occidente, del norte y del sur, y
se pondrán a la mesa en el reino de Dios.
R. Y le ofrecerán sacrificios y
ofrendas.
SEGUNDA LECTURA
Del libro Proslógion de san Anselmo, obispo
(Cap. 1: Opera omnia, edición Schmitt, Seckau 1938, 1, 97-100)
DESEO DE CONTEMPLAR A DIOS
Deja un momento tus ocupaciones habituales, hombre insignificante, entra un instante en ti mismo, apartándote del tumulto de tus pensamientos. Arroja lejos de ti las preocupaciones agobiantes y aparta de ti las inquietudes que te oprimen. Reposa en Dios un momento, descansa siquiera un momento en él.
Entra en lo más profundo de tu alma, aparta de ti todo, excepto Dios y lo que puede ayudarte a alcanzado; cierra la puerta de tu habitación y búscalo en el silencio.
Di con todas tus fuerzas, di al Señor: «Busco tu rostro; tu rostro busco, Señor.» y ahora, Señor y Dios mío, enséñame dónde y cómo tengo que buscarte, dónde y cómo te encontraré.
Si no estás en mí, Señor, si estás ausente, ¿dónde te buscaré? Si estás en todas partes, ¿por qué no te veo aquí presente? Es cierto que tú habitas en una luz inaccesible, ¿pero dónde está esa luz inaccesible?, ¿cómo me aproximaré a ella?, ¿quién me guiará y me introducirá en esa luz para que en ella te contemple? ¿Bajo qué signos, bajo qué aspecto te buscaré? Nunca te he visto, Señor y Dios mío, no conozco tu rostro.
Dios altísimo, ¿qué hará este desterrado, lejos de ti?, ¿qué hará este servidor tuyo, sediento de tu amor, que se encuentra alejado de ti? Desea verte y tu rostro está muy lejos de él. Anhela acercarse a ti y tu morada es inaccesible. Arde en deseos de encontrarte e ignora dónde vives. No suspira más que por ti y jamás ha visto tu rostro.
Señor, tú eres mi Dios, tú eres mi Señor y nunca te he visto. Tú me creaste y me redimiste, tú me has dado todos los bienes que poseo, y aún no te conozco. He sido creado para verte, y todavía no he podido alcanzar el fin para el cual fui creado.
Y tú, Señor, ¿hasta cuándo nos olvidarás, hasta cuándo dejarás de apartar tu rostro? ¿Cuándo volverás tu mirada hacia nosotros? ¿ Cuándo nos escucharás? ¿ Cuándo iluminarás nuestros ojos y nos mostrarás tu rostro? ¿Cuándo accederás a nuestros deseos?
Míranos, Señor, escúchanos, ilumínanos, muéstrate a nosotros. Colma nuestros deseos y seremos felices; sin ti todo es hastío y tristeza. Ten piedad de nuestros trabajos y de los esfuerzos que hacemos por llegar hasta ti, ya que sin ti nada podemos.
Enséñame a buscarte, muéstrame tu rostro, porque si tú no me lo enseñas no puedo buscarte. No puedo encontrarte si tú no te haces presente. Te buscaré deseándote, te desearé buscándote; amándote te encontraré, encontrándote te amaré.
Responsorio Sal 79, 19. 20; 105, 4
R. No nos alejaremos de ti,
Señor; danos vida, para que invoquemos tu nombre: *
Que brille tu rostro sobre nosotros y nos salve.
V. Acuérdate de
nosotros por amor a tu pueblo, visítanos con tu salvación.
R. Que brille tu
rostro sobre nosotros y nos salve.
Oremos:
Muestra, Señor, tu
poder y ven a nosotros, para que por tu protección nos veamos libres de los
peligros que nos amenazan a causa de nuestros pecados. Por nuestro Señor
Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V.
Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias
a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera
celebración del día:
V. Señor, abre mis
labios.
R. Y mi boca proclamará
tu alabanza.
De lo
contrario:
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
Ven,
Señor, no tardes
Una
clara voz resuena
SALMODIA
Ant. 1: Aceptarás los sacrificios, ofrendas y holocaustos, sobre tu altar, Señor.
Salmo 50
CONFESIÓN DEL PECADOR ARREPENTIDO
Renovaos en
la mente y en el espíritu
y vestíos de la nueva condición humana.
(cf. Ef
4, 23-24)
Misericordia, Dios mío, por tu bondad;
por tu inmensa compasión
borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado.
Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi
pecado:
contra ti, contra ti solo pequé,
cometí la maldad que
aborreces.
En la sentencia tendrás razón
en el juicio brillará tu
rectitud
Mira, que en la culpa nací,
pecador me concibió mi
madre.
Te gusta un corazón sincero,
y en mi interior me inculcas
sabiduría.
Rocíame con el hisopo: quedaré limpio;
lávame: quedaré más
blanco que la nieve.
Hazme oír el gozo y la alegría,
que se alegren los huesos
quebrantados.
Aparta de mi pecado tu vista,
borra en mí toda
culpa.
¡Oh Dios!, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con
espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo
espíritu.
Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu
generoso:
enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a
ti.
Líbrame de la sangre, ¡oh Dios,
Dios, Salvador mío!,
y
cantará mi lengua tu justicia.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca
proclamará tu alabanza.
Los sacrificios no te satisfacen;
si te ofreciera un holocausto,
no lo querrías
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado:
un corazón
quebrantado y humillado
tú no lo desprecias.
Señor, por tu bondad, favorece a Sión,
reconstruye las murallas
de Jerusalén:
entonces aceptarás los sacrificios rituales,
ofrendas y
holocaustos,
sobre tu altar se inmolarán novillos.
Ant. 1: Aceptarás los sacrificios, ofrendas y holocaustos, sobre tu altar, Señor.
Ant. 2: Con el Señor triunfará y se gloriará la estirpe de Israel.
Cántico
Is 45, 15-25
QUE LOS PUEBLOS TODOS SE CONVIERTAN AL SEÑOR
Al nombre de
Jesús
toda rodilla se doble. (Flp 2,10)
Es verdad: tú eres un Dios escondido,
el Dios de Israel, el
Salvador.
Se avergüenzan y se sonrojan todos por igual,
se van
avergonzados los fabricantes de ídolos;
mientras el Señor salva a
Israel
con una salvación perpetua,
para que no se avergüencen ni se
sonrojen
nunca jamás.
Así dice el Señor, creador del cielo
-él es Dios-,
él modeló
la tierra,
la fabricó y la afianzó;
no la creó vacía,
sino que la formó
habitable:
«Yo soy el Señor y no hay otro.»
No te hablé a escondidas,
en un país tenebroso,
no dije a la
estirpe de Jacob:
«Buscadme en el vacío.»
Yo soy el Señor que pronuncia sentencia
y declara lo que es
justo.
Reuníos, venid, acercaos juntos,
supervivientes de las
naciones.
No discurren los que llevan su ídolo de madera,
y rezan a un
dios que no puede salvar.
Declarad, aducid pruebas,
que deliberen juntos:
¿Quién
anunció esto desde antiguo,
quién lo predijo desde entonces?
¿No fui yo,
el Señor?
-No hay otro Dios fuera de mí-.
Yo soy un Dios justo y salvador,
y no hay ninguno
más.
Volveos hacia mí para salvaros,
confines de la tierra,
pues yo soy
Dios y no hay otro.
Yo juro por mi nombre,
de mi boca sale una sentencia,
una
palabra irrevocable:
«Ante mí se doblará toda rodilla,
por mí jurará toda
lengua»,
dirán: «Sólo el Señor
tiene la justicia y el poder.»
A él vendrán avergonzados
los que se enardecían contra
él,
con el Señor triunfará y se gloriará
la estirpe de Israel.
Ant. 2: Con el Señor triunfará y se gloriará la estirpe de Israel.
Ant. 3: Entrad en la presencia del Señor con aclamaciones.
Salmo 99
ALEGRÍA DE LOS QUE ENTRAN EN EL TEMPLO
Los redimidos
deben entonar un
canto de victoria. (S. Atanasio)
Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con
alegría,
entrad en su presencia con aclamaciones.
Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su
pueblo y ovejas de su rebaño.
Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con
himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre
«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad
por todas las edades.»
Ant. 3: Entrad en la presencia del Señor con aclamaciones.
LECTURA BREVE Jr 30, 21. 22
Esto dice el Señor: «Saldrá de Jacob un príncipe, su señor saldrá de en medio de él; me lo acercaré y se llegará a mí. Vosotros seréis mi pueblo y yo seré vuestro Dios.»
RESPONSORIO BREVE
V.
Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor. R. Sobre ti, Jerusalén.
V. Su gloria aparecerá sobre ti.
R. Amanecerá el
Señor.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al
Espíritu Santo.
R. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Mirad: viene el Dios y hombre de la casa de David para sentarse en el trono. Aleluya.
PRECES
Por medio de su Hijo, Dios ha manifestado su gloria a los hombres; démosle gracias con gozo, diciendo:
Glorificado sea tu nombre, Señor.
Señor, haz que sepamos acogernos mutuamente, * como Cristo nos acogió a nosotros para dar gloria a Dios.
Cólmanos de alegría y paz en nuestra fe, * para que rebosemos de esperanza por la fuerza del Espíritu Santo.
Con tu bondad y tu inmensa compasión ven, Señor, en ayuda de todos * y sal al encuentro de los que te desean aun sin saberlo.
Tú que llamas y santificas a los que eliges, * llévanos a nosotros, pecadores, a tu felicidad y corónanos en tu reino.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
El Señor se acerca para salvarnos; por eso nos atrevemos a pedir la venida de su reino, diciendo: Padre nuestro.
Oración
Muestra, Señor, tu poder y ven a nosotros, para que por tu protección nos veamos libres de los peligros que nos amenazan a causa de nuestros pecados. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.
Amén.
V.
Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor,
date prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Antífona:
Tercia: Los profetas anunciaron que el Salvador
nacería de María Virgen.
Sexta: El ángel
Gabriel saludó a María diciendo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está
contigo, bendita tú entre las mujeres.»
Nona:
María dijo: «¿Qué significa este saludo? Me quedo perpleja ante estas
palabras de que daré a luz un Rey sin perder mi virginidad.»
Salmo 118, 25-32
Mi alma está pegada al polvo:
reanímame con tus palabras;
te
expliqué mi camino, y me escuchaste:
enséñame tus leyes;
instrúyeme en el
camino de tus decretos,
y meditaré tus maravillas.
Mi alma llora de tristeza,
consuélame con tus
promesas;
apártame del camino falso,
y dame la gracia de tu
voluntad;
escogí el camino verdadero,
deseé tus mandamientos.
Me apegué
a tus preceptos,
Señor, no me defraudes;
correré por el camino de tus
mandatos
cuando me ensanches el corazón.
Salmo 25
ORACIÓN CONFIADA DEL INOCENTE
Nos eligió
para que fuésemos
consagrados e irreprochables
ante él por el amor. (Ef 1,
4)
Hazme justicia, Señor, que camino en la inocencia,
confiando en
el Señor no me he desviado.
Examíname, Señor, ponme a prueba,
sondea mis entrañas y mi
corazón,
porque tengo ante los ojos tu bondad,
y camino en tu
verdad.
No me siento con gente falsa,
no me junto con
mentirosos;
detesto las bandas de malhechores,
no tomo asiento con los
impíos.
Lavo en la inocencia mis manos,
y rodeo tu altar,
Señor,
proclamando tu alabanza,
enumerando tus maravillas.
Señor, yo amo la belleza de tu casa,
el lugar donde reside tu
gloria.
No arrebates mi alma con los pecadores,
ni mi vida con los
sanguinarios,
que en su izquierda llevan infamias,
y su derecha está llena
de sobornos.
Yo, en cambio, camino en la integridad;
sálvame, ten
misericordia de mí.
Mi pie se mantiene en el camino llano;
en la asamblea
bendeciré al Señor.
Salmo 27, 1-3. 6-9
SÚPLICA Y ACCIÓN DE GRACIAS
Padre, te doy
gracias porque
me has escuchado. (Jn 11, 41)
A ti, Señor, te invoco;
Roca mía, no seas sordo a mi
voz;
que, si no me escuchas, seré igual
que los que bajan a la
fosa.
Escucha mi voz suplicante
cuando te pido auxilio,
cuando alzo
las manos
hacia tu santuario.
No me arrebates con los malvados
ni con los malhechores,
que
hablan de paz con el prójimo,
pero llevan la maldad en el corazón.
Bendito el Señor, que escuchó
mi voz suplicante;
el Señor es
mi fuerza y mi escudo:
en él confía mi corazón;
me socorrió, y mi corazón
se alegra
y le canta agradecido.
El Señor es fuerza para su pueblo,
apoyo y salvación para su
Ungido.
Salva a tu pueblo y bendice tu heredad,
sé su pastor y guíalos
siempre.
Tercia: Los profetas anunciaron que el Salvador nacería de María Virgen.
LECTURA BREVE Jr 29, 11.13
Sé muy bien lo que pienso hacer con vosotros: designios de paz y no de aflicción, daros un porvenir y una esperanza. Me buscaréis y me encontraréis si me buscáis de todo corazón.
V. Los gentiles temerán tu nombre, Señor.
R. Los reyes del mundo tu gloria.
Oremos:
Muestra, Señor, tu poder y ven a nosotros, para que por
tu protección nos veamos libres de los peligros que nos amenazan a causa de
nuestros pecados. Por Cristo nuestro Señor.
Sexta: El ángel Gabriel saludó a María diciendo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo, bendita tú entre las mujeres.»
LECTURA BREVE Jr 30, 18
Esto dice el Señor: "Yo cambiaré la suerte de las tiendas de Jacob, me compadeceré de sus moradas."
V. Acuérdate de nosotros, Señor, por amor a tu
pueblo.
R. Visítanos con tu
salvación.
Oremos:
Muestra, Señor, tu poder y ven a nosotros, para que por
tu protección nos veamos libres de los peligros que nos amenazan a causa de
nuestros pecados. Por Cristo nuestro Señor.
Nona: María dijo: «¿Qué significa este saludo? Me quedo perpleja ante estas palabras de que daré a luz un Rey sin perder mi virginidad.»
LECTURA BREVE Ba 3, 5-6a
No te acuerdes de las iniquidades de nuestros padres, sino acuérdate de tu mano y de tu nombre en esta hora. Pues eres el Señor, Dios nuestro.
V. Ven, Señor, y no tardes.
R. Perdona los pecados de tu pueblo.
Oremos:
Muestra, Señor, tu poder y ven a nosotros, para que por
tu protección nos veamos libres de los peligros que nos amenazan a causa de
nuestros pecados. Por Cristo nuestro Señor.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V.
Dios mío ven en mi auxilio
R. Señor,
date prisa en socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
Éste
es el tiempo en que llegas
Jesucristo,
Palabra del Padre
SALMODIA
Ant. 1: Sáname, Señor, porque he pecado contra ti.
Salmo 40
ORACIÓN DE UN ENFERMO
Uno de
vosotros me va a entregar:
uno que está comiendo conmigo.
(Mc 14,
18)
Dichoso el que cuida del pobre y desvalido;
en el día aciago lo
pondrá a salvo el Señor.
El Señor lo guarda y lo conserva en vida,
para que sea dichoso
en la tierra,
y no lo entrega a la saña de sus enemigos.
El Señor lo sostendrá en el lecho del dolor,
calmará los
dolores de su enfermedad.
Yo dije: «Señor, ten misericordia,
sáname, porque he pecado
contra ti.»
Mis enemigos me desean lo peor:
«A ver si se muere y se acaba
su apellido.»
El que viene a verme habla con fingimiento,
disimula su mala
intención,
y cuando sale afuera, la dice.
Mis adversarios se reúnen a murmurar contra mí,
hacen cálculos
siniestros:
«Padece un mal sin remedio,
se acostó para no
levantarse.»
Incluso mi amigo, de quien yo me fiaba,
que compartía mi pan,
es el primero en traicionarme.
Pero tú, Señor, apiádate de mí,
haz que pueda levantarme,
para que yo les dé su merecido.
En esto conozco que me amas:
en que mi enemigo no triunfa de
mí.
A mí, en cambio, me conservas la salud,
me mantienes siempre en
tu presencia.
Bendito el Señor, Dios de Israel,
ahora y por siempre. Amén,
amén.
Ant. 1: Sáname, Señor, porque he pecado contra ti.
Ant. 2: El Señor de los ejércitos está con nosotros, nuestro alcázar es el Dios de Jacob.
Salmo 45
DIOS, REFUGIO Y FORTALEZA DE SU PUEBLO
Le pondrán
por nombre Emmanuel,
que significa «Dios-con-nosotros».
(Mt 1,
23)
Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza,
poderoso defensor en
el peligro.
Por eso no tememos aunque tiemble la tierra
y los montes se
desplomen en el mar.
Que hiervan y bramen sus olas,
que sacudan a los montes con su
furia:
El Señor de los ejércitos está con nosotros,
nuestro alcázar es
el Dios de Jacob.
El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios,
el Altísimo
consagra su morada.
Teniendo a Dios en medio, no vacila;
Dios la socorre al
despuntar la aurora.
Los pueblos se amotinan, los reyes se rebelan;
pero él lanza su
trueno y se tambalea la tierra.
El Señor de los ejércitos está con nosotros,
nuestro alcázar es
el Dios de Jacob.
Venid a ver las obras del Señor,
las maravillas que hace en la
tierra:
Pone fin a la guerra hasta el extremo del orbe,
rompe los
arcos, quiebra las lanzas,
prende fuego a los escudos.
«Rendíos, reconoced que yo soy Dios:
más alto que los pueblos,
más alto que la tierra.»
El Señor de los ejércitos está con nosotros,
nuestro alcázar es
el Dios de Jacob.
Ant. 2: El Señor de los ejércitos está con nosotros, nuestro alcázar es el Dios de Jacob.
Ant. 3: Vendrán todas las naciones y se postrarán en tu acatamiento, Señor.
Cántico
Ap 15, 3-4
CANTO DE LOS VENCEDORES
Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor, Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los siglos!
¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu nombre?
Porque tú
solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán en tu
acatamiento,
porque tus juicios se hicieron manifiestos.
Ant. 3: Vendrán todas las naciones y se postrarán en tu acatamiento, Señor.
LECTURA BREVE 2Pe 3, 8b-9
Para el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. No es tardo el Señor en el cumplimiento de sus promesas, como algunos piensan. Lo que hace es aguardaros pacientemente, porque no quiere que nadie perezca, sino que todos vengáis a arrepentiros.
RESPONSORIO BREVE
V. Ven a salvamos, Señor Dios de los ejércitos. R. Ven a salvarnos.
V.
Que brille tu rostro y nos salve.
R. Señor Dios de los
ejércitos.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Ven a salvarnos, Señor Dios de los
ejércitos.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Yo desde Egipto llamé a mi Hijo: vendrá y salvará a su pueblo.
PRECES
Invoquemos confiados a Cristo, pastor y guardián de nuestras vidas, y digámosle:
Favorécenos, Señor, por tu bondad.
Buen Pastor del rebaño de Dios, * ven a reunir a todos los hombres en tu Iglesia.
Ayuda, Señor, a los pastores de tu pueblo peregrino, * para que apacienten sin desfallecer a tu grey hasta que vuelvas.
Escoge de entre nosotros pregoreros de tu palabra, * para que anuncien tu Evangelio hasta los confines del mundo.
Ten compasión de los que en su trabajo desfallecen a mitad del camino; * haz que encuentren un amigo que los levante.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Muestra tu gloria en el gozo de tu reino * a los que en este destierro escucharon tu voz.
Digamos con Jesús a nuestro Padre del cielo la oración de los hijos de Dios: Padre nuestro.
Oración
Muestra, Señor, tu poder y ven a nosotros, para que por tu protección nos veamos libres de los peligros que nos amenazan a causa de nuestros pecados. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
OFICIO DE LECTURA
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera
celebración del día:
V.
Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca
proclamará tu alabanza.
De lo
contrario:
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Ant. 1: Quien se haga pequeño como un niño, ése es el más grande en el reino de los cielos.
Salmo 130
COMO UN NIÑO, ISRAEL SE ABANDONÓ EN BRAZOS DE
DIOS
Aprended de
mí que soy manso y
humilde de corazón. (Mt 11, 29)
Señor, mi corazón no es ambicioso,
ni mis ojos altaneros;
no
pretendo grandezas
que superan mi capacidad;
sino que acallo y modero mis
deseos,
como un niño en brazos de su madre.
Espere Israel en el Señor
ahora y por siempre.
Ant.1: Quien se haga pequeño como un niño, ése es el más grande en el reino de los cielos.
Ant. 2: Dios mío, con alegre y sincero corazón te lo he entregado todo.
Salmo 131
PROMESAS A LA CASA DE DAVID
El Señor Dios
le dará el trono
de David, su padre. (Lc 1, 32)
I
Señor, tenle en cuenta a David
todos sus afanes:
cómo juró al
Señor
e hizo voto al Fuerte de Jacob:
«No entraré bajo el techo de mi casa,
no subiré al lecho de mi
descanso,
no daré sueño a mis ojos,
ni reposo a mis párpados,
hasta que
encuentre un lugar para el Señor,
una morada para el Fuerte de
Jacob.»
Oímos que estaba en Efrata,
la encontramos en el Soto de
Jaar:
entremos en su morada,
postrémonos ante el estrado de sus
pies.
Levántate, Señor, ven a tu mansión,
ven con el arca de tu
poder:
que tus sacerdotes se vistan de gala,
que tus fieles te
aclamen.
Por amor a tu siervo David,
no niegues audiencia a tu
Ungido.
Ant. 2: Dios mío, con alegre y sincero corazón te lo he entregado todo.
Ant. 3: El Señor ha jurado a David una promesa: «Tu reino permanecerá eternamente.»
II
El Señor ha jurado a David
una promesa que no retractará:
«A
uno de tu linaje
pondré sobre tu trono.
Si tus hijos guardan mi alianza
y los mandatos que les
enseño,
también sus hijos, por siempre,
se sentarán sobre tu
trono.»
Porque el Señor ha elegido a Sión,
ha deseado vivir en
ella:
«Ésta es mi mansión por siempre,
aquí viviré, porque la
deseo.
Bendeciré sus provisiones,
a sus pobres los saciaré de
pan;
vestiré a sus sacerdotes de gala,
y sus fieles aclamarán con
vítores.
Haré germinar el vigor de David,
enciendo una lámpara para mi
Ungido.
A sus enemigos los vestiré de ignominia,
sobre él brillará mi
diadema.»
Ant. 3: El Señor ha jurado a David una promesa: «Tu reino permanecerá eternamente.»
V.
El Señor anuncia su palabra a Jacob.
R.
Sus decretos y mandatos a Israel.
PRIMERA LECTURA
Año I:
Del libro del profeta Isaías 13, 1-22
EL DÍA DEL SEÑOR
Oráculo contra Babilonia, que recibió el profeta Isaías, hijo de Amós:
Sobre un monte pelado izad la enseña, gritadles con fuerza agitando la mano, para que entren por las puertas de los príncipes. Yo he dado orden a mis consagrados, he convocado a los soldados de mi ira, entusiastas de mi honor.
Escuchad: tumulto en los montes, como de gran muchedumbre; escuchad: alboroto de reinos, naciones reunidas. El Señor de los ejércitos revista sus ejércitos para el combate. Van llegando de tierra lejana, del confín del cielo: el Señor con las armas de su ira, para devastar la tierra.
Ululad, que está cerca el día del Señor: como azote del Potente llegará. Por eso, los brazos desfallecerán, los corazones humanos desmayarán, espasmos y angustias los sobrecogerán, se retorcerán como mujer que da a luz. Uno a otro se mira espantado; rostros febriles, sus rostros. Mirad: Llega el día del Señor, implacable, con cólera e incendio de ira, para hacer de la tierra un desierto y exterminar de ella a los pecadores. Los astros del cielo, las constelaciones, no destellan su luz; se entenebrece el sol al salir, la luna no irradia su luz.
Tomaré cuentas al orbe de su maldad, a los perversos de su crimen. Terminaré con la soberbia de los insolentes, el orgullo de los tiranos lo humillaré. Haré a los hombres más escasos que el oro; a los mortales, más que metal de Ofir. Por eso, sacudiré los cielos y se moverá la tierra de su sitio. Por la cólera del Señor, el día del incendio de su ira. Y serán como cierva acosada, como rebaño que nadie congrega: uno se vuelve a su pueblo, el otro huye a su tierra. Al que alcanzan lo atraviesan, al que apresan lo matan a espada. Estrellan a los niños ante sus ojos, saquean sus casas, violan a sus mujeres.
Mirad: Yo incito contra ellos a los medos, que no estiman la plata, ni les importa el oro: sus arcos acribillan a los jóvenes, no perdonan a los niños, sus ojos no se apiadan de las criaturas.
Quedará Babilonia, la perla de los reinos, joya y orgullo de los caldeos, como Sodoma y Gomorra en la catástrofe de Dios. Jamás la habitarán ni la poblarán, de generación en generación. El beduino no acampará allí ni apacentarán los pastores. Apriscarán allí las fieras, los búhos llenarán sus casas, anidará allí el avestruz, y los chivos brincarán; aullarán las hienas en las mansiones y los chacales en los palacios de placer. Ya está a punto de llegar su hora, sus días no tardarán.
Responsorio Jl 2, 11. 12. 13; d. Ap 6, 17. 16
R. Grande es el día del Señor,
terrible es, ¿quién lo resistirá? * Pero ahora
convertíos al Señor, vuestro Dios, porque es compasivo y misericordioso.
V.
Ha llegado el día grande de la ira del que está sentado en el trono y del
Cordero: y ¿quién podrá resistir?
R. Pero ahora convertíos al Señor, vuestro
Dios, porque es compasivo y misericordioso.
Año II:
Del libro del profeta Isaías 21, 6-12
EL VIGÍA ANUNCIA LA RUINA DE BABILONIA
Así me ha dicho el Señor:
«Ve y coloca un vigía; lo que vea que lo anuncie. Si ve gente montada, un par de jinetes, montados en jumentos o montados en camellos, que preste atención, mucha atención y que grite: "Lo veo."» Como vigía, Señor, yo mismo estoy de pie toda la jornada, y en mi atalaya yo sigo erguido toda la noche. Mirad: llega gente montada, un par de jinetes, y anuncian:
«Ha caído, ha caído Babilonia; las estatuas de sus dioses yacen destrozadas por tierra.» Pueblo mío, trillado en la era, lo que he escuchado del Señor de los ejércitos, Dios de Israel, yo te lo anuncio. Oráculo contra Edom. Alguien me grita desde Seír:
«Centinela, ¿qué hay de la noche?; centinela, ¿qué hay de la noche?» Responde el centinela:
«Viene la mañana, viene también la noche. Si queréis preguntar, preguntad. Convertíos, retornad.»
Responsorio Ap 18, 2. 4. S
R. Gritó el ángel con voz
potente: «¡Cayó Babilonia la grande!» Y oí luego otra voz que decía desde el
cielo: * «Salid de ella, pueblo mío, para que no
os hagáis cómplices de sus pecados.»
V. Sus delitos se han amontonado hasta
llegar al cielo y Dios se ha acordado de sus iniquidades.
R. Salid de ella,
pueblo mío, para que no os hagáis cómplices de sus pecados.
SEGUNDA LECTURA
Del Tratado de san Cipriano, obispo y mártir, Sobre el bien de la paciencia
(Núms. 13 y 15: CSEL 3, 406-408)
ESPERAMOS LO QUE NO VEMOS
Éste es el precepto de nuestro Señor y Maestro: El que persevere hasta el fin se salvará. Y también: Si permanecéis en mi palabra, seréis en verdad discípulos míos, llegaréis al conocimiento de la verdad y la verdad os librará de la esclavitud.
Es necesario, hermanos muy queridos, tener paciencia y perseverar, para que, después de haber sido admitidos a la esperanza de la verdad y de la libertad, podamos alcanzar esa misma verdad y libertad; porque el hecho de ser cristianos nos exige la fe y la esperanza; pero, para que esta fe y esta esperanza puedan obtener su fruto, nos es necesaria la paciencia.
Pues nosotros no buscamos la gloria presente, sino la futura, conforme a lo que el apóstol san Pablo nos enseña, diciendo: Sólo en esperanza poseemos nuestra salvación; porque la esperanza que ve a su alcance el objeto no es esperanza. ¿Cómo puede alguien esperar lo que tiene ya a su alcance? Pero si esperamos lo que no vemos, lo aguardamos con anhelo y constancia. La esperanza y la paciencia son necesarias para llevar a buen término lo que hemos empezado, y para alcanzar lo que esperamos y creemos apoyados en la promesa divina.
Finalmente, en otro lugar el mismo Apóstol exhorta a los justos, a los que obran el bien y acumulan tesoros en el cielo que les producirán intereses en bienes divinos, a que sean perseverantes, diciendo: Así que, mientras tengamos oportunidad, hagamos el bien a todos, pero especialmente a los miembros de la Iglesia. No nos cansemos de practicar el bien; que a su tiempo cosecharemos.
Recomienda aquí que nadie, por impaciencia, deje de obrar el bien, que nadie, vencido o desanimado por las tentaciones y las dificultades, se detenga en la mitad del camino de la justificación y de la gloria, para que no pierda el mérito de las buenas acciones por no haber llevado a su fin la obra comenzada.
En otro lugar el Apóstol, al hablar de la caridad, une inseparablemente con ella la constancia y la paciencia: La caridad es comprensiva, la caridad es servicial y no tiene envidia; la caridad no presume ni se engríe; no es mal educada ni egoísta; no se irrita, no lleva cuentas del mal; disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites. Muestra así que la caridad sólo puede subsistir si sabe soportar todas las cosas.
Y en otro lugar dice: Sobrellevaos mutuamente con amor; esforzaos por mantener la unidad del Espíritu, con el vínculo de la paz. De esta manera demuestra que es imposible mantener la unión y la paz si los hermanos no se toleran mutuamente y si no conservan el vínculo de la unión fraterna mediante la virtud de la paciencia.
Responsorio Ha 2, 3; Hb 10,37
R. Se acerca su término y no
fallará; * si tarda, espéralo, porque ha de
llegar sin falta.
V. Todavía un poco de tiempo, un poco nada más: y el que ha
de venir vendrá.
R. Si tarda, espéralo, porque ha de llegar sin
falta.
Oremos:
Dios nuestro, que para librar
al hombre de la antigua esclavitud del pecado enviaste a tu Hijo al mundo,
concede a los que esperamos con devoción su venida la gracia de tu misericordia
y el don de la verdadera libertad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu
Hijo.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V.
Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias
a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera
celebración del día:
V. Señor, abre mis
labios.
R. Y mi boca proclamará
tu alabanza.
De lo
contrario:
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en
socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
Ven,
Señor, no tardes
Una
clara voz resuena
SALMODIA
Ant. 1: Me adelanto a la aurora pidiendo auxilio.
Salmo 118, 145-152
Te invoco de todo corazón;
respóndeme, Señor, y guardaré tus
leyes;
a ti grito: sálvame,
y cumpliré tus decretos;
me adelanto a
la aurora pidiendo auxilio,
esperando tus palabras.
Mis ojos se adelantan a las vigilias de la noche,
meditando tu
promesa;
escucha mi voz por tu misericordia,
con tus mandamientos dame
vida;
ya se acercan mis inicuos perseguidores,
están lejos de tu
voluntad.
Tú, Señor, estás cerca,
y todos tus mandatos son
estables;
hace tiempo comprendí que tus preceptos
los fundaste para
siempre.
Ant. 1: Me adelanto a la aurora pidiendo auxilio.
Ant. 2: Mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi salvación.
Cántico
Ex 15, 1-4. 8-13. 17-18
HIMNO A DIOS, DESPUÉS DE LA VICTORIA DEL MAR
ROJO
Los que
habían vencido a la bestia
cantaban el cántico de Moisés,
el siervo de
Dios. (Ap 15, 2. 3)
Cantaré al Señor, sublime es su victoria,
caballos y carros ha
arrojado en el mar.
Mi fuerza y mi poder es el Señor,
él fue mi
salvación.
Él es mi Dios: yo lo alabaré;
el Dios de mis padres: yo lo
ensalzaré.
El Señor es un guerrero,
su nombre es «Yahvé».
Los carros del Faraón los lanzó al mar,
ahogó en el mar Rojo a
sus mejores capitanes.
Al soplo de tu ira se amontonaron las aguas,
las corrientes se
alzaron como un dique,
las olas se cuajaron en el mar.
Decía el enemigo: «Los perseguiré y alcanzaré,
repartiré el
botín, se saciará mi codicia,
empuñaré la espada, los agarrará mi
mano.»
Pero sopló tu aliento y los cubrió el mar,
se hundieron como plomo
en las aguas formidables.
¿Quién como tú Señor, entre los dioses?
¿Quién como tú,
terrible entre los santos,
temible por tus proezas, autor de
maravillas?
Extendiste tu diestra: se los tragó la tierra;
guiaste con
misericordia a tu pueblo rescatado,
los llevaste con tu poder hasta tu santa
morada.
Lo introduces y lo plantas
en el monte de tu heredad,
lugar
del que hiciste tu trono, Señor;
santuario, Señor, que fundaron tus manos.
El Señor reina por siempre jamás.
Ant. 2: Mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi salvación.
Ant. 3: Alabad al Señor, todas las naciones. +
Salmo 116
INVITACIÓN UNIVERSAL A LA ALABANZA DIVINA
Así es: los
gentiles glorifican a
Dios por su misericordia.
(Rm 15,
8.9)
Alabad al Señor todas las naciones,
+ aclamadlo, todos los
pueblos:
Firme es su misericordia con nosotros,
su fidelidad dura por
siempre.
Ant. 3: Alabad al Señor, todas las naciones.
LECTURA BREVE Is 11, 1-3a
Saldrá un renuevo del tronco de Jesé, y de su raíz brotará un vástago. Sobre él se posará el espíritu del Señor: espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de fortaleza, espíritu de ciencia y de temor del Señor.
RESPONSORIO BREVE
V. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.
R. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.
V. Su gloria aparecerá sobre ti.
R. Amanecerá el Señor.
V. Gloria al Padre, y al Hijo,
y al Espíritu Santo.
R. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: No temas, Sión; mira que tu Señor vendrá. Aleluya.
PRECES
Oremos a Dios Padre, que trazó desde antiguo un plan de salvación para su pueblo, y digámosle:
Guarda a tu pueblo, Señor.
Oh Dios, que prometiste a tu pueblo un vástago que haría justicia, * vela por la santidad de tu Iglesia.
Inclina, oh Dios, el corazón de los hombres a tu palabra * y afianza la santidad de tus fieles.
Por tu Espíritu consérvanos en el amor, * para que podamos recibir la misericordia de tu Hijo que se acerca.
Haz que nos mantengamos firmes, Dios de clemencia, * hasta el día de la manifestación de nuestro Señor Jesucristo.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Pidamos ahora con grande confianza la venida del reino de Dios, con las palabras que Cristo nos enseñó: Padre nuestro.
Oración
Dios nuestro, que para librar al hombre de la antigua esclavitud del pecado enviaste a tu Hijo al mundo, concede a los que esperamos con devoción su venida la gracia de tu misericordia y el don de la verdadera libertad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos
lleve a la vida eterna.
R. Amén.
V.
Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor,
date prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Antífona:
Tercia: Los profetas anunciaron que el Salvador
nacería de María Virgen.
Sexta: El ángel
Gabriel saludó a María diciendo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está
contigo, bendita tú entre las mujeres.»
Nona:
María dijo: «¿Qué significa este saludo? Me quedo perpleja ante estas
palabras de que daré a luz un Rey sin perder mi virginidad.»
Salmo 118, 33-40
Muéstrame, Señor, el camino de tus leyes
y lo seguiré
puntualmente;
enséñame a cumplir tu voluntad
y a guardarla de todo
corazón;
guíame por la senda de tus mandatos
porque ella es mi
gozo.
Inclina mi corazón a tus preceptos,
y no al interés;
aparta
mis ojos de las vanidades,
dame vida con tu palabra;
cumple a tu siervo la
promesa
que hiciste a tus fieles.
Aparta de mí la afrenta que temo,
porque tus mandamientos son
amables;
mira cómo ansío tus decretos:
dame vida con tu
justicia.
Salmo 33
EL SEÑOR, SALVACIÓN DE LOS JUSTOS
Habéis
saboreado lo bueno
que es el Señor. (1Pe 2, 3)
I
Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi
boca;
mi alma se gloria en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se
alegren.
Proclamad conmigo la grandeza del Señor,
ensalcemos juntos su
nombre.
Yo consulté al Señor, y me respondió,
me libró de todas mis
ansias.
Contempladlo y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se
avergonzará.
Si el afligido invoca al Señor,
él lo escucha y la salva de
sus angustias.
El ángel del Señor acampa
en torno a sus fieles y los
protege.
Gustad y ved qué bueno es el Señor,
dichoso el que se acoge a
él.
Todos sus santos, temed al Señor,
porque nada les falta a los
que lo temen;
los ricos empobrecen y pasan hambre,
los que buscan al Señor
no carecen de nada.
II
Venid, hijos, escuchadme:
os instruiré en el temor del
Señor;
¿hay alguien que ame la vida
y desee días de
prosperidad?.
Guarda tu lengua del mal,
tus labios de la falsedad;
apártate
del mal, obra el bien,
busca la paz y corre tras ella.
Los ojos del Señor miran a los justos,
sus oídos escuchan sus
gritos;
pero el Señor se enfrenta con los malhechores,
para borrar de la
tierra su memoria.
Cuando uno grita, el Señor lo escucha
y lo libra de sus
angustias;
el Señor está cerca de los atribulados,
salva a los
abatidos.
Aunque el justo sufra muchos males,
de todos lo libra el
Señor;
él cuida de todos sus huesos,
y ni uno solo se quebrará.
La maldad da muerte al malvado,
y los que odian al justo serán
castigados.
El Señor redime a sus siervos,
no será castigado quien se
acoge a él.
Tercia: Los profetas anunciaron que el Salvador nacería de María Virgen.
LECTURA BREVE Is 4, 2
Aquel día, el vástago del Señor será joya y gloria, fruto del país, honor y ornamento para los supervivientes de Israel.
V. Los gentiles temerán tu nombre, Señor.
R. Los reyes del mundo tu gloria.
Oremos:
Dios
nuestro, que para librar al hombre de la antigua esclavitud del pecado enviaste
a tu Hijo al mundo, concede a los que esperamos con devoción su venida la gracia
de tu misericordia y el don de la verdadera libertad. Por Cristo nuestro
Señor.
Sexta: El ángel Gabriel saludó a María diciendo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo, bendita tú entre las mujeres.»
LECTURA BREVE Is 4, 3
A los que queden en Sión, a los restantes en Jerusalén, los llamarán santos: serán inscritos para vivir en Jerusalén.
V. Acuérdate de nosotros, Señor, por amor a tu
pueblo.
R. Visítanos con tu
salvación.
Oremos:
Dios
nuestro, que para librar al hombre de la antigua esclavitud del pecado enviaste
a tu Hijo al mundo, concede a los que esperamos con devoción su venida la gracia
de tu misericordia y el don de la verdadera libertad. Por Cristo nuestro
Señor.
Nona: María dijo: «¿Qué significa este saludo? Me quedo perpleja ante estas palabras de que daré a luz un Rey sin perder mi virginidad.»
LECTURA BREVE Is 61, 11
Como el suelo echa sus brotes, como un jardín hace brotar sus semillas, así el Señor hará brotar la justicia y los himnos, ante todos los pueblos.
V. Ven, Señor, y no tardes.
R. Perdona los pecados de tu pueblo.
Oremos:
Dios
nuestro, que para librar al hombre de la antigua esclavitud del pecado enviaste
a tu Hijo al mundo, concede a los que esperamos con devoción su venida la gracia
de tu misericordia y el don de la verdadera libertad. Por Cristo nuestro
Señor.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
I VÍSPERAS
INVOCACIÓN INICIAL
V.
Dios mío ven en mi auxilio
R. Señor,
date prisa en socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
Éste
es el tiempo en que llegas
Jesucristo,
Palabra del Padre
SALMODIA
Ant. 1: Alégrate y goza, nueva Sión, porque tu Rey llega con mansedumbre a salvar nuestras almas.
Salmo 118, 105-112
HIMNO A LA LEY DIVINA
Éste es mi
mandamiento, que os
améis unos a otros. (Jn 15, 12)
Lámpara es tu palabra para mis pasos,
luz en mi sendero;
+ lo juro y lo cumpliré:
guardaré tus justos mandamientos;
¡estoy tan afligido!
Señor, dame vida según tu promesa.
Acepta, Señor los votos que pronuncio,
enséñame tus mandatos;
mi vida está siempre en peligro,
pero no olvido tu voluntad;
los
malvados me tendieron un lazo,
pero no me desvié de tus decretos.
Tus preceptos son mi herencia perpetua,
la alegría de mi
corazón;
inclino mi corazón a cumplir tus leyes,
siempre y
cabalmente.
Ant. 1: Alégrate y goza, nueva Sión, porque tu Rey llega con mansedumbre a salvar nuestras almas.
Ant. 2: Fortaleced las manos débiles; sed fuertes y decid: «Mirad a nuestro Dios que viene y nos salvará.» Aleluya.
Salmo 15
CRISTO Y SUS MIEMBROS ESPERAN LA
RESURRECCIÓN
Dios resucitó
a Jesús, rompiendo
las ataduras de la muerte.
(Hch 2,
24)
Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti;
yo digo al Señor: «Tú
eres mi bien.»
Los dioses y señores de la tierra
no me
satisfacen.
Multiplican las estatuas
de dioses extraños;
no derramaré sus
libaciones con mis manos,
ni tomaré sus nombres en mis labios.
El Señor es mi heredad y mi copa;
mi suerte está en tu mano:
me ha tocado un lote hermoso,
me encanta mi heredad.
Bendeciré al Señor, que me aconseja,
hasta de noche me instruye
internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no
vacilaré.
Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi
carne descansa serena.
Porque no me entregarás a la muerte,
ni dejarás a
tu fiel conocer la corrupción.
Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu
presencia,
de alegría perpetua a tu derecha.
Ant. 2: Fortaleced las manos débiles; sed fuertes y decid: «Mirad a nuestro Dios que viene y nos salvará.» Aleluya.
Ant. 3: La ley se nos dio por mediación de Moisés; pero la gracia y la verdad nos han venido por Jesucristo.
Cántico
FIp 2, 6-11
CRISTO, SIERVO DE DIOS,
EN SU MISTERIO PASCUAL
Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su
categoría de Dios,
al contrario, se anonadó a sí mismo,
y tomó la
condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.
Y así, actuando como un hombre cualquiera,
se rebajó hasta
someterse incluso a la muerte
y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el Nombre sobre
todo nombre;
de modo que al nombre de Jesús
toda rodilla se doble en el
cielo,
en la tierra, en el abismo
y toda lengua proclame:
Jesucristo
es Señor, para gloria de Dios Padre.
Ant. 3: La ley se nos dio por mediación de Moisés; pero la gracia y la verdad nos han venido por Jesucristo.
LECTURA BREVE 1Ts 5, 23-24
Que el mismo Dios de la paz os consagre totalmente y que todo vuestro ser -espíritu, alma y cuerpo- sea custodiado sin reproche hasta la Parusía de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es a sus promesas el que os ha convocado; y él las cumplirá.
RESPONSORIO BREVE
V. Muéstranos, Señor, tu misericordia.
R. Muéstranos,
Señor, tu misericordia.
V. Y danos tu
salvación.
R. Muéstranos, Señor, tu misericordia.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Muéstranos, Señor, tu
misericordia.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Ven, Señor, y danos tu paz; tu visita nos retornará a la rectitud y podremos alegrarnos en tu presencia.
PRECES
Invoquemos a Cristo, alegría y júbilo de cuantos esperan su llegada, y digámosle:
Ven, Señor, y no tardes más.
Esperamos alegres tu venida, * ven, Señor Jesús.
Tú que existes antes de los tiempos, * ven y salva a los que viven en el tiempo.
Tú que creaste el mundo y a todos los que en él habitan, * ven a restaurar la obra de tus manos.
Tú que no despreciaste nuestra naturaleza mortal, * ven y arráncanos del dominio de la muerte.
Tú que viniste para que tuviéramos vida abundante, * ven y danos tu vida eterna.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Tú que quieres congregar a todos los hombres en tu reino, * ven y reúne a cuantos desean contemplar tu rostro.
Pidamos ahora con grande confianza la venida del reino de Dios, con las palabras que Cristo nos enseñó: Padre nuestro.
Oración
Te pedimos, Dios misericordioso, que en nuestra alegre marcha hacia el encuentro de tu Hijo no tropecemos en impedimentos terrenos, sino que, guiados por la sabiduría celestial, merezcamos participar de la gloria de aquel que vive y reina contigo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.
Amén.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera
celebración del día:
V.
Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo
contrario:
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date
prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Ant. 1: Mirad, viene ya el Rey excelso, con gran poder, para salvar a todos los pueblos. Aleluya.
Salmo 103
HIMNO AL DIOS CREADOR
El que es de
Cristo es una creatura
nueva: lo antiguo ha pasado,
lo nuevo
ha comenzado. (2Co 5, 17)
I
Bendice, alma mía, al Señor:
¡Dios mío, qué grande eres!
Te
vistes de belleza y majestad,
la luz te envuelve como un manto.
Extiendes los cielos como una tienda,
construyes tu morada sobre
las aguas;
las nubes te sirven de carroza,
avanzas en las alas del
viento;
los vientos te sirven de mensajeros;
el fuego llameante, de
ministro.
Asentaste la tierra sobre sus cimientos,
y no vacilará
jamás;
la cubriste con el manto del océano,
y las aguas se posaron sobre
las montañas;
pero a tu bramido huyeron,
al fragor de tu trueno se
precipitaron,
mientras subían los montes y bajaban los valles:
cada cual
al puesto asignado.
Trazaste una frontera que no traspasarán,
y no
volverán a cubrir la tierra.
De los manantiales sacas los ríos,
para que fluyan entre los
montes;
en ellos beben las fieras de los campos,
el asno salvaje apaga su
sed;
junto a ellos habitan las aves del cielo,
y entre las frondas se oye
su canto.
Ant.1: Mirad, viene ya el Rey excelso, con gran poder, para salvar a todos los pueblos. Aleluya.
Ant. 2: Alégrate y goza, hija de Jerusalén: mira a tu Rey que viene. No temas, Sión, tu salvación está cerca.
II
Desde tu morada riegas los montes,
y la tierra se sacia de tu
acción fecunda;
haces brotar hierba para los ganados,
y forraje para los
que sirven al hombre.
Él saca pan de los campos,
y vino que le alegra el corazón;
y
aceite que da brillo a su rostro,
y alimento que le da fuerzas.
Se llenan de savia los árboles del Señor,
los cedros del Líbano
que él plantó:
allí anidan los pájaros,
en su cima pone casa la
cigüeña.
Los riscos son para las cabras,
las peñas son madriguera de
erizos.
Hiciste la luna con sus fases,
el sol conoce su ocaso.
Pones
las tinieblas y viene la noche
y rondan las fieras de la selva;
los
cachorros rugen por la presa,
reclamando a Dios su comida.
Cuando brilla el sol, se retiran,
y se tumban en sus
guaridas;
el hombre sale a sus faenas,
a su labranza hasta el
atardecer.
Ant. 2: Alégrate y goza, hija de Jerusalén: mira a tu Rey que viene. No temas, Sión, tu salvación está cerca.
Ant. 3: Salgamos con corazón limpio a recibir al Rey supremo, porque está para venir y no tardará.
III
¡Cuántas son tus obras, Señor,
y todas las hiciste con
sabiduría!;
la tierra está llena de tus creaturas.
Ahí está el mar: ancho y dilatado,
en él bullen, sin
número,
animales pequeños y grandes;
lo surcan las naves, y el
Leviatán
que modelaste para que retoce.
Todos ellos aguardan
a que les eches comida a su tiempo:
se
la echas, y la atrapan;
abres tu mano, y se sacian de bienes;
escondes tu rostro, y se espantan;
les retiras el aliento, y
expiran
y vuelven a ser polvo;
envías tu aliento, y los creas,
y
repueblas la faz de la tierra.
Gloria a Dios para siempre,
goce el Señor con sus
obras.
Cuando él mira la tierra, ella tiembla;
cuando toca los montes,
humean.
Cantaré al Señor mientras viva,
tocaré para mi Dios mientras
exista:
que le sea agradable mi poema,
y yo me alegraré con el
Señor.
Que se acaben los pecadores en la tierra,
que los malvados no
existan más.
¡Bendice, alma mía, al Señor!
Ant. 3: Salgamos con corazón limpio a recibir al Rey supremo, porque está para venir y no tardará.
V.
Levantaos, alzad la cabeza.
R. Se acerca vuestra
liberación.
PRIMERA LECTURA
Año I:
Del libro del profeta Isaías 14, 1-21
MUERTE DEL TIRANO Y DELIBERACIÓN DEL PUEBLO
El Señor se apiadará de Jacob, volverá a escoger a Israel y a establecerlos en su patria. Los extranjeros se asociarán a ellos, se incorporarán a la casa de Jacob. Las poblaciones los irán recogiendo y los llevarán a su lugar; la casa de Israel los poseerá como siervos y siervas en la tierra del Señor. Cautivarán a sus cautivadores, dominarán a sus opresores. Y, el día en que el Señor te dé reposo de tus penas y temores, y de la dura esclavitud en que serviste, entonarás este cantar contra el rey de Babilonia:
«¡Cómo ha acabado el tirano, ha acabado su arrogancia! ¡Ha quebrado el Señor el cetro de los malvados, la vara de los dominadores, al que golpeaba furioso a los pueblos con golpes incesantes, y oprimía iracundo a las naciones con opresión implacable! La tierra entera descansa tranquila, gritando de júbilo. Hasta los cipreses se alegran de tu suerte, y los cedros del Líbano:
"Desde que yaces, no sube el talador contra nosotros,"
El abismo en lo profundo se estremece al salir a tu encuentro: en tu honor despierta a las sombras, a los potentados de la tierra; levanta de su trono a los reyes de las naciones, y cantan a coro, diciendo:
"¡También tú, consumido como nosotros, igual a nosotros, abatido al abismo tu fasto y el son de tus arpas! Por debajo tu lecho son gusanos, tu cobertor, lombrices."
¿Cómo has caído del cielo, lucero, hijo de la aurora, y estás derrumbado por tierra, agresor de naciones? Tú que decías en tu corazón:
"Escalaré los cielos, por encima de los astros divinos levantaré mi trono. Me sentaré en el Monte de la asamblea, en el vértice del cielo; escalaré la cima de las nubes, me igualaré al Altísimo."
¡Ay, abatido al abismo, al vértice de la sima! Los que te ven se te quedan mirando, meditan tu suerte:
"¿Es éste el que hacía temblar la tierra y estremecerse los reinos, que dejaba el orbe desierto, arrasaba sus ciudades y no soltaba a sus prisioneros?"
Los reyes de los pueblos descienden a sepulcros de piedra, todos reposan con gloria, cada cual en su morada. A ti, en cambio, te han arrojado de la tumba, como carroña asquerosa, te han cubierto de muertos traspasados a espada, como a cadáver pisoteado. No te juntarás a ellos en el sepulcro, porque arruinaste tu país, asesinaste a tu pueblo. No se nombrará jamás la estirpe del malvado. Preparad la matanza de sus hijos por la culpa de su padre: No sea que se levanten y se adueñen de la tierra y cubran el orbe de ruinas.»
Responsorio Cf. ls 13, 22; cL 14, 1; d. Hb 10, 37
R. Ya está a punto de llegar su
hora, sus días no tardarán. El Señor se apiadará de Jacob * y volverá a escoger a Israel.
V. El que ha de
venir vendrá y no tardará, y ya no habrá temor en nuestra tierra, porque él es
nuestro salvador.
R. Y volverá a escoger a Israel.
Año II:
Del libro del profeta Isaías 22, 8b-23
CONTRA LA SOBERBIA DE JERUSALÉN Y DE SOBNA, MAYORDOMO DE PALACIO
Aquel día, inspeccionasteis el arsenal en la Casa del bosque, y descubristeis cuántas brechas tenía la ciudad de David; recogisteis el agua del aljibe de abajo, hicisteis recuento de las casas de Jerusalén y demolisteis algunas de ellas para reforzar la muralla; entre los dos muros hicisteis un depósito para el agua del aljibe viejo. Pero no volvisteis los ojos al Autor de todo esto, ni mirasteis al que desde antiguo lo formó.
El Señor de los ejércitos os invitaba aquel día al llanto y al luto, a raparas y a ceñiros de saco; mas lo que hubo fue alegría y fiesta, matanza de vacas y degüello de corderos, comer carne y beber vino, según aquello de «a comer y a beber, que mañana moriremos». Entonces el Señor de los ejércitos me reveló esto al oído:
«Juro que no se expiará este pecado hasta que muráis -lo ha dicho el Señor de los ejércitos-.»
|Así dice el Señor de los ejércitos:
«Anda, ve a ese mayordomo de palacio, a Sobna, que se labra en lo alto un sepulcro y excava en la piedra una morada: "¿Qué es tuyo aquí, o a quién tienes aquí para que te labres aquí un sepulcro? Mira: el Señor te aferrará con fuerza y te arrojará con violencia, te hará dar vueltas y vueltas como un arco sobre la llanura dilatada. Allí morirás, allí pasarán tus carrozas de gala, oh tú, vergüenza de la casa de tu Señor.
Te echaré de tu puesto, te destituiré de tu cargo. Aquel día, llamaré a mi siervo, a Eliacín, hijo de Helcías: le vestiré tu túnica, le ceñiré tu banda, le daré tus poderes: será él un padre para los habitantes de Jerusalén, para el pueblo de Judá. Pondré en su hombro la llave del palacio de David: lo que él abra nadie lo cerrará, lo que él cierre nadie lo abrirá. Lo hincaré como un clavo en sitio firme, y dará un trono glorioso a la casa de su padre."»
Responsorio Ap 3, 7. 8
R. Esto dice el Santo, el
Veraz, el que tiene la llave de David: * «He
abierto ante ti una puerta que nadie puede cerrar.»
V. Has guardado mi
palabra y no has renegado de mi nombre.
R. He abierto ante ti una puerta que
nadie puede cerrar.
SEGUNDA LECTURA
De los Comentarios de Eusebio de Cesarea, obispo, sobre el profeta Isaías
(Cap. 40: PG 24, 366-367)
UNA VOZ CLAMA EN EL DESIERTO
Una voz clama en el desierto: «Preparad el camino del Señor, enderezad las sendas para nuestro Dios.» El profeta afirma claramente que no es en Jerusalén, sino en el desierto, donde se cumplirá esta profecía, es decir, la manifestación de la gloria del Señor y el anuncio de la salvación de Dios a todos los hombres.
Estas cosas se cumplieron en la historia y a la letra cuando Juan Bautista predicó la venida salvadora de Dios en el desierto del Jordán, donde se reveló la salvación de Dios. Porque Cristo se manifestó y su gloria se hizo patente a todos cuando, en su bautismo, se abrieron los cielos y el Espíritu Santo, descendiendo en forma de paloma, permaneció sobre él y se oyó la voz del Padre que daba testimonio de su Hijo: Éste es mi Hijo muy amado, escuchadlo.
Estas cosas se dijeron porque Dios iba a venir a un desierto que había estado siempre cerrado e inaccesible: todas las naciones estaban privadas del conocimiento de Dios, y los justos y los profetas evitaban el trato con ellas. Por eso aquella voz manda preparar un camino a la Palabra de Dios y enderezar las sendas, para que cuando llegue nuestro Dios pueda avanzar sin obstáculos. Preparad el camino del Señor: este camino es la proclamación de la Buena Noticia que trae a todos un nuevo consuelo, que desea ardientemente hacer llegar a todos los hombres el conocimiento de la salvación de Dios.
Súbete a un monte elevado, heraldo de Sión; alza fuerte la voz, heraldo de Jerusalén. Estas palabras que acabamos de citar están cuidadosamente ordenadas y hacen una oportuna mención de los evangelistas: después de haber hablado de la voz que clama en el desierto, anuncian la llegada de Dios a los hombres. A la profecía sobre Juan Bautista sigue muy lógicamente la mención de los evangelistas.
¿Cuál es esta Sión sino la que antes fue llamada Jerusalén? Pues también aquélla era un monte, como dice 12; la Escritura: El monte Sión donde pusiste tu morada, y el Apóstol: Os habéis acercado al monte de Sión. ¿No aludirá acaso al coro de los apóstoles, elegidos de entre aquel primer pueblo de la circuncisión?
Es esta Sión y Jerusalén la que ha recibido la salvación de Dios y que ha sido edificada sobre "el monte de Dios, es decir, sobre el Verbo unigénito. Y es a ésta a quien Dios manda subir al monte alto y anunciar la palabra de la salvación. ¿Quién es el que lleva la Buena Noticia sino el coro de los que proclaman el Evangelio? ¿Qué significa llevar la Buena Noticia? Predicar a todos los hombres, y en primer lugar a las ciudades de Judá, la venida de Cristo a la tierra.
Responsorio Cf. Mt 11, 11. 9
R. Ha venido el Precursor del
Señor, acerca del cual el mismo Señor da este testimonio: * «Entre los nacidos de mujer no ha surgido nadie
mayor que Juan Bautista.»
V. Es éste un profeta, y más que un profeta, es
aquel de quien dice el Salvador:
R. Entre los nacidos de mujer no ha surgido
nadie mayor que Juan Bautista.
Después del segundo responsorio, se dice el himno Señor, Dios eterno.
Oremos:
Te pedimos, Dios misericordioso, que en nuestra
alegre marcha hacia el encuentro de tu Hijo no tropecemos en impedimentos
terrenos, sino que, guiados por la sabiduría celestial, merezcamos participar de
la gloria de aquel que vive y reina contigo.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V.
Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera
celebración del día:
V.
Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo
contrario:
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date
prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
Ven,
Señor, no tardes
Una
clara voz resuena
SALMODIA
Ant. 1: Tenemos en Sión una ciudad fuerte: el Salvador ha puesto en ella murallas y baluartes; abrid las puertas que con nosotros está Dios. Aleluya.
Salmo 117
HIMNO DE ACCIÓN DE GRACIAS DESPUÉS DE LA
VICTORIA
Jesús es la
piedra que desechasteis vosotros,
los arquitectos, y que se ha convertido
en piedra angular. (Hch 4, 11)
Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su
misericordia.
Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.
Diga la casa de Aarón:
eterna es su misericordia.
Digan los fieles del Señor:
eterna es su
misericordia.
En el peligro grité al Señor,
y me escuchó, poniéndome a
salvo.
El Señor está conmigo: no temo;
¿qué podrá hacerme el
hombre?
El Señor está conmigo y me auxilia,
veré la derrota de mis
adversarios.
Mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los
hombres,
mejor es refugiarse en el Señor
que confiar en los
magnates.
Todos los pueblos me rodeaban,
en el nombre del Señor los
rechacé;
me rodeaban cerrando el cerco,
en el nombre del Señor los
rechacé;
me rodeaban como avispas,
ardiendo como fuego en las
zarzas,
en el nombre del Señor los rechacé.
Empujaban y empujaban para derribarme,
pero el Señor me
ayudó;
el Señor es mi fuerza y mi energía,
él es mi salvación.
Escuchad: hay cantos de victoria
en las tiendas de los
justos:
"La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es
excelsa,
la diestra del Señor es poderosa.
No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor.
Me
castigó, me castigó el Señor,
pero no me entregó a la muerte.
Abridme las puertas del triunfo,
y entraré para dar gracias al
Señor.
Ésta es la puerta del Señor:
los vencedores entrarán por
ella.
Te doy gracias porque me escuchaste
y fuiste mi
salvación.
La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra
angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro
patente.
Éste es el día en que actuó el Señor:
sea nuestra alegría y
nuestro gozo.
Señor, danos la salvación;
Señor, danos
prosperidad.
Bendito el que viene en nombre del Señor,
os bendecimos desde la
casa del Señor;
el Señor es Dios: él nos ilumina.
Ordenad una procesión con ramos
hasta los ángulos del
altar.
Tú eres mi Dios, te doy gracias;
Dios mío, yo te
ensalzo.
Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su
misericordia.
Ant. 1: Tenemos en Sión una ciudad fuerte: el Salvador ha puesto en ella murallas y baluartes; abrid las puertas que con nosotros está Dios. Aleluya.
Ant. 2: Sedientos todos, acudid por agua; buscad al Señor mientras se le encuentra. Aleluya.
Cántico
Dn 3, 52-57
QUE LA CREACIÓN ENTERA ALABE AL SEÑOR
El Creador
... es bendito por
los siglos. (Rm 1, 25)
Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres:
a ti gloria y
alabanza por los siglos.
Bendito tu nombre, santo y glorioso:
a él gloria y alabanza por
los siglos.
Bendito eres en el templo de tu santa gloria:
a ti gloria y
alabanza por los siglos.
Bendito eres sobre el trono de tu reino:
a ti gloria y alabanza
por los siglos.
Bendito eres tú, que sentado sobre querubines sondeas los
abismos:
a ti gloria y alabanza por los siglos.
Bendito eres en la bóveda del cielo:
a ti honor y alabanza por
los siglos.
Creaturas todas del Señor, bendecid al Señor,
ensalzadlo con
himnos por los siglos.
Ant. 2: Sedientos todos, acudid por agua; buscad al Señor mientras se le encuentra. Aleluya.
Ant. 3: Mirad: el Señor vendrá con poder para iluminar los ojos de su siervos. Aleluya.
Salmo 150
ALABAD AL SEÑOR
Salmodiad con
el espíritu, salmodiad
con toda vuestra mente, es decir,
glorificad a Dios
con el cuerpo
y con el alma. (Hesiquio)
Alabad al Señor en su templo,
alabadlo en su fuerte
firmamento.
Alabadlo por sus obras magníficas,
alabadlo por su inmensa
grandeza.
Alabadlo tocando trompetas,
alabadlo con arpas y
cítaras,
Alabadlo con tambores y danzas,
alabadlo con trompas y
flautas,
alabadlo con platillos sonoros,
alabadlo con platillos
vibrantes.
Todo ser que alienta, alabe al Señor.
Ant. 3: Mirad: el Señor vendrá con poder para iluminar los ojos de su siervos. Aleluya.
LECTURA BREVE Rm 13, 11b-12
Ya es hora que despertéis del sueño, pues la salud está ahora más cerca que cuando abrazamos la fe. La noche va pasando, el día está encima; desnudémonos, pues, de las obras de las tinieblas y vistámonos de las armas de la luz.
RESPONSORIO BREVE
V. Cristo, Hijo
de Dios vivo, ten piedad de nosotros.
R.
Cristo, Hijo de Dios vivo.
V. Tú que
has de venir al mundo.
R. Ten piedad de nosotros.
V. Gloria al Padre, y al
Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Cristo, Hijo de Dios vivo, ten piedad de
nosotros.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Mira, yo envío a mi Mensajero para que prepare mi camino delante de ti.
PRECES
Roguemos, hermanos, al Señor Jesús, juez de vivos y muertos, y digámosle:
Ven, Señor Jesús.
Señor Jesucristo, tú que viniste a salvar a los pecadores, * líbranos de caer en la tentación.
Tú que vendrás con gloria para juzgar a tu pueblo, * muestra en nosotros tu poder salvador.
Ayúdanos a cumplir con fortaleza de espíritu los preceptos de tu ley, * para que podamos esperar tu venida sin temor.
Tú que eres bendito por los siglos, * concédenos, por tu misericordia, que llevando ya desde ahora una vida sobria y religiosa esperemos con gozo tu gloriosa aparición.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Porque Jesucristo mismo nos lo enseñó, nos atrevemos a decir: Padre nuestro.
Oración
Te pedimos, Dios misericordioso, que en nuestra alegre marcha hacia el encuentro de tu Hijo no tropecemos en impedimentos terrenos, sino que, guiados por la sabiduría celestial, merezcamos participar de la gloria de aquel que vive y reina contigo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.
Amén.
V. Dios mío, ven en mi
auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Antífona:
Tercia: Los profetas
anunciaron que el Salvador nacería de María Virgen.
Sexta: El ángel Gabriel saludó a María diciendo:
«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo, bendita tú entre las
mujeres.»
Nona: María dijo: «¿Qué significa
este saludo? Me quedo perpleja ante estas palabras de que daré a luz un Rey sin
perder mi virginidad.»
Salmo 22
EL BUEN PASTOR
El Cordero
los apacentará
y los guiará a los manantiales
de las aguas de la vida.
(Ap 7, 17)
El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace
recostar;
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas;
me
guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas
conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan.
Preparas una mesa ante mí
enfrente de mis enemigos;
me unges
la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa.
Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi
vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término.
Salmo 75
ACCIÓN DE GRACIAS POR LA VICTORIA
Verán al Hijo
del hombre
venir sobre las nubes del cielo.
(Mt 24,
30)
I
Dios se manifiesta en Judá,
su fama es grande en Israel;
su
tabernáculo está en Jerusalén,
su morada en Sión:
allí quebró los
relámpagos del arco,
el escudo, la espada y la guerra.
Tú eres deslumbrante, magnífico,
con montones de botín
conquistados.
Los valientes duermen su sueño,
y a los guerreros no les
responden sus brazos.
Con un bramido, ¡oh Dios de Jacob!,
inmovilizaste
carros y caballos.
II
Tú eres terrible: ¿quién resiste frente a ti
al ímpetu de tu
ira?
Desde el cielo proclamas la sentencia:
la tierra teme
sobrecogida,
cuando Dios se pone en pie para juzgar,
para salvar a los
humildes de la tierra.
La cólera humana tendrá que alabarte,
los que sobrevivan al
castigo te rodearán.
Haced votos al Señor y cumplidlos,
y traigan los
vasallos tributo al Temible:
él deja sin aliento a los príncipes,
y es
temible para los reyes del orbe.
Tercia: Los profetas anunciaron que el Salvador nacería de María Virgen.
LECTURA BREVE Rm 13, 13-14a
Andemos como en pleno día, con dignidad. No andemos en comilonas y borracheras, ni en deshonestidad ni lujuria, ni en riñas ni en enviadias; sino revestíos de Jesucristo, el Señor.
V. Los gentiles
temerán tu nombre, Señor.
R. Los reyes del mundo tu gloria.
Oremos:
Te
pedimos, Dios misericordioso, que en nuestra alegre marcha hacia el encuentro de
tu Hijo no tropecemos en impedimentos terrenos, sino que, guiados por la
sabiduría celestial, merezcamos participar de la gloria de aquel que vive y
reina contigo.
Sexta: El ángel Gabriel saludó a María diciendo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo, bendita tú entre las mujeres.»
LECTURA BREVE 1Ts 3, 12-13
Que el Señor os haga aumentar y rebosar en amor de unos con otros, para que conservéis vuestros corazones intachables en santidad ante Dios, Padre nuestro, cuando venga nuestro Señor Jesucristo con todos sus santos.
V. Acuérdate de
nosotros, Señor, por amor a tu pueblo.
R. Visítanos con tu
salvación.
Oremos:
Te
pedimos, Dios misericordioso, que en nuestra alegre marcha hacia el encuentro de
tu Hijo no tropecemos en impedimentos terrenos, sino que, guiados por la
sabiduría celestial, merezcamos participar de la gloria de aquel que vive y
reina contigo.
Nona: María dijo: «¿Qué significa este saludo? Me quedo perpleja ante estas palabras de que daré a luz un Rey sin perder mi virginidad.»
LECTURA BREVE 2Ts 1, 6.7.10
Es justo a los ojos de Dios que vosotros, los atribulados, os pague con descanso eterno, descanso que será en nuestra compañía. Esto sucederá el día de la revelación de Jesús, el Señor, cuando venga del cielo con los ángeles ejecutadores de su poder, cuando venga aquel día para ser glorificado en sus santos y para ser la admiración de los que han tenido fe.
V. Ven, Señor, y
no tardes.
R. Perdona los pecados de tu pueblo.
Oremos:
Te
pedimos, Dios misericordioso, que en nuestra alegre marcha hacia el encuentro de
tu Hijo no tropecemos en impedimentos terrenos, sino que, guiados por la
sabiduría celestial, merezcamos participar de la gloria de aquel que vive y
reina contigo.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al
Señor.
R. Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V.
Dios mío ven en mi auxilio
R. Señor,
date prisa en socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
Éste
es el tiempo en que llegas
Jesucristo,
Palabra del Padre
SALMODIA
Ant. 1: Mirad, viene el Señor con gran poder sobre las nubes del cielo. Aleluya.
Salmo 109, 1-5. 7
EL MESÍAS, REY Y SACERDOTE
Él debe
reinar hasta poner todos
sus enemigos bajo sus pies.
(1Co 15,
25)
Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré
de tus enemigos estrado de tus pies.»
Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete
en la batalla a tus enemigos.
«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores
sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la
aurora.»
El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
«Tú eres sacerdote
eterno,
según el rito de Melquisedec.»
El Señor a tu derecha, el día de su ira,
quebrantará a los
reyes.
En su camino beberá del torrente,
por eso levantará la
cabeza.
Ant. 1: Mirad, viene el Señor con gran poder sobre las nubes del cielo. Aleluya.
Ant. 2: Aparecerá el Señor y no faltará: si tarda, no dejéis de esperarlo, pues llegará y no tardará. Aleluia.
Salmo 113 B
HIMNO AL DIOS VERDADERO
Os
convertisteis de los ídolos a
Dios para consagraros al Dios
vivo y
verdadero. (1Ts 1, 9)
No a nosotros, Señor, no a nosotros,
sino a tu nombre da la
gloria;
por tu bondad, por tu lealtad.
¿Por qué han de decir las
naciones:
«Dónde está su Dios»?
Nuestro Dios está en el cielo,
lo que quiere lo hace.
Sus
ídolos, en cambio, son plata y oro,
hechura de manos humanas:
tienen boca, y no hablan;
tienen ojos, y no ven;
tienen
orejas, y no oyen;
tienen nariz, y no huelen;
tienen manos, y no tocan;
tienen pies, y no andan;
no tiene
voz su garganta:
que sean igual los que los hacen,
cuantos confían en
ellos.
Israel confía en el Señor:
él es su auxilio y su escudo.
La
casa de Aarón confía en el Señor:
él es su auxilio y su escudo.
Los fieles
del Señor confían en el Señor:
él es su auxilio y su escudo.
Que el Señor se acuerde de nosotros
y nos bendiga,
bendiga a
la casa de Israel,
bendiga a la casa de Aarón;
bendiga a los fieles del
Señor,
pequeños y grandes.
Que el Señor os acreciente,
a vosotros y a vuestros
hijos;
benditos seáis del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.
El cielo pertenece al Señor,
la tierra se la ha dado a los
hombres.
Los muertos ya no alaban al Señor,
ni los que bajan al
silencio.
Nosotros, sí, bendeciremos al Señor
ahora y por
siempre.
Ant. 2: Aparecerá el Señor y no faltará: si tarda, no dejéis de esperarlo, pues llegará y no tardará. Aleluia.
Ant. 3: El Señor es nuestro legislador, el Señor es nuestro rey: él vendrá y nos salvará. Aleluya.
El cántico siguiente se dice con todos los Aleluya intercalados cuando el Oficio es cantado. Cuando el Oficio se dice sin canto es suficiente decir el Aleluya sólo al principio y al final de cada estrofa.
Cántico
Cf. Ap 19, 1-2. 5-7
LAS BODAS DEL CORDERO
Aleluya.
La salvación y la gloria y el poder son de nuestro
Dios.
(R Aleluya.)
Porque sus juicios son verdaderos y justos.
R. Aleluya, (aleluya).
Aleluya.
Alabad al Señor, sus siervos todos.
(R. Aleluya.)
Los que le teméis,
pequeños y grandes.
R. Aleluya, (aleluya).
Aleluya.
Porque reina el Señor, nuestro Dios, dueño de
todo.
(R. Aleluya.)
Alegrémonos y gocemos y démosle gracias.
R. Aleluya, (aleluya).
Aleluya.
Llegó la boda del Cordero.
(R. Aleluya.)
Su esposa se ha
embellecido.
R. Aleluya, (aleluya).
Ant. 3: El Señor es nuestro legislador, el Señor es nuestro rey: él vendrá y nos salvará. Aleluya.
LECTURA BREVE Flp 4, 4-5
Estad siempre alegres en el Señor. Otra vez os lo digo: Estad alegres. Que vuestra bondad sea conocida de todos. El Señor está cerca.
RESPONSORIO BREVE
V. Muéstranos,
Señor, tu misericordia. R. Muéstranos, Señor.
V. Y danos tu salvación.
R.
Muéstranos, Señor, tu misericordia.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al
Espíritu Santo.
R. Muéstranos, Señor, tu misericordia.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Dichosa tú, María, que has creído; porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá. Aleluya.
PRECES
Hermanos, oremos a Cristo, el Señor que viene a salvar a todos los hombres, y digámosle confiadamente:
Ven, Señor Jesús.
Señor Jesucristo, que por el misterio de la encarnación manifestaste al mundo la gloria de tu divinidad, * vivifica al mundo con tu venida.
Tú que participaste de nuestra debilidad, * concédenos tu misericordia.
Tú que en tu primera venida viniste humildemente para salvar al mundo de sus pecados, * absuélvenos de todas las culpas, cuando vuelvas de nuevo con gloria y majestad.
Tú que lo gobiernas todo con tu poder, * ayúdanos, por tu bondad, a alcanzar la herencia eterna.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Tú que estás sentado a la derecha del Padre, * alegra con la visión de tu rostro a nuestros hermanos difuntos.
Con el deseo de que la luz de Cristo ilumine a todos los hombres, digamos al Padre: Padre nuestro.
Oración
Te pedimos, Dios misericordioso, que en nuestra alegre marcha hacia el encuentro de tu Hijo no tropecemos en impedimentos terrenos, sino que, guiados por la sabiduría celestial, merezcamos participar de la gloria de aquel que vive y reina contigo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.
Amén.
OFICIO DE LECTURA
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera
celebración del día:
V.
Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo
contrario:
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date
prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Ant.1: Inclina, Señor, tu oído hacia mí; ven a librarme.
Salmo 30, 2-17. 20-25
SÚPLICA CONFIADA Y ACCIÓN DE
GRACIAS
Padre, en tus
manos encomiendo
mi espíritu. (Lc 23, 46)
I
A ti, Señor, me acojo:
no quede yo nunca defraudado;
tú, que
eres justo, ponme a salvo,
inclina tu oído hacia mí;
ven aprisa a librarme,
sé la roca de mi refugio,
un baluarte
donde me salve,
tú que eres mi roca y mi baluarte;
por tu nombre dirígeme y guíame:
sácame de la red que me han
tendido,
porque tú eres mi amparo.
En tus manos encomiendo mi espíritu:
tú, el Dios leal, me
librarás;
tú aborreces a los que veneran ídolos inertes,
pero yo confío en
el Señor;
tu misericordia sea mi gozo y mi alegría.
Te has fijado en mi aflicción,
velas por mi vida en
peligro;
no me has entregado en manos del enemigo,
has puesto mis pies en
un camino ancho.
Ant.1: Inclina, Señor, tu oído hacia mí; ven a librarme.
Ant. 2: Haz brillar, Señor, tu rostro sobre tu siervo.
II
Piedad, Señor, que estoy en peligro:
se consumen de dolor mis
ojos,
mi garganta y mis entrañas.
Mi vida se gasta en el dolor;
mis años, en los gemidos;
mi
vigor decae con las penas,
mis huesos se consumen.
Soy la burla de todos mis enemigos,
la irrisión de mis
vecinos,
el espanto de mis conocidos:
me ven por la calle y escapan de
mí.
Me han olvidado como a un muerto,
me han desechado como a un cacharro
inútil.
Oigo las burlas de la gente,
y todo me da miedo;
se conjuran
contra mí
y traman quitarme la vida.
Pero yo confío en ti, Señor,
te digo: «Tú eres mi Dios.»
En
tu mano está mi destino:
líbrame de los enemigos que me persiguen;
haz
brillar tu rostro sobre tu siervo,
sálvame por tu misericordia.
Ant. 2: Haz brillar, Señor, tu rostro sobre tu siervo.
Ant. 3: Bendito sea el Señor, que ha hecho por mí prodigios de misericordia.
III
¡Qué bondad tan grande, Señor,
reservas para tus fieles,
y
concedes a los que a ti se acogen
a la vista de todos!
En el asilo de tu presencia los escondes
de las conjuras
humanas;
los ocultas en tu tabernáculo,
frente a las lenguas
pendencieras.
Bendito el Señor, que ha hecho por mí
prodigios de
misericordia
en la ciudad amurallada.
Yo decía en mi ansiedad:
«Me has arrojado de tu vista»
pero
tú escuchaste mi voz suplicante
cuando yo te gritaba.
Amad al Señor, fieles suyos;
el Señor guarda a sus leales,
y
a los soberbios les paga con creces.
Sed fuertes y valientes de corazón
los que esperáis en el
Señor.
Ant. 3: Bendito sea el Señor, que ha hecho por mí prodigios de misericordia.
V.
Muéstranos, Señor, tu misericordia.
R.
Y danos tu salvación.
PRIMERA LECTURA
Año I:
Del libro del profeta Isaías 34, 1-17
JUICIO DEL SEÑOR SOBRE EDOM
Acercaos, pueblos, a escuchar; naciones, atended; escuche la tierra y los que la llenan, el orbe y cuanto produce: porque el Señor está airado con todas las naciones, enojado con todos sus ejércitos, los consagra al exterminio, los entrega a la matanza. Arrojan a los caídos, y de los cadáveres sube el hedor; los montes chorrean sangre y los collados se empapan; el cielo se enrolla como un pliego y se marchitan sus ejércitos, como se marchitan los pámpanos, como palidece la hoja de la higuera.
Porque la espada del Señor se embriaga en el cielo: miradla bajar hacia Edom, para ejecutar a un pueblo proscrito. La espada del Señor chorrea sangre, ya está grasienta de sebo, sangre de corderos y cabritos, sebo de entrañas de carneros. Porque el Señor hace carnicería en Bosra, gran matanza en Edom. Y caen juntos los búfalos con bueyes y toros. Se empapa la tierra de su sangre, el polvo está grasiento de sebo; porque es el día de la venganza del Señor, año de desquite para la causa de Sión.
Sus torrentes se transforman en pez, y el polvo en azufre; su país se vuelve pez ardiente, que no se apaga de día ni de noche, y su humo sube perpetuamente; de edad en edad quedará desolada, por siglos de siglos nadie la transitará.
Se adueñan de ella la corneja y el mochuelo, la lechuza y el cuervo la habitan. El Señor pone sobre ella la plomada del caos y el nivel del vacío. No queda nombre con que llamar su reino, y sus jefes vuelven a la nada. En sus palacios crecen espinos; en sus torreones, cardos y ortigas. Se convierte en cubil de chacales, en guarida de crías de avestruz; se reúnen hienas y gatos salvajes, el chivo llama a su compañero, allí descansa el búho y encuentra su guarida; la serpiente anida y pone, incuba y empolla sus huevos; allí se juntan los buitres, y no falta el macho a la hembra.
Estudiad el libro del Señor: ni uno solo de ellos falta, porque lo ha mandado la boca del Señor, y su aliento los ha reunido. Echa suerte para ellos, y su mano les reparte a cordel el país. Lo poseerán para siempre, de edad en edad lo habitarán.
Responsorio 1Pe 4, 17-18; Jb 4, 18
R. Ha llegado el tiempo en que
comienza el juicio por la casa de Dios; y, si empieza así por nosotros, ¿qué fin
tendrán los que rechazan el mensaje de Dios? *
Y, si el justo a duras penas se salva, ¿qué será del impío y del pecador?
V.
Dios no encuentra fieles ni a sus criados.
R. Y, si el justo a duras penas se
salva, ¿qué será del impío y del pecador?
Año II:
Del libro del profeta Isaías 24, 1-18
MANIFESTACIÓN DEL SEÑOR EN SU GRAN DÍA
Mirad que el Señor hiende la tierra y la resquebraja, devasta la superficie y dispersa a sus habitantes: lo mismo al pueblo que al sacerdote, al esclavo como al señor, a la esclava y a su señora, al que compra y al que vende, al prestatario y al prestamista, al acreedor y al deudor. Queda devastada la tierra, totalmente despojada, porque el Señor lo ha decretado.
Languidece y se agosta la tierra, desfallece y se marchita el orbe, cielo y tierra están abatidos, el suelo ha sido profanado por sus habitantes, pues violaron la ley, quebrantaron los mandatos, rompieron la alianza eterna. Por eso la maldición se ceba en la tierra, y lo pagan sus habitantes: por eso se consumen los habitantes del orbe y sólo quedan unos cuantos hombres.
Languidece el mosto, desfallece la vid, gime el corazón que estaba alegre. Cesa el alborozo de los panderos, se acaba el bullicio de las fiestas, cesa el alborozo de las cítaras. Ya no se bebe vino entre cantares, el licor sabe amargo al que lo bebe.
La ciudad, desolada, se derrumba; están cerradas las entradas de las casas. Se lamentan en las calles porque no hay vino, ha desaparecido la alegría, 'ha sido desterrado el alborozo del país. En la ciudad quedan sólo escombros y la puerta está hecha pedazos. Pero sucederá, en medio de la tierra y entre los pueblos, como en el vareo de la aceituna o en la rebusca después de la vendimia.
Ellos levantarán la voz vitoreando al Señor: «Aclamadlo desde el mar, responded desde oriente, glorificad desde las islas del mar el nombre del Señor, Dios de Israel. Desde los confines de la tierra hemos oído cánticos que dicen: "Gloria al Justo."»
Y yo dije:
«¡Basta ya! ¡Ay de los malvados que hacen el mal! ¡Ay de los violentos que ejercen la violencia! Pánico y zanja y cepo contra ti, habitante de la tierra. El que huya del grito de pánico caerá en la zanja y el que salga del fondo de la zanja quedará cogido en el cepo.»
Responsorio Is 24, 14. 15; Sal 95, I
R. Levantarán la voz
vitoreando: * «Glorificad el nombre del
Señor.»
V. Cantad al Señor un cántico nuevo, cantad al Señor, toda la
tierra.
R. Glorificad el nombre del Señor.
Del Tratado de san Juan de la Cruz, presbítero, Subida del monte Carmelo
(Libro 2, cap. 22, núms. 3-4)
DIOS NOS HABLÓ POR MEDIO DE SU HIJO
La principal causa por que en la ley de Escritura eran lícitas las preguntas que se hacían a Dios y convenía que los profetas y sacerdotes quisiesen revelaciones y visiones de Dios era porque aún entonces no estaba bien fundamentada la fe ni establecida la ley evangélica, y así era menester que preguntasen a Dios y que él hablase, ahora por palabras, ahora por visiones y revelaciones, ahora en figuras y semejanzas, ahora entre otras muchas maneras de significaciones. Porque todo lo que respondía, y hablaba, y revelaba eran misterios de nuestra fe y cosas tocantes a ella o enderezadas a ella.
Pero ya que está fundada la fe en Cristo y manifiesta la ley evangélica en esta era de gracia, no hay para qué preguntarle de aquella manera, ni para qué él hable ya ni responda como entonces, porque en darnos, como nos dio, a su Hijo, que es una Palabra suya -que no tiene otra-, todo nos lo habló junto y de una vez en esta sola Palabra, y no tiene más que hablar.
Y éste es el sentido de aquella autoridad con que comienza san Pablo a querer inducir a los hebreos a que se aparten de aquellos modos primeros y tratos con Dios de la ley de Moisés y pongan los ojos en Cristo solamente, diciendo: Lo que antiguamente habló Dios en los profetas a nuestros padres de muchos modos y de muchas maneras, ahora, a la postre, en estos días nos lo ha hablado en el Hijo todo de una vez. En lo cual da a entender el Apóstol que Dios ha quedado como mudo y no tiene más que hablar, porque lo que hablaba antes en partes a los profetas ya lo ha hablado en él todo, dándonos al Todo, que es su Hijo.
Por lo cual. el que ahora quisiese preguntar a Dios o querer alguna visión o revelación, no sólo haría una necedad, sino haría agravio a Dios no poniendo los ojos totalmente en Cristo, sin querer otra alguna cosa o novedad.
Porque le podría responder Dios de esta manera: «Si te tengo ya habladas todas las cosas en mi Palabra, que es mi Hijo, y no tengo otra, ¿qué te puedo yo ahora responder o revelar que sea más que eso? Pon los ojos sólo en él, porque en él te lo tengo todo dicho y revelado, y hallarás en él aún más de lo que pides y deseas.
Porque desde aquel día que bajé con mi Espíritu sobre él en el monte Tabor, diciendo: Éste es mi amado Hijo en que me he complacido; a él oíd, ya alcé yo la mano de todas esas maneras de enseñanzas y respuestas y se la di a él. Que si antes hablaba, era prometiendo a Cristo; y si me preguntaban, eran las preguntas encaminadas a la petición y esperanza de Cristo, en que habían de hallar todo bien como ahora lo da a entender toda la doctrina de los evangelistas y apóstoles.»
Responsorio Mi 4, 2; Jn 4, 25
R. Irán pueblos numerosos
diciendo: «Vamos a subir al monte del Señor. *
Él nos enseñará sus caminos y caminaremos por sus sendas.»
V. Viene el
Mesías, el Cristo; cuando venga, nos hará saber todas las cosas.
R. Él nos
enseñará sus caminos y caminaremos por sus sendas.
Oremos:
Lleguen a ti, Señor,
nuestras plegarias y colma nuestros deseos de llegar a conocer más plenamente el
gran misterio de la encarnación de tu Hijo. Que vive y reina contigo.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera
celebración del día:
V.
Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo
contrario:
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date
prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
Ven,
Señor, no tardes
Una
clara voz resuena
SALMODIA
Ant. 1: ¿Cuándo entraré a ver el rostro de Dios?
Salmo 41
DESEO DEL SEÑOR Y ANSIAS DE CONTEMPLAR EL
TEMPLO
El que tenga
sed y quiera, que venga
a beber el agua de la vida (Ap 22,
17)
Como busca la cierva
corrientes de agua,
así mi alma te
busca
a ti, Dios mío;
tiene sed de Dios,
del Dios vivo:
¿cuándo
entraré a ver
el rostro de Dios?
Las lágrimas son mi pan
noche y día,
mientras todo el día me
repiten:
“¿Dónde está tu Dios?”
Recuerdo otros tiempos,
y mi alma desfallece de
tristeza:
cómo marchaba a la cabeza del grupo,
hacia la casa de
Dios,
entre cantos de júbilo y alabanza,
en el bullicio de la
fiesta.
¿Por qué te acongojas, alma mía,
por qué te me turbas?
Espera
en Dios, que volverás a alabarlo:
“Salud de mi rostro, Dios mío.”
Cuando mi alma se acongoja,
te recuerdo,
desde el Jordán y el
Hermón
y el Monte Menor.
Una sima grita a otra sima
con voz de cascadas:
tus torrentes
y tus olas
me han arrollado.
De día el Señor
me hará misericordia,
de noche cantaré la
alabanza
del Dios de mi vida.
Diré a Dios: Roca mía,
¿por qué me olvidas?
¿por qué voy
andando sombrío,
hostigado por mi enemigo?
Se me rompen los huesos
por las burlas del adversario;
todo
el día me preguntan:
«¿Dónde está tu Dios?»
¿Por qué te acongojas, alma mía,
por qué te me turbas?
Espera
en Dios, que volverás a alabarlo:
«Salud de mi rostro, Dios mío.»
Ant. 1: ¿Cuándo entraré a ver el rostro de Dios?
Ant. 2: Muéstranos, Señor, tu gloria y tu compasión.
Cántico
Sir 36, 1-7. 13-16
SÚPLICA EN FAVOR DE LA CIUDAD SANTA DE
JERUSALÉN
Ésta es la
vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios
verdadero, y a tu enviado
Jesucristo. (Jn 17, 3)
Sálvanos, Dios del universo,
infunde tu terror a todas las
naciones;
amenaza con tu mano al pueblo extranjero,
para que sienta tu
poder.
Como les mostraste tu santidad al castigarnos,
muéstranos así tu
gloria castigándolos a ellos,
para que sepan, como nosotros lo
sabemos,
que no hay Dios fuera de ti.
Renueva los prodigios, repite los portentos,
exalta tu mano,
robustece tu brazo.
Reúne a todas las tribus de Jacob
y dales su heredad como
antiguamente.
Ten compasión del pueblo que lleva tu nombre,
de Israel, a quien
nombraste tu primogénito.
Ten compasión de tu ciudad santa,
de Jerusalén,
lugar de tu reposo.
Llena a Sión de tu majestad
y al templo, de tu
gloria.
Ant. 2: Muéstranos, Señor, tu gloria y tu compasión.
Ant. 3: Bendito eres, Señor, en la bóveda del cielo.
Salmo 18 A
ALABANZA AL DIOS CREADOR DEL UNIVERSO
Nos visitará
el sol que nace de lo alto... para guiar
nuestros pasos por el camino de la
paz. (Lc 1,78-79)
El cielo proclama la gloria de Dios,
el firmamento pregona la
obra de sus manos:
el día al día le pasa el mensaje,
la noche a la noche
se lo murmura.
Sin que hablen, sin que pronuncien,
sin que resuene su voz,
a
toda la tierra alcanza su pregón
y hasta los límites del orbe su
lenguaje.
Allí le ha puesto su tienda al sol:
él sale como el esposo de su
alcoba,
contento como un héroe, a recorrer su camino.
Asoma por un extremo del cielo,
y su órbita llega al otro
extremo:
nada se libra de su calor.
Ant. 3: Bendito eres, Señor, en la bóveda del cielo.
LECTURA BREVE Is 2, 3
Venid, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob: él nos instruirá en sus caminos, y marcharemos por sus sendas; porque de Sión saldrá la ley, de Jerusalén la palabra del Señor.
RESPONSORIO BREVE
V. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor. R. Sobre ti, Jerusalén.
V. Su gloria aparecerá sobre ti.
R. Amanecerá el
Señor.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Sobre ti,
Jerusalén, amanecerá el Señor.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Dice el Señor: «Arrepentíos, porque está cerca el reino de los cielos.» Aleluya.
PRECES
Hermanos, oremos a Cristo, el redentor, que viene a librar del poder de la muerte a los que se convierten a él, y digámosle:
Ven, Señor Jesús.
Que al anunciar tu venida, Señor, * nuestro corazón se sienta libre de toda vanidad.
Que la Iglesia que tú fundaste, Señor, * glorifique tu nombre por todo el mundo.
Que tu ley, Señor, sea luz para nuestros ojos * y sirva de protección a los pueblos que confiesan tu nombre.
Tú que por la Iglesia nos anuncias el gozo de tu venida, * concédenos también el deseo de recibirte.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Con el gozo que nos da el saber que Cristo viene para hacernos hijos de Dios, digamos al Padre: Padre nuestro.
Oración
Lleguen a ti, Señor, nuestras plegarias y colma nuestros deseos de llegar a conocer más plenamente el gran misterio de la encarnación de tu Hijo. Que vive y reina contigo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.
Amén.
V. Dios mío, ven en mi
auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Antífona:
Tercia: Los profetas
anunciaron que el Salvador nacería de María Virgen.
Sexta: El ángel Gabriel saludó a María diciendo:
«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo, bendita tú entre las
mujeres.»
Nona: María dijo: «¿Qué significa
este saludo? Me quedo perpleja ante estas palabras de que daré a luz un Rey sin
perder mi virginidad.»
Salmo 118, 41-48
Señor, que me alcance tu favor,
tu salvación según tu
promesa:
así responderé a los que me injurian,
que confío en tu
palabra;
no quites de mi boca las palabras sinceras,
porque yo espero en
tus mandamientos.
Cumpliré sin cesar tu voluntad,
por siempre jamás;
andaré por
un camino ancho,
buscando tus decretos;
comentaré tus preceptos ante los
reyes,
y no me avergonzaré.
Serán mi delicia tus mandatos,
que tanto amo;
levantaré mis
manos hacia ti
recitando tus mandatos.
Salmo 39, 2-14. 17-18
ACCIÓN DE GRACIAS Y PETICIÓN DE
AUXILIO
No quieres
sacrificios ni ofrendas,
pero me has preparado un cuerpo.
(Hb 10,
5)
I
Yo esperaba con ansia al Señor;
él se inclinó y escuchó mi
grito;
me levantó de la fosa fatal,
de la charca fangosa;
afianzó mis
pies sobre roca,
y aseguró mis pasos;
me puso en la boca un cántico nuevo,
un himno a nuestro
Dios.
Muchos, al verlo, quedaron sobrecogidos
y confiaron en el
Señor.
Dichoso el hombre que ha puesto
su confianza en el Señor,
y
no acude a los idólatras,
que se extravían con engaños.
¡Cuántas maravillas has hecho,
Señor, Dios mío,
cuántos
planes en favor nuestro!
Nadie se te puede comparar:
intento proclamarlas,
decirlas,
pero superan todo número.
Tú no quieres sacrificios ni ofrendas,
y, en cambio, me abriste
el oído;
no pides sacrificio expiatorio,
entonces yo digo: «Aquí
estoy
-como está escrito en mi libro-
para hacer tu voluntad.»
Dios mío, lo quiero,
y llevo tu ley en las entrañas.
II
He proclamado tu salvación
ante la gran asamblea;
no he
cerrado los labios:
Señor, tú lo sabes.
No me he guardado en el pecho tu defensa,
he proclamado tu
fidelidad y tu salvación,
no he negado tu misericordia y tu lealtad
ante
la gran asamblea.
Tú, Señor, no me niegues tu clemencia,
que tu misericordia y tu
lealtad me guarden siempre,
porque me cercan desgracias sin
cuento.
Se me echan encima mis culpas,
y no puedo huir;
son más que
los cabellos de mi cabeza,
y me falta el valor.
Señor, dígnate librarme;
Señor, date prisa en
socorrerme.
Alégrense y gocen contigo
todos los que te buscan;
digan
siempre: «Grande es el Señor»,
los que desean tu salvación.
Yo soy pobre
y desdichado,
pero el Señor cuida de mí;
tú eres mi auxilio y mi
liberación: Dios mío, no tardes.
Tercia: Los profetas anunciaron que el Salvador nacería de María Virgen.
LECTURA BREVE Is 10, 20-21
Aquel día, el resto de Israel, los supervivientes de Jacob, se apoyarán sinceramente en el Señor, el Santo de Israel. Un resto volverá, un resto de Jacob, al Dios poderoso.
V. Los gentiles temerán tu nombre, Señor.
R. Los reyes del mundo tu gloria.
Oremos:
Lleguen a ti, Señor, nuestras plegarias y colma nuestros
deseos de llegar a conocer más plenamente el gran misterio de la encarnación de
tu Hijo. Que vive y reina por los siglos de los siglos.
Sexta: El ángel Gabriel saludó a María diciendo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo, bendita tú entre las mujeres.»
LECTURA BREVE Is 10, 24.27
Esto dice el Señor: "Pueblo mío, que habitas en Sión, no temas." Aquel día, la carga resbalará de tu hombro, arrancarán el yugo de tu cuello.
V. Acuérdate de nosotros, Señor, por amor a tu
pueblo.
R. Visítanos con tu
salvación.
Oremos:
Lleguen a ti, Señor, nuestras plegarias y colma nuestros
deseos de llegar a conocer más plenamente el gran misterio de la encarnación de
tu Hijo. Que vive y reina por los siglos de los siglos.
Nona: María dijo: «¿Qué significa este saludo? Me quedo perpleja ante estas palabras de que daré a luz un Rey sin perder mi virginidad.»
LECTURA BREVE Is 13,22; cf 14,1
Ya está a punto de llegar su hora, sus días no tardarán. El Señor se apiadará de Jacob y volverá a escoger a Israel
V. Ven Señor, y no tardes.
R. Perdona los pecados de tu pueblo.
Oremos:
Lleguen a ti, Señor, nuestras plegarias y colma nuestros
deseos de llegar a conocer más plenamente el gran misterio de la encarnación de
tu Hijo. Que vive y reina por los siglos de los siglos.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al
Señor.
R. Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío, ven en mi
auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
Éste
es el tiempo en que llegas
Jesucristo,
Palabra del Padre
SALMODIA
Ant. 1: Eres el más bello de los hombres, en tus labios se derrama la gracia.
Salmo 44
LAS NUPCIAS DEL REY
¡Llega el
esposo, salid a
recibirlo! (Mt 25, 6)
I
Me brota del corazón un poema bello,
recito mis versos a un
rey;
mi lengua es ágil pluma de escribano.
Eres el más bello de los hombres,
en tus labios se derrama la
gracia,
el Señor te bendice eternamente.
Cíñete al flanco la espada, valiente:
es tu gala y tu
orgullo;
cabalga victorioso por la verdad y la justicia,
tu diestra te
enseñe a realizar proezas.
Tus flechas son agudas, los pueblos se te
rinden,
se acobardan los enemigos del rey.
Tu trono, ¡oh dios!, permanece para siempre;
cetro de rectitud
es tu cetro real;
has amado la justicia y odiado la impiedad:
por eso el
Señor, tu Dios, te ha ungido
con aceite de júbilo entre todos tus
compañeros.
A mirra, áloe y acacia huelen tus vestidos,
desde los palacios
de marfiles te deleitan las arpas.
Hijas de reyes salen a tu encuentro,
de
pie a tu derecha está la reina
enjoyada con oro de Ofir.
Ant. 1: Eres el más bello de los hombres, en tus labios se derrama la gracia.
Ant. 2: Llega el esposo, salid a recibirlo.
II
Escucha, hija, mira: inclina el oído,
olvida tu pueblo y la casa
paterna;
prendado está el rey de tu belleza,
póstrate ante él, que él es
tu señor.
La ciudad de Tiro viene con regalos,
los pueblos más ricos
buscan tu favor.
Ya entra la princesa, bellísima,
vestida de perlas y
brocado;
la llevan ante el rey, con séquito de vírgenes,
la siguen sus
compañeras:
las traen entre alegría y algazara,
van entrando en el palacio
real.
«A cambio de tus padres tendrás hijos,
que nombrarás príncipes
por toda la tierra.»
Quiero hacer memorable tu nombre
por generaciones y
generaciones,
y los pueblos te alabarán
por los siglos de los
siglos.
Ant. 2: Llega el esposo, salid a recibirlo.
Ant. 3: Dios proyectó hacer que todas las cosas tuviesen a Cristo por cabeza, cuando llegase el momento culminante.
Cántico
Ef 1, 3-10
EL PLAN DIVINO DE LA SALVACIÓN
Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos
ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y
celestiales.
El nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el
mundo,
para que fuésemos consagrados
e irreprochables ante él por el
amor.
Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa
suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan
generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza
suya.
Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el
perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha
sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su
voluntad.
Éste es el plan
que había proyectado realizar por
Cristo
cuando llegase el momento culminante:
hacer que todas las
cosas
tuviesen a Cristo por cabeza,
las del cielo y las de la
tierra.
Ant. 3: Dios proyectó hacer que todas las cosas tuviesen a Cristo por cabeza, cuando llegase el momento culminante.
LECTURA BREVE FIp 3, 20b-21
Esperamos que venga como salvador Cristo Jesús, el Señor. Él transfigurará nuestro cuerpo de humilde condición en un cuerpo glorioso, semejante al suyo, en virtud del poder que tiene para someter a su imperio todas las cosas.
RESPONSORIO BREVE
V. Ven a
salvarnos, Señor Dios de los ejércitos. R. Ven a
salvarnos.
V. Que brille tu rostro y nos salve.
R. Señor Dios de los ejércitos.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Ven a salvarnos, Señor Dios de los
ejércitos.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Mirad, viene nuestro Rey, el Señor de la tierra; él nos librará del yugo de nuestra esclavitud.
PRECES
Supliquemos, hermanos, a Cristo, juez de vivos y muertos, y digámosle confiados:
Ven, Señor Jesús.
Haz, Señor, que tu justicia, que pregonan los cielos, la reconozca también el mundo, * para que tu gloria habite en nuestra tierra.
Tú que por nosotros quisiste ser débil en tu humanidad, * fortalece a los hombres con la fuerza de tu divinidad.
Ven, Señor, y con la luz de tu palabra * ilumina a los que viven sumergidos en las tinieblas de la ignorancia.
Tú que con tu humillación borraste nuestros pecados, * por tu glorificación llévanos a la felicidad eterna.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Tú que vendrás a juzgar al mundo con gloria y majestad, * lleva a nuestros hermanos difuntos al reino de los cielos.
Movidos por la fe, invoquemos a Dios Padre con la oración que Cristo nos enseñó: Padre nuestro.
Oración
Lleguen a ti, Señor, nuestras plegarias y colma nuestros deseos de llegar a conocer más plenamente el gran misterio de la encarnación de tu Hijo. Que vive y reina contigo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.
Amén.
OFICIO DE LECTURA
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera
celebración del día:
V.
Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo
contrario:
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date
prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Ant.1: Encomienda tu camino al Señor, y él actuará.
Salmo 36
LA VERDADERA Y LA FALSA FELICIDAD
Dichosos los
sufridos, porque ellos
heredarán la tierra. (Mt 5,4)
I
No te exasperes por los malvados,
no envidies a los que obran el
mal:
se secarán pronto, como la hierba,
como el césped verde se
agostarán.
Confía en el Señor y haz el bien,
habita tu tierra y practica la
lealtad;
sea el Señor tu delicia,
y él te dará lo que pide tu
corazón.
Encomienda tu camino al Señor,
confía en él, y él
actuará:
hará brillar tu justicia como el amanecer;
tu derecho, como el
mediodía.
Descansa en el Señor y espera en él,
no te exasperes por el
hombre que triunfa
empleando la intriga:
cohíbe la ira, reprime el coraje,
no te exasperes, no sea que
obres mal;
porque los que obran mal son excluidos,
pero los que esperan en
el Señor poseerán la tierra.
Aguarda un momento: desapareció el malvado,
fíjate en su sitio:
ya no está;
en cambio, los sufridos poseen la tierra
y disfrutan de paz
abundante.
Ant.1: Encomienda tu camino al Señor, y él actuará.
Ant. 2: Apártate del mal y haz el bien; al honrado lo sostiene el Señor.
II
El malvado intriga contra el justo,
rechina sus dientes contra
él;
pero el Señor se ríe de él,
porque ve que le llega su hora.
Los malvados desenvainan la espada,
asestan el arco,
para
abatir a pobres y humildes,
para asesinar a los honrados;
pero su espada
les atravesará el corazón,
sus arcos se romperán.
Mejor es ser honrado con poco
que ser malvado en la
opulencia;
pues al malvado se le romperán los brazos,
pero al honrado lo
sostiene el Señor.
El Señor vela por los días de los buenos,
y su herencia durará
siempre;
no se agostarán en tiempo de sequía,
en tiempo de hambre se
saciarán;
pero los malvados perecerán,
los enemigos del Señor
se
marchitarán como la belleza de un prado,
en humo se disiparán.
El malvado pide prestado y no devuelve,
el justo se compadece y
perdona.
Los que el Señor bendice poseen la tierra,
los que él maldice son
excluidos.
El Señor asegura los pasos del hombre,
se complace en sus
caminos;
si tropieza, no caerá,
porque el Señor lo tiene de la
mano.
Fui joven, ya soy viejo:
nunca he visto a un justo
abandonado,
ni a su linaje mendigando el pan.
A diario se compadece y da
prestado;
bendita será su descendencia.
Apártate del mal -y haz el bien,
y siempre tendrás una
casa;
porque el Señor ama la justicia
y no abandona a sus
fieles.
Los inicuos son exterminados,
la estirpe de los malvados se
extinguirá;
pero los justos poseen la tierra,
la habitarán por siempre
jamás.
Ant. 2: Apártate del mal y haz el bien; al honrado lo sostiene el Señor.
Ant. 3: Confía en el Señor y sigue su camino.
II
La boca del justo expone la sabiduría,
su lengua explica el
derecho;
porque lleva en el corazón la ley de su Dios,
y sus pasos no
vacilan.
El malvado espía al justo
e intenta darle muerte;
pero el
Señor no lo entrega en sus manos,
no deja que lo condenen en el
juicio.
Confía en el Señor, sigue su camino;
él te levantará a poseer la
tierra,
y verás la expulsión de los malvados.
Vi a un malvado que se jactaba,
que prosperaba como un cedro
frondoso;
volví a pasar, y ya no estaba;
lo busqué, y no lo
encontré.
Observa al honrado, fíjate en el bueno:
su porvenir es la
paz;
los impíos serán totalmente aniquilados,
el porvenir de los malvados
quedará truncado.
El Señor es quien salva a los justos,
él es su alcázar en el
peligro;
el Señor los protege y los libra,
los libra de los malvados y los
salva,
porque se acogen a él.
Ant. 3: Confía en el Señor y sigue su camino.
V. Una voz clama en el
desierto: Preparad el camino del Señor.
R. Enderezad las sendas para nuestro
Dios.
PRIMERA LECTURA
Año I:
Del libro del profeta Isaías 35, 1-10
RETORNO DE LOS REDIMIDOS A TRAVÉS DEL DESIERTO
Esto dice el Señor:
«El desierto y el yermo se regocijarán, se alegrarán el páramo y la estepa, florecerá como flor de narciso, se alegrará con gozo y alegría. Tiene la gloria del Líbano, la belleza del Carmelo y el Sarión. Ellos verán la gloria del Señor, la belleza de nuestro Dios.
Fortaleced las manos débiles, robusteced las rodillas vacilantes, decid a los cobardes de corazón: "Sed fuertes, no temáis. Mirad a vuestro Dios, que trae el desquite; viene en persona, resarcirá y os salvará."
Se despegarán los ojos del ciego, los oídos del sordo se abrirán, saltará como un ciervo el cojo, la lengua del mudo cantará. Porque han brotado aguas en el desierto, torrentes en la estepa; el páramo será un estanque, lo reseco un manantial.
En el cubil donde se tumbaban los chacales, brotarán cañas y juncos. Lo cruzará una calzada que llamarán Vía Sacra: no pasará por ella el impuro y los inexpertos no se extraviarán. No habrá por allí leones, ni se acercarán las bestias feroces, sino que caminarán los redimidos y volverán por ella los rescatados del Señor.
Vendrán a Sión entre aclamaciones: en cabeza, alegría perpetua; siguiéndolos, gozo y alegría. Pena y aflicción se alejarán.»
Responsorio Cf. Is 35, 3-4
R. Fortaleced las manos
débiles, robusteced las rodillas vacilantes, vosotros, cobardes de corazón, sed
fuertes; no temáis, dice el Señor, porque vengo * a romper el yugo de vuestra esclavitud.
V. Mirad
a vuestro Dios, que trae el desquite; viene en persona, a resarcir y a
salvarnos.
R. A romper el yugo de vuestra esclavitud.
Año II:
Del libro del profeta Isaías 24, 19-25, S
EL DÍA DEL SEÑOR. HIMNO DE ACCIÓN DE GRACIAS
En aquel día, se tambaleará y se bamboleará la tierra, temblará y se agrietará, se moverá y removerá; vacilará y oscilará como un borracho, cabeceará como una choza. Tanto le pesará su pecado, que se desplomará y no se levantará más.
Aquel día, juzgará el Señor a los ejércitos del cielo en el cielo, y a los reyes de la tierra en la tierra. Se van agrupando, presos en la mazmorra, y quedan encerrados; pasados muchos días comparecerán a juicio. La luna llena se sonrojará, el sol ardiente se avergonzará, cuando reine el Señor de los ejércitos en el monte Sión y en Jerusalén, lleno de gloria ante su senado.
Señor, tú eres mi Dios, te alabaré y te daré gracias porque has realizado maravillas, antiguos designios firmes y seguros. Convertiste la ciudad en escombros, la plaza fuerte en ruinas, el castillo enemigo no será ya jamás reconstruido.
Por eso te glorifica un pueblo fuerte. Y la capital de los tiranos te temerá porque has sido baluarte para el pobre, fortaleza para el desvalido en su angustia, parapeto contra el aguacero, sombra contra el calor. Porque el ánimo de los tiranos es como lluvia en invierno, como canícula en la tierra seca. Mas tú mitigas la canícula con sombra de nubes, tú humillas el canto de los tiranos.
Responsorio Is 25,1. 4
R. Señor, tú eres mi Dios, te
alabaré y te daré gracias * porque has realizado
maravillas.
V. Has sido baluarte para el pobre, fortaleza para el desvalido
en su angustia.
R. Porque has realizado maravillas.
SEGUNDA LECTURA
De la Constitución dogmática Lumen gentium, sobre la Iglesia, del Concilio Vaticano segundo
(Núm. 48)
SOBRE LA ÍNDOLE ESCATOLÓGICA DE LA IGLESIA PEREGRINANTE
La Iglesia, a la que todos hemos sido llamados en Cristo Jesús y en la cual, por la gracia de Dios, adquirimos la santidad, no será llevada a su plena perfección sino cuando llegue el tiempo de la restauración de todas las cosas. Entonces, junto con el género humano, también será perfectamente renovado el universo entero, que está íntimamente unido con el hombre y por él alcanza su fin.
Porque Cristo, levantado en alto sobre la tierra, atrajo hacia sí a todos los hombres; habiendo resucitado de entre los muertos, envió a su Espíritu vivificador sobre sus discípulos y por él constituyó a su cuerpo, que es la Iglesia, como sacramento universal de salvación. Ahora, sentado a la derecha del Padre, actúa sin cesar en el mundo para conducir a los hombres a su Iglesia. Por ella los une más estrechamente a sí y, alimentándolos con su propio cuerpo y sangre, los hace partícipes de su vida gloriosa.
Por tanto, la restauración prometida que esperamos ya comenzó en Cristo, recibe un nuevo impulso con la venida del Espíritu Santo y continúa por medio de él en la Iglesia; en ella por la fe somos instruidos también acerca del sentido de nuestra vida temporal, en tanto que con la esperanza de los bienes futuros llevamos a cabo la obra que el Padre nos ha confiado en el mundo y trabajamos por nuestra salvación.
Ha llegado hasta nosotros la plenitud de los tiempos; la renovación del mundo está irrevocablemente decretada y empieza a realizarse en cierto modo en el siglo presente, pues la Iglesia, ya en la tierra, posee una verdadera santidad, aunque imperfecta.
Y mientras no haya nuevos cielos y nueva tierra, en los que tenga su morada la justicia, la Iglesia peregrinante, en sus sacramentos e instituciones, que pertenecen a este tiempo, lleva consigo la imagen de este mundo que pasa, y ella misma vive entre las creaturas que hasta el presente gimen y sufren dolores de parto, anhelando la manifestación de los hijos de Dios.
Responsorio Flp 3, 20b-21; Tt 2, 12-13
R. Esperamos que venga como
salvador Cristo Jesús, el Señor. * Él
transfigurará nuestro cuerpo de humilde condición en un cuerpo glorioso,
semejante al suyo.
V. Vivamos con sensatez, justicia y religiosidad en esta
vida, aguardando la feliz esperanza y la manifestación de la gloria del gran
Dios.
R. Él transfigurará nuestro cuerpo de humilde condición en un cuerpo
glorioso, semejante al suyo.
Oremos:
Dios nuestro, que
has proclamado tu salvación a todos los confines de la tierra, concédenos
esperar con alegría las fiestas del nacimiento del Salvador, Jesucristo, tu
Hijo. Que vive y reina contigo.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera
celebración del día:
V.
Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo
contrario:
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date
prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
Ven,
Señor, no tardes
Una
clara voz resuena
SALMODIA
Ant. 1: Envíame, Señor, tu luz y tu verdad.
Salmo 42
DESEO DEL TEMPLO
Yo he venido
al mundo como luz.
(Jn 12, 46)
Hazme justicia, ¡oh Dios!, defiende mi causa
contra gente sin
piedad,
sálvame del hombre traidor y malvado.
Tú eres mi Dios y protector,
¿por qué me rechazas?
¿Por qué
voy andando sombrío,
hostigado por mi enemigo?
Envía tu luz y tu verdad:
que ellas me guíen
y me conduzcan
hasta tu monte santo,
hasta tu morada.
Que yo me acerque al altar de Dios,
al Dios de mi
alegría;
que te dé gracias al son de la cítara,
Señor, Dios
mío.
¿Por qué te acongojas, alma mía,
por qué te me turbas?
Espera
en Dios, que volverás a alabarlo:
«Salud de mi rostro, Dios mío»
Ant. 1: Envíame, Señor, tu luz y tu verdad.
Ant. 2: Protégenos, Señor, todos los días de nuestra vida.
Cántico
Is 38, 10-14.17-20
ANGUSTIAS DE UN MORIBUNDO Y ALEGRÍA DE LA
CURACIÓN
Yo soy el que
vive y estaba muerto...
y tengo las llaves de la muerte.
(Ap 1, 17.
18)
Yo pensé: «En medio de mis días
tengo que marchar hacia las
puertas del abismo;
me privan del resto de mis años.»
Yo pensé: «Ya no veré más al Señor
en la tierra de los
vivos,
ya no miraré a los hombres
entre los habitantes del
mundo.
Levantan y enrollan mi vida
como un tienda de pastores.
Como
un tejedor devanaba yo mi vida,
y me cortan la trama.»
Día y noche me estás acabando,
sollozo hasta el amanecer.
Me
quiebras los huesos como un león,
día y noche me estás acabando.
Estoy piando como una golondrina,
gimo como una paloma.
Mis
ojos mirando al cielo se consumen:
¡Señor, que me oprimen, sal fiador por
mí!
Me has curado, me has hecho revivir,
la amargura se me volvió
paz
cuando detuviste mi alma ante la tumba vacía
y volviste la espalda a
todos mis pecados.
El abismo no te da gracias,
ni la muerte te alaba,
ni esperan
en tu fidelidad
los que bajan a la fosa.
Los vivos, los vivos son quienes te alaban:
como yo ahora.
El
padre enseña a sus hijos tu fidelidad.
Sálvame, Señor, y tocaremos nuestras arpas
todos nuestros días
en la casa del Señor.
Ant. 2: Protégenos, Señor, todos los días de nuestra vida.
Ant. 3: ¡Oh Dios!, tú mereces un himno en Sión. +
Salmo 64
SOLEMNE ACCIÓN DE GRACIAS
Cuando se
habla de Sión debe
entenderse del reino
eterno.
(Orígenes)
¡Oh Dios!, tú mereces un himno en Sión, + y a ti se te cumplen los
votos,
porque tú escuchas las súplicas.
A ti acude todo mortal
a causa de sus culpas;
nuestros
delitos nos abruman,
pero tú los perdonas.
Dichoso el que tú eliges y acercas
para que viva en tus
atrios:
que nos saciemos de los bienes de tu casa,
de los dones sagrados
de tu templo.
Con portentos de justicia nos respondes,
Dios, Salvador
nuestro;
tú, esperanza del confín de la tierra
y del océano
remoto;
tú que afianzas los montes con tu fuerza,
ceñido de poder;
tú
que reprimes el estruendo del mar,
el estruendo de las olas
y el tumulto
de los pueblos.
Los habitantes del extremo del orbe
se sobrecogen ante tus
signos
y a las puertas de la aurora y del ocaso
las llenas de
júbilo.
Tú cuidas de la tierra, la riegas
la enriqueces sin
medida;
la acequia de Dios va llena de agua,
preparas los
trigales;
riegas los surcos, igualas los terrones,
tu llovizna los deja
mullidos,
bendices sus brotes;
coronas el año con tus bienes,
las
rodadas de tu carro rezuman abundancia;
rezuman los pastos del páramo,
las colinas se orlan de
alegría;
las praderas se cubren de rebaños,
los valles se visten de
mieses,
que aclaman y cantan.
Ant. 3: ¡Oh Dios!, tú mereces un himno en Sión.
LECTURA BREVE Gn 49, 10
No se apartará de Judá el cetro, ni el bastón de mando de entre sus rodillas, hasta que venga el que ha de venir, aquel a quien le está reservado, a quien rendirán homenaje las naciones.
RESPONSORIO BREVE
V. Sobre ti, Jerusalén,
amanecerá el Señor. R. Sobre ti, Jerusalén.
V. Su gloria
aparecerá sobre ti.
R. Amanecerá el Señor.
V.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: "Alégrate y goza, hija de Sión, porque voy a venir y habitaré en medio de ti", dice el Señor".
PRECES
Oremos, hermanos, a Cristo el Señor, luz que alumbra a todo hombre, y digámosle con gozo:
Ven, Señor Jesús.
Que la luz de tu presencia disipe, Señor, nuestras tinieblas * y nos haga dignos de recibir tus dones.
Sálvanos, Señor Dios nuestro, * y durante todo el día daremos gracias a tu santo nombre.
Enciende nuestros corazones en tu amor, para que deseemos ardientemente tu venida * y anhelemos vivir íntimamente unidos a ti.
Tú que quisiste experimentar nuestras dolencias, * socorre a los enfermos y a los que morirán en el día de hoy.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Recitemos las palabras de Jesús, pidiendo al Padre que venga su reino: Padre nuestro.
Oración
Dios nuestro, que has proclamado tu salvación a todos los confines de la tierra, concédenos esperar con alegría las fiestas del nacimiento del Salvador, Jesucristo, tu Hijo. Que vive y reina contigo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.
Amén.
V. Dios mío, ven en mi
auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Antífona:
Tercia: Los profetas anunciaron que el Salvador
nacería de María Virgen.
Sexta: El ángel
Gabriel saludó a María diciendo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está
contigo, bendita tú entre las mujeres.»
Nona:
María dijo: «¿Qué significa este saludo? Me quedo perpleja ante estas
palabras de que daré a luz un Rey sin perder mi virginidad.»
Salmo 118, 49-56
Recuerda la palabra que diste a tu siervo,
de la que hiciste mi
esperanza;
éste es mi consuelo en la aflicción:
que tu promesa me da
vida;
los insolentes me insultan sin parar,
pero yo no me aparto de tus
mandatos.
Recordando tus antiguos mandamientos,
Señor, quedé
consolado;
sentí indignación ante los malvados,
que abandonan tu
voluntad;
tus leyes eran mi canción
en tierra extranjera.
De noche pronuncio tu nombre,
Señor, y velando, tus
preceptos;
esto es lo que a mí me toca:
guardar tus decretos.
Salmo 52
NECEDAD DE LOS PECADORES
Todos pecaron
y se hallan privados
de la gloria de Dios. (Rm 3, 23)
Dice el necio para si:
«No hay Dios.»
Se han corrompido
cometiendo abominaciones,
no hay quien obre bien.
Dios observa desde el cielo
a los hijos de Adán
para ver si
hay alguno sensato
que busque a Dios
Todos se estravían
igualmente obstinados,
no hay uno que obre
bien,
ni uno solo.
Pero ¿no aprenderán los malhechores
que devoran a mi pueblo como
pan
y no invocan al Señor?
Pues temblarán de espanto
porque Dios esparce los huesos del
agresor,
y serán derrotados,
porque Dios los rechaza.
¡Ojalá venga desde Sión
la salvación de lsrael!
Cuando el
Señor cambie la suerte de su pueblo,
se alegrará Jacob y gozará
Israel.
Salmo 53, 3-6. 8-9
PETICIÓN DE AUXILIO
El profeta
pide verse libre de sus enemigos
por el nombre del Señor.
(Casiano)
Oh Dios!, sálvame por tu nombre,
sal por mi con tu poder.
¡Oh
Dios!, escucha mí súplica,
atiende a mis palabras:
porque unos insolentes se alzan contra mi,
y hombres violentos
me persiguen a muerte
sin tener presente a Dios.
Pero Dios es mi auxilio,
el Señor sostiene mi vida.
te ofreceré un sacrificio voluntario
dando gracias a tu nombre,
que es bueno;
porque me libraste del peligro
y he visto la derrota de mis
enemigos.
Tercia: Los profetas anunciaron que el Salvador nacería de María Virgen.
LECTURA BREVE Jr 23, 5
Mirad que llegan días -oráculo del Señor- en que suscitaré a David un vástago legítimo: reinará como rey prudente, hará justicia y ejercerá el derecho en la tierra.
V. Los gentiles
temerán tu nombre, Señor.
R. Los reyes del mundo tu gloria.
Dios nuestro, que has proclamado tu salvación a todos los confines de la tierra, concédenos esperar con alegría las fiestas del nacimiento del Salvador, Jesucristo, tu Hijo. Que vive y reina contigo.
Sexta: El ángel Gabriel saludó a María diciendo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo, bendita tú entre las mujeres.»
LECTURA BREVE Jr 23, 6
En sus días se salvará Judá, Israel habitará seguro. Y lo llamarán con este nombre: "El-Señor-nuestra-justicia".
V. Acuérdate de
nosotros, Señor, por amor a tu pueblo.
R. Visítanos con tu
salvación.
Oremos:
Dios
nuestro, que has proclamado tu salvación a todos los confines de la tierra,
concédenos esperar con alegría las fiestas del nacimiento del Salvador,
Jesucristo, tu Hijo. Que vive y reina contigo.
Nona: María dijo: «¿Qué significa este saludo? Me quedo perpleja ante
estas palabras de que daré a luz un Rey sin perder mi virginidad.»
LECTURA BREVE Ez 34, 15-16
Yo mismo apacentaré mis ovejas y las llevaré a reposar -oráculo del Señor-. Buscaré las ovejas perdidas, recogeré las descarriadas; vendaré a las heridas, curaré a las enfermas; cuidaré de las fuertes y robustas, y las apacentaré como es debido.
V. Ven, Señor, no
tardes.
R. Perdona los pecados de tu pueblo.
Oremos:
Dios
nuestro, que has proclamado tu salvación a todos los confines de la tierra,
concédenos esperar con alegría las fiestas del nacimiento del Salvador,
Jesucristo, tu Hijo. Que vive y reina contigo.
INVOCACIÓN INICIAL
V.
Dios mío ven en mi auxilio
R. Señor,
date prisa en socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
Éste
es el tiempo en que llegas
Jesucristo,
Palabra del Padre
SALMODIA
Ant.1: No podéis servir a Dios y al dinero.
Salmo 48
VANIDAD DE LAS RIQUEZAS
Es muy
difícil que un rico entre en el
reino de los cielos. (Mt 19,
23)
I
Oíd esto, todas las naciones,
escuchadlo, habitantes del orbe:
plebeyos y nobles, ricos y pobres;
mi boca hablará sabiamente,
y serán muy sensatas mis
reflexiones;
prestaré oído al proverbio
y propondré mi problema al son de
la cítara.
¿Por qué habré de temer los días aciagos,
cuando me cerquen y
me acechen los malvados,
que confían en su opulencia
y se jactan de sus
inmensas riquezas,
si nadie puede salvarse
ni dar a Dios un
rescate?
Es tan caro el rescate de la vida,
que nunca les bastará
para vivir perpetuamente
sin bajar a la fosa.
Mirad: los sabios mueren,
lo mismo que perecen los ignorantes y
necios,
y legan sus riquezas a extraños.
El sepulcro es su morada perpetua
y su casa de edad en edad,
aunque hayan dado nombre a países.
El hombre no perdura en la opulencia,
sino que perece como los
animales.
Ant.1: No podéis servir a Dios y al dinero.
Ant. 2: «Atesorad tesoros en el cielo», dice el Señor.
II
Éste es el camino de los confiados,
el destino de los hombres
satisfechos:
son un rebaño para el abismo,
la muerte es su pastor,
y
bajan derechos a la tumba;
se desvanece su figura
y el abismo es su
casa.
Pero a mí, Dios me salva,
me saca de las garras del abismo
y me lleva consigo.
No te preocupes si se enriquece un hombre
y aumenta el fasto de
su casa:
cuando muera, no se llevará nada,
su fasto no bajará con
él.
Aunque en vida se felicitaba:
«Ponderan lo bien que lo pasas»,
irá a reunirse con sus antepasados,
que no verán nunca la
luz.
El hombre rico e inconsciente
es como un animal que
perece.
Ant. 2: «Atesorad tesoros en el cielo», dice el Señor.
Ant. 3: Digno es el Cordero degollado de recibir el honor y la gloria.
Cántico
Ap 4, 11; 5, 9-10.12
HIMNO A DIOS CREADOR
Eres digno, Señor Dios nuestro,
de recibir la gloria, el honor
y el poder,
porque tú has creado el universo;
porque por tu voluntad
lo que no existía fue creado.
Eres digno de tornar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste
degollado
y por tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza,
lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino
de sacerdotes
y reinan sobre la tierra.
Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza,
la sabiduría,
la fuerza y el honor, la gloria y la alabanza.
Ant. 3: Digno es el Cordero degollado de recibir el honor y la gloria.
LECTURA BREVE Cf. 1Co 1, 7b-9
Esperamos vivamente la revelación de Jesucristo, Señor nuestro. Él nos fortalecerá hasta el fin, de modo que nos encontremos libres de culpa en el día de Jesucristo, nuestro Señor. Fiel es Dios, por quien hemos sido convocados a la unión con su Hijo.
RESPONSORIO BREVE
V. Ven a salvarnos, Señor Dios de los ejércitos. R. Ven a salvarnos.
V. Que brille tu rostro y nos
salve.
R. Señor Dios de los ejércitos.
V.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R.
Ven a salvarnos, Señor Dios de los ejércitos.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Una voz clama en el desierto: «Preparad el camino del Señor, enderezad las sendas para nuestro Dios.»
PRECES
Oremos, hermanos, a Cristo, nuestro Señor y redentor, que vendrá con gloria al fin de los tiempos. y digámosle:
Ven, Señor Jesús.
Señor y redentor nuestro, que al nacer en la carne nos libraste del yugo de la ley, * completa en nosotros los beneficios de tu amor.
Tú que tomaste de nuestra humanidad todo lo que no repugnaba a tu divinidad, * danos de tu naturaleza los dones de los que la nuestra está sedienta.
Con tu presencia da cumplimiento a nuestros deseos, * y con la fuerza de tu amor inflama nuestros corazones.
Danos la gracia de alegramos contigo en la gloria, * pues ya en este mundo nuestra fe sincera te confiesa.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Derrama, Señor, el rocío de tu amor * sobre las almas de todos los difuntos.
Llenos del Espíritu de Jesucristo, nos atrevemos a decir: Padre nuestro.
Oración
Dios nuestro, que has proclamado tu salvación a todos los confines de la tierra, concédenos esperar con alegría las fiestas del nacimiento del Salvador, Jesucristo, tu Hijo. Que vive y reina contigo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.
Amén.
OFICIO DE LECTURA
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera
celebración del día:
V.
Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo
contrario:
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date
prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Ant.1: También nosotros gemimos en nuestro interior, aguardando la redención de nuestro cuerpo.
Salmo 38
SÚPLICA DE UN ENFERMO
La creación
fue sometida a la frustración...,
pero con la esperanza de verse
liberada. (Rm 8, 20)
I
Yo me dije: vigilaré mi proceder,
para que no se me vaya la
lengua;
pondré una mordaza a mi boca
mientras el impío esté
presente.
Guardé silencio resignado,
no hablé con ligereza;
pero mi
herida empeoró,
y el corazón me ardía por dentro;
pensándolo me
requemaba,
hasta que solté la lengua.
Señor, dame a conocer mi fin
y cuál es la medida de mis
años,
para que comprenda lo caduco que soy.
Me concediste un palmo de vida,
mis días son nada ante ti;
el
hombre no dura más que un soplo,
el hombre pasa como pura sombra,
por un
soplo se afana,
atesora sin saber para quién.
Ant.1: También nosotros gemimos en nuestro interior, aguardando la redención de nuestro cuerpo.
Ant. 2: Escucha, Señor, mi oración: no seas sordo a mi llanto.
II
Y ahora, Señor, ¿qué esperanza me queda?
Tú eres mi
confianza.
Líbrame de mis iniquidades,
no me hagas la burla de los
necios.
Enmudezco, no abro la boca,
porque eres tú quien lo ha
hecho.
Aparta de mí tus golpes,
que el ímpetu de tu mano me
acaba.
Escarmientas al hombre
castigando su culpa;
como una polilla
roes sus tesoros;
el hombre no es más que un soplo.
Escucha, Señor, mi oración,
haz caso de mis gritos,
no seas
sordo a mi llanto;
porque yo soy huésped tuyo,
forastero como todos mis
padres.
Aplaca tu ira, dame respiro,
antes de que pase y no
exista.
Ant. 2: Escucha, Señor, mi oración: no seas sordo a mi llanto.
Ant. 3: Yo confío en la misericordia del Señor por siempre jamás.
Salmo 51
CONTRA LA VIOLENCIA DE LOS CALUMNIADORES
El que se gloría, que se gloríe en el Señor. (1Co 1, 31)
¿Por qué te glorías de la maldad
y te envalentonas contra el
piadoso?
Estás todo el día maquinando injusticias
tu lengua es
navaja afilada,
autor de fraudes;
prefieres el mal al bien,
la mentira a la honradez;
prefieres
las palabras corrosivas,
lengua embustera.
Pues Dios te destruirá para siempre,
te abatirá y te barrerá de
tu tienda;
arrancará tus raíces
del suelo vital.
Lo verán los justos, y temerán,
y se reirán de él:
«Mirad al
valiente
que no puso en Dios su apoyo,
confió en sus muchas
riquezas,
se insolentó en sus crímenes.»
Pero yo, como verde olivo,
en la casa de Dios,
confío en su
misericordia
por siempre jamás.
Te daré siempre gracias
porque has actuado;
proclamaré
delante de tus fieles:
«Tu nombre es bueno.»
Ant. 3: Yo confío en la misericordia del Señor por siempre jamás.
V. Señor, Dios nuestro,
restáuranos.
R. Haz brillar tu rostro sobre nosotros y sálvanos.
PRIMERA LECTURA
Año I:
Comienza el libro de Rut 1, 1-22
FIDELIDAD DE RUT
En tiempo de los Jueces, hubo hambre en el país, y un hombre emigró, con su mujer y sus dos hijos, desde Belén de Judá a la campiña de Moab. Se llamaba Elimelec; su mujer, Noemí, y sus hijos, Majlón y Kilión. Eran efrateos, de Belén de Judá. Llegados a la campiña de Moab, se establecieron allí.
Elimelec, el marido de Noemí, murió, y quedaron con ella sus dos hijos, que se casaron con dos mujeres moabitas: una se llamaba Orfá, y la otra, Rut. Pero al cabo de diez años de residir allí, murieron también los dos hijos, Majlón y Kilión, y la mujer se quedó sin marido y sin hijos.
Al enterarse de que el Señor había atendido a su pueblo dándole pan, Noemí, con sus dos nueras, emprendió el camino de vuelta desde la campiña de Moab. En compañía de sus dos nueras salió del lugar donde residía, y emprendieron el regreso al país de Judá. Noemí dijo a sus dos nueras:
«Andad, volveos cada una a vuestra casa. Que el Señor os trate con piedad, como vosotras lo habéis hecho con mis muertos y conmigo. El Señor os conceda vivir tranquilas en casa de un nuevo marido.» Las abrazó. Ellas, rompiendo a llorar, le replicaron:
«¡De ningún modo! Volveremos contigo a tu pueblo.»
Noemí insistió:
«Volveos, hijas. ¿A qué vais a venir conmigo? ¿Creéis que podré tener más hijos, para casaros con ellos? Andad, volveos, hijas, que soy demasiado vieja para casarme. Y aunque pensara que me queda esperanza, y me casara esta noche, y tuviera hijos, ¿vais a esperar a que crezcan, vais a renunciar, por ellos, a casaros? No, hijas. Mi suerte es más amarga que la vuestra, porque la mano del Señor se ha desatado contra mí.»
De nuevo rompieron a llorar. Orfá se despidió de su suegra y volvió a su pueblo, mientras que Rut se quedó con Noemí.
Noemí le dijo:
«Mira, tu cuñada se ha vuelto a su pueblo y a su dios. Vuélvete tú con ella.» .
Pero Rut contestó:
«No insistas en que te deje y me vuelva. Donde tú vayas, iré yo; donde tú vivas, viviré yo; tu pueblo es el mío, tu Dios es mi Dios; donde tú mueras, allí moriré y allí me enterrarán. Sólo la muerte podrá separamos; Y si no, que el Señor me castigue.»
Al ver que se empeñaba en ir con ella, Noemí no insistió más. Y siguieron caminando las dos hasta Belén.
Cuando llegaron, se alborotó toda la población, y las mujeres decían:
«¡Si es Noemí!»
Ella corregía:
«No me llaméis Noemí. Llamadme Mara, porque el Todopoderoso me ha llenado de amargura. Llena me marché, y el Señor me trae vacía. No me llaméis Noemí, que el Señor me afligió, et Todopoderoso me maltrató.»
Así fue como Noemí, con su nuera Rut, la moabita, volvió de la campiña de Moab. Empezaba la siega de la cebada cuando llegaron a Belén.
Responsorio Jl 3. 5; Am 9, 11-12
R. En el monte de Sión y en
Jerusalén quedará un resto; como lo ha prometido el Señor a los supervivientes
* que él llamó.
V. Levantaré la tienda caída
de David, levantaré sus ruinas, para que posean las primicias de Edom y de todas
las naciones.
R. Que él llamó.
Año II:
Del libro del profeta Isaías 25, 6-26, 6
EL FESTÍN DE DIOS. CÁNTICO DE LOS REDIMIDOS
El Señor de los ejércitos prepara para todos los pueblos en este monte un festín de manjares suculentos, un festín de vinos generosos; manjares excelentes, vinos depurados. Y arrancará en este monte el velo de luto que cubre a todos los pueblos, el paño que cubre a todas las naciones, y aniquilará la muerte para siempre. El Señor Dios enjugará las lágrimas de todos los rostros, y el oprobio de su pueblo lo alejará de todo el país -lo ha dicho el Señor- .
Aquel día, se dirá:
«Aquí está nuestro Dios, de quien esperábamos que nos salvara: Alegrémonos y gocemos con su salvación.
La mano del Señor se posará sobre este monte y Moab será pisoteado en su suelo como se pisa la paja en el muladar. Allí dentro extenderá las manos como las extiende el nadador para nadar, pero el Señor humillará su orgullo y los esfuerzos de sus manos. Derrocará los altos baluartes de sus murallas y los abatirá, los arrojará por tierra, hasta el polvo.»
Aquel día, se cantará este canto en el país de Judá:
«Tenemos una ciudad fuerte, él ha puesto para salvarla murallas y baluartes: Abrid las puertas para que entre un pueblo justo, que observa la lealtad; su ánimo está firme y mantiene la paz, porque confía en ti. Confiad siempre en el Señor, porque el Señor es la Roca perpetua: doblegó a los habitantes de la altura y a la ciudad elevada; la humilló, la humilló hasta el suelo, la arrojó al polvo y la aplastan los pies, los pies del humilde, las pisadas de los pobres.»
Responsorio Ap 21, 3; 1s 25, 8
R. Escuché una voz potente que
decía desde el trono: «Ésta es la morada de Dios con los hombres, y acampará
entre ellos. * Ellos serán su pueblo y Dios
estará con ellos.»
V. El Señor Dios aniquilará la muerte para siempre y
enjugará las lágrimas de todos los rostros.
R. Ellos serán su pueblo y Dios
estará con ellos.
SEGUNDA LECTURA
De los Comentarios de san Agustín, obispo, sobre los salmos
(Salmo 109, 1-3: CCL 40, 1601-1603)
DIOS NOS OTORGA SUS PROMESAS POR MEDIO DE SU HIJO
Dios estableció el tiempo de sus promesas y la época de su cumplimiento.
El período de las promesas abarcó desde el tiempo de los profetas hasta Juan Bautista; desde éste hasta el fin es el tiempo de su cumplimiento.
Fiel es Dios, que se constituyó en nuestro deudor; no porque haya recibido algo de nosotros, sino porque nos prometió tan grandes bienes. La promesa le pareció poco; por eso quiso obligarse por escrito, firmando, por decirlo así, un documento que atestiguara sus promesas, para que, cuando comenzara a cumplir las cosas que prometió, viésemos en ese escrito en qué orden se cumplirían. El tiempo de las profecías era -como muchas veces lo he afirmado- el del anuncio de las promesas.
Prometió la salvación eterna, la vida bienaventurada y sin fin en compañía de los ángeles, la herencia imperecedera, la gloria eterna, la dulzura de la contemplación de su rostro, su templo sant,o en los cielos y, como consecuencia de la resurrección, la ausencia total del miedo a la muerte. Ésta es, en cierto modo, su promesa final, hacia la que tienden todos nuestros cuidados, porque una vez que la hayamos alcanzado ya no buscaremos ni exigiremos ninguna otra cosa. También manifestó en qué orden se cumplirían sus promesas y profecías hasta alcanzar ese último fin.
Prometió la divinidad a los hombres, la inmortalidad a los mortales, la justificación a los pecadores, la glorificación a crea tu ras despreciables.
Sin embargo, hermanos, como a los hombres les parecía increíble la promesa de Dios de sacarlos de su condición mortal -de corrupción, bajeza, debilidad, polvo y ceniza- para asemejarlos a los ángeles, no sólo firmó una alianza con los hombres para incitarlos a creer, sino que también estableció un mediador como garante de su fidelidad; y no estableció como mediador a cualquier príncipe o a un ángel o arcángel, sino a su Hijo único. y por él nos mostró el camino que nos conduciría hacia el fin prometido.
Pero no bastó a Dios indicamos el camino por medio de su Hijo: quiso que él mismo fuera el camino, para que, bajo su dirección, tú caminaras por él.
Por tanto, el Hijo único de Dios tenía que venir a los hombres, tenía que hacerse hombre y, en su condición de hombre, tenía que morir, resucitar, subir al cielo, sentarse a la derecha del Padre y cumplir todas sus promesas en favor de las naciones. Y, después del cumplimiento de estas promesas, cumplirá también la promesa de venir otra vez para pedir cuentas de sus dones, para separar a los que se hicieron merecedores de su ira de quienes se hicieron merecedores de su misericordia, para castigar a los impíos, conforme lo había amenazado, y para recompensar a los justos, según lo había prometido.
Todo esto debió ser profetizado y preanunciado para que no atemorizara a nadie si acontecía de repente, sino que, siendo objeto de nuestra fe, lo fuese también de una ardiente esperanza.
Responsorio Mi 7, 19; Hch 10, 43
R. Nuestro Dios volverá a
compadecerse, * extinguirá nuestras culpas y
arrojará al fondo del mar todos nuestros delitos.
V. Todos los profetas
aseguran que cuantos tengan fe en él recibirán por su nombre el perdón de sus
pecados.
R. Extinguirá nuestras culpas y arrojará al fondo del mar todos
nuestros delitos.
Oremos:
Dios todopoderoso,
que nos has mandado preparar el camino para la venida de Cristo, no permitas que
desfallezcamos por nuestras debilidades los que esperamos la llegada consoladora
del médico celestial. Que vive y reina contigo.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera
celebración del día:
V.
Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo
contrario:
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date
prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
Ven,
Señor, no tardes
Una
clara voz resuena
SALMODIA
Ant. 1: Dios mío, tus caminos son santos: ¿qué dios es tan grande como nuestro Dios?
Salmo 76
RECUERDO DEL PASADO GLORIOSO DE ISRAEL
Nos aprietan
por todos lados, pero
no nos aplastan. (2Co 4, 8)
Alzo mi voz a Dios gritando,
Alzo mi voz a Dios para que me
oiga.
En mi angustia te busco, Señor mío;
de noche extiendo las manos
sin descanso,
y mi alma rehúsa el consuelo.
Cuando me acuerdo de Dios,
gimo,
y meditando me siento desfallecer.
Sujetas los párpados de mis ojos,
y la agitación no me deja
hablar.
Repaso los días antiguos,
recuerdo los años remotos;
de noche
lo pienso en mis adentros,
y meditándolo me pregunto:
¿Es que el Señor nos rechaza para siempre
y ya no volverá a
favorecernos?
¿Se ha agotado ya su misericordia,
se ha terminado para
siempre su promesa?
¿Es que Dios se ha olvidado de su bondad,
o la cólera
cierra sus entrañas?
Y me digo: ¡Qué pena la mía!
¡Se ha cambiado la diestra del
Altísimo!
Recuerdo las proezas del Señor;
sí, recuerdo tus antiguos
portentos,
medito todas tus obras
y considero tus hazañas.
Dios mío, tus caminos son santos:
¿qué dios es grande como
nuestro Dios?
Tú, ¡oh Dios!, haciendo maravillas,
mostraste tu poder a los
pueblos;
con tu brazo rescataste a tu pueblo,
a los hijos de Jacob y de
José.
Te vio el mar, ¡oh Dios!,
te vio el mar y tembló,
las olas se
estremecieron.
Las nubes descargaban sus aguas,
retumbaban los
nubarrones,
tus saetas zigzagueaban.
Rodaba el fragor de tu trueno,
los relámpagos deslumbraban el
orbe,
la tierra retembló estremecida.
Tú te abriste camino por las aguas,
un vado por las aguas
caudalosas,
y no quedaba rastro de tus huellas:
mientras guiabas a tu pueblo, como a un rebaño,
por la mano de
Moisés y de Aarón.
Ant. 1: Dios mío, tus caminos son santos: ¿qué dios es tan grande como nuestro Dios?
Ant. 2: Mi corazón se regocija por el Señor, que humilla y enaltece.
Cántico
Is 2, 1-10
ALEGRÍA DE LOS HUMILDES EN DIOS
Derriba del
trono a los poderosos
y enaltece a los humildes;
a los hambrientos los
colma
de bienes. (Lc 1, 52-53)
Mi corazón se regocija por el Señor,
mi poder se exalta por
Dios;
mi boca se ríe de mis enemigos,
porque gozo con tu salvación.
No
hay santo como el Señor,
no hay roca como nuestro Dios.
No multipliquéis discursos altivos,
no echéis por la boca
arrogancias,
porque el Señor es un Dios que sabe;
él es quien pesa las
acciones.
Se rompen los arcos de los valientes,
mientras los cobardes se
ciñen de valor;
los hartos se contratan por el pan,
mientras los
hambrientos
no tienen ya que trabajar;
la mujer estéril da a luz siete
hijos,
mientras la madre de muchos se marchita.
El Señor de la muerte y la vida,
hunde en el abismo y
levanta;
da la pobreza y la riqueza,
humilla y enaltece.
Él levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al
pobre,
para hacer que se siente entre príncipes
y que herede un trono de
gloria;
pues del Señor son los pilares de la tierra,
y sobre ellos afianzó
el orbe.
Él guarda los pasos de sus amigos,
mientras los malvados perecen
en las tinieblas
porque el hombre no triunfa por su fuerza.
El Señor desbarata a sus contrarios,
el Altísimo truena desde el
cielo,
el Señor juzga hasta el confín de la tierra.
Él da fuerza a su
Rey,
exalta el poder de su Ungido.
Ant. 2: Mi corazón se regocija por el Señor, que humilla y enaltece.
Ant. 3: El Señor reina, la tierra goza. +
Salmo 96
EL SEÑOR ES UN REY MAYOR QUE TODOS LOS
DIOSES
Este salmo
canta la salvación
del mundo y la conversión
de todos los pueblos. (S.
Atanasio)
El Señor reina, la tierra goza,
+ se alegran las islas
innumerables.
Tiniebla y nube lo rodean,
justicia y derecho sostienen su
trono.
Delante de él avanza fuego
abrasando en torno a los enemigos;
sus relámpagos deslumbran el orbe,
y, viéndolos, la tierra se
estremece.
Los montes se derriten como cera
ante el dueño de toda la
tierra;
los cielos pregonan su justicia,
y todos los pueblos contemplan
su gloria.
Los que adoran estatuas se sonrojan,
los que ponen su orgullo
en los ídolos;
ante él se postran todos los dioses.
Lo oye Sión y se alegra,
se regocijan las ciudades de
Judá
por tus sentencias, Señor;
porque tú eres, Señor,
altísimo sobre toda la
tierra,
encumbrado sobre todos los dioses.
El Señor ama al que aborrece el mal,
protege la vida de sus
fieles
y los libra de los malvados.
Amanece la luz para el justo,
y la alegría para los rectos de
corazón.
Alegraos, justos, con el Señor,
celebrad su santo
nombre.
Ant. 3: El Señor reina, la tierra goza.
LECTURA BREVE Is 7, 14b-15
Mirad: la Virgen ha concebido y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel: «Dios-con-nosotros». Éste comerá requesón y miel, hasta que aprenda a rechazar el mal y a escoger el bien.
RESPONSORIO BREVE
V. Sobre ti,
Jerusalén, amanecerá el Señor.
R.
Sobre ti, Jerusalén.
V. Su gloria aparecerá sobre ti.
R. Amanecerá
el Señor.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al
Espíritu Santo.
R. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Se sentará en el trono de David para siempre y su reino no tendrá fin. Aleluya.
PRECES
Oremos, hermanos, a nuestro Señor Jesucristo, que en su misericordia nos visita, y digámosle con insistencia:
Ven, Señor Jesús.
Tú que viniste del seno del Padre para revestirte de nuestra carne mortal, * libra de toda corrupción a nuestra naturaleza caída.
Tú que cuando vengas al final de los tiempos aparecerás glorioso ante tus elegidos, * al venir ahora muéstrate clemente y compasivo con los pecadores.
Nuestra gloria, oh Cristo, es alabarte; * visítanos, pues, con tu salvación.
Tú que por la fe nos has llevado a la luz, * haz que te agrademos también con nuestras obras.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Pidamos que el reino de Dios llegue a todos los hombres: Padre nuestro.
Oración
Dios todopoderoso, que nos has mandado preparar el camino para la venida de Cristo, no permitas que desfallezcamos por nuestras debilidades los que esperamos la llegada consoladora del médico celestial. Que vive y reina contigo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.
Amén.
V. Dios mío, ven en mi
auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Antífona:
Tercia: Los profetas
anunciaron que el Salvador nacería de María Virgen.
Sexta: El ángel Gabriel saludó a María diciendo:
«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo, bendita tú entre las
mujeres.»
Nona: María dijo: «¿Qué significa
este saludo? Me quedo perpleja ante estas palabras de que daré a luz un Rey sin
perder mi virginidad.»
Salmo 118, 57-64
El Señor es mi herencia;
he resuelto guardar tus palabras;
de
todo corazón busco tu favor:
ten piedad de mí según tu promesa;
he
examinado mi camino,
para enderezar mis pies a tus preceptos.
Con diligencia, sin tardanza,
observo tus mandatos;
los lazos
de los malvados me envuelven,
pero no olvido tu voluntad;
a media noche me
levanto para darte gracias
por tus justos mandamientos.
Me junto con tus fieles,
que guardan tus decretos
Señor, de
tu bondad está llena la tierra;
enséñame tus leyes.
Salmo 54, 2-15.17-24
ORACIÓN ANTE LA TRAICIÓN DE UN
AMIGO
Jesús empezó
a sentir terror
y angustia. (Mc 14,33)
I
Dios mío, escucha mi oración,
no te cierres a mi
súplica;
hazme caso y respóndeme,
me agitan mis ansiedades.
Me turba la voz del enemigo,
los gritos del
malvado:
descargan sobre mí calamidades
y me atacan con furia.
Se estremece mi corazón,
me sobrecoge mi pavor mortal,
me
asalta el temor y el terror,
me cubre el espanto,
y pienso: «¡Quién me diera alas de paloma
para volar y
posarme!
Emigraría lejos,
habitaría en el desierto,
me pondría en seguida a salvo de la tormenta,
del huracán que
devora, Señor;
del torrente de sus lenguas.»
Violencia y discordia veo en la ciudad:
día y noche hacen la
ronda sobre las murallas;
en su recinto, crimen e injusticia;
dentro de ella,
calamidades;
no se apartan de su plaza
la crueldad y el engaño.
II
Si mi enemigo me injuriase,
lo aguantaría;
si mi adversario
se alzase contra mí,
me escondería de él;
pero eres tú, mi compañero,
mi amigo y confidente,
a quien me
unía una dulce intimidad:
juntos íbamos entre el bullicio por la casa de
Dios.
Pero yo invoco a Dios,
y el Señor me salva:
por la tarde, en
la mañana, al mediodía,
me quejo gimiendo.
Dios escucha mi voz:
su paz rescata mi alma
de la guerra que
me hacen,
porque son muchos contra mí.
Dios me escucha, los humilla
el que reina desde
siempre,
porque no quieren enmendarse
ni temen a Dios.
Levantan la mano contra su aliado,
violando los pactos;
su
boca es más blanda que la manteca,
pero desean la guerra;
sus palabras son
más suaves que el aceite,
pero son puñales.
Encomienda a Dios tus afanes,
que él te sustentará;
no
permitirá jamás que el justo caiga.
Tú, Dios mío, los harás bajar a ellos
a la fosa profunda.
Los
traidores y sanguinarios
no cumplirán ni la mitad de sus años.
Pero yo
confío en ti.
Tercia: Los profetas anunciaron que el Salvador nacería de María Virgen.
LECTURA BREVE Is 2, 11
Los ojos orgullosos serán humillados, será doblegada la arrogancia humana; sólo el Señor será ensalzado aquel día.
V. Los gentiles
temerán tu nombre, Señor.
R. Los reyes del mundo tu gloria.
Oremos:
Dios
todopoderoso, que nos has mandado preparar el camino para la venida de Cristo,
no permitas que desfallezcamos por nuestras debilidades los que esperamos la
llegada consoladora del médico celestial. Que vive y reina contigo.
Sexta: El ángel Gabriel saludó a María diciendo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo, bendita tú entre las mujeres.»
LECTURA BREVE Is 12,
2
Él es mi Dios y
salvador: confiaré y no temeré, porque mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue
mi salvación.
V. Acuérdate de
nosotros, Señor, por amor a tu pueblo.
R. Visítanos con tu
salvación.
Oremos:
Dios
todopoderoso, que nos has mandado preparar el camino para la venida de Cristo,
no permitas que desfallezcamos por nuestras debilidades los que esperamos la
llegada consoladora del médico celestial. Que vive y reina contigo.
Nona: María dijo: «¿Qué significa este saludo? Me quedo perpleja ante estas palabras de que daré a luz un Rey sin perder mi virginidad.»
LECTURA BREVE Dn 9,
19
¡Señor, escucha!
¡Señor, perdona! ¡Señor, atiende y obra! ¡No tardes más, por ti mismo, oh Dios
mío, pues tu nombre se invoca sobre tu pueblo!.
V. Ven Señor, y
no tardes.
R. Perdona los pecados de tu pueblo.
Oremos:
Dios
todopoderoso, que nos has mandado preparar el camino para la venida de Cristo,
no permitas que desfallezcamos por nuestras debilidades los que esperamos la
llegada consoladora del médico celestial. Que vive y reina contigo.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al
Señor.
R. Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío, ven en mi
auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
Éste
es el tiempo en que llegas
Jesucristo,
Palabra del Padre
SALMODIA
Ant. 1: Aguardamos la alegre esperanza, la aparición gloriosa de nuestro Salvador.
Salmo 61
DIOS, ÚNICA ESPERANZA DEL JUSTO
Que el Dios
de la esperanza os colme
de todo gozo y paz. (Rm 15,
13)
Sólo en Dios descansa mi alma,
porque de él viene mi salvación;
sólo él es mi roca y mi salvación,
mi alcázar: no vacilaré.
¿Hasta cuándo arremeteréis contra un hombre
todos juntos, para
derribarlo
como a una pared que cede
o a una tapia ruinosa?
Sólo piensan en derribarme de mi altura
y se complacen en la
mentira:
con la boca bendicen,
con el corazón maldicen.
Descansa sólo en Dios, alma mía,
porque él es mi esperanza;
sólo él es mi roca y mi salvación,
mi alcázar: no vacilaré.
De Dios viene mi salvación y mi gloria,
él es mi roca firme,
Dios es mi refugio.
Pueblo suyo, confiad en él,
desahogad ante él vuestro corazón,
que Dios es nuestro refugio.
Los hombres no son más que un soplo,
los nobles son apariencia:
todos juntos en la balanza subirían
más leves que un soplo.
No confiéis en la opresión,
no pongáis ilusiones en el robo;
y aunque crezcan vuestras riquezas,
no les deis el corazón.
Dios ha dicho una cosa,
y dos cosas que he
escuchado:
«Que Dios tiene el poder
y el Señor tiene la gracia;
que tú
pagas a cada uno
según sus obras.»
Ant. 1: Aguardamos la alegre esperanza, la aparición gloriosa de nuestro Salvador.
Ant. 2: Que Dios ilumine su rostro sobre nosotros y nos bendiga.
Salmo 66
QUE TODOS LOS PUEBLOS ALABEN AL SEÑOR
Sabed que
esta Salvación de Dios
ha sido enviada a los gentiles
(Hch 28,
28)
El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre
nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu
salvación.
¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te
alaben.
Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con
justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la
tierra.
¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te
alaben.
La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro
Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del
orbe.
Ant. 2: Que Dios ilumine su rostro sobre nosotros y nos bendiga.
Ant. 3: Todo fue creado por él y para él.
Cántico
Cf. Col 1, 12-20
HIMNO A CRISTO, PRIMOGÉNITO DE TODA CREATURA Y PRIMER
RESUCITADO DE ENTRE LOS MUERTOS
Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de
compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.
Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha
trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la
redención,
el perdón de los pecados.
Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda
creatura;
pues por medio de él fueron creadas todas las cosas:
celestes y
terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados,
Potestades;
todo fue creado por él y para él.
Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también
la cabeza del cuerpo de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de
entre los muertos,
y así es el primero en todo.
Porque en él quiso Dios que residiera toda plenitud.
Y por él
quiso reconciliar consigo todas las cosas:
haciendo la paz por la sangre de
su cruz
con todos los seres, así del cielo como de la tierra.
Ant. 3: Todo fue creado por él y para él.
LECTURA BREVE 1Co 4, 5
No juzguéis antes de tiempo; dejad que venga el Señor. Él sacará a la luz lo que está oculto en las tinieblas y pondrá al descubierto las intenciones del corazón. Entonces vendrá a cada uno su alabanza de parte de Dios.
RESPONSORIO BREVE
V. Ven a
salvarnos, Señor Dios de los ejércitos.
R. Ven a
salvarnos.
V. Que brille tu rostro y nos
salve.
R. Señor Dios de los ejércitos.
V.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Ven a salvarnos, Señor Dios de los
ejércitos.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Sión, serás renovada y verás cómo amanece sobre ti el Justo que ha de venir.
PRECES
Roguemos, amados hermanos, a Jesucristo, que nos salvó de las tinieblas de nuestros pecados, y con humildad invoquémoslo, diciendo:
Ven, Señor Jesús.
Congrega, Señor, a todos los pueblos de la tierra * y establece con todos tu alianza eterna.
Cordero de Dios, que viniste para quitar el pecado del mundo, * purifícanos de nuestras faltas y pecados.
Tú que viniste a salvar lo que se había perdido, * ven de nuevo para que no perezcan los que salvaste.
Cuando vengas, danos parte en tu gozo eterno, * pues ya desde ahora hemos puesto nuestra fe en ti.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Tú que has de venir a juzgar a los vivos y a los muertos, * recibe, entre tus elegidos, a nuestros hermanos difuntos.
Digamos juntos con fe las palabras que Cristo nos enseñó: Padre nuestro.
Oración
Dios todopoderoso, que nos has mandado preparar el camino para la venida de Cristo, no permitas que desfallezcamos por nuestras debilidades los que esperamos la llegada consoladora del médico celestial. Que vive y reina contigo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.
Amén.
OFICIO DE LECTURA
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera
celebración del día:
V.
Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo
contrario:
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date
prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Ant.1: Nos diste, Señor, la victoria sobre el enemigo; por eso damos gracias a tu nombre.
Salmo 43
ORACIÓN DEL PUEBLO DE DIOS QUE SUFRE ENTREGADO A SUS
ENEMIGOS
En todo
vencemos fácilmente
por aquel que nos ha amado.
(Rm 8,
37)
I
¡Oh Dios!, nuestros oídos lo oyeron,
nuestros padres nos lo han
contado:
la obra que realizaste en sus días,
en los años
remotos.
Tú mismo, con tu mano, desposeiste a los gentiles
y los
plantaste a ellos;
trituraste a las naciones,
y los hiciste crecer a
ellos.
Porque no fue su espada la que ocupó la tierra,
ni su brazo el
que les dio la victoria;
sino tu diestra y tu brazo y la luz de tu
rostro,
porque tú los amabas.
Mi rey y mi Dios eres tú,
que das la victoria a Jacob:
con tu
auxilio embestimos al enemigo,
en tu nombre pisoteamos al agresor.
Pues yo no confío en mi arco,
ni mi espada me da la
victoria;
tú nos das la victoria sobre el enemigo
y derrotas a nuestros
adversarios.
Dios ha sido siempre nuestro orgullo,
y siempre damos gracias a
tu nombre.
Ant.1: Nos diste, Señor, la victoria sobre el enemigo; por eso damos gracias a tu nombre.
Ant. 2: Perdónanos, Señor, y no entregues tu heredad al oprobio.
II
Ahora, en cambio, nos rechazas y nos avergüenzas,
y ya no sales,
Señor, con nuestras tropas:
nos haces retroceder ante el enemigo,
y
nuestro adversario nos saquea.
Nos entregas como ovejas a la matanza
y nos has dispersado por
las naciones;
vendes a tu pueblo por nada,
no lo tasas muy
alto.
Nos haces el escarnio de nuestros vecinos,
irrisión y burla de
los que nos rodean;
nos has hecho el refrán de los gentiles,
nos hacen
muecas las naciones.
Tengo siempre delante mi deshonra,
y la vergüenza me cubre la
cara
al oír insultos e injurias,
al ver a mi rival y a mi
enemigo.
Ant. 2: Perdónanos, Señor, y no entregues tu heredad al oprobio.
Ant. 3: Levántate, Señor, y redímenos por tu misericordia.
III
Todo esto nos viene encima,
sin haberte olvidado
ni haber
violado tu alianza,
sin que se volviera atrás nuestro corazón
ni se
desviaran de tu camino nuestros pasos;
y tú nos arrojaste a un lugar de
chacales
y nos cubriste de tinieblas.
Si hubiéramos olvidado el nombre de nuestro Dios
y extendido las
manos a un dios extraño,
el Señor lo habría averiguado,
pues él penetra
los secretos del corazón.
Por tu causa nos degüellan cada día,
nos tratan como a ovejas de
matanza.
Despierta, Señor, ¿por qué duermes?
Levántate, no nos rechaces
más.
¿Por qué nos escondes tu rostro
y olvidas nuestra desgracia y
opresión?
Nuestro aliento se hunde en el polvo,
nuestro vientre está
pegado al suelo.
Levántate a socorrernos,
redímenos por tu
misericordia.
Ant. 3: Levántate, Señor, y redímenos por tu misericordia.
V. Escuchad, naciones, la
palabra del Señor.
R. Y proclamadla en todos los confines de la
tierra.
PRIMERA LECTURA
Año I:
Del libro de Rut 2, 1-13
ENCUENTRO DE BOAZ CON RUT
Noemí tenía, por parte de su marido, un pariente de muy buena posición, llamado Boaz, de la familia de Elimelec. Rut, la moabita, dijo a Noemí:
«Déjame ir al campo, a espigar donde me admitan por caridad.»
Noemí le respondió:
«Anda, hija.» Se marchó y fue a espigar en las tierras, siguiendo a los segadores. Fue a parar a una de las tierras de Boaz, de la familia de Elimelec; y, en aquel momento, llegaba él de Belén y saludó a los segadores:
«¡A la paz de Dios!»
Respondieron:
«¡Dios te bendiga!»
Luego, preguntó al mayoral:
«¿De quién es esa chica?»
El mayoral respondió:
«Es una chica moabita, la que vino con Noemí de la campiña de Moab. Me dijo que la dejase espigar detrás de los segadores hasta juntar unas gavillas; desde que llegó por la mañana, ha estado en pie hasta ahora, sin parar un momento.»
Entonces Boaz dijo a Rut:
«Escucha, hija. No vayas a espigar a otra parte, no te vayas de aquí ni te alejes de mis tierras. Fíjate en qué tierra siegan los hombres y sigue a las espigadoras. Dejo dicho a mis criados que no te molesten. Cuando tengas sed, vete donde los botijos y bebe de lo que saquen los criados.»
Rut se echó, se postró ante él por tierra y le dijo:
«Yo soy una forastera; ¿por qué te he caído en gracia y te has interesado por mí?»
Boaz respondió:
«Me han contado todo lo que hiciste por tu suegra después que murió tu marido: que dejaste a tus padres y tu pueblo natal y has venido a vivir con gente desconocida. El Señor te pague esta buena acción. El Dios de Israel, bajo cuyas alas has venido a refugiarte, te lo pague con creces.»
Ella dijo:
«Ojalá sepa yo agradarte, señor; me has tranquilizado, y has llegado al corazón de tu servidora, aunque no soy ni una criada tuya.»
Responsorio Os 2, 24; Lc 13, 29
R. Me compadeceré de la
«No-compadecida», * y diré a «No es-mi-pueblo»:
«Tú eres mi pueblo», y él responderá: «Tú eres mi Dios.»
V. Vendrán del
oriente y del occidente, del norte y del sur.
R. Y diré a «No-es-mi-pueblo»:
«Tú eres mi pueblo», y él responderá: «Tú eres mi Dios.»
Año II:
Del libro del profeta Isaías 26, 7-21
CÁNTICO DE LOS JUSTOS. PROMESA DE RESURRECCIÓN
La senda del justo es recta. Tú allanas el sendero del justo; en la senda de tus juicios, Señor, te esperamos, ansiando tu nombre y tu recuerdo.
Mi alma te ansía de noche, mi espíritu en mi interior madruga por ti, porque tus juicios son luz de la tierra, y aprenden justicia los habitantes del orbe.
Si se muestra favor al impío, no aprende la justicia: En tierra de honradez obra mal y no ve la grandeza del Señor. Señor, alzada está tu mano, pero no la miran; que miren avergonzados tu celo por el pueblo, que un fuego devore a tus enemigos.
Señor, tú nos darás la paz, porque todas nuestras empresas nos las realizas tú.
Señor Dios nuestro, nos dominaron señores distintos de ti; pero nosotros sólo a ti reconocemos e invocamos tu nombre.
Los muertos no vivirán, sus sombras no se levantarán, porque tú los juzgaste, los aniquilaste y extirpaste su memoria.
Señor, multiplicaste el pueblo y manifestaste tu gloria, ensanchaste los confines del país. Señor, en el peligro acudíamos a ti, cuando apretaba la fuerza de tu escarmiento. Como la mujer que va a dar a luz se retuerce y grita angustiada, así éramos en tu presencia, Señor: concebimos, nos retorcimos, mas sólo viento hemos dado a luz; no hemos dado salvación al país, no le nacieron habitantes al mundo.
¡Vivirán tus muertos, sus cadáveres resucitarán, despertarán jubilosos los que habitan en el polvo! Porque tu rocío es rocío de luz, y la tierra echará de su seno las sombras.
Anda, pueblo mío, entra en los aposentos y cierra las puertas por dentro; escóndete un breve instante mientras pasa la cólera.
Porque el Señor va a salir de su morada para castigar la iniquidad de los habitantes de la tierra: la tierra descubrirá la sangre derramada y no ocultará más a sus muertos.
Responsorio Is 26, 19; Dn 12, 2
R. Despertarán jubilosos los
que habitan en el polvo, * porque el rocío del
Señor es rocío de luz.
V. Muchos de los que duermen en el polvo de la tierra
se despertarán.
R. Porque el rocío del Señor es rocío de luz.
SEGUNDA LECTURA
De los Sermones de san Pedro Crisólogo, obispo
(Sermón 147: PL 52, 594-595)
EL AMOR ANHELA VER A DIOS
Al ver al mundo oprimido por el temor, Dios procura continuamente llamarlo con amor; lo invita con su gracia, lo atrae con su caridad, lo abraza con su afecto.
Por eso lava con las aguas del diluvio a la tierra que se había pervertido y constituye a Noé padre de la nueva generación, le brinda su amistad, le habla amablemente, le indica lo que debe hacer y lo consuela, prometiéndole su favor para el futuro. Deja luego de darle órdenes y, tomando parte él mismo en la labor, ayuda a encerrar en el arca a aquella descendencia que había de perdurar por todos los tiempos, para que este amor, que se manifestaba en la participación de aquel trabajo, borrara todo temor, que es propio de la servidumbre, y para que así esta comunidad de amor conservara lo que había sido salvado por la comunidad de labor.
Por eso llama también luego a Abraham de entre los paganos, engrandece su nombre, lo hace padre de la fe, lo acompaña en el camino, lo cuida durante su permanencia en un país extranjero, lo enriquece con toda clase de bienes, lo honra con triunfos, lo regala con promesas, lo libra de las injurias, lo consuela haciéndose su huésped y, contra toda esperanza, le concede milagrosamente un hijo; para que, colmado con tantos beneficios y atraído con tantas pruebas de la caridad divina, aprenda a amar a Dios y no a temerlo, a rendirle culto por amor y no dominado por el terror.
Por eso consuela en sueños a Jacob durante su huida, y a su regreso lo incita a luchar y a trabarse con él en singular combate; para que terminara amando, no temiendo, al autor de ese combate.
Por eso llama a Moisés, revelándose como el Dios de sus antepasados, le habla con amor de padre y lo apremia a que libere a su pueblo de la opresión de Egipto.
Ahora bien, por todo lo que acabamos de evocar -que manifiesta cómo la llama de la divina caridad encendió los corazones de los hombres y cómo Dios derramó en sus sentidos la abundancia de su amor-, los hombres, que estaban privados de la visión de Dios a causa del pecado, comenzaron a desear ver su rostro.
Pero la mirada del hombre, tan limitada, ¿cómo podría abarcar a Dios, a quien el mundo no puede contener? La fuerza del amor no mide las posibilidades, ignora las fronteras. El amor no discierne, no reflexiona, no conoce razones. El amor no se resigna ante la imposibilidad, no se intimida ante ninguna dificultad.
Si el amor no alcanza el objeto de sus deseos, llega hasta a ocasionar la muerte del amante; va, por lo tanto, hacia donde es impulsado, no hacia donde parece lógico que deba de ir. El amor engendra el deseo, se enardece cada vez más y tiende con mayor vehemencia hacia lo que no consigue alcanzar, Y ¿qué más diré?
El amor no descansa mientras no ve lo que ama; por eso los santos estimaban en poco cualquier recompensa, mientras no viesen a Dios.
Por eso el amor que ansía ver a Dios se ve impulsado, por encima de todo discernimiento, por el deseo ardiente de encontrarse con él.
Por eso Moisés se atrevió a decir: Si he obtenido tu favor, muéstrate a mí.
Por eso también se dice en otro lugar: Déjame ver tu figura. Y hasta los mismos paganos en medio de sus errores se fabricaron ídolos para poder ver con sus propios ojos el objeto de su culto.
Responsorio Cf. Is 66, 13; d. 1R 11, 36; Is 66, 14; 46, 13
R. Como una madre consuela a su
hijo, así yo os consolaré -dice el Señor-: y de Jerusalén, la ciudad que yo he
elegido, os llegará el auxilio: * Al verlo se
alegrará vuestro corazón.
V. Daré la salvación en Sión y mi honor será para
Israel.
R. Al verlo se alegrará vuestro corazón.
Oremos:
Señor, despierta en
nuestros corazones el deseo de preparar la venida de tu Hijo, para que, cuando
venga, podamos servirte libres de toda mancha. Por nuestro Señor Jesucristo, tu
Hijo.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera
celebración del día:
V.
Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo
contrario:
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date
prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
Ven,
Señor, no tardes
Una
clara voz resuena
SALMODIA
Ant. 1: Despierta tu poder, Señor, y ven a salvarnos.
Salmo 79
VEN A VISITAR TU VIÑA
Ven, Señor Jesús. (Ap 22,20)
Pastor de Israel, escucha,
tú que guías a José como a un
rebaño;
tú que te sientas sobre querubines, resplandece
ante Efraím,
Benjamín y Manasés;
despierta tu poder y ven a salvarnos.
¡Oh Dios!, restáuranos,
que brille tu rostro y nos
salve.
Señor, Dios de los ejércitos,
¿hasta cuándo estarás
airado
mientras tu pueblo te suplica?
Le diste a comer llanto,
a beber lágrimas a tragos;
nos
entregaste a las disputas de nuestros vecinos,
nuestros enemigos se burlan de
nosotros.
Dios de los ejércitos, restáuranos,
que brille tu rostro y nos
salve.
Sacaste una vid de Egipto,
expulsaste a los gentiles, y la
trasplantaste;
le preparaste el terreno y echó raíces
hasta llenar el
país;
su sombra cubría las montañas,
y sus pámpanos, los cedros
altísimos;
extendió sus sarmientos hasta el mar,
y sus brotes hasta el
Gran Río.
¿Por qué has derribado su cerca
para que la saqueen los
viandantes,
la pisoteen los jabalíes
y se la coman las
alimañas?
Dios de los ejércitos, vuélvete:
mira desde el cielo,
fíjate,
ven a visitar tu viña,
la cepa que tu diestra plantó,
y que tú
hiciste vigorosa.
La han talado y le han prendido fuego:
con un bramido hazlos
perecer.
Que tu mano proteja a tu escogido,
al hombre que tú
fortaleciste.
No nos alejaremos de ti:
danos vida, para que invoquemos tu
nombre,
Señor Dios de los ejércitos, restáuranos,
que brille tu rostro y
nos salve.
Ant. 1: Despierta tu poder, Señor, y ven a salvarnos.
Ant. 2: Anunciad a toda la tierra que el Señor hizo proezas.
Cántico
Is 12, 1-6
ACCIÓN DE GRACIAS DEL PUEBLO SALVADO
El que tenga
sed que venga a
mí y que beba. (Jn 7, 37)
Te doy gracias, Señor,
porque estabas airado contra mí,
pero
ha cesado tu ira
y me has consolado.
Él es mi Dios y salvador:
confiaré y no temeré,
porque mi
fuerza y mi poder es el Señor,
él fue mi salvación.
Y sacaréis aguas con
gozo
de las fuentes de la salvación.
Aquel día, diréis:
Dad gracias al Señor,
invocad su
nombre,
contad a los pueblos sus hazañas,
proclamad que su nombre es
excelso.
Tañed para el Señor, que hizo proezas;
anunciadlas a toda la
tierra;
gritad jubilosos, habitantes de Sión:
«¡Qué grande es en medio de
ti
el Santo de Israel!»
Ant. 2: Anunciad a toda la tierra que el Señor hizo proezas.
Ant. 3: Aclamad a Dios, nuestra fuerza. +
Salmo 80
SOLEMNE RENOVACIÓN DE LA ALIANZA
Mirad que no
tenga nadie un corazón
malo e incrédulo. (Hb 3, 12)
Aclamad a Dios, nuestra fuerza;
+ dad vítores al Dios de
Jacob:
acompañad, tocad los panderos,
las cítaras templadas y las
arpas;
tocad la trompeta por la luna nueva,
por la luna llena, que es
nuestra fiesta;
porque es una ley de Israel,
un precepto del Dios de Jacob,
una norma establecida para José
al salir de Egipto.
Oigo un lenguaje desconocido:
«Retiré sus hombros de la carga,
y sus manos dejaron la espuerta.
Clamaste en la aflicción, y te libré,
te respondí oculto entre
los truenos,
te puse a prueba junto a la fuente de Meribá.
Escucha, pueblo mío, doy testimonio contra ti;
¡ojalá me
escuchases, Israel!
No tendrás un dios extraño,
no adorarás un dios extranjero;
yo soy el Señor Dios tuyo,
que te saqué del país de Egipto;
abre la
boca y yo la saciaré.
Pero mi pueblo no escuchó mi voz,
Israel no quiso obedecer:
los entregué a su corazón obstinado,
para que anduviesen según sus
antojos.
¡Ojalá me escuchase mi pueblo
y caminase Israel por mi camino!:
en un momento humillaría a sus enemigos
y volvería mi mano contra sus
adversarios;
los que aborrecen al Señor te adularían,
y su suerte quedaría
fijada;
te alimentaría con flor de harina,
te saciaría con miel
silvestre.
Ant. 3: Aclamad a Dios, nuestra fuerza.
LECTURA BREVE Is 45, 8
Cielos, destilad el rocío; nubes, derramad al Justo; ábrase la tierra y brote la salvación, y con ella germine la justicia.
RESPONSORIO BREVE
V. Sobre ti,
Jerusalén, amanecerá el Señor. R. Sobre ti, Jerusalén.
V. Su gloria aparecerá sobre ti.
R. Amanecerá el
Señor.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al
Espíritu Santo.
R. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: «Yo mismo te auxilio -dice el Señor- y yo, el Santo de Israel, soy tu redentor.»
PRECES
Imploremos, hermanos, a Dios Padre, que ha enviado a su Hijo para salvar al mundo, y digámosle suplicantes:
Muéstranos, Señor, tu misericordia.
Padre lleno de amor, no permitas que nuestra vida y nuestras obras rechacen a Cristo, tu enviado, * pues nuestra lengua lo proclama con fe plena.
Tú que enviaste a tu Hijo para salvación de los hombres, * aleja de nuestra nación y del mundo entero toda desgracia y todo dolor.
Que la tierra entera se alegre por la venida de tu Hijo, * experimentando cada día más la felicidad que en ti se encierra.
Concédenos, por tu misericordia, llevar ya desde ahora una vida sobria y religiosa, * mientras aguardamos la dichosa esperanza, la aparición gloriosa de Jesucristo.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Con el gozo que nos da el saber que Cristo viene para hacernos hijos de Dios, digamos al Padre: Padre nuestro.
Oración
Señor, despierta en nuestros corazones el deseo de preparar la venida de tu Hijo, para que, cuando venga, podamos servirte libres de toda mancha. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.
Amén.
V. Dios mío, ven en mi
auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Antífona:
Tercia: Los profetas
anunciaron que el Salvador nacería de María Virgen.
Sexta: El ángel Gabriel saludó a María diciendo:
«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo, bendita tú entre las
mujeres.»
Nona: María dijo: «¿Qué significa
este saludo? Me quedo perpleja ante estas palabras de que daré a luz un Rey sin
perder mi virginidad.»
Salmo 118, 65-72
Has dado bienes a tu siervo,
Señor, conforme a tus
palabras;
enséñame a gustar y a comprender,
porque me fío de tus
mandatos;
antes de sufrir yo andaba extraviado,
pero ahora me ajusto a tu
promesa.
Tú eres bueno y haces el bien;
instrúyeme en tus leyes;
los
insolentes urden engaños contra mí,
pero, yo custodio tus leyes;
tienen,
el corazón espeso como grasa,
pero mi delicia es tu voluntad,
Me estuvo bien el sufrir,
así aprendí tus mandamientos;
más
estimo yo los preceptos de tu boca
que miles de monedas de oro y
plata.
Salmo 55, 2-7b. 9-14
CONFIANZA EN LA PALABRA DE DIOS
En este salmo
aparece Cristo
en su pasión. (S. Jerónimo)
Misericordia, Dios mío, que me hostigan,
me atacan y me acosan
todo el día;
todo el día me hostigan mis enemigos,
me atacan en
masa.
Levántame en el día terrible,
yo confío en ti.
En Dios, cuya promesa alabo,
en Dios confío y no temo:
¿qué
podrá hacerme un mortal?
Todos los días discuten y planean
pensando sólo en mi
daño;
buscan un sitio para espiarme,
acechan mis pasos y atentan contra mi
vida.
Anota en tu libro mi vida errante,
recoge mis lágrimas en tu
odre, Dios mío.
Que retrocedan mis enemigos cuando te invoco,
y así sabré que
eres mi Dios..
En Dios, cuya promesa alabo;
en el Señor, cuya promesa
alabo,
en Dios confío y no temo:
¿qué podrá hacerme un hombre?
Te debo, Dios mío, los votos que hice,
los cumpliré con acción
de gracias;
porque libraste mi alma de la muerte,
mis pies de la
caída;
para que camine en presencia de Dios
a la luz de la
vida.
Salmo 56
ORACIÓN MATUTINA DE UN AFLIGIDO
Este salmo canta la pasión del Señor. (S. Agustín)
Misericordia, Dios mío, misericordia,
que mi alma se refugia en
ti;
me refugio a la sombra de tus alas
mientras pasa la
calamidad.
Invoco al Dios Altísimo,
al Dios que hace tanto por mí:
desde
el cielo me enviará la salvación,
confundirá a los que ansían
matarme,
enviará su gracia y su lealtad.
Estoy echado entre leones
devoradores de hombres;
sus dientes
son lanzas y flechas,
su lengua es una espada afilada.
Elévate sobre el cielo, Dios mío,
y llene la tierra tu
gloria.
Han tendido una red a mis pasos
para que sucumbiera;
me han
cavado delante una fosa,
pero han caído en ella.
Mi corazón está firme, Dios mío,
mi corazón está firme.
Voy a
cantar y a tocar:
despierta, gloria mía;
despertad, cítara y
arpa;
despertaré a la aurora.
Te daré gracias, ante los pueblos, Señor;
tocaré para ti ante
las naciones:
por tu bondad, que es más grande que los cielos;
por tu
fidelidad, que alcanza a las nubes.
Elévate sobre el cielo, Dios mío,
y llene la tierra tu
gloria.
Tercia: Los profetas anunciaron que el Salvador nacería de María Virgen.
LECTURA BREVE Mi 5, 4-5a
El jefe de Israel se alzará y pastoreará el rebaño con el poder del Señor, con la majestad del nombre del Señor su Dios. Habitarán tranquilos, porque se mostrará él grande hasta los confines de la tierra, y él será nuestra paz.
V. Los gentiles
temerán tu nombre, Señor.
R. Los reyes del mundo tu gloria.
Oremos:
Señor,
despierta en nuestros corazones el deseo de preparar la venida de tu Hijo, para
que, cuando venga, podamos servirte libres de toda mancha. Por Cristo nuestro
Señor.
Sexta: El ángel Gabriel saludó a María diciendo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo, bendita tú entre las mujeres.»
LECTURA BREVE Ag 2, 7.10
Todavía un poco más, y agitaré cielo y tierra, mar y continentes. La gloria de este segundo templo será mayor que la del primero y en este sitio daré la paz -oráculo del Señor de los ejércitos-.
V. Acuérdate de
nosotros, Señor, por amor a tu pueblo.
R. Visítanos con tu
salvación.
Oremos:
Señor,
despierta en nuestros corazones el deseo de preparar la venida de tu Hijo, para
que, cuando venga, podamos servirte libres de toda mancha. Por Cristo nuestro
Señor.
Nona: María dijo: «¿Qué significa este saludo? Me quedo perpleja ante estas palabras de que daré a luz un Rey sin perder mi virginidad.»
LECTURA BREVE Ml 4,
2
A los que honran
mi nombre los iluminará un sol de justicia que lleva la salud en los rayos;
vosotros saldréis brincando como terneros del establo -dice el Señor de los
ejércitos-.
V. Ven Señor, y
no tardes.
R. Perdona los pecados de tu pueblo.
Oremos:
Señor,
despierta en nuestros corazones el deseo de preparar la venida de tu Hijo, para
que, cuando venga, podamos servirte libres de toda mancha. Por Cristo nuestro
Señor.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al
Señor.
R. Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V.
Dios mío ven en mi auxilio
R. Señor,
date prisa en socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
Éste
es el tiempo en que llegas
Jesucristo,
Palabra del Padre
SALMODIA
Ant. 1: Te hago luz de las naciones, para que seas mi salvación hasta el fin de la tierra.
Salmo 71
PODER REAL DEL MESÍAS
Abriendo sus
cofres le ofrecieron regalos:
oro, incienso y mirra. (Mt 2,
11)
I
Dios mío, confía tu juicio al rey,
tu justicia al hijo de
reyes,
para que rija a tu pueblo con justicia,
a tus humildes con
rectitud.
Que los montes traigan paz,
y los collados justicia;
que él
defienda a los humildes del pueblo,
socorra a los hijos del pobre
y
quebrante al explotador.
Que dure tanto como el sol,
como la luna, de edad en
edad;
que baje como lluvia sobre el césped,
como llovizna que empapa la
tierra.
Que en sus días florezca la justicia
y la paz hasta que falte la
luna.
Que domine de mar a mar,
del Gran Río al confín de la
tierra.
Que en su presencia se inclinen sus rivales;
que sus enemigos
muerdan el polvo;
que los reyes de Tarsis y de las islas
le paguen
tributo.
Que los reyes de Saba y de Arabia
le ofrezcan sus dones;
que
se postren ante él todos los reyes,
y que todos los pueblos le
sirvan.
Ant. 1: Te hago luz de las naciones, para que seas mi salvación hasta el fin de la tierra.
Ant. 2: Socorrerá el Señor a los hijos del pobre; rescatará sus vidas de la violencia.
II
Él librará al pobre que clamaba,
al afligido que no tenía
protector;
él se apiadará del pobre y del indigente,
y salvará la vida de
los pobres;
él rescatará sus vidas de la violencia,
su sangre será preciosa
a sus ojos.
Que viva y que le traigan el oro de Saba;
él intercederá por el
pobre
y lo bendecirá.
Que haya trigo abundante en los campos,
y ondee en lo alto de
los montes,
den fruto como el Líbano,
y broten las espigas como hierba del
campo.
Que su nombre sea eterno,
y su fama dure como el sol;
que él
sea la bendición de todos los pueblos,
y lo proclamen dichoso todas las razas
de la tierra.
Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
el único que hace
maravillas;
bendito por siempre su nombre glorioso,
que su gloria llene la
tierra.
¡Amén, amén!
Ant. 2: Socorrerá el Señor a los hijos del pobre; rescatará sus vidas de la violencia.
Ant. 3: Ahora se estableció la salud y el reinado de nuestro Dios.
Cántico Ap
11,17-18; 12,10b-12a
EL JUICIO DE DIOS
Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,
el que eres y el que
eras,
porque has asumido el gran poder
y comenzaste a reinar.
Se encolerizaron las naciones,
llegó tu cólera,
y el tiempo
de que sean juzgados los muertos,
y de dar el galardón a tus siervos los
profetas,
y a los santos y a los que temen tu nombre,
y a los pequeños y a
los grandes,
y de arruinar a los que arruinaron la tierra.
Ahora se estableció la salud y el poderío,
y el reinado de
nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fue precipitado
el
acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios día y
noche.
Ellos le vencieron
en virtud de la sangre del Cordero
y por
la palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su vida que temieran
la muerte.
Por esto, estad alegres, cielos,
y los que moráis en sus
tiendas.
Ant. 3: Ahora se estableció la salud y el reinado de nuestro Dios.
LECTURA BREVE St 5, 7-8. 9b
Aguardad con paciencia, hermanos, hasta la manifestación del Señor. Ved cómo el labrador espera el precioso fruto de la tierra. Lo va aguardando pacientemente, hasta que la tierra reciba las lluvias tempranas y las tardías. Aguardad también vosotros con toda paciencia, fortaleced vuestros corazones, porque la manifestación del Señor está ya cerca. Mirad que el juez está a las puertas.
RESPONSORIO BREVE
V. Ven a salvarnos, Señor Dios de los ejércitos. R. Ven
a salvarnos.
V. Que brille tu rostro y nos
salve.
R. Señor Dios de los ejércitos.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al
Espíritu Santo.
R. Ven a salvamos, Señor Dios de los ejércitos.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: El que viene después de mí ya existía antes que yo, y yo no soy digno ni de desatar la correa de sus sandalias.
PRECES
Oremos, hermanos, a Cristo el Señor, que por nosotros se anonadó a sí mismo, y digámosle confiados:
Ven, Señor Jesús.
Señor Jesús, que con tu encarnación has salvado al mundo, * purifica nuestras almas y nuestros cuerpos de todo pecado.
No permitas que aquellos a quienes llamas hermanos por tu encarnación * se alejen de ti por el pecado.
No permitas que aquellos a quienes has salvado con tu venida * merezcan ser castigados en el día de tu juicio.
Cristo Jesús, que
nunca alejas de nosotros tu bondad y tu amor, *
haz que alcancemos la corona inmarcesible de gloria.
Se pueden añadir algunas intenciones
libres.
Te encomendamos, Señor, a nuestros hermanos que han sido separados temporalmente de su cuerpo; * haz que, muertos para el mundo, vivan eternamente para ti.
Movidos por la fe, invoquemos a Dios Padre con la oración que Cristo nos enseñó: Padre nuestro.
Oración
Señor, despierta en nuestros corazones el deseo de preparar la venida de tu Hijo, para que, cuando venga, podamos servirte libres de toda mancha. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.
Amén.
OFICIO DE LECTURA
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera
celebración del día:
V.
Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo
contrario:
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date
prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Ant.1: Señor, no me castigues con cólera.
Salmo 37
ORACIÓN DE UN PECADOR EN PELIGRO DE MUERTE
Todos sus
conocidos se mantenían
a distancia. (Lc 23, 49)
I
Señor, no me corrijas con ira,
no me castigues con
cólera;
tus flechas se me han clavado,
tu mano pesa sobre mí;
no hay parte ilesa en mi carne
a causa de tu furor,
no tienen
descanso mis huesos
a causa de mis pecados;
mis culpas sobrepasan mi cabeza,
son un peso superior a mis
fuerzas.
Ant. 1: Señor, no me castigues con cólera.
Ant. 2: Señor, todas mis ansias están en tu presencia.
II
Mis llagas están podridas y supuran
por causa de mi
insensatez;
voy encorvado y encogido,
todo el día camino
sombrío;
tengo las espaldas ardiendo,
no hay parte ilesa en mi
carne;
estoy agotado, deshecho del todo;
rujo con más fuerza que un
león.
Señor mío, todas mis ansias están en tu presencia,
no se te
ocultan mis gemidos;
siento palpitar mi corazón,
me abandonan las
fuerzas,
y me falta hasta la luz de los ojos.
Mis amigos y compañeros se alejan de mí,
mis parientes se quedan
a distancia;
me tienden lazos los que atentan contra mí,
los que desean mi
daño me amenazan de muerte,
todo el día murmuran traiciones.
Ant. 2: Señor, todas mis ansias están en tu presencia.
Ant. 3: Yo te confieso mi culpa, no me abandones, Señor, Dios mío.
III
Pero yo, como un sordo, no oigo;
como un mudo, no abro la
boca;
soy como uno que no oye
y no puede replicar.
En ti, Señor, espero,
y tú me escucharás, Señor, Dios
mío;
esto pido: que no se alegren por mi causa,
que, cuando resbale mi
pie, no canten triunfo.
Porque yo estoy a punto de caer,
y mi pena no se aparta de
mí:
yo confieso mi culpa,
me aflige mi pecado.
Mis enemigos mortales son poderosos,
son muchos los que me
aborrecen sin razón,
los que me pagan males por bienes,
los que me atacan
cuando procuro el bien.
No me abandones, Señor,
Dios mío, no te quedes lejos;
ven
aprisa a socorrerme,
Señor mío, mi salvación.
Ant. 3: Yo te confieso mi culpa, no me abandones, Señor, Dios mío.
V. Derrama, Señor, tu
misericordia sobre nosotros.
R. Danos tu salvación, según tu
promesa.
PRIMERA LECTURA
Año I:
Del libro de Rut 2, 14-23
REGRESO DE RUT JUNTO A NOEMÍ
Cuando llegó la hora de comer, Boaz dijo a Rut:
«Acércate, coge pan y moja la rebanada en la salsa.»
Ella se sentó junto a los segadores, y él le ofreció grano tostado. Rut comió hasta quedar satisfecha, y todavía le sobró. Después se levantó a espigar, y Boaz ordenó a los criados:
«Aunque espigue entre las gavillas, no la riñáis; y hasta podéis tirar algunas espigas del manojo y las dejáis; y no la reprendáis cuando las recoja.»
Rut estuvo espigando en aquel campo hasta la tarde; después vareó lo que había espigado y sacó media fanega de cebada. Se la cargó y marchó al pueblo. Enseñó a su suegra lo que había espigado, sacó lo que le había sobrado de la comida y se lo dio. Su suegra le preguntó:
«¿Dónde has espigado hoy, y con quién has trabajado? ¡Bendito el que se ha interesado por ti!»
Rut le contó:
«El hombre con el que he trabajado hoy se llama Boaz.»
Noemí dijo a su nuera:
«Que el Señor lo bendiga; el Señor, que no deja de apiadarse de vivos y muertos.»
Y añadió:
«Ese hombre es pariente nuestro, uno de los que tienen que responder por nosotras.»
Entonces siguió Rut, la moabita:
«También me dijo que no me apartase de sus criados hasta que no le acaben toda la siega.»
Y Noemí le dijo:
«Hija, más vale que salgas con sus criados, y así no te molestarán en otra parte.»
Así, pues, Rut siguió con los criados de Boaz, espigando hasta acabar la siega de la cebada y del trigo. Vivía con su suegra.
Responsorio Lc 1, 68. 70; 1Jn 4, 14
R. El Señor ha redimido a su
pueblo, * según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.
V. El Padre envió a su Hijo para ser
Salvador del mundo.
R. Según lo había predicho desde antiguo por boca de sus
santos profetas.
Año II:
Del libro del profeta Isaías 27, 1-13
DE NUEVO ES CULTIVADA LA VIÑA DEL SEÑOR
Aquel día, castigará el Señor con su espada grande, templada, robusta, al Leviatán, la serpiente huidiza, al Leviatán, la serpiente tortuosa, y matará al monstruo del mar. Aquel día, le cantaréis a la viña deliciosa: «Yo, el Señor, soy su guardián. Con frecuencia la riego, para que no caiga su follaje; de noche y de día la guardaré. Ya no me enfado más: Si brotan zarzas y cardos, saldré a luchar contra ellos, los pisotearé y los quemaré todos a una. A menos que se acojan a mi protección y hagan la paz conmigo, sí, que hagan conmigo la paz.»
Llegarán días en que Jacob echará raíces, Israel echará brotes y flores, y sus frutos cubrirán la tierra. ¿Acaso lo ha herido como hirió a los que lo herían? ¿Acaso lo ha matado como mató a los que lo asesinaban? Lo ha castigado con el destierro y la dispersión, arrollándolo con viento impetuoso, como al tamo cuando sopla el viento del este.
Con esto se expiará la culpa de Jacob, y todo el precio para el perdón de su pecado será que despedace las piedras de sus altares como piedras de cal pulverizadas y que ya no erija cipos ni estelas. La plaza fuerte ha quedado solitaria, como mansión desdeñada, abandonada como un desierto. Allí pastan los becerros, se tumban y comen la maleza. Cuando se seca el ramaje es hecho astillas, vienen mujeres y le prenden fuego. Por ser éste un pueblo insensato, por eso, su Hacedor no se compadece de él, su Creador no le otorga su piedad.
Aquel día, el Señor trillará las espigas desde el Gran Río hasta el Torrente de Egipto; pero vosotros, israelitas, seréis recogidos uno a uno.
Aquel día, el Señor tocará la gran trompeta y vendrán los dispersos del país de Asiria y los prófugos del país de Egipto, para postrarse ante el Señor en el monte santo de Jerusalén.
Responsorio Cf. Mt 24, 31; Is 27, 13
R. Enviará el Señor a sus
ángeles con sonoras trompetas * y reunirán a sus
elegidos de los cuatro puntos cardinales, desde el uno al otro confín del
mundo.
V. Y vendrán para postrarse ante el Señor en el monte santo de
Jerusalén.
R. Y reunirán a sus elegidos de los cuatro puntos cardinales,
desde el uno al otro confín del mundo.
SEGUNDA LECTURA
Del Tratado de san Ireneo, obispo, Contra las herejías
(Libro S, 19, 1; 20, 2; 21, 1: se 153, 248-250. 260-264)
SOBRE EVA Y MARÍA
Cuando vino Dios visiblemente a sus creaturas y fue sostenido por esta creación que es por él mismo sostenida, expió aquella desobediencia cometida bajo un árbol, por medio de la obediencia efectuada sobre otro árbol, y destruyó así la seducción con que fue vilmente engañada aquella virgen Eva, destinada ya para un varón, con la verdad que le fue venturosamente anunciada por el ángel a la Virgen María, ya también prometida a otro varón.
Y así como Eva fue seducida por un ángel para que se alejara de Dios, desobedeciendo su palabra, así María fue notificada por otro ángel de que llevaría a Dios en su seno, si obedecía su palabra. Y como aquélla fue inducida a no obedecer a Dios, así ésta fue persuadida a obedecerlo, y de esta manera la Virgen María se convirtió en abogada de la virgen Eva.
Al renovar profundamente el Señor todas las cosas, declaró la guerra a nuestro enemigo, aplastó a aquel que en un principio nos había hecho cautivos en Adán y pisoteó su cabeza, según lo que, en el Génesis, Dios dice a la serpiente: Pongo hostilidad entre ti y la mujer, entre tu linaje y el suyo: él herirá tu cabeza cuando tú hieras su talón.
Con ello se anunciaba que aquel que debía. nacer de una mujer Virgen, hecho hombre como Adán, aplastaría la cabeza de la serpiente. De esta descendencia habla el Apóstol, en la carta a los Gálatas, cuando dice: La ley mosaica fue puesta por Dios hasta que viniese la descendencia a quien se habían hecho las promesas.
Más claramente aún lo demuestra, en esa misma carta, al decir: Cuando se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer. El enemigo no hubiera sido vencido con justicia si el hombre que lo venció no hubiera nacido de una mujer, pues ya desde el comienzo se opuso al hombre, dominándolo por medio de la mujer.
Por eso el Señor afirma que él es el Hijo del hombre, el hombre por excelencia, el cual resume en sí al linaje nacido de mujer, de modo que, si nuestra especie bajó a la muerte a causa de un hombre vencido, por un hombre victorioso subamos de nuevo a la vida.
Responsorio Cf. Lc 1, 26. 27. 30. 31. 32
R. Fue enviado el ángel Gabriel
a una virgen desposada con un hombre llamado José, para anunciarle el mensaje; y
se turbó la Virgen ante su resplandor. «No temas, María, porque has hallado
gracia a los ojos de Dios: * Concebirás y darás
a luz un hijo, el cual será llamado Hijo del Altísimo.»
V. El Señor Dios le
dará el trono de David, su padre, y reinará en la casa de Jacob para
siempre.
R. Concebirás y darás a luz un hijo, el cual será llamado Hijo del
Altísimo.
Oremos:
Dios todopoderoso,
concede a tu pueblo permanecer siempre en vela aguardando la venida de tu Hijo,
para que, cumpliendo lo que el mismo autor de nuestra salvación nos enseñó,
podamos salir a su encuentro con nuestras lámparas encendidas. Por nuestro Señor
Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera
celebración del día:
V.
Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo
contrario:
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date
prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
Ven,
Señor, no tardes
Una
clara voz resuena
SALMODIA
Ant. 1: Un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias, Señor.
Salmo 50
CONFESIÓN DEL PECADOR ARREPENTIDO
Renovaos en
la mente y en el espíritu
y vestíos de la nueva condición humana.
(Cf.
Ef 4, 23-24)
Misericordia, Dios mío, por tu bondad;
por tu inmensa compasión
borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado.
Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi
pecado:
contra ti, contra ti solo pequé,
cometí la maldad que
aborreces.
En la sentencia tendrás razón,
en el juicio brillará tu
rectitud.
Mira, que en la culpa nací,
pecador me concibió mi
madre.
Te gusta un corazón sincero,
y en mi interior me inculcas
sabiduría.
Rocíame con el hisopo: quedaré limpio;
lávame: quedaré más
blanco que la nieve.
Hazme oír el gozo y la alegría,
que se alegren los huesos
quebrantados.
Aparta de mi pecado tu vista,
borra en mí toda
culpa.
¡Oh Dios!, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con
espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo
espíritu.
Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu
generoso:
enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a
ti.
Líbrame de la sangre, ¡oh Dios,
Dios, Salvador mío!,
y
cantará mi lengua tu justicia.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca
proclamará tu alabanza.
Los sacrificios no te satisfacen;
si te ofreciera un holocausto,
no lo querrías.
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado:
un corazón
quebrantado y humillado
tú no lo desprecias.
Señor, por tu bondad, favorece a Sión,
reconstruye las murallas
de Jerusalén:
entonces aceptarás los sacrificios rituales,
ofrendas y
holocaustos,
sobre tu altar se inmolarán novillos.
Ant. 1: Un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias, Señor.
Ant. 2: En tu juicio, Señor, acuérdate de la misericordia.
Cántico
Ha 3, 2-4.13a.15-19
JUICIO DE DIOS
Levantaos,
alzad la cabeza, se acerca
vuestra liberación. (Lc 21,
28)
¡Señor, he oído tu fama,
me ha impresionado tu obra!
En medio
de los años, realízala;
en medio de los años, manifiéstala;
en el
terremoto acuérdate de la misericordia.
El Señor viene de Temán;
el Santo, del monte Farán:
su
resplandor eclipsa el cielo,
la tierra se llena de su alabanza;
su brillo
es como el día,
su mano destella velando su poder.
Sales a salvar a tu pueblo,
a salvar a tu ungido;
pisas el
mar con tus caballos,
revolviendo las aguas del océano.
Lo escuché y temblaron mis entrañas,
al oírlo se estremecieron
mis labios;
me entró un escalofrío por los huesos,
vacilaban mis piernas
al andar.
Tranquilo espero el día de la angustia
que sobreviene al pueblo
que nos oprime.
Aunque la higuera no echa yemas
y las viñas no tienen
fruto,
aunque el olivo olvida su aceituna
y los campos no dan
cosechas,
aunque se acaban las ovejas del redil
y no quedan vacas en el
establo,
yo exultaré con el Señor,
me glorificaré en Dios mi
salvador.
El Señor soberano es mi fuerza,
él me da piernas de gacela
y
me hace caminar por las alturas.
Ant. 2: En tu juicio, Señor, acuérdate de la misericordia.
Ant. 3: Glorifica al Señor, Jerusalén. +
Salmo 147
RESTAURACIÓN DE JERUSALÉN
Ven y te
mostraré la desposada, la
esposa del Cordero. (Ap 21,
9)
Glorifica al Señor, Jerusalén;
+ alaba a tu Dios,
Sión:
que ha reforzado los cerrojos de tus puertas
y ha bendecido a tus
hijos dentro de ti;
ha puesto paz en tus fronteras,
te sacia con flor de
harina.
Él envía su mensaje a la tierra,
y su palabra corre
veloz;
manda la nieve como lana,
esparce la escarcha como
ceniza;
hace caer el hielo como migajas
y con el frío congela las
aguas;
envía una orden y se derriten;
sopla su aliento, y
corren.
Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a
Israel;
con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus
mandatos.
Ant. 3: Glorifica al Señor, Jerusalén.
LECTURA BREVE Jr 30, 21.22
Esto dice el Señor: «Saldrá de Jacob un príncipe, su señor saldrá de en medio de él; me lo acercaré y se llegará a mí. Vosotros seréis mi pueblo y yo seré vuestro Dios.»
RESPONSORIO BREVE
V. Sobre ti,
Jerusalén, amanecerá el Señor. R. Sobre ti, Jerusalén.
V. Su gloria aparecerá sobre ti.
R. Amanecerá el
Señor.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al
Espíritu Santo.
R. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Decid a los cobardes de corazón: «Sed fuertes; mirad al Señor, nuestro Dios, que viene.»
PRECES
Oremos, hermanos, a Cristo, nuestro redentor, que ha venido para darnos la justificación, y digámosle con júbilo:
Ven, Señor Jesús.
Señor, cuya venida en la carne anunciaron antiguamente los profetas, * haz germinar en nosotros la semilla de las virtudes.
Concede a los que anunciamos al mundo tu salvación * que encontremos también en ti nuestra salvación.
Tú que viniste a librar a las oprimidos, * cura las dolencias de los que sufren.
Tú que reconciliaste al mundo con Dios en tu primera venida, * absuélvenos de toda condenación cuando vengas como juez.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Repitamos las palabras de Jesús, pidiendo al Padre que venga su reino: Padre nuestro.
Oración
Dios todopoderoso, concede a tu pueblo permanecer siempre en vela aguardando la venida de tu Hijo, para que, cumpliendo lo que el mismo autor de nuestra salvación nos enseñó, podamos salir a su encuentro con nuestras lámparas encendidas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.
Amén.
V. Dios mío, ven en mi
auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Antífona:
Tercia: Los profetas
anunciaron que el Salvador nacería de María Virgen.
Sexta: El ángel Gabriel saludó a María diciendo:
«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo, bendita tú entre las
mujeres.»
Nona: María dijo: «¿Qué significa
este saludo? Me quedo perpleja ante estas palabras de que daré a luz un Rey sin
perder mi virginidad.»
Salmo 118, 73-80
Tus manos me hicieron y me formaron:
instrúyeme para que aprenda
tus mandatos;
tus fieles verán con alegría
que he esperado en tu
palabra;
reconozco, Señor, que tus mandamientos son justos,
que con razón
me hiciste sufrir.
Que tu bondad me consuele,
según la promesa hecha a tu
siervo;
cuando me alcance tu compasión, viviré,
y mis delicias serán tu
voluntad;
que se avergüencen los insolentes del daño que me hacen;
yo
meditaré tus decretos.
Vuelvan a mí tus fieles
que hacen caso de tus preceptos;
sea
mi corazón perfecto en tus leyes,
así no quedaré avergonzado.
Salmo 58, 2-6a.10-11.17-18
ORACIÓN PIDIENDO LA PROTECCIÓN DE
DIOS ANTE SUS ENEMIGOS
Estas
súplicas expresan la confianza
del Salvador ante su Padre.
(Eusebio de
Cesarea)
Líbrame de mi enemigo, Dios mío;
protégeme de mis
agresores,
líbrame de los malhechores,
sálvame de los hombres
sanguinarios.
Mira que me están acechando,
y me acosan los poderosos:
sin
que yo haya pecado mi faltado,
Señor, sin culpa mía, avanzan para
acometerme.
Despierta, ven a mi encuentro, mira:
tú, el Señor de los
ejércitos,
el Dios de Israel.
Estoy velando contigo, fuerza mía,
porque tú, ¡oh Dios!, eres mi
alcázar.
Que tu favor se adelante, ¡oh Dios!,
y me haga ver la derrota
del enemigo.
Pero yo cantaré tu fuerza,
por la mañana aclamaré tu
misericordia;
porque has sido mi alcázar
y mi refugio en el
peligro.
Y tocaré en tu honor, fuerza mía,
porque tú, ¡oh Dios!, eres mi
alcázar.
Salmo 59
ORACIÓN DESPUÉS DE UNA CALAMIDAD
En el mundo
tendréis luchas, pero tened valor:
Yo he vencido al mundo. (Jn
16,33)
¡Oh Dios!, nos rechazaste y rompiste muestras filas;
estabas
airado, pero restáuranos.
Has sacudido y agrietado el país:
repara sus
grietas, que se desmorona.
Hiciste sufrir un desastre a tu pueblo,
dándole a beber un vino
de vértigo;
diste a tus fieles la señal de desbandada,
haciéndolos huir de
los arcos.
Para que se salven tus predilectos,
que tu mano salvadora nos
responda.
Dios habló en su santuario:
«Triunfante ocuparé
Siquém,
parcelaré el valle de Sucot;
mío es Galaad, mío Manasés,
Efraím es yelmo de mi
cabeza,
Judá es mi cetro;
Moab, una jofaina para lavarme;
sobre Edom echo mi
sandalia,
sobre Filistea canto victoria.»
Pero ¿quién me guiará a la plaza fuerte,
quién me conducirá a
Edom,
si tú, ¡oh,; Dios!, nos has rechazado
y no sales ya con nuestras
tropas?
Auxílianos contra el enemigo,
que la ayuda del hombre es
inútil.
Con Dios haremos proezas,
él pisoteará a nuestros
enemigos.
Tercia: Los profetas anunciaron que el Salvador nacería de María Virgen.
LECTURA BREVE Jr 29, 11.13
Sé muy bien lo que pienso hacer con vosotros: designios de paz y no de aflicción, daros un porvenir y una esperanza. Me buscaréis y me encontraréis si me buscáis de todo corazón.
V. Los gentiles
temerán tu nombre, Señor.
R. Los reyes del mundo tu gloria.
Oremos:
Dios
todopoderoso, concede a tu pueblo permanecer siempre en vela aguardando la
venida de tu Hijo, para que, cumpliendo lo que el mismo autor de nuestra
salvación nos enseñó, podamos salir a su encuentro con nuestras lámparas
encendidas. Por Cristo nuestro Señor.
Sexta: El ángel Gabriel saludó a María diciendo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo, bendita tú entre las mujeres.»
LECTURA BREVE Jr 30, 18
Esto dice el Señor: "Yo cambiaré la suerte de las tiendas de Jacob, me compadeceré de sus moradas."
V. Acuérdate de
nosotros, Señor, por amor a tu pueblo.
R. Visítanos con tu
salvación.
Oremos:
Dios
todopoderoso, concede a tu pueblo permanecer siempre en vela aguardando la
venida de tu Hijo, para que, cumpliendo lo que el mismo autor de nuestra
salvación nos enseñó, podamos salir a su encuentro con nuestras lámparas
encendidas. Por Cristo nuestro Señor.
Nona: María dijo: «¿Qué significa este saludo? Me quedo perpleja ante estas palabras de que daré a luz un Rey sin perder mi virginidad.»
LECTURA BREVE Ba 3, 5-6a
No te acuerdes de las iniquidades de nuestros padres, sino acuérdate de tu mano y de tu nombre en esta hora. Pues eres el Señor, Dios nuestro.
V. Ven, Señor, y
no tardes.
R. Perdona los pecados de tu pueblo.
Oremos:
Dios
todopoderoso, concede a tu pueblo permanecer siempre en vela aguardando la
venida de tu Hijo, para que, cumpliendo lo que el mismo autor de nuestra
salvación nos enseñó, podamos salir a su encuentro con nuestras lámparas
encendidas. Por Cristo nuestro Señor.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al
Señor.
R. Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V. Dios mío, ven en mi
auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
Éste
es el tiempo en que llegas
Jesucristo,
Palabra del Padre
SALMODIA
Ant. 1: Arranca, Señor, mi vida de la muerte, mis pies de la caída.
Salmo 114
ACCIÓN DE GRACIAS
Hay que pasar
mucho para entrar
en el reino de Dios. (Hch 14, 21)
Amo al Señor, porque escucha
mi voz suplicante,
porque
inclina su oído hacia mí
el día que lo invoco.
Me envolvían redes de muerte,
me alcanzaron los lazos del
abismo,
caí en tristeza y angustia.
Invoqué el nombre del Señor:
“Señor salva mi vida.”
El Señor es benigno y justo,
nuestro Dios es compasivo;
el
Señor guarda a los sencillos:
estando yo sin fuerzas me salvó.
Alma mía, recobra tu calma,
que el Señor fue bueno
contigo:
arrancó mi alma de la muerte,
de mis ojos las lágrimas,
mis
pies de la caída.
Caminaré en presencia del Señor
en el país de la
vida.
Ant. 1: Arranca, Señor, mi vida de la muerte, mis pies de la caída.
Ant. 2: El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra.
Salmo 120
EL GUARDIÁN DEL PUEBLO
No tendrán
hambre ni sed;
no les molestará el sol ni
calor alguno (Ap 7,
16)
Levanto mis ojos a los montes:
¿de dónde me vendrá el
auxilio?
El auxilio me viene del Señor,
que hizo el cielo y la
tierra.
No permitirá que resbale tu pie,
tu guardián no duerme;
no
duerme ni reposa
el guardián de Israel.
El Señor te guarda a su sombra,
está a tu derecha;
de día el
sol no te hará daño,
ni la luna de noche.
El Señor te guarda de todo mal,
él guarda tu alma;
el Señor
guarda tus entradas y salidas,
ahora y por siempre.
Ant. 2: El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra.
Ant. 3: Justos y verdaderos son tus caminos, ¡oh Rey de los siglos!
Cántico
Ap 15,3-4
CANTO DE LOS VENCEDORES
Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor, Dios
omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los
siglos!
¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu nombre?
Porque tú
solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán en tu
acatamiento,
porque tus juicios se hicieron manifiestos.
Ant. 3: Justos y verdaderos son tus caminos, ¡oh Rey de los siglos!
LECTURA BREVE 2Pe 3, 8b-9
Para el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. No es tardo el Señor en el cumplimiento de sus promesas, como algunos piensan. Lo que hace es aguardaros pacientemente, porque no quiere que nadie perezca, sino que todos vengáis a arrepentiros.
RESPONSORIO BREVE
V. Ven a
salvamos, Señor Dios de los ejércitos. R. Ven a salvarnos.
V. Que brille tu
rostro y nos salve.
R. Señor Dios de los ejércitos.
V. Gloria al Padre, y
al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Ven a
salvarnos, Señor Dios de los ejércitos.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Sacaréis agua con gozo de las fuentes del Salvador.
PRECES
Roguemos a nuestro Redentor, que viene a dar la Buena Noticia a los pobres, y digámosle:
Manifiesta, Señor, tu gloria a los hombres.
Manifiéstate, Señor, a todos los que no te conocen, * para que también ellos vean tu salvación.
Que tu nombre, Señor, se anuncie hasta los confines de la tierra * y que todos los hombres descubran el camino que conduce a ti.
Tú que viniste la vez primera para salvar al mundo, * ven de nuevo para salvar a los que en ti creen.
Aquella libertad que tu venida dio a los redimidos * consérvala y defiéndela siempre con tu poder.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Tú que ya viniste en la carne y vendrás de nuevo a juzgar al mundo, * da en tu venida el premio eterno a los difuntos.
Llenos del Espíritu de Jesucristo, nos atrevemos a decir: Padre nuestro.
Oración.
Dios todopoderoso, concede a tu pueblo permanecer siempre en vela aguardando la venida de tu Hijo, para que, cumpliendo lo que el mismo autor de nuestra salvación nos enseñó, podamos salir a su encuentro con nuestras lámparas encendidas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.
Amén.
OFICIO DE LECTURA
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera
celebración del día:
V.
Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo
contrario:
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date
prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Ant. 1: Sólo el Señor hizo grandes maravillas: es eterna su misericordia.
Salmo 135
HIMNO A DIOS POR LAS MARAVILLAS DE LA CREACIÓN Y DEL
ÉXODO
Alabar a Dios es narrar sus maravillas. (Casiodoro)
I
Dad gracias al Señor porque es bueno:
porque es eterna su
misericordia.
Dad gracias al Dios de los dioses:
porque es eterna su
misericordia.
Dad gracias al Señor de los señores:
porque es eterna su
misericordia.
Sólo él hizo grandes maravillas:
porque es eterna su
misericordia.
Él hizo sabiamente los cielos:
porque es eterna su
misericordia.
El afianzó sobre las aguas la tierra:
porque es eterna su
misericordia.
Él hizo lumbreras gigantes:
porque es eterna su
misericordia.
El sol que gobierna el día:
porque es eterna su
misericordia.
La luna que gobierna la noche:
porque es eterna su
misericordia.
Ant. 1: Sólo el Señor hizo grandes maravillas: es eterna su misericordia.
Ant. 2: Con mano poderosa, con brazo extendido, sacó a Israel de Egipto.
II
El hirió a Egipto en sus primogénitos:
porque es eterna su
misericordia.
Y sacó a Israel de aquel país:
porque es eterna su
misericordia.
Con mano poderosa, con brazo extendido:
porque es eterna su
misericordia.
Él dividió en dos partes el mar Rojo:
porque es eterna su
misericordia.
Y condujo por en medio a Israel:
porque es eterna su
misericordia.
Arrojó en el mar Rojo al Faraón:
porque es eterna su
misericordia.
Ant. 2: Con mano poderosa, con brazo extendido, sacó a Israel de Egipto.
Ant. 3: Dad gracias al Dios del cielo: él nos libró de nuestros opresores.
III
Guió por el desierto a su pueblo:
porque es eterna su
misericordia.
Él hirió a reyes famosos:
porque es eterna su
misericordia.
Dio muerte a reyes poderosos:
porque es eterna su
misericordia.
A Sijón, rey de los amorreos:
porque es eterna su
misericordia.
Y a Hog, rey de Basán:
porque es eterna su
misericordia.
Les dio su tierra en heredad:
porque es eterna su
misericordia.
En heredad a Israel, su siervo:
porque es eterna su
misericordia.
En nuestra humillación se acordó de nosotros:
porque es eterna
su misericordia.
Y nos libró de nuestros opresores:
porque es eterna su
misericordia.
Él da alimento a todo viviente:
porque es eterna su
misericordia.
Dad gracias al Dios del cielo:
porque es eterna su
misericordia.
Ant. 3: Dad gracias al Dios del cielo: él nos libró de nuestros opresores.
V. El Señor anuncia su palabra
a Jacob.
R. Sus decretos y mandatos a Israel.
PRIMERA LECTURA
Año I:
Del libro de Rut 3, 1-18
PROMESA DE BOAZ
Un día, su suegra dijo a Rut:
«Hija, tengo que buscarte un hogar donde vivas feliz. Resulta que Boaz, con cuyos criados has estado trabajando, es pariente nuestro. Esta noche va a aventar la parva de cebada. Tú, lávate, perfúmate, ponte el manto y baja a la era. Que no te vea mientras come y bebe. Y, cuando se eche a dormir, fíjate dónde se. acuesta: vas, le destapas los pies y te acuestas allí. Él te dirá lo que has de hacer.»
Rut respondió:
«Haré todo lo que me dices.»
Después bajó a la era e hizo exactamente lo que le había encargado su suegra. Boaz comió, bebió, y le sentó bien. Luego, fue a acostarse a una orilla del montón de cebada. Rut se acercó de puntillas, le destapó los pies y se acostó. A medianoche, el hombre sintió un escalofrío, se incorporó y vio una mujer echada a sus pies. Preguntó:
«¿ Quién eres?»
Ella dijo:
«Soy Rut, tu servidora. Extiende tu manto sobre tu servidora, pues a ti te toca responder por mí.»
Él dijo:
«El Señor te bendiga, hija. Esta segunda obra de caridad es mejor que la primera, porque no te has buscado un pretendiente joven, pobre o rico. Bien, hija, no tengas miedo, que haré por ti lo que me pidas; pues ya saben todos los del pueblo que eres una mujer de cualidades. Es verdad que a mí me toca responder por ti, pero hay otro pariente más cercano que yo. Esta noche, quédate aquí; y mañana por la mañana, si él quiere cumplir su deber familiar, que lo haga enhorabuena; si él no quiere, lo haré yo, ¡vive Dios! Acuéstate hasta la mañana.»
Ella durmió a sus pies hasta la mañana, y se levantó cuando la gente todavía no llega a reconocerse (pues Boaz no quería que supiesen que la mujer había ido a la era.) Boaz le dijo:
«Trae el manto y sujeta fuerte.»
Le midió seis medidas de cebada, le ayudó a cargarlas, y Rut volvió al pueblo. Al llegar a casa de su suegra, ésta le preguntó:
«¿Qué tal, hija?»
Rut le contó lo que Boaz había hecho por ella, y añadió:
«También me regaló estas seis medidas de cebada, diciéndome: "No vas a volver a casa de tu suegra con las manos vacías."»
Noemí le dijo:
«Estate tranquila, hija, hasta que sepas cómo se resuelve el asunto; que él no descansará hasta dejarlo arreglado hoy mismo.»
Responsorio 1S 2, 7-8; Lc 1, 48
R. El Señor da la pobreza y la
riqueza, humilla y enaltece; él levanta del polvo al desvalido, alza de la
basura al pobre, * para hacer que se siente
entre príncipes y que herede un trono de gloria.
V. Ha mirado la humillación
de su esclava.
R. Para hacer que se siente entre príncipes y que herede un
trono de gloria.
Año II:
Del libro del profeta Isaías 29, 1-8
JUICIO DE DIOS SOBRE. JERUSALÉN
¡Ay de Ariel, Ariel, la ciudad que sitió David! Añadid año sobre año, gire el ciclo de las fiestas, y yo asediaré a Ariel y habrá llanto y lamento.
Serás para mí otro Ariel y acamparé contra ti como David, te estrecharé con trincheras y alzaré baluartes contra ti. Humillada, hablarás desde el suelo y tu palabra sonará apagada desde el polvo; saldrá tu voz desde el suelo, como la de un fantasma, como un murmullo se oirá tu palabra desde el polvo.
Pero de improviso vendrá en tu auxilio el Señor de los ejércitos, con trueno y terremoto y gran estruendo, con huracán y vendaval y llamas devoradoras. Será como polvareda que pasa el tropel de los pueblos que combaten contra ti; como nube de tamo el tropel de tus agresores. Acabará como sueño o visión nocturna la multitud de los pueblos que combaten contra Ariel, y todas sus trincheras, baluartes y máquinas de guerra.
Como el hambriento sueña que come y se despierta con el estómago vacío, como el sediento sueña que bebe y se despierta con la garganta reseca, así les ocurrirá a las hordas de las naciones que combaten contra el monte Sión.
Responsorio Is 54, 4; 29, 5. 6. 7
R. No temas, Jerusalén, no
tendrás que avergonzarte, * cuando venga en tu
auxilio el Señor de los ejércitos.
V. Será como polvareda que pasa el tropel
de los pueblos que combaten contra ti.
R. Cuando venga en tu auxilio el Señor
de los ejércitos.
SEGUNDA LECTURA
De los Sermones del beato Isaac, abad del monasterio de Stella
(Sermón 51: PL 194, 1862-1863. 1865)
SOBRE MARÍA Y LA IGLESIA
El Hijo de Dios es el primogénito entre muchos hermanos. Por naturaleza es Hijo único, por gracia asoció consigo a muchos para que sean uno con él. Pues a cuantos lo recibieron les dio poder de llegar a ser hijos de Dios.
Haciéndose él Hijo del hombre hizo hijos de Dios a muchos. El que es Hijo único asoció consigo, por su amor y su poder, a muchos. Éstos, siendo muchos por su generación según la carne, por la regeneración divina son uno con él.
Cristo es uno, el Cristo total, cabeza y cuerpo. Uno nacido de un único Dios en el cielo y de una única madre en la tierra. Muchos hijos y un solo Hijo. Pues así como la cabeza y los miembros son un Hijo y muchos hijos, así también María y la Iglesia son una madre y muchas, una virgen y muchas.
Ambas son madres, ambas son vírgenes; ambas conciben virginal mente del Espíritu Santo. Ambas dan a luz, para Dios Padre, una descendencia sin pecado. María dio a luz a la cabeza sin pecado del cuerpo; la Iglesia da a luz por el perdón de los pecados al cuerpo de esa cabeza. Ambas son madres de Cristo, pero ninguna de las dos puede, sin la otra, dar a luz al Cristo total.
Por eso, en las Escrituras divinamente inspiradas, lo que se entiende en general de la Iglesia, virgen y madre, se entiende en particular de la virgen María; y lo que se entiende de modo especial de María, virgen y madre, se entiende de modo general de la Iglesia, virgen y madre. Y, cuando los textos hablan de una u otra, dichos textos pueden aplicarse indiferentemente a las dos.
También se puede decir que cada alma fiel es esposa del Verbo de Dios, madre de Cristo, hija y hermana, virgen y madre fecunda. Todo lo cual la misma Sabiduría de Dios, que es la Palabra del Padre, lo dice universalmente de la Iglesia, de modo especial de la Virgen María, e individualmente de cada alma fiel.
Por eso dice: Habitaré en la heredad del Señor. La heredad del Señor en su significado universal es la Iglesia, en su significado especial es la Virgen María y en su significado individual es también cada alma fiel. Cristo permaneció nueve meses en el seno de María; permanecerá en el tabernáculo de la fe de la Iglesia hasta la consumación de los siglos; y en el conocimiento y en el amor del alma fiel por los siglos de los siglos.
Responsorio Lv 26, 11-12; 2Có 6, 16
R. Pondré mi morada entre
vosotros y no os rechazaré. * Caminaré entre
vosotros y seré vuestro Dios, y vosotros seréis mi pueblo.
V. Nosotros somos
templo de Dios vivo, como dijo Dios.
R. Caminaré entre vosotros y seré
vuestro Dios, y vosotros seréis mi pueblo.
Oremos:
Dios todopoderoso,
haz que Cristo, el resplandor de tu gloria, nazca en nuestros corazones, para
que, por su venida, nos veamos libres de toda oscuridad y seamos transformados
en hijos de la luz. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera
celebración del día:
V.
Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo
contrario:
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date
prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
Ven,
Señor, no tardes
Una
clara voz resuena
SALMODIA
Ant. 1: Por la mañana proclamamos, Señor, tu misericordia y de noche tu fidelidad.
Salmo 91
ALABANZA A DIOS QUE CON SABIDURÍA Y JUSTICIA
DIRIGE
LA VIDA DE LOS HOMBRES
Este salmo
canta las maravillas
realizadas en Cristo.
(S.
Atanasio)
Es bueno dar gracias al Señor
y tocar para tu nombre, oh
Altísimo,
proclamar por la mañana tu misericordia
y de noche tu
fidelidad,
con arpas de diez cuerdas y laúdes
sobre arpegios de
cítaras.
Tus acciones, Señor, son mi alegría,
y mi júbilo, las obras de
tus manos.
¡Qué magníficas son tus obras, Señor,
qué profundos tus
designios!
El ignorante no los entiende
ni el necio se da
cuenta.
Aunque germinen como hierba los malvados
y florezcan los
malhechores,
serán destruidos para siempre.
Tú, en cambio, Señor,
eres excelso por los siglos.
Porque tus enemigos, Señor, perecerán,
los malhechores serán
dispersados;
pero a mí me das la fuerza de un búfalo
y me unges con
aceite nuevo.
Mis ojos no temerán a mis enemigos,
mis oídos escucharán
su derrota.
El justo crecerá como una palmera
se alzará como un cedro del
Líbano:
plantado en la casa del Señor,
crecerá en los atrios de nuestro
Dios;
en la vejez seguirá dando fruto
y estará lozano y
frondoso,
para proclamar que el Señor es justo,
que en mi Roca no existe
la maldad.
Ant. 1: Por la mañana proclamamos, Señor, tu misericordia y de noche tu fidelidad.
Ant. 2: Dad gloria a nuestro Dios.
Cántico
Dt 32, 1-12
BENEFICIOS DE DIOS PARA CON SU PUEBLO
¡Cuántas
veces he querido agrupar a tus hijos
como la gallina cobija a los polluelos
bajo las alas!
(Mt 23, 37)
Escuchad, cielos, y hablaré;
oye, tierra los dichos de mi boca;
descienda como lluvia mi doctrina,
destile como rocío mi palabra;
como llovizna sobre la hierba,
como sereno sobre el césped;
voy a
proclamar el nombre del Señor:
dad gloria a nuestro Dios.
Él es la Roca, sus obras son perfectas,
sus caminos son
justos,
es un Dios fiel, sin maldad;
es justo y recto.
Hijos degenerados, se portaron mal con él,
generación malvada y
pervertida.
¿Así le pagas al Señor,
pueblo necio e insensato?
¿No es él tu padre y tu creador,
el que te hizo y te
constituyó?
Acuérdate de los días remotos,
considera las edades pretéritas,
pregunta a tu padre y te lo contará,
a tus ancianos y te lo
dirán:
Cuando el Altísimo daba
a cada pueblo su heredad,
y
distribuía a los hijos de Adán,
trazando las fronteras de las naciones
según el número de los hijos de Dios,
la porción del Señor fue su
pueblo,
Jacob fue la parte de su heredad.
Lo encontró en una tierra desierta
en una soledad poblada de
aullidos:
lo rodeó cuidando de él,
lo guardó como a las niñas de su
ojos.
Como el águila incita a su nidada,
revolando sobre los
polluelos,
así extendió sus alas, los tomó
y los llevó sobre sus
plumas.
El Señor solo los condujo,
no hubo dioses extraños con
él.
Ant. 2: Dad gloria a nuestro Dios.
Ant. 3: ¡Qué admirable es tu nombre, Señor, en toda la tierra!
Salmo 8
MAJESTAD DEL SEÑOR Y DIGNIDAD DEL HOMBRE
Todo lo puso
bajo sus pies y lo dio a
la Iglesia como cabeza, sobre todo.
( Ef 1,
22)
Señor, dueño nuestro,
¡qué admirable es tu nombre
en toda la
tierra!
Ensalzaste tu majestad sobre las cielos.
De la boca de los niños
de pecho
has sacado una alabanza contra tus enemigos,
para reprimir al
adversario y al rebelde.
Cuando contemplo el cielo, obra de tus manos;
la luna y las
estrellas que has creado,
¿qué es el hombre, para que te acuerdes de
él;
el ser humano, para darle poder?
Lo hiciste poco inferior a los ángeles,
lo coronaste de gloria y
dignidad,
le diste el mando sobre los obras de tus manos,
todo lo
sometiste bajo sus pies:
rebaños de ovejas y toros,
y hasta las bestias del campo,
las
aves del cielo, los peces del mar,
que trazan sendas por las
aguas.
Señor, dueño nuestro,
¡qué admirable es tu nombre
en toda la
tierra!
Ant. 3: ¡Qué admirable es tu nombre, Señor, en toda la tierra!
LECTURA BREVE Is 11, 1-3a
Saldrá un renuevo del tronco de Jesé, y de su raíz brotará un vástago. Sobre él se posará el espíritu del Señor: espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de fortaleza, espíritu de ciencia y de temor del Señor.
RESPONSORIO BREVE
V. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor. R. Sobre ti,
Jerusalén.
V. Su gloria aparecerá sobre
ti.
R. Amanecerá el Señor.
V. Gloria al
Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el
Señor.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Izará el Señor una enseña para las naciones, para reunir a los dispersos de Israel.
PRECES
Hermanos, oremos con todo nuestro espíritu a Cristo redentor, que vendrá con gran poder y gloria, y digámosle:
Ven, Señor Jesús.
Señor Jesucristo, que vendrás con poder desde el cielo, * mira nuestra pequeñez y haz que seamos dignos de tus dones.
Tú que viniste a anunciar la Buena Noticia a los hombres, * danos fuerza para que también nosotros anunciemos el Evangelio a nuestros hermanos.
Tú que desde el trono del Padre todo lo gobiernas, * haz que aguardemos con alegría la dicha que esperamos, tu aparición gloriosa.
Consuélanos,
Señor, con los dones de tu divinidad, * a los
que anhelamos la gracia de tu venida.
Se pueden
añadir algunas intenciones libres.
Pidamos que el reino de Dios llegue a todos los hombres: Padre nuestro.
Oración
Dios todopoderoso, haz que Cristo, el resplandor de tu gloria, nazca en nuestros corazones, para que, por su venida, nos veamos libres de toda oscuridad y seamos transformados en hijos de la luz. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.
Amén.
V. Dios mío, ven en mi
auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Antífona:
Tercia: Los profetas
anunciaron que el Salvador nacería de María Virgen.
Sexta: El ángel Gabriel saludó a María diciendo:
«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo, bendita tú entre las
mujeres.»
Nona: María dijo: «¿Qué significa
este saludo? Me quedo perpleja ante estas palabras de que daré a luz un Rey sin
perder mi virginidad.»
Salmo 118, 81-88
Me consumo ansiando tu salvación,
y espero en tu palabra;
mis
ojos se consumen ansiando tus promesas,
mientras digo: ¿cuándo me
consolarás?
Estoy como un odre puesto al humo,
pero no olvido tus
leyes.
¿Cuántos serán los días de tu siervo?
¿Cuándo harás justicia de
mis perseguidores.
Me han cavado fosas los insolentes,
ignorando tu
voluntad;
todos tus mandatos son leales,
sin razón me persiguen,
protégeme.
Casi dieron conmigo en la tumba,
pero yo no abandoné tus
decretos;
por tu bondad dame vida,
para que observe los preceptos de tu
boca.
Salmo 60
ORACIÓN DE UN DESTERRADO
Oración del
justo que espera
la vida eterna. (S. Hilario)
Dios mío, escucha mi clamor,
atiende a mi súplica;
te invoco
desde el confín de la tierra
con el corazón abatido:
llévame a una roca inaccesible,
porque tú eres mi refugio
y
mi bastión contra el enemigo.
Habitaré siempre en tu morada,
refugiado al amparo de tus
alas;
porque tú, ¡oh Dios!, escucharás mis deseos
y me darás la heredad de
los que veneran tu nombre.
Añade días a los días del rey,
que sus años alcancen varias
generaciones;
que reine siempre en presencia de Dios,
que tu gracia y tu
lealtad le hagan guardia.
Yo tañeré siempre en tu honor,
e iré cumpliendo mis votos día
tras día.
Salmo 63
SÚPLICA CONTRA LOS ENEMIGOS
Este salmo se
aplica especialmente
a la pasión del Señor. (S.
Agustín)
Escucha, ¡oh Dios!, la voz de mi lamento,
protege mi vida del
terrible enemigo;
escóndeme de la conjura de los perversos
y del motín de
los malhechores:
afilan sus lenguas como espadas
y disparan como flechas palabras
venenosas,
para herir a escondidas al inocente,
para herirlo por sorpresa
y sin riesgo.
Se animan al delito,
calculan cómo esconder trampas,
y dicen:
«¿Quién lo descubrirá?»
Inventan maldades y ocultan sus
invenciones,
porque su mente y su corazón no tienen fondo.
Pero Dios los acribilla a flechazos,
por sorpresa los cubre de
heridas;
su misma lengua los lleva a la ruina,
y los que lo ven menean la
cabeza.
Todo el mundo se atemoriza,
proclama la obra de Dios
y medita
sus acciones.
El justo se alegra con el Señor,
se refugia en él,
y se
felicitan los rectos de corazón.
Tercia: Los profetas anunciaron que el Salvador nacería de María Virgen.
LECTURA BREVE Is 4, 2
Aquel día, el vástago del Señor será joya y gloria, fruto del país, honor y ornamento para los supervivientes de Israel.
V. Los gentiles
temerán tu nombre, Señor.
R. Los reyes del mundo tu gloria.
Oremos:
Dios
todopoderoso, haz que Cristo, el resplandor de tu gloria, nazca en nuestros
corazones, para que, por su venida, nos veamos libres de toda oscuridad y seamos
transformados en hijos de la luz. Por Cristo nuestro Señor.
Sexta: El ángel Gabriel saludó a María diciendo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo, bendita tú entre las mujeres.»
LECTURA BREVE Is 4, 3
A los que queden en Sión, a los restantes en Jerusalén, los llamarán santos: serán inscritos para vivir en Jerusalén.
V. Acuérdate de
nosotros, Señor, por amor a tu pueblo.
R. Visítanos con tu
salvación.
Oremos:
Dios
todopoderoso, haz que Cristo, el resplandor de tu gloria, nazca en nuestros
corazones, para que, por su venida, nos veamos libres de toda oscuridad y seamos
transformados en hijos de la luz. Por Cristo nuestro Señor.
Nona: María dijo: «¿Qué significa este saludo? Me quedo perpleja ante estas palabras de que daré a luz un Rey sin perder mi virginidad.»
LECTURA BREVE Is 61, 11
Como el suelo echa sus brotes, como un jardín hace brotar sus semillas, así el Señor hará brotar la justicia y los himnos, ante todos los pueblos.
V. Ven, Señor, y
no tardes.
R. Perdona los pecados de tu pueblo.
Oremos:
Dios
todopoderoso, haz que Cristo, el resplandor de tu gloria, nazca en nuestros
corazones, para que, por su venida, nos veamos libres de toda oscuridad y seamos
transformados en hijos de la luz. Por Cristo nuestro Señor.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al
Señor.
R. Demos gracias a Dios.
I VÍSPERAS
INVOCACIÓN INICIAL
V.
Dios mío ven en mi auxilio
R. Señor,
date prisa en socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
Éste
es el tiempo en que llegas
Jesucristo,
Palabra del Padre
SALMODIA
Ant. 1: Alégrate, Jerusalén, porque viene a ti el Salvador. Aleluya.
Salmo 112
ALABADO SEA EL NOMBRE DEL SEÑOR
Derriba del
trono a los poderosos
y enaltece a los humildes.
(Lc 1,
52)
Alabad, siervos del Señor,
alabad el nombre del
Señor.
Bendito sea el nombre del Señor,
ahora y por siempre:
de la
salida del sol hasta su ocaso,
alabado sea el nombre del Señor.
El Señor se eleva sobre todos los pueblos,
su gloria sobre los
cielos.
¿Quién como el Señor Dios nuestro,
que se eleva en su trono
y
se abaja para mirar
al cielo y a la tierra?
Levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al
pobre,
para sentarlo con los príncipes,
los príncipes de su pueblo;
a
la estéril le da un puesto en la casa,
como madre feliz de hijos.
Ant. 1: Alégrate, Jerusalén, porque viene a ti el Salvador. Aleluya.
Ant. 2: Yo soy el Señor: mi hora está cerca; mi salvación no tardará.
Salmo 115
ACCIÓN DE GRACIAS EN EL TEMPLO
Por medio de
Jesús ofrezcamos continuamente
a Dios un sacrificio de alabanza. (Hb. 13,
15)
Tenía fe, aun cuando dije:
“¡Qué desgraciado soy!”
Yo decía
en mi apuro:
“Los hombres son unos mentirosos.”
¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la
copa de la salvación,
invocando su nombre.
Cumpliré al Señor mis
votos
en presencia de todo el pueblo.
Vale mucho a los ojos del Señor
la vida de sus fieles.
Señor,
yo soy tu siervo,
siervo tuyo, hijo de tu esclava:
rompiste mis
cadenas.
Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre,
Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo,
en
el atrio de la casa del Señor,
en medio de ti, Jerusalén.
Ant. 2: Yo soy el Señor: mi hora está cerca; mi salvación no tardará.
Ant. 3: Envía, Señor, al Cordero que dominará la tierra desde la peña del desierto al monte de Sión.
Cántico
Flp 2,6-11
CRISTO, SIERVO DE DIOS, EN SU MISTERIO PASCUAL
Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su
categoría de Dios,
al contrario, se anonadó a sí mismo,
y tomó la
condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.
Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó
hasta
someterse incluso a la muerte
y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el
¨Nombre-sobre-todo-nombre¨;
de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se
doble
en el cielo, en la tierra, en el abismo
y toda lengua
proclame:
Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.
Ant. 3: Envía, Señor, al Cordero que dominará la tierra desde la peña del desierto al monte de Sión.
LECTURA BREVE 1Ts 5, 23-24
Que el mismo Dios de la paz os consagre totalmente y que todo vuestro ser -espíritu, alma y cuerpo- sea custodiado sin reproche hasta la Parusía de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es a sus promesas el que os ha convocado; y él las cumplirá.
RESPONSORIO BREVE
V. Muéstranos,
Señor, tu misericordia.
R. Muéstranos, Señor
V. Y danos tu
salvación.
R. Muéstranos, Señor, tu misericordia.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Muéstranos, Señor, tu
misericordia.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Antes de mí no existía ningún dios y después de mí ninguno habrá; porque ante mí se doblará toda rodilla y por mí jurará toda lengua.
PRECES
Invoquemos a Cristo, alegría y júbilo de cuantos esperan su llegada, y digámosle:
Ven, Señor, y no tardes más.
Esperamos alegres tu venida, * ven, Señor Jesús.
Tú que existes antes de los tiempos, * ven y salva a los que viven en el tiempo.
Tú que creaste el mundo y a todos los que en él habitan, * ven a restaurar la obra de tus manos.
Tú que no despreciaste nuestra naturaleza mortal, * ven y arráncanos del dominio de la muerte.
Tú que viniste para que tuviéramos vida abundante, * ven y danos tu vida eterna.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Tú que quieres congregar a todos los hombres en tu reino, * ven y reúne a cuantos desean contemplar tu rostro.
Pidamos ahora con grande confianza la venida del reino de Dios, con las palabras que Cristo nos enseñó: Padre nuestro.
Oración.
Señor, que ves a tu pueblo esperando con gran fe la solemnidad del nacimiento de tu Hijo, concédenos celebrar la obra tan grande de nuestra salvación con cánticos jubilosos de alabanza y con una inmensa alegría. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.
Amén.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera
celebración del día:
V.
Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo
contrario:
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date
prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Ant.1: Mirad, viene ya el Rey excelso, con gran poder, para salvar a todos los pueblos. Aleluya.
Salmo 144
HIMNO A LA GRANDEZA DE DIOS
Justo eres
tú, Señor, el que es
y el que era, el Santo. (Ap 16,
5)
I
Te ensalzaré, Dios mío, mi rey;
bendeciré tu nombre por siempre
jamás.
Día tras día te bendeciré
y alabaré tu nombre por siempre
jamás.
Grande es el Señor, merece toda alabanza,
es incalculable su
grandeza;
una generación pondera tus obras a la otra,
y le cuenta tus
hazañas.
Alaban ellos la gloria de tu majestad,
y yo repito tus
maravillas;
encarecen ellos tus temibles proezas,
y yo narro tus grandes
acciones;
difunden la memoria de tu inmensa bondad,
y aclaman tus
victorias.
El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico
en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus
creaturas.
Ant.1: Mirad, viene ya el Rey excelso, con gran poder, para salvar a todos los pueblos. Aleluya.
Ant. 2: Alégrate y goza, hija de Jerusalén: mira a tu Rey que viene. No temas, Sión, tu salvación está cerca.
II
Que todas tus creaturas te den gracias, Señor,
que te bendigan
tus fieles;
que proclamen la gloria de tu reinado,
que hablen de tus
hazañas;
explicando tus proezas a los hombres,
la gloria y majestad de tu
reinado.
Tu reinado es un reinado perpetuo,
tu gobierno va de edad en
edad.
Ant. 2: Alégrate y goza, hija de Jerusalén: mira a tu Rey que viene. No temas, Sión, tu salvación está cerca.
Ant. 3: Salgamos con corazón limpio a recibir al Rey supremo, porque está para venir y no tardará.
III
El Señor es fiel a sus palabras,
bondadoso en todas sus
acciones.
El Señor sostiene a los que van a caer,
endereza a los que ya se
doblan.
Los ojos de todos te están aguardando,
tú les das la comida a su
tiempo;
abres tú la mano,
y sacias de favores a todo viviente.
El Señor es justo en todos sus caminos,
es bondadoso en todas
sus acciones;
cerca está el Señor de los que lo invocan,
de los que lo
invocan sinceramente.
Satisface los deseos de sus fieles,
escucha sus gritos, y los
salva.
El Señor guarda a los que lo aman,
pero destruye a los
malvados.
Pronuncie mi boca la alabanza del Señor,
todo viviente bendiga
su santo nombre
por siempre jamás.
Ant. 3: Salgamos con corazón limpio a recibir al Rey supremo, porque está para venir y no tardará.
V. Levantaos, alzad la
cabeza.
R. Se acerca vuestra liberación.
PRIMERA LECTURA
Año I:
Del libro de Rut (4, 1-22)
BOAZ SE CASA CON RUT
Boaz fue a la plaza del pueblo y se sentó allí. En aquel momento, pasaba por allí el pariente del que había hablado Boaz. Lo llamó:
«Oye, ven y siéntate aquí.»
El otro llegó y se sentó. Boaz reunió a diez de los ancianos de la ciudad y les dijo:
«Sentaos aquí.»
Y se sentaron. Entonces Boaz dijo al otro:
«Mira, la tierra que era de nuestro pariente Elimelec la pone en venta Noemí, la que volvió de la campiña de Moab. He querido ponerte al tanto y decirte: “Cómprala ante los aquí presentes, los ancianos de la ciudad, si es que quieres rescatarla; y si no, házmelo saber; porque tú eres el primero con derecho a rescatarla, y yo vengo después de ti.”»
El otro dijo:
«La compro.»
Boaz prosiguió:
«Al comprarle esta tierra a Noemí adquieres también a Rut, la moabita, esposa del difunto, con el fin de conservar el apellido del difunto en su heredad.»
Entonces el otro dijo:
«No puedo hacerlo, porque perjudicaría a mis herederos. Te cedo mi derecho; a mí no me es posible.»
Antiguamente había esta costumbre en Israel, cuando se trataba de rescate o de permuta: para cerrar el trato se quitaba uno la sandalia y se la daba al otro. Así se hacían los tratos en Israel. Así que el otro dijo a Boaz:
«Cómpralo tú.»
Se quitó la sandalia y se la dio. Y entonces Boaz dijo a los ancianos y a la gente:
«Os tomo hoy por testigos de que adquiero todas las posesiones de Elimelec, Kilión y Majlón, de manos de Noemí; y de que adquiero como esposa a Rut, la moabita, mujer de Majlón, con el fin de conservar el apellido del difunto en su heredad, para que no desaparezca el apellido del difunto entre sus parientes y paisanos. ¿Sois testigos?
Todos los allí presentes respondieron:
«Somos testigos.»
Y los ancianos añadieron:
«¡Que a la mujer que va a entrar en tu casa la haga el Señor como Raquel y Lía, las dos construyeron la casa de Israel! ¡Que tengas riqueza en Errata y renombre en Belén! ¡Que, por los hijos que el Señor te dé de esta joven, tu casa sea como la de Fares, el hijo que Tamar dio a Judá!»
Así fue como Boaz se casó con Rut. Se unió a ella; el Señor hizo que Rut concibiera y diese a luz un hijo. Las mujeres dijeron a Noemí:
«Bendito sea Dios, que te ha dado hoy quien responda por ti. El nombre del difunto se pronunciará en Israel. Y el niño te será un descanso y una ayuda en tu vejez; pues te lo ha dado a luz tu nuera, la que tanto te quiere, que te vale más que siete hijos.»
Noemí tomó al niño, lo puso en su regazo y se encargó de criarlo. Las vecinas le buscaban un nombre, diciendo:
«¡Noemí ha tenido un niño!»
Y le pusieron por nombre Obed. Fue el padre de Jesé, padre de David.
Ésta es la lista de los descendientes de Fares: Fares engendró a Jesrón, Jesrón engendró a Ram, Ram engendró a Aminadab, Aminadab engendró a Najsón, Najsón engendró a Salmá, Salmá engendró a Boaz, Boaz engendró a Obed, Obed engendró a Jesé y Jesé engendró a David.
RESPONSORIO (Is 55, 3; Sal 88, 30)
R. Inclinad el oído, venid a
mí: escuchadme y viviréis. * Sellaré con
vosotros alianza perpetua, la promesa que aseguré a David.
V. Le daré una
posteridad perpetua y un trono duradero como el cielo.
R. Sellaré con
vosotros alianza perpetua, la promesa que aseguré a David.
Año II:
Del libro del profeta Isaías (29, 13-24)
ANUNCIO DEL JUICIO DEL SEÑOR
Esto dice el Señor:
«Ya que este pueblo se me acerca sólo de palabra y me glorifica sólo con los labios, mientras su corazón está lejos de mí, y el culto que me da es sólo precepto humano y rutina, yo seguiré realizando prodigios maravillosos: haré fracasar la sabiduría de sus sabios y eclipsaré la prudencia de sus prudentes.»
¡Ay de los que tratan de esconderse del Señor para disimular sus planes! Hacen sus obras en la oscuridad, diciendo: «¿Quién nos ve, quién se entera?
¡Qué desatino! Como barro que se considerase igual al alfarero; como una obra que dijera del que la hizo: «No me ha hecho»; como cacharro que dijera de su alfarero: «Éste no sabe nada.»
Pronto, muy pronto, el Líbano se convertirá en vergel, y el vergel se transformará en un bosque. En aquel día, podrán oír los sordos las palabras de un libro, y podrán verlas los ojos de los ciegos, libres de las tinieblas y de la oscuridad.
Los oprimidos volverán a alegrarse en el Señor y los pobres se regocijarán en el Santo de Israel; porque acabó el opresor, terminó el cínico y serán aniquilados los maleantes, los que por nada declaran culpable a un hombre, los que juzgan con trampas en el tribunal y hunden sin razón al inocente.
Así dice a la casa de Jacob el Señor, el que rescató a Abraham:
«Ya no se avergonzará Jacob, ya no se sonrojará su cara; pues, cuando vea mis acciones en medio de él, tendrá mi nombre por santo, alabará al Santo de Jacob y temerá al Dios de Israel. Los que se habían descarriado entrarán en razón y los que protestaban comprenderán.»
RESPONSORIO (Is 29, 18. 19; cf. Mt 11, 4. 5)
R. En aquel día, podrán oír los
sordos las palabras de un libro, y podrán verlas los ojos de los ciegos, libres
de las tinieblas y de la oscuridad, * y los
pobres se regocijarán en el Santo de Israel.
V. Id a contar a Juan lo que
estáis viendo y oyendo: los ciegos ven, los cojos andan, los sordos oyen y la
Buena Noticia es anunciada a los pobres.
R. Y los pobres se regocijarán en el
Santo de Israel.
SEGUNDA LECTURA
De los Sermones de san Agustín, obispo.
(Sermón 293, 3: PL 38, 1328-1329)
JUAN ERA LA VOZ, CRISTO LA PALABRA
Juan era la voz; pero el Señor era la Palabra que existía ya al comienzo de las cosas. Juan era una voz pasajera, Cristo la Palabra eterna desde el principio.
Suprime la palabra, y ¿qué es la voz? Donde falta la idea no hay más que un sonido. La voz sin la palabra entra en el oído, pero no llega al corazón.
Observemos el desarrollo interior de nuestras ideas. Mientras reflexiono sobre lo que voy a decir, la palabra está dentro de mí; pero, si quiero hablar contigo, busco el modo de hacer llegar a tu corazón lo que ya está en el mío.
Al buscar cómo hacerla llegar a ti, cómo introducir en tu corazón esta palabra interior mía, recurro a la voz y con su ayuda te hablo. El sonido de la voz conduce a tu espíritu la inteligencia de una idea mía, y cuando el sonido vocal te ha llevado a la comprensión de la idea, se desvanece y pasa, pero la idea que te trasmitió permanece en ti sin haber dejado de estar en mí.
Y una vez que el sonido ha servido como puente a la palabra desde mi espíritu al tuyo ¿no parece decirte: Es preciso que él crezca y que yo disminuya? Y una vez que ha cumplido su oficio y desaparece ¿no es como si te dijera: Mi alegría ahora rebasa todo límite? Apoderémonos de la palabra, hagámosla entrar en lo más íntimo de nuestro corazón, no dejemos que se esfume.
¿Quieres ver cómo la voz pasa y la divinidad de la Palabra permanece? ¿Dónde está ahora el bautismo de Juan? Él cumplió su oficio, y desapareció. Pero el bautismo de Cristo permanece. Todos creemos en Cristo y esperamos de él la salvación; esto es lo que dijo la voz.
Y como es difícil discernir entre la Palabra y la voz, los hombres creyeron que Juan era Cristo. Tomaron a la voz por la Palabra. Pero Juan se reconoció como la voz para no usurparle los derechos a la Palabra. Dijo: No soy el Mesías, ni Elías, ni el Profeta. Le preguntaron: ¿Qué dices de tu persona? Y el respondió: Yo soy la voz del que clama en el desierto: «Preparad el camino del Señor.» La voz del que clama en el desierto, la voz del que rompe el silencio. Preparad el camino del Señor, como si dijera: «Soy la voz cuyo sonido no hace sino introducir la Palabra en el corazón; pero, si no le preparáis el camino, la Palabra no vendrá adonde yo quiero que ella entre.»
¿Qué significa: Preparad el camino, sino: «Rogad insistentemente»? ¿Qué significa: Preparad el camino, sino: «Sed humildes en vuestros pensamientos»? Imitad el ejemplo de humildad del Bautista. Lo toman por Cristo, pero él dice que no es lo que ellos piensan ni se adjudica el honor que erróneamente le atribuyen.
Si hubiera dicho: «Soy Cristo», con cuánta facilidad lo hubieran creído, ya que lo pensaban de él sin haberlo dicho. No lo dijo: reconoció lo que era, hizo ver la diferencia entre Cristo y él, y se humilló.
Vio dónde estaba la salvación, comprendió que él era sólo una antorcha y temió ser apagado por el viento de la soberbia.
RESPONSORIO (Jn 3, 30; 1, 27. 30; Mc 1, 8)
R. Es preciso que él crezca y
que yo disminuya; el que viene después de mí ya existía antes que yo, * y yo no
soy digno ni de desatar la correa de sus sandalias.
V. Yo os he bautizado con
agua, pero él os bautizará con el Espíritu Santo.
R. Y yo no soy digno ni de
desatar la correa de sus sandalias.
Después del segundo responsorio, se dice el himno Señor, Dios eterno.
Oremos:
Señor, que ves a tu
pueblo esperando con gran fe la solemnidad del nacimiento de tu Hijo, concédenos
celebrar la obra tan grande de nuestra salvación con cánticos jubilosos de
alabanza y con una inmensa alegría. Por nuestro Señor Jesucristo, tu
Hijo.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera
celebración del día:
V.
Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo
contrario:
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date
prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
Ven,
Señor, no tardes
Una
clara voz resuena
SALMODIA
Ant. 1: Vendrá el Señor y no tardará: iluminará lo escondido en las tinieblas y se manifestará a todos los hombres. Aleluya.
Salmo 92
GLORIA DEL DIOS CREADOR
Reina el
Señor, nuestro Dios, dueño de todo;
alegrémonos y gocemos y démosle gracias.
(Ap 19,6.7)
El Señor reina vestido de majestad,
el Señor, vestido y ceñido
de poder:
así está firme el orbe y no vacila.
Tu trono está firme desde siempre,
y tú eres eterno.
Levantan los ríos, Señor,
levantan los ríos su voz,
levantan
los ríos su fragor;
pero más que la voz de aguas caudalosas,
más potente que el
oleaje del mar,
más potente en el cielo es el Señor.
Tus mandatos son fieles y seguros;
la santidad es el adorno de
tu casa,
Señor, por días sin término.
Ant. 1: Vendrá el Señor y no tardará: iluminará lo escondido en las tinieblas y se manifestará a todos los hombres. Aleluya.
Ant. 2: Los montes y las colinas se abajarán. Lo torcido se enderezará y lo escabroso se igualará. Ven, Señor, no tardes. Aleluya.
Cántico
Dn 3, 57-88. 56
TODA LA CREACIÓN ALABE AL SEÑOR
Alabad al
Señor sus siervos todos
(Ap 19,5)
Creaturas todas del Señor, bendecid al Señor,
ensalzadlo con
himnos por los siglos.
Ángeles del Señor, bendecid al Señor;
cielos, bendecid al
Señor.
Aguas del espacio, bendecid al Señor;
ejércitos del Señor,
bendecid al Señor.
Sol y luna, bendecid al Señor;
astros del cielo, bendecid al
Señor.
Lluvia y rocío, bendecid al Señor;
vientos todos, bendecid al
Señor.
Fuego y calor, bendecid al Señor;
fríos y heladas, bendecid al
Señor.
Rocíos y nevadas, bendecid al Señor;
témpanos y hielos, bendecid
al Señor.
Escarchas y nieves, bendecid al Señor;
noche y día, bendecid al
Señor.
Luz y tinieblas, bendecid al Señor;
rayos y nubes, bendecid al
Señor.
Bendiga la tierra al Señor,
ensálcelo con himnos por los
siglos.
Montes y cumbres, bendecid al Señor;
cuanto germina en la
tierra, bendiga al Señor.
Manantiales, bendecid al Señor;
mares y ríos, bendecid al
Señor.
Cetáceos y peces, bendecid al Señor;
aves del cielo, bendecid al
Señor.
Fieras y ganados, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por
los siglos.
Hijos de los hombres, bendecid al Señor;
bendiga Israel al
Señor.
Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor;
siervos del Señor,
bendecid al Señor.
Almas y espíritus justos, bendecid al Señor;
santos y humildes
de corazón, bendecid al Señor.
Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor,
ensalzadlo con
himnos por los siglos.
Bendigamos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo,
ensalcémoslo
con himnos por los siglos.
Bendito el Señor en la bóveda del cielo,
alabado y glorioso y
ensalzado por los siglos.
No se dice Gloria al Padre.
Ant. 2: Los montes y las colinas se abajarán. Lo torcido se enderezará y lo escabroso se igualará. Ven, Señor, no tardes. Aleluya.
Ant. 3: Salvaré a Sión y mostraré mi gloria en Jerusalén. Aleluya.
Salmo 148
ALABANZA DEL DIOS CREADOR
Al que se
sienta en el trono y al
Cordero la alabanza, el honor,
la gloria y el
poder por los
siglos de los siglos. (Ap 5,13)
Alabad al Señor en el cielo,
+ alabad al Señor en lo
alto.
Alabadlo todos sus ángeles,
alabadlo todos sus
ejércitos.
Alabadlo, sol y luna;
alabadlo, estrellas lucientes.
Alabadlo, espacios celestes,
y aguas que cuelgan en el
cielo.
Alaben el nombre del Señor,
porque él lo mandó, y
existieron.
Les dio consistencia perpetua
y una ley que no
pasará.
Alabad al Señor en la tierra,
cetáceos y abismos del
mar.
Rayos, granizo, nieve y bruma,
viento huracanado que cumple sus
órdenes.
Montes y todas las sierras,
árboles frutales y
cedros.
Fieras y animales domésticos,
reptiles y pájaros que
vuelan.
Reyes y pueblos del orbe,
príncipes y jefes del
mundo.
Los jóvenes y también las doncellas,
los viejos junto con los
niños.
Alaben el nombre del Señor,
el único nombre sublime.
Su majestad sobre el cielo y la tierra;
él acrece el vigor de
su pueblo.
Alabanza de todos sus fieles,
de Israel, su pueblo
escogido.
Ant. 3: Salvaré a Sión y mostraré mi gloria en Jerusalén. Aleluya.
LECTURA BREVE Rm 13, 11b-12
Ya es hora que despertéis del sueño, pues la salud está ahora más cerca que cuando abrazamos la fe. La noche va pasando, el día está encima; desnudémonos, pues, de las obras de las tinieblas y vistámonos de las armas de la luz.
RESPONSORIO BREVE
V. Cristo, Hijo
de Dios vivo, ten piedad de nosotros.
R.
Cristo, Hijo de Dios.
V. Tú que has de
venir al mundo.
R. Ten piedad de nosotros.
V. Gloria al Padre, y al Hijo,
y al Espíritu Santo.
R. Cristo, Hijo de Dios vivo, ten piedad de
nosotros.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Entended que el reino de Dios está ya cerca; os aseguro que no tardará.
PRECES
Oremos a Dios Padre, que trazó desde antiguo un plan de salvación para su pueblo, y digámosle:
Guarda a tu pueblo, Señor.
Oh Dios, que prometiste a tu pueblo un vástago que haría justicia, * vela por la santidad de tu Iglesia.
Inclina, oh Dios, el corazón de los hombres a tu palabra * y afianza la santidad de tus fieles.
Por tu Espíritu consérvanos en el amor, * para que podamos recibir la misericordia de tu Hijo que se acerca.
Haz que nos mantengamos firmes, Dios de clemencia, * hasta el día de la manifestación de nuestro Señor Jesucristo.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Pidamos ahora con grande confianza la venida del reino de Dios, con las palabras que Cristo nos enseñó: Padre nuestro.
Oración
Señor, que ves a tu pueblo esperando con gran fe la solemnidad del nacimiento de tu Hijo, concédenos celebrar la obra tan grande de nuestra salvación con cánticos jubilosos de alabanza y con una inmensa alegría. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos
guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
V. Dios mío, ven en mi
auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Antífona:
Tercia: Los profetas
anunciaron que el Salvador nacería de María Virgen.
Sexta: El ángel Gabriel saludó a María diciendo:
«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo, bendita tú entre las
mujeres.»
Nona: María dijo: «¿Qué significa
este saludo? Me quedo perpleja ante estas palabras de que daré a luz un Rey sin
perder mi virginidad.»
Salmo 117
HIMNO DE ACCIÓN GRACIAS DESPUÉS DE LA
VICTORIA
Jesús es la
piedra que desechasteis vosotros, los arquitectos,
y que se ha convertido en
piedra angular. (Hch 4, 11)
I
Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su
misericordia.
Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.
Diga la casa de Aarón:
eterna es su misericordia.
Digan los fieles del Señor:
eterna es su
misericordia.
En el peligro grité al Señor,
y me escuchó, poniéndome a
salvo.
El Señor está conmigo: no temo;
¿qué podrá hacerme el
hombre?
El Señor está conmigo y me auxilia,
veré la derrota de mis
adversarios.
Mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los
hombres,
mejor es refugiarse en el Señor
que confiar en los
magnates.
II
Todos los pueblos me rodeaban,
en el nombre del Señor los
rechacé;
me rodeaban cerrando el cerco,
en el nombre del Señor los
rechacé;
me rodeaban como avispas,
ardiendo como fuego en las
zarzas,
en el nombre del Señor los rechacé.
Empujaban y empujaban para derribarme,
pero el Señor me
ayudó;
el Señor es mi fuerza y mi energía,
él es mi salvación.
Escuchad: hay cantos de victoria
en las tiendas de los
justos:
«La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es
excelsa,
la diestra del Señor es poderosa.»
No he de morir, viviré
para contar las hazañas del
Señor.
Me castigó, me castigó el Señor,
pero no me entregó a la
muerte.
III
Abridme las puertas del triunfo,
y entraré para dar gracias al
Señor.
Esta es la puerta del Señor:
los vencedores entrarán por
ella.
Te doy gracias porque me escuchaste
y fuiste mi
salvación.
La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra
angular.
Es el Señor quién lo ha hecho,
ha sido un milagro
patente.
Este es el día en que actuó el Señor,
sea nuestra alegría y
nuestro gozo.
Señor, danos la salvación;
Señor, danos
prosperidad.
Bendito el que viene en nombre del Señor, os bendecimos desde la
casa del Señor;
el Señor es Dios: él nos ilumina.
Ordenad una procesión con ramos
hasta los ángulos del
altar.
Tú eres mi Dios, te doy gracias;
Dios mío, yo te
ensalzo.
Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su
misericordia.
Tercia: Los profetas anunciaron que el Salvador nacería de María Virgen.
LECTURA BREVE Rm 13,13-14a
Andemos como en pleno día, con dignidad. No andemos en comilonas y borracheras, ni en deshonestidad ni lujuria, ni en riñas ni envidias; sino revestíos de Jesucristo, el Señor.
V. Los gentiles
temerán tu nombre, Señor.
R. Los reyes del
mundo tu gloria.
Oremos:
Señor,
que ves a tu pueblo esperando con gran fe la solemnidad del nacimiento de tu
Hijo, concédenos celebrar la obra tan grande de nuestra salvación con cánticos
jubilosos de alabanza y con una inmensa alegría. Por Cristo nuestro Señor.
Sexta: El
ángel Gabriel saludó a María diciendo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está
contigo, bendita tú entre las mujeres.»
LECTURA
BREVE 1Ts 3,12-13
Que el Señor os haga aumentar y rebosar en amor de unos con otros y con todos, así como os amamos nosotros, para que conservéis vuestros corazones intachables en santidad ante Dios, Padre nuestro, cuando venga nuestro Señor Jesucristo con todos sus santos.
V. Acuérdate de nosotros, Señor, por amor a tu
pueblo.
R. Visítanos con tu
salvación.
Oremos:
Señor,
que ves a tu pueblo esperando con gran fe la solemnidad del nacimiento de tu
Hijo, concédenos celebrar la obra tan grande de nuestra salvación con cánticos
jubilosos de alabanza y con una inmensa alegría. Por Cristo nuestro Señor.
Nona: María dijo: «¿Qué significa este saludo? Me quedo perpleja ante estas palabras de que daré a luz un Rey sin perder mi virginidad.»
LECTURA BREVE Cf. 2Ts 1,6.7.10
Es justo a los ojos de Dios que a vosotros, los atribulados, os pague con descanso eterno, descanso que será en nuestra compañía. Esto sucederá el día de la revelación de Jesús, el Señor, cuando venga del cielo con los ángeles ejecutadores de su poder, cuando venga aquel día para ser glorificado en sus santos y para ser la admiración de los que han tenido fe.
V. Ven, Señor, y
no tardes.
R. Perdona los pecados de tu pueblo.
Oremos:
Señor,
que ves a tu pueblo esperando con gran fe la solemnidad del nacimiento de tu
Hijo, concédenos celebrar la obra tan grande de nuestra salvación con cánticos
jubilosos de alabanza y con una inmensa alegría. Por Cristo nuestro Señor.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al
Señor.
R. Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V.
Dios mío ven en mi auxilio
R. Señor,
date prisa en socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
Éste
es el tiempo en que llegas
Jesucristo,
Palabra del Padre
SALMODIA
Ant. 1: Mirad: vendrá el Señor para sentarse con los príncipes en un trono de gloria.
Salmo 109, 1-5. 7
MESÍAS, REY Y SACERDOTE
Él debe
reinar hasta poner todos
sus enemigos bajo sus pies.
(1 Co 15,
25)
Oráculo del Señor a mi Señor:
“Siéntate a mi
derecha,
+ y haré de tus enemigos
estrado de tus pies.”
Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete
en la batalla a tus enemigos.
“Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores
sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la
aurora.”
El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
“Tú eres sacerdote
eterno
según el rito de Melquisedec.”
El Señor a tu derecha, el día de su ira,
quebrantará a los
reyes.
En su camino beberá del torrente,
por eso levantará la
cabeza.
Ant. 1: Mirad: vendrá el Señor para sentarse con los príncipes en un trono de gloria.
Ant. 2: Destilen los montes alegría y los collados justicia, porque con poder viene el Señor, luz del mundo.
Salmo 110
GRANDES SON LAS OBRAS DEL SEÑOR
Grandes y
maravillosas son tus obras,
Señor, Dios omnipotente. (Ap
15,3)
Doy gracias al Señor de todo corazón,
en compañía de los rectos,
en la asamblea.
Grandes son las obras del Señor,
dignas de estudio para
los que las aman.
Esplendor y belleza son su obra,
su generosidad dura por
siempre;
ha hecho maravillas memorables,
el Señor es piadoso y
clemente.
Él da alimento a sus fieles,
recordando siempre su
alianza;
mostró a su pueblo la fuerza de su poder,
dándoles la heredad de
los gentiles.
Justicia y verdad son las obras de sus manos,
todos sus
preceptos merecen confianza:
son estables para siempre jamás,
se han de
cumplir con verdad y rectitud.
Envió la redención a su pueblo,
ratificó para siempre su
alianza,
su nombre es sagrado y temible.
Primicia de la sabiduría es el temor del Señor,
tienen buen
juicio los que lo practican;
la alabanza del Señor dura por
siempre.
Ant. 2: Destilen los montes alegría y los collados justicia, porque con poder viene el Señor, luz del mundo.
Ant. 3: Llevemos una vida honrada y religiosa, aguardando la dicha que esperamos, venida del Señor.
El cántico siguiente se dice con todos los Aleluya intercalados cuando el Oficio es cantado. Cuando el Oficio se dice sin canto es suficiente decir el Aleluya sólo al principio y al final de cada estrofa.
Cántico
Cf. Ap 19, 1-2. 5-7
LAS BODAS DEL CORDERO
Aleluya.
La salvación y la gloria y el poder son de nuestro
Dios.
(R. Aleluya)
Porque sus juicios son verdaderos y justos.
R. Aleluya, (aleluya ).
Aleluya.
Alabad al Señor, sus siervos todos.
(R. Aleluya)
Los que le teméis,
pequeños y grandes.
R. Aleluya, (aleluya ).
Aleluya.
Porque reina el Señor, nuestro Dios, dueño de
todo.
(R. Aleluya)
Alegrémonos y gocemos y démosle gracias.
R. Aleluya, (aleluya ).
Aleluya.
Llegó la boda del Cordero.
(R. Aleluya.)
Su esposa se ha
embellecido.
R. Aleluya, (aleluya ).
Ant. 3: Llevemos una vida honrada y religiosa, aguardando la dicha que esperamos, venida del Señor.
LECTURA BREVE Flp 4, 4-5
Estad siempre alegres en el Señor. Otra vez os lo digo: Estad alegres. Que vuestra bondad sea conocida de todos. El Señor está cerca.
RESPONSORIO BREVE
V. Muéstranos,
Señor, tu misericordia. R. Muéstranos, Señor.
V. Y danos tu salvación.
R.
Muéstranos, Señor, tu misericordia.
V. Gloria al Padre, y al
Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Muéstranos, Señor, tu misericordia.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Oh Sabiduría, que brotaste de los labios del Altísimo, abarcando del uno al otro confín y ordenándolo todo con firmeza y suavidad, ven y muéstranos el camino de la salvación.
PRECES
Invoquemos a Cristo, alegría y júbilo de cuantos esperan su llegada, y digámosle:
Ven, Señor, y no tardes más.
Esperamos alegres tu venida, * ven, Señor Jesús.
Tú que existes antes de los tiempos, * ven y salva a los que viven en el tiempo.
Tú que creaste el mundo y a todos los que en él habitan, * ven a restaurar la obra de tus manos.
Tú que no despreciaste nuestra naturaleza mortal, * ven y arráncanos del dominio de la muerte.
Tú que viniste para que tuviéramos vida abundante, * ven y danos tu vida eterna.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Tú que quieres congregar a todos los hombres en tu reino, * ven y reúne a cuantos desean contemplar tu rostro.
Pidamos ahora con grande confianza la venida del reino de Dios, con las palabras que Cristo nos enseñó: Padre nuestro.
Oración
Señor, que ves a tu pueblo esperando con gran fe la solemnidad del nacimiento de tu Hijo, concédenos celebrar la obra tan grande de nuestra salvación con cánticos jubilosos de alabanza y con una inmensa alegría. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.
Amén.
OFICIO DE LECTURA
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera
celebración del día:
V.
Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo
contrario:
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date
prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Ant.1: Vendrá el Señor y no callará.
Salmo 49
LA VERDADERA RELIGIOSIDAD
No he venido a abolir la ley, sino a darle plenitud. (Mt 5, 17)
I
El Dios de los dioses, el Señor, habla:
convoca la tierra de
oriente a occidente.
Desde Sión, la hermosa, Dios resplandece:
viene
nuestro Dios, y no callará.
Lo precede fuego voraz,
lo rodea tempestad violenta.
Desde lo
alto convoca cielo y tierra,
para juzgar a su pueblo:
«Congregadme a mis fieles,
que sellaron mi pacto con un
sacrificio.»
Proclame el cielo su justicia;
Dios en persona va a
juzgar.
Ant.1: Vendrá el Señor y no callará.
Ant. 2: Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza.
II
«Escucha, pueblo mío, que voy a hablarte;
Israel, voy a dar
testimonio contra ti;
-yo, el Señor, tu Dios-
No te reprocho tus sacrificios,
pues siempre están tus
holocaustos ante mí.
Pero no aceptaré un becerro de tu casa,
ni un cabrito
de tus rebaños;
pues las fieras de la selva son mías,
y hay miles de bestias en
mis montes;
conozco todos los pájaros del cielo,
tengo a mano cuanto se
agita en los campos.
Si tuviera hambre, no te lo diría;
pues el orbe y cuanto lo
llena es mío.
¿Comeré yo carne de toros,
beberé sangre de
cabritos?
Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza,
cumple tus votos al
Altísimo
e invócame el día del peligro:
yo te libraré, y tú me darás
gloria.»
Ant. 2: Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza.
Ant. 3: Quiero misericordia y no sacrificios, conocimiento de Dios más que holocaustos.
III
Dios dice al pecador:
«¿Por qué recitas mis preceptos
y
tienes siempre en la boca mi alianza,
tú que detestas mi enseñanza
y te
echas a la espalda mis mandatos?
Cuando ves un ladrón, corres con él;
te mezclas con los
adúlteros;
sueltas tu lengua para el mal,
tu boca urde el
engaño;
te sientas a hablar contra tu hermano,
deshonras al hijo de tu
madre;
esto haces, ¿y me voy a callar?
¿Crees que soy como tú?
Te
acusaré, te lo echaré en cara.»
Atención los que olvidáis a Dios,
no sea que os destroce sin
remedio.
El que me ofrece acción de gracias,
ése me honra;
al que
sigue buen camino
le haré ver la salvación de Dios.
Ant. 3: Quiero misericordia y no sacrificios, conocimiento de Dios más que holocaustos.
V. Muéstranos, Señor, tu
misericordia.
R. Y danos tu salvación.
PRIMERA LECTURA
Año I:
Del Primer libro de las Crónicas (17, 1-15)
ORÁCULO DEL PROFETA NATÁN
En aquellos días, morando ya David en su casa, dijo a Natán, profeta:
«Mira, yo habito en una casa de cedro, mientras el arca de la alianza del Señor está bajo pieles.»
Respondió Natán a David:
«Haz todo cuanto tienes en tu corazón, porque Dios está contigo.»
Pero aquella misma noche vino la palabra de Dios a Natán en estos términos:
«Vete y di a mi siervo David:
“Así dice el Señor: No serás tú quien me edifique casa para que habite yo en ella. Pues no he habitado en casa alguna desde el día en que hice subir a los hijos de Israel hasta el día de hoy; sino que he andado de tienda en tienda y de morada en morada. En todo el tiempo que he ido de un lado para otro con todo Israel, ¿he dicho acaso a alguno de los jueces de Israel, a los que mandé me apacentaran a mi pueblo: ‘Por qué no me edificáis una casa de cedro’?
Di, pues, esto a mi siervo David:
“Así habla el Señor de los ejércitos: Yo te he sacado del campo, de detrás del rebaño, para que seas caudillo de mi pueblo Israel. He estado contigo en todas tus empresas, he eliminado a todos tus enemigos de delante de ti y voy a hacerte un nombre grande como el nombre de los grandes de la tierra. Fijaré un lugar a mi pueblo Israel, y lo plantaré allí para que more en él; no será ya perturbado, y los malhechores no seguirán oprimiéndolo como al principio, y como en los días en que instituí jueces sobre mi pueblo Israel. Someteré a todos tus enemigos. Yo te haré grande y el Señor te edificará una casa. Cuando se cumplan tus días para ir con tus padres, afirmaré después de ti la descendencia que saldrá de tus entrañas y consolidaré su reino. Él me edificará una casa y yo afirmaré su trono para siempre. Yo seré para él un padre, y él será para mí un hijo, y no apartaré de él mi amor, como lo aparté de aquel que fue antes de ti. Yo lo estableceré en mi casa y en mi reino para siempre, y su trono estará firme eternamente.”»
Conforme a todas estas palabras, y conforme a toda esta visión, habló Natán a David.
RESPONSORIO (Cf. 1Cro 17, 7-8. 11. 12; Sal 88, 5)
R. Yo te he sacado del campo,
de detrás del rebaño, para que seas caudillo de mi pueblo Israel; he estado
contigo en todas tus empresas. * Consolidaré tu
reino para siempre.
V. Te fundaré un linaje perpetuo, edificaré tu trono para
todas las edades.
R. Consolidaré tu reino para siempre.
Año II:
Del libro del profeta Isaías (30, 18-26)
PROMESA DE FUTURA FELICIDAD
El Señor espera para apiadarse, aguarda para compadecerse; porque el Señor es un Dios recto: dichosos los que esperan en él.
Pueblo de Sión que habitas en Jerusalén, ya no llorarás más, porque él se apiadará a la voz de tu gemido, apenas te oiga te responderá.
Aunque el Señor os dé el pan medido y el agua tasada, ya no se esconderá tu maestro, tus ojos lo verán y tus oídos oirán detrás de ti estas palabras: «Éste es el camino, caminad por él, ya sea a la derecha, ya a la izquierda.»
Tendrás por impuros a tus ídolos chapeados de plata y a tus estatuas adornadas de oro, los arrojarás como inmundicia, los llamarás basura.
Él te dará lluvia para la semilla que siembres en el campo, y el grano de la cosecha de la tierra será rico sustancioso; aquel día, tus ganados pastarán en anchas praderas; los bueyes y asnos que trabajan el campo comerán forraje salado, aventado con bieldo y horquilla.
En todo monte elevado, en toda colina alta, habrá ríos y cauces de agua el día de la gran matanza, cuando caigan las torres.
La luz de la luna será como la luz del sol meridiano y la luz del sol será siete veces mayor, cuando el Señor vende la herida de su pueblo y cure la llaga de sus golpes.
RESPONSORIO (Is 30, 26. 18; Sal 26, 14)
R. En aquel día, el Señor
vendará la herida de su pueblo y el Dios recto curará la llaga de sus golpes.
* Dichosos los que esperan en él.
V. Espera
en el Señor, sé valiente, ten ánimo, espera en el Señor.
R. Dichosos los que
esperan en él.
SEGUNDA LECTURA
Del Tratado de Guillermo, abad
del monasterio de San Teodorico, Sobre la contemplación de Dios
(Núms. 9-11: SC 61, 90-96)
DIOS NOS AMÓ PRIMERO
En verdad tú eres el único Señor, que al ejercer tu poder sobre nosotros nos salvas; en cambio, el servicio que nosotros te tributamos no consiste en otra cosa sino en aceptar tu salvación.
Señor, de ti viene la salvación y la bendición sobre tu pueblo; pero ¿qué es tu salvación sino la gracia que tú nos concedes de amarte y de ser amados por ti?
Por eso, Señor, quisiste que tu Hijo que está a tu derecha, el hombre que tú fortaleciste, fuera llamado Jesús, esto es, Salvador, porque él salvará a su pueblo de los pecados y en ningún otro se encuentra la salud. Él nos enseñó a amarlo, amándonos primero hasta la muerte de cruz e invitándonos a amar al que nos amó primero hasta el extremo.
Si nos amaste primero fue para que pudiéramos amarte, no porque necesitaras nuestro amor, sino porque de no amarte no podríamos llegar a ser lo que tú quisiste que fuéramos.
Por eso, después de haber hablado antiguamente a nuestros padres por medio de los profetas en muchas ocasiones y de diversas maneras, ahora, en el tiempo final, nos has hablado por medio de tu Hijo, tu Palabra: por él fue hecho el cielo y por su Espíritu los ejércitos celestiales. El habernos hablado por medio de tu Hijo no fue otra cosa que poner de manifiesto cuánto y de qué manera nos amaste, ya que no perdonaste ni a tu propio Hijo, sino que lo entregaste por todos nosotros; él también nos amó y se entregó por nosotros.
Señor, ésta es la Palabra que nos has enviado, tu Palabra omnipotente, que cuando un silencio profundo envolvía toda la tierra, es decir, cuando estaba sumida en el error, bajó de tu trono real, para destruir todos los errores, para promulgar la suave ley del amor.
Dios, creador de los hombres, tú sabías que el amor no puede ser exigido por la fuerza, sino que es necesario suscitarlo en el corazón humano. Porque donde hay coacción ya no hay libertad, donde no hay libertad no hay justicia.
Por lo tanto quisiste que te amáramos, ya que no podíamos ser salvados con justicia si no te amábamos. Y no podríamos amarte si no recibiéramos de ti ese amor. Por eso, Señor, como ya lo dijo tu discípulo amado y nosotros lo hemos recordado ya más arriba, tú nos amaste primero, y has amado primero a todos los que te aman.
También nosotros te amamos con el mismo amor que has derramado en nuestros corazones. Pero tu amor es tu bondad –¿no eres acaso el único bueno y el sumo bien?–, es el Espíritu Santo que procede del Padre y del Hijo, que en principio de la creación aleteaba sobre las aguas, esto es, sobre los espíritus fluctuantes de los hombres, brindándose a todos, atrayendo hacia sí todas las cosas, inspirando, impulsando, librándonos del mal, procurándonos lo necesario, uniendo a Dios con nosotros y a nosotros con Dios.
RESPONSORIO (Is 54, 10. 13; 48, 17)
R. Mi amor no se apartará de
ti, ni mi alianza de paz vacilará. * Todos tus
hijos serán discípulos del Señor y su dicha será inmensa.
V. Yo, el Señor tu Dios, te enseño lo que es para tu
provecho, te guío por el camino por donde debes ir.
R. Todos tus hijos serán discípulos del Señor y su dicha
será inmensa.
Oremos:
Escucha, Señor,
nuestras plegarias e ilumina las tinieblas de nuestro espíritu con la venida de
tu Hijo. Que vive y reina contigo.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera
celebración del día:
V.
Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo
contrario:
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date
prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
Ven,
Señor, no tardes
Una
clara voz resuena
SALMODIA
Ant. 1: Dichosos los que viven en tu casa, Señor.
Salmo 83
AÑORANZA DEL TEMPLO
No tenemos
aquí ciudad permanente,
sino que vamos buscando la futura.
(Hb 13,
14)
¡Qué deseables son tus moradas,
Señor de los ejércitos!
Mi
alma se consume y anhela
los atrios del Señor,
mi corazón y mi
carne
retozan por el Dios vivo.
Hasta el gorrión ha encontrado una casa;
la golondrina, un
nido
donde colocar sus polluelos:
tus altares, Señor de los
ejércitos,
Rey mío y Dios mío.
Dichosos los que viven en tu casa
alabándote
siempre.
Dichosos los que encuentran en ti su fuerza
al preparar su
peregrinación:
cuando atraviesan áridos valles,
los convierten en
oasis,
como si la lluvia temprana
los cubriera de bendiciones;
caminan
de altura en altura
hasta ver a Dios en Sión.
Señor de los ejércitos, escucha mi súplica;
atiéndeme, Dios de
Jacob.
Fíjate, ¡oh Dios!, en nuestro Escudo,
mira el rostro de tu
Ungido.
Un solo día en tu casa
vale más que otros mil,
y prefiero el
umbral de la casa de Dios
a vivir con los malvados.
Porque el Señor es sol y escudo,
él da la gracia y la
gloria,
el Señor no niega sus bienes
a los de conducta
intachable.
¡Señor de los ejércitos, dichoso el hombre
que confía en
ti!
Ant. 1: Dichosos los que viven en tu casa, Señor.
Ant. 2: Venid, subamos al monte del Señor.
Cántico
Is 2, 2-5
EL MONTE DE LA CASA DEL SEÑOR EN LA CIMA DE LOS MONTES
Todas las
naciones vendrán y
se postrarán en tu acatamiento
(Ap 15,
4)
Al final de los días estará firme
el monte de la casa del
Señor,
en la cima de los montes,
encumbrado sobre las montañas.
Hacia él confluirán los gentiles,
caminarán pueblos
numerosos.
Dirán: «Venid, subamos al monte del Señor,
a la casa del Dios
de Jacob:
Él nos instruirá en sus caminos,
y marcharemos por sus
sendas;
porque de Sión saldrá la ley,
de Jerusalén la palabra del
Señor.»
Será el árbitro de las naciones,
el juez de pueblos
numerosos.
De las espadas forjarán arados,
de las lanzas, podaderas.
No
alzará la espada pueblo contra pueblo,
no se adiestrarán para la
guerra.
Casa de Jacob, ven;
caminemos a la luz del Señor.
Ant. 2: Venid, subamos al monte del Señor.
Ant. 3: Cantad al Señor, bendecid su nombre.
Salmo 95
EL SEÑOR, REY Y JUEZ DEL MUNDO
Cantaban un
cántico nuevo ante el trono,
en presencia del Cordero. (Cf. Ap 14,
3)
Cantad al Señor un cántico nuevo,
cantad al Señor, toda la
tierra;
cantad al Señor, bendecid su nombre,
proclamad día tras día su
victoria.
Contad a los pueblos su gloria,
sus maravillas a todas las
naciones;
porque es grande el Señor,
y muy digno de alabanza,
más
temible que todos los dioses.
Pues los dioses de los gentiles son apariencia,
mientras que el
Señor ha hecho el cielo;
honor y majestad lo preceden,
fuerza y esplendor
están en su templo.
Familias de los pueblos, aclamad al Señor,
aclamad la gloria y
el poder del Señor,
aclamad la gloria del nombre del Señor,
entrad en sus
atrios trayéndole ofrendas.
Postraos ante el Señor en el atrio sagrado,
tiemble en su
presencia la tierra toda,
decid a los pueblos: “El Señor es rey,
él
afianzó el orbe, y no se moverá;
él gobierna a los pueblos
rectamente.”
Alégrese el cielo, goce la tierra,
retumbe el mar y cuanto lo
llena;
vitoreen los campos y cuanto hay en ellos,
aclamen los árboles del
bosque,
delante del Señor, que ya llega,
ya llega a regir la
tierra:
regirá el orbe con justicia
y los pueblos con
fidelidad.
Ant. 3: Cantad al Señor, bendecid su nombre.
LECTURA BREVE Is 2, 3
Venid, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob: él nos instruirá en sus caminos, y marcharemos por sus sendas; porque de Sión saldrá la ley, de Jerusalén la palabra del Señor.
RESPONSORIO BREVE
V. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor. R. Sobre ti, Jerusalén.
V. Su gloria aparecerá sobre ti.
R. Amanecerá el
Señor.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Sobre ti,
Jerusalén, amanecerá el Señor.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Del cielo viene el Señor excelso y en su mano trae la potestad y el imperio.
PRECES
El Señor Jesucristo, luz de luz e Hijo de Dios vivo, nos arrancará de nuestras tinieblas para que podamos contemplar su gloria; acudamos, pues, a él y digámosle confiadamente:
Ven, Señor Jesús.
Oh Luz indestructible que vienes a iluminar nuestras tinieblas, * despierta nuestra fe aletargada.
Haz que andemos con seguridad durante el día, * guiados por el resplandor de tu claridad.
Enséñanos a tener la verdadera bondad, * y haz que ella sirva para iluminar a los hombres.
Ven a crear la nueva tierra que anhelamos, * en la que habite la justicia y la paz.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Digamos a nuestro Padre, con toda confianza: Padre nuestro.
Oración
Escucha, Señor, nuestras plegarias e ilumina las tinieblas de nuestro espíritu con la venida de tu Hijo. Que vive y reina contigo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.
Amén.
V. Dios mío, ven en mi
auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Antífona:
Tercia: Los profetas
anunciaron que el Salvador nacería de María Virgen.
Sexta: El ángel Gabriel saludó a María diciendo:
«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo, bendita tú entre las
mujeres.»
Nona: María dijo: «¿Qué significa
este saludo? Me quedo perpleja ante estas palabras de que daré a luz un Rey sin
perder mi virginidad.»
Salmo 118, 89-96
CONTEMPLACIÓN DE LA PALABRA DE DIOS EN LA
LEY
Os doy el
mandato nuevo:
que os améis mutuamente
como yo os he amado.
(Jn 13,
34)
Tu palabra, Señor, es eterna,
más estable que el cielo;
tu
fidelidad de generación en generación,
igual que fundaste la tierra y
permanece;
por tu mandamiento subsisten hasta hoy,
porque todo está a tu
servicio.
Si tu voluntad no fuera mi delicia,
ya habría perecido en mi
desgracia;
jamás olvidaré tus decretos,
pues con ellos me diste
vida;
soy tuyo, sálvame,
que yo consulto tus leyes.
Los malvados me esperaban para perderme,
pero yo meditaba tus
preceptos;
he visto el límite de todo, lo perfecto:
tu mandato se dilata
sin término.
Salmo 70
TÚ, SEÑOR, FUISTE MI ESPERANZA DESDE MI
JUVENTUD
Que la
esperanza os tenga alegres;
estad firmes en la tribulación.
(Rm 12,
12)
I
A ti, Señor, me acojo:
no quede yo derrotado para siempre;
tú
que eres justo, líbrame y ponme a salvo,
inclina a mí tu oído, y
sálvame.
Sé tú mi roca de refugio,
el alcázar donde me salve,
porque
mi peña y mi alcázar eres tú.
Dios mío, líbrame de la mano perversa,
del puño criminal y
violento;
porque tú, Dios mío, fuiste mi esperanza
y mi confianza, Señor,
desde mi juventud.
En el vientre materno ya me apoyaba en ti,
en el seno tú me
sostenías,
siempre he confiado en ti.
Muchos me miraban como a un milagro,
porque tú eras mi fuerte
refugio.
Llena estaba mi boca de tu alabanza
y de tu gloria, todo el
día.
No me rechaces ahora en la vejez,
me van faltando las fuerzas,
no me abandones;
porque mis enemigos hablan de mí,
los que acechan mi vida
celebran consejo;
dicen: «Dios lo ha abandonado;
perseguidlo, agarradlo, que nadie
lo defiende.»
Dios mío, no te quedes a distancia;
Dios mío, ven aprisa a
socorrerme.
Que fracasen y se pierdan
los que atentan contra mi
vida,
queden cubiertos de oprobio y vergüenza,
los que buscan mi
daño.
II
Yo, en cambio, seguiré esperando,
redoblaré tus alabanzas;
mi
boca contará tu auxilio,
y todo el día tu salvación.
Proclamaré tus
proezas, Señor mío,
narraré tu victoria, tuya entera.
Dios mío, me instruiste desde mi juventud,
y hasta hoy relato
tus maravillas;
ahora, en la vejez y las canas,
no me abandones, Dios
mío,
hasta que describa tu brazo
a la nueva generación,
tus
proezas y tus victorias excelsas,
las hazañas que realizaste:
Dios mío,
¿quién como tú?
Me hiciste pasar por peligros
muchos y graves:
de nuevo me
darás la vida,
me harás subir de lo hondo de la tierra;
acrecerás mi dignidad,
de nuevo me consolarás;
y yo te daré
gracias, Dios mío,
con el arpa, por tu lealtad;
tocaré para ti la cítara,
Santo de Israel;
te aclamarán mis
labios,
Señor, mi alma, que tú redimiste;
y mi lengua todo el día
recitará tu auxilio,
porque quedaron
derrotados y afrentados
los que buscaban mi daño.
Tercia: Los profetas anunciaron que el Salvador nacería de María Virgen.
LECTURA BREVE Is 10, 20-21
Aquel día, el resto de Israel, los supervivientes de Jacob, se apoyarán sinceramente en el Señor, el Santo de Israel. Un resto volverá, un resto de Jacob, al Dios poderoso.
V. Los gentiles temerán tu nombre, Señor.
R. Los reyes del mundo tu gloria.
Oremos:
Escucha, Señor, nuestras plegarias e ilumina las
tinieblas de nuestro espíritu con la venida de tu Hijo. Que vive y reina
contigo.
Sexta: El ángel Gabriel saludó a María diciendo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo, bendita tú entre las mujeres.»
LECTURA BREVE Is 10, 24.27
Esto dice el Señor: "Pueblo mío, que habitas en Sión, no temas." Aquel día, la carga resbalará de tu hombro, arrancarán el yugo de tu cuello.
V. Acuérdate de nosotros, Señor, por amor a tu
pueblo.
R. Visítanos con tu
salvación.
Oremos:
Escucha, Señor, nuestras plegarias e ilumina las
tinieblas de nuestro espíritu con la venida de tu Hijo. Que vive y reina
contigo.
Nona: María dijo: «¿Qué significa este saludo? Me quedo perpleja ante estas palabras de que daré a luz un Rey sin perder mi virginidad.»
LECTURA BREVE Is 13,22; cf 14,1
Ya está a punto de llegar su hora, sus días no tardarán. El Señor se apiadará de Jacob y volverá a escoger a Israel
V. Ven Señor, y no tardes.
R. Perdona los pecados de tu pueblo.
Oremos:
Escucha, Señor, nuestras plegarias e ilumina las
tinieblas de nuestro espíritu con la venida de tu Hijo. Que vive y reina
contigo.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al
Señor.
R. Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V.
Dios mío ven en mi auxilio
R. Señor,
date prisa en socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
Éste
es el tiempo en que llegas
Jesucristo,
Palabra del Padre
SALMODIA
Ant. 1: Nuestros ojos están fijos en el Señor, esperando su misericordia.
Salmo 122
EL SEÑOR, ESPERANZA DEL PUEBLO
Dos ciegos...
se pusieron a gritar:
«Señor, ten compasión de nosotros,
Hijo de David.»
(Mt. 20, 30)
A ti levanto mis ojos,
a ti que habitas en el cielo.
Como
están los ojos de los esclavos
fijos en las mano, de sus señores,
como están los ojos de la esclava
fijos en las manos de su
señora,
así están nuestros ojos
en el Señor, Dios nuestro,
esperando su
misericordia.
Misericordia, Señor, misericordia,
que estarnos saciados de
desprecios;
nuestra alma está saciada
del sarcasmo de los
satisfechos,
del desprecio de los orgullosos.
Ant. 1: Nuestros ojos están fijos en el Señor, esperando su misericordia.
Ant. 2: Nuestro auxilio es nombre del Señor, que hizo el cielo y la tierra.
Salmo 123
NUESTRO AUXILIO ES EL NOMBRE DEL SEÑOR
El Señor dijo
a Pablo: «No temas...
que yo estoy contigo.»
(Hch 18,
9-10)
Si el Señor no hubiera estado de nuestra parte
-que lo diga
Israel-,
si el Señor no hubiera estado de nuestra parte,
cuando nos
asaltaban los hombres,
nos habrían tragado vivos:
tanto ardía su ira
contra nosotros.
Nos habrían arrollado las aguas,
llegándonos el torrente hasta
el cuello;
nos habrían llegado hasta el cuello
las aguas
espumantes.
Bendito el Señor, que no nos entregó
como presa a sus
dientes;
hemos salvado la vida como un pájaro
de las trampa del
cazador:
la trampa se rompió y escapamos.
Nuestro auxilio es el nombre del Señor,
que hizo el cielo y la
tierra.
Ant. 2: Nuestro auxilio es nombre del Señor, que hizo el cielo y la tierra.
Ant. 3: Dios nos ha destinado en la persona de Cristo a ser sus hijos.
Cántico
Ef 1, 3-10
PLAN DIVINO DE LA SALVACIÓN
Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos
ha bendecido en la persona de Cristo
Con toda clase de bienes espirituales y
celestiales.
Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos santos
irreprochables ante él por el amor.
Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura
iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde
en alabanza suya,
por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de
su voluntad.
Éste es el plan
que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
hacer que todas las cosas
tuviesen a Cristo por cabeza,
las del cielo y las de la
tierra,
Ant. 3: Dios nos ha destinado en la persona de Cristo a ser sus hijos.
LECTURA BREVE Flp 3, 20b-21
Esperamos que venga como salvador Cristo Jesús, el Señor. Él transfigurará nuestro cuerpo de humilde condición en un cuerpo glorioso, semejante al suyo, en virtud del poder que tiene para someter a su imperio todas las cosas.
RESPONSORIO BREVE
V. Ven a
salvarnos, Señor Dios de los ejércitos. R. Ven a
salvarnos.
V. Que brille tu rostro y nos salve.
R. Señor Dios de los ejércitos.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu
Santo.
R. Ven a salvarnos, Señor Dios
de los ejércitos.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Me felicitarán todas las generaciones, porque Dios ha mirado la humillación de su esclava.
PRECES
Oremos al Señor, que vendrá y nos salvará, y digámosle:
Ven, Señor, y sálvanos.
Señor Jesús, ungido del Padre y salvador de los hombres, * ven pronto y sálvanos.
Tú que viniste al mundo, * líbranos del pecado del mundo.
Tú que viniste del Padre, * muéstranos el camino para ir al Padre.
Tú que fuiste concebido por obra del Espíritu Santo, * renuévanos a nosotros con la fuerza de este mismo Espíritu Santo.
Tú que te hiciste hombre en el seno de la Virgen María, * líbranos de la corrupción de la carne.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Acuérdate, Señor, de todos los hombres * que desde el comienzo del mundo esperaron en ti.
Siguiendo la enseñanza del Salvador, oremos a Dios, diciendo: Padre nuestro.
Oración
Escucha, Señor, nuestras plegarias e ilumina las tinieblas de nuestro espíritu con la venida de tu Hijo. Que vive y reina contigo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.
Amén.
OFICIO DE LECTURA
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera
celebración del día:
V.
Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo
contrario:
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date
prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Ant.1: Se levanta Dios y huyen de su presencia los que lo odian.
Salmo 67
ENTRADA TRIUNFAL DEL SEÑOR
Subiendo a la
altura, llevó cautivos
y dio dones a los hombres. (Ef 4,
8)
I
Se levanta Dios y se dispersan sus enemigos,
huyen de su
presencia los que lo odian;
como el humo se disipa, se disipan ellos;
como se derrite la
cera ante el fuego,
así perecen los impíos ante Dios.
En cambio, los justos se alegran,
gozan en la presencia de
Dios,
rebosando de alegría.
Cantad a Dios, tocad en su honor,
alfombrad el camino del que
avanza por el desierto;
su nombre es el Señor:
alegraos en su
presencia.
Padre de huérfanos, protector de viudas,
Dios vive en su santa
morada.
Dios prepara casa a los desvalidos,
libera a los cautivos y los
enriquece;
sólo los rebeldes
se quedan en la tierra abrasada.
¡Oh Dios!, cuando salías al frente de tu pueblo
y avanzabas por
el desierto,
la tierra tembló, el cielo destiló
ante Dios, el Dios del
Sinaí;
ante Dios, el Dios de Israel.
Derramaste en tu heredad, ¡oh Dios!, una lluvia
copiosa,
aliviaste la tierra extenuada;
y tu rebaño habitó en la
tierra
que tu bondad, ¡oh Dios!, preparó para los pobres.
Ant.1: Se levanta Dios y huyen de su presencia los que lo odian.
Ant. 2: Nuestro Dios es un Dios que salva, el Señor Dios nos hace escapar de la muerte.
II
El Señor pronuncia un oráculo,
millares pregonan la alegre
noticia:
«Los reyes, los ejércitos van huyendo, van huyendo;
las mujeres
reparten el botín.
Mientras reposabais en los apriscos,
las alas de la paloma se
cubrieron de plata,
el oro destellaba en su plumaje.
Mientras el
Todopoderoso dispersaba a los reyes,
la nieve bajaba sobre el Monte
Umbrío.»
Las montañas de Basán son altísimas,
las montañas de Basán son
escarpadas;
¿por qué tenéis envidia, montañas escarpadas,
del monte
escogido por Dios para habitar,
morada perpetua del Señor?
Los carros de Dios son miles y miles:
Dios marcha del Sinaí al
santuario.
Subiste a la cumbre llevando cautivos,
te dieron tributo de
hombres:
incluso los que se resistían
a que el Señor Dios tuviera una
morada.
Bendito el Señor cada día,
Dios lleva nuestras cargas, es
nuestra salvación.
Nuestro Dios es un Dios que salva,
el Señor Dios nos
hace escapar de la muerte.
Dios aplasta las cabezas de sus enemigos,
los cráneos de los
malvados contumaces.
Dice el Señor: «Los traeré desde Basán,
los traeré
desde el fondo del mar;
teñirás tus pies en la sangre del enemigo,
y los
perros la lamerán con sus lenguas.»
Ant. 2: Nuestro Dios es un Dios que salva, el Señor Dios nos hace escapar de la muerte.
Ant. 3: Reyes de la tierra, cantad a Dios, tocad para el Señor.
III
Aparece tu cortejo, ¡oh Dios!,
el cortejo de mi Dios, de mi
Rey,
hacia el santuario.
Al frente marchan los cantores;
los últimos, los tocadores de
arpa;
en medio las muchachas van tocando panderos.
«En el bullicio de la fiesta bendecid a Dios,
al Señor, estirpe
de Israel.»
Va delante Benjamín, el más pequeño;
los príncipes de Judá con
sus tropeles;
los príncipes de Zabulón,
los príncipes de
Neftalí.
¡Oh Dios!, despliega tu poder,
tu poder, ¡oh Dios!, que actúa en
favor nuestro.
A tu templo de Jerusalén
traigan los reyes su
tributo.
Reprime a la Fiera del Cañaveral,
al tropel de los toros,
a
los Novillos de los pueblos.
Que se te rindan con lingotes de plata:
dispersa las naciones
belicosas.
Lleguen los magnates de Egipto,
Etiopía extienda sus manos a
Dios.
Reyes de la tierra, cantad a Dios,
tocad para el Señor,
que
avanza por los cielos,
los cielos antiquísimos,
que lanza su voz, su voz
poderosa:
«Reconoced el poder de Dios.»
Sobre Israel resplandece su majestad,
y su poder sobre las
nubes.
Desde el santuario Dios impone reverencia:
es el Dios de
Israel
quien da fuerza y poder a su pueblo.
¡Dios sea bendito!
Ant. 3: Reyes de la tierra, cantad a Dios, tocad para el Señor.
V. Una voz clama en el
desierto: Preparad el camino del Señor.
R. Enderezad las sendas para nuestro
Dios.
PRIMERA LECTURA
Año I: I
Del libro del profeta Miqueas (4, 1-7)
LAS NACIONES SUBEN AL MONTE DEL SEÑOR
Esto dice el Señor:
«Sucederá al final de los tiempos: El monte del templo estará asentado sobre la cumbre de los montes, y se alzará por encima de los collados, confluirán hacia él las naciones. Irán pueblos numerosos diciendo: “Vamos a subir al monte del Señor, al templo del Dios de Jacob. Él nos enseñará sus caminos y caminaremos por sus sendas, porque de Sión saldrá la ley y la palabra del Señor de Jerusalén.”
Defenderá el derecho entre las naciones, enjuiciará a pueblos numerosos y distantes. Fundirán sus espadas para arados, sus lanzas para hacer podaderas; no alzará un pueblo contra otro la espada, ni se adiestrarán más para hacer la guerra. Cada uno habitará bajo su parra y su higuera sin sobresaltos. Lo ha dicho el Señor de los ejércitos.»
Todos los pueblos caminan cada cuál en nombre de su dios; pero nosotros caminamos en nombre del Señor, Dios nuestro, por siempre jamás.
«Aquel día –oráculo del Señor– reuniré a las ovejas cojas, congregaré a las dispersas, a las que afligí. Los inválidos serán el “resto”, los desterrados se harán un pueblo fuerte. Sobre ellos reinará el Señor en el monte de Sión desde ahora y por siempre.»
RESPONSORIO (Mi, 4, 2; Jn 4, 25)
R.
Irán pueblos numerosos diciendo: «Vamos a subir al monte del Señor, al
templo del Dios de Jacob. * Él nos enseñará sus
caminos y caminaremos por sus sendas.»
V. Viene el Mesías, el Cristo; cuando
venga, nos hará saber todas las cosas.
R. Él nos enseñará sus caminos y
caminaremos por sus sendas.
Año II:
Del libro del profeta Isaías (30, 27-30; 31, 4-9)
SALVACIÓN DE JERUSALÉN DEL PODER DE LOS ASIRIOS
Mirad: el Señor en persona viene de lejos, arde su cólera con espesa humareda, sus labios están llenos de furor, su lengua es fuego devorador, su aliento es torrente desbordado que llega hasta el cuello: para cribar a los pueblos con criba de exterminio, para poner bocado de extravío en la quijada de las naciones.
El Señor hará oír la majestad de su voz y mostrará su brazo que descarga con ira furiosa y llama devoradora, con tormenta y aguacero pedrisco.
A la voz del Señor temblará Asiria, será golpeada con vara. Una y otra vez sufrirá la vara de castigo que el Señor descargará sobre ella.
Vosotros entonaréis un cántico como en noche sagrada de fiesta: se os alegrará el corazón como se le alegra al que va al compás de la flauta hacia el monte del Señor, hacia la Roca de Israel, entre panderos y cítaras y danzas. Pues está preparada desde hace tiempo en Tofet una pira ancha y profunda, con leña abundante: y el soplo del Señor, como torrente de azufre, le prenderá fuego.
Como ruge el león y sus cachorros sobre su presa y se reúne contra ellos un tropel de pastores, pero ellos no se asustan de sus voces ni se intimidan por su tumulto, así bajará el Señor de los ejércitos a combatir sobre el monte Sión, sobres su cumbre.
Como un ave aleteando, el Señor de los ejércitos protegerá a Jerusalén: la protegerá y la librará, la perdonará y la salvará. Hijos de Israel, volved a él de lo hondo de vuestra rebelión.
Aquel día, todos rechazaréis los ídolos de plata y los ídolos de oro que hicieron vuestras manos pecadoras. Asiria caerá bajo una espada no humana, espada no de mortal la devorará; y si sus jóvenes escapan de la espada, caerán en trabajos forzados.
Llena de terror, abandonará su roca y sus jefes huirán espantados de su estandarte –oráculo del Señor, que tiene una hoguera en Sión, un horno en Jerusalén–.
RESPONSORIO (Is 31, 4. 5; 30, 29)
R. Bajará el Señor de los
ejércitos a combatir sobre el monte Sión; * como
un ave aleteando, el Señor protegerá a Jerusalén; la perdonará y la
salvará.
V. Entonaréis un cántico como en noche sagrada de fiesta: se os
alegrará el corazón.
R. Como un ave aleteando, el Señor protegerá a
Jerusalén; la perdonará y la salvará.
SEGUNDA LECTURA
Del libro de la Imitación de Cristo (Libro 2, 2-3)
SOBRE LA HUMILDAD Y LA PAZ
No te preocupes demasiado por saber quién está por ti o contra ti; busca más bien que Dios esté contigo en todo lo que haces.
Ten la conciencia tranquila y Dios te defenderá.
Ninguna maldad podrá dañar a quien Dios ayuda.
Si sabes callar y sufrir, sin duda recibirás la ayuda del Señor.
Él sabe cuándo y cómo ha de librarte, y por eso tú debes someterte a él.
Es propio de Dios ayudar y librar de toda angustia.
A veces nos es muy provechoso para conservar la humildad que los otros conozcan y reprendan nuestros defectos. Cuando el hombre se humilla por sus defectos, que están airados contra él.
Dios protege y libra al humilde, lo ama y lo consuela; se inclina hacia el hombre humilde, le concede su gracia y, después de su abatimiento, lo eleva a la gloria.
Dios revela sus secretos al humilde y lo invita y atrae bondadosamente hacia sí.
El humilde, después de recibir una injuria, permanece en la paz, porque su confianza está en Dios y no en el mundo. No pienses que has adelantado algo si no te estimas inferior a todos.
Pacifícate tú primero y después podrás pacificar a los demás.
El hombre que procura la paz es más útil que el muy letrado.
El hombre que se deja dominar por sus pasiones aun el bien lo convierte en mal y ve el mal en todo.
El hombre bueno y amante de la paz convierte todas las cosas en bien.
El que está en paz no piensa mal de nadie. En cambio, el descontento e inquieto es atormentado por muchas sospechas; ni descansa él ni deja descansar a los demás. Muchas veces dice lo que no debería decir y deja de hacer lo que sería más provechoso para él. Considera lo que otros deben hacer y descuida sus propias obligaciones.
En primer lugar preocúpate por cumplir tus obligaciones y después con justicia podrás ocuparte de las del prójimo.
Tú sabes muy bien excusar y atenuar tus faltas y no quieres oír las disculpas de los demás.
Más justo sería que te acusaras a ti mismo y que disculparas a tu hermano.
Si quieres que los demás te soporten, sopórtalos tú primero.
RESPONSORIO (Sal 24, 9-10; Za 7, 9)
R. El Señor hace caminar a los
humildes con rectitud, enseña su camino a los humildes. * Las sendas del Señor son misericordia y lealtad,
para los que guardan su alianza y sus mandatos.
V. Que cada cual respete el
derecho del prójimo y trate a su hermano con misericordia y piedad.
R. Las
sendas del Señor son misericordia y lealtad, para los que guardan su alianza y
sus mandatos.
Oremos:
Dios nuestro, que
por medio de tu Hijo has hecho que volvamos a nacer como nuevas creaturas, mira
con amor estas obras de tu misericordia y, por la venida de tu Hijo, borra en
nosotros toda huella de pecado. Por nuestro Señor Jesucristo, tu
Hijo.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera
celebración del día:
V.
Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo
contrario:
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date
prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
Ven,
Señor, no tardes
Una
clara voz resuena
SALMODIA
Ant. 1: Señor, has sido bueno con tu tierra, has perdonado la culpa de tu pueblo.
Salmo 84
NUESTRA SALVACIÓN ESTÁ CERCA
Dios bendijo
a nuestra tierra
cuando le envió el
Salvador.
(Orígenes)
Señor, has sido bueno con tu tierra,
has restaurado la suerte
de Jacob,
has perdonado la culpa de tu pueblo,
has sepultado todos sus
pecados,
has reprimido tu cólera,
has frenado el incendio de tu
ira.
Restáuranos, Dios salvador nuestro;
cesa en tu rencor contra
nosotros.
¿Vas a estar siempre enojado,
o a prolongar tu ira de edad en
edad?
¿No vas a devolvernos la vida,
para que tu pueblo se alegre
contigo?
Muéstranos, Señor, tu misericordia
y danos tu
salvación.
Voy a escuchar lo que dice el Señor:
«Dios anuncia la paz
a
su pueblo y a sus amigos
y a los que se convierten de corazón.»
La salvación está ya cerca de sus fieles,
y la gloria habitará
en nuestra tierra;
la misericordia y la fidelidad se encuentran,
la
justicia y la paz se besan;
la fidelidad brota de la tierra,
y la justicia mira desde el
cielo;
el Señor dará la lluvia,
y nuestra tierra dará su fruto.
La justicia marchará ante él,
la salvación seguirá sus
pasos.
Ant. 1: Señor, has sido bueno con tu tierra, has perdonado la culpa de tu pueblo.
Ant. 2: Mi alma te ansía de noche, Señor; mi espíritu madruga por ti.
Cántico
Is 26, 1-4. 7-9. 12
HIMNO DESPUÉS DE LA VICTORIA SOBRE EL ENEMIGO
La muralla de
la ciudad se asienta
sobre doce piedras. (Ap 21, 14)
Tenemos una ciudad fuerte,
ha puesto para salvarla murallas y
baluartes:
Abrid las puertas para que entre un pueblo justo,
que observa la
lealtad;
su ánimo está firme y mantiene la paz,
porque confía en
ti.
Confiad siempre en el Señor,
porque el Señor es la Roca
perpetua:
La senda del justo es recta.
Tú allanas el sendero del
justo;
en la senda de tus juicios, Señor, te esperamos,
ansiando tu nombre
y tu recuerdo.
Mi alma te ansía de noche,
mi espíritu en mi interior madruga
por ti,
porque tus juicios son luz de la tierra,
y aprenden justicia los
habitantes del orbe.
Señor, tú nos darás la paz,
porque todas nuestras
empresas
nos las realizas tú.
Ant. 2: Mi alma te ansía de noche, Señor; mi espíritu madruga por ti.
Ant. 3: Ilumina, Señor, tu rostro sobre nosotros.
Salmo 66
QUE TODOS LOS PUEBLOS ALABEN AL SEÑOR
Sabed que
esta salvación de
Dios ha sido enviada a los
gentiles. (Hch 28,
28)
El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre
nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu
salvación.
¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te
alaben.
Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con
justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la
tierra.
¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te
alaben.
La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro
Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del
orbe.
Ant. 3: Ilumina, Señor, tu rostro sobre nosotros.
LECTURA BREVE Gn 49, 10
No se apartará de Judá el cetro, ni el bastón de mando de entre sus rodillas, hasta que venga el que ha de venir, aquel a quien le está reservado, a quien rendirán homenaje las naciones.
RESPONSORIO BREVE
V. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor. R. Sobre ti,
Jerusalén.
V. Su gloria aparecerá sobre
ti.
R. Amanecerá el Señor.
V. Gloria al
Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R.
Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Despierta, despierta, ponte en pie, Jerusalén, desata las correas de tu cuello, cautiva hija de Sión.
PRECES
Oremos, hermanos, a Cristo el Señor, luz que alumbra a todo hombre, y digámosle con gozo:
Ven, Señor Jesús.
Que la luz de tu presencia disipe, Señor, nuestras tinieblas * y nos haga dignos de recibir tus dones.
Sálvanos, Señor Dios nuestro, * y durante todo el día daremos gracias a tu santo nombre.
Enciende nuestros corazones en tu amor, para que deseemos ardientemente tu venida * y anhelemos vivir íntimamente unidos a ti.
Tú que quisiste experimentar nuestras dolencias, * socorre a los enfermos y a los que morirán en el día de hoy.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Recitemos las palabras de Jesús, pidiendo al Padre que venga su reino: Padre nuestro.
Oración
Dios nuestro, que por medio de tu Hijo has hecho que volvamos a nacer como nuevas creaturas, mira con amor estas obras de tu misericordia y, por la venida de tu Hijo, borra en nosotros toda huella de pecado. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
V. Dios mío, ven en mi
auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Antífona:
Tercia: Los profetas
anunciaron que el Salvador nacería de María Virgen.
Sexta: El ángel Gabriel saludó a María diciendo:
«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo, bendita tú entre las
mujeres.»
Nona: María dijo: «¿Qué significa
este saludo? Me quedo perpleja ante estas palabras de que daré a luz un Rey sin
perder mi virginidad.»
Salmo 118, 97-104
¡Cuánto amo tu voluntad!
todo el día la estoy meditando;
tu
mandato me hace más sabio que mis enemigos,
siempre me acompaña;
soy más
docto que todos mis maestros,
porque medito tus preceptos.
Soy más sagaz que los ancianos,
porque cumplo tus
leyes;
aparto mi pie de toda senda mala,
para guardar tu palabra;
no me
aparto de tus mandamientos,
porque tú :me has instruido.
¡Qué dulce al paladar tu promesa:
más que miel en la
boca!
Considero tus decretos,
y odio el camino de la mentira.
Salmo 73
LAMENTACIÓN ANTE EL TEMPLO DEVASTADO
No tengáis
miedo a los que matan
el cuerpo. (Mt 10, 28)
I
¿Por qué, ¡oh Dios!, nos tienes siempre abandonados,
y está
ardiendo tu cólera contra las ovejas de tu rebaño?
Acuérdate de la comunidad que adquiriste desde antiguo,
de la
tribu que rescataste para posesión tuya,
del monte Sión donde pusiste tu
morada.
Dirige tus pasos a estas ruinas sin remedio;
el enemigo ha
arrasado del todo el santuario.
Rugían los agresores en medio de tu
asamblea,
levantaron sus propios estandartes.
En la entrada superior
abatieron a hachazos el
entramado;
después, con martillos y mazas,
destrozaron todas las
esculturas.
Prendieron fuego a tu santuario,
derribaron y profanaron la
morada de tu nombre.
Pensaban: «Acabaremos con ellos»,
e incendiaron todos
los templos del país.
Ya no vemos nuestros signos,
ni hay profeta: nadie entre
nosotros sabe hasta cuándo.
¿Hasta cuándo, Dios mío, nos va a afrentar el enemigo?
¿No
cesará de despreciar tu nombre el adversario?
¿Por qué retraes tu mano
izquierda
y tienes tu derecha escondida en el pecho?
Pero tú, Dios mío, eres rey desde siempre,
tú ganaste la
victoria en medio de la tierra.
II
Tú hendiste con fuerza el mar,
rompiste la cabeza del dragón
marino;
tú aplastaste la cabeza del Leviatán
se la echaste en pasto a
las bestias del mar;
tú alumbraste manantiales y torrentes,
tú secaste
ríos inagotables.
Tuyo es el día, tuya la noche,
tú colocaste la luna y el
sol;
tú plantaste los linderos del orbe,
tú formaste el verano y el
invierno.
Tenlo en cuenta, Señor, que el enemigo te ultraja,
que un pueblo
insensato desprecia tu nombre;
no entregues a los buitres la vida de tu
tórtola,
ni olvides sin remedio la vida de tus pobres.
Piensa en tu alianza: que los rincones del país
están llenos de
violencias.
Que el humilde no se marche defraudado,
que pobres y afligidos
alaben tu nombre.
Levántate, ¡oh Dios!, defiende tu causa:
recuerda los ultrajes
continuos del insensato;
no olvides las voces de tus enemigos,
el tumulto
creciente de los rebeldes contra ti.
Tercia: Los profetas anunciaron que el Salvador nacería de María Virgen.
LECTURA BREVE Jr 23, 5
Mirad que llegan días -oráculo del Señor- en que suscitaré a David un vástago legítimo: reinará como rey prudente, hará justicia y ejercerá el derecho en la tierra.
V. Los gentiles temerán tu nombre, Señor.
R. Los reyes del mundo tu gloria.
Oremos:
Dios
nuestro, que por medio de tu Hijo has hecho que volvamos a nacer como nuevas
creaturas, mira con amor estas obras de tu misericordia y, por la venida de tu
Hijo, borra en nosotros toda huella de pecado. Por Cristo nuestro
Señor.
Sexta: El ángel Gabriel saludó a María diciendo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo, bendita tú entre las mujeres.»
LECTURA BREVE Jr 23, 6
En sus días se salvará Judá, Israel habitará seguro. Y lo llamarán con este nombre: "El-Señor-nuestra-justicia".
V. Acuérdate de nosotros, Señor, por amor a tu
pueblo.
R. Visítanos con tu
salvación.
Oremos:
Dios
nuestro, que por medio de tu Hijo has hecho que volvamos a nacer como nuevas
creaturas, mira con amor estas obras de tu misericordia y, por la venida de tu
Hijo, borra en nosotros toda huella de pecado. Por Cristo nuestro
Señor.
Nona: María dijo: «¿Qué significa este saludo? Me quedo perpleja ante estas palabras de que daré a luz un Rey sin perder mi virginidad.»
LECTURA BREVE Ez 34, 15-16
Yo mismo apacentaré mis ovejas y las llevaré a reposar -oráculo del Señor-. Buscaré las ovejas perdidas, recogeré las descarriadas; vendaré a las heridas, curaré a las enfermas; cuidaré de las fuertes y robustas, y las apacentaré como es debido.
V. Ven, Señor, no tardes.
R.
Perdona los pecados de tu pueblo.
Oremos:
Dios
nuestro, que por medio de tu Hijo has hecho que volvamos a nacer como nuevas
creaturas, mira con amor estas obras de tu misericordia y, por la venida de tu
Hijo, borra en nosotros toda huella de pecado. Por Cristo nuestro
Señor.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al
Señor.
R. Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V.
Dios mío ven en mi auxilio
R. Señor,
date prisa en socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
Éste
es el tiempo en que llegas
Jesucristo,
Palabra del Padre
SALMODIA
Ant. 1: El Señor rodea a su pueblo.
Salmo 124
EL SEÑOR VELA POR SU PUEBLO
La paz de
Dios sobre Israel.
(Ga 6,16)
Los que confían en el Señor son como el monte Sión:
no tiembla,
está asentado para siempre.
Jerusalén está rodeada de montañas,
y el Señor rodea a su pueblo
ahora y por siempre.
No pesará el cetro de los malvados
sobre el lote de los
justos,
no sea que los justos extiendan
su mano a la maldad.
Señor, concede bienes a los buenos,
a los sinceros de
corazón;
y a los que se desvían por sendas tortuosas,
que los rechace el
Señor con los malhechores.
¡Paz a Israel!
Ant. 1: El Señor rodea a su pueblo.
Ant. 2: Si no volvéis a ser como niños, no entraréis en el reino de los cielos.
Salmo 130
COMO UN NIÑO, ISRAEL SE ABANDONÓ EN LOS BRAZOS DE
DIOS
Aprended de
mí que soy manso
y humilde de corazón.
(Mt 11, 29)
Señor, mi corazón no es ambicioso,
ni mis ojos altaneros;
no
pretendo grandezas
que superan mi capacidad;
sino que acallo y modero mis
deseos,
como un niño en brazos de su madre.
Espere Israel en el Señor
ahora y por siempre.
Ant. 2: Si no volvéis a ser como niños, no entraréis en el reino de los cielos.
Ant. 3: Has hecho de nosotros, Señor, un reino de sacerdotes para nuestro Dios.
Cántico
Ap 4, 11; 5,9-10.12
HIMNO A DIOS CREADOR
Eres digno, Señor Dios nuestro, de recibir la gloria,
el honor y
el poder,
porque tú has creado el universo;
porque por tu voluntad lo que
no existía fue creado.
Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste
degollado
y por tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza,
lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino
de sacerdotes
y reinan sobre la tierra.
Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza y
la sabiduría,
fuerza y el honor, la gloria y la alabanza.
Ant. 3: Has hecho de nosotros, Señor, un reino de sacerdotes para nuestro Dios.
LECTURA BREVE Cf. 1Co 1, 7b-9
Esperamos vivamente la revelación de Jesucristo, Señor nuestro. Él nos fortalecerá hasta el fin, de modo que nos encontremos libres de culpa en el día de Jesucristo, nuestro Señor. Fiel es Dios, por quien hemos sido convocados a la unión con su Hijo.
RESPONSORIO BREVE
V. Ven a
salvarnos, Señor Dios de los ejércitos. R. Ven a
salvarnos.
V. Que brille tu rostro y nos salve.
R. Señor Dios de los ejércitos.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Ven a salvarnos, Señor Dios de los
ejércitos.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: No cohabitaban todavía y María se encontró encinta por obra del Espíritu Santo. Aleluya.
PRECES
Cristo, palabra eterna, ha inaugurado un camino nuevo y vivo, a través del velo de su propia carne, para entrar en el santuario; pidámosle, pues, con humildad:
Ven, Señor, y sálvanos.
Oh Dios, en quien vivimos, nos movemos y existimos, * ven a revelarnos que somos estirpe tuya.
Tú que no estás lejos de ninguno de nosotros, * muéstrate en seguida a todos los que te buscan.
Padre de los pobres y consuelo de los afligidos, * da la libertad a los cautivos y la alegría a los tristes.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Tú que destruyes la muerte y haces brillar la vida, * líbranos a nosotros y a todos los difuntos de la muerte eterna.
Digamos con Jesús a nuestro Padre del cielo la oración de los hijos de Dios: Padre nuestro.
Oración
Dios nuestro, que por medio de tu Hijo has hecho que volvamos a nacer como nuevas creaturas, mira con amor estas obras de tu misericordia y, por la venida de tu Hijo, borra en nosotros toda huella de pecado. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.
Amén.
OFICIO DE LECTURA
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera
celebración del día:
V.
Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo
contrario:
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date
prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Ant.1: La misericordia y la fidelidad te preceden, Señor.
Salmo 88, 2-38
HIMNO AL DIOS FIEL A LAS PROMESAS HECHAS A
DAVID
Según lo
prometido, Dios sacó de la descendencia
de David un Salvador, Jesús.
(Hch 13, 22-23)
Cantaré eternamente las misericordias del Señor,
anunciaré tu
fidelidad por todas las edades.
Pues dijiste: «Cimentado está por siempre mi
amor,
asentada más que el cielo mi lealtad.»
Sellé una alianza con mi elegido,
jurando a David, mi
siervo:
«Te fundaré un linaje perpetuo,
edificaré tu trono para todas las
edades.»
El cielo proclama tus maravillas, Señor,
y tu fidelidad, en la
asamblea de los ángeles.
¿Quién sobre las nubes se compara a Dios?
¿Quién
como el Señor entre los seres divinos?
Dios es temible en el consejo de los ángeles,
es grande y
terrible para toda su corte.
Señor de los ejércitos, ¿quién como tú?
El
poder y la fidelidad te rodean.
Tú domeñas la soberbia del mar
y amansas la hinchazón del
oleaje;
tú traspasaste y destrozaste a Rahab,
tu brazo potente desbarató
al enemigo.
Tuyo es el cielo, tuya es la tierra;
tú cimentaste el orbe y
cuanto contiene;
tú has creado el norte y el sur,
el Tabor y el Hermón
aclaman tu nombre.
Tienes un brazo poderoso:
fuerte es tu izquierda y alta tu
derecha.
Justicia y derecho sostienen tu trono,
misericordia y fidelidad
te preceden.
Dichoso el pueblo que sabe aclamarte:
caminará, ¡oh Señor!, a la
luz de tu rostro;
tu nombre es su gozo cada día,
tu justicia es su
orgullo.
Porque tú eres su honor y su fuerza,
y con tu favor realzas
nuestro poder.
Porque el Señor es nuestro escudo,
y el Santo de Israel
nuestro rey.
Ant.1: La misericordia y la fidelidad te preceden, Señor.
Ant. 2: El Hijo de Dios nació según la carne de la estirpe de David.
II
Un día hablaste en visión a tus amigos:
«He ceñido la corona a
un héroe,
he levantado a un soldado sobre el pueblo.»
Encontré a David, mi siervo,
y lo he ungido con óleo
sagrado;
para que mi mano esté siempre con él
y mi brazo lo haga
valeroso;
no lo engañará el enemigo
ni los malvados lo humillarán;
ante
él desharé a sus adversarios
y heriré a los que lo odian.
Mi fidelidad y misericordia lo acompañarán,
por mi nombre
crecerá su poder:
extenderé su izquierda hasta el mar,
y su derecha hasta
el Gran Río.
Él me invocará: «Tú eres mi padre,
mi Dios, mi Roca
salvadora»
y yo lo nombraré mi primogénito,
excelso entre los reyes de la
tierra.
Le mantendré eternamente mi favor,
y mi alianza con él será
estable;
le daré una posteridad perpetua
y un trono duradero como el
cielo.
Ant. 2: El Hijo de Dios nació según la carne de la estirpe de David.
Ant. 3: Juré una vez a David, mi siervo: «Tu linaje será perpetuo.»
III
Si sus hijos abandonan mi ley
y no siguen mis
mandamientos,
si profanan mis preceptos
y no guardan mis
mandatos,
castigaré con la vara sus pecados
y a latigazos sus
culpas;
pero no les retiraré mi favor
ni desmentiré mi fidelidad,
no
violaré mi alianza
ni cambiaré mis promesas.
Una vez juré por mi santidad
no faltar a mi palabra con
David:
«Su linaje será perpetuo,
y su trono como el sol en mi
presencia,
como la luna, que siempre permanece:
su solio será más firme
que el cielo.»
Ant. 3: Juré una vez a David, mi siervo: «Tu linaje será perpetuo.»
V. Señor, Dios nuestro,
restáuranos.
R. Haz brillar tu rostro sobre nosotros y sálvanos.
PRIMERA LECTURA
Año I:
Del libro del profeta Miqueas (5, 1-8)
EL MESÍAS SERÁ LA PAZ
Esto dice el Señor:
«¡Fortifícate, Fortaleza! Se ha puesto asedio contra nosotros, hieren con vara en la mejilla al juez de Israel. Pero de ti, Belén de Efratá, pequeña entre las aldeas de Judá, de ti me saldrá el jefe de Israel. Su origen es antiguo, de tiempo inmemorial. El Señor los abandonará hasta el tiempo en que dé a luz la que ha de dar a luz. Entonces el resto de sus hermanos volverá a los hijos de Israel. Él se alzará y pastoreará el rebaño con el poder del Señor, con la majestad del nombre del Señor su Dios.
Habitarán tranquilos, porque se mostrará él grande hasta los confines de la tierra, y él será nuestra paz.
Si Asur se atreve a invadir nuestra tierra, a pisar nuestros palacios, le enfrentaremos siete pastores y ocho príncipes, que por la espada dominarán la tierra de Asiria, y la tierra de Nemrod con el acero. Así nos liberará de Asiria cuando invada nuestra tierra, cuando pise nuestras fronteras.
El resto de Jacob será en medio de la multitud de los pueblos como rocío del Señor, como lluvia sobre la hierba, que no necesita esperar en lo hombres, ni contar con los humanos.
El resto de Jacob será en medio de las naciones como un león entre las fieras salvajes, como un cachorro en una manada de ovejas, que penetra, pisotea y arrebata, sin que nadie pueda arrancarle su presa.»
RESPONSORIO (Cf. Mi 5, 2. 4. 5; Za 9, 10)
R. Belén, ciudad del Dios
altísimo, de ti saldrá el jefe de Israel, cuyo origen es antiguo, de tiempo
inmemorial; se mostrará grande hasta los confines de la tierra. * Y él será nuestra paz.
V. Dictará la paz a las
naciones y su dominio llegará de un mar a otro mar.
R. Y él será nuestra
paz.
Año II:
Del libro del profeta Isaías (31, 1-3; 32, 1-8)
EL REINO DE VERDADERA JUSTICIA
¡Ay de los que bajan a Egipto por auxilio y buscan apoyo en su caballería! Confían en sus carros porque son numerosos y en su jinetes porque son fuertes; pero no han puesto sus ojos en el Santo de Israel, no han buscado al Señor.
Pero él también es hábil para traer desgracias y no ha revocado su palabra. Se alzará contra la casa de los malvados, contra el auxilio de los malhechores.
Los egipcios son hombres y no dioses, sus caballos son carne y no espíritu. El Señor extenderá su mano: tropezará el protector y caerá el protegido, los dos juntos perecerán –me lo ha dicho el Señor–.
Mirad: un rey reinará con justicia y sus jefes gobernarán según derecho. Serán abrigo contra el viento, refugio contra el aguacero, acequias en terreno seco, sombra de roca maciza en tierra ardiente.
Los ojos de los que ven no estarán cerrados y los oídos de los que oyen escucharán, la mente de los necios entrará en razón y la lengua tartamuda será ágil y hablará con soltura.
Ya no llamarán noble al necio, ni tratarán de excelencia al rufián, pues el necio sólo dice necedades y su corazón planea la maldad: practica la impiedad y habla desatinos contra el Señor, deja vacío el estómago del hambriento y le quita el agua al sediento.
El rufián, por su parte, usa de malas artes, maquina intrigas: perjudica a los pobres con mentiras y a los desvalidos que defienden sus derechos. En cambio, el noble tiene sólo planes nobles y está siempre firme en su noble sentir.
RESPONSORIO (Is 32. 3. 4; Jr 23, 5)
R. Los ojos de los que ven no
estarán cerrados, los oídos de los que oyen escucharán * y la mente de los necios entrará en razón.
V.
Suscitaré a David un vástago legítimo: reinará como re prudente.
R. Y la
mente de los necios entrará en razón.
Del Tratado de san Ireneo, obispo, Contra las herejías
(Libro 4, 20, 4-5: SC 100, 634-640)
DIOS SE HACE VISIBLE A LOS HOMBRES CON LA VENIDA DE CRISTO
Uno es Dios, quien por su palabra y su sabiduría hizo y dispuso todas las cosas.
Su Palabra es nuestro Señor Jesucristo, que en los últimos tiempos se hizo hombre entre los hombres para reunir el término con el comienzo, es decir, el hombre con Dios.
Los profetas, que habían recibido el don de la profecía de la misma Palabra, anunciaron su venida según la carne: Por esta venida se realizó la unión y comunión de Dios y el hombre, conforme a la voluntad del Padre. En efecto, la Palabra de Dios había anunciado de antemano que Dios sería visto por los hombres, que viviría con ellos en la tierra; había anunciado que hablaría y que estaría con su creatura para salvarla, que ella lo conocería; y había anunciado también que, librándonos de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian, es decir, de todo espíritu de pecado, nos haría servirle con santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días, a fin de que el hombre, unido al Espíritu de Dios, glorificara al Padre.
Los profetas anunciaban que Dios sería visto por los hombres, y así lo proclamó el mismo Señor cuando dijo: Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Pero nadie puede ver a Dios en su grandeza y en su gloria inenarrable y seguir viviendo: el Padre es inaccesible. Sin embargo, porque ama al hombre y porque todo lo puede, aun este don concedió a los que lo aman: ver a Dios; y esto también lo anunciaron los profetas: Lo que para los hombres es imposible es posible para Dios.
El hombre por sí mismo no puede ver a Dios; pero Dios, si quiere, puede manifestarse a los hombres: a quien quiera, cuando quiera y como quiera. Dios, que todo lo puede, fue visto en otro tiempo por los profetas en el Espíritu, ahora es visto en el Hijo gracias a la adopción filial y será visto en el reino de los cielos como Padre. En efecto, el Espíritu prepara al hombre para recibir al Hijo de Dios, el Hijo lo conduce al Padre, y el Padre en la vida eterna le da la inmortalidad, que es la consecuencia de ver a Dios.
Pues así como los que ven la luz están en la luz y reciben su claridad, así también los que ven a Dios están en Dios y reciben su claridad. La claridad de Dios vivifica y, por lo tanto, los que ven a Dios reciben la vida.
RESPONSORIO (Dt. 18, 18; Lc 20, 13; Jn 6, 14)
R. Les suscitaré un profeta y
pondré mis palabras en su boca; * y él les dirá
todo lo que yo le mande.
V. Enviaré a mi amado Hijo; éste es ciertamente el
profeta que ha de venir al mundo.
R. Y él les dirá todo lo que yo le
mande.
Oremos:
Concédenos, Dios
todopoderoso, que la ya cercana solemnidad del nacimiento de tu Hijo nos depare
los auxilios que necesitamos en esta vida y nos alcance el premio de la eterna
felicidad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera
celebración del día:
V.
Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo
contrario:
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date
prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
Ven,
Señor, no tardes
Una
clara voz resuena
SALMODIA
Ant. 1: Alegra el alma de tu siervo, pues levanto mi alma hacia ti, Señor.
Salmo 85
ORACIÓN DE UN POBRE ANTE LAS DIFICULTADES
Bendito sea
Dios, que nos consuela
en todas nuestras luchas (2Co
1,3.4)
Inclina tu oído, Señor; escúchame,
que soy un pobre
desamparado;
protege mi vida, que soy un fiel tuyo;
salva a tu siervo, que
confía en ti.
Tú eres mi Dios, piedad de mí, Señor,
que a ti te estoy llamando
todo el día;
alegra el alma de tu siervo,
pues levanto mi alma hacia
ti;
porque tú, Señor, eres bueno y clemente,
rico en misericordia
con los que te invocan.
Señor, escucha mi oración
atiende a la voz de mi
súplica.
En el día del peligro te llamo,
y tú me escuchas.
No tienes
igual entre los dioses, Señor,
ni hay obras como las tuyas.
Todos los pueblos vendrán
a postrarse en tu presencia,
Señor;
bendecirán tu nombre:
«Grande eres tú, y haces maravillas;
tú
eres el único Dios.»
Enséñame, Señor, tu camino,
para que siga tu verdad;
mantén
mi corazón entero
en el temor de tu nombre.
Te alabaré de todo corazón, Dios mío;
daré gloria a tu nombre
por siempre,
por tu grande piedad para conmigo,
porque me salvaste del
abismo profundo.
Dios mío, unos soberbios se levantan contra mí,
una banda de
insolentes atenta contra mi vida,
sin tenerte en cuenta a ti.
Pero tú, Señor, Dios clemente y misericordioso,
lento a la
cólera, rico en piedad y leal,
mírame, ten compasión de mí.
Da fuerza a tu siervo,
salva al hijo de tu esclava;
dame una
señal propicia,
la vean mis adversarios y se avergüencen,
porque tú,
Señor, me ayudas y consuelas.
Ant. 1: Alegra el alma de tu siervo, pues levanto mi alma hacia ti, Señor.
Ant. 2: Dichoso el hombre que procede con justicia y habla con rectitud.
Cántico
Is 33, 13-16
DIOS JUZGARÁ CON JUSTICIA
La promesa
vale para vosotros y para vuestros hijos
y para todos los que llame el Señor
Dios nuestro,
aunque estén lejos. (Hch 2, 39)
Los lejanos, escuchad lo que he hecho;
los cercanos, reconoced
mi fuerza.
Temen en Sión los pecadores,
y un temblor se apodera de los
perversos:
«¿Quién de nosotros habitará un fuego devorador,
quién de
nosotros habitará una hoguera perpetua?»
El que procede con justicia y habla con rectitud
y rehúsa el
lucro de la opresión;
el que sacude la mano rechazando el soborno
y tapa
su oído a propuestas sanguinarias,
el que cierra los ojos para no ver la
maldad:
ése habitará en lo alto,
tendrá su alcázar en un picacho
rocoso,
con abasto de pan y provisión de agua.
Ant. 2: Dichoso el hombre que procede con justicia y habla con rectitud.
Ant. 3: Aclamad al Rey y Señor.
Salmo 97
EL SEÑOR, JUEZ VENCEDOR
Este salmo
canta la primera venida del Señor
y la conversión de los paganos. (S.
Atanasio)
Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho
maravillas:
su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo.
El Señor da a conocer su victoria,
revela a las naciones su
justicia:
se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa
de Israel.
Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro
Dios.
Aclama al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad:
tocad la cítara para el Señor,
suenen los instrumentos:
con
clarines y al son de trompetas
aclamad al Rey y Señor.
Retumbe el mar y cuanto contiene,
la tierra y cuantos la
habitan;
aplaudan los ríos, aclamen los montes
al Señor, que llega para
regir la tierra.
Regirá el orbe con justicia
y los pueblos con
rectitud.
Ant. 3: Aclamad al Rey y Señor.
LECTURA BREVE Is 7, 14b-15
Mirad: la Virgen ha concebido y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel: «Dios-con-nosotros». Éste comerá requesón y miel, hasta que aprenda a rechazar el mal y a escoger el bien.
RESPONSORIO BREVE
V. Sobre ti,
Jerusalén, amanecerá el Señor.
R. Sobre ti,
Jerusalén.
V. Su gloria aparecerá sobre ti.
R. Amanecerá el
Señor.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al
Espíritu Santo.
R. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: «Consolad, consolad a mi pueblo», dice el Señor, vuestro Dios.
PRECES
Cristo, Palabra de Dios, ha querido acampar entre nosotros para que contemplemos su gloria; alegres, pues, por la esperanza, digamos:
Quédate con nosotros, Señor.
Príncipe de la justicia y de la rectitud, * haz justicia a los pobres y desamparados.
Rey de la paz, que de las espadas forjas arados y de las lanzas podaderas, * convierte nuestras envidias en amor y nuestra hambre de venganza en deseos de perdón.
Tú, que no juzgas por apariencias, * discierne quiénes son los que realmente te pertenecen.
Cuando vengas en una nube con gran poder y gloria, * haz que nos podamos mantener en pie delante de ti.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Pidamos a Dios que su reino se haga cada día más visible entre nosotros: Padre nuestro.
Oración
Concédenos, Dios todopoderoso, que la ya cercana solemnidad del nacimiento de tu Hijo nos depare los auxilios que necesitamos en esta vida y nos alcance el premio de la eterna felicidad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.
Amén.
V. Dios mío, ven en mi
auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Antífona:
Tercia: Los profetas
anunciaron que el Salvador nacería de María Virgen.
Sexta: El ángel Gabriel saludó a María diciendo:
«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo, bendita tú entre las
mujeres.»
Nona: María dijo: «¿Qué significa
este saludo? Me quedo perpleja ante estas palabras de que daré a luz un Rey sin
perder mi virginidad.»
Salmo 118, 105-112
Lámpara es tu palabra para mis pasos,
luz en mi sendero;
lo
juro y lo cumpliré:
guardaré tus justos mandamientos;
¡estoy tan
afligido!
Señor, dame vida según tu promesa.
Acepta, Señor, los votos que pronuncio,
enséñame tus.
mandatos;
mi vida está stá siempre en peligro,
pero no olvido tu
voluntad;
los malvados me tendieron un lazo,
pero no me desvié dé tus
decretos.
Tus preceptos son mi herencia perpetua,
la alegría de mi
corazón;
inclino mi corazón a cumplir tus leyes,
siempre y
cabalmente.
Salmo 69
DIOS MÍO, VEN EN MI AUXILIO
¡Señor,
sálvanos, que perecemos!
(Mt 8, 25)
Dios mío, dígnate librarme;
Señor, date prisa en
socorrerme.
Sufran una derrota ignominiosa
los que me persiguen a
muerte;,
vuelvan la espalda afrentados
los que traman mi daño;
que se
retiren avergonzados,
los que se ríen de mí.
Alégrense y gocen contigo
todos los que te buscan;
y digan
siempre: «Dios es grande»
los que desean tu salvación.
Yo soy pobre y desdichado.
Dios mío, socórreme,
que tú eres
mi auxilio y mi liberación.
¡Señor, no tardes!
Salmo 74
EL SEÑOR, JUEZ SUPREMO
Derriba del
trono a los poderosos y
enaltece a los humildes. (Lc 1,
52)
Te damos gracias, ¡oh Dios!, te damos gracias,
invocando tu
nombre, pregonando tus maravillas.
«Cuando elija la ocasión,
yo juzgaré rectamente.
Aunque
tiemble la tierra con sus habitantes,
yo he afianzado sus
columnas.»
Digo a los jactanciosos; no os jactéis;
a los malvados: no
alcéis la testuz,
no alcéis la testuz contra el cielo,
no digáis
insolencias contra la Roca.
La justicia no vendrá
ni del oriente ni del occidente,
ni del
desierto ni de los montes,
sólo Dios gobierna:
a uno humilla a otro
ensalza.
El Señor tiene una copa en la mano,
un vaso lleno de vino
drogado:
lo da a beber hasta las heces
a todos los malvados de la
tierra.
Y yo siempre proclamaré su grandeza,
y tañeré para el Dios de
Jacob:
derribaré el poder de los malvados,
y se alzará el poder del
justo.
Tercia: Los profetas anunciaron que el Salvador nacería de María Virgen.
LECTURA BREVE Is 2, 11
Los ojos orgullosos serán humillados, será doblegada la arrogancia humana; sólo el Señor será ensalzado aquel día.
V. Los gentiles temerán tu nombre, Señor.
R. Los reyes del mundo tu gloria.
Oremos:
Concédenos, Dios todopoderoso, que la ya cercana
solemnidad del nacimiento de tu Hijo nos depare los auxilios que necesitamos en
esta vida y nos alcance el premio de la eterna felicidad. Por Cristo nuestro
Señor.
Sexta: El ángel Gabriel saludó a María diciendo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo, bendita tú entre las mujeres.»
LECTURA BREVE Is 12, 2
Él es mi Dios y salvador: confiaré y no temeré, porque mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi salvación.
V. Acuérdate de nosotros, Señor, por amor a tu
pueblo.
R. Visítanos con tu
salvación.
Oremos:
Concédenos, Dios todopoderoso, que la ya cercana
solemnidad del nacimiento de tu Hijo nos depare los auxilios que necesitamos en
esta vida y nos alcance el premio de la eterna felicidad. Por Cristo nuestro
Señor.
Nona: María dijo: «¿Qué significa este saludo? Me quedo perpleja ante estas palabras de que daré a luz un Rey sin perder mi virginidad.»
LECTURA BREVE Dn 9, 19
¡Señor, escucha! ¡Señor, perdona! ¡Señor, atiende y obra! ¡No tardes más, por ti mismo, oh Dios mío, pues tu nombre se invoca sobre tu pueblo!.
V. Ven Señor, y no tardes.
R. Perdona los pecados de tu pueblo.
Oremos:
Concédenos, Dios todopoderoso, que la ya cercana
solemnidad del nacimiento de tu Hijo nos depare los auxilios que necesitamos en
esta vida y nos alcance el premio de la eterna felicidad. Por Cristo nuestro
Señor.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al
Señor.
R. Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V.
Dios mío ven en mi auxilio
R. Señor,
date prisa en socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
Éste
es el tiempo en que llegas
Jesucristo,
Palabra del Padre
SALMODIA
Ant. 1: Los que sembraban con lágrimas cosechan entre cantares.
Salmo 125
DIOS, ALEGRÍA Y ESPERANZA NUESTRA
Como
participáis en el sufrimiento,
también participáis en el consuelo.
(2 Co
1, 7)
Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
nos parecía
soñar:
la boca se nos llenaba de risas,
la lengua de cantares.
Hasta los gentiles decían:
«El Señor ha estado grande con
ellos.»
El Señor ha estado grande con nosotros,
y estamos
alegres.
Que el Señor cambie nuestra suerte
como los torrentes del
Negueb.
Los que sembraban con lágrimas
cosechan entre cantares.
Al ir, iban llorando,
llevando la semilla;
al volver, vuelven
cantando,
trayendo sus gavillas.
Ant. 1: Los que sembraban con lágrimas cosechan entre cantares.
Ant. 2: Que el Señor nos construya la casa y nos guarde de la ciudad.
Salmo 126
EL ESFUERZO HUMANO ES INÚTIL SIN DIOS
Sois edificación de Dios. (1Co 3,9)
Si el Señor no construye la casa,
en vano se cansan los
albañiles;
si el Señor no guarda la ciudad,
en vano vigilan los
centinelas.
Es inútil que madruguéis,
que veléis hasta muy tarde,
los que coméis el pan de vuestros sudores:
¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!
La herencia que da el Señor son los hijos;
una recompensa es el
fruto de las entrañas:
son saetas en mano de un guerrero
los hijos de la
juventud.
Dichoso el hombre que llena
con ellas su aljaba:
no quedará
derrotado cuando litigue
con su adversario en la plaza.
Ant. 2: Que el Señor nos construya la casa y nos guarde de la ciudad.
Ant. 3: Él es el primogénito de toda creatura, es el primero en todo.
Cántico
Cf. Col 1, 12-20
HIMNO A CRISTO, PRIMOGÉNITO DE TODA CREATURA Y PRIMER
RESUCITADO DE ENTRE LOS MUERTOS
Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de
compartir
herencia del pueblo santo en la luz.
Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha
trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la
redención,
el perdón de los pecados.
Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda
creatura;
pues por medio de él
fueron creadas todas las
cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones,
Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.
Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también
la cabeza del cuerpo de la Iglesia.
Él es el principio,
el primogénito de
entre los muertos,
y así es el primero en todo.
Porque en él
quiso Dios que residiera toda plenitud.
Y por
él quiso reconciliar consigo todas las cosas
haciendo la paz por la sangre de
su cruz
con todos los seres, así del cielo como de la tierra.
Ant. 3: Él es el primogénito de toda creatura, es el primero en todo.
LECTURA BREVE 1Co 4, 5
No juzguéis antes de tiempo; dejad que venga el Señor. Él sacará a la luz lo que está oculto en las tinieblas y pondrá al descubierto las intenciones del corazón. Entonces vendrá a cada uno su alabanza de parte de Dios.
RESPONSORIO BREVE
V. Ven a
salvarnos, Señor Dios de los ejércitos.
R. Ven a salvarnos.
V. Que brille tu rostro y nos salve.
R. Señor Dios de
los ejércitos.
V. Gloria al Padre, y al Hijo,
y al Espíritu Santo.
R. Ven a salvarnos,
Señor Dios de los ejércitos.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Tú eres, Señor, el que has de venir, tú aquel a quien esperamos, tú el que salvarás a tu pueblo.
PRECES
Invoquemos a Dios Padre, que nos envió a su Hijo para que nos trajera una paz sin límites, y digámosle:
Venga tu reino, Señor.
Mira, Padre santo, a tu Iglesia * y ven a visitar tu viña, la cepa que tu diestra plantó.
Señor Dios, que eres siempre fiel a tus promesas, acuérdate de los hijos de Abraham * y da cumplimiento en ellos a las promesas que hiciste a sus padres.
Mira, Dios de clemencia, a los paganos, y llámalos, por tu misericordia, * para que también ellos te alaben y glorifiquen.
Visita, Pastor eterno, las ovejas de tu rebaño * y reúnelas a todas en tus verdes praderas.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Acuérdate también de los que han salido de este mundo en tu paz * y recíbelos en el reino de tu Hijo.
Jesucristo nos ha revelado que Dios es nuestro Padre; por eso nos atrevemos a decir: Padre nuestro.
Oración.
Concédenos, Dios todopoderoso, que la ya cercana solemnidad del nacimiento de tu Hijo nos depare los auxilios que necesitamos en esta vida y nos alcance el premio de la eterna felicidad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la
vida eterna.
R. Amén.
OFICIO DE LECTURA
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera
celebración del día:
V.
Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo
contrario:
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date
prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Ant.1: Mira, Señor, y contempla nuestro oprobio.
Salmo 88, 39-53
LAMENTACIÓN POR LA CAÍDA DE LA CASA DE
DAVID
Nos ha
suscitado una fuerza de salvación
en la casa de David. (Lc 1,
69)
IV
Tú, encolerizado con tu Ungido,
lo has rechazado y
desechado;
has roto la alianza con tu siervo
y has profanado hasta el
suelo su corona;
has derribado sus murallas
v derrocado sus fortalezas;
todo
viandante lo saquea,
y es la burla de sus vecinos;
has sostenido la diestra de sus enemigos
y has dado el triunfo a
sus adversarios;
pero a él le has embotado la espada
y no lo has
confortado en la pelea;
has quebrado su cetro glorioso
y has derribado su trono;
has
acortado los días de su juventud
y lo has cubierto de ignominia.
Ant.1: Mira, Señor, y contempla nuestro oprobio.
Ant. 2: Yo soy el renuevo y el vástago de David, la estrella luciente de la mañana.
V
¿Hasta cuándo, Señor, estarás escondido
y arderá como un fuego
tu cólera?
Recuerda, Señor, lo corta que es mi vida
y lo caducos que has
creado a los humanos.
¿Quién vivirá sin ver la muerte?
¿Quién sustraerá su vida a la
garra del abismo?
¿Dónde está, Señor, tu antigua misericordia
que por tu
fidelidad juraste a David?
Acuérdate, Señor, de la afrenta de tus siervos:
lo que tengo que
aguantar de las naciones,
de cómo afrentan, Señor, tus enemigos,
de cómo
afrentan las huellas de tu Ungido.
Bendito el Señor por siempre. Amén, amén.
Ant. 2: Yo soy el renuevo y el vástago de David, la estrella luciente de la mañana.
Ant. 3: Nuestros años se acaban como la hierba, pero tú, Señor, permaneces desde siempre y por siempre.
Salmo 89
BAJE A NOSOTROS LA BONDAD DEL SEÑOR
Para el Señor
un día es como mil años,
y mil años como un día. (2Pe 3,
8)
Señor, tú has sido nuestro refugio
de generación en
generación.
Antes que naciesen los montes
o fuera engendrado el orbe de la
tierra,
desde siempre y por siempre tú eres Dios.
Tú reduces el hombre a polvo,
diciendo: «Retornad, hijos de
Adán.»
Mil años en tu presencia
son un ayer, que pasó;
una vigilia
nocturna.
Los siembras año por año,
como hierba que se renueva:
que
florece y se renueva por la mañana,
y por la tarde la siegan y se
seca.
¡Cómo nos ha consumido tu cólera
y nos ha trastornado tu
indignación!
Pusiste nuestras culpas ante ti,
nuestros secretos ante la
luz de tu mirada:
y todos nuestros días pasaron bajo tu cólera,
y nuestros
años se acabaron como un suspiro.
Aunque uno viva setenta años,
y el más robusto hasta
ochenta,
la mayor parte son fatiga inútil,
porque pasan aprisa y
vuelan.
¿Quién conoce la vehemencia de tu ira,
quién ha sentido el peso
de tu cólera?
Enséñanos a calcular nuestros años,
para que adquiramos un
corazón sensato.
Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo?
Ten compasión de tus
siervos;
por la mañana sácianos de tu misericordia,
y toda nuestra vida
será alegría y júbilo.
Danos alegría, por los días en que nos afligiste,
por los años
en que sufrimos desdichas.
Que tus siervos vean tu acción,
y sus hijos tu
gloria.
Baje a nosotros la bondad del Señor
y haga prósperas las obras
de nuestras manos.
Ant. 3: Nuestros años se acaban como la hierba, pero tú, Señor, permaneces desde siempre y por siempre.
V. Escuchad, naciones, la
palabra del Señor.
R. Y proclamadla en todos los confines de la
tierra.
PRIMERA LECTURA
Año I:
Del libro del profeta Miqueas (7, 7-13)
LA CIUDAD DE DIOS ESPERA LA SALVACIÓN
Yo miro atento al Señor, espero en Dios, mi salvador: mi Dios me escuchará.
No te alegres de mi desgracia, enemiga mía, pues si caí me levantaré; y si me siento en tinieblas el Señor es mi luz. Soportaré la ira del Señor, pues pequé contra él, en tanto juzga mi causa y me hace justicia; él me conducirá a la luz y veré su justicia. Mi enemiga lo verá y se cubrirá de vergüenza; la que me decía: «¿Dónde está el Señor, tu Dios?» Mis ojos la verán entonces pisoteada como lodo de la calle.
Esto dice el Señor:
«Llega el día de reconstruir tus muros, de ensanchar tus linderos. Aquel día, acudirán a ti desde Asiria hasta Egipto, desde el Nilo hasta el Éufrates, de mar a mar, de monte a monte. Y la tierra será desolada con sus habitantes, en pago de sus malas obras.»
RESPONSORIO (Cf. Mi 7, 7; Gn 49, 18)
R. Yo miro atento al Señor,
* espero en Dios, mi salvador.
V. Espero tu
salvación, Señor.
R. Espero en Dios, mi salvador.
Año II:
Del libro del profeta Isaías (32, 15-33, 6)
PROMESA DE
SALVACIÓN.
ESPERANZA DE LOS CREYENTES
En aquellos días, cuando se derrame sobre nosotros un espíritu de lo alto, el desierto será un vergel, el vergel parecerá una selva; en el desierto morará la justicia y en el vergel habitará el derecho: el fruto de la justicia será la paz y el fruto del derecho la seguridad para siempre.
Mi pueblo habitará dehesas de paz, en moradas tranquilas, en mansiones sosegadas. Aunque sea abatida la selva, aunque sea humillada la ciudad, dichosos vosotros que sembraréis junto al agua, dejando sueltos al asno y al buey.
¡Ay de ti, devastador, nunca devastado! ¡Ay de ti, saqueador, nunca saqueado! Cuando acabes de devastar, te devastarán a ti; cuando termines de saquear, te saquearán a ti.
Ten misericordia de nosotros, Señor, que esperamos en ti; sé nuestro brazo por la mañana y nuestra salvación en el peligro.
A tu voz potente huyeron los pueblos, al levantarte tú se dispersaron las naciones. Se recogía botín como se recoge la langosta: se abalanzaban sobre él como se abalanza el saltamontes.
El Señor es excelso, porque habita en la altura; él llenará a Sión de justicia y derecho. La fidelidad será su adorno, la sabiduría y el saber serán su refugio salvador, el temor del Señor será su tesoro.
RESPONSORIO (Is 32, 18. 17; Jn 14, 27)
R. Mi pueblo habitará en
dehesas de paz, en moradas tranquilas: * el
fruto de la justicia será la paz.
V. Mi paz os doy, no se turbe vuestro
corazón ni se deje arrastrar por el temor.
R. El fruto de la justicia será la
paz.
SEGUNDA LECTURA
De la Constitución dogmática
Dei Verbum, sobre la divina revelación, del Concilio Vaticano
segundo.
(núms. 3-4)
CRISTO LLEVA A TÉRMINO TODA LA REVELACIÓN
Dios, al crear y conservar por medio del Verbo todas las cosas, da a los hombres un primer testimonio perenne de sí mismo en las cosas creadas; pero, queriendo también abrir a la humanidad el camino de una salvación sobrenatural, se manifestó además personalmente, ya desde el principio, a nuestros primeros padres.
Después de su caída, con la promesa de la redención les dio la esperanza de la salvación y, luego, incesantemente manifestó su solicitud por el género humano, a fin de dar la vida eterna a todos los que, perseverando en la práctica de las buenas obras, buscan la salvación.
A su tiempo también llamó a Abraham, para hacer de él una gran nación; después de los patriarcas, educó a su pueblo por medio de Moisés y los profetas, para que lo conocieran a él como el único Dios vivo y verdadero, Padre providente y Juez justo, y esperaran al Salvador prometido, y así, a lo largo de los siglos, fue preparando el camino del Evangelio; y, después que a través de muchas etapas y de muchas maneras habló Dios en otro tiempo a nuestros antepasados por ministerio de los profetas, en estos tiempos, que son los últimos, nos ha hablado por medio de su Hijo.
Envió a su Hijo, es decir, el Verbo eterno que ilumina a todos los hombres, a fin de que habitara entre ellos y les revelara los secretos de Dios.
Así, pues, Jesucristo, el Verbo hecho carne, «hombre enviado a los hombres», habla las palabras de Dios y lleva a cabo la obra salvífica que el Padre le ha encomendado. Por eso Jesucristo –ver al cual es ver al Padre–, por toda su presencia y por todo lo que manifiesta de sí mismo, por sus palabras y obras, señales y milagros, pero principalmente por su muerte y gloriosa resurrección de entre los muertos y finalmente por el envío del Espíritu Santo, lleva a término y confirma, con testimonio divino, la revelación de que Dios está con nosotros, para librarnos de las tinieblas del pecado y de la muerte y resucitarnos para la vida eterna.
Por tanto, la economía cristiana, que es alianza eterna y definitiva, no pasará jamás, y ya no hay que esperar una nueva revelación pública antes de la gloriosa manifestación de nuestro Señor Jesucristo.
RESPONSORIO (Is 30, 20-21; Dt 18, 15)
R. Tus ojos verán a tu maestro
* y tus oídos oirán detrás de ti estas palabras:
«Éste es el camino, caminad por él.»
V. El Señor, tu Dios, te suscitará un
profeta de en medio de ti, de entre tus hermanos.
R. Y tus oídos oirán detrás
de ti estas palabras: «Éste es el camino, caminad por él.»
Oremos:
Señor, que la venida salvadora de tu Hijo alegre a
tus siervos, a quienes ahora entristece el peso de sus culpas. Por nuestro Señor
Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera
celebración del día:
V.
Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo
contrario:
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date
prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
Ven,
Señor, no tardes
Una
clara voz resuena
SALMODIA
Ant. 1: ¡Qué pregón tan glorioso para ti, ciudad de Dios!
Salmo 86
HIMNO A JERUSALÉN, MADRE DE TODOS LOS
PUEBLOS
La Jerusalén
de arriba es libre;
ésa es nuestra madre.
(Ga 4, 26)
Él la ha cimentado sobre el monte santo;
y el Señor prefiere las
puertas de Sión
a todas las moradas de Jacob.
¡Qué pregón tan glorioso para ti,
ciudad de Dios!
«Contaré a
Egipto y a Babilonia
entre mis fieles;
filisteos, tirios y etíopes
han
nacido allí.»
Se dirá de Sión: «Uno por uno
todos han nacido en ella;
el
Altísimo en persona la ha fundado.»
El Señor escribirá en el registro de los pueblos:
«Éste ha
nacido allí.»
Y cantarán mientras danzan:
«Todas mis fuentes están en
ti.»
Ant. 1: ¡Qué pregón tan glorioso para ti, ciudad de Dios!
Ant. 2: El Señor llega con poder y su recompensa lo precede.
Cántico
Is 40, 10-17
EL BUEN PASTOR ES EL DIOS
ALTÍSIMO Y SAPIENTÍSIMO
Mira, llego
en seguida y traigo
conmigo mi salario. (Ap 22, 12)
Mirad, el Señor Dios llega con poder,
y su brazo
manda.
Mirad, viene con él su salario
y su recompensa lo
precede.
Como un pastor que apacienta el rebaño,
su brazo lo
reúne,
toma en brazos los corderos
y hace recostar a las
madres.
¿Quién ha medido a puñados el mar
o mensurado a palmos el
cielo,
o a cuartillos el polvo de la tierra?
¿Quién ha pesado en la balanza los montes
y en la báscula las
colinas?
¿Quién ha medido el aliento del Señor?
¿Quién le ha sugerido su
proyecto?
¿Con quién se aconsejó para entenderlo,
para que le enseñara el
camino exacto,
para que le enseñara el saber
y le sugiriese el método
inteligente?
Mirad, las naciones son gotas de un cubo
y valen lo que el
polvillo de balanza.
Mirad, las islas pesan lo que un grano,
el Líbano no
basta para leña,
sus fieras no bastan para el holocausto.
En su presencia, las naciones todas,
como si no
existieran,
son ante él como nada y vacío.
Ant. 2: El Señor llega con poder y su recompensa lo precede.
Ant. 3: Ensalzad al Señor, Dios nuestro, postraos ante el estrado de sus pies.
Salmo 98
SANTO ES EL SEÑOR, NUESTRO DIOS
Tú, Señor,
que estás sentado sobre querubines,
restauraste el mundo caído, cuando te
hiciste
semejante a nosotros. (S. Atanasio)
El Señor reina, tiemblen las naciones;
sentado sobre querubines,
vacile la tierra.
El Señor es grande en Sión,
encumbrado sobre todos los
pueblos.
Reconozcan tu nombre, grande y terrible:
Él es santo.
Reinas con poder y amas la justicia,
tú has establecido la
rectitud;
tú administras la justicia y el derecho,
tú actúas en
Jacob.
Ensalzad al Señor, Dios nuestro;
postraos ante el estrado de sus
pies:
Él es santo.
Moisés y Aarón con sus sacerdotes,
Samuel con los que invocan su
nombre,
invocaban al Señor, y él respondía.
Dios les hablaba desde la
columna de nube;
oyeron sus mandatos y la ley que les dio.
Señor Dios nuestro, tú les respondías,
tú eras para ellos un
Dios de perdón
y un Dios vengador de sus maldades.
Ensalzad al Señor, Dios nuestro;
postraos ante su monte
santo:
Santo es el Señor, nuestro Dios.
Ant. 3: Ensalzad al Señor, Dios nuestro, postraos ante el estrado de sus pies.
LECTURA BREVE Is 45, 8
Cielos, destilad el rocío; nubes, derramad al Justo; ábrase la tierra y brote la salvación, y con ella germine la justicia.
RESPONSORIO BREVE
V. Sobre ti,
Jerusalén, amanecerá el Señor. R. Sobre ti, Jerusalén.
V. Su gloria aparecerá sobre ti.
R. Amanecerá el
Señor.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al
Espíritu Santo.
R. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Despierta, despierta, Sión, vístete de la fuerza del brazo del Señor.
PRECES
Invoquemos confiados a Cristo, fuerza y sabiduría de Dios, cuyo gozo es estar con los hijos de los hombres, y digámosle:
Quédate junto a nosotros, Señor.
Señor Jesucristo, que nos has llamado al reino de tu luz, * haz que nuestra vida sea agradable a Dios Padre.
Tú que, desconocido por el mundo, has acampado entre nosotros, * manifiesta tu rostro a todos los hombres.
Tú que estás más cerca de nosotros que nosotros mismos, * fortalece nuestros corazones con la esperanza de la salvación.
Tú que eres la fuente de toda santidad, * consérvanos santos y sin mancha hasta el día de tu venida.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Digamos a nuestro Padre con toda confianza: Padre nuestro.
Oración
Señor, que la venida salvadora de tu Hijo alegre a tus siervos, a quienes ahora entristece el peso de sus culpas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.
Amén.
V. Dios mío, ven en mi
auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Antífona:
Tercia: Los profetas
anunciaron que el Salvador nacería de María Virgen.
Sexta: El ángel Gabriel saludó a María diciendo:
«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo, bendita tú entre las
mujeres.»
Nona: María dijo: «¿Qué significa
este saludo? Me quedo perpleja ante estas palabras de que daré a luz un Rey sin
perder mi virginidad.»
Salmo 118, 113-120
Detesto a los inconstantes
y amo tu voluntad;
tú eres mi
refugio y mi escudo,
yo espero en tu palabra;
apartaos de mí los
perversos,
y cumpliré tus mandatos, Dios mío.
Sosténme con tu promesa y viviré,
que no quede frustrada mi
esperanza;
dame apoyo y estaré a salvo,
me fijaré en tus leyes sin
cesar;
desprecias a los que se desvían de tus decretos,
sus proyectos son
engaño.
Tienes por escoria a los malvados,
por eso amo tus
preceptos;
mi carne se estremece con tu temor,
y respeto tus
mandamientos.
Salmo 78, 1-5. 8-11.13
LAMENTACIÓN ANTE LA DESTRUCCIÓN DE
JERUSALÉN
¡Si al menos
tú comprendieras
en este día lo que conduce a la paz!
(Lc 19,
42)
Dios mío, los gentiles han entrado en tu heredad,
han profanado
tu santo templo,
han reducido Jerusalén a ruinas.
Echaron los cadáveres de tus siervos
en pasto a las aves del
cielo,
y la carne de tus fieles
a las fieras de la tierra,
Derramaron su sangre como agua
en torno a Jerusalén,
y nadie
la enterraba.
Fuimos el escarnio de nuestros vecinos,
la irrisión y la burla
de los que nos rodean.
¿Hasta cuándo, Señor?
¿Vas a estar siempre enojado?
¿Va a
arder como fuego tu cólera?
No recuerdes contra nosotros
las culpas de nuestros
padres;
que tu compasión nos alcance pronto,
pues estamos
agotados.
Socórrenos, Dios salvador nuestro,
por el honor de tu
nombre;
líbranos y perdona nuestros pecados
a causa de tu
nombre.
¿Por qué han de decir los gentiles:.
«Dónde está su
Dios»?
Que a nuestra vista conozcan los gentiles la venganza
de la sangre
de tus siervos derramada.
Llegue a tu presencia el gemido del cautivo:
con tu brazo
poderoso, salva a los condenados a muerte.
Mientras, nosotros, pueblo tuyo,
ovejas de tu rebaño,
te
daremos gracias siempre,
cantaremos tus alabanzas
de generación en
generación.
Salmo 79
VEN A VISITAR TU VIÑA
Ven, Señor Jesús. (Ap 22, 20)
Pastor de Israel, escucha,
tú que guías a José como a un
rebaño;
tú que te sientas sobre querubines, resplandece
ante Efraím,
Benjamín y Manasés;
despierta tu poder y ven a salvarnos.
¡Oh Dios!, restáuranos,
que brille tu rostro y nos
salve.
Señor Dios de los ejércitos,
¿hasta cuándo estarás
airado
mientras tu pueblo te suplica?
Le diste a comer llanto,
a beber lágrimas a tragos;
nos
entregaste a las disputas de nuestros vecinos,
nuestros enemigos se burlan de
nosotros.
Dios de los ejércitos, restáuranos,
que brille tu rostro y nos
salve.
Sacaste una vid de Egipto,
expulsaste a los gentiles, y la
trasplantaste;
le preparaste el terreno y echó raíces
hasta llenar el
país;
su sombra cubría las montañas,
y sus pámpanos, los cedros
altísimos;
extendió sus sarmientos hasta el mar,
y sus brotes hasta el
Gran Río.
¿Por qué has derribado su cerca
para que la saqueen los
viandantes,
la pisoteen los jabalíes
y se la coman las
alimañas?
Dios de los ejércitos, vuélvete:
mira desde el cielo,
fíjate,
ven a visitar tu viña,
la cepa que tu diestra plantó,
y que tú
hiciste vigorosa.
La han talado y le han prendido fuego:
con un bramido hazlos
perecer.
Que tu mano proteja a tu escogido,
al hombre que tú
fortaleciste.
No nos alejaremos de ti:
danos vida, para que invoquemos tu
nombre.
Señor Dios de los ejércitos, restáuranos,
que brille tu rostro y
nos salve.
Tercia: Los profetas anunciaron que el Salvador nacería de María Virgen.
LECTURA BREVE Mi 5, 4-5a
El jefe de Israel se alzará y pastoreará el rebaño con el poder del Señor, con la majestad del nombre del Señor su Dios. Habitarán tranquilos, porque se mostrará él grande hasta los confines de la tierra, y él será nuestra paz.
V. Los gentiles temerán tu nombre, Señor.
R. Los reyes del mundo tu gloria.
Oremos:
Señor,
que la venida salvadora de tu Hijo alegre a tus siervos, a quienes ahora
entristece el peso de sus culpas. Por Cristo nuestro Señor.
Sexta: El ángel Gabriel saludó a María diciendo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo, bendita tú entre las mujeres.»
LECTURA BREVE Ag 2, 7.10
Todavía un poco más, y agitaré cielo y tierra, mar y continentes. La gloria de este segundo templo será mayor que la del primero y en este sitio daré la paz -oráculo del Señor de los ejércitos-.
V. Acuérdate de nosotros, Señor, por amor a tu
pueblo.
R. Visítanos con tu
salvación.
Oremos:
Señor,
que la venida salvadora de tu Hijo alegre a tus siervos, a quienes ahora
entristece el peso de sus culpas. Por Cristo nuestro Señor.
Nona: María dijo: «¿Qué significa este saludo? Me quedo perpleja ante estas palabras de que daré a luz un Rey sin perder mi virginidad.»
LECTURA BREVE Ml 4, 2
A los que honran mi nombre los iluminará un sol de justicia que lleva la salud en los rayos; vosotros saldréis brincando como terneros del establo -dice el Señor de los ejércitos-.
V. Ven Señor, y no tardes.
R. Perdona los pecados de tu pueblo.
Oremos:
Señor,
que la venida salvadora de tu Hijo alegre a tus siervos, a quienes ahora
entristece el peso de sus culpas. Por Cristo nuestro Señor.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al
Señor.
R. Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V.
Dios mío ven en mi auxilio
R. Señor,
date prisa en socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
Éste
es el tiempo en que llegas
Jesucristo,
Palabra del Padre
SALMODIA
Ant. 1: Que tus fieles, Señor, te aclamen al entrar en tu morada.
Salmo 131
PROMESAS A LA CASA DE DAVID
El Señor Dios
le dará el trono
de David, su Padre. (Lc 1, 32)
Señor, tenle en cuenta a David
todos sus afanes:
cómo juró al
Señor
e hizo voto al Fuerte de Jacob:
«No entraré bajo el techo de mi casa,
no subiré al lecho de mi
descanso,
no daré sueño a mis ojos,
ni reposo a mis párpados,
hasta que
encuentre un lugar para el Señor,
una morada para el Fuerte de
Jacob.»
Oímos que estaba en Efrata,
la encontramos en el Soto de
Jaar:
entremos en su morada,
postrémonos ante el estrado de sus
pies.
Levántate, Señor, ven a tu mansión,
ven con el arca de tu
poder:
que tus sacerdotes se vistan de gala,
que tus fieles te
aclamen.
Por amor a tu siervo David,
no niegues audiencia a tu
Ungido.
Ant. 1: Que tus fieles, Señor, te aclamen al entrar en tu morada.
Ant. 2: El Señor ha elegido a Sión, ha deseado vivir en ella.
II
El Señor ha jurado a David
una promesa que no retractará:
«A
uno de tu linaje
pondré sobre tu trono.
Si tus hijos guardan mi alianza
y los mandatos que les
enseño,
también sus hijos, por siempre,
se sentarán sobre, tu trono
»
Porque el Señor ha elegido a Sión,
ha deseado vivir en
ella:
«Ésta es mi mansión por siempre,
aquí viviré, porque la
deseo.
Bendeciré sus provisiones,
a sus pobres los saciaré de
pan;
vestiré a sus sacerdotes de gala,
y sus fieles aclamarán con
vítores.
Haré germinar el vigor de David,
enciendo una lámpara para mi
Ungido.
A sus enemigos los vestiré de ignominia,
sobre él brillará mi
diadema.»
Ant. 2: El Señor ha elegido a Sión, ha deseado vivir en ella.
Ant. 3: El Señor le dio el poder, el honor y el reino, y todos los pueblos le servirán.
Cántico Ap
11,17-18;12,10b-12a
EL JUICIO DE DIOS
Gracias te darnos, Señor Dios omnipotente,
el que eres y el que
eras,
porque has asumido el gran poder
y comenzaste a reinar.
Se encolerizaron las naciones,
llegó tu cólera,
y el tiempo
de que sean juzgados los muertos,
y de dar el galardón a tus siervos los
profetas,
y a los santos y a los que temen tu nombre,
y a los pequeños y a
los grandes,
y de arruinar a los que arruinaron la tierra.
Ahora se estableció la salud y el poderío,
y el reinado de
nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fue precipitado
el
acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios día y
noche.
Ellos le vencieron en virtud de la sangre del Cordero
y por la
palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su vida que temieran la
muerte.
Por esto, estad alegres, cielos,
y los que moráis en sus
tiendas.
Ant. 3: El Señor le dio el poder, el honor y el reino, y todos los pueblos le servirán.
LECTURA BREVE St 5, 7-8. 9b
Aguardad con paciencia, hermanos, hasta la manifestación del Señor. Ved cómo el labrador espera el precioso fruto de la tierra. Lo va aguardando pacientemente, hasta que la tierra reciba las lluvias tempranas y las tardías. Aguardad también vosotros con toda paciencia, fortaleced vuestros corazones, porque la manifestación del Señor está ya cerca. Mirad que el juez está a las puertas.
RESPONSORIO BREVE
V. Ven a salvarnos, Señor Dios de los ejércitos. R. Ven
a salvarnos.
V. Que brille tu rostro y nos
salve.
R. Señor Dios de los ejércitos.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al
Espíritu Santo.
R. Ven a salvamos, Señor Dios de los ejércitos.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Festejad a Jerusalén, gozad con ella, todos los que la amáis, alegraos para siempre de su alegría.
PRECES
Imploremos a Cristo, luz resplandeciente que brilla para los que habitan en tierras de sombra, como anunciaron los profetas, y digámosle:
Ven, Señor Jesús.
Cristo, Palabra de Dios, que en el principio creaste todas las cosas y en la etapa final del mundo tomaste nuestra naturaleza humana, * ven y arráncanos de la muerte.
Luz verdadera que alumbra a todo hombre, * ven y disipa las tinieblas de nuestra ignorancia.
Hijo único que estás en el seno del Padre, * ven y danos a conocer el amor de Dios.
Cristo Jesús, que viniste a nosotros como Hijo del hombre, * concede a cuantos te reciben el poder de ser hijos de Dios.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Tú que abres las puertas de todas las cárceles, * admite en el festín de tus bodas a cuantos aguardan a su entrada.
Siguiendo la enseñanza del Salvador, oremos a Dios, diciendo: Padre nuestro.
Oración.
Señor, que la venida salvadora de tu Hijo alegre a tus siervos, a quienes ahora entristece el peso de sus culpas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.
Amén.
OFICIO DE LECTURA
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera
celebración del día:
V.
Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo
contrario:
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date
prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Ant. 1: Estoy agotado de gritar y de tanto aguardar a mi Dios.
Salmo 68, 2-22. 30-37
LAMENTACIÓN Y PLEGARIA DE UN FIEL
DESOLADO
Le dieron a
beber vino
mezclado con hiel. (Mt 27, 34)
I
Dios mío, sálvame,
que me llega el agua al cuello:
me estoy
hundiendo en un cieno profundo
y no puedo hacer pie;
he entrado en la
hondura del agua,
me arrastra la corriente.
Estoy agotado de gritar,
tengo ronca la garganta;
se me
nublan los ojos
de tanto aguardar a mi Dios.
Más que los cabellos de mi cabeza
son los que me odian sin
razón;
más duros que mis huesos,
los que me atacan injustamente.
¿Es
que voy a devolver
lo que no he robado?
Dios mío, tú conoces mi ignorancia,
no se te ocultan mis
delitos.
Que por mi causa no queden defraudados
los que esperan en ti,
Señor de los ejércitos.
Que por mi causa no se avergüencen
los que te buscan, Dios de
Israel.
Por ti he aguantado afrentas,
la vergüenza cubrió mi
rostro.
Soy un extraño para mis hermanos,
un extranjero para los hijos
de mi madre;
porque me devora el celo de tu templo,
y las afrentas conque
te afrentan caen sobre mí.
Cuando me aflijo con ayunos, se burlan de mí;
cuando me visto de
saco, se ríen de mí;
sentados a la puerta murmuran,
mientras beben vino me
cantan burlas.
Ant.1: Estoy agotado de gritar y de tanto aguardar a mi Dios.
Ant. 2: En mi comida me echaron hiel, para mi sed me dieron vinagre.
II
Pero mi oración se dirige a ti,
Dios mío, el día de tu
favor;
que me escuche tu gran bondad,
que tu fidelidad me
ayude:
arráncame del cieno, que no me hunda;
líbrame de los que me
aborrecen,
y de las aguas sin fondo.
Que no me arrastre la corriente,
que no me trague el
torbellino,
que no se cierre la poza sobre mí.
Respóndeme, Señor, con la bondad de tu gracia,
por tu gran
compasión vuélvete hacia mí;
no escondas tu rostro a tu siervo:
estoy en
peligro, respóndeme en seguida.
Acércate a mí, rescátame,
líbrame de mis enemigos:
estás
viendo mi afrenta,
mi vergüenza y mi deshonra;
a tu vista están los que me
acosan.
La afrenta me destroza el corazón, y desfallezco.
Espero
compasión, y no la hay;
consoladores, y no los encuentro.
En mi comida me
echaron hiel,
para mi sed me dieron vinagre.
Ant. 2: En mi comida me echaron hiel, para mi sed me dieron vinagre.
Ant. 3: Buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.
III
Yo soy un pobre malherido;
Dios mío, tu salvación me
levante.
Alabaré el nombre de Dios con cantos,
proclamaré su grandeza con
acción de gracias;
le agradará a Dios más que un toro,
más que un novillo
con cuernos y pezuñas.
Miradlo los humildes, y alegraos,
buscad al Señor, y revivirá
vuestro corazón.
Que el Señor escucha a sus pobres,
no desprecia a sus
cautivos.
Alábenlo el cielo y la tierra,
las aguas y cuanto bulle en
ellas.
El Señor salvará a Sión,
reconstruirá las ciudades de Judá,
y
las habitarán en posesión.
La estirpe de sus siervos la heredará,
los que
aman su nombre vivirán en ella.
Ant. 3: Buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.
V. Derrama, Señor, tu
misericordia sobre nosotros.
R. Danos tu salvación, según tu
promesa.
PRIMERA LECTURA
Año I:
Del libro del profeta Miqueas (7, 14-20)
LA SALVACIÓN CONSISTE EN EL PERDÓN DE LAS CULPAS
Pastorea a tu pueblo con el cayado, a las ovejas de tu heredad, a las que habitan apartadas en la maleza, en medio del Carmelo. Pastarán en Basán y Galaad, como en tiempos antiguos; como cuando saliste de Egipto y te mostraba mis prodigios.
Los pueblos verán y se avergonzarán con toda su fortaleza. Se llevarán la mano a la boca, y se taparán los oídos. Morderán el polvo como serpientes, como gusanos de la tierra. Temblando saldrán de sus baluartes, vendrán a adorar al Señor y te temerán a ti.
¿Qué Dios hay como tú, que perdonas el pecado y absuelves la culpa al resto de tu heredad? No mantendrá por siempre la ira, pues se complace en la misericordia. Volverá a compadecerse y extinguirá nuestras culpas, arrojará al fondo del mar todos nuestros delitos. Serás fiel a Jacob, piadoso con Abraham, como juraste a nuestros padres en tiempos remotos.
RESPONSORIO (Mi 7, 19; Hch 10, 43)
R. Nuestro Dios volverá a
compadecerse, * extinguirá nuestras culpas y
arrojará al fondo del mar todos nuestros delitos.
V. Todos los profetas
aseguran que cuantos tengan fe en él recibirán por su nombre el perdón de sus
pecados.
R. Extinguirá nuestras culpas y arrojará al fondo del mar todos
nuestros delitos.
Año II:
Del libro del profeta Isaías (33, 7-24)
SALVACIÓN FUTURA
Oíd: los héroes gimen en las calles, los mensajeros de paz lloran amargamente; están destruidas las calzadas y ya no transitan caminantes. Se ha roto la alianza, despreciando a los testigos, no respetando al hombre. Languidece y se marchita el país, el Líbano pierde sus colores y queda mustio, el Sarión es una estepa, el Basán y el Carmelo han sido rapados.
Pero ahora me pongo yo en pie –dice el Señor–, ahora me yergo, ahora me levanto. Habéis concebido heno, daréis a luz paja, mi aliento como fuego os consumirá; los pueblos serán calcinados, como cardos segados arderán. Los que estáis lejos, escuchad lo que he hecho; los que estáis cerca, enteraos de mi fuerza. Se estremecen en Sión los pecadores y un temblor invade a los perversos: «¿Quién de nosotros podrá resistir ante ese fuego devorador? ¿Quién de nosotros resistirá esas llamas eternas?«
El que procede con justicia y habla con rectitud y rehúsa las ganancias fraudulentas, el que sacude su mano para rechazar el soborno y tapa su oídos a propuestas sanguinarias, el que cierra los ojos para no ver la maldad: ése habitará en lo alto, tendrá su alcázar en un picacho rocoso, con abasto de pan y provisión de agua.
Contemplarán tus ojos a un rey en su esplendor y verán un país dilatado; tu corazón, al recordar los días de terror, musitará: «¿Dónde está el que llevaba las cuentas, dónde está el que pesaba, dónde el que contaba las joyas?» Y ya no verás al pueblo violento, al pueblo de lenguaje extraño, que habla una lengua oscura que no se entiende.
Contempla a Sión, la ciudad de nuestras fiestas: tus ojos verán a Jerusalén, morada tranquila, tienda sedentaria, cuyas estacas no se arrancarán, cuyas cuerdas no se soltarán.
Allí el Señor será nuestro campeón, en un lugar de ríos y canales anchísimos; no lo surcarán barcos de remo ni lo cruzará ningún navío de bordo elevado. Sus cuerdas se han aflojado, ya no sujetan el mástil ni tensan las velas. Porque el Señor nos gobierna, el Señor nos da leyes, el Señor es nuestro rey, él vendrá a salvarnos.
Entonces se repartirá un enorme botín y hasta los cojos se darán al saqueo. No habrá ningún habitante que diga: «Estoy enfermo» Y al pueblo que allí habite le serán perdonadas sus culpas.
RESPONSORIO (Is 33, 22; Sal 96,1)
R. El Señor nos gobierna, el
Señor nos da leyes, el Señor es nuestro rey, *
él vendrá a salvarnos.
V. El Señor reina, la tierra goza, se alegran las
islas innumerables.
R. Él vendrá a salvarnos.
SEGUNDA LECTURA
De los Comentarios de san Agustín, obispo, sobre los salmos
(Salmo 37, 13-14: CCL 38, 391-392)
TU MISMO DESEO ES TU ORACIÓN
Rugía debido a los gemidos de mi corazón. Hay un gemido oculto que no puede ser oído por el hombre; pero, si el corazón está invadido por un deseo tan ardiente que la herida del hombre interior llegue a expresarse con voz más clara, entonces se investiga la causa y el hombre dice dentro de sí: «Tal vez gime por esto o tal vez le sucedió esto otro.» Pero ¿Quién puede comprender estos gemidos sino aquel ante cuyos ojos y oídos gime? Por eso dice: Rugía debido a los gemidos de mi corazón, porque, si bien los hombres pueden oír los gemidos de un hombre, frecuentemente lo que oyen son los gemidos de la carne, pero no oyen al que gime en su corazón.
Y ¿quién conoce el motivo de estos gemidos? Escucha: Todas mis ansias están en tu presencia. Por tanto, nuestros gemidos no están delante de los hombres, que no pueden ver el corazón, sino que todas mis ansias están en tu presencia. Que tu deseo esté siempre ante él; y el Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
Tu mismo deseo es tu oración; si el deseo es continuo, la oración es continua. No en vano dijo el Apóstol: Orad sin cesar. Pero ¿acaso nos arrodillamos, nos postramos y levantamos las manos sin interrupción, y por eso dice: Orad sin cesar? Si decimos que sólo podemos orar así, creo que es imposible orar sin cesar.
Existe otra oración interior y continua, que es el deseo. Aunque hagas cualquier otra cosa, si deseas el reposo en Dios, no interrumpes la oración. Si no quieres dejar de orar, no interrumpas el deseo.
Tu deseo continuo es tu voz, es decir, tu oración continua. Callas si dejas de amar. ¿Quiénes callaron? Aquellos de quienes se dijo: Por exceso de la maldad se apagará el fervor de la caridad en muchos.
El frío de la caridad es el silencio del corazón, y el fuego de la caridad es el clamor del corazón. Si la caridad permanece siempre, clamas siempre; si clamas siempre, siempre deseas; si deseas, te acuerdas del reposo eterno. Todas mis ansias están en tu presencia. ¿Qué sucedería si nuestras ansias estuvieran delante de Dios y no lo estuvieran nuestros gemidos? ¿Acaso esto es posible, siendo así que el gemido es la voz de nuestras ansias?
Por esto añade: Y no se te ocultan mis gemidos. Para ti no están ocultos, para muchos hombres lo están. A veces parecería que el humilde servidor de Dios dice: Y no se te ocultan mis gemidos. Otras veces observamos que sonríe; ¿será acaso porque aquel deseo ha muerto en su corazón? Si subsiste el deseo, también subsiste el gemido; no siempre llega a los oídos de los hombres, pero nunca se aparta de los oídos de Dios.
RESPONSORIO
R. Al caminar por las sendas de
Cristo, cantemos mientras llegamos a la meta de nuestra peregrinación, para
mantener vivos nuestros deseos. * Si alguno
desea con ardor, aunque haga callar su lengua, su corazón cantará.
V. Pero el
que no tiene deseos, aunque aturda con sus clamores los oídos de los hombres,
está mudo para Dios.
R. Si alguno desea con ardor, aunque haga callar su
lengua, su corazón cantará.
Oremos:
Que tu gracia,
Señor, nos prepare y nos acompañe siempre a los que esperamos anhelantes la
venida de tu Hijo, a fin de que obtengamos los auxilios necesarios para la vida
presente y para llegar con felicidad a la futura. Por nuestro Señor Jesucristo,
tu Hijo.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera
celebración del día:
V.
Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo
contrario:
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date
prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
Ven,
Señor, no tardes
Una
clara voz resuena
SALMODIA
Ant. 1: Contra ti, contra ti solo pequé, Señor; ten misericordia de mí.
Salmo 50
CONFESIÓN DEL PECADOR ARREPENTIDO
Renovaos en
la mente y en el espíritu
y vestíos de la nueva condición
humana. (cf. Ef.
4, 23-24)
Misericordia, Dios mío, por tu bondad;
por tu inmensa compasión
borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado.
Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi
pecado:
contra ti, contra ti solo pequé,
cometí la maldad que
aborreces.
En la sentencia tendrás razón,
en el juicio brillará tu
rectitud.
Mira, que en la culpa nací,
pecador me concibió mi
madre.
Te gusta un corazón sincero,
y en mi interior me inculcas
sabiduría.
Rocíame con el hisopo: quedaré limpio;
lávame: quedaré más
blanco que la nieve.
Hazme oír el gozo y la alegría,
que se alegren los huesos
quebrantados.
Aparta de mi pecado tu vista,
borra en mí toda
culpa.
¡Oh Dios!, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con
espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo
espíritu.
Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu
generoso:
enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a
ti.
Líbrame de la sangre, ¡oh Dios,
Dios, Salvador mío!,
y
cantará mi lengua tu justicia.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca
proclamará tu alabanza.
Los sacrificios no te satisfacen;
si te ofreciera un holocausto,
no lo querrías.
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado:
un corazón
quebrantado y humillado
tú no lo desprecias.
Señor, por tu bondad, favorece a Sión,
reconstruye las murallas
de Jerusalén:
entonces aceptarás los sacrificios rituales,
ofrendas y
holocaustos,
sobre tu altar se inmolarán novillos.
Ant. 1: Contra ti, contra ti solo pequé, Señor; ten misericordia de mí.
Ant. 2: Reconocemos, Señor, nuestra impiedad; hemos pecado contra ti.
Cántico
LAMENTACIÓN DEL PUEBLO
EN TIEMPO DE HAMBRE Y DE
GUERRA
Está cerca el
reino de Dios.
Convertíos y creed la Buena Noticia.
(Mc 1,
15)
Mis ojos se deshacen en lágrimas,
día y noche no cesan:
por
la terrible desgracia de la doncella de mi pueblo,
una herida de fuertes
dolores.
Salgo al campo: muertos a espada;
entro en la ciudad:
desfallecidos de hambre;
tanto el profeta como el sacerdote
vagan sin
sentido por el país.
¿Por qué has rechazado del todo a Judá?
¿Tiene asco tu garganta
de Sión?
¿Por qué nos has herido sin remedio?
Se espera la paz, y no hay
bienestar,
al tiempo de la cura sucede la turbación.
Señor, reconocemos nuestra impiedad,
la culpa de nuestros
padres,
porque pecamos contra ti.
No nos rechaces, por tu nombre,
no desprestigies tu trono
glorioso;
recuerda y no rompas tu alianza con nosotros.
Ant. 2: Reconocemos, Señor, nuestra impiedad; hemos pecado contra ti.
Ant. 3: El Señor es Dios y nosotros somos su pueblo y ovejas de su rebaño.
Salmo 99
ALEGRÍA DE LOS QUE ENTRAN EN EL TEMPLO
Los redimidos
deben entonar
un canto de victoria.
(S. Atanasio)
Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con
alegría,
entrad en su presencia con aclamaciones.
Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su
pueblo y ovejas de su rebaño.
Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con
himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:
«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad
por todas las edades.»
Ant. 3: El Señor es Dios y nosotros somos su pueblo y ovejas de su rebaño.
LECTURA BREVE Jr 30, 21. 22
Esto dice el Señor: «Saldrá de Jacob un príncipe, su señor saldrá de en medio de él; me lo acercaré y se llegará a mí. Vosotros seréis mi pueblo y yo seré vuestro Dios.»
RESPONSORIO BREVE
V. Sobre ti,
Jerusalén, amanecerá el Señor. R. Sobre ti, Jerusalén.
V. Su gloria aparecerá sobre ti.
R. Amanecerá el
Señor.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al
Espíritu Santo.
R. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Guardad el derecho, practicad la justicia, que mi salvación está para llegar.
PRECES
Por medio de su Hijo, Dios ha manifestado su gloria a los hombres; démosle gracias con gozo, diciendo:
Glorificado sea tu nombre, Señor.
Señor, haz que sepamos acogernos mutuamente, * como Cristo nos acogió a nosotros para dar gloria a Dios.
Cólmanos de alegría y paz en nuestra fe, * para que rebosemos de esperanza por la fuerza del Espíritu Santo.
Con tu bondad y tu inmensa compasión ven, Señor, en ayuda de todos * y sal al encuentro de los que te desean aun sin saberlo.
Tú que llamas y santificas a los que eliges, * llévanos a nosotros, pecadores, a tu felicidad y corónanos en tu reino.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
El Señor se acerca para salvarnos; por eso nos atrevemos a pedir la venida de su reino, diciendo: Padre nuestro.
Oración
Que tu gracia, Señor, nos prepare y nos acompañe siempre a los que esperamos anhelantes la venida de tu Hijo, a fin de que obtengamos los auxilios necesarios para la vida presente y para llegar con felicidad a la futura. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.
Amén.
V. Dios mío, ven en mi
auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Antífona:
Tercia: Los profetas
anunciaron que el Salvador nacería de María Virgen.
Sexta: El ángel Gabriel saludó a María diciendo:
«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo, bendita tú entre las
mujeres.»
Nona: María dijo: «¿Qué significa
este saludo? Me quedo perpleja ante estas palabras de que daré a luz un Rey sin
perder mi virginidad.»
Salmo 21
EL SIERVO DE DIOS SUFRIENTE ORA Y DIOS LE
RESPONDE
A media
tarde, Jesús gritó:
«Elí, Elí, lamá sabaktaní.»
(Mt 27,
46)
I
Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?;
a pesar de mis
gritos, mi oración no te alcanza.
Dios mío, de día te grito, y no respondes;
de noche, y no me
haces caso;
aunque tú habitas en el santuario,
esperanza de
Israel.
En ti confiaban nuestros padres;
confiaban, y los ponías a
salvo;
a ti gritaban, y quedaban libres,
en ti confiaban, y no los
defraudaste.
Pero yo soy un gusano, no un hombre,
vergüenza de la gente,
desprecio del pueblo;
al verme se burlan de mí,
hacen visajes, menean la
cabeza:
«Acudió al Señor, que lo ponga a salvo;
que lo libre si tanto lo
quiere.»
Tú eres quien me sacó del vientre,
me tenías confiado en los
pechos de mi madre;
desde el seno pasé a tus manos,
desde el vientre
materno tú eres mi Dios.
No te quedes lejos, que el peligro está cerca
y
nadie me socorre.
II
Me acorrala un tropel de novillos,
me cercan toros de
Basán;
abren contra mí las fauces
leones que descuartizan y
rugen.
Estoy como agua derramada,
tengo los huesos descoyuntados;
mi
corazón, como cera,
se derrite en mis entrañas;
mi garganta está seca como una teja,
la lengua se me pega al
paladar;
me aprietas contra el polvo de la muerte.
Me acorrala una jauría de mastines,
me cerca una banda de
malhechores;
me taladran las manos y los pies,
puedo contar mis
huesos.
Ellos me miran triunfantes,
se reparten mi ropa,
echan a
suerte mi túnica.
Pero tú, Señor, no te quedes lejos;
fuerza mía, ven corriendo a
ayudarme.
Líbrame a mí, de la espada,
y a mi única vida, de la garra del
mastín;
sálvame de las fauces del león,
a este pobre, de los cuernos del
búfalo.
Contaré tu fama a mis hermanos,
en medio de la asamblea te
alabaré.
III
Fieles del Señor, alabadlo;
linaje de Jacob,
glorificadlo;
temedlo, linaje de Israel.
Porque no ha sentido desprecio ni repugnancia
hacia el pobre
desgraciado;
no le ha escondido su rostro:
cuando pidió auxilio, lo
escuchó.
Él es mi alabanza en la gran asamblea,
cumpliré mis votos
delante de sus fieles.
Los desvalidos comerán hasta saciarse,
alabarán al
Señor los que lo buscan:
viva su corazón por siempre.
Lo recordarán y volverán al Señor
hasta de los confines del
orbe;
en su presencia se postrarán
las familias de los pueblos.
Porque del Señor es el reino,
él gobierna a los pueblos.
Ante
él se postrarán las cenizas de la tumba,
ante él se inclinarán los que bajan
al polvo.
Me hará vivir para él, mi descendencia le servirá,
hablarán del
Señor a la generación futura,
contarán su justicia al pueblo que ha de
nacer;
todo lo que hizo el Señor.
Tercia: Los profetas anunciaron que el Salvador nacería de María Virgen.
LECTURA BREVE Jr 29, 11.13
Sé muy bien lo que pienso hacer con vosotros: designios de paz y no de aflicción, daros un porvenir y una esperanza. Me buscaréis y me encontraréis si me buscáis de todo corazón.
V. Los gentiles temerán tu nombre, Señor.
R. Los reyes del mundo tu gloria.
Oremos:
Que tu
gracia, Señor, nos prepare y nos acompañe siempre a los que esperamos anhelantes
la venida de tu Hijo, a fin de que obtengamos los auxilios necesarios para la
vida presente y para llegar con felicidad a la futura. Por Cristo nuestro
Señor.
Sexta: El ángel Gabriel saludó a María diciendo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo, bendita tú entre las mujeres.»
LECTURA BREVE Jr 30, 18
Esto dice el Señor: "Yo cambiaré la suerte de las tiendas de Jacob, me compadeceré de sus moradas."
V. Acuérdate de nosotros, Señor, por amor a tu
pueblo.
R. Visítanos con tu
salvación.
Oremos:
Que tu
gracia, Señor, nos prepare y nos acompañe siempre a los que esperamos anhelantes
la venida de tu Hijo, a fin de que obtengamos los auxilios necesarios para la
vida presente y para llegar con felicidad a la futura. Por Cristo nuestro
Señor.
Nona: María dijo: «¿Qué significa este saludo? Me quedo perpleja ante estas palabras de que daré a luz un Rey sin perder mi virginidad.»
LECTURA BREVE Ba 3, 5-6a
No te acuerdes de las iniquidades de nuestros padres, sino acuérdate de tu mano y de tu nombre en esta hora. Pues eres el Señor, Dios nuestro.
V. Ven, Señor, y no tardes.
R. Perdona los pecados de tu pueblo.
Oremos:
Que tu
gracia, Señor, nos prepare y nos acompañe siempre a los que esperamos anhelantes
la venida de tu Hijo, a fin de que obtengamos los auxilios necesarios para la
vida presente y para llegar con felicidad a la futura. Por Cristo nuestro
Señor.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al
Señor.
R. Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V.
Dios mío ven en mi auxilio
R. Señor,
date prisa en socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
Éste
es el tiempo en que llegas
Jesucristo,
Palabra del Padre
SALMODIA
Ant. 1: El Señor es grande, nuestro dueño más que todos los dioses.
Salmo 134
HIMNO A DIOS POR SUS MARAVILLAS
Vosotros
sois... un pueblo adquirido por Dios
para proclamar las hazañas del que os
llamó
a salir de la tiniebla y a entrar en su luz maravillosa.
(1Pe 2,
9)
I
Alabad el nombre del Señor,
alabadlo, siervos del Señor,
que
estáis en la casa del Señor,
en los atrios de la casa de nuestro
Dios.
Alabad al Señor porque es bueno,
tañed para su nombre, que es
amable.
Porque él se escogió a Jacob,
a Israel en posesión
suya.
Yo sé que el Señor es grande,
nuestro dueño más que todos los
dioses.
El Señor todo lo que quiere lo hace:
en el cielo y en la
tierra,
en los mares y en los océanos.
Hace subir las nubes desde el horizonte,
con los relámpagos
desata la lluvia,
suelta a los vientos de sus silos.
Él hirió a los primogénitos de Egipto,
desde los hombres hasta
los animales.
Envió signos y prodigios
-en medio de ti, Egipto-
contra
el Faraón y sus ministros.
Hirió de muerte a pueblos numerosos,
mató a reyes
poderosos:
a Sijón, rey de los amorreos;
a Hog, rey de Basán,
y a todos
los reyes de Canaán.
Y dio su tierra en heredad,
en heredad a Israel, su
pueblo.
Ant. 1: El Señor es grande, nuestro dueño más que todos los dioses.
Ant. 2: Casa de Israel, bendice al Señor; tañed para su nombre, que es amable.
II
Señor, tu nombre es eterno;
Señor, tu recuerdo de edad en
edad.
Porque el Señor gobierna a su pueblo
y se compadece de sus
siervos.
Los ídolos de los gentiles son oro y plata,
hechura de manos
humanas:
tienen boca y no hablan,
tienen ojos y no ven,
tienen orejas y no oyen,
no hay aliento en sus bocas.
Sean lo
mismo los que los hacen,
cuantos confían en ellos.
Casa de Israel, bendice al Señor;
casa de Aarón, bendice al
Señor;
casa de Leví, bendice al Señor;
fieles del Señor, bendecid al
Señor.
Bendito en Sión el Señor,
que habita en Jerusalén.
Ant. 2: Casa de Israel, bendice al Señor; tañed para su nombre, que es amable.
Ant. 3: Vendrán todas las naciones y se postrarán en tu acatamiento, Señor.
Cántico
Ap 15, 3-4
CANTO DE LOS VENCEDORES
Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor, Dios
omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los
siglos!
¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu nombre?
Porque tú
solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán en tu
acatamiento,
porque tus juicios se hicieron manifiestos.
Ant. 3: Vendrán todas las naciones y se postrarán en tu acatamiento, Señor.
LECTURA BREVE 2Pe 3, 8b-9
Para el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. No es tardo el Señor en el cumplimiento de sus promesas, como algunos piensan. Lo que hace es aguardaros pacientemente, porque no quiere que nadie perezca, sino que todos vengáis a arrepentiros.
RESPONSORIO BREVE
V. Ven a
salvamos, Señor Dios de los ejércitos. R. Ven a salvarnos.
V. Que brille tu
rostro y nos salve.
R. Señor Dios de los ejércitos.
V. Gloria al Padre, y
al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Ven a
salvarnos, Señor Dios de los ejércitos.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Ésta es la declaración que hizo Juan: «El que viene después de mi ya existía antes que yo.»
PRECES
Invoquemos confiados a Cristo, pastor y guardián de nuestras vidas, y digámosle:
Favorécenos, Señor, por tu bondad.
Buen Pastor del rebaño de Dios, * ven a reunir a todos los hombres en tu Iglesia.
Ayuda, Señor, a los pastores de tu pueblo peregrino, * para que apacienten sin desfallecer a tu grey hasta que vuelvas.
Escoge de entre nosotros pregoreros de tu palabra, * para que anuncien tu Evangelio hasta los confines del mundo.
Ten compasión de los que en su trabajo desfallecen a mitad del camino; * haz que encuentren un amigo que los levante.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Muestra tu gloria en el gozo de tu reino * a los que en este destierro escucharon tu voz.
Digamos con Jesús a nuestro Padre del cielo la oración de los hijos de Dios: Padre nuestro.
Oración
Que tu gracia, Señor, nos prepare y nos acompañe siempre a los que esperamos anhelantes la venida de tu Hijo, a fin de que obtengamos los auxilios necesarios para la vida presente y para llegar con felicidad a la futura. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.
Amén.
I VÍSPERAS
INVOCACIÓN INICIAL
V.
Dios mío ven en mi auxilio
R. Señor,
date prisa en socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Ant. 1: Alégrate, Jerusalén, porque viene a ti el Salvador. Aleluya.
Salmo 112
ALABADO SEA EL NOMBRE DEL SEÑOR
Derriba del
trono a los poderosos
y enaltece a los humildes.
(Lc 1,
52)
Alabad, siervos del Señor,
alabad el nombre del
Señor.
Bendito sea el nombre del Señor,
ahora y por siempre:
de la
salida del sol hasta su ocaso,
alabado sea el nombre del Señor.
El Señor se eleva sobre todos los pueblos,
su gloria sobre los
cielos.
¿Quién como el Señor Dios nuestro,
que se eleva en su trono
y
se abaja para mirar
al cielo y a la tierra?
Levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al
pobre,
para sentarlo con los príncipes,
los príncipes de su pueblo;
a
la estéril le da un puesto en la casa,
como madre feliz de hijos.
Ant. 1: Alégrate, Jerusalén, porque viene a ti el Salvador. Aleluya.
Ant. 2: Yo soy el Señor: mi hora está cerca; mi salvación no tardará.
Salmo 115
ACCIÓN DE GRACIAS EN EL TEMPLO
Por medio de
Jesús ofrezcamos continuamente
a Dios un sacrificio de alabanza. (Hb. 13,
15)
Tenía fe, aun cuando dije:
“¡Qué desgraciado soy!”
Yo decía
en mi apuro:
“Los hombres son unos mentirosos.”
¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la
copa de la salvación,
invocando su nombre.
Cumpliré al Señor mis
votos
en presencia de todo el pueblo.
Vale mucho a los ojos del Señor
la vida de sus fieles.
Señor,
yo soy tu siervo,
siervo tuyo, hijo de tu esclava:
rompiste mis
cadenas.
Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre,
Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo,
en
el atrio de la casa del Señor,
en medio de ti, Jerusalén.
Ant. 2: Yo soy el Señor: mi hora está cerca; mi salvación no tardará.
Ant. 3: Envía, Señor, al Cordero que dominará la tierra desde la peña del desierto al monte de Sión.
Cántico
Flp 2,6-11
CRISTO, SIERVO DE DIOS, EN SU MISTERIO PASCUAL
Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su
categoría de Dios,
al contrario, se anonadó a sí mismo,
y tomó la
condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.
Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó
hasta
someterse incluso a la muerte
y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el
¨Nombre-sobre-todo-nombre¨;
de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se
doble
en el cielo, en la tierra, en el abismo
y toda lengua
proclame:
Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.
Ant. 3: Envía, Señor, al Cordero que dominará la tierra desde la peña del desierto al monte de Sión.
LECTURA BREVE 1Ts 5, 23-24
Que el mismo Dios de la paz os consagre totalmente y que todo vuestro ser -espíritu, alma y cuerpo- sea custodiado sin reproche hasta la Parusía de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es a sus promesas el que os ha convocado; y él las cumplirá.
RESPONSORIO BREVE
V. Muéstranos,
Señor, tu misericordia. R. Muéstranos, Señor
V. Y danos tu salvación.
R.
Muéstranos, Señor, tu misericordia.
V. Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R.
Muéstranos, Señor, tu misericordia.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Antes de mí no existía ningún dios y después de mí ninguno habrá; porque ante mí se doblará toda rodilla y por mí jurará toda lengua.
PRECES
Invoquemos a Cristo, alegría y júbilo de cuantos esperan su llegada, y digámosle: Ven, Señor, y no tardes más.
Esperamos alegres tu venida, * ven, Señor Jesús.
Tú que existes antes de los tiempos, * ven y salva a los que viven en el tiempo.
Tú que creaste el mundo y a todos los que en él habitan, * ven a restaurar la obra de tus manos.
Tú que no despreciaste nuestra naturaleza mortal, * ven y arráncanos del dominio de la muerte.
Tú que viniste para que tuviéramos vida abundante, * ven y danos tu vida eterna.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Tú que quieres congregar a todos los hombres en tu reino, * ven y reúne a cuantos desean contemplar tu rostro.
Pidamos ahora con grande confianza la venida del reino de Dios, con las palabras que Cristo nos enseñó: Padre nuestro.
Oración.
Señor, que ves a tu pueblo esperando con gran fe la solemnidad del nacimiento de tu Hijo, concédenos celebrar la obra tan grande de nuestra salvación con cánticos jubilosos de alabanza y con una inmensa alegría. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.
Amén.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera
celebración del día:
V.
Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo
contrario:
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date
prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Ant.1: Mirad, viene ya el Rey excelso, con gran poder, para salvar a todos los pueblos. Aleluya.
Salmo 144
HIMNO A LA GRANDEZA DE DIOS
Justo eres
tú, Señor, el que es
y el que era, el Santo. (Ap 16,
5)
I
Te ensalzaré, Dios mío, mi rey;
bendeciré tu nombre por siempre
jamás.
Día tras día te bendeciré
y alabaré tu nombre por siempre
jamás.
Grande es el Señor, merece toda alabanza,
es incalculable su
grandeza;
una generación pondera tus obras a la otra,
y le cuenta tus
hazañas.
Alaban ellos la gloria de tu majestad,
y yo repito tus
maravillas;
encarecen ellos tus temibles proezas,
y yo narro tus grandes
acciones;
difunden la memoria de tu inmensa bondad,
y aclaman tus
victorias.
El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico
en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus
creaturas.
Ant.1: Mirad, viene ya el Rey excelso, con gran poder, para salvar a todos los pueblos. Aleluya.
Ant. 2: Alégrate y goza, hija de Jerusalén: mira a tu Rey que viene. No temas, Sión, tu salvación está cerca.
II
Que todas tus creaturas te den gracias, Señor,
que te bendigan
tus fieles;
que proclamen la gloria de tu reinado,
que hablen de tus
hazañas;
explicando tus proezas a los hombres,
la gloria y majestad de tu
reinado.
Tu reinado es un reinado perpetuo,
tu gobierno va de edad en
edad.
Ant. 2: Alégrate y goza, hija de Jerusalén: mira a tu Rey que viene. No temas, Sión, tu salvación está cerca.
Ant. 3: Salgamos con corazón limpio a recibir al Rey supremo, porque está para venir y no tardará.
III
El Señor es fiel a sus palabras,
bondadoso en todas sus
acciones.
El Señor sostiene a los que van a caer,
endereza a los que ya se
doblan.
Los ojos de todos te están aguardando,
tú les das la comida a su
tiempo;
abres tú la mano,
y sacias de favores a todo viviente.
El Señor es justo en todos sus caminos,
es bondadoso en todas
sus acciones;
cerca está el Señor de los que lo invocan,
de los que lo
invocan sinceramente.
Satisface los deseos de sus fieles,
escucha sus gritos, y los
salva.
El Señor guarda a los que lo aman,
pero destruye a los
malvados.
Pronuncie mi boca la alabanza del Señor,
todo viviente bendiga
su santo nombre
por siempre jamás.
Ant. 3: Salgamos con corazón limpio a recibir al Rey supremo, porque está para venir y no tardará.
V. El Señor anuncia su palabra
a Jacob.
R. Sus decretos y mandatos a Israel.
PRIMERA LECTURA
Año I:
Del libro del profeta Isaías 40, 1-11
CONSUELO PARA EL CORAZÓN DE JERUSALÉN
«Consolad, consolad a mi pueblo -dice vuestro Dios-; hablad al corazón de Jerusalén, gritadle que se ha cumplido su servicio, y está pagado su crimen, pues de la mano del Señor ha recibido doble paga por sus pecados.»
Una voz grita:
«En el desierto preparadle un camino al Señor; allanad en la estepa una calzada para nuestro Dios; que los valles se levanten, que montes y colinas se abajen, que lo torcido se enderece y lo escabroso se iguale. Se revelará la gloria del Señor, y la verán todos los hombres juntos -ha hablado la boca del Señor-.»
Dice una voz:
«Grita.»
Respondo:
«¿Qué debo gritar?»
«Toda carne es hierba y su belleza como flor campestre: se agosta la hierba, se marchita la flor, cuando el aliento del Señor sopla sobre ellas; se agosta la hierba, se marchita la flor, pero la palabra de nuestro Dios permanece por siempre.»
Súbete a un monte elevado, heraldo de Sión; alza Fuerte la voz, heraldo de Jerusalén; álzala, no temas, di a las ciudades de Judá:
«Aquí está vuestro Dios.»
Mirad, el Señor Dios llega con poder, y su brazo manda. Mirad, viene con él su salario, y su recompensa lo precede. Como un pastor que apacienta el rebaño, su brazo lo reúne, toma en brazos los corderos y hace recostar a las madres.
Responsorio Is 40, 2; Za 1, 16. 17
R. Hablad al corazón de
Jerusalén, gritadle que * se ha cumplido su
servicio, y está pagado su crimen.
V. Me vuelvo con misericordia a Jerusalén;
el Señor consolará otra vez a Sión y elegirá de nuevo a Jerusalén.
R. Se ha
cumplido su servicio, y está pagado su crimen.
Año II:
Del libro del profeta Isaías 45, 1-13
EL REY CIRO SALVADOR DE ISRAEL
Así dice el Señor a su ungido, Ciro, a quien lleva de la mano:
«Doblegaré ante él las naciones, desceñiré las cinturas de los reyes, abriré ante él las puertas, los batientes no se le cerrarán.
Yo iré delante de ti, allanándote los cerros; haré trizas las puertas de bronce, arrancaré los cerrojos de hierro, te daré los tesoros ocultos, los caudales escondidos. Así sabrás que yo soy el Señor, que te llamo por tu nombre, el Dios de Israel.
Por mi siervo Jacob, por mi escogido Israel, te llamé por tu nombre, te di un título, aunque no me conocías. Yo soy el Señor y no hay otro; fuera de mí no hay dios. Te pongo la insignia, aunque no me conoces, para que sepan de oriente a occidente que no hay otro fuera de mí.
Yo soy el Señor y no hay otro: artífice de la luz, creador de las tinieblas, autor de la paz, creador de la desgracia: yo, el Señor, hago todo esto.
Cielos, destilad el rocío; nubes, derramad al Justo; ábrase la tierra y brote la salvación, y con ella germine la justicia: yo, el Señor, lo llevo a cabo.»
¡Ay del que pleitea con su artífice, como loza contra el alfarero! Acaso dice la arcilla al artesano: «¿Qué estás haciendo?», o: «¿Tu vasija no tiene asas?» ¡Ay del que le dice a su padre: «¿Qué has engendrado?», o a su madre: «¿Qué has dado a luz?»!
Así dice el Señor, el Santo de Israel, su artífice:
«¿Y vosotros vais a pedirme cuentas de mis hijos? ¿Me vais a dar instrucciones sobre la obra de mis manos? Yo hice la tierra y creé sobre ella al hombre; mis propias manos extendieron el cielo y doy órdenes a su entero ejército. Yo lo he suscitado para la victoria y allanaré todos sus caminos: él reconstruirá mi ciudad, libertará a mis deportados sin precio ni rescate», dice el Señor de los ejércitos.
Responsorio Is 45, 8; d. 16, 1
R. Cielos, destilad el rocío;
nubes, derramad al Justo: * ábrase la tierra y
brote la salvación.
V. Envía, Señor, al Cordero, soberano de toda la tierra,
desde la Peña del desierto al monte Sión.
R. Abrase la tierra y brote la
salvación.
SEGUNDA LECTURA
De las Cartas de san León Magno, papa
(Carta 31, 2-3: PL 54, 791-793)
EL MISTERIO DE NUESTRA RECONCILIACIÓN
De nada nos serviría afirmar que nuestro Señor, el Hijo de la Virgen María, es hombre verdadero y perfecto si no creyésemos además que es hombre perteneciente u aquel linaje mencionado en el Evangelio.
Mateo, en efecto, dice: Genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham; y sigue el orden de su generación humana hasta llegar a José, con quien estaba desposada la Madre del Señor.
Lucas, en cambio, siguiendo un orden inverso, se remonta al origen del género humano, para mostrar que el primer Adán y el nuevo Adán tienen una misma naturaleza.
El Hijo de Dios, en su omnipotencia, hubiera podido manifestarse, para instruir y justificar a los hombres, como se había manifestado a los patriarcas y profetas, es decir, bajo diversas apariencias humanas, como, por ejemplo, cuando entabló una lucha o mantuvo una conversación, o cuando no rechazó la hospitalidad que le ofrecían y tomó el alimento que le presentaban. Todas estas figuras eran como profecía y anuncio misterioso de aquel hombre que debía asumir, de la descendencia de esos mismos patriarcas, una verdadera naturaleza humana.
Pero todas estas figuras no podían realizar aquel misterio de nuestra reconciliación prefijado antes de los tiempos, porque el Espíritu Santo no había descendido aún sobre la Virgen ni el poder del Altísimo la había aún cubierto con su sombra; solamente cuando la Sabiduría eterna, edificándose una casa en el seno purísimo de la Virgen, se hizo hombre pudo tener cumplimiento este admirable designio; y, uniéndose la naturaleza humana y la divina en una sola persona, el Creador del tiempo nació en el tiempo, y aquel por quien fueron hechas todas las cosas empezó a contarse entre las creaturas.
Pues si el nuevo hombre, sometido a una existencia semejante a la de la carne de pecado, no hubiera llevado sobre sí nuestros pecados, si el que es consustancial al Padre no se hubiera dignado ser consustancial a una madre y si -libre de todo pecado- no hubiera unido a sí nuestra naturaleza, la cautividad humana continuaría sujeta al yugo del demonio;. y tampoco podríamos gloriarnos de la victoria del Vencedor si ésta hubiera sido obtenida en una naturaleza distinta a la nuestra.
El sacramento de la regeneración nos ha hecho partícipes de estos admirables misterios, por cuanto el mismo Espíritu, por cuya virtud fue Cristo engendrado, ha hecho que también nosotros volvamos a nacer con un nuevo nacimiento espiritual.
Por eso el evangelista dice, refiriéndose a los creyentes: Ellos traen su origen no de la sangre ni del deseo carnal ni de la voluntad del hombre, sino del mismo Dios.
Responsorio Cf. Is 11, 10; Lc 1, 32
R. Mirad: la raíz de Jesé
descenderá como salvación de los pueblos y la buscarán los gentiles; * y su nombre será glorioso.
V. El Señor le dará el
trono de David, su padre, y reinará en la casa de Jacob para siempre.
R. y su
nombre será glorioso.
Después del segundo responsorio, se dice el himno Señor, Dios eterno.
Oremos:
Señor Dios, creador
y restaurador de la naturaleza humana, que quisiste que tu Hijo, la Palabra
eterna, se encarnara en el seno de la siempre Virgen María, atiende a nuestras
súplicas y haz que tu Hijo unigénito, que ha tomado nuestra naturaleza humana,
se digne hacernos participantes de su naturaleza divina y nos transforme así
plenamente en hijos tuyos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R.
Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera
celebración del día:
V.
Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo
contrario:
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date
prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
La
pena que la tierra soportaba
Que
viene Cristo repiten
SALMODIA
Ant. 1: Vendrá el Señor y no tardará: iluminará lo escondido en las tinieblas y se manifestará a todos los hombres. Aleluya.
Salmo 92
GLORIA DEL DIOS CREADOR
Reina el
Señor, nuestro Dios, dueño de todo;
alegrémonos y gocemos y démosle gracias.
(Ap 19,6.7)
El Señor reina vestido de majestad,
el Señor, vestido y ceñido
de poder:
así está firme el orbe y no vacila.
Tu trono está firme desde siempre,
y tú eres eterno.
Levantan los ríos, Señor,
levantan los ríos su voz,
levantan
los ríos su fragor;
pero más que la voz de aguas caudalosas,
más potente que el
oleaje del mar,
más potente en el cielo es el Señor.
Tus mandatos son fieles y seguros;
la santidad es el adorno de
tu casa,
Señor, por días sin término.
Ant. 1: Vendrá el Señor y no tardará: iluminará lo escondido en las tinieblas y se manifestará a todos los hombres. Aleluya.
Ant. 2: Los montes y las colinas se abajarán. Lo torcido se enderezará y lo escabroso se igualará. Ven, Señor, no tardes. Aleluya.
Cántico
Dn 3, 57-88. 56
TODA LA CREACIÓN ALABE AL SEÑOR
Alabad al
Señor sus siervos todos
(Ap 19,5)
Creaturas todas del Señor, bendecid al Señor,
ensalzadlo con
himnos por los siglos.
Ángeles del Señor, bendecid al Señor;
cielos, bendecid al
Señor.
Aguas del espacio, bendecid al Señor;
ejércitos del Señor,
bendecid al Señor.
Sol y luna, bendecid al Señor;
astros del cielo, bendecid al
Señor.
Lluvia y rocío, bendecid al Señor;
vientos todos, bendecid al
Señor.
Fuego y calor, bendecid al Señor;
fríos y heladas, bendecid al
Señor.
Rocíos y nevadas, bendecid al Señor;
témpanos y hielos, bendecid
al Señor.
Escarchas y nieves, bendecid al Señor;
noche y día, bendecid al
Señor.
Luz y tinieblas, bendecid al Señor;
rayos y nubes, bendecid al
Señor.
Bendiga la tierra al Señor,
ensálcelo con himnos por los
siglos.
Montes y cumbres, bendecid al Señor;
cuanto germina en la
tierra, bendiga al Señor.
Manantiales, bendecid al Señor;
mares y ríos, bendecid al
Señor.
Cetáceos y peces, bendecid al Señor;
aves del cielo, bendecid al
Señor.
Fieras y ganados, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por
los siglos.
Hijos de los hombres, bendecid al Señor;
bendiga Israel al
Señor.
Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor;
siervos del Señor,
bendecid al Señor.
Almas y espíritus justos, bendecid al Señor;
santos y humildes
de corazón, bendecid al Señor.
Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor,
ensalzadlo con
himnos por los siglos.
Bendigamos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo,
ensalcémoslo
con himnos por los siglos.
Bendito el Señor en la bóveda del cielo,
alabado y glorioso y
ensalzado por los siglos.
No se dice Gloria al Padre.
Ant. 2: Los montes y las colinas se abajarán. Lo torcido se enderezará y lo escabroso se igualará. Ven, Señor, no tardes. Aleluya.
Ant. 3: Salvaré a Sión y mostraré mi gloria en Jerusalén. Aleluya.
Salmo 148
ALABANZA DEL DIOS CREADOR
Al que se
sienta en el trono y al
Cordero la alabanza, el honor,
la gloria y el
poder por los
siglos de los siglos. (Ap 5,13)
Alabad al Señor en el cielo,
+ alabad al Señor en lo
alto.
Alabadlo todos sus ángeles,
alabadlo todos sus
ejércitos.
Alabadlo, sol y luna;
alabadlo, estrellas lucientes.
Alabadlo, espacios celestes,
y aguas que cuelgan en el
cielo.
Alaben el nombre del Señor,
porque él lo mandó, y
existieron.
Les dio consistencia perpetua
y una ley que no
pasará.
Alabad al Señor en la tierra,
cetáceos y abismos del
mar.
Rayos, granizo, nieve y bruma,
viento huracanado que cumple sus
órdenes.
Montes y todas las sierras,
árboles frutales y
cedros.
Fieras y animales domésticos,
reptiles y pájaros que
vuelan.
Reyes y pueblos del orbe,
príncipes y jefes del
mundo.
Los jóvenes y también las doncellas,
los viejos junto con los
niños.
Alaben el nombre del Señor,
el único nombre sublime.
Su majestad sobre el cielo y la tierra;
él acrece el vigor de
su pueblo.
Alabanza de todos sus fieles,
de Israel, su pueblo
escogido.
Ant. 3: Salvaré a Sión y mostraré mi gloria en Jerusalén. Aleluya.
LECTURA BREVE Is 11, 1-3a
Saldrá un renuevo del tronco de Jesé, y de su raíz brotará un vástago. Sobre él se posará el espíritu del Señor: espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de fortaleza, espíritu de ciencia y de temor del Señor.
RESPONSORIO BREVE
V. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor. R. Sobre ti. V. Su gloria aparecerá sobre ti. R. Amanecerá el Señor. V. Gloria. R. Sobre ti.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Entended que el reino de Dios está ya cerca; os aseguro que no tardará.
PRECES
Oremos a Dios Padre, que trazó desde antiguo un plan de salvación para su pueblo, y digámosle: Guarda a tu pueblo, Señor.
Oh Dios, que prometiste a tu pueblo un vástago que haría justicia, * vela por la santidad de tu Iglesia.
Inclina, oh Dios, el corazón de los hombres a tu palabra * y afianza la santidad de tus fieles.
Por tu Espíritu consérvanos en el amor, * para que podamos recibir la misericordia de tu Hijo que se acerca.
Haz que nos mantengamos firmes, Dios de clemencia, * hasta el día de la manifestación de nuestro Señor Jesucristo.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Pidamos ahora con grande confianza la venida del reino de Dios, con las palabras que Cristo nos enseñó: Padre nuestro.
Oración
Señor Dios, creador y restaurador de la naturaleza humana, que quisiste que tu Hijo, la Palabra eterna, se encarnara en el seno de la siempre Virgen María, atiende a nuestras súplicas y haz que tu Hijo unigénito, que ha tomado nuestra naturaleza humana, se digne hacernos participantes de su naturaleza divina y nos transforme así plenamente en hijos tuyos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.
Amén.
V. Dios mío, ven en mi
auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Antífona:
Tercia: Los profetas
anunciaron que el Salvador nacería de María Virgen.
Sexta: El ángel Gabriel saludó a María diciendo:
«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo, bendita tú entre las
mujeres.»
Nona: María dijo: «¿Qué significa
este saludo? Me quedo perpleja ante estas palabras de que daré a luz un Rey sin
perder mi virginidad.»
Salmo 117
HIMNO DE ACCIÓN GRACIAS DESPUÉS DE LA
VICTORIA
Jesús es la
piedra que desechasteis vosotros, los arquitectos,
y que se ha convertido en
piedra angular. (Hch 4, 11)
I
Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su
misericordia.
Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.
Diga la casa de Aarón:
eterna es su misericordia.
Digan los fieles del Señor:
eterna es su
misericordia.
En el peligro grité al Señor,
y me escuchó, poniéndome a
salvo.
El Señor está conmigo: no temo;
¿qué podrá hacerme el
hombre?
El Señor está conmigo y me auxilia,
veré la derrota de mis
adversarios.
Mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los
hombres,
mejor es refugiarse en el Señor
que confiar en los
magnates.
II
Todos los pueblos me rodeaban,
en el nombre del Señor los
rechacé;
me rodeaban cerrando el cerco,
en el nombre del Señor los
rechacé;
me rodeaban como avispas,
ardiendo como fuego en las
zarzas,
en el nombre del Señor los rechacé.
Empujaban y empujaban para derribarme,
pero el Señor me
ayudó;
el Señor es mi fuerza y mi energía,
él es mi salvación.
Escuchad: hay cantos de victoria
en las tiendas de los
justos:
«La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es
excelsa,
la diestra del Señor es poderosa.»
No he de morir, viviré
para contar las hazañas del
Señor.
Me castigó, me castigó el Señor,
pero no me entregó a la
muerte.
III
Abridme las puertas del triunfo,
y entraré para dar gracias al
Señor.
Esta es la puerta del Señor:
los vencedores entrarán por
ella.
Te doy gracias porque me escuchaste
y fuiste mi
salvación.
La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra
angular.
Es el Señor quién lo ha hecho,
ha sido un milagro
patente.
Este es el día en que actuó el Señor,
sea nuestra alegría y
nuestro gozo.
Señor, danos la salvación;
Señor, danos
prosperidad.
Bendito el que viene en nombre del Señor, os bendecimos desde la
casa del Señor;
el Señor es Dios: él nos ilumina.
Ordenad una procesión con ramos
hasta los ángulos del
altar.
Tú eres mi Dios, te doy gracias;
Dios mío, yo te
ensalzo.
Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su
misericordia.
Tercia: Los profetas anunciaron que el Salvador nacería de María Virgen.
LECTURA BREVE Rm 13,13-14a
Andemos como en pleno día, con dignidad. No andemos en comilonas y borracheras, ni en deshonestidad ni lujuria, ni en riñas ni envidias; sino revestíos de Jesucristo, el Señor.
V. Los gentiles
temerán tu nombre, Señor.
R. Los reyes del mundo tu gloria.
Oremos:
Señor
Dios, creador y restaurador de la naturaleza humana, que quisiste que tu Hijo,
la Palabra eterna, se encarnara en el seno de la siempre Virgen María, atiende a
nuestras súplicas y haz que tu Hijo unigénito, que ha tomado nuestra naturaleza
humana, se digne hacernos participantes de su naturaleza divina y nos transforme
así plenamente en hijos tuyos. Por Cristo nuestro Señor.
Sexta: El ángel Gabriel saludó a María diciendo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo, bendita tú entre las mujeres.»
LECTURA BREVE 1Ts 3, 12-13
Que el Señor os haga aumentar y rebosar en amor de unos con otros y con todos, así como os amamos nosotros, para que conservéis vuestros corazones intachables en santidad ante Dios, Padre nuestro, cuando venga nuestro Señor Jesucristo con todos sus santos.
V. Acuérdate de
nosotros, Señor, por amor a tu pueblo.
R. Visítanos con tu
salvación.
Oremos:
Señor
Dios, creador y restaurador de la naturaleza humana, que quisiste que tu Hijo,
la Palabra eterna, se encarnara en el seno de la siempre Virgen María, atiende a
nuestras súplicas y haz que tu Hijo unigénito, que ha tomado nuestra naturaleza
humana, se digne hacernos participantes de su naturaleza divina y nos transforme
así plenamente en hijos tuyos. Por Cristo nuestro Señor.
Nona: María dijo: «¿Qué significa este saludo? Me quedo perpleja ante estas palabras de que daré a luz un Rey sin perder mi virginidad.»
LECTURA BREVE 2Ts 1, 6.7.10
Es justo a los ojos de Dios que a vosotros, los atribulados, os pague con descanso eterno, descanso que será en nuestra compañía. Esto sucederá el día de la revelación de Jesús, el Señor, cuando venga del cielo con los ángeles ejecutores de sus poder, cuando venga aquel día para ser glorificado en sus santos y para ser la admiración de los que han tenido fe.
V. Ven, Señor, y
no tardes.
R. Perdona los pecados de tu pueblo.
Oremos:
Señor
Dios, creador y restaurador de la naturaleza humana, que quisiste que tu Hijo,
la Palabra eterna, se encarnara en el seno de la siempre Virgen María, atiende a
nuestras súplicas y haz que tu Hijo unigénito, que ha tomado nuestra naturaleza
humana, se digne hacernos participantes de su naturaleza divina y nos transforme
así plenamente en hijos tuyos. Por Cristo nuestro Señor.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al
Señor.
R. Demos gracias a Dios.
INVOCACIÓN INICIAL
V.
Dios mío ven en mi auxilio
R. Señor,
date prisa en socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Ant. 1: Mirad: vendrá el Señor para sentarse con los príncipes en un trono de gloria.
Salmo 109, 1-5. 7
MESÍAS, REY Y SACERDOTE
Él debe
reinar hasta poner todos
sus enemigos bajo sus pies.
(1 Co 15,
25)
Oráculo del Señor a mi Señor:
“Siéntate a mi
derecha,
+ y haré de tus enemigos
estrado de tus pies.”
Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete
en la batalla a tus enemigos.
“Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores
sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la
aurora.”
El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
“Tú eres sacerdote
eterno
según el rito de Melquisedec.”
El Señor a tu derecha, el día de su ira,
quebrantará a los
reyes.
En su camino beberá del torrente,
por eso levantará la
cabeza.
Ant. 1: Mirad: vendrá el Señor para sentarse con los príncipes en un trono de gloria.
Ant. 2: Destilen los montes alegría y los collados justicia, porque con poder viene el Señor, luz del mundo.
Salmo 110
GRANDES SON LAS OBRAS DEL SEÑOR
Grandes y
maravillosas son tus obras,
Señor, Dios omnipotente. (Ap
15,3)
Doy gracias al Señor de todo corazón,
en compañía de los rectos,
en la asamblea.
Grandes son las obras del Señor,
dignas de estudio para
los que las aman.
Esplendor y belleza son su obra,
su generosidad dura por
siempre;
ha hecho maravillas memorables,
el Señor es piadoso y
clemente.
Él da alimento a sus fieles,
recordando siempre su
alianza;
mostró a su pueblo la fuerza de su poder,
dándoles la heredad de
los gentiles.
Justicia y verdad son las obras de sus manos,
todos sus
preceptos merecen confianza:
son estables para siempre jamás,
se han de
cumplir con verdad y rectitud.
Envió la redención a su pueblo,
ratificó para siempre su
alianza,
su nombre es sagrado y temible.
Primicia de la sabiduría es el temor del Señor,
tienen buen
juicio los que lo practican;
la alabanza del Señor dura por
siempre.
Ant. 2: Destilen los montes alegría y los collados justicia, porque con poder viene el Señor, luz del mundo.
Ant. 3: Llevemos una vida honrada y religiosa, aguardando la dicha que esperamos, venida del Señor.
El cántico siguiente se dice con todos los Aleluya intercalados cuando el Oficio es cantado. Cuando el Oficio se dice sin canto es suficiente decir el Aleluya sólo al principio y al final de cada estrofa.
Cántico
Cf. Ap 19, 1-2. 5-7
LAS BODAS DEL CORDERO
Aleluya.
La salvación y la gloria y el poder son de nuestro
Dios.
(R. Aleluya)
Porque sus juicios son verdaderos y justos.
R. Aleluya, (aleluya ).
Aleluya.
Alabad al Señor, sus siervos todos.
(R. Aleluya)
Los que le teméis,
pequeños y grandes.
R. Aleluya, (aleluya ).
Aleluya.
Porque reina el Señor, nuestro Dios, dueño de
todo.
(R. Aleluya)
Alegrémonos y gocemos y démosle gracias.
R. Aleluya, (aleluya ).
Aleluya.
Llegó la boda del Cordero.
(R. Aleluya.)
Su esposa se ha
embellecido.
R. Aleluya, (aleluya ).
Ant. 3: Llevemos una vida honrada y religiosa, aguardando la dicha que esperamos, venida del Señor.
LECTURA BREVE 1Ts 5, 23-24
Que el mismo Dios de la paz os consagre totalmente y que todo vuestro ser -espíritu, alma y cuerpo- sea custodiado sin reproche hasta la Parusía de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es a sus promesas el que os ha convocado; y él las cumplirá.
RESPONSORIO BREVE
V. Muéstranos, Señor, tu misericordia.
R. Muéstranos, Señor, tu misericordia.
V. Y danos tu salvación.
R.
Muéstranos, Señor, tu misericordia.
V.
Gloria. R. Muéstranos.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Oh Sabiduría, que brotaste de los labios del Altísimo, abarcando del uno al otro confín y ordenándolo todo con firmeza y suavidad, ven y muéstranos el camino de la salvación.
PRECES
Invoquemos a Cristo, alegría y júbilo de cuantos esperan su llegada, y digámosle: Ven, Señor, y no tardes más.
Esperamos alegres tu venida, * ven, Señor Jesús.
Tú que existes antes de los tiempos, * ven y salva a los que viven en el tiempo.
Tú que creaste el mundo y a todos los que en él habitan, * ven a restaurar la obra de tus manos.
Tú que no despreciaste nuestra naturaleza mortal, * ven y arráncanos del dominio de la muerte.
Tú que viniste para que tuviéramos vida abundante, * ven y danos tu vida eterna.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Tú que quieres congregar a todos los hombres en tu reino, * ven y reúne a cuantos desean contemplar tu rostro.
Pidamos ahora con grande confianza la venida del reino de Dios, con las palabras que Cristo nos enseñó: Padre nuestro.
Oración:
Señor Dios, creador y restaurador de la naturaleza humana, que
quisiste que tu Hijo, la Palabra eterna, se encarnara en el seno de la siempre
Virgen María, atiende a nuestras súplicas y haz que tu Hijo unigénito, que ha
tomado nuestra naturaleza humana, se digne hacernos participantes de su
naturaleza divina y nos transforme así plenamente en hijos tuyos. Por nuestro
Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos
bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
OFICIO DE LECTURA
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera
celebración del día:
V.
Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo
contrario:
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date
prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Ant.1: Vendrá el Señor y no callará.
Salmo 49
LA VERDADERA RELIGIOSIDAD
No he venido a abolir la ley, sino a darle plenitud. (Mt 5, 17)
I
El Dios de los dioses, el Señor, habla:
convoca la tierra de
oriente a occidente.
Desde Sión, la hermosa, Dios resplandece:
viene
nuestro Dios, y no callará.
Lo precede fuego voraz,
lo rodea tempestad violenta.
Desde lo
alto convoca cielo y tierra,
para juzgar a su pueblo:
«Congregadme a mis fieles,
que sellaron mi pacto con un
sacrificio.»
Proclame el cielo su justicia;
Dios en persona va a
juzgar.
Ant.1: Vendrá el Señor y no callará.
Ant. 2: Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza.
II
«Escucha, pueblo mío, que voy a hablarte;
Israel, voy a dar
testimonio contra ti;
-yo, el Señor, tu Dios-
No te reprocho tus sacrificios,
pues siempre están tus
holocaustos ante mí.
Pero no aceptaré un becerro de tu casa,
ni un cabrito
de tus rebaños;
pues las fieras de la selva son mías,
y hay miles de bestias en
mis montes;
conozco todos los pájaros del cielo,
tengo a mano cuanto se
agita en los campos.
Si tuviera hambre, no te lo diría;
pues el orbe y cuanto lo
llena es mío.
¿Comeré yo carne de toros,
beberé sangre de
cabritos?
Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza,
cumple tus votos al
Altísimo
e invócame el día del peligro:
yo te libraré, y tú me darás
gloria.»
Ant. 2: Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza.
Ant. 3: Quiero misericordia y no sacrificios, conocimiento de Dios más que holocaustos.
III
Dios dice al pecador:
«¿Por qué recitas mis preceptos
y
tienes siempre en la boca mi alianza,
tú que detestas mi enseñanza
y te
echas a la espalda mis mandatos?
Cuando ves un ladrón, corres con él;
te mezclas con los
adúlteros;
sueltas tu lengua para el mal,
tu boca urde el
engaño;
te sientas a hablar contra tu hermano,
deshonras al hijo de tu
madre;
esto haces, ¿y me voy a callar?
¿Crees que soy como tú?
Te
acusaré, te lo echaré en cara.»
Atención los que olvidáis a Dios,
no sea que os destroce sin
remedio.
El que me ofrece acción de gracias,
ése me honra;
al que
sigue buen camino
le haré ver la salvación de Dios.
Ant. 3: Quiero misericordia y no sacrificios, conocimiento de Dios más que holocaustos.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera
celebración del día:
V.
Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo
contrario:
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date
prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
La
pena que la tierra soportaba
Que
viene Cristo repiten
SALMODIA
Ant. 1: Mirad, vendrá el Señor, príncipe de los reyes de la tierra; ¡dichosos los que estén preparados para salir a su encuentro!
Salmo 83
AÑORANZA DEL TEMPLO
No tenemos
aquí ciudad permanente,
sino que vamos buscando la futura.
(Hb 13,
14)
¡Qué deseables son tus moradas,
Señor de los ejércitos!
Mi
alma se consume y anhela
los atrios del Señor,
mi corazón y mi
carne
retozan por el Dios vivo.
Hasta el gorrión ha encontrado una casa;
la golondrina, un
nido
donde colocar sus polluelos:
tus altares, Señor de los
ejércitos,
Rey mío y Dios mío.
Dichosos los que viven en tu casa
alabándote
siempre.
Dichosos los que encuentran en ti su fuerza
al preparar su
peregrinación:
cuando atraviesan áridos valles,
los convierten en
oasis,
como si la lluvia temprana
los cubriera de bendiciones;
caminan
de altura en altura
hasta ver a Dios en Sión.
Señor de los ejércitos, escucha mi súplica;
atiéndeme, Dios de
Jacob.
Fíjate, ¡oh Dios!, en nuestro Escudo,
mira el rostro de tu
Ungido.
Un solo día en tu casa
vale más que otros mil,
y prefiero el
umbral de la casa de Dios
a vivir con los malvados.
Porque el Señor es sol y escudo,
él da la gracia y la
gloria,
el Señor no niega sus bienes
a los de conducta
intachable.
¡Señor de los ejércitos, dichoso el hombre
que confía en
ti!
Ant. 1: Mirad, vendrá el Señor, príncipe de los reyes de la tierra; ¡dichosos los que estén preparados para salir a su encuentro!
Ant. 2: Cantad al Señor un cántico nuevo, llegue su alabanza hasta el confín de la tierra.
Cántico
Is 2, 2-5
EL MONTE DE LA CASA DEL SEÑOR EN LA CIMA DE LOS MONTES
Todas las
naciones vendrán y
se postrarán en tu acatamiento
(Ap 15,
4)
Al final de los días estará firme
el monte de la casa del
Señor,
en la cima de los montes,
encumbrado sobre las montañas.
Hacia él confluirán los gentiles,
caminarán pueblos
numerosos.
Dirán: «Venid, subamos al monte del Señor,
a la casa del Dios
de Jacob:
Él nos instruirá en sus caminos,
y marcharemos por sus
sendas;
porque de Sión saldrá la ley,
de Jerusalén la palabra del
Señor.»
Será el árbitro de las naciones,
el juez de pueblos
numerosos.
De las espadas forjarán arados,
de las lanzas, podaderas.
No
alzará la espada pueblo contra pueblo,
no se adiestrarán para la
guerra.
Casa de Jacob, ven;
caminemos a la luz del Señor.
Ant. 2: Cantad al Señor un cántico nuevo, llegue su alabanza hasta el confín de la tierra.
Ant. 3: Cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe en la tierra?
Salmo 95
EL SEÑOR, REY Y JUEZ DEL MUNDO
Cantaban un
cántico nuevo ante el trono,
en presencia del Cordero. (Cf. Ap 14,
3)
Cantad al Señor un cántico nuevo,
cantad al Señor, toda la
tierra;
cantad al Señor, bendecid su nombre,
proclamad día tras día su
victoria.
Contad a los pueblos su gloria,
sus maravillas a todas las
naciones;
porque es grande el Señor,
y muy digno de alabanza,
más
temible que todos los dioses.
Pues los dioses de los gentiles son apariencia,
mientras que el
Señor ha hecho el cielo;
honor y majestad lo preceden,
fuerza y esplendor
están en su templo.
Familias de los pueblos, aclamad al Señor,
aclamad la gloria y
el poder del Señor,
aclamad la gloria del nombre del Señor,
entrad en sus
atrios trayéndole ofrendas.
Postraos ante el Señor en el atrio sagrado,
tiemble en su
presencia la tierra toda,
decid a los pueblos: “El Señor es rey,
él
afianzó el orbe, y no se moverá;
él gobierna a los pueblos
rectamente.”
Alégrese el cielo, goce la tierra,
retumbe el mar y cuanto lo
llena;
vitoreen los campos y cuanto hay en ellos,
aclamen los árboles del
bosque,
delante del Señor, que ya llega,
ya llega a regir la
tierra:
regirá el orbe con justicia
y los pueblos con
fidelidad.
Ant. 3: Cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe en la tierra?
V. Dios mío, ven en mi
auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Antífona:
Tercia: Los profetas
anunciaron que el Salvador nacería de María Virgen.
Sexta: El ángel Gabriel saludó a María diciendo:
«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo, bendita tú entre las
mujeres.»
Nona: María dijo: «¿Qué significa
este saludo? Me quedo perpleja ante estas palabras de que daré a luz un Rey sin
perder mi virginidad.»
Salmo 118, 89-96
CONTEMPLACIÓN DE LA PALABRA DE DIOS EN LA
LEY
Os doy el
mandato nuevo:
que os améis mutuamente
como yo os he amado.
(Jn 13,
34)
Tu palabra, Señor, es eterna,
más estable que el cielo;
tu
fidelidad de generación en generación,
igual que fundaste la tierra y
permanece;
por tu mandamiento subsisten hasta hoy,
porque todo está a tu
servicio.
Si tu voluntad no fuera mi delicia,
ya habría perecido en mi
desgracia;
jamás olvidaré tus decretos,
pues con ellos me diste
vida;
soy tuyo, sálvame,
que yo consulto tus leyes.
Los malvados me esperaban para perderme,
pero yo meditaba tus
preceptos;
he visto el límite de todo, lo perfecto:
tu mandato se dilata
sin término.
Salmo 70
TÚ, SEÑOR, FUISTE MI ESPERANZA DESDE MI
JUVENTUD
Que la
esperanza os tenga alegres;
estad firmes en la tribulación.
(Rm 12,
12)
I
A ti, Señor, me acojo:
no quede yo derrotado para siempre;
tú
que eres justo, líbrame y ponme a salvo,
inclina a mí tu oído, y
sálvame.
Sé tú mi roca de refugio,
el alcázar donde me salve,
porque
mi peña y mi alcázar eres tú.
Dios mío, líbrame de la mano perversa,
del puño criminal y
violento;
porque tú, Dios mío, fuiste mi esperanza
y mi confianza, Señor,
desde mi juventud.
En el vientre materno ya me apoyaba en ti,
en el seno tú me
sostenías,
siempre he confiado en ti.
Muchos me miraban como a un milagro,
porque tú eras mi fuerte
refugio.
Llena estaba mi boca de tu alabanza
y de tu gloria, todo el
día.
No me rechaces ahora en la vejez,
me van faltando las fuerzas,
no me abandones;
porque mis enemigos hablan de mí,
los que acechan mi vida
celebran consejo;
dicen: «Dios lo ha abandonado;
perseguidlo, agarradlo, que nadie
lo defiende.»
Dios mío, no te quedes a distancia;
Dios mío, ven aprisa a
socorrerme.
Que fracasen y se pierdan
los que atentan contra mi
vida,
queden cubiertos de oprobio y vergüenza,
los que buscan mi
daño.
II
Yo, en cambio, seguiré esperando,
redoblaré tus alabanzas;
mi
boca contará tu auxilio,
y todo el día tu salvación.
Proclamaré tus
proezas, Señor mío,
narraré tu victoria, tuya entera.
Dios mío, me instruiste desde mi juventud,
y hasta hoy relato
tus maravillas;
ahora, en la vejez y las canas,
no me abandones, Dios
mío,
hasta que describa tu brazo
a la nueva generación,
tus
proezas y tus victorias excelsas,
las hazañas que realizaste:
Dios mío,
¿quién como tú?
Me hiciste pasar por peligros
muchos y graves:
de nuevo me
darás la vida,
me harás subir de lo hondo de la tierra;
acrecerás mi dignidad,
de nuevo me consolarás;
y yo te daré
gracias, Dios mío,
con el arpa, por tu lealtad;
tocaré para ti la cítara,
Santo de Israel;
te aclamarán mis
labios,
Señor, mi alma, que tú redimiste;
y mi lengua todo el día
recitará tu auxilio,
porque quedaron
derrotados y afrentados
los que buscaban mi daño.
Tercia: Los profetas anunciaron que el Salvador nacería de María Virgen.
INVOCACIÓN INICIAL
V.
Dios mío ven en mi auxilio
R. Señor,
date prisa en socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Ant. 1: Mirad, vendrá el Señor, príncipe de los reyes de la tierra; ¡dichosos los que están preparados para salir a su encuentro!
Salmo 122
EL SEÑOR, ESPERANZA DEL PUEBLO
Dos ciegos...
se pusieron a gritar:
«Señor, ten compasión de nosotros,
Hijo de David.»
(Mt. 20, 30)
A ti levanto mis ojos,
a ti que habitas en el cielo.
Como
están los ojos de los esclavos
fijos en las mano, de sus señores,
como están los ojos de la esclava
fijos en las manos de su
señora,
así están nuestros ojos
en el Señor, Dios nuestro,
esperando su
misericordia.
Misericordia, Señor, misericordia,
que estarnos saciados de
desprecios;
nuestra alma está saciada
del sarcasmo de los
satisfechos,
del desprecio de los orgullosos.
Ant. 1: Mirad, vendrá el Señor, príncipe de los reyes de la tierra; ¡dichosos los que están preparados para salir a su encuentro!
Ant. 2: Cantad al Señor un cántico nuevo, llegue su alabanza hasta el confín de la tierra.
Salmo 123
NUESTRO AUXILIO ES EL NOMBRE DEL SEÑOR
El Señor dijo
a Pablo: «No temas...
que yo estoy contigo.»
(Hch 18,
9-10)
Si el Señor no hubiera estado de nuestra parte
-que lo diga
Israel-,
si el Señor no hubiera estado de nuestra parte,
cuando nos
asaltaban los hombres,
nos habrían tragado vivos:
tanto ardía su ira
contra nosotros.
Nos habrían arrollado las aguas,
llegándonos el torrente hasta
el cuello;
nos habrían llegado hasta el cuello
las aguas
espumantes.
Bendito el Señor, que no nos entregó
como presa a sus
dientes;
hemos salvado la vida como un pájaro
de las trampa del
cazador:
la trampa se rompió y escapamos.
Nuestro auxilio es el nombre del Señor,
que hizo el cielo y la
tierra.
Ant. 2: Cantad al Señor un cántico nuevo, llegue su alabanza hasta el confín de la tierra.
Ant. 3: Cuando venga el hijo del hombre, ¿encontrará fe en la tierra?
Cántico
Ef 1, 3-10
PLAN DIVINO DE LA SALVACIÓN
Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos
ha bendecido en la persona de Cristo
Con toda clase de bienes espirituales y
celestiales.
Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos santos
irreprochables ante él por el amor.
Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura
iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde
en alabanza suya,
por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de
su voluntad.
Éste es el plan
que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
hacer que todas las cosas
tuviesen a Cristo por cabeza,
las del cielo y las de la
tierra.
Ant. 3: Cuando venga el hijo del hombre, ¿encontrará fe en la tierra?
OFICIO DE LECTURA
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera
celebración del día:
V.
Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo
contrario:
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date
prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Ant.1: Se levanta Dios y huyen de su presencia los que lo odian.
Salmo 67
ENTRADA TRIUNFAL DEL SEÑOR
Subiendo a la
altura, llevó cautivos
y dio dones a los hombres. (Ef 4,
8)
I
Se levanta Dios y se dispersan sus enemigos,
huyen de su
presencia los que lo odian;
como el humo se disipa, se disipan ellos;
como se derrite la
cera ante el fuego,
así perecen los impíos ante Dios.
En cambio, los justos se alegran,
gozan en la presencia de
Dios,
rebosando de alegría.
Cantad a Dios, tocad en su honor,
alfombrad el camino del que
avanza por el desierto;
su nombre es el Señor:
alegraos en su
presencia.
Padre de huérfanos, protector de viudas,
Dios vive en su santa
morada.
Dios prepara casa a los desvalidos,
libera a los cautivos y los
enriquece;
sólo los rebeldes
se quedan en la tierra abrasada.
¡Oh Dios!, cuando salías al frente de tu pueblo
y avanzabas por
el desierto,
la tierra tembló, el cielo destiló
ante Dios, el Dios del
Sinaí;
ante Dios, el Dios de Israel.
Derramaste en tu heredad, ¡oh Dios!, una lluvia
copiosa,
aliviaste la tierra extenuada;
y tu rebaño habitó en la
tierra
que tu bondad, ¡oh Dios!, preparó para los pobres.
Ant.1: Se levanta Dios y huyen de su presencia los que lo odian.
Ant. 2: Nuestro Dios es un Dios que salva, el Señor Dios nos hace escapar de la muerte.
II
El Señor pronuncia un oráculo,
millares pregonan la alegre
noticia:
«Los reyes, los ejércitos van huyendo, van huyendo;
las mujeres
reparten el botín.
Mientras reposabais en los apriscos,
las alas de la paloma se
cubrieron de plata,
el oro destellaba en su plumaje.
Mientras el
Todopoderoso dispersaba a los reyes,
la nieve bajaba sobre el Monte
Umbrío.»
Las montañas de Basán son altísimas,
las montañas de Basán son
escarpadas;
¿por qué tenéis envidia, montañas escarpadas,
del monte
escogido por Dios para habitar,
morada perpetua del Señor?
Los carros de Dios son miles y miles:
Dios marcha del Sinaí al
santuario.
Subiste a la cumbre llevando cautivos,
te dieron tributo de
hombres:
incluso los que se resistían
a que el Señor Dios tuviera una
morada.
Bendito el Señor cada día,
Dios lleva nuestras cargas, es
nuestra salvación.
Nuestro Dios es un Dios que salva,
el Señor Dios nos
hace escapar de la muerte.
Dios aplasta las cabezas de sus enemigos,
los cráneos de los
malvados contumaces.
Dice el Señor: «Los traeré desde Basán,
los traeré
desde el fondo del mar;
teñirás tus pies en la sangre del enemigo,
y los
perros la lamerán con sus lenguas.»
Ant. 2: Nuestro Dios es un Dios que salva, el Señor Dios nos hace escapar de la muerte.
Ant. 3: Reyes de la tierra, cantad a Dios, tocad para el Señor.
III
Aparece tu cortejo, ¡oh Dios!,
el cortejo de mi Dios, de mi
Rey,
hacia el santuario.
Al frente marchan los cantores;
los últimos, los tocadores de
arpa;
en medio las muchachas van tocando panderos.
«En el bullicio de la fiesta bendecid a Dios,
al Señor, estirpe
de Israel.»
Va delante Benjamín, el más pequeño;
los príncipes de Judá con
sus tropeles;
los príncipes de Zabulón,
los príncipes de
Neftalí.
¡Oh Dios!, despliega tu poder,
tu poder, ¡oh Dios!, que actúa en
favor nuestro.
A tu templo de Jerusalén
traigan los reyes su
tributo.
Reprime a la Fiera del Cañaveral,
al tropel de los toros,
a
los Novillos de los pueblos.
Que se te rindan con lingotes de plata:
dispersa las naciones
belicosas.
Lleguen los magnates de Egipto,
Etiopía extienda sus manos a
Dios.
Reyes de la tierra, cantad a Dios,
tocad para el Señor,
que
avanza por los cielos,
los cielos antiquísimos,
que lanza su voz, su voz
poderosa:
«Reconoced el poder de Dios.»
Sobre Israel resplandece su majestad,
y su poder sobre las
nubes.
Desde el santuario Dios impone reverencia:
es el Dios de
Israel
quien da fuerza y poder a su pueblo.
¡Dios sea bendito!
Ant. 3: Reyes de la tierra, cantad a Dios, tocad para el Señor.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera
celebración del día:
V.
Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo
contrario:
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date
prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
La
pena que la tierra soportaba
Que
viene Cristo repiten
SALMODIA
Ant. 1: Saldrá el Señor de su santuario, y vendrá a salvar a su pueblo.
Salmo 84
NUESTRA SALVACIÓN ESTÁ CERCA
Dios bendijo
a nuestra tierra
cuando le envió el
Salvador.
(Orígenes)
Señor, has sido bueno con tu tierra,
has restaurado la suerte
de Jacob,
has perdonado la culpa de tu pueblo,
has sepultado todos sus
pecados,
has reprimido tu cólera,
has frenado el incendio de tu
ira.
Restáuranos, Dios salvador nuestro;
cesa en tu rencor contra
nosotros.
¿Vas a estar siempre enojado,
o a prolongar tu ira de edad en
edad?
¿No vas a devolvernos la vida,
para que tu pueblo se alegre
contigo?
Muéstranos, Señor, tu misericordia
y danos tu
salvación.
Voy a escuchar lo que dice el Señor:
«Dios anuncia la paz
a
su pueblo y a sus amigos
y a los que se convierten de corazón.»
La salvación está ya cerca de sus fieles,
y la gloria habitará
en nuestra tierra;
la misericordia y la fidelidad se encuentran,
la
justicia y la paz se besan;
la fidelidad brota de la tierra,
y la justicia mira desde el
cielo;
el Señor dará la lluvia,
y nuestra tierra dará su fruto.
La justicia marchará ante él,
la salvación seguirá sus
pasos.
Ant. 1: Saldrá el Señor de su santuario, y vendrá a salvar a su pueblo.
Ant. 2: Tenemos en Sión una ciudad fuerte: el Salvador ha puesto en ella murallas y baluartes; abrid las puertas, que con nosotros está Dios. Aleluya.
Cántico
Is 26, 1-4. 7-9. 12
HIMNO DESPUÉS DE LA VICTORIA SOBRE EL ENEMIGO
La muralla de
la ciudad se asienta
sobre doce piedras. (Ap 21, 14)
Tenemos una ciudad fuerte,
ha puesto para salvarla murallas y
baluartes:
Abrid las puertas para que entre un pueblo justo,
que observa la
lealtad;
su ánimo está firme y mantiene la paz,
porque confía en
ti.
Confiad siempre en el Señor,
porque el Señor es la Roca
perpetua:
La senda del justo es recta.
Tú allanas el sendero del
justo;
en la senda de tus juicios, Señor, te esperamos,
ansiando tu nombre
y tu recuerdo.
Mi alma te ansía de noche,
mi espíritu en mi interior madruga
por ti,
porque tus juicios son luz de la tierra,
y aprenden justicia los
habitantes del orbe.
Señor, tú nos darás la paz,
porque todas nuestras
empresas
nos las realizas tú.
Ant. 2: Tenemos en Sión una ciudad fuerte: el Salvador ha puesto en ella murallas y baluartes; abrid las puertas, que con nosotros está Dios. Aleluya.
Ant. 3: Conozca la tierra tus caminos, todos los pueblos tu salvación.
Salmo 66
QUE TODOS LOS PUEBLOS ALABEN AL SEÑOR
Sabed que
esta salvación de
Dios ha sido enviada a los
gentiles. (Hch 28,
28)
El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre
nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu
salvación.
¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te
alaben.
Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con
justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la
tierra.
¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te
alaben.
La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro
Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del
orbe.
Ant. 3: Conozca la tierra tus caminos, todos los pueblos tu salvación.
V. Dios mío, ven en mi
auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Antífona:
Tercia: Los profetas
anunciaron que el Salvador nacería de María Virgen.
Sexta: El ángel Gabriel saludó a María diciendo:
«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo, bendita tú entre las
mujeres.»
Nona: María dijo: «¿Qué significa
este saludo? Me quedo perpleja ante estas palabras de que daré a luz un Rey sin
perder mi virginidad.»
Salmo 118, 97-104
¡Cuánto amo tu voluntad!
todo el día la estoy meditando;
tu
mandato me hace más sabio que mis enemigos,
siempre me acompaña;
soy más
docto que todos mis maestros,
porque medito tus preceptos.
Soy más sagaz que los ancianos,
porque cumplo tus
leyes;
aparto mi pie de toda senda mala,
para guardar tu palabra;
no me
aparto de tus mandamientos,
porque tú :me has instruido.
¡Qué dulce al paladar tu promesa:
más que miel en la
boca!
Considero tus decretos,
y odio el camino de la mentira.
Salmo 73
LAMENTACIÓN ANTE EL TEMPLO DEVASTADO
No tengáis
miedo a los que matan
el cuerpo. (Mt 10, 28)
I
¿Por qué, ¡oh Dios!, nos tienes siempre abandonados,
y está
ardiendo tu cólera contra las ovejas de tu rebaño?
Acuérdate de la comunidad que adquiriste desde antiguo,
de la
tribu que rescataste para posesión tuya,
del monte Sión donde pusiste tu
morada.
Dirige tus pasos a estas ruinas sin remedio;
el enemigo ha
arrasado del todo el santuario.
Rugían los agresores en medio de tu
asamblea,
levantaron sus propios estandartes.
En la entrada superior
abatieron a hachazos el
entramado;
después, con martillos y mazas,
destrozaron todas las
esculturas.
Prendieron fuego a tu santuario,
derribaron y profanaron la
morada de tu nombre.
Pensaban: «Acabaremos con ellos»,
e incendiaron todos
los templos del país.
Ya no vemos nuestros signos,
ni hay profeta: nadie entre
nosotros sabe hasta cuándo.
¿Hasta cuándo, Dios mío, nos va a afrentar el enemigo?
¿No
cesará de despreciar tu nombre el adversario?
¿Por qué retraes tu mano
izquierda
y tienes tu derecha escondida en el pecho?
Pero tú, Dios mío, eres rey desde siempre,
tú ganaste la
victoria en medio de la tierra.
II
Tú hendiste con fuerza el mar,
rompiste la cabeza del dragón
marino;
tú aplastaste la cabeza del Leviatán
se la echaste en pasto a
las bestias del mar;
tú alumbraste manantiales y torrentes,
tú secaste
ríos inagotables.
Tuyo es el día, tuya la noche,
tú colocaste la luna y el
sol;
tú plantaste los linderos del orbe,
tú formaste el verano y el
invierno.
Tenlo en cuenta, Señor, que el enemigo te ultraja,
que un pueblo
insensato desprecia tu nombre;
no entregues a los buitres la vida de tu
tórtola,
ni olvides sin remedio la vida de tus pobres.
Piensa en tu alianza: que los rincones del país
están llenos de
violencias.
Que el humilde no se marche defraudado,
que pobres y afligidos
alaben tu nombre.
Levántate, ¡oh Dios!, defiende tu causa:
recuerda los ultrajes
continuos del insensato;
no olvides las voces de tus enemigos,
el tumulto
creciente de los rebeldes contra ti.
Antífona:
Tercia:
Los profetas anunciaron que
el Salvador nacería de María Virgen.
Sexta:
El ángel Gabriel saludó a María diciendo: «Alégrate, llena de gracia, el
Señor está contigo, bendita tú entre las mujeres.»
Nona: María dijo: «¿Qué significa este saludo? Me
quedo perpleja ante estas palabras de que daré a luz un Rey sin perder mi
virginidad.»
INVOCACIÓN INICIAL
V.
Dios mío ven en mi auxilio
R. Señor,
date prisa en socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Ant. 1: Saldrá el Señor de su santuario, y vendrá a salvar a su pueblo.
Salmo 124
EL SEÑOR VELA POR SU PUEBLO
La paz de
Dios sobre Israel.
(Ga 6,16)
Los que confían en el Señor son como el monte Sión:
no tiembla,
está asentado para siempre.
Jerusalén está rodeada de montañas,
y el Señor rodea a su pueblo
ahora y por siempre.
No pesará el cetro de los malvados
sobre el lote de los
justos,
no sea que los justos extiendan
su mano a la maldad.
Señor, concede bienes a los buenos,
a los sinceros de
corazón;
y a los que se desvían por sendas tortuosas,
que los rechace el
Señor con los malhechores.
¡Paz a Israel!
Ant. 1: Saldrá el Señor de su santuario, y vendrá a salvar a su pueblo.
Ant. 2: Tenemos en Sión una ciudad fuerte: el Salvador ha puesto en ella murallas y baluartes; abrid las puertas, que con nosotros está Dios. Aleluya.
Salmo 130
COMO UN NIÑO, ISRAEL SE ABANDONÓ EN LOS BRAZOS DE
DIOS
Aprended de
mí que soy manso
y humilde de corazón.
(Mt 11, 29)
Señor, mi corazón no es ambicioso,
ni mis ojos altaneros;
no
pretendo grandezas
que superan mi capacidad;
sino que acallo y modero mis
deseos,
como un niño en brazos de su madre.
Espere Israel en el Señor
ahora y por siempre.
Ant. 2: Tenemos en Sión una ciudad fuerte: el Salvador ha puesto en ella murallas y baluartes; abrid las puertas, que con nosotros está Dios. Aleluya.
Ant. 3: Conozca la tierra tus caminos, todos los pueblos tu salvación.
Cántico
Ap 4, 11; 5,9-10.12
HIMNO A DIOS CREADOR
Eres digno, Señor Dios nuestro, de recibir la gloria,
el honor y
el poder,
porque tú has creado el universo;
porque por tu voluntad lo que
no existía fue creado.
Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste
degollado
y por tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza,
lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino
de sacerdotes
y reinan sobre la tierra.
Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza y
la sabiduría,
fuerza y el honor, la gloria y la alabanza.
Ant. 3: Conozca la tierra tus caminos, todos los pueblos tu salvación.
OFICIO DE LECTURA
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera
celebración del día:
V.
Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo
contrario:
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date
prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Ant.1: La misericordia y la fidelidad te preceden, Señor.
Salmo 88, 2-38
HIMNO AL DIOS FIEL A LAS PROMESAS HECHAS A
DAVID
Según lo
prometido, Dios sacó de la descendencia
de David un Salvador, Jesús.
(Hch 13, 22-23)
Cantaré eternamente las misericordias del Señor,
anunciaré tu
fidelidad por todas las edades.
Pues dijiste: «Cimentado está por siempre mi
amor,
asentada más que el cielo mi lealtad.»
Sellé una alianza con mi elegido,
jurando a David, mi
siervo:
«Te fundaré un linaje perpetuo,
edificaré tu trono para todas las
edades.»
El cielo proclama tus maravillas, Señor,
y tu fidelidad, en la
asamblea de los ángeles.
¿Quién sobre las nubes se compara a Dios?
¿Quién
como el Señor entre los seres divinos?
Dios es temible en el consejo de los ángeles,
es grande y
terrible para toda su corte.
Señor de los ejércitos, ¿quién como tú?
El
poder y la fidelidad te rodean.
Tú domeñas la soberbia del mar
y amansas la hinchazón del
oleaje;
tú traspasaste y destrozaste a Rahab,
tu brazo potente desbarató
al enemigo.
Tuyo es el cielo, tuya es la tierra;
tú cimentaste el orbe y
cuanto contiene;
tú has creado el norte y el sur,
el Tabor y el Hermón
aclaman tu nombre.
Tienes un brazo poderoso:
fuerte es tu izquierda y alta tu
derecha.
Justicia y derecho sostienen tu trono,
misericordia y fidelidad
te preceden.
Dichoso el pueblo que sabe aclamarte:
caminará, ¡oh Señor!, a la
luz de tu rostro;
tu nombre es su gozo cada día,
tu justicia es su
orgullo.
Porque tú eres su honor y su fuerza,
y con tu favor realzas
nuestro poder.
Porque el Señor es nuestro escudo,
y el Santo de Israel
nuestro rey.
Ant.1: La misericordia y la fidelidad te preceden, Señor.
Ant. 2: El Hijo de Dios nació según la carne de la estirpe de David.
II
Un día hablaste en visión a tus amigos:
«He ceñido la corona a
un héroe,
he levantado a un soldado sobre el pueblo.»
Encontré a David, mi siervo,
y lo he ungido con óleo
sagrado;
para que mi mano esté siempre con él
y mi brazo lo haga
valeroso;
no lo engañará el enemigo
ni los malvados lo humillarán;
ante
él desharé a sus adversarios
y heriré a los que lo odian.
Mi fidelidad y misericordia lo acompañarán,
por mi nombre
crecerá su poder:
extenderé su izquierda hasta el mar,
y su derecha hasta
el Gran Río.
Él me invocará: «Tú eres mi padre,
mi Dios, mi Roca
salvadora»
y yo lo nombraré mi primogénito,
excelso entre los reyes de la
tierra.
Le mantendré eternamente mi favor,
y mi alianza con él será
estable;
le daré una posteridad perpetua
y un trono duradero como el
cielo.
Ant. 2: El Hijo de Dios nació según la carne de la estirpe de David.
Ant. 3: Juré una vez a David, mi siervo: «Tu linaje será perpetuo.»
III
Si sus hijos abandonan mi ley
y no siguen mis
mandamientos,
si profanan mis preceptos
y no guardan mis
mandatos,
castigaré con la vara sus pecados
y a latigazos sus
culpas;
pero no les retiraré mi favor
ni desmentiré mi fidelidad,
no
violaré mi alianza
ni cambiaré mis promesas.
Una vez juré por mi santidad
no faltar a mi palabra con
David:
«Su linaje será perpetuo,
y su trono como el sol en mi
presencia,
como la luna, que siempre permanece:
su solio será más firme
que el cielo.»
Ant. 3: Juré una vez a David, mi siervo: «Tu linaje será perpetuo.»
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera
celebración del día:
V.
Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo
contrario:
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date
prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
La
pena que la tierra soportaba
Que
viene Cristo repiten
SALMODIA
Ant. 1: Desde Sión vendrá el Señor todopoderoso a salvar a su pueblo.
Salmo 85
ORACIÓN DE UN POBRE ANTE LAS DIFICULTADES
Bendito sea
Dios, que nos consuela
en todas nuestras luchas (2Co
1,3.4)
Inclina tu oído, Señor; escúchame,
que soy un pobre
desamparado;
protege mi vida, que soy un fiel tuyo;
salva a tu siervo, que
confía en ti.
Tú eres mi Dios, piedad de mí, Señor,
que a ti te estoy llamando
todo el día;
alegra el alma de tu siervo,
pues levanto mi alma hacia
ti;
porque tú, Señor, eres bueno y clemente,
rico en misericordia
con los que te invocan.
Señor, escucha mi oración
atiende a la voz de mi
súplica.
En el día del peligro te llamo,
y tú me escuchas.
No tienes
igual entre los dioses, Señor,
ni hay obras como las tuyas.
Todos los pueblos vendrán
a postrarse en tu presencia,
Señor;
bendecirán tu nombre:
«Grande eres tú, y haces maravillas;
tú
eres el único Dios.»
Enséñame, Señor, tu camino,
para que siga tu verdad;
mantén
mi corazón entero
en el temor de tu nombre.
Te alabaré de todo corazón, Dios mío;
daré gloria a tu nombre
por siempre,
por tu grande piedad para conmigo,
porque me salvaste del
abismo profundo.
Dios mío, unos soberbios se levantan contra mí,
una banda de
insolentes atenta contra mi vida,
sin tenerte en cuenta a ti.
Pero tú, Señor, Dios clemente y misericordioso,
lento a la
cólera, rico en piedad y leal,
mírame, ten compasión de mí.
Da fuerza a tu siervo,
salva al hijo de tu esclava;
dame una
señal propicia,
la vean mis adversarios y se avergüencen,
porque tú,
Señor, me ayudas y consuelas.
Ant. 1: Desde Sión vendrá el Señor todopoderoso a salvar a su pueblo.
Ant. 2: Por amor de Sión no callaré, hasta que amanezca como una aurora, su Justo.
Cántico
Is 33, 13-16
DIOS JUZGARÁ CON JUSTICIA
La promesa
vale para vosotros y para vuestros hijos
y para todos los que llame el Señor
Dios nuestro,
aunque estén lejos. (Hch 2, 39)
Los lejanos, escuchad lo que he hecho;
los cercanos, reconoced
mi fuerza.
Temen en Sión los pecadores,
y un temblor se apodera de los
perversos:
«¿Quién de nosotros habitará un fuego devorador,
quién de
nosotros habitará una hoguera perpetua?»
El que procede con justicia y habla con rectitud
y rehúsa el
lucro de la opresión;
el que sacude la mano rechazando el soborno
y tapa
su oído a propuestas sanguinarias,
el que cierra los ojos para no ver la
maldad:
ése habitará en lo alto,
tendrá su alcázar en un picacho
rocoso,
con abasto de pan y provisión de agua.
Ant. 2: Por amor de Sión no callaré, hasta que amanezca como una aurora, su Justo.
Ant. 3: El Espíritu del Señor está sobre mí; me ha enviado para dar la Buena Noticia a los pobres.
Salmo 97
EL SEÑOR, JUEZ VENCEDOR
Este salmo
canta la primera venida del Señor
y la conversión de los paganos. (S.
Atanasio)
Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho
maravillas:
su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo.
El Señor da a conocer su victoria,
revela a las naciones su
justicia:
se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa
de Israel.
Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro
Dios.
Aclama al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad:
tocad la cítara para el Señor,
suenen los instrumentos:
con
clarines y al son de trompetas
aclamad al Rey y Señor.
Retumbe el mar y cuanto contiene,
la tierra y cuantos la
habitan;
aplaudan los ríos, aclamen los montes
al Señor, que llega para
regir la tierra.
Regirá el orbe con justicia
y los pueblos con
rectitud.
Ant. 3: El Espíritu del Señor está sobre mí; me ha enviado para dar la Buena Noticia a los pobres.
V. Dios mío, ven en mi
auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Antífona:
Tercia: Los profetas
anunciaron que el Salvador nacería de María Virgen.
Sexta: El ángel Gabriel saludó a María diciendo:
«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo, bendita tú entre las
mujeres.»
Nona: María dijo: «¿Qué significa
este saludo? Me quedo perpleja ante estas palabras de que daré a luz un Rey sin
perder mi virginidad.»
Salmo 118, 105-112
Lámpara es tu palabra para mis pasos,
luz en mi sendero;
lo
juro y lo cumpliré:
guardaré tus justos mandamientos;
¡estoy tan
afligido!
Señor, dame vida según tu promesa.
Acepta, Señor, los votos que pronuncio,
enséñame tus.
mandatos;
mi vida está stá siempre en peligro,
pero no olvido tu
voluntad;
los malvados me tendieron un lazo,
pero no me desvié dé tus
decretos.
Tus preceptos son mi herencia perpetua,
la alegría de mi
corazón;
inclino mi corazón a cumplir tus leyes,
siempre y
cabalmente.
Salmo 69
DIOS MÍO, VEN EN MI AUXILIO
¡Señor,
sálvanos, que perecemos!
(Mt 8, 25)
Dios mío, dígnate librarme;
Señor, date prisa en
socorrerme.
Sufran una derrota ignominiosa
los que me persiguen a
muerte;,
vuelvan la espalda afrentados
los que traman mi daño;
que se
retiren avergonzados,
los que se ríen de mí.
Alégrense y gocen contigo
todos los que te buscan;
y digan
siempre: «Dios es grande»
los que desean tu salvación.
Yo soy pobre y desdichado.
Dios mío, socórreme,
que tú eres
mi auxilio y mi liberación.
¡Señor, no tardes!
Salmo 74
EL SEÑOR, JUEZ SUPREMO
Derriba del
trono a los poderosos y
enaltece a los humildes. (Lc 1,
52)
Te damos gracias, ¡oh Dios!, te damos gracias,
invocando tu
nombre, pregonando tus maravillas.
«Cuando elija la ocasión,
yo juzgaré rectamente.
Aunque
tiemble la tierra con sus habitantes,
yo he afianzado sus
columnas.»
Digo a los jactanciosos; no os jactéis;
a los malvados: no
alcéis la testuz,
no alcéis la testuz contra el cielo,
no digáis
insolencias contra la Roca.
La justicia no vendrá
ni del oriente ni del occidente,
ni del
desierto ni de los montes,
sólo Dios gobierna:
a uno humilla a otro
ensalza.
El Señor tiene una copa en la mano,
un vaso lleno de vino
drogado:
lo da a beber hasta las heces
a todos los malvados de la
tierra.
Y yo siempre proclamaré su grandeza,
y tañeré para el Dios de
Jacob:
derribaré el poder de los malvados,
y se alzará el poder del
justo.
Antífona:
Tercia:
Los profetas anunciaron que
el Salvador nacería de María Virgen.
Sexta:
El ángel Gabriel saludó a María diciendo: «Alégrate, llena de gracia, el
Señor está contigo, bendita tú entre las mujeres.»
Nona: María dijo: «¿Qué significa este saludo? Me
quedo perpleja ante estas palabras de que daré a luz un Rey sin perder mi
virginidad.»
INVOCACIÓN INICIAL
V.
Dios mío ven en mi auxilio
R. Señor,
date prisa en socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Ant. 1: Desde Sión vendrá el Señor todopoderoso a salvar a su pueblo.
Salmo 125
DIOS, ALEGRÍA Y ESPERANZA NUESTRA
Como
participáis en el sufrimiento,
también participáis en el consuelo.
(2 Co
1, 7)
Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
nos parecía
soñar:
la boca se nos llenaba de risas,
la lengua de cantares.
Hasta los gentiles decían:
«El Señor ha estado grande con
ellos.»
El Señor ha estado grande con nosotros,
y estamos
alegres.
Que el Señor cambie nuestra suerte
como los torrentes del
Negueb.
Los que sembraban con lágrimas
cosechan entre cantares.
Al ir, iban llorando,
llevando la semilla;
al volver, vuelven
cantando,
trayendo sus gavillas.
Ant. 1: Desde Sión vendrá el Señor todopoderoso a salvar a su pueblo.
Ant. 2: Por amor de Sión no callaré, hasta que amanezca como una aurora, su Justo.
Salmo 126
EL ESFUERZO HUMANO ES INÚTIL SIN DIOS
Sois edificación de Dios. (1Co 3,9)
Si el Señor no construye la casa,
en vano se cansan los
albañiles;
si el Señor no guarda la ciudad,
en vano vigilan los
centinelas.
Es inútil que madruguéis,
que veléis hasta muy tarde,
los que coméis el pan de vuestros sudores:
¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!
La herencia que da el Señor son los hijos;
una recompensa es el
fruto de las entrañas:
son saetas en mano de un guerrero
los hijos de la
juventud.
Dichoso el hombre que llena
con ellas su aljaba:
no quedará
derrotado cuando litigue
con su adversario en la plaza.
Ant. 2: Por amor de Sión no callaré, hasta que amanezca como una aurora, su Justo.
Ant. 3: El Espíritu del Señor está sobre mí; me ha enviado para dar la Buena Noticia a los pobres.
Cántico
Cf. Col 1, 12-20
HIMNO A CRISTO, PRIMOGÉNITO DE TODA CREATURA Y PRIMER
RESUCITADO DE ENTRE LOS MUERTOS
Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de
compartir
herencia del pueblo santo en la luz.
Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha
trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la
redención,
el perdón de los pecados.
Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda
creatura;
pues por medio de él
fueron creadas todas las
cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones,
Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.
Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también
la cabeza del cuerpo de la Iglesia.
Él es el principio,
el primogénito de
entre los muertos,
y así es el primero en todo.
Porque en él
quiso Dios que residiera toda plenitud.
Y por
él quiso reconciliar consigo todas las cosas
haciendo la paz por la sangre de
su cruz
con todos los seres, así del cielo como de la tierra.
Ant. 3: El Espíritu del Señor está sobre mí; me ha enviado para dar la Buena Noticia a los pobres.
OFICIO DE LECTURA
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera
celebración del día:
V.
Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo
contrario:
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date
prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Ant.1: Mira, Señor, y contempla nuestro oprobio.
Salmo 88, 39-53
LAMENTACIÓN POR LA CAÍDA DE LA CASA DE
DAVID
Nos ha
suscitado una fuerza de salvación
en la casa de David. (Lc 1,
69)
IV
Tú, encolerizado con tu Ungido,
lo has rechazado y
desechado;
has roto la alianza con tu siervo
y has profanado hasta el
suelo su corona;
has derribado sus murallas
v derrocado sus fortalezas;
todo
viandante lo saquea,
y es la burla de sus vecinos;
has sostenido la diestra de sus enemigos
y has dado el triunfo a
sus adversarios;
pero a él le has embotado la espada
y no lo has
confortado en la pelea;
has quebrado su cetro glorioso
y has derribado su trono;
has
acortado los días de su juventud
y lo has cubierto de ignominia.
Ant.1: Mira, Señor, y contempla nuestro oprobio.
Ant. 2: Yo soy el renuevo y el vástago de David, la estrella luciente de la mañana.
V
¿Hasta cuándo, Señor, estarás escondido
y arderá como un fuego
tu cólera?
Recuerda, Señor, lo corta que es mi vida
y lo caducos que has
creado a los humanos.
¿Quién vivirá sin ver la muerte?
¿Quién sustraerá su vida a la
garra del abismo?
¿Dónde está, Señor, tu antigua misericordia
que por tu
fidelidad juraste a David?
Acuérdate, Señor, de la afrenta de tus siervos:
lo que tengo que
aguantar de las naciones,
de cómo afrentan, Señor, tus enemigos,
de cómo
afrentan las huellas de tu Ungido.
Bendito el Señor por siempre. Amén, amén.
Ant. 2: Yo soy el renuevo y el vástago de David, la estrella luciente de la mañana.
Ant. 3: Nuestros años se acaban como la hierba, pero tú, Señor, permaneces desde siempre y por siempre.
Salmo 89
BAJE A NOSOTROS LA BONDAD DEL SEÑOR
Para el Señor
un día es como mil años,
y mil años como un día. (2Pe 3,
8)
Señor, tú has sido nuestro refugio
de generación en
generación.
Antes que naciesen los montes
o fuera engendrado el orbe de la
tierra,
desde siempre y por siempre tú eres Dios.
Tú reduces el hombre a polvo,
diciendo: «Retornad, hijos de
Adán.»
Mil años en tu presencia
son un ayer, que pasó;
una vigilia
nocturna.
Los siembras año por año,
como hierba que se renueva:
que
florece y se renueva por la mañana,
y por la tarde la siegan y se
seca.
¡Cómo nos ha consumido tu cólera
y nos ha trastornado tu
indignación!
Pusiste nuestras culpas ante ti,
nuestros secretos ante la
luz de tu mirada:
y todos nuestros días pasaron bajo tu cólera,
y nuestros
años se acabaron como un suspiro.
Aunque uno viva setenta años,
y el más robusto hasta
ochenta,
la mayor parte son fatiga inútil,
porque pasan aprisa y
vuelan.
¿Quién conoce la vehemencia de tu ira,
quién ha sentido el peso
de tu cólera?
Enséñanos a calcular nuestros años,
para que adquiramos un
corazón sensato.
Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo?
Ten compasión de tus
siervos;
por la mañana sácianos de tu misericordia,
y toda nuestra vida
será alegría y júbilo.
Danos alegría, por los días en que nos afligiste,
por los años
en que sufrimos desdichas.
Que tus siervos vean tu acción,
y sus hijos tu
gloria.
Baje a nosotros la bondad del Señor
y haga prósperas las obras
de nuestras manos.
Ant. 3: Nuestros años se acaban como la hierba, pero tú, Señor, permaneces desde siempre y por siempre.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera
celebración del día:
V.
Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo
contrario:
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date
prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
La
pena que la tierra soportaba
Que
viene Cristo repiten
SALMODIA
Ant. 1: A ti, Señor, levanto mi alma; ven y líbrame, Señor, que en ti confío.
Salmo 86
HIMNO A JERUSALÉN, MADRE DE TODOS LOS
PUEBLOS
La Jerusalén
de arriba es libre;
ésa es nuestra madre.
(Ga 4, 26)
Él la ha cimentado sobre el monte santo;
y el Señor prefiere las
puertas de Sión
a todas las moradas de Jacob.
¡Qué pregón tan glorioso para ti,
ciudad de Dios!
«Contaré a
Egipto y a Babilonia
entre mis fieles;
filisteos, tirios y etíopes
han
nacido allí.»
Se dirá de Sión: «Uno por uno
todos han nacido en ella;
el
Altísimo en persona la ha fundado.»
El Señor escribirá en el registro de los pueblos:
«Éste ha
nacido allí.»
Y cantarán mientras danzan:
«Todas mis fuentes están en
ti.»
Ant. 1: A ti, Señor, levanto mi alma; ven y líbrame, Señor, que en ti confío.
Ant. 2: Da su paga, Señor, a los que esperan en ti, para que tus profetas sean hallados veraces.
Cántico
Is 40, 10-17
EL BUEN PASTOR ES EL DIOS
ALTÍSIMO Y SAPIENTÍSIMO
Mira, llego
en seguida y traigo
conmigo mi salario. (Ap 22, 12)
Mirad, el Señor Dios llega con poder,
y su brazo
manda.
Mirad, viene con él su salario
y su recompensa lo
precede.
Como un pastor que apacienta el rebaño,
su brazo lo
reúne,
toma en brazos los corderos
y hace recostar a las
madres.
¿Quién ha medido a puñados el mar
o mensurado a palmos el
cielo,
o a cuartillos el polvo de la tierra?
¿Quién ha pesado en la balanza los montes
y en la báscula las
colinas?
¿Quién ha medido el aliento del Señor?
¿Quién le ha sugerido su
proyecto?
¿Con quién se aconsejó para entenderlo,
para que le enseñara el
camino exacto,
para que le enseñara el saber
y le sugiriese el método
inteligente?
Mirad, las naciones son gotas de un cubo
y valen lo que el
polvillo de balanza.
Mirad, las islas pesan lo que un grano,
el Líbano no
basta para leña,
sus fieras no bastan para el holocausto.
En su presencia, las naciones todas,
como si no
existieran,
son ante él como nada y vacío.
Ant. 2: Da su paga, Señor, a los que esperan en ti, para que tus profetas sean hallados veraces.
Ant. 3: Vuélvete, Señor, a nosotros y no tardes más en venir.
Salmo 98
SANTO ES EL SEÑOR, NUESTRO DIOS
Tú, Señor,
que estás sentado sobre querubines,
restauraste el mundo caído, cuando te
hiciste
semejante a nosotros. (S. Atanasio)
El Señor reina, tiemblen las naciones;
sentado sobre querubines,
vacile la tierra.
El Señor es grande en Sión,
encumbrado sobre todos los
pueblos.
Reconozcan tu nombre, grande y terrible:
Él es santo.
Reinas con poder y amas la justicia,
tú has establecido la
rectitud;
tú administras la justicia y el derecho,
tú actúas en
Jacob.
Ensalzad al Señor, Dios nuestro;
postraos ante el estrado de sus
pies:
Él es santo.
Moisés y Aarón con sus sacerdotes,
Samuel con los que invocan su
nombre,
invocaban al Señor, y él respondía.
Dios les hablaba desde la
columna de nube;
oyeron sus mandatos y la ley que les dio.
Señor Dios nuestro, tú les respondías,
tú eras para ellos un
Dios de perdón
y un Dios vengador de sus maldades.
Ensalzad al Señor, Dios nuestro;
postraos ante su monte
santo:
Santo es el Señor, nuestro Dios.
Ant. 3: Vuélvete, Señor, a nosotros y no tardes más en venir.
V. Dios mío, ven en mi
auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Antífona:
Tercia: Los profetas
anunciaron que el Salvador nacería de María Virgen.
Sexta: El ángel Gabriel saludó a María diciendo:
«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo, bendita tú entre las
mujeres.»
Nona: María dijo: «¿Qué significa
este saludo? Me quedo perpleja ante estas palabras de que daré a luz un Rey sin
perder mi virginidad.»
Salmo 118, 113-120
Detesto a los inconstantes
y amo tu voluntad;
tú eres mi
refugio y mi escudo,
yo espero en tu palabra;
apartaos de mí los
perversos,
y cumpliré tus mandatos, Dios mío.
Sosténme con tu promesa y viviré,
que no quede frustrada mi
esperanza;
dame apoyo y estaré a salvo,
me fijaré en tus leyes sin
cesar;
desprecias a los que se desvían de tus decretos,
sus proyectos son
engaño.
Tienes por escoria a los malvados,
por eso amo tus
preceptos;
mi carne se estremece con tu temor,
y respeto tus
mandamientos.
Salmo 78, 1-5. 8-11.13
LAMENTACIÓN ANTE LA DESTRUCCIÓN DE
JERUSALÉN
¡Si al menos
tú comprendieras
en este día lo que conduce a la paz!
(Lc 19,
42)
Dios mío, los gentiles han entrado en tu heredad,
han profanado
tu santo templo,
han reducido Jerusalén a ruinas.
Echaron los cadáveres de tus siervos
en pasto a las aves del
cielo,
y la carne de tus fieles
a las fieras de la tierra,
Derramaron su sangre como agua
en torno a Jerusalén,
y nadie
la enterraba.
Fuimos el escarnio de nuestros vecinos,
la irrisión y la burla
de los que nos rodean.
¿Hasta cuándo, Señor?
¿Vas a estar siempre enojado?
¿Va a
arder como fuego tu cólera?
No recuerdes contra nosotros
las culpas de nuestros
padres;
que tu compasión nos alcance pronto,
pues estamos
agotados.
Socórrenos, Dios salvador nuestro,
por el honor de tu
nombre;
líbranos y perdona nuestros pecados
a causa de tu
nombre.
¿Por qué han de decir los gentiles:.
«Dónde está su
Dios»?
Que a nuestra vista conozcan los gentiles la venganza
de la sangre
de tus siervos derramada.
Llegue a tu presencia el gemido del cautivo:
con tu brazo
poderoso, salva a los condenados a muerte.
Mientras, nosotros, pueblo tuyo,
ovejas de tu rebaño,
te
daremos gracias siempre,
cantaremos tus alabanzas
de generación en
generación.
Salmo 79
VEN A VISITAR TU VIÑA
Ven, Señor Jesús. (Ap 22, 20)
Pastor de Israel, escucha,
tú que guías a José como a un
rebaño;
tú que te sientas sobre querubines, resplandece
ante Efraím,
Benjamín y Manasés;
despierta tu poder y ven a salvarnos.
¡Oh Dios!, restáuranos,
que brille tu rostro y nos
salve.
Señor Dios de los ejércitos,
¿hasta cuándo estarás
airado
mientras tu pueblo te suplica?
Le diste a comer llanto,
a beber lágrimas a tragos;
nos
entregaste a las disputas de nuestros vecinos,
nuestros enemigos se burlan de
nosotros.
Dios de los ejércitos, restáuranos,
que brille tu rostro y nos
salve.
Sacaste una vid de Egipto,
expulsaste a los gentiles, y la
trasplantaste;
le preparaste el terreno y echó raíces
hasta llenar el
país;
su sombra cubría las montañas,
y sus pámpanos, los cedros
altísimos;
extendió sus sarmientos hasta el mar,
y sus brotes hasta el
Gran Río.
¿Por qué has derribado su cerca
para que la saqueen los
viandantes,
la pisoteen los jabalíes
y se la coman las
alimañas?
Dios de los ejércitos, vuélvete:
mira desde el cielo,
fíjate,
ven a visitar tu viña,
la cepa que tu diestra plantó,
y que tú
hiciste vigorosa.
La han talado y le han prendido fuego:
con un bramido hazlos
perecer.
Que tu mano proteja a tu escogido,
al hombre que tú
fortaleciste.
No nos alejaremos de ti:
danos vida, para que invoquemos tu
nombre.
Señor Dios de los ejércitos, restáuranos,
que brille tu rostro y
nos salve.
Antífona:
Tercia:
Los profetas anunciaron que
el Salvador nacería de María Virgen.
Sexta:
El ángel Gabriel saludó a María diciendo: «Alégrate, llena de gracia, el
Señor está contigo, bendita tú entre las mujeres.»
Nona: María dijo: «¿Qué significa este saludo? Me
quedo perpleja ante estas palabras de que daré a luz un Rey sin perder mi
virginidad.»
INVOCACIÓN INICIAL
V.
Dios mío ven en mi auxilio
R. Señor,
date prisa en socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Ant. 1: A ti, Señor, levanto mi alma; ven y líbrame, Señor, que en ti confío.
Salmo 131
PROMESAS A LA CASA DE DAVID
El Señor Dios
le dará el trono
de David, su Padre. (Lc 1, 32)
Señor, tenle en cuenta a David
todos sus afanes:
cómo juró al
Señor
e hizo voto al Fuerte de Jacob:
«No entraré bajo el techo de mi casa,
no subiré al lecho de mi
descanso,
no daré sueño a mis ojos,
ni reposo a mis párpados,
hasta que
encuentre un lugar para el Señor,
una morada para el Fuerte de
Jacob.»
Oímos que estaba en Efrata,
la encontramos en el Soto de
Jaar:
entremos en su morada,
postrémonos ante el estrado de sus
pies.
Levántate, Señor, ven a tu mansión,
ven con el arca de tu
poder:
que tus sacerdotes se vistan de gala,
que tus fieles te
aclamen.
Por amor a tu siervo David,
no niegues audiencia a tu
Ungido.
Ant. 1: A ti, Señor, levanto mi alma; ven y líbrame, Señor, que en ti confío.
Ant. 2: Da su paga, Señor, a los que esperan en ti, para que tus profetas sean hallados veraces.
II
El Señor ha jurado a David
una promesa que no retractará:
«A
uno de tu linaje
pondré sobre tu trono.
Si tus hijos guardan mi alianza
y los mandatos que les
enseño,
también sus hijos, por siempre,
se sentarán sobre, tu trono
»
Porque el Señor ha elegido a Sión,
ha deseado vivir en
ella:
«Ésta es mi mansión por siempre,
aquí viviré, porque la
deseo.
Bendeciré sus provisiones,
a sus pobres los saciaré de
pan;
vestiré a sus sacerdotes de gala,
y sus fieles aclamarán con
vítores.
Haré germinar el vigor de David,
enciendo una lámpara para mi
Ungido.
A sus enemigos los vestiré de ignominia,
sobre él brillará mi
diadema.»
Ant. 2: Da su paga, Señor, a los que esperan en ti, para que tus profetas sean hallados veraces.
Ant. 3: Vuélvete, Señor, a nosotros y no tardes más en venir.
Cántico Ap
11,17-18;12,10b-12a
EL JUICIO DE DIOS
Gracias te darnos, Señor Dios omnipotente,
el que eres y el que
eras,
porque has asumido el gran poder
y comenzaste a reinar.
Se encolerizaron las naciones,
llegó tu cólera,
y el tiempo
de que sean juzgados los muertos,
y de dar el galardón a tus siervos los
profetas,
y a los santos y a los que temen tu nombre,
y a los pequeños y a
los grandes,
y de arruinar a los que arruinaron la tierra.
Ahora se estableció la salud y el poderío,
y el reinado de
nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fue precipitado
el
acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios día y
noche.
Ellos le vencieron en virtud de la sangre del Cordero
y por la
palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su vida que temieran la
muerte.
Por esto, estad alegres, cielos,
y los que moráis en sus
tiendas.
Ant. 3: Vuélvete, Señor, a nosotros y no tardes más en venir.
OFICIO DE LECTURA
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera
celebración del día:
V.
Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo
contrario:
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date
prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Ant. 1: Estoy agotado de gritar y de tanto aguardar a mi Dios.
Salmo 68, 2-22. 30-37
LAMENTACIÓN Y PLEGARIA DE UN FIEL
DESOLADO
Le dieron a
beber vino
mezclado con hiel. (Mt 27, 34)
I
Dios mío, sálvame,
que me llega el agua al cuello:
me estoy
hundiendo en un cieno profundo
y no puedo hacer pie;
he entrado en la
hondura del agua,
me arrastra la corriente.
Estoy agotado de gritar,
tengo ronca la garganta;
se me
nublan los ojos
de tanto aguardar a mi Dios.
Más que los cabellos de mi cabeza
son los que me odian sin
razón;
más duros que mis huesos,
los que me atacan injustamente.
¿Es
que voy a devolver
lo que no he robado?
Dios mío, tú conoces mi ignorancia,
no se te ocultan mis
delitos.
Que por mi causa no queden defraudados
los que esperan en ti,
Señor de los ejércitos.
Que por mi causa no se avergüencen
los que te buscan, Dios de
Israel.
Por ti he aguantado afrentas,
la vergüenza cubrió mi
rostro.
Soy un extraño para mis hermanos,
un extranjero para los hijos
de mi madre;
porque me devora el celo de tu templo,
y las afrentas conque
te afrentan caen sobre mí.
Cuando me aflijo con ayunos, se burlan de mí;
cuando me visto de
saco, se ríen de mí;
sentados a la puerta murmuran,
mientras beben vino me
cantan burlas.
Ant.1: Estoy agotado de gritar y de tanto aguardar a mi Dios.
Ant. 2: En mi comida me echaron hiel, para mi sed me dieron vinagre.
II
Pero mi oración se dirige a ti,
Dios mío, el día de tu
favor;
que me escuche tu gran bondad,
que tu fidelidad me
ayude:
arráncame del cieno, que no me hunda;
líbrame de los que me
aborrecen,
y de las aguas sin fondo.
Que no me arrastre la corriente,
que no me trague el
torbellino,
que no se cierre la poza sobre mí.
Respóndeme, Señor, con la bondad de tu gracia,
por tu gran
compasión vuélvete hacia mí;
no escondas tu rostro a tu siervo:
estoy en
peligro, respóndeme en seguida.
Acércate a mí, rescátame,
líbrame de mis enemigos:
estás
viendo mi afrenta,
mi vergüenza y mi deshonra;
a tu vista están los que me
acosan.
La afrenta me destroza el corazón, y desfallezco.
Espero
compasión, y no la hay;
consoladores, y no los encuentro.
En mi comida me
echaron hiel,
para mi sed me dieron vinagre.
Ant. 2: En mi comida me echaron hiel, para mi sed me dieron vinagre.
Ant. 3: Buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.
III
Yo soy un pobre malherido;
Dios mío, tu salvación me
levante.
Alabaré el nombre de Dios con cantos,
proclamaré su grandeza con
acción de gracias;
le agradará a Dios más que un toro,
más que un novillo
con cuernos y pezuñas.
Miradlo los humildes, y alegraos,
buscad al Señor, y revivirá
vuestro corazón.
Que el Señor escucha a sus pobres,
no desprecia a sus
cautivos.
Alábenlo el cielo y la tierra,
las aguas y cuanto bulle en
ellas.
El Señor salvará a Sión,
reconstruirá las ciudades de Judá,
y
las habitarán en posesión.
La estirpe de sus siervos la heredará,
los que
aman su nombre vivirán en ella.
Ant. 3: Buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera
celebración del día:
V.
Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo
contrario:
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date
prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
La
pena que la tierra soportaba
Que
viene Cristo repiten
SALMODIA
Ant. 1: De Sión vendrá el Señor que ha de reinar: su nombre será Emmanuel.
Salmo 50
CONFESIÓN DEL PECADOR ARREPENTIDO
Renovaos en
la mente y en el espíritu
y vestíos de la nueva condición
humana. (cf. Ef.
4, 23-24)
Misericordia, Dios mío, por tu bondad;
por tu inmensa compasión
borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado.
Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi
pecado:
contra ti, contra ti solo pequé,
cometí la maldad que
aborreces.
En la sentencia tendrás razón,
en el juicio brillará tu
rectitud.
Mira, que en la culpa nací,
pecador me concibió mi
madre.
Te gusta un corazón sincero,
y en mi interior me inculcas
sabiduría.
Rocíame con el hisopo: quedaré limpio;
lávame: quedaré más
blanco que la nieve.
Hazme oír el gozo y la alegría,
que se alegren los huesos
quebrantados.
Aparta de mi pecado tu vista,
borra en mí toda
culpa.
¡Oh Dios!, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con
espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo
espíritu.
Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu
generoso:
enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a
ti.
Líbrame de la sangre, ¡oh Dios,
Dios, Salvador mío!,
y
cantará mi lengua tu justicia.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca
proclamará tu alabanza.
Los sacrificios no te satisfacen;
si te ofreciera un holocausto,
no lo querrías.
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado:
un corazón
quebrantado y humillado
tú no lo desprecias.
Señor, por tu bondad, favorece a Sión,
reconstruye las murallas
de Jerusalén:
entonces aceptarás los sacrificios rituales,
ofrendas y
holocaustos,
sobre tu altar se inmolarán novillos.
Ant. 1: De Sión vendrá el Señor que ha de reinar: su nombre será Emmanuel.
Ant. 2: Perseverad constantes, a vosotros vendrá el auxilio del Señor.
Cántico
LAMENTACIÓN DEL PUEBLO
EN TIEMPO DE HAMBRE Y DE
GUERRA
Está cerca el
reino de Dios.
Convertíos y creed la Buena Noticia.
(Mc 1,
15)
Mis ojos se deshacen en lágrimas,
día y noche no cesan:
por
la terrible desgracia de la doncella de mi pueblo,
una herida de fuertes
dolores.
Salgo al campo: muertos a espada;
entro en la ciudad:
desfallecidos de hambre;
tanto el profeta como el sacerdote
vagan sin
sentido por el país.
¿Por qué has rechazado del todo a Judá?
¿Tiene asco tu garganta
de Sión?
¿Por qué nos has herido sin remedio?
Se espera la paz, y no hay
bienestar,
al tiempo de la cura sucede la turbación.
Señor, reconocemos nuestra impiedad,
la culpa de nuestros
padres,
porque pecamos contra ti.
No nos rechaces, por tu nombre,
no desprestigies tu trono
glorioso;
recuerda y no rompas tu alianza con nosotros.
Ant. 2: Perseverad constantes, a vosotros vendrá el auxilio del Señor.
Ant. 3: Yo miro atento al Señor; espero en Dios, mi salvador.
Salmo 99
ALEGRÍA DE LOS QUE ENTRAN EN EL TEMPLO
Los redimidos
deben entonar
un canto de victoria.
(S. Atanasio)
Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con
alegría,
entrad en su presencia con aclamaciones.
Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su
pueblo y ovejas de su rebaño.
Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con
himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:
«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad
por todas las edades.»
Ant. 3: Yo miro atento al Señor; espero en Dios, mi salvador.
V. Dios mío, ven en mi
auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Antífona:
Tercia: Los profetas
anunciaron que el Salvador nacería de María Virgen.
Sexta: El ángel Gabriel saludó a María diciendo:
«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo, bendita tú entre las
mujeres.»
Nona: María dijo: «¿Qué significa
este saludo? Me quedo perpleja ante estas palabras de que daré a luz un Rey sin
perder mi virginidad.»
Salmo 21
EL SIERVO DE DIOS SUFRIENTE ORA Y DIOS LE
RESPONDE
A media
tarde, Jesús gritó:
«Elí, Elí, lamá sabaktaní.»
(Mt 27,
46)
I
Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?;
a pesar de mis
gritos, mi oración no te alcanza.
Dios mío, de día te grito, y no respondes;
de noche, y no me
haces caso;
aunque tú habitas en el santuario,
esperanza de
Israel.
En ti confiaban nuestros padres;
confiaban, y los ponías a
salvo;
a ti gritaban, y quedaban libres,
en ti confiaban, y no los
defraudaste.
Pero yo soy un gusano, no un hombre,
vergüenza de la gente,
desprecio del pueblo;
al verme se burlan de mí,
hacen visajes, menean la
cabeza:
«Acudió al Señor, que lo ponga a salvo;
que lo libre si tanto lo
quiere.»
Tú eres quien me sacó del vientre,
me tenías confiado en los
pechos de mi madre;
desde el seno pasé a tus manos,
desde el vientre
materno tú eres mi Dios.
No te quedes lejos, que el peligro está cerca
y
nadie me socorre.
II
Me acorrala un tropel de novillos,
me cercan toros de
Basán;
abren contra mí las fauces
leones que descuartizan y
rugen.
Estoy como agua derramada,
tengo los huesos descoyuntados;
mi
corazón, como cera,
se derrite en mis entrañas;
mi garganta está seca como una teja,
la lengua se me pega al
paladar;
me aprietas contra el polvo de la muerte.
Me acorrala una jauría de mastines,
me cerca una banda de
malhechores;
me taladran las manos y los pies,
puedo contar mis
huesos.
Ellos me miran triunfantes,
se reparten mi ropa,
echan a
suerte mi túnica.
Pero tú, Señor, no te quedes lejos;
fuerza mía, ven corriendo a
ayudarme.
Líbrame a mí, de la espada,
y a mi única vida, de la garra del
mastín;
sálvame de las fauces del león,
a este pobre, de los cuernos del
búfalo.
Contaré tu fama a mis hermanos,
en medio de la asamblea te
alabaré.
III
Fieles del Señor, alabadlo;
linaje de Jacob,
glorificadlo;
temedlo, linaje de Israel.
Porque no ha sentido desprecio ni repugnancia
hacia el pobre
desgraciado;
no le ha escondido su rostro:
cuando pidió auxilio, lo
escuchó.
Él es mi alabanza en la gran asamblea,
cumpliré mis votos
delante de sus fieles.
Los desvalidos comerán hasta saciarse,
alabarán al
Señor los que lo buscan:
viva su corazón por siempre.
Lo recordarán y volverán al Señor
hasta de los confines del
orbe;
en su presencia se postrarán
las familias de los pueblos.
Porque del Señor es el reino,
él gobierna a los pueblos.
Ante
él se postrarán las cenizas de la tumba,
ante él se inclinarán los que bajan
al polvo.
Me hará vivir para él, mi descendencia le servirá,
hablarán del
Señor a la generación futura,
contarán su justicia al pueblo que ha de
nacer;
todo lo que hizo el Señor.
Antífona:
Tercia:
Los profetas anunciaron que
el Salvador nacería de María Virgen.
Sexta:
El ángel Gabriel saludó a María diciendo: «Alégrate, llena de gracia, el
Señor está contigo, bendita tú entre las mujeres.»
Nona: María dijo: «¿Qué significa este saludo? Me
quedo perpleja ante estas palabras de que daré a luz un Rey sin perder mi
virginidad.»
INVOCACIÓN INICIAL
V.
Dios mío ven en mi auxilio
R. Señor,
date prisa en socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Ant. 1: De Sión vendrá el Señor que ha de reinar: su nombre será Emmanuel.
Salmo 134
HIMNO A DIOS POR SUS MARAVILLAS
Vosotros
sois... un pueblo adquirido por Dios
para proclamar las hazañas del que os
llamó
a salir de la tiniebla y a entrar en su luz maravillosa.
(1Pe 2,
9)
I
Alabad el nombre del Señor,
alabadlo, siervos del Señor,
que
estáis en la casa del Señor,
en los atrios de la casa de nuestro
Dios.
Alabad al Señor porque es bueno,
tañed para su nombre, que es
amable.
Porque él se escogió a Jacob,
a Israel en posesión
suya.
Yo sé que el Señor es grande,
nuestro dueño más que todos los
dioses.
El Señor todo lo que quiere lo hace:
en el cielo y en la
tierra,
en los mares y en los océanos.
Hace subir las nubes desde el horizonte,
con los relámpagos
desata la lluvia,
suelta a los vientos de sus silos.
Él hirió a los primogénitos de Egipto,
desde los hombres hasta
los animales.
Envió signos y prodigios
-en medio de ti, Egipto-
contra
el Faraón y sus ministros.
Hirió de muerte a pueblos numerosos,
mató a reyes
poderosos:
a Sijón, rey de los amorreos;
a Hog, rey de Basán,
y a todos
los reyes de Canaán.
Y dio su tierra en heredad,
en heredad a Israel, su
pueblo.
Ant. 1: De Sión vendrá el Señor que ha de reinar: su nombre será Emmanuel.
Ant. 2: Perseverad constantes, a vosotros vendrá el auxilio del Señor.
II
Señor, tu nombre es eterno;
Señor, tu recuerdo de edad en
edad.
Porque el Señor gobierna a su pueblo
y se compadece de sus
siervos.
Los ídolos de los gentiles son oro y plata,
hechura de manos
humanas:
tienen boca y no hablan,
tienen ojos y no ven,
tienen orejas y no oyen,
no hay aliento en sus bocas.
Sean lo
mismo los que los hacen,
cuantos confían en ellos.
Casa de Israel, bendice al Señor;
casa de Aarón, bendice al
Señor;
casa de Leví, bendice al Señor;
fieles del Señor, bendecid al
Señor.
Bendito en Sión el Señor,
que habita en Jerusalén.
Ant. 2: Perseverad constantes, a vosotros vendrá el auxilio del Señor.
Ant. 3: Yo miro atento al Señor; espero en Dios, mi salvador.
Cántico
Ap 15, 3-4
CANTO DE LOS VENCEDORES
Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor, Dios
omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los
siglos!
¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu nombre?
Porque tú
solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán en tu
acatamiento,
porque tus juicios se hicieron manifiestos.
Ant. 3: Yo miro atento al Señor; espero en Dios, mi salvador.
OFICIO DE LECTURA
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera
celebración del día:
V.
Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo
contrario:
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date
prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Ant.1: Dad gracias al Señor por su misericordia, por las maravillas que hace con los hombres.
Salmo 106
ACCIÓN DE GRACIAS: DIOS SALVA A SU PUEBLO DE LAS
CRISIS POR LAS QUE PASA A TRAVÉS DE LA HISTORIA
Envió su
palabra a los israelitas, anunciando la paz
que traería Jesucristo.
(Hch 10, 36)
I
Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su
misericordia.
Que lo confiesen los redimidos por el Señor,
los que él rescató
de la mano del enemigo,
los que reunió de todos los países:
norte y sur,
oriente y occidente.
Erraban por un desierto solitario,
no encontraban el camino de
ciudad habitada;
pasaban hambre y sed,
se les iba agotando la
vida;
pero gritaron al Señor en su angustia,
y los arrancó de la
tribulación.
Los guió por un camino derecho,
para que llegaran a ciudad
habitada.
Den gracias al Señor por su misericordia,
por las maravillas que
hace con los hombres.
Calmó el ansia de los sedientos,
y a los hambrientos
los colmó de bienes.
Yacían en oscuridad y tinieblas,
cautivos de hierros y
miserias;
por haberse rebelado contra los mandamientos,
despreciando el
plan del Altísimo.
Él humilló su corazón con trabajos,
sucumbían y nadie los
socorría.
Pero gritaron al Señor en su angustia,
y los arrancó de la
tribulación.
Los sacó de las sombrías tinieblas,
arrancó sus cadenas.
Den
gracias al Señor por su misericordia,
por las maravillas que hace con los
hombres.
Destrozó las puertas de bronce,
quebró los cerrojos de
hierro.
Estaban enfermos, por sus maldades,
por sus culpas eran
afligidos;
aborrecían todos los manjares,
y ya tocaban las puertas de la
muerte.
Pero gritaron al Señor en su angustia,
y los arrancó de la
tribulación.
Envió su palabra, para curarlos,
para salvarlos de la
perdición.
Den gracias al Señor por su misericordia,
por las maravillas
que hace con los hombres.
Ofrézcanle sacrificios de alabanza,
y cuenten
con entusiasmo sus acciones.
Ant.1: Dad gracias al Señor por su misericordia, por las maravillas que hace con los hombres.
Ant. 2: Contemplaron las obras de Dios y sus maravillas.
II
Entraron en naves por el mar,
comerciando por las aguas
inmensas.
Contemplaron las obras de Dios,
sus maravillas en el
océano.
Él habló y levantó un viento tormentoso,
que alzaba las olas a
lo alto:
subían al cielo, bajaban al abismo,
su vida se marchitaba por el
mareo,
rodaban, se tambaleaban como ebrios,
y no les valía su
pericia.
Pero gritaron al Señor en su angustia,
y los arrancó de la
tribulación.
Apaciguó la tormenta en suave brisa,
y enmudecieron las olas del
mar.
Se alegraron de aquella bonanza,
y él los condujo al ansiado
puerto.
Den gracias al Señor por su misericordia,
por las maravillas que
hace con los hombres.
Aclámenlo en la asamblea del pueblo,
alábenlo en el consejo de
los ancianos.
Ant. 2: Contemplaron las obras de Dios y sus maravillas.
Ant. 3: Los rectos lo ven y se alegran y comprenden la misericordia del Señor.
III
El transforma los ríos en desierto,
los manantiales de agua en
aridez;
la tierra fértil en marismas,
por la depravación de sus
habitantes.
Transforma el desierto en estanques,
el erial en manantiales de
agua.
Coloca allí a los hambrientos,
y fundan una ciudad para
habitar.
Siembran campos, plantan huertos,
recogen cosechas.
Los
bendice, y se multiplican,
y no les escatima el ganado.
Si menguan, abatidos por el peso
de infortunios y
desgracias,
el mismo que arroja desprecio sobre los príncipes
y los
descarría por una soledad sin caminos
levanta a los pobres de la miseria
y
multiplica sus familias como rebaños.
Los rectos lo ven y se alegran,
a la maldad se le tapa la
boca.
El que sea sabio, que recoja estos hechos
y comprenda la
misericordia del Señor.
Ant. 3: Los rectos lo ven y se alegran y comprenden la misericordia del Señor.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera
celebración del día:
V.
Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo
contrario:
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date
prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
La
pena que la tierra soportaba
Que
viene Cristo repiten
SALMODIA
Ant. 1: El Señor viene del Líbano, su brillo es como el día.
Salmo 118, 145-152
Te invoco de todo corazón;
respóndeme, Señor, y guardaré tus
leyes;
a ti grito: sálvame,
y cumpliré tus decretos;
me adelanto a la
aurora pidiendo auxilio,
esperando tus palabras.
Mis ojos se adelantan a las vigilias de la noche,
meditando tu
promesa;
escucha mi voz por tu misericordia,
con tus mandamientos dame
vida;
ya se acercan mis inicuos perseguidores,
están lejos de tu
voluntad.
Tú, Señor, estás cerca,
y todos tus mandatos son
estables;
hace tiempo comprendí que tus preceptos
los fundaste para
siempre.
Ant. 1: El Señor viene del Líbano, su brillo es como el día.
Ant. 2: Cielos, dejad caer el rocío; que las nubes lluevan al Justo, y la tierra germine al Salvador.
Cántico
Sb 9,1-6.9-11
DAME, SEÑOR, LA SABIDURÍA
Os daré
palabras y sabiduría a las
que no podrá hacer frente...
ningún adversario
vuestro.
(Lc 21, 15)
Dios de los padres y Señor de la misericordia,
que con tu
palabra hiciste todas las cosas,
y en tu sabiduría formaste al
hombre,
para que dominase sobre tus creaturas,
y para que rigiese el mundo
con santidad y justicia
y lo gobernase con rectitud de corazón.
Dame la sabiduría asistente de tu trono
y no me excluyas del
número de tus siervos,
porque siervo tuyo soy, hijo de tu sierva,
hombre
débil y de pocos años,
demasiado pequeño para conocer el juicio y las
leyes.
Pues aunque uno sea perfecto
entre los hijos de los
hombres,
sin la sabiduría, que procede de ti,
será estimado en
nada.
Contigo está la sabiduría conocedora de tus obras,
que te
asistió cuando hacías el mundo,
y que sabe lo que es grato a tus ojos
y lo
que es recto según tus preceptos.
Mándala de tus santos cielos
y de tu trono de gloria
envíala
para que me asista en mis trabajos
y venga yo a saber lo que te es
grato.
Porque ella conoce y entiende todas las cosas,
y me guiará
prudentemente en mis obras,
y me guardará en su esplendor.
Ant. 2: Cielos, dejad caer el rocío; que las nubes lluevan al Justo, y la tierra germine al Salvador.
Ant. 3: Prepárate, Israel, y sal al encuentro de tu Salvador que se acerca.
Salmo 116
INVITACIÓN UNIVERSAL A LA ALABANZA DIVINA
Así es: los
gentiles glorifican a Dios
por su misericordia. (Rm 15,
8.9)
Alabad al Señor, todas las naciones,
aclamadlo, todos los
pueblos:
Firme es su misericordia con nosotros,
su fidelidad dura por
siempre.
Ant. 3: Prepárate, Israel, y sal al encuentro de tu Salvador que se acerca.
V. Dios mío, ven en mi
auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Antífona:
Tercia: Los profetas
anunciaron que el Salvador nacería de María Virgen.
Sexta: El ángel Gabriel saludó a María diciendo:
«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo, bendita tú entre las
mujeres.»
Nona: María dijo: «¿Qué significa
este saludo? Me quedo perpleja ante estas palabras de que daré a luz un Rey sin
perder mi virginidad.»
Salmo 118, 121-128
Practico la justicia y el derecho,
no me entregues a mis
opresores;
da fianza en favor de tu siervo,
que no me opriman los
insolentes;
mis ojos se consumen aguardando
tu salvación y tu promesa de
justicia.
Trata con misericordia a tu siervo,
enséñame tus leyes;
yo
soy tu siervo: dame inteligencia,
y conoceré tus preceptos;
es hora de que
actúes, Señor:
han quebrantado tu voluntad.
Yo amo tus mandatos
más que el oro purísimo;
por eso aprecio
tus decretos
y detesto el camino de la mentira.
Salmo 33
EL SEÑOR, SALVACIÓN DE LOS JUSTOS
Habéis
saboreado lo bueno que es
el Señor. (1Pe 2, 3)
I
Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi
boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se
alegren.
Proclamad conmigo la grandeza del Señor,
ensalcemos juntos su
nombre.
Yo consulté al Señor, y me respondió,
me libró de todas mis
ansias.
Contempladlo y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se
avergonzará.
Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha
y lo salva de
sus angustias.
El ángel del Señor acampa
en torno a sus fieles y los
protege.
Gustad y ved qué bueno es el Señor,
dichoso el que se acoge a
él.
Todos sus santos, temed al Señor,
porque nada les falta a los
que lo temen;
los ricos empobrecen y pasan hambre,
los que buscan al Señor
no carecen de nada.
II
Venid, hijos, escuchadme:
os instruiré en el temor del
Señor;
¿hay alguien que ame la vida
y desee días de
prosperidad?
Guarda tu lengua del mal,
tus labios de la falsedad;
apártate
del mal, obra el bien,
busca la paz y corre tras ella.
Los ojos del Señor miran a los justos,
sus oídos escuchan sus
gritos;
pero el Señor se enfrenta con los malhechores,
para borrar de la
tierra su memoria.
Cuando uno grita, el Señor lo escucha
y lo libra de sus
angustias;
el Señor está cerca de los atribulados,
salva a los
abatidos.
Aunque el justo sufra muchos males,
de todos lo libra el
Señor;
él cuida de todos sus huesos,
y ni uno solo se quebrará.
La maldad da muerte al malvado,
y los que odian al justo serán
castigados:
El Señor redime a sus siervos,
no será castigado quien se
acoge a él.
Antífona:
Tercia:
Los profetas anunciaron que
el Salvador nacería de María Virgen.
Sexta:
El ángel Gabriel saludó a María diciendo: «Alégrate, llena de gracia, el
Señor está contigo, bendita tú entre las mujeres.»
Nona: María dijo: «¿Qué significa este saludo? Me
quedo perpleja ante estas palabras de que daré a luz un Rey sin perder mi
virginidad.»
I VÍSPERAS
INVOCACIÓN INICIAL
V.
Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor,
date prisa en socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Ant. 1: Mirad: vendrá el deseado de todos los pueblos y se llenará de gloria la casa del Señor. Aleluya.
Salmo 121
LA CIUDAD SANTA DE JERUSALÉN
Os habéis
acercado al monte de Sión,
ciudad del Dios vivo, Jerusalén
del cielo. (Hb
12, 22)
¡Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la casa del
Señor»!
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén.
Jerusalén está fundada
como ciudad bien compacta.
Allá suben
las tribus,
las tribus del Señor,
según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del
Señor;
en ella están los tribunales de justicia
en el palacio de
David.
Desead la paz a Jerusalén:
«Vivan seguros los que te
aman,
haya paz dentro de tus muros,
seguridad en tus palacios.»
Por mis hermanos y compañeros,
voy a decir: «La paz
contigo.»
Por la casa del Señor, nuestro Dios,
te deseo todo
bien.
Ant. 1: Mirad: vendrá el deseado de todos los pueblos y se llenará de gloria la casa del Señor. Aleluya.
Ant. 2: Ven, Señor, y no tardes: perdona los pecados de tu pueblo, Israel.
Salmo 129
DESDE LO HONDO A TI GRITO, SEÑOR
Él salvará a
su pueblo de
los pecados. (Mt 1, 21)
Desde lo hondo a ti grito, Señor;
Señor, escucha mi
voz;
estén tus oídos atentos
a la voz de mi súplica.
Si llevas cuenta de los delitos, Señor,
¿quién podrá
resistir?
Pero de ti procede el perdón,
y así infundes respeto.
Mi alma espera en el Señor,
espera en su palabra;
mi alma
aguarda al Señor,
más que el centinela la aurora.
Aguarde Israel al Señor,
como el centinela la aurora;
porque
del Señor viene la misericordia,
la redención copiosa;
y él redimirá a
Israel
de todos sus delitos.
Ant. 2: Ven, Señor, y no tardes: perdona los pecados de tu pueblo, Israel.
Ant. 3: Mirad: se cumple ya el tiempo en el que Dios envía a su Hijo al mundo.
Cántico
FIp 2, 6-11
CRISTO, SIERVO DE DIOS,
EN SU MISTERIO PASCUAL
Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su
categoría de Dios,
al contrario, se anonadó a sí mismo,
y tomó la
condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.
Y así, actuando como un hombre cualquiera,
se rebajó hasta
someterse incluso a la muerte
y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el Nombre sobre
todo nombre;
de modo que al nombre de Jesús
toda rodilla se doble en el
cielo,
en la tierra, en el abismo
y toda lengua proclame:
Jesucristo
es Señor, para gloria de Dios Padre.
Ant. 3: Mirad: se cumple ya el tiempo en el que Dios envía a su Hijo al mundo.
LECTURA BREVE 1Ts 5,23-24
Que el mismo Dios de la paz os consagre totalmente y que todo vuestro ser -espíritu, alma y cuerpo- sea custodiado sin reproche hasta la Parusía de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es a sus promesas el que os ha convocado; y él las cumplirá.
RESPONSORIO BREVE
V. Muéstranos,
Señor, tu misericordia. R. Muéstranos, Señor. V. Y danos tu salvación. R.
Muéstranos, Señor.
V. Gloria. R. Muéstranos,
Señor.
La antífona del cántico evangélico se toma del formulario asignado al día del mes con el cual coincida este domingo.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera
celebración del día:
V.
Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo
contrario:
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date
prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Ant.1: Mirad, viene ya el Rey excelso, con gran poder, para salvar a todos los pueblos. Aleluya.
Salmo 23
ENTRADA SOLEMNE DE DIOS EN SU TEMPLO
Las puertas
del cielo se abren ante Cristo
que como hombre sube al cielo. (S.
Ireneo)
Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus
habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los
ríos.
¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el
recinto sacro?
El hombre de manos inocentes
y puro corazón,
que no confía en
los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ése recibirá la bendición
del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.
Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia,
Dios de Jacob.
¡Portones!, alzad los dinteles,
levantaos, puertas
antiguas:
va a entrar el Rey de la gloria.
¿Quién es ese Rey de la gloria?
El Señor, héroe valeroso;
el
Señor, héroe de la guerra.
¡Portones!, alzad los dinteles,
levantaos, puertas
antiguas:
va a entrar el Rey de la gloria.
¿Quién es ese Rey de la gloria?
El Señor, Dios de los
ejércitos.
El es el Rey de la gloria.
Ant.1: Mirad, viene ya el Rey excelso, con gran poder, para salvar a todos los pueblos. Aleluya.
Ant. 2: Alégrate y goza, hija de Jerusalén: mira a tu Rey que viene. No temas, Sión, tu salvación está cerca.
Salmo 65
HIMNO PARA UN SACRIFICO DE ACCIÓN DE GRACIAS
Este salmo
habla de la resurrección de Cristo
y de la conversión de los gentiles.
(Hesiquio)
I
Aclama al Señor, tierra entera;
tocad en honor de su
nombre,
cantad himnos a su gloria.
Decid a Dios: «¡Qué terribles son tus obras,
por tu inmenso
poder tus enemigos se rinden!
Que se postre ante ti la tierra entera,
que toquen en tu
honor,
que toquen para tu nombre.
Venid a ver las obras de Dios,
sus temibles proezas en favor de
los hombres:
transformó el mar en tierra firme,
a pie atravesaron el
río.
Alegrémonos con Dios,
que con su poder gobierna
eternamente;
sus ojos vigilan a las naciones,
para que no se subleven los
rebeldes.
Bendecid, pueblos, a nuestro Dios,
haced resonar sus
alabanzas,
porque él nos ha devuelto la vida
y no dejó que tropezaran
nuestros pies.
¡Oh Dios!, nos pusiste a prueba,
nos refinaste como refinan la
plata;
nos empujaste a la trampa,
nos echaste a cuestas un
fardo:
sobre nuestro cuello cabalgaban,
pasamos por fuego y por
agua,
pero nos has dado respiro.
Ant. 2: Alégrate y goza, hija de Jerusalén: mira a tu Rey que viene. No temas, Sión, tu salvación está cerca.
Ant. 3: Salgamos con corazón limpio a recibir al Rey supremo, porque está para venir y no tardará.
II
Entraré en tu casa con víctimas,
para cumplirte mis
votos:
los que pronunciaron mis labios
y prometió mi boca en el
peligro.
Te ofreceré víctimas cebadas,
te quemaré carneros,
inmolaré
bueyes y cabras
.
Fieles de Dios, venid a escuchar,
os contaré lo que
ha hecho conmigo:
a él gritó mi boca
y lo ensalzó mi lengua.
Si hubiera tenido yo mala intención,
el Señor no me habría
escuchado;
pero Dios me escuchó,
y atendió a mi voz suplicante.
Bendito sea Dios, que no rechazó mi súplica
ni me retiró su
favor.
Ant. 3: Salgamos con corazón limpio a recibir al Rey supremo, porque está para venir y no tardará.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera
celebración del día:
V.
Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo
contrario:
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date
prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
La
pena que la tierra soportaba
Que
viene Cristo repiten
SALMODIA
El 24 de diciembre tiene
antífonas propias en Laudes. 24
Ant. 1: Tocad la trompeta en Sión, porque está cerca el día del Señor. Mirad: viene a salvarnos. Aleluya.
Salmo 117
HIMNO DE ACCIÓN DE GRACIAS DESPUÉS DE LA
VICTORIA
Jesús es la
piedra que desechasteis vosotros, los arquitectos,
y que se ha convertido en
piedra angular. (Hch 4, 11)
Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su
misericordia
Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.
Diga la casa de Aarón:
eterna es su misericordia.
Digan los fieles del Señor:
eterna es su
misericordia,
En el peligro grité al Señor,
y me escuchó, poniéndome a
salvo.
El Señor está conmigo: no temo;
¿qué podrá hacerme el hombre?
El Señor está conmigo y me auxilia,
veré la derrota de mis
adversarios.
Mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los hombres,
mejor es refugiarse en el Señor
que confiar en los magnates.
Todos los pueblos me rodeaban,
en el nombre del Señor los
rechacé;
me rodeaban cerrando el cerco,
en el nombre del Señor los
rechacé;
me rodeaban como avispas,
ardiendo como fuego en las zarzas,
en el nombre del Señor los rechacé.
Empujaban y empujaban para derribarme,
pero el Señor me
ayudó;
el Señor es mi fuerza y mi energía,
él es mi salvación.
Escuchad: hay cantos de victoria
en las tiendas de los
justos:
«La diestra del Señor es poderosa
la diestra del Señor es
excelsa,
la diestra del Señor es poderosa.»
No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor.
Me
castigó, me castigó el Señor,
Pero no me entregó a la muerte.
Abridme las puertas del triunfo,
y entraré para dar gracias al
Señor.
Ésta es la puerta del Señor:
los vencedores entrarán por
ella.
Te doy gracias porque me escuchaste
y fuiste mi
salvación.
La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra
angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro
patente.
Éste es el día en que actuó el Señor:
sea nuestra alegría y
nuestro gozo.
Señor, danos la salvación;
Señor, danos
prosperidad.
Bendito el que viene en nombre del Señor
os bendecimos desde la
casa del Señor!
el Señor es Dios: él nos ilumina.
Ordenad una procesión con ramos
hasta los ángulos del
altar.
Tú eres mi Dios, te doy gracias;
Dios mío, yo te
ensalzo.
Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su
misericordia.
Ant. 1: Tocad la trompeta en Sión, porque está cerca el día del Señor. Mirad: viene a salvarnos. Aleluya.
Ant. 2: Vendrá el Señor, salid a su encuentro diciendo: «Grande es tu origen, y tu reino no tendrá fin: Dios fuerte, dominador, príncipe de la paz.» Aleluya.
Cántico
Dn 3 52-57
QUE LA CREACIÓN ENTERA ALABE AL SEÑOR
El Creador...
es bendito por los
siglos. (Rm 1, 25)
Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres
a ti gloria y
alabanza por los siglos.
Bendito tu nombre, santo y glorioso:
a él gloria y alabanza por
los siglos.
Bendito eres en el templo de tu santa gloria:
a ti gloria y
alabanza por los siglos.
Bendito eres sobre el trono de tu reino:
a ti gloria y alabanza
por los siglos.
Bendito eres tú que sentado sobre querubines
sondeas los
abismos:
a ti gloria y alabanza por los siglos.
Bendito eres en la bóveda del cielo:
a ti honor y alabanza por
los siglos.
Creaturas todas del Señor, bendecid al Señor,
ensalzadlo con
himnos por los siglos.
Ant. 2: Vendrá el Señor, salid a su encuentro diciendo: «Grande es tu origen, y tu reino no tendrá fin: Dios fuerte, dominador, príncipe de la paz.» Aleluya.
Ant. 3: Tu palabra omnipotente, Señor, vendrá desde su trono real. Aleluya.
Salmo 150
ALABAD AL SEÑOR
Salmodiad con
el espíritu, salmodiad con toda vuestra mente,
es decir, glorificad a Dios
con el cuerpo y con el alma. (Hesiquio)
Alabad al Señor en su templo,
alabadlo en su fuerte
firmamento.
Alabadlo por sus obras magníficas,
alabadlo por su inmensa
grandeza.
Alabadlo tocando trompetas,
alabadlo con arpas y
cítaras,
alabadlo con tambores y danzas,
alabadlo con trompas y
flautas,
alabadlo con platillos sonoros,
alabadlo con platillos
vibrantes.
Todo ser que alienta, alabe al Señor.
Ant. 3: Tu palabra omnipotente, Señor, vendrá desde su trono real. Aleluya.
Si este domingo coincide con el 24 de diciembre, omitidos los elementos que siguen, se usan los asignados a dicho día 24.
LECTURA BREVE Rm 13, 11b-12
Ya es hora que despertéis del sueño, pues la salud está ahora más cerca que cuando abrazamos la fe. La noche va pasando, el día está encima; desnudémonos, pues, de las obras de las tinieblas y vistámonos de las armas de la luz.
RESPONSORIO BREVE
V. Cristo, Hijo de Dios vivo, ten piedad de nosotros. R. Cristo. V. Tú que has de venir al mundo. R. Ten piedad de nosotros. V. Gloria. R. Cristo.
CÁNTICO EVANGÉLICO
La antífona del cántico evangélico se toma del formulario asignado al día del mes con el cual coincida este domingo.
V. Dios mío, ven en mi
auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Antífona:
Tercia: Los profetas
anunciaron que el Salvador nacería de María Virgen.
Sexta: El ángel Gabriel saludó a María diciendo:
«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo, bendita tú entre las
mujeres.»
Nona: María dijo: «¿Qué significa
este saludo? Me quedo perpleja ante estas palabras de que daré a luz un Rey sin
perder mi virginidad.»
Salmo 22
EL BUEN PASTOR
El Cordero
los apacentará
y los guiará a los manantiales
de las aguas de la vida.
(Ap 7, 17)
El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace
recostar;
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas;
me
guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas
conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan.
Preparas una mesa ante mí
enfrente de mis enemigos;
me unges
la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa.
Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi
vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término.
Salmo 75
ACCIÓN DE GRACIAS POR LA VICTORIA
Verán al Hijo
del hombre venir
sobre las nubes del cielo. (Mt 24, 30)
I
Dios se manifiesta en Judá,
su fama es grande en Israel;
su
tabernáculo está en Jerusalén,
su morada en Sión:
allí quebró los
relámpagos del arco,
el escudo, la espada y la guerra.
Tú eres deslumbrante, magnífico,
con montones de botín
conquistados.
Los valientes duermen su sueño,
y a los guerreros no les
responden sus brazos.
Con un bramido, ¡oh Dios de Jacob!,
inmovilizaste
carros y caballos.
II
Tú eres terrible:
¿quién resiste frente a ti al ímpetu de tu
ira?
Desde el cielo proclamas la sentencia:
la tierra teme
sobrecogida,
cuando Dios se pone en pie para juzgar,
para salvar a los
humildes de la tierra.
La cólera humana tendrá que alabarte,
los que sobrevivan al
castigo te rodearán.
Haced votos al Señor y cumplidlos,
y traigan los
vasallos tributo al Temible:
él deja sin aliento a los príncipes,
y es
temible para los reyes del orbe.
Antífona:
Tercia:
Los profetas anunciaron que
el Salvador nacería de María Virgen.
Sexta:
El ángel Gabriel saludó a María diciendo: «Alégrate, llena de gracia, el
Señor está contigo, bendita tú entre las mujeres.»
Nona: María dijo: «¿Qué significa este saludo? Me
quedo perpleja ante estas palabras de que daré a luz un Rey sin perder mi
virginidad.»
INVOCACIÓN INICIAL
V.
Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor,
date prisa en socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Ant. 1: Contemplad cuán glorioso es el que viene a salvar a todos los pueblos.
Salmo 109, 1-5. 7
EL MESÍAS, REY Y SACERDOTE
Él debe
reinar hasta poner todos
sus enemigos bajo sus pies.
(1Co 15,
25)
Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y
haré de tus enemigos
estrado de tus pies.»
Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en
la batalla a tus enemigos.
«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores
sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la
aurora.»
El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
«Tú eres sacerdote
eterno
según el rito de Melquisedec.»
El Señor a tu derecha, el día de su ira,
quebrantará a los
reyes.
En su camino beberá del torrente,
por eso levantará la
cabeza.
Ant. 1: Contemplad cuán glorioso es el que viene a salvar a todos los pueblos.
Ant. 2: Lo torcido se enderece, lo escabroso se iguale: ven, Señor, y no tardes más. Aleluya.
Salmo 111
FELICIDAD DEL JUSTO
Caminad como
hijos de la luz;
toda bondad, justicia y verdad
son fruto de la
luz. (Ef 5, 8-9)
Dichoso quien teme al Señor
y ama de corazón sus mandatos.
Su linaje será poderoso en la tierra,
la descendencia del justo será
bendita.
En su casa habrá riquezas y abundancia,
su caridad es
constante, sin falta.
En las tinieblas brilla como una luz
el que es
justo, clemente y compasivo.
Dichoso el que se apiada y presta,
y administra rectamente sus
asuntos.
El justo jamás vacilará,
su recuerdo será perpetuo.
No temerá las malas noticias,
su corazón está firme en el
Señor.
Su corazón está seguro, sin temor,
hasta que vea derrotados a sus
enemigos.
Reparte limosna a los pobres;
su caridad es constante, sin
falta,
y alzará la frente con dignidad.
El malvado, al verlo, se irritará,
rechinará los dientes hasta
consumirse.
La ambición del malvado fracasará.
Ant. 2: Lo torcido se enderece, lo escabroso se iguale: ven, Señor, y no tardes más. Aleluya.
Ant. 3: Se dilatará su principado con una paz sin límites. Aleluya.
El cántico siguiente se dice con todos los Aleluya intercalados cuando el Oficio es cantado. Cuando el Oficio se dice sin canto es suficiente decir el Aleluya sólo al principio y al final de cada estrofa.
Cántico
Cf. Ap 19, 1-2. 5-7
LAS BODAS DEL CORDERO
Aleluya.
La salvación y la gloria y el poder
son de nuestro
Dios.
(R. Aleluya.)
Porque sus juicios son verdaderos y justos.
R. Aleluya, (aleluya).
Aleluya.
Alabad al Señor, sus siervos todos.
(R. Aleluya.)
Los que le teméis,
pequeños y grandes.
R. Aleluya, (aleluya).
Aleluya.
Porque reina el Señor, nuestro Dios,
dueño de
todo.
(R. Aleluya.)
Alegrémonos y gocemos y démosle gracias.
R. Aleluya, (aleluya).
Aleluya.
Llegó la boda del Cordero.
(R. Aleluya.)
Su esposa se ha
embellecido.
R. Aleluya, (aleluya).
Ant. 3: Se dilatará su principado con una paz sin límites. Aleluya.
LECTURA BREVE (Flp 4, 4-5)
Estad siempre alegres en el Señor. Otra vez os lo digo: Estad alegres. Que vuestra bondad sea conocida de todos. El Señor está cerca.
RESPONSORIO BREVE
V. Muéstranos, Señor, tu misericordia. R. Muéstranos, Señor. V. Y danos tu salvación. R. Muéstranos, Señor, tu misericordia. V. Gloria. R. Muéstranos, Señor.
CÁNTICO EVANGÉLICO
La antífona del cántico evangélico se toma del formulario asignado al día del mes con el cual coincida este domingo.
OFICIO DE LECTURA
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera
celebración del día:
V.
Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo
contrario:
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date
prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Ant.1: Qué bueno es el Dios de Israel para los justos.
Salmo 72
POR QUÉ SUFRE EL JUSTO
¡Dichoso el
que no se siente
defraudado por mí! (Mt 11, 6)
I
¡Qué bueno es Dios para el justo,
el Señor para los limpios de
corazón!
Pero yo por poco doy un mal paso,
casi resbalaron mis
pisadas:
porque envidiaba a los perversos,
viendo prosperar a los
malvados.
Para ellos no hay sinsabores,
están sanos y engreídos;
no
pasan las fatigas humanas
ni sufren como los demás.
Por eso su collar es el orgullo,
y los cubre un vestido de
violencia;
de las carnes les rezuma la maldad,
el corazón les rebosa de
malas ideas.
Insultan y hablan mal,
y desde lo alto amenazan con la
opresión.
Su boca se atreve con el cielo,
y su lengua recorre la
tierra.
Por eso mi pueblo se vuelve a ellos
y se bebe sus
palabras.
Ellos dicen: «¿Es que Dios lo va a saber,
se va a enterar el
Altísimo?»
Así son los malvados:
siempre seguros, acumulan
riquezas.
Ant.1: Qué bueno es el Dios de Israel para los justos.
Ant. 2: Su risa se convertirá en llanto, y su alegría en tristeza.
II
Entonces, ¿para qué he limpiado yo mi corazón
y he lavado en la
inocencia mis manos?
¿Para qué aguanto yo todo el día
y me corrijo cada
mañana?
Si yo dijera: «Voy a hablar como ellos»,
renegaría de la estirpe
de tus hijos.
Meditaba yo para entenderlo,
pero me resultaba muy
difícil;
hasta que entré en el misterio de Dios,
y comprendí el destino de
ellos.
Es verdad: los pones en el resbaladero,
los precipitas en la
ruina;
en un momento causan horror,
y acaban consumidos de
espanto.
Como un sueño al despertar, Señor,
al despertarte desprecias sus
sombras.
Ant. 2: Su risa se convertirá en llanto, y su alegría en tristeza.
Ant. 3: Para mí lo bueno es estar junto a Dios, pues los que se alejan de ti se pierden.
III
Cuando mi corazón se agriaba
y me punzaba mi interior,
yo era
un necio y un ignorante,
yo era un animal ante ti.
Pero yo siempre estaré contigo,
tú tomas mi mano derecha,
me
guías según tus planes,
y me llevas a un destino glorioso.
¿No te tengo a ti en el cielo?;
y contigo, ¿qué me importa la
tierra?
Se consumen mi corazón y mi carne
por Dios, mi herencia
eterna.
Sí: los que se alejan de ti se pierden;
tú destruyes a los que
te son infieles.
Para mí lo bueno es estar junto a Dios,
hacer del Señor mi
refugio,
y proclamar todas tus acciones
en las puertas de Sión.
Ant. 3: Para mí lo bueno es estar junto a Dios, pues los que se alejan de ti se pierden.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera
celebración del día:
V.
Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo
contrario:
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date
prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
La
pena que la tierra soportaba
Que
viene Cristo repiten
SALMODIA
El 24 de diciembre tiene
antífonas propias en Laudes. 24
Ant. 1: Mirad, vendrá el Señor, príncipe de los reyes de la tierra; ¡dichosos los que están preparados para salir a su encuentro!
Salmo 89
BAJE A NOSOTROS LA BONDAD DEL SEÑOR
Para el Señor
un día es como mil años,
y mil años como un día. (2Pe 3,
8)
Señor, tú has sido nuestro refugio
de generación en
generación.
Antes que naciesen los montes
o fuera engendrado el orbe de la
tierra,
desde siempre y por siempre tú eres Dios.
Tú reduces el hombre a polvo,
diciendo: «Retornad, hijos de
Adán.»
Mil años en tu presencia
son un ayer, que pasó;
una vigilia
nocturna.
Los siembras año por año,
como hierba que se renueva:
que
florece y se renueva por la mañana,
y por la tarde la siegan y se
seca.
¡Cómo nos ha consumido tu cólera
y nos ha trastornado tu
indignación!
Pusiste nuestras culpas ante ti,
nuestros secretos ante la
luz de tu mirada:
y todos nuestros días pasaron bajo tu cólera,
y nuestros
años se acabaron como un suspiro.
Aunque uno viva setenta años,
y el más robusto hasta
ochenta,
la mayor parte son fatiga inútil,
porque pasan aprisa y
vuelan.
¿Quién conoce la vehemencia de tu ira,
quién ha sentido el peso
de tu cólera?
Enséñanos a calcular nuestros años,
para que adquiramos un
corazón sensato.
Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo?
Ten compasión de tus
siervos;
por la mañana sácianos de tu misericordia,
y toda nuestra vida
será alegría y júbilo.
Danos alegría, por los días en que nos afligiste,
por los años
en que sufrimos desdichas.
Que tus siervos vean tu acción,
y sus hijos tu
gloria.
Baje a nosotros la bondad del Señor
y haga prósperas las obras
de nuestras manos.
Ant. 1: Mirad, vendrá el Señor, príncipe de los reyes de la tierra; ¡dichosos los que están preparados para salir a su encuentro!
Ant. 2: Cantad al Señor un cántico nuevo, llegue su alabanza hasta el confín de la tierra. +
Cántico
Is 42, 10-16
CÁNTICO NUEVO AL DIOS VENCEDOR Y SALVADOR
Cantaban un
cántico nuevo ante
el trono de Dios. (Ap 14, 3)
Cantad al Señor un cántico nuevo,
llegue su alabanza hasta el
confín de la tierra;
muja el mar y lo que contiene,
las islas y sus
habitantes;
alégrese el desierto con sus tiendas,
los cercados que habita
Cadar;
exulten los habitantes de Petra,
clamen desde la cumbre de las
montañas;
den gloria al Señor,
anuncien su alabanza en las
islas.
El Señor sale como un héroe,
excita su ardor como un
guerrero,
lanza el alarido,
mostrándose valiente frente al
enemigo.
«Desde antiguo guardé silencio,
me callaba y aguantaba;
mas
ahora grito como la mujer cuando da a luz,
jadeo y resuello.
Agostaré montes y collados,
secaré toda su hierba,
convertiré
los ríos en yermo,
desecaré los estanques;
conduciré a los ciegos
por
el camino que no conocen,
los guiaré por senderos que ignoran.
Ante ellos
convertiré la tiniebla en luz,
lo escabroso en llano.»
Ant. 2: Cantad al Señor un cántico nuevo, llegue su alabanza hasta el confín de la tierra. +
Ant. 3: Cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe en la tierra?.
Salmo 134,1-12
HIMNO A DIOS POR SUS MARAVILLAS
Vosotros
sois... un pueblo adquirido por Dios
para proclamar las hazañas del que os
llamó
a salir de la tiniebla y a entrar en su luz maravillosa.
(1 Pe
2,9)
Alabad el nombre del Señor,
alabadlo, siervos del Señor,
que
estáis en la casa del Señor,
en los atrios de la casa de nuestro
Dios.
Alabad al Señor porque es bueno,
tañed para su nombre, que es
amable.
Porque él se escogió a Jacob,
a Israel en posesión
suya.
Yo sé que el Señor es grande,
nuestro dueño más que todos los
dioses.
El Señor todo lo que quiere lo hace:
en el cielo y en la
tierra,
en los mares y en los océanos.
Hace subir las nubes desde el horizonte,
con los relámpagos
desata la lluvia,
suelta a los vientos de sus silos.
Él hirió a los primogénitos de Egipto,
desde los hombres hasta
los animales.
Envió signos y prodigios
-en medio de ti,
Egipto
contra el Faraón y sus ministros.
Hirió de muerte a pueblos numerosos,
mató a reyes
poderosos:
a Sijón, rey de los amorreos;
a Hog, rey de Basán,
y a todos
los reyes de Canaán.
Y dio su tierra en heredad,
en heredad a Israel, su
pueblo.
Ant. 3: Cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe en la tierra?
V. Dios mío, ven en mi
auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Antífona:
Tercia: Los profetas
anunciaron que el Salvador nacería de María Virgen.
Sexta: El ángel Gabriel saludó a María diciendo:
«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo, bendita tú entre las
mujeres.»
Nona: María dijo: «¿Qué significa
este saludo? Me quedo perpleja ante estas palabras de que daré a luz un Rey sin
perder mi virginidad.»
Salmo 118, 129-136
MEDITACIÓN DE LA PALABRA DE DIOS EN SU
LEY
Amar es
cumplir la ley entera.
(Rm 13, 10)
Tus preceptos son admirables,
por eso los guarda mi alma;
la
explicación de. tus palabras ilumina,
da inteligencia a los
ignorantes;
abro la boca y respiro,
ansiando tus mandamientos.
Vuélvete a mí y ten misericordia,
como es tu norma con los que
aman tu nombre;
asegura mis pasos con tu promesa,
que ninguna mandad me
domine;
líbrame de la opresión de los hombres,
y guardaré tus
decretos..
Haz brillar tu rostro sobre tu siervo,
enséñame tus
leyes;
arroyos de lágrimas bajan de mis ojos
por los que no cumplen tu
voluntad.
Salmo 81
INVECTIVAS CONTRA LOS JUECES INICUOS
No juzguéis
antes de tiempo;
dejad que venga el Señor. (1Co 4, 5)
Dios se levanta en la asamblea divina,
rodeado de ángeles
juzga:
«¿Hasta cuándo daréis sentencia injusta,
poniéndoos de parte del
culpable?
Proteged al desvalido y al huérfano,
haced justicia al humilde y
al necesitado,
defended al, pobre y al indigente,
sacándolos de las manos
del culpable.»
Ellos, ignorantes e insensatos, caminan a oscuras,
mientras
vacilan los cimientos del orbe.
Yo declaro: «Aunque seáis dioses,
e hijos del Altísimo
todos,
moriréis como cualquier hombre,
caeréis, príncipes, como uno de
tantos.»
Levántate, ¡oh Dios!, y juzga la tierra,
porque tú eres él
dueño de todos los pueblos.
Salmo 119
DESEO DE LA PAZ
Estad firmes
en la tribulación,
sed asiduos en la oración.
(Rm 12,
12)
En mi aflicción llamé al Señor,
y él me respondió.
Líbrame,
Señor, de los labios mentirosos,
de la lengua traidora.
¿Qué te va a dar o a mandar Dios,
lengua traidora?
Flechas de
arquero,
afiladas con ascuas de retama.
¡Ay de mí, desterrado en Masac,
acampado en Cadar!
Demasiado
llevo viviendo
con los que odian la paz;
cuando yo digo: «Paz»,
ellos
dicen: «Guerra».
Antífona:
Tercia:
Los profetas anunciaron que
el Salvador nacería de María Virgen.
Sexta:
El ángel Gabriel saludó a María diciendo: «Alégrate, llena de gracia, el
Señor está contigo, bendita tú entre las mujeres.»
Nona: María dijo: «¿Qué significa este saludo? Me
quedo perpleja ante estas palabras de que daré a luz un Rey sin perder mi
virginidad.»
INVOCACIÓN INICIAL
V.
Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor,
date prisa en socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Ant. 1: Mirad, vendrá el Señor, príncipe de los reyes de la tierra; ¡dichosos los que están preparados para salir a su encuentro!
Salmo 135
HIMNO A DIOS POR LAS MARAVILLAS DE LA CREACIÓN Y DEL
ÉXODO
Alabar a Dios es narrar sus maravillas. (Casiodoro)
I
Dad gracias al Señor porque es bueno:
porque es eterna su
misericordia.
Dad gracias al Dios de los dioses:
porque es eterna su
misericordia.
Dad gracias al Señor de los señores:
porque es eterna su
misericordia.
Sólo él hizo grandes maravillas:
porque es eterna su
misericordia.
Él hizo sabiamente los cielos:
porque es eterna su
misericordia.
Él afianzó sobre las aguas la tierra:
porque es eterna su
misericordia.
Él hizo lumbreras gigantes:
porque es eterna su
misericordia.
El sol que gobierna el día:
porque es eterna su
misericordia.
La luna que gobierna la noche:
porque es eterna su
misericordia.
Ant. 1: Mirad, vendrá el Señor, príncipe de los reyes de la tierra; ¡dichosos los que están preparados para salir a su encuentro!
Ant. 2: Cantad al Señor un cántico nuevo, llegue su alabanza hasta el confín de la tierra.
II
Él hirió a Egipto en sus primogénitos:
porque es eterna su
misericordia.
Y sacó a Israel de aquel país:
porque es eterna su
misericordia.
Con mano poderosa, con brazo extendido:
porque es eterna su
misericordia,
Él dividió en dos partes el mar Rojo:
porque es eterna su
misericordia.
Y condujo por en medio a Israel:
porque es eterna su
misericordia.
Arrojó en el mar Rojo al Faraón:
porque es eterna su
misericordia.
Guió por el desierto a su pueblo:
porque es eterna su
misericordia.
Él hirió a reyes famosos :
porque es eterna su
misericordia.
Dio muerte a reyes poderosos:
porque es eterna su
misericordia.
A Sijón, rey de los amorreos:
porque es eterna su
misericordia.
Y a Hog, rey de Basán:
porque es eterna su
misericordia.
Les dio su tierra en heredad:
porque es eterna su
misericordia.
En heredad a Israel, su siervo:
porque es eterna su
misericordia.
En nuestra humillación se acordó de nosotros:
porque es eterna
su misericordia.
Y nos libró de nuestros opresores:
porque es eterna su
misericordia.
Él da alimento a todo viviente:
porque es eterna su
misericordia.
Dad gracias al Dios del cielo:
porque es eterna su
misericordia.
Ant. 2: Cantad al Señor un cántico nuevo, llegue su alabanza hasta el confín de la tierra.
Ant. 3: Cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe en la tierra?
Cántico
Ef 1, 3-10
EL PLAN DIVINO DE LA SALVACIÓN
Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo
que nos
ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y
celestiales.
Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el
mundo,
para que fuésemos consagrados
e irreprochables ante él por el
amor.
Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa
suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan
generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza
suya.
Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el
perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha
sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su
voluntad.
Éste es el plan
que había proyectado realizar por
Cristo
cuando llegase el momento culminante:
hacer que todas las cosas
tuviesen a Cristo por cabeza,
las del cielo y las de la
tierra.
Ant. 3: Cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe en la tierra?
OFICIO DE LECTURA
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera
celebración del día:
V.
Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo
contrario:
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date
prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Ant.1: Mi grito, Señor, llegue hasta ti; no me escondas tu rostro.
Salmo 101
DESEOS Y SÚPLICAS DE UN DESTERRADO
Dios nos consuela en todas nuestras luchas. (2Co 1, 4)
I
Señor, escucha mi oración,
que mi grito llegue hasta ti;
no
me escondas tu rostro
el día de la desgracia.
Inclina tu oído hacia
mí;
cuando te invoco, escúchame en seguida.
Que mis días se desvanecen como humo,
mis huesos queman como
brasas;
mi corazón está agostado como hierba,
me olvido de comer mi
pan;
con la violencia de mis quejidos,
se me pega la piel a los
huesos.
Estoy como lechuza en la estepa,
como búho entre
ruinas;
estoy desvelado, gimiendo,
como pájaro sin pareja en el
tejado.
Mis enemigos me insultan sin descanso;
furiosos contra mí, me
maldicen.
En vez de pan, como ceniza,
mezclo mi bebida con llanto,
por
tu cólera y tu indignación,
porque me alzaste en vilo y me tiraste;
mis
días son una sombra que se alarga,
me voy secando como la hierba.
Ant.1: Mi grito, Señor, llegue hasta ti; no me tu rostro.
Ant. 2: Escucha, Señor, las súplicas de los indefensos.
II
Tú, en cambio, permaneces para siempre,
y tu nombre de
generación en generación.
Levántate y ten misericordia de Sión,
que ya es
hora y tiempo de misericordia.
Tus siervos aman sus piedras,
se compadecen de sus
ruinas:
los gentiles temerán tu nombre,
los reyes del mundo, tu
gloria.
Cuando el Señor reconstruya Sión,
y aparezca en su gloria,
y
se vuelva a las súplicas de los indefensos,
y no desprecie sus
peticiones,
quede esto escrito para la generación futura,
y el pueblo que
será creado alabará al Señor:
Que el Señor ha mirado
desde su excelso santuario,
desde el
cielo se ha fijado en la tierra,
para escuchar los gemidos de los
cautivos
y librar a los condenados a muerte,
para anunciar en Sión el nombre del Señor,
y su alabanza en
Jerusalén,
cuando se reúnan unánimes los pueblos
y los reyes para dar
culto al Señor.
Ant. 2: Escucha, Señor, las súplicas de los indefensos.
Ant. 3: Tú, Señor, cimentaste la tierra, y el cielo es obra de tus manos.
III
El agotó mis fuerzas en el camino,
acortó mis días;
y yo dije: «Dios mío, no me arrebates
en la mitad de mis
días.»
Tus años duran por todas las generaciones:
al principio
cimentaste la tierra,
y el cielo es obra de tus manos.
Ellos perecerán, tú permaneces,
se gastarán como la
ropa,
serán como un vestido que se muda.
Tú, en cambio, eres siempre el
mismo,
tus años no se acabarán.
Los hijos de tus siervos vivirán seguros,
su linaje durará en tu
presencia.
Ant. 3: Tú, Señor, cimentaste la tierra, y el cielo es obra de tus manos.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera
celebración del día:
V.
Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo
contrario:
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date
prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
La
pena que la tierra soportaba
Que
viene Cristo repiten
SALMODIA
El 24 de diciembre tiene
antífonas propias en Laudes. 24
Ant.1: Saldrá el Señor de su santuario, y vendrá a salvar a su pueblo.
Salmo 100
PROPÓSITO DE UN PRÍNCIPE JUSTO
Si me amáis, guardaréis mis mandatos. (Jn 14, 15)
Voy a cantar la bondad y la justicia,
para ti es mi música,
Señor;
voy a explicar el camino perfecto:
¿Cuándo vendrás a mí?
Andaré con rectitud de corazón
dentro de mi casa;
no pondré
mis ojos
en intenciones viles.
Aborrezco al que obra mal,
no se juntará conmigo;
lejos de mí
el corazón torcido,
no aprobaré al malvado.
Al que en secreto difama a su prójimo
lo haré callar;
ojos
engreídos, corazones arrogantes
no los soportaré.
Pongo mis ojos en los que son leales,
ellos vivirán
conmigo;
el que sigue un camino perfecto,
ése me servirá.
No habitará en mi casa
quien comete fraudes;
el que dice
mentiras
no durará en mi presencia.
Cada mañana haré callar
a los hombres malvados,
para excluir
de la ciudad del Señor
a todos los malhechores.
Ant.1: Saldrá el Señor de su santuario, y vendrá a salvar a su pueblo.
Ant. 2: Tenemos en Sión una ciudad fuerte: el Salvador ha puesto en ella murallas y baluartes; abrid las puertas, que con nosotros, está Dios. Aleluya.
Cántico
Dn 3, 26-27. 29. 34-41
ORACIÓN DE AZARÍAS EN EL HORNO
Arrepentíos y
convertíos, para que
se borren vuestros pecados.
(Hch 3,
19)
Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres,
digno de alabanza
y glorioso es tu nombre.
Porque eres justo
en cuanto has hecho con nosotros
y todas
tus obras son verdad,
y rectos tus caminos,
y justos todos tus
juicios.
Hemos pecado y cometido iniquidad
apartándonos de ti, y en todo
hemos delinquido.
Por el honor de tu nombre,
no nos desampares para
siempre,
no rompas tu alianza,
no apartes de nosotros tu
misericordia.
Por Abraham, tu amigo,
por Isaac, tu siervo,
por Israel, tu
consagrado,
a quienes prometiste
multiplicar su descendencia
como las
estrellas del cielo,
como la arena de las playas marinas.
Pero ahora, Señor, somos el más pequeño
de todos los
pueblos;
hoy estamos humillados por toda la tierra
a causa de nuestros
pecados.
En este momento no tenemos príncipes,
ni profetas, ni
jefes;
ni holocausto, ni sacrificios,
ni ofrendas, ni incienso;
ni un
sitio donde ofrecerte primicias,
para alcanzar misericordia.
Por eso, acepta nuestro corazón contrito,
y nuestro espíritu
humilde,
como un holocausto de carneros y toros
o una multitud de corderos
cebados;
que éste sea hoy nuestro sacrificio,
y que sea agradable en tu
presencia:
porque los que en ti confían
no quedan defraudados.
Ahora te seguimos de todo corazón,
te respetamos y buscamos tu
rostro.
Ant. 2: Tenemos en Sión una ciudad fuerte: el Salvador ha puesto en ella murallas y baluartes; abrid las puertas, que con nosotros, está Dios. Aleluya.
Ant. 3: Conozca la tierra, Señor, tus caminos, todos los pueblos tu salvación.
Salmo 143, 1-10
ORACIÓN POR LA VICTORIA Y POR LA PAZ
Todo lo puedo
en aquel que
me conforta. (Flp 4, 13)
Bendito el Señor, mi Roca,
que adiestra mis manos para el
combate,
mis dedos para la pelea;
mi bienhechor, mi alcázar,
baluarte donde me pongo a
salvo,
mi escudo y mi refugio,
que me somete los pueblos.
Señor, ¿qué es el hombre para que te fijes en él?
¿Qué los hijos
de Adán para que pienses en ellos?
El hombre es igual que un soplo;
sus
días, una sombra que pasa.
Señor, inclina tu cielo y desciende,
toca los montes, y echarán
humo,
fulmina el rayo y dispérsalos,
dispara tus saetas y
desbarátalos.
Extiende la mano desde arriba:
defiéndeme, líbrame de las aguas
caudalosas,
de la mano de los extranjeros,
cuya boca dice
falsedades,
cuya diestra jura en falso.
Dios mío, te cantaré un cántico nuevo,
tocaré para ti el arpa de
diez cuerdas:
para ti que das la victoria a los reyes,
y salvas a David,
tu siervo.
Ant. 3: Conozca la tierra, Señor, tus caminos, todos los pueblos tu salvación.
V. Dios mío, ven en mi
auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Antífona:
Tercia: Los profetas
anunciaron que el Salvador nacería de María Virgen.
Sexta: El ángel Gabriel saludó a María diciendo:
«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo, bendita tú entre las
mujeres.»
Nona: María dijo: «¿Qué significa
este saludo? Me quedo perpleja ante estas palabras de que daré a luz un Rey sin
perder mi virginidad.»
Salmo 118, 137-144
Señor, tú eres justo, tus mandamientos son rectos;
has prescrito
leyes justas sumamente estables;
me consume el celo,
porque mis enemigos
olvidan tus palabras.
Tu promesa es acrisolada, y tu siervo la ama;
soy pequeño
despreciable,
pero no olvido tus decretos;
tu justicia es justicia
eterna,
tu voluntad es verdadera.
Me asaltan angustias y aprietos,
tus mandatos son mi
delicia;
la justicia de tus preceptos es eterna,
dame inteligencia y
tendré vida.
Salmo 87
ORACIÓN DE UN HOMBRE GRAVEMENTE ENFERMO
Ésta es
vuestra hora,
la del poder de las tinieblas.
(Lc 22,
53)
I
Señor, Dios mío, de día te pido auxilio,
de noche grito en tu
presencia;
llegue hasta ti mi súplica,
inclina tu oído a mi
clamor.
Porque mi alma está colmada de desdichas,
y mi vida está al
borde del abismo,
ya me cuentan con los que bajan a la fosa,
soy como un
inválido.
Tengo mi cama entre los muertos,
como los caídos que yacen en el
sepulcro,
de los cuales ya no guardas memoria,
porque fueron arrancados de
tu mano.
Me has colocado en lo hondo de la fosa,
en las tinieblas del
fondo;
tú cólera pesa sobre mí,
me echas encima todas tus olas.
II
Has alejado de mí a mis conocidos,
me has hecho repugnante para
ellos,
encerrado, no puedo salir,
y los ojos se me nublan de
pesar.
Todo el día te estoy invocando,
tendiendo las manos hacia
ti.
¿Harás tú maravillas por los muertos?
¿Se alzarán las sombras para
darte gracias?
¿Se anuncia en el sepulcro tu misericordia,
o tu fidelidad en el
reino,de la muerte?
¿Se conocen tus maravillas en la tiniebla
o tu
justicia en el país del olvido?
Pero yo te pido auxilio,
por la mañana irá a tu encuentro mi
súplica.
¿Por qué, Señor, me rechazas
y me escondes tu rostro?
Desde niño fui desgraciado y enfermo.
Me doblo bajo el peso de
tus terrores,
pasó sobré mí tu incendio,
tus espantos me han
consumido:
me rodean como las aguas todo el día,
me envuelven todos a
una;
alejaste de mí amigos y compañeros:
mi compañía son las
tinieblas.
Antífona:
Tercia:
Los profetas anunciaron que
el Salvador nacería de María Virgen.
Sexta:
El ángel Gabriel saludó a María diciendo: «Alégrate, llena de gracia, el
Señor está contigo, bendita tú entre las mujeres.»
Nona: María dijo: «¿Qué significa este saludo? Me
quedo perpleja ante estas palabras de que daré a luz un Rey sin perder mi
virginidad.»
INVOCACIÓN INICIAL
V.
Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor,
date prisa en socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Ant.1: Saldrá el Señor de su santuario, y vendrá a salvar a su pueblo.
Salmo 136, 1-6
JUNTO A LOS CANALES DE BABILONIA
Este
destierro y esclavitud material hay que tomarlo
como símbolo de la
esclavitud espiritual. (S. Hilario)
Junto a los canales de Babilonia
nos sentamos a llorar con
nostalgia de Sión;
en los sauces de sus orillas
colgábamos nuestras
cítaras.
Allí los que nos deportaron
nos invitaban a cantar;
nuestros
opresores, a divertirlos:
«Cantadnos un cantar de Sión.»
¡Cómo cantar un cántico del Señor
en tierra extranjera!
Si me
olvido de ti, Jerusalén,
que se me paralice la mano derecha;
que se me pegue la lengua al paladar
si no me acuerdo de
ti,
si no pongo a Jerusalén
en la cumbre de mis alegrías.
Ant.1: Saldrá el Señor de su santuario, y vendrá a salvar a su pueblo.
Ant. 2: Tenemos en Sión una ciudad fuerte: el Salvador ha puesto en ella murallas y baluartes; abrid las puertas, que con nosotros, está Dios. Aleluya.
Salmo 137
HIMNO DE ACCIÓN DE GRACIAS DE UN REY
Los reyes de
la tierra irán a llevar su
esplendor a la ciudad santa.
(cf. Ap 21,
24)
Te doy gracias, Señor, de todo corazón;
delante de los ángeles
tañeré para ti,
me postraré hacia tu santuario,
daré gracias a tu
nombre;
por tu misericordia y tu lealtad,
porque tu promesa supera a tu
fama;
cuando te invoqué, me escuchaste,
acreciste el valor en mi
alma.
Que te den gracias, Señor, los reyes de la tierra
al escuchar el
oráculo de tu boca;
canten los caminos del Señor,
porque la gloria del
Señor es grande.
El Señor es sublime, se fija en el humilde,
y de lejos conoce al
soberbio.
Cuando camino entre peligros,
me conservas la vida;
extiendes
tu brazo contra la ira de mi enemigo,
y tu derecha me salva.
El Señor completará sus favores conmigo:
Señor, tu misericordia
es eterna,
no abandones la obra de tus manos.
Ant. 2: Tenemos en Sión una ciudad fuerte: el Salvador ha puesto en ella murallas y baluartes; abrid las puertas, que con nosotros, está Dios. Aleluya.
Ant. 3: Conozca la tierra, Señor, tus caminos, todos los pueblos tu salvación.
Cántico
Ap 4, 11; 5, 9-10. 12
HIMNO A DIOS CREADOR
Eres digno, Señor Dios nuestro, de recibir la gloria,
el honor y
el poder,
porque tú has creado el universo;
porque por tu voluntad lo que
no existía
fue creado.
Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste
degollado
y por tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza,
lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino
de sacerdotes
y reinan sobre la tierra.
Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza y
la sabiduría,
la fuerza y el honor, la gloria y la alabanza.
Ant. 3: Conozca la tierra, Señor, tus caminos, todos los pueblos tu salvación.
OFICIO DE LECTURA
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera
celebración del día:
V.
Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo
contrario:
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date
prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Ant.1: Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides sus beneficios.
Salmo 102
HIMNO A LA MISERICORDIA DE DIOS
Por la
entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo
alto. (Lc 1, 78)
I
Bendice, alma mía, al Señor,
y todo mi ser a su santo
nombre.
Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides sus
beneficios.
Él perdona todas tus culpas
y cura todas tus enfermedades;
él
rescata tu vida de la fosa
y te colma de gracia y de ternura;
él sacia de
bienes tus anhelos,
y como un águila se renueva tu juventud.
El Señor hace justicia
y defiende a todos los
oprimidos;
enseñó sus caminos a Moisés
y sus hazañas a los hijos de
Israel.
Ant.1: Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides sus beneficios.
Ant. 2: Como un padre siente ternura por sus hijos, siente el Señor ternura por sus fieles.
II
El Señor es compasivo y misericordioso,
lento a la ira y rico en
clemencia;
no está siempre acusando
ni guarda rencor perpetuo;
no nos
trata como merecen nuestros pecados
ni nos paga según nuestras
culpas.
Como se levanta el cielo sobre la tierra,
se levanta su bondad
sobre sus fieles;
como dista el oriente del ocaso,
así aleja de nosotros
nuestros delitos.
Como un padre siente ternura por sus hijos,
siente el Señor
ternura por sus fieles;
porque él sabe de qué estamos hechos,
se acuerda
de que somos barro.
Los días del hombre duran lo que la hierba,
florecen como flor
del campo,
que el viento la roza, y ya no existe,
su terreno no volverá a
verla.
Ant. 2: Como un padre siente ternura por sus hijos, siente el Señor ternura por sus fieles.
Ant. 3: Bendecid al Señor, todas sus obras.
III
Pero la misericordia del Señor dura siempre,
su justicia pasa de
hijos a nietos:
para los que guardan la alianza
y recitan y cumplen sus
mandatos.
El Señor puso en el cielo su trono,
su soberanía gobierna el
universo.
Bendecid al Señor, ángeles suyos,
poderosos ejecutores de sus
órdenes,
prontos a la voz de su palabra.
Bendecid al Señor, ejércitos suyos,
servidores que cumplís sus
deseos.
Bendecid al Señor, todas sus obras,
en todo lugar de su
imperio.
Bendice, alma mía, al Señor.
Ant. 3: Bendecid al Señor, todas sus obras.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera
celebración del día:
V.
Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo
contrario:
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date
prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
La
pena que la tierra soportaba
Que
viene Cristo repiten
SALMODIA
El 24 de diciembre tiene
antífonas propias en Laudes. 24
Ant. 1: Desde Sión vendrá el Señor todopoderoso a salvar a su pueblo.
Salmo 107
ALABANZA AL SEÑOR Y PETICIÓN DE AUXILIO
Porque Cristo
se ha elevado sobre el cielo, su gloria
se anuncia sobre toda la tierra.
(Arnobio)
Dios mío, mi corazón está firme,
+ para ti cantaré y tocaré,
gloria mía.
Despertad, cítara y arpa,
despertaré a la aurora.
Te daré gracias ante los pueblos, Señor,
tocaré para ti ante
las naciones:
por tu bondad, que es más grande que los cielos;
por tu
fidelidad, que alcanza a las nubes.
Elévate sobre el cielo, Dios mío,
y llene la tierra tu gloria;
para que se salven tus predilectos,
que tu mano salvadora nos
responda.
Dios habló en su santuario:
«Triunfante ocuparé Siquén,
parcelaré el valle de Sucot;
mío es Galaad, mío Manasés,
Efraín es
yelmo de mi cabeza,
Judá es mi cetro;
Moab, una jofaina para lavarme,
sobre Edom echo mi sandalia,
sobre Filistea canto victoria.»
Pero ¿quién me guiará a la plaza fuerte,
quién me conducirá a
Edom,
si tú, ¡oh Dios!, nos has rechazado
y no sales ya con nuestras
tropas?
Auxílianos contra el enemigo,
que la ayuda del hombre es inútil;
con Dios haremos proezas,
él pisoteará a nuestros enemigos.
Ant. 1: Desde Sión vendrá el Señor todopoderoso a salvar a su pueblo.
Ant. 2: Por amor de Sión no callaré, hasta que amanezca, como una aurora, su Justo.
Cántico
Is 61, 10-62, 5
ALEGRÍA DEL PROFETA ANTE LA NUEVA JERUSALÉN
Vi la ciudad
santa, la nueva Jerusalén...
arreglada como una novia
que se adorna para
su esposo. ( cf. Ap 21, 2)
Desbordo de gozo con el Señor,
y me alegro con mi
Dios:
porque me ha vestido un traje de gala
y me ha envuelto en un manto
de triunfo,
como a un novio que se pone la corona,
o a una novia que se
adorna con sus joyas.
Como el suelo echa sus brotes,
como un jardín hace brotar sus
semillas,
así el Señor hará brotar la justicia
y los himnos, ante todos
los pueblos.
Por amor de Sión no callaré,
por amor de Jerusalén no
descansaré,
hasta que despunte la aurora de su justicia
y su salvación
llamee como antorcha.
Los pueblos verán tu justicia,
y los reyes, tu gloria;
te
pondrán un nombre nuevo
pronunciado por la boca del Señor.
Serás corona fúlgida en la mano del Señor
y diadema real en la
palma de tu Dios.
Ya no te llamarán «Abandonada»
ni a tu tierra, «Devastada»
a
ti te llamarán «Mi favorita»,
y a tu tierra, «Desposada»,
porque el Señor
te prefiere a ti,
y tu tierra tendrá marido.
Como un joven se casa con su novia,
así te desposa el que te
construyó;
la alegría que encuentra el marido con su esposa,
la encontrará
tu Dios contigo.
Ant. 2: Por amor de Sión no callaré, hasta que amanezca, como una aurora, su Justo.
Ant. 3: El Espíritu del Señor está sobre mí; me ha enviado para dar la Buena Noticia a los pobres.
Salmo 145
FELICIDAD DE LOS QUE ESPERAN EN DIOS
Alabemos al
Señor mientras vivimos,
es decir, con nuestras obras.
(Arnobio)
Alaba, alma mía, al Señor:
alabaré al Señor mientras
viva,
tañeré para mi Dios mientras exista.
No confiéis en los príncipes,
seres de polvo que no pueden
salvar;
exhalan el espíritu y vuelven al polvo,
ese día perecen sus
planes.
Dichoso a quien auxilia el Dios de Jacob,
el que espera en el
Señor, su Dios,
que hizo el cielo y la tierra,
el mar y cuanto hay en
él;
que mantiene su fidelidad perpetuamente,
que hace justicia a los
oprimidos,
que da pan a los hambrientos.
El Señor liberta a los cautivos,
el Señor abre los ojos al
ciego,
el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los
justos,
el Señor guarda a los peregrinos;
sustenta al huérfano y a la
viuda
y trastorna el camino de los malvados.
El Señor reina eternamente,
tu Dios, Sión, de edad en
edad.
Ant. 3: El Espíritu del Señor está sobre mí; me ha enviado para dar la Buena Noticia a los pobres.
V. Dios mío, ven en mi
auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Antífona:
Tercia: Los profetas
anunciaron que el Salvador nacería de María Virgen.
Sexta: El ángel Gabriel saludó a María diciendo:
«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo, bendita tú entre las
mujeres.»
Nona: María dijo: «¿Qué significa
este saludo? Me quedo perpleja ante estas palabras de que daré a luz un Rey sin
perder mi virginidad.»
Salmo 118, 145-152
Te invoco de todo corazón;
respóndeme, Señor, y guardaré tus
leyes;
a ti grito, sálvame,
y cumpliré tus decretos;
me adelanto a la
aurora pidiendo auxilio,
esperando tus palabras.
Mis ojos se adelantan a las vigilias de la noche,
meditando tu
promesa;
escucha mi voz por tu misericordia,
con tus mandamientos dame
vida;
ya se acercan mis inicuos perseguidores,
están lejos de tu
voluntad.
Tú, Señor, estás cerca,
y todos tus mandatos son
estables;
hace tiempo comprendí que tus preceptos
los fundaste para
siempre.
Salmo 93
INVOCACIÓN A LA JUSTICIA DE DIOS
CONTRA LOS OPRESORES
El vengador
de todo esto es el Señor. Dios no nos ha llamado
a una vida impura, sino
sagrada (1Ts 4, 6. 7).
I
Dios de la venganza, Señor,
Dios de la venganza,
resplandece.
Levántate, juzga la tierra,
paga su merecido a los
soberbios.
¿Hasta cuándo, Señor, los culpables,
hasta cuándo triunfarán los
culpables?
Sueltan la lengua profiriendo insolencias,
se jactan los
malhechores;
trituran, Señor, a tu pueblo,
oprimen a tu heredad,
asesinan
a viudas y forasteros,
degüellan a los huérfanos, y comentan:
"Dios no lo
ve, el Dios de Jacob no se entera."
Enteraos los más necios del pueblo,
ignorantes, ¿cuándo
discurriréis?
El que plantó el oído, ¿no va a oír?;
el que formó el ojo,
¿no va a ver?;
el que educa a los pueblos, ¿no va a castigar?;
el que instruye
al hombre, ¿no va a saber?
Sabe el Señor que los pensamientos del
hombre
son insustanciales.
II
Dichoso el hombre a quien tú educas,
al que en enseñas tu
ley,
dándole descanso tras los años duros,
mientras al malvado le cavan la
fosa.
Porque el Señor no rechaza a su pueblo,
ni abandona su
heredad:
el justo obtendrá su derecho,
y un porvenir los rectos de
corazón.
¿Quién se pone a mi favor contra los perversos,
quién se coloca
a mi lado
frente a los malhechores?
Si el Señor no me hubiera
auxiliado,
ya estaría yo habitando en el silencio.
Cuando me parece que voy a tropezar,
tu misericordia Señor, me
sostiene;
cuando se multiplican mis preocupaciones,
tus consuelos son mi
delicia.
¿Podrá aliarse contigo un tribunal inicuo
que dicta injusticias
en hombre de la ley?
Aunque atenten contra la vida del justo
y condenen a muerte al
inocente,
el Señor será mi alcázar,
Dios será mi roca de
refugio.
Él les pagará su iniquidad,
los destruirá por sus
iniquidades,
los destruirá el Señor nuestro Dios.
Antífona:
Tercia:
Los profetas anunciaron que
el Salvador nacería de María Virgen.
Sexta:
El ángel Gabriel saludó a María diciendo: «Alégrate, llena de gracia, el
Señor está contigo, bendita tú entre las mujeres.»
Nona: María dijo: «¿Qué significa este saludo? Me
quedo perpleja ante estas palabras de que daré a luz un Rey sin perder mi
virginidad.»
INVOCACIÓN INICIAL
V.
Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor,
date prisa en socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Ant. 1: Desde Sión vendrá el Señor todopoderoso a salvar a su pueblo.
Salmo 138, 1-18. 23-24
TODO ESTÁ PRESENTE A LOS OJOS DE
DIOS
¿Quién ha
conocido jamás la mente del Señor?
¿Quién ha sido su consejero?
(Rm 11,
34)
Señor, tú me sondeas y me conoces;
me conoces cuando me siento o
me levanto
de lejos penetras mis pensamientos;
distingues mi camino y mi
descanso,
todas mis sendas te son familiares.
No ha llegado la palabra a mi lengua,
y ya, Señor, te la sabes
toda.
Me envuelves por doquier,
me cubres con tu mano.
Tanto saber me
sobrepasa,
es sublime, y no lo abarco.
¿Adónde iré lejos de tu aliento,
adónde escaparé de tu
mirada?
Si escalo el cielo, allí estás tú;
si me acuesto en el abismo,
allí te encuentro;
si vuelo hasta el margen de la aurora,
si emigro hasta el confín
del mar,
allí me alcanzará tu izquierda,
tu diestra llegará hasta
mí.
Si digo: «Que al menos la tiniebla me encubra,
que la luz se
haga noche en torno a mí»,
ni la tiniebla es oscura para ti,
la noche es
clara como el día.
Ant. 1: Desde Sión vendrá el Señor todopoderoso a salvar a su pueblo.
Ant. 2: Por amor de Sión no callaré, hasta que amanezca, como una aurora, su Justo.
II
Tú has creado mis entrañas,
me has tejido en el seno materno.
Te doy gracias,
porque me has escogido portentosamente,
porque son
admirables tus obras;
conocías hasta el fondo de mi alma,
no desconocías
mis huesos.
Cuando, en lo oculto, me iba formando,
y entretejiendo en lo
profundo de la tierra,
tus ojos veían mis acciones,
se escribían todas en
tu libro,
calculados estaban mis días
antes que llegase el
primero.
¡Qué incomparables encuentro tus designios,
Dios mío, qué
inmenso es su conjunto!
Si me pongo a contarlos, son más que arena;
si
los doy por terminados, aún me quedas tú.
Señor, sondéame y conoce mi corazón,
ponme a prueba y conoce
mis sentimientos,
mira si mi camino se desvía,
guíame por el camino
eterno.
Ant. 2: Por amor de Sión no callaré, hasta que amanezca, como una aurora, su Justo.
Ant. 3: El Espíritu del Señor está sobre mí; me ha enviado para dar la Buena Noticia a los pobres.
Cántico
Cf. Col 1, 12-20
HIMNO A CRISTO, PRIMOGÉNITO DE TODA CREATURA Y PRIMER
RESUCITADO DE ENTRE LOS MUERTOS
Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de
compartir,
la herencia del pueblo santo en la luz.
Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha
trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la
redención,
el perdón de los pecados.
Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda creatura;
pues por medio de él fueron creadas
todas las cosas:
celestes y
terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados,
Potestades;
todo fue creado por él y para él.
Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él,
Él es también
la cabeza del cuerpo de la Iglesia.
Él es el principio,
el primogénito
de entre los muertos,
y así es el primero en todo.
Porque en él quiso Dios que residiera
toda la plenitud.
Y
por él quiso reconciliar consigo todas las cosas:
haciendo la paz por la
sangre de su cruz
con todos los seres, así del cielo como de la
tierra.
Ant. 3: El Espíritu del Señor está sobre mí; me ha enviado para dar la Buena Noticia a los pobres.
OFICIO DE LECTURA
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera
celebración del día:
V.
Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo
contrario:
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date
prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Ant.1: No fue su brazo el que les dio la victoria, sino tu diestra y la luz de tu rostro.
Salmo 43
ORACIÓN DEL PUEBLO DE DIOS QUE SUFRE ENTREGADO A SUS
ENEMIGOS
En todo
vencemos fácilmente por aquel
que nos ha amado. (Rm 8,
37)
I
¡Oh Dios!, nuestros oídos lo oyeron,
nuestros padres nos lo han
contado:
la obra que realizaste en sus días,
en los años
remotos.
Tú mismo, con tu mano, desposeíste a los gentiles,
y los
plantaste a ellos;
trituraste a las naciones,
y los hiciste crecer a
ellos.
Porque no fue su espada la que ocupó la tierra,
ni su brazo el
que les dio la victoria;
sino tu diestra y tu brazo y la luz de tu
rostro,
porque tú los amabas.
Mi rey y mi Dios eres tú,
que das la victoria a Jacob:
con tu
auxilio embestimos al enemigo,
en tu nombre pisoteamos al agresor.
Pues yo no confío en mi arco,
ni mi espada me da la
victoria;
tú nos das la victoria sobre el enemigo
y derrotas a nuestros
adversarios.
Dios ha sido siempre nuestro orgullo,
y siempre damos gracias a
tu nombre.
Ant.1: No fue su brazo el que les dio la victoria, sino tu diestra y la luz de tu rostro.
Ant. 2: No apartará el Señor su rostro de vosotros, si os convertís a él.
II
Ahora, en cambio,
nos rechazas y nos avergüenzas,
y ya no
sales, Señor, con nuestras tropas:
nos haces retroceder ante el enemigo,
y
nuestro adversario nos saquea.
Nos entregas como ovejas a la matanza
y nos has dispersado por
las naciones;
vendes a tu pueblo por nada,
no lo tasas muy
alto.
Nos haces el escarnio de nuestros vecinos,
irrisión y burla de
los que nos rodean;
nos has hecho el refrán de los gentiles,
nos hacen
muecas las naciones.
Tengo siempre delante mi deshonra,
y la vergüenza me cubre la
cara
al oír insultos e injurias,
al ver a mi rival y a mi
enemigo.
Ant. 2: No apartará el Señor su rostro de vosotros, si os convertís a él.
Ant. 3: Levántate, Señor, no nos rechaces más.
III
Todo esto nos viene encima,
sin haberte olvidado
ni haber
violado tu alianza,
sin que se volviera atrás nuestro corazón
ni se
desviaran de tu camino nuestros pasos;
y tú nos arrojaste a un lugar de
chacales
y nos cubriste de tinieblas.
Si hubiéramos olvidado el nombre de nuestro Dios
y extendido las
manos a un dios extraño,
el Señor lo habría averiguado,
pues él penetra
los secretos del corazón.
Por tu causa nos degüellan cada día,
nos tratan como a ovejas de
matanza.
Despierta, Señor, ¿por qué duermes?
Levántate, no nos rechaces
más.
¿Por qué nos escondes tu rostro
y olvidas nuestra desgracia y
opresión?
Nuestro aliento se hunde en el polvo,
nuestro vientre está
pegado al suelo.
Levántate a socorrernos,
redímenos por tu
misericordia.
Ant. 3: Levántate, Señor, no nos rechaces más.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera
celebración del día:
V.
Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo
contrario:
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date
prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
La
pena que la tierra soportaba
Que
viene Cristo repiten
SALMODIA
El 24 de diciembre tiene
antífonas propias en Laudes. 24
Ant. 1: A ti, Señor, levanto mi alma; ven y líbrame, Señor, que en ti confío.
Salmo 142, 1-11
LAMENTACIÓN Y SÚPLICA ANTE LA
ANGUSTIA
El hombre no
se justifica por
cumplir la ley, sino por creer
en Cristo Jesús. (Ga 2,
16)
Señor, escucha mi oración;
tú que eres fiel, atiende a mi
súplica;
tú que eres justo, escúchame.
No llames a juicio a tu
siervo,
pues ningún hombre vivo es inocente frente a ti.
El enemigo me persigue a muerte,
empuja mi vida al
sepulcro,
me confina a las tinieblas
como a los muertos ya
olvidados.
Mi aliento desfallece,
mi corazón dentro de mí está
yerto.
Recuerdo los tiempos antiguos,
medito todas tus
acciones,
considero las obras de tus manos
y extiendo mis brazos hacia
ti:
tengo sed de ti como tierra reseca.
Escúchame en seguida, Señor,
que me falta el aliento.
No me
escondas tu rostro,
igual que a los que bajan a la fosa.
En la mañana hazme escuchar tu gracia,
ya que confío en
ti;
indícame el camino que he de seguir,
pues levanto mi alma a
ti.
Líbrame del enemigo, Señor,
que me refugio en ti.
Enséñame a
cumplir tu voluntad,
ya que tú eres mi Dios.
Tu espíritu, que es
bueno,
me guíe por tierra llana.
Por tu nombre, Señor, consérvame vivo;
por tu clemencia, sácame
de la angustia.
Ant. 1: A ti, Señor, levanto mi alma; ven y líbrame, Señor, que en ti confío.
Ant. 2: Da su paga, Señor, a los que esperan en ti, para que tus profetas sean hallados veraces.
Cántico
Is 66, 10-14a
CONSUELO Y GOZO PARA LA CIUDAD SANTA
La Jerusalén
de arriba es libre;
ésa es nuestra madre. (Ga 4,26)
Festejad a Jerusalén, gozad con ella,
todos los que la
amáis,
alegraos de su alegría,
los que por ella llevasteis luto;
a su
pecho seréis alimentados
y os saciaréis de sus consuelos
y apuraréis las
delicias
de sus pechos abundantes.
Porque así dice el Señor:
«Yo haré derivar hacia ella
como un
río la paz,
como un torrente en crecida,
las riquezas de las
naciones.
Llevarán en brazos a sus criaturas
y sobre las rodillas las
acariciarán;
como a un niño a quien su madre consuela,
así os consolaré
yo
y en Jerusalén seréis consolados.
Al verlo se alegrará vuestro corazón,
y vuestros huesos
florecerán como un prado.»
Ant. 2: Da su paga, Señor, a los que esperan en ti, para que tus profetas sean hallados veraces.
Ant. 3: Vuélvete, Señor, a nosotros y no tardes más en venir.
Salmo 146
PODER Y BONDAD DEL SEÑOR
Señor, Dios
eterno, alegres te cantamos,
a ti nuestra alabanza.
Alabad al Señor, que la música es buena;
nuestro Dios merece una
alabanza armoniosa.
El Señor reconstruye Jerusalén,
reúne a los deportados de
Israel;
él sana los corazones destrozados,
venda sus heridas.
Cuenta el número de las estrellas,
a cada una la llama por su
nombre.
Nuestro Señor es grande y poderoso,
su sabiduría no tiene
medida.
El Señor sostiene a los humildes,
humilla hasta el polvo a los
malvados.
Entonad la acción de gracias al Señor,
tocad la cítara para
nuestro Dios,
cubre el cielo de nubes,
preparando la lluvia para la
tierra;
que hace brotar hierba en los montes,
para los que sirven al
hombre;
que da su alimento al ganado,
y a las crías de cuervo que
graznan.
No aprecia el vigor de los caballos,
no estima los músculos del
hombre:
el Señor aprecia a sus fieles,
que confían en su
misericordia.
Ant. 3: Vuélvete, Señor, a nosotros y no tardes más en venir.
V. Dios mío, ven en mi
auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Antífona:
Tercia: Los profetas
anunciaron que el Salvador nacería de María Virgen.
Sexta: El ángel Gabriel saludó a María diciendo:
«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo, bendita tú entre las
mujeres.»
Nona: María dijo: «¿Qué significa
este saludo? Me quedo perpleja ante estas palabras de que daré a luz un Rey sin
perder mi virginidad.»
Salmo 118, 153-160
Mira mi abatimiento y líbrame,
porque no olvido tu
voluntad;
defiende mi causa y rescátame,
con tu promesa dame vida;
la
justicia está lejos de los malvados
que no buscan tus leyes.
Grande es tu ternura, Señor,
con tus mandamientos dame
vida;
muchos son los enemigos que me persiguen,
pero yo no me aparto de
tus preceptos;
viendo a los renegados sentía indignación,
porque no
guardan tus mandatos.
Mira cómo amo tus decretos, Señor,
por tu misericordia dame
vida;
el compendio de tu palabra es la verdad,
y tus justos juicios son
eternos.
Salmo 127
PAZ DOMÉSTICA EN EL HOGAR DEL JUSTO
«Que el Señor
te bendiga desde Sión»,
es decir, desde su Iglesia.
(Arnobio)
¡Dichoso el que teme al Señor
y sigue sus caminos!
Comerás del fruto de tu trabajo,
serás dichoso, te irá
bien;
tu mujer, como una vid fecunda,
en medio de tu casa;
tus hijos, como renuevos de olivo,
alrededor de tu mesa:
ésta
es la bendición del hombre
que teme al Señor.
Que el Señor te bendiga desde Sión,
que veas la prosperidad de
Jerusalén
todos los días de tu vida;
que veas a los hijos de tus
hijos.
¡Paz a Israel!
Salmo 128
ESPERANZA DE UN PUEBLO OPRIMIDO
La Iglesia
habla de los sufrimientos
que tiene que tolerar. (S.
Agustín)
¡Cuánta guerra me han hecho desde mi juventud
-que lo diga
Israel-,
cuánta guerra me han hecho desde mi juventud,
pero no pudieron
conmigo!
Sobre mis espaldas metieron el arado
y alargaron los
surcos.
Pero el Señor, que es justo,
rompió las coyundas de los
malvados.
Retrocedan, avergonzados,
los que odian a Sión;
sean como la
hierba del tejado,
que se seca y nadie la siega;
que no llena la mano del segador
ni la brazada del que
agavilla;
ni le dicen los que pasan:
«Que el Señor te bendiga.»
Os bendecimos en el nombre del Señor.
Antífona:
Tercia:
Los profetas anunciaron que
el Salvador nacería de María Virgen.
Sexta:
El ángel Gabriel saludó a María diciendo: «Alégrate, llena de gracia, el
Señor está contigo, bendita tú entre las mujeres.»
Nona: María dijo: «¿Qué significa este saludo? Me
quedo perpleja ante estas palabras de que daré a luz un Rey sin perder mi
virginidad.»
INVOCACIÓN INICIAL
V.
Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor,
date prisa en socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Ant. 1: A ti, Señor, levanto mi alma; ven y líbrame, Señor, que en ti confío.
Salmo 143
ORACIÓN POR LA VICTORIA Y POR LA PAZ
Su brazo se
adiestró en la pelea,
cuando venció al mundo; dijo, en efecto:
«Yo he
vencido al mundo.» (S. Hilario)
I
Bendito el Señor, mi Roca,
que adiestra mis manos para el
combate,
mis dedos para la pelea;
mi bienhechor, mi alcázar,
baluarte donde me pongo a salvo,
mi escudo y mi refugio,
que me somete los pueblos.
Señor, ¿qué es el hombre para que te fijes en él?
¿Qué los
hijos de Adán para que pienses en ellos?
El hombre es igual que un soplo;
sus días, una sombra que pasa.
Señor, inclina tu cielo y desciende,
toca los montes, y echarán
humo,
fulmina el rayo y dispérsalos,
dispara tus saetas y
desbarátalos.
Extiende la mano desde arriba:
defiéndeme, líbrame de las aguas
caudalosas,
de la mano de los extranjeros,
cuya boca dice falsedades,
cuya diestra jura en falso.
Ant. 1: A ti, Señor, levanto mi alma; ven y líbrame, Señor, que en ti confío.
Ant. 2: Da su paga, Señor, a los que esperan en ti, para que tus profetas sean hallados veraces.
II
Dios mío, te cantaré un cántico nuevo,
tocaré para ti el arpa
de diez cuerdas:
para ti que das la victoria a los reyes,
y salvas a
David, tu siervo.
Defiéndeme de la espada cruel,
sálvame de las manos de
extranjeros,
cuya boca dice falsedades,
cuya diestra jura en
falso.
Sean nuestros hijos un plantío,
crecidos desde su adolescencia;
nuestras hijas sean columnas talladas,
estructura de un
templo.
Que nuestros silos estén repletos
de frutos de toda especie;
que nuestros rebaños a millares
se multipliquen en las praderas,
y
nuestros bueyes vengan cargados;
que no haya brechas ni aberturas,
ni
alarma en nuestras plazas.
Dichoso el pueblo que esto tiene,
dichoso el pueblo cuyo Dios
es el Señor.
Ant. 2: Da su paga, Señor, a los que esperan en ti, para que tus profetas sean hallados veraces.
Ant. 3: Vuélvete, Señor, a nosotros y no tardes más en venir.
Cántico
Ap 11,17-18;12,10b-12a
EL JUICIO DE DIOS
Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,
el que eres y el que
eras,
porque has asumido el gran poder
y comenzaste a reinar.
Se encolerizaron las naciones,
llegó tu cólera,
y el tiempo
de que sean juzgados los muertos,
y de dar el galardón a tus siervos los
profetas,
y a los santos y a los que temen tu nombre,
y a los pequeños y a
los grandes,
y de arruinar a los que arruinaron la tierra.
Ahora se estableció la salud y el poderío,
y el reinado de
nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fue precipitado
el
acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios día y
noche.
Ellos le vencieron
en virtud de la sangre del Cordero
y por
la palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su vida que temieran
la muerte.
Por esto, estad alegres, cielos,
y los que moráis en sus
tiendas.
Ant. 3: Vuélvete, Señor, a nosotros y no tardes más en venir.
OFICIO DE LECTURA
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera
celebración del día:
V.
Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo
contrario:
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date
prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Ant.1: Nuestros padres nos contaron el poder del Señor y las maravillas que realizó.
Salmo
77,1-39
BONDAD DE DIOS E INFIDELIDAD DEL PUEBLO A TRAVÉS DE LA HISTORIA DE LA
SALVACIÓN
Estas cosas sucedieron
en figura para vosotros.
(1Co 10,6)
I
Escucha, pueblo mío, mi
enseñanza,
inclina el oído a las palabras de mi boca:
que voy a abrir mi
boca a las sentencias,
para que broten los enigmas del pasado.
Lo que oímos y aprendimos,
lo que nuestros padres nos contaron,
no lo ocultaremos a sus hijos,
lo contaremos a la próxima generación:
las alabanzas del Señor,
su
poder, las maravillas que realizó:
porque él estableció una norma para
Jacob,
dio una ley a Israel.
Él mandó a nuestros padres
que lo enseñaran a sus hijos,
para que lo supiera la generación
siguiente:
los hijos que nacieran después.
Que surjan y le cuenten a sus
hijos,
para que pongan en Dios su confianza
y no olviden las acciones de
Dios,
sino que guarden sus mandamientos;
para que no imiten a sus
padres,
generación rebelde y pertinaz;
generación de corazón
inconstante,
de espíritu infiel a Dios.
Los arqueros de la tribu de
Efraím
volvieron la espalda en la batalla;
no guardaron la alianza de
Dios,
se negaron a seguir su ley,
echando en olvido sus acciones,
las maravillas que les había mostrado,
cuando hizo portentos a vista de
sus padres,
en el país de Egipto, en el campo de Soán:
hendió el mar para abrirles
paso,
sujetando a las aguas como muros;
los guiaba de día con una nube,
de noche con el resplandor del fuego;
hendió la roca en el desierto,
y les dio a beber raudales de agua;
sacó arroyos de la peña,
hizo
correr las aguas como ríos.
Ant.1: Nuestros padres nos contaron el poder del Señor y las maravillas que realizó.
Ant. 2: Los hijos comieron el maná y bebieron de la roca espiritual que los seguía.
II
Pero ellos volvieron a pecar
contra él,
y en el desierto se rebelaron contra el Altísimo:
tentaron a
Dios en sus corazones,
pidiendo una comida a su gusto;
hablaron contra Dios: «¿Podrá
Dios
preparar una mesa en el desierto?
Él hirió la roca, brotó agua
y desbordaron los torrentes;
pero ¿podrá también darnos pan,
proveer
de carne a su pueblo?»
Lo oyó el Señor, y se indignó;
un fuego se encendió contra Jacob,
hervía su cólera contra Israel,
porque no tenían fe en Dios
ni confiaban en su auxilio.
Pero dio orden a las altas
nubes,
abrió las compuertas del cielo:
hizo llover sobre ellos maná,
les dio un trigo celeste;
y el hombre comió pan de ángeles,
les
mandó provisiones hasta la hartura.
Hizo soplar desde el cielo el
levante,
y dirigió con su fuerza el viento sur;
hizo llover carne como
una polvareda,
y volátiles como arena del mar;
los hizo caer en mitad
del campamento,
alrededor de sus tiendas.
Ellos comieron y se hartaron,
así satisfizo su avidez;
pero con la avidez recién saciada,
con la
comida aún en la boca,
la ira de Dios hirvió contra ellos:
mató a los
más robustos,
doblegó a la flor de Israel.
Ant. 2: Los hijos comieron el maná y bebieron de la roca espiritual que los seguía.
Ant. 3: Se acordaron de que Dios era su roca y su redentor.
III
Y con todo, volvieron a pecar,
y no dieron fe a sus milagros:
entonces consumió sus días en un soplo,
sus años en un momento;
y, cuando los hacía morir, lo
buscaban,
y madrugaban para volverse hacia Dios;
se acordaban de que
Dios era su roca,
el Dios Altísimo, su redentor.
Lo adulaban con sus bocas,
pero sus lenguas mentían:
su corazón no era sincero con él,
ni eran
fieles a su alianza.
Él, en cambio, sentía lástima,
perdonaba la culpa y no los destruía:
una y otra vez reprimió su cólera,
y no despertaba todo su furor;
acordándose que eran de carne,
un
aliento fugaz que no torna.
Ant. 3: Se acordaron de que Dios era su roca y su redentor.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera
celebración del día:
V.
Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo
contrario:
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date
prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
La
pena que la tierra soportaba
Que
viene Cristo repiten
SALMODIA
El 24 de diciembre tiene
antífonas propias en Laudes. 24
Ant. 1: De Sión vendrá el Señor que ha de reinar: su nombre será Emmanuel.
Salmo 50
CONFESIÓN DEL PECADOR ARREPENTIDO
Renovaos en
la mente y en el espíritu
y vestíos de la nueva condición
humana. (cf. Ef.
4, 23-24)
Misericordia, Dios mío, por tu bondad;
por tu inmensa compasión
borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado.
Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado:
contra ti, contra ti solo pequé,
cometí la maldad que
aborreces.
En la sentencia tendrás razón,
en el juicio brillará tu
rectitud.
Mira, que en la culpa nací,
pecador me concibió mi
madre.
Te gusta un corazón sincero,
y en mi interior me inculcas
sabiduría.
Rocíame con el hisopo: quedaré limpio;
lávame: quedaré más
blanco que la nieve.
Hazme oír el gozo y la alegría,
que se alegren los huesos
quebrantados.
Aparta de mi pecado tu vista,
borra en mí toda
culpa.
¡Oh Dios!, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con
espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo
espíritu.
Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu
generoso:
enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a
ti.
Líbrame de la sangre, ¡oh Dios,
Dios, Salvador mío!,
y
cantará mi lengua tu justicia.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca
proclamará tu alabanza.
Los sacrificios no te satisfacen;
si te ofreciera un
holocausto, no lo querrías.
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado:
un
corazón quebrantado y humillado,
tú no lo desprecias.
Señor, por tu bondad, favorece a Sión,
reconstruye las murallas
de Jerusalén:
entonces aceptarás los sacrificios rituales,
ofrendas y
holocaustos,
sobre tu altar se inmolarán novillos.
Ant. 1: De Sión vendrá el Señor que ha de reinar: su nombre será Emmanuel.
Ant. 2: Perseverad constantes, a vosotros vendrá el auxilio del Señor.
Cántico
Tb 13, 10-15. 17-19
ACCIÓN DE GRACIAS POR LA LIBERACIÓN DEL PUEBLO
Me enseñó la
ciudad santa,
Jerusalén, que traía la gloria
de Dios. (Ap 21,
10-11)
Anuncien todos los pueblos sus maravillas
y alábenle sus
elegidos en Jerusalén,
la ciudad del Santo;
por las obras de tus hijos te
azotará,
pero de nuevo se compadecerá
de los hijos de los
justos.
Confiesa dignamente al Señor
y bendice al rey de los siglos,
para que de nuevo sea en ti
edificado su tabernáculo con alegría,
para que alegre en ti a los cautivos
y muestre en ti su amor hacia los
desdichados,
por todas las generaciones y generaciones.
Brillarás cual luz de lámpara
y todos los confines de la tierra
vendrán a ti.
Pueblos numerosos vendrán de lejos
al nombre del Señor,
nuestro Dios,
trayendo ofrendas en sus manos,
ofrendas para el rey del
cielo.
Las generaciones de las generaciones
exultarán en ti.
Y
benditos para siempre todos los que te aman.
Alégrate y salta de gozo por los hijos de los justos,
que serán
congregados,
y al Señor de los justos bendecirán.
Dichosos los que te aman;
en tu paz se alegrarán.
Dichosos
cuantos se entristecieron por tus azotes,
pues en ti se alegrarán
contemplando toda tu gloria,
y se regocijarán para siempre.
Bendice, alma mía, a Dios, rey grande,
porque Jerusalén con
zafiros y esmeraldas
será reedificada,
con piedras preciosas sus muros
y con oro puro sus torres y sus almenas.
Ant. 2: Perseverad constantes, a vosotros vendrá el auxilio del Señor.
Ant. 3: Yo miro atento al Señor, espero en Dios, mi salvador.
Salmo 147
RESTAURACIÓN DE JERUSALÉN
Ven y te
mostraré la desposada,
la esposa del Cordero. (Ap 21,
9)
Glorifica al Señor, Jerusalén;
alaba a tu Dios, Sión:
que
ha reforzado los cerrojos de tus puertas
y ha bendecido a tus hijos dentro
de ti;
ha puesto paz en tus fronteras,
te sacia con flor de
harina.
Él envía su mensaje a la tierra,
y su palabra corre veloz;
manda la nieve como lana,
esparce la escarcha como ceniza;
hace caer el hielo como migajas
y con el frío congela las
aguas;
envía una orden, y se derriten;
sopla su aliento, y
corren.
Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a Israel;
con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus
mandatos.
Ant. 3: Yo miro atento al Señor, espero en Dios, mi salvador.
V. Dios mío, ven en mi
auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Antífona:
Tercia: Los profetas
anunciaron que el Salvador nacería de María Virgen.
Sexta: El ángel Gabriel saludó a María diciendo:
«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo, bendita tú entre las
mujeres.»
Nona: María dijo: «¿Qué significa
este saludo? Me quedo perpleja ante estas palabras de que daré a luz un Rey sin
perder mi virginidad.»
Salmo 118, 161-168
Los nobles me perseguían sin motivo,
pero mi corazón respetaba
tus palabras;
yo me alegraba con tu promesa,
como el que encuentra un rico
botín;
detesto y aborrezco la mentira,
y amo tu voluntad.
Siete veces al día te alabo
por tus justos
mandamientos;
mucha paz tienen los que aman tus leyes,
y nada los hace
tropezar;
aguardo tu salvación, Señor,
y cumplo tus mandatos.
Mi alma guarda tus preceptos
y los ama intensamente;
guardo
tus decretos,
y tú tienes presentes mis caminos.
Salmo 132
FELICIDAD DE LA CONCORDIA FRATERNA
Amémonos unos
a otros,
ya que el amor es de Dios.
(1Jn 4, 7).
Ved qué paz y qué alegría,
convivir los hermanos
unidos.
Es ungüento precioso en la cabeza,
que va bajando por la
barba,
que baja por la barba de Aarón,
hasta la franja de su
ornamento.
Es rocío del Hermón, que va bajando
sobre el monte
Sión.
Porque allí manda el Señor la bendición:
la vida para
siempre.
Salmo 139, 1-9. 13-14
TÚ ERES MI REFUGIO
El Hijo del
hombre va a ser entregado
en manos de los pecadores.
(Mt 26,
45)
Líbrame, Señor, del malvado,
guárdame del hombre
violento,
que planean maldades en su corazón
y todo el día provocan
contiendas;
afilan sus lenguas como serpientes,
con veneno de víboras en
los labios.
Defiéndeme, Señor, de la mano perversa,
guárdame de los hombres
violentos,
que preparan zancadillas a mis pasos.
Los soberbios me esconden
trampas,
los perversos me tienden una red
y por el camino me colocan
lazos.
Pero yo digo al Señor: "Tú eres mi Dios";
Señor, atiende a mis
gritos de socorro;
Señor Dios, mi fuerte salvador,
que cubres mi cabeza el
día de la batalla.
Señor, no le concedas sus deseos al malvado,
no des éxito a sus
proyectos.
Yo sé que el Señor hace justicia al afligido
y defiende el
derecho del pobre.
Los justos alabarán tu nombre,
los honrados habitarán
en tu presencia.
Antífona:
Tercia:
Los profetas anunciaron que
el Salvador nacería de María Virgen.
Sexta:
El ángel Gabriel saludó a María diciendo: «Alégrate, llena de gracia, el
Señor está contigo, bendita tú entre las mujeres.»
Nona: María dijo: «¿Qué significa este saludo? Me
quedo perpleja ante estas palabras de que daré a luz un Rey sin perder mi
virginidad.»
INVOCACIÓN INICIAL
V.
Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor,
date prisa en socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Ant. 1: De Sión vendrá el Señor que ha de reinar: su nombre será Emmanuel.
Salmo 144
HIMNO A LA GRANDEZA DE DIOS
Justo eres
tú, Señor, el que es
y que era, el Santo. (Ap 16, 5)
I
Te ensalzaré, Dios mío, mi rey;
bendeciré tu nombre por siempre
jamás.
Día tras día te bendeciré
y alabaré tu nombre por siempre
jamás.
Grande es el Señor, merece toda alabanza,
es incalculable su
grandeza;
una generación pondera tus obras a la otra,
y le cuenta tus
hazañas.
Alaban ellos la gloria de tu majestad,
y yo repito tus
maravillas;
encarecen ellos tus temibles proezas,
yo narro tus grandes
acciones;
difunden la memoria de tu inmensa bondad,
y aclaman tus
victorias.
El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico
en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus
creaturas.
Que todas tus creaturas te den gracias, Señor,
que te bendigan
tus fieles;
que proclamen la gloria de tu reinado,
que hablen de tus
hazañas;
explicando tus proezas a los hombres,
la gloria y majestad de tu
reinado.
Tu reinado es un reinado perpetuo,
tu gobierno va de edad en
edad.
Ant. 1: De Sión vendrá el Señor que ha de reinar: su nombre será Emmanuel.
Ant. 2: Perseverad constantes, a vosotros vendrá el auxilio del Señor.
II
El Señor es fiel a sus palabras,
bondadoso en todas sus
acciones.
El Señor sostiene a los que van a caer,
endereza a los que ya se
doblan.
Los ojos de todos te están aguardando,
tú les das la comida a su
tiempo;
abres tú la mano,
y sacias de favores a todo viviente.
El Señor es justo en todos sus caminos,
es bondadoso en todas
sus acciones;
cerca está el Señor de los que lo invocan,
de los que lo
invocan sinceramente.
Satisface los deseos de sus fieles,
escucha sus gritos, y los
salva.
El Señor guarda a los que lo aman,
pero destruye a los
malvados.
Pronuncie mi boca la alabanza del Señor,
todo viviente bendiga
su santo nombre
por siempre jamás.
Ant. 2: Perseverad constantes, a vosotros vendrá el auxilio del Señor.
Ant. 3: Yo miro atento al Señor, espero en Dios, mi salvador.
Cántico
Ap 15, 3-4
CANTO DE LOS VENCEDORES
Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor, Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los siglos!
¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu nombre?
Porque tú
solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán en tu
acatamiento,
porque tus juicios se hicieron manifiestos.
Ant. 3: Yo miro atento al Señor, espero en Dios, mi salvador.
OFICIO DE LECTURA
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera
celebración del día:
V.
Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo
contrario:
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date
prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Ant. 1: El Señor los rescató de la opresión.
Salmo 77,40-72
Estas cosas sucedieron en
figura para vosotros.
(1Co 10,6)
IV
¡Qué rebeldes fueron en el
desierto,
enojando a Dios en la estepa!
Volvían a tentar a Dios,
a
irritar al Santo de Israel,
sin acordarse de aquella mano
que un día los
rescató de la opresión;
cuando hizo prodigios en
Egipto,
portentos en el campo de Soán;
cuando convirtió en sangre
los canales y los arroyos,
para que no bebieran;
cuando les mandó tábanos que
les picasen,
y ranas que los hostigasen;
cuando entregó a la langosta
sus cosechas,
y al saltamontes el fruto de sus sudores;
cuando aplastó con granizo sus
viñedos,
y con escarcha sus higueras,
cuando entregó sus ganados al
pedrisco,
y al rayo sus rebaños;
cuando lanzó contra ellos el
incendio de su ira,
su cólera, su furor, su indignación
y, despachando a
los siniestros mensajeros,
dio curso libre a su ira:
no los salvó de la muerte,
entregó sus vidas a la peste;
cuando hirió a los primogénitos en Egipto,
a las primicias de la virilidad
en las tiendas de Cam.
Ant.1: El Señor los rescató de la opresión.
Ant. 2: Los hizo llegar el Señor hasta el monte que su diestra había adquirido.
V
Sacó como un rebaño a su
pueblo,
los guió como un hato por el desierto,
los condujo seguros, sin
alarmas,
mientras el mar cubría a sus enemigos;
los hizo entrar por las santas
fronteras
hasta el monte que su diestra había adquirido;
ante ellos
rechazó a las naciones,
les asignó por suerte su heredad:
instaló en sus
tiendas a las tribus de Israel.
Pero ellos tentaron a Dios
altísimo y se rebelaron,
negándose a guardar sus preceptos;
desertaron y
traicionaron como sus padres,
fallaron como un arco engañoso;
con sus
altozanos lo irritaban,
con sus ídolos provocaban sus celos.
Dios lo oyó y se indignó,
y
rechazó totalmente a Israel;
abandonó su morada de Silo,
la tienda en
que habitaba con los hombres;
abandonó sus valientes al
cautiverio,
su orgullo a las manos enemigas;
entregó su pueblo a la
espada,
encolerizado contra su heredad;
el fuego devoraba a los
jóvenes,
y las novias ya no tenían cantos;
los sacerdotes caían a
espada,
y sus viudas no los lloraban.
Ant. 2: Los hizo llegar el Señor hasta el monte que su diestra había adquirido.
Ant. 3: Escogió a la tribu de Judá y eligió a David, su siervo, para pastorear a Israel, su heredad.
VI
Pero el Señor se despertó como
de un sueño,
como un soldado vencido por el vino:
hirió al enemigo en la
espalda,
infligiéndole una derrota perdurable.
Repudió las tiendas de José,
no escogió la tribu de Efraím;
escogió la tribu de Judá
y el monte
Sión, su preferido.
Construyó su santuario como el cielo,
como a la
tierra lo cimentó para siempre.
Escogió a David, su siervo,
lo sacó de los apriscos del rebaño;
de andar tras las ovejas,
lo
llevó a pastorear a su pueblo Jacob,
a Israel, su heredad.
Los pastoreó con corazón
íntegro,
los guiaba con mano inteligente.
Ant. 3: Escogió a la tribu de Judá y eligió a David, su siervo, para pastorear a Israel, su heredad.
V. El Señor anuncia su palabra
a Jacob.
R. Sus decretos y mandatos a Israel.
PRIMERA LECTURA
Año I:
Del libro del profeta Isaías 44, 1-8. 21-23
PROMESAS DE REDENCIÓN DE ISRAEL
Escucha, Jacob, siervo mío; Israel, mi elegido: Así dice el Señor que te hizo, que te formó en el seno y te auxilia:
«No temas, siervo mío, Jacob, mi amado, mi elegido; voy a derramar agua sobre lo sediento y torrentes en el páramo; voy a derramar mi aliento sobre tu estirpe y mi bendición sobre tus vástagos. Crecerán como hierba junto a la fuente, como sauces junto a las acequias. Uno dirá: "Soy del Señor"; otro se pondrá el nombre de Jacob; uno se tatuará en el brazo: "Del Señor", y se apellidará Israel.»
Así dice el Señor, Rey de Israel, su redentor, el Señor de los ejércitos:
«Yo soy el primero y yo soy el último; fuera de mí no hay dios. ¿Quién se parece a mí? Que se levante y hable, que lo explique y me lo exponga. ¿Quién anunció de antemano el porvenir, quién nos predice lo que ha de suceder? No temáis, no tembléis: ¿no lo anuncié y lo predije por adelantado? Vosotros sois testigos: ¿hay un dios fuera de mí? No existe roca que yo no conozca.
Acuérdate de esto, Jacob; de que eres mi siervo, Israel. Yo te formé, siervo mío eres, Israel, no te olvidaré. He disipado como niebla tus rebeliones, como nube tus pecados: vuelve a mí, que yo soy tu redentor.»
Aclamad, cielos, porque el Señor ha actuado; vitoread, simas de la tierra; romped en aclamaciones, montañas, y tú, bosque, con todos tus árboles; porque el Señor ha redimido a Jacob y se gloría de Israel.
Responsorio Is 40, 9
R. Súbete a un monte elevado,
heraldo de Sión; * di a las ciudades de Judá:
«Aquí está vuestro Dios.»
V. Alza fuerte la voz, heraldo de Jerusalén.
R.
Di a las ciudades de Judá: «Aquí está vuestro Dios.»
Año II:
Del libro del profeta Isaías 51, 17-52, 2. 7-10
JERUSALÉN ES EVANGELIZADA
Despierta, despierta, ponte en pie, Jerusalén, que bebiste de la mano del Señor la copa de su ira y apuraste hasta el fondo el cáliz del vértigo. Entre los hijos que engendró, no hay quien la guíe; entre los hijos que crió, no hay quien la lleve de la mano.
Esos dos males te han sucedido: saqueo y destrucción, hambre y espada: ¿quién se compadece de ti?, ¿quién te consuela? Tus hijos yacen desfallecidos en las esquinas de las calles, como antílopes en la red, repletos de la ira del Señor, de la amenaza de tu Dios.
Por tanto, escucha esto, pobrecilla, embriagada, mas no de vino. Así dice el Señor, tu Dios, defensor de tu pueblo:
«Mira, yo quito de tu mano la copa del vértigo, no volverás a beber del vaso de mi ira; lo pondré en la mano de tus verdugos, que te decían: "Póstrate para que pasemos encima"; y tú presentabas la espalda como suelo, como calzada para los transeúntes.»
Despierta, despierta; revístete de fortaleza, Sión; vístete el traje de gala, Jerusalén, ciudad santa; porque no I volverán a entrar en ti incircuncisos ni impuros.
Sacúdete el polvo, ponte en pie, Jerusalén cautiva; desata las correas de tu cuello, cautiva hija de Sión.
¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae la dicha, que anuncia la salvación, que dice a Sión: «Ya reina tu Dios»!
Escucha: tus vigías gritan, cantan a coro, porque ven cara a cara al Señor que vuelve a Sión.
Prorrumpid a una en gritos de júbilo, soledades de Jerusalén, porque el Señor consuela a su pueblo y ha rescatado a Jerusalén: el Señor desnuda su santo brazo a la vista de todas las naciones, y verán los confines de la tierra la victoria de nuestro Dios.
Responsorio Cf. Ex 19, 10. 11; Dt 7, 15; cf. Dn 9, 24
R. Purificaos, hijos de Israel:
porque mañana descenderá el Señor, * y alejará
de vosotros toda enfermedad.
V. Mañana quedará borrada la iniquidad de la
tierra y sobre nosotros reinará el Salvador del mundo.
R. Y alejará de
vosotros toda enfermedad.
SEGUNDA LECTURA
De los Sermones de san Agustín, obispo
(Sermón 185: PL 38, 997-999)
LA VERDAD BROTA DE LA TIERRA Y LA JUSTICIA MIRA DESDE EL CIELO
Despierta, hombre: por ti Dios se hizo hombre. Despierta, tú que duermes, surge de entre los muertos, y Cristo con su luz te alumbrará. Te lo repito: por ti Dios se hizo hombre.
Estarías muerto para siempre, si él no hubiera nacido en el tiempo. Nunca hubieras sido librado de la carne del pecado, si él no hubiera asumido una carne semejante a la del pecado. Estarías condenado a una miseria eterna, si no hubieras recibido tan gran misericordia. Nunca hubieras vuelto a la vida, si él no se hubiera sometido voluntariamente a tu muerte. Hubieras perecido, si él no te hubiera auxiliado. Estarías perdido sin remedio, si él no hubiera venido a salvarte.
Celebremos, pues, con alegría la venida de nuestra salvación y redención. Celebremos este día de fiesta, en el cual el grande y eterno Día, engendrado por el que también es grande y eterno Día, vino al día tan breve de esta nuestra vida temporal.
Él se ha hecho para nosotros justicia, santificación y redención. Y así -como dice la Escritura- «el que se gloria que se gloríe en el Señor.»
La verdad brota, realmente, de la tierra, pues Cristo, que dijo: Yo soy la verdad, nació de la Virgen. Y la justicia mira desde el cielo, pues nadie es justificado por sí mismo, sino por su fe en aquel que por nosotros ha nacido. La verdad brota de la tierra, porque la Palabra se hizo carne. Y la justicia mira desde el cielo, porque toda dádiva preciosa y todo don perfecto provienen de arriba. La verdad brota de la tierra, es decir, la carne de Cristo es engendrada en María. Y la justicia mira desde el cielo, porque nadie puede apropiarse nada, si no le es dado del cielo.
Ya que hemos recibido la justificación por la fe, estamos en paz con Dios, porque la justicia y la paz se besan.
Por medio de nuestro Señor Jesucristo, porque la verdad brota de la tierra. Por él hemos obtenido el acceso a esta gracia en que estamos: y nos gloriamos apoyados en la esperanza de la gloria de Dios. Fíjate que no dice «nuestra gloria», sino la gloria de Dios, porque la justicia no procede de nosotros, sino que mira desde el cielo. Por ello el que se gloria que se gloríe no en sí mismo, sino en el Señor.
Por eso también, cuando el Señor nació de la Virgen, los ángeles entonaron este himno: Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.
¿Cómo vino la paz a la tierra? Sin duda porque la verdad brota de la tierra, es decir, Cristo nace de María. Él es nuestra paz, él ha hecho de los dos pueblos una sola cosa, para que todos seamos hombres de buena voluntad, unidos unos a los otros con el suave vínculo de la unidad. Alegrémonos, pues, por este don, para que nuestra gloria sea el testimonio que nos da nuestra conciencia; y así nos gloriaremos en el Señor, y no en nosotros. Por eso dice el salmista: Tú eres mi gloria, tú mantienes alta mi cabeza.
¿Qué mayor gracia pudo hacernos Dios? Teniendo un Hijo único lo hizo Hijo del hombre, para que el hijo del hombre se hiciera hijo de Dios.
Busca dónde está tu mérito, busca de dónde procede, busca cuál es tu justicia: y verás que no puedes encontrar otra cosa que no sea pura gracia de Dios.
Responsorio Is 11, 1. 5. 2
R. Saldrá un renuevo del tronco
de Jesé, y de su raíz brotará un vástago. * La
justicia será el ceñidor de su cintura, y la lealtad el cinturón de sus
caderas.
V. Sobre él se posará el espíritu del Señor: espíritu de sabiduría y
de inteligencia, espíritu de consejo y de fortaleza.
R. La justicia será el
ceñidor de su cintura, y la lealtad el cinturón de sus caderas.
Si este día cae en domingo, después del segundo responsorio se dice el himno Señor, Dios eterno.
Oración
Jesús, Señor nuestro, ven pronto, no tardes más, para que se reanimen con tu venida los que confían en tu amor. Tú que vives y reinas.
INVOCACIÓN INICIAL
Si es la primera
celebración del día:
V.
Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
De lo
contrario:
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date
prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
La
pena que la tierra soportaba
Que
viene Cristo repiten
SALMODIA
Ant. 1: Tú, Belén, tierra de Judá, de ningún modo eres la menor, porque de ti saldrá un jefe, que gobernará a mi pueblo Israel.
Salmo 91
ALABANZA A DIOS QUE CON SABIDURÍA Y JUSTICIA
DIRIGE
LA VIDA DE LOS HOMBRES
Este salmo
canta las maravillas
realizadas en Cristo. (S.
Atanasio)
Es bueno dar gracias al Señor
y tocar para tu nombre, oh
Altísimo,
proclamar por la mañana tu misericordia
y de noche tu
fidelidad,
con arpas de diez cuerdas y laúdes
sobre arpegios de
cítaras.
Tus acciones, Señor, son mi alegría,
y mi júbilo, las obras de
tus manos.
¡Qué magníficas son tus obras, Señor,
qué profundos tus
designios!
El ignorante no los entiende
ni el necio se da
cuenta.
Aunque germinen como hierba los malvados
y florezcan los
malhechores,
serán destruidos para siempre.
Tú, en cambio, Señor,
eres
excelso por los siglos.
Porque tus enemigos, Señor, perecerán,
los malhechores serán
dispersados;
pero a mí me das la fuerza de un búfalo
me unges con aceite
nuevo.
Mis ojos no temerán a mis enemigos,
mis oídos escucharán su
derrota.
El justo crecerá como una palmera
y se alzará como un cedro del
Líbano:
plantado en la casa del Señor,
crecerá en los atrios de nuestro
Dios;
en la vejez seguirá dando fruto
y estará lozano y
frondoso,
para proclamar que el Señor es justo,
que en mi Roca no existe
la maldad.
Ant. 1: Tú, Belén, tierra de Judá, de ningún modo eres la menor, porque de ti saldrá un jefe, que gobernará a mi pueblo Israel.
Ant. 2: Levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación.
Cántico
Ez 36, 24-28
DIOS RENOVARÁ A SU PUEBLO
Ellos serán
su pueblo y Dios
estará con ellos. (Ap 21, 3)
Os recogeré de entre las naciones,
os reuniré de todos los
países,
y os llevaré a vuestra tierra.
Derramaré sobre vosotros un agua pura
que os purificará:
de
todas vuestras inmundicias e idolatrías
os he de purificar;
y os daré un
corazón nuevo,
y os infundiré un espíritu nuevo;
arrancaré de vuestra
carne el corazón de piedra,
y os daré un corazón de carne.
Os infundiré mi espíritu,
y haré que caminéis según mis
preceptos,
y que guardéis y cumpláis mis mandatos.
Y habitaréis en la tierra que di a vuestros padres.
Vosotros
seréis mi pueblo
y yo seré vuestro Dios.
Ant. 2: Levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación.
Ant. 3: «Mañana será el día de vuestra salvación», dice el Señor de los ejércitos.
Salmo 8
MAJESTAD DEL SEÑOR Y DIGNIDAD DEL HOMBRE
Todo lo puso
bajo sus pies y lo dio
a la Iglesia como cabeza,
y sobre todo. (Ef 1,
22)
Señor, dueño nuestro,
¡qué admirable es tu nombre
en toda la
tierra!
Ensalzaste tu majestad sobre los cielos.
De la boca de los niños
de pecho
has sacado una alabanza contra tus enemigos
para reprimir al
adversario y al rebelde.
Cuando contemplo el cielo, obra de tus manos;
la luna y las
estrellas que has creado,
¿qué es el hombre, para que te acuerdes de
él;
el ser humano, para darle poder?
Lo hiciste poco inferior a los ángeles,
lo coronaste de gloria y
dignidad,
le diste el mando sobre las obras de tus manos,
todo lo
sometiste bajo sus pies:
rebaños de ovejas y toros,
y hasta las bestias del campo,
las
aves del cielo, los peces del mar,
que trazan sendas por las
aguas.
Señor, dueño nuestro,
¡qué admirable es tu nombre
en toda la
tierra!
Ant. 3: «Mañana será el día de vuestra salvación», dice el Señor de los ejércitos.
V. Dios mío, ven en mi
auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria.
Aleluya.
HIMNO
SALMODIA
Antífona:
Tercia: Los profetas
anunciaron que el Salvador nacería de María Virgen.
Sexta: El ángel Gabriel saludó a María diciendo:
«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo, bendita tú entre las
mujeres.»
Nona: María dijo: «¿Qué significa
este saludo? Me quedo perpleja ante estas palabras de que daré a luz un Rey sin
perder mi virginidad.»
Salmo 118, 169-176
Que llegue mi clamor a tu Presencia,
Señor, con tus palabras,
dame inteligencia;
que mi súplica entre en tu presencia,
líbrame según tu
promesa;
de mis labios brota la alabanza,
porque me enseñaste tus
leyes.
Mi lengua canta tu fidelidad,
porque todos tus preceptos son
justos:
que tu mano me auxilie,
ya que prefiero tus decretos;
ansío tu
salvación, Señor,
tu voluntad es mi delicia.
Que mi alma viva para alabarte,
que tus mandamientos me
auxilien:
me extravié como oveja perdida:
busca a tu siervo, que no olvida
tus mandatos.
Salmo 44
LAS NUPCIAS DEL REY
¡Llega el
esposo, salid a recibirlo!
(Mt 25, 6)
I
Me brota del corazón un poema bello,
recito mis versos a un
rey;
mi lengua es ágil pluma de escribano.
Eres el más bello de los hombres,
en tus labios se derrama la
gracia,
el Señor te bendice eternamente.
Cíñete al flanco la espada, valiente:
es tu gala y tu
orgullo;
cabalga victorioso por la verdad y la justicia,
tu diestra te
enseñe a realizar proezas.
Tus flechas son agudas, los pueblos se te
rinden,
se acobardan los enemigos del rey.
Tu trono, ¡oh dios!, permanece para siempre;
cetro de rectitud
es tu cetro real;
has amado la justicia y odiado la impiedad:
por eso el
Señor, tu Dios, te ha ungido
con aceite de júbilo entre todos tus
compañeros.
A mirra, áloe y acacia huelen tus vestidos,
desde los palacios
de marfiles
te deleitan las arpas.
Hijas de reyes salen a tu
encuentro,
de pie a tu derecha está la reina
enjoyada con oro de
Ofir.
II
Escucha, hija, mira: inclina el oído,
olvida tu pueblo y la casa
paterna:
prendado está el rey de tu belleza,
póstrate ante él, que él es
tu señor.
La ciudad de Tiro viene con regalos,
los pueblos más ricos
buscan tu favor.
Ya entra la princesa, bellísima,
vestida de perlas y
brocado;
la llevan ante el rey, con séquito de vírgenes,
la siguen sus
compañeras:
las traen entre alegría y algazara,
van entrando en el palacio
real.
"A cambio de tus padres tendrás hijos,
que nombrarás príncipes
por toda la tierra."
Quiero hacer memorable tu nombre
por generaciones y
generaciones,
y los pueblos te alabarán
por los siglos de los
siglos.
Antífona:
Tercia:
Los profetas anunciaron que
el Salvador nacería de María Virgen.
Sexta:
El ángel Gabriel saludó a María diciendo: «Alégrate, llena de gracia, el
Señor está contigo, bendita tú entre las mujeres.»
Nona: María dijo: «¿Qué significa este saludo? Me
quedo perpleja ante estas palabras de que daré a luz un Rey sin perder mi
virginidad.»
DÍA 17 DE DICIEMBRE
V. El Señor
anuncia su palabra a Jacob.
R. Sus decretos y mandatos a Israel.
PRIMERA LECTURA
Año I:
Del libro del profeta Isaías 40, 1-11
CONSUELO PARA EL CORAZÓN DE JERUSALÉN
«Consolad, consolad a mi pueblo -dice vuestro Dios-; hablad al corazón de Jerusalén, gritadle que se ha cumplido su servicio, y está pagado su crimen, pues de la mano del Señor ha recibido doble paga por sus pecados.»
Una voz grita:
«En el desierto preparadle un camino al Señor; allanad en la estepa una calzada para nuestro Dios; que los valles se levanten, que montes y colinas se abajen, que lo torcido se enderece y lo escabroso se iguale. Se revelará la gloria del Señor, y la verán todos los hombres juntos -ha hablado la boca del Señor-.»
Dice una voz:
«Grita.»
Respondo:
«¿Qué debo gritar?»
«Toda carne es hierba y su belleza como flor campestre: se agosta la hierba, se marchita la flor, cuando el aliento del Señor sopla sobre ellas; se agosta la hierba, se marchita la flor, pero la palabra de nuestro Dios permanece por siempre.»
Súbete a un monte elevado, heraldo de Sión; alza Fuerte la voz, heraldo de Jerusalén; álzala, no temas, di a las ciudades de Judá:
«Aquí está vuestro Dios.»
Mirad, el Señor Dios llega con poder, y su brazo manda. Mirad, viene con él su salario, y su recompensa lo precede. Como un pastor que apacienta el rebaño, su brazo lo reúne, toma en brazos los corderos y hace recostar a las madres.
Responsorio Is 40, 2; Za 1, 16. 17
R. Hablad al
corazón de Jerusalén, gritadle que * se ha
cumplido su servicio, y está pagado su crimen.
V. Me vuelvo con misericordia
a Jerusalén; el Señor consolará otra vez a Sión y elegirá de nuevo a
Jerusalén.
R. Se ha cumplido su servicio, y está pagado su
crimen.
Año II:
Del libro del profeta Isaías 45, 1-13
EL REY CIRO SALVADOR DE ISRAEL
Así dice el Señor a su ungido, Ciro, a quien lleva de la mano:
«Doblegaré ante él las naciones, desceñiré las cinturas de los reyes, abriré ante él las puertas, los batientes no se le cerrarán.
Yo iré delante de ti, allanándote los cerros; haré trizas las puertas de bronce, arrancaré los cerrojos de hierro, te daré los tesoros ocultos, los caudales escondidos. Así sabrás que yo soy el Señor, que te llamo por tu nombre, el Dios de Israel.
Por mi siervo Jacob, por mi escogido Israel, te llamé por tu nombre, te di un título, aunque no me conocías. Yo soy el Señor y no hay otro; fuera de mí no hay dios. Te pongo la insignia, aunque no me conoces, para que sepan de oriente a occidente que no hay otro fuera de mí.
Yo soy el Señor y no hay otro: artífice de la luz, creador de las tinieblas, autor de la paz, creador de la desgracia: yo, el Señor, hago todo esto.
Cielos, destilad el rocío; nubes, derramad al Justo; ábrase la tierra y brote la salvación, y con ella germine la justicia: yo, el Señor, lo llevo a cabo.»
¡Ay del que pleitea con su artífice, como loza contra el alfarero! Acaso dice la arcilla al artesano: «¿Qué estás haciendo?», o: «¿Tu vasija no tiene asas?» ¡Ay del que le dice a su padre: «¿Qué has engendrado?», o a su madre: «¿Qué has dado a luz?»!
Así dice el Señor, el Santo de Israel, su artífice:
«¿Y vosotros vais a pedirme cuentas de mis hijos? ¿Me vais a dar instrucciones sobre la obra de mis manos? Yo hice la tierra y creé sobre ella al hombre; mis propias manos extendieron el cielo y doy órdenes a su entero ejército. Yo lo he suscitado para la victoria y allanaré todos sus caminos: él reconstruirá mi ciudad, libertará a mis deportados sin precio ni rescate», dice el Señor de los ejércitos.
Responsorio Is 45, 8; d. 16, 1
R. Cielos,
destilad el rocío; nubes, derramad al Justo: *
ábrase la tierra y brote la salvación.
V. Envía, Señor, al Cordero, soberano
de toda la tierra, desde la Peña del desierto al monte Sión.
R. Abrase la
tierra y brote la salvación.
SEGUNDA LECTURA
De las Cartas de san León Magno, papa
(Carta 31, 2-3: PL 54, 791-793)
EL MISTERIO DE NUESTRA RECONCILIACIÓN
De nada nos serviría afirmar que nuestro Señor, el Hijo de la Virgen María, es hombre verdadero y perfecto si no creyésemos además que es hombre perteneciente u aquel linaje mencionado en el Evangelio.
Mateo, en efecto, dice: Genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham; y sigue el orden de su generación humana hasta llegar a José, con quien estaba desposada la Madre del Señor.
Lucas, en cambio, siguiendo un orden inverso, se remonta al origen del género humano, para mostrar que el primer Adán y el nuevo Adán tienen una misma naturaleza.
El Hijo de Dios, en su omnipotencia, hubiera podido manifestarse, para instruir y justificar a los hombres, como se había manifestado a los patriarcas y profetas, es decir, bajo diversas apariencias humanas, como, por ejemplo, cuando entabló una lucha o mantuvo una conversación, o cuando no rechazó la hospitalidad que le ofrecían y tomó el alimento que le presentaban. Todas estas figuras eran como profecía y anuncio misterioso de aquel hombre que debía asumir, de la descendencia de esos mismos patriarcas, una verdadera naturaleza humana.
Pero todas estas figuras no podían realizar aquel misterio de nuestra reconciliación prefijado antes de los tiempos, porque el Espíritu Santo no había descendido aún sobre la Virgen ni el poder del Altísimo la había aún cubierto con su sombra; solamente cuando la Sabiduría eterna, edificándose una casa en el seno purísimo de la Virgen, se hizo hombre pudo tener cumplimiento este admirable designio; y, uniéndose la naturaleza humana y la divina en una sola persona, el Creador del tiempo nació en el tiempo, y aquel por quien fueron hechas todas las cosas empezó a contarse entre las creaturas.
Pues si el nuevo hombre, sometido a una existencia semejante a la de la carne de pecado, no hubiera llevado sobre sí nuestros pecados, si el que es consustancial al Padre no se hubiera dignado ser consustancial a una madre y si -libre de todo pecado- no hubiera unido a sí nuestra naturaleza, la cautividad humana continuaría sujeta al yugo del demonio;. y tampoco podríamos gloriarnos de la victoria del Vencedor si ésta hubiera sido obtenida en una naturaleza distinta a la nuestra.
El sacramento de la regeneración nos ha hecho partícipes de estos admirables misterios, por cuanto el mismo Espíritu, por cuya virtud fue Cristo engendrado, ha hecho que también nosotros volvamos a nacer con un nuevo nacimiento espiritual.
Por eso el evangelista dice, refiriéndose a los creyentes: Ellos traen su origen no de la sangre ni del deseo carnal ni de la voluntad del hombre, sino del mismo Dios.
Responsorio Cf. Is 11, 10; Lc 1, 32
R. Mirad: la raíz
de Jesé descenderá como salvación de los pueblos y la buscarán los gentiles;
* y su nombre será glorioso.
V. El Señor le
dará el trono de David, su padre, y reinará en la casa de Jacob para
siempre.
R. y su nombre será glorioso.
Oremos:
Señor
Dios, creador y restaurador de la naturaleza humana, que quisiste que tu Hijo,
la Palabra eterna, se encarnara en el seno de la siempre Virgen María, atiende a
nuestras súplicas y haz que tu Hijo unigénito, que ha tomado nuestra naturaleza
humana, se digne hacernos participantes de su naturaleza divina y nos transforme
así plenamente en hijos tuyos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 17 DE DICIEMBRE
LECTURA BREVE Is 11, 1-3a
Saldrá un renuevo del tronco de Jesé, y de su raíz brotará un vástago. Sobre él se posará el espíritu del Señor: espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de fortaleza, espíritu de ciencia y de temor del Señor.
RESPONSORIO BREVE
V. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor. R. Sobre ti. V. Su gloria aparecerá sobre ti. R. Amanecerá el Señor. V. Gloria. R. Sobre ti.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Entended que el reino de Dios está ya cerca; os aseguro que no tardará.
PRECES
Oremos a Dios Padre, que trazó desde antiguo un plan de salvación para su pueblo, y digámosle: Guarda a tu pueblo, Señor.
Oh Dios, que prometiste a tu pueblo un vástago que haría justicia, * vela por la santidad de tu Iglesia.
Inclina, oh Dios, el corazón de los hombres a tu palabra * y afianza la santidad de tus fieles.
Por tu Espíritu consérvanos en el amor, * para que podamos recibir la misericordia de tu Hijo que se acerca.
Haz que nos mantengamos firmes, Dios de clemencia, * hasta el día de la manifestación de nuestro Señor Jesucristo.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Pidamos ahora con grande confianza la venida del reino de Dios, con las palabras que Cristo nos enseñó: Padre nuestro.
Oración
Señor Dios, creador y restaurador de la naturaleza humana, que quisiste que tu Hijo, la Palabra eterna, se encarnara en el seno de la siempre Virgen María, atiende a nuestras súplicas y haz que tu Hijo unigénito, que ha tomado nuestra naturaleza humana, se digne hacernos participantes de su naturaleza divina y nos transforme así plenamente en hijos tuyos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 17 DE DICIEMBRE
LECTURA BREVE
Tercia Is 4,2
Aquel día, el vástago del Señor será joya y gloria, fruto del país, honor y ornamento puro para los supervivientes de Israel.
V. Los gentiles
temerán tu nombre, Señor.
R. Los reyes del
mundo tu gloria.
Oremos:
Señor
Dios, creador y restaurador de la naturaleza humana, que quisiste que tu Hijo,
la Palabra eterna, se encarnara en el seno de la siempre Virgen María,
atiende a nuestras súplicas y haz que tu Hijo unigénito, que ha tomado nuestra
naturaleza humana, se digne hacernos participantes de su naturaleza divina y nos
transforme así plenamente en hijos tuyos. Por Cristo nuestro Señor.
Sexta Is 4,3
A los que queden en Sión, a los restantes en Jerusalén, los llamarán santos: serán inscritos para vivir en Jerusalén.
V. Acuérdate de
nosotros, Señor, por amor a tu pueblo.
R.
Visítanos con tu salvación.
Oremos:
Señor
Dios, creador y restaurador de la naturaleza humana, que quisiste que tu Hijo,
la Palabra eterna, se encarnara en el seno de la siempre Virgen María, atiende a
nuestras súplicas y haz que tu Hijo unigénito, que ha tomado nuestra naturaleza
humana, se digne hacernos participantes de su naturaleza divina y nos transforme
así plenamente en hijos tuyos. Por Cristo nuestro Señor.
Nona Is 61,11
Como el suelo echa sus brotes, como un jardín hace brotar sus semillas, así el Señor hará brotar la justicia y los himnos, ante todos los pueblos.
V. Ven, Señor, y
no tardes.
R. Perdona los pecados de tu pueblo.
Oremos:
Señor
Dios, creador y restaurador de la naturaleza humana, que quisiste que tu Hijo,
la Palabra eterna, se encarnara en el seno de la siempre Virgen María, atiende a
nuestras súplicas y haz que tu Hijo unigénito, que ha tomado nuestra naturaleza
humana, se digne hacernos participantes de su naturaleza divina y nos transforme
así plenamente en hijos tuyos. Por Cristo nuestro Señor.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al
Señor.
R. Demos gracias a Dios.
DÍA 17 DE DICIEMBRE
LECTURA BREVE 1Ts 5, 23-24
Que el mismo Dios de la paz os consagre totalmente y que todo vuestro ser -espíritu, alma y cuerpo- sea custodiado sin reproche hasta la Parusía de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es a sus promesas el que os ha convocado; y él las cumplirá.
RESPONSORIO BREVE
V. Muéstranos, Señor, tu misericordia. R. Muéstranos.
V. Y
danos tu salvación. R. Muéstranos, Señor, tu
misericordia.
V.
Gloria. R. Muéstranos.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Oh Sabiduría, que brotaste de los labios del Altísimo, abarcando del uno al otro confín y ordenándolo todo con firmeza y suavidad, ven y muéstranos el camino de la salvación.
PRECES
Invoquemos a Cristo, alegría y júbilo de cuantos esperan su llegada, y digámosle: Ven, Señor, y no tardes más.
Esperamos alegres tu venida, * ven, Señor Jesús.
Tú que existes antes de los tiempos, * ven y salva a los que viven en el tiempo.
Tú que creaste el mundo y a todos los que en él habitan, * ven a restaurar la obra de tus manos.
Tú que no despreciaste nuestra naturaleza mortal, * ven y arráncanos del dominio de la muerte.
Tú que viniste para que tuviéramos vida abundante, * ven y danos tu vida eterna.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Tú que quieres congregar a todos los hombres en tu reino, * ven y reúne a cuantos desean contemplar tu rostro.
Pidamos ahora con grande confianza la venida del reino de Dios, con las palabras que Cristo nos enseñó: Padre nuestro.
Oración
Señor Dios, creador y restaurador de la naturaleza humana, que quisiste que tu Hijo, la Palabra eterna, se encarnara en el seno de la siempre Virgen María, atiende a nuestras súplicas y haz que tu Hijo unigénito, que ha tomado nuestra naturaleza humana, se digne hacernos participantes de su naturaleza divina y nos transforme así plenamente en hijos tuyos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 18 DE DICIEMBRE
V. Levantaos,
alzad la cabeza.
R. Se acerca vuestra liberación.
PRIMERA LECTURA
Año I:
Del libro del profeta Isaías 40, 12-18. 21-31
PROEZA DEL SEÑOR
¿Quién ha medido a puñados el mar o mensurado a palmos el cielo, o a cuartillos el polvo de la tierra? ¿Quién ha pesado en la balanza los montes y en la báscula las colinas? ¿Quién ha medido el aliento del Señor? ¿Quién le ha sugerido su proyecto? ¿Con quién se aconsejó para entenderlo, para que le enseñara el camino exacto, para que le enseñara el saber y le sugiriese el método inteligente?
Mirad, las naciones son gotas de un cubo y valen lo que el polvillo de balanza. Mirad, las islas pesan lo que un grano, el Líbano no basta para leña, sus fieras no bastan para el holocausto. En su presencia, las naciones todas, como si no existieran, son ante él como nada y vacío.
¿Con quién compararéis a Dios, qué imagen vais a contraponerle? ¿No sabéis, no lo habéis oído, no os lo han anunciado de antemano? ¿No habéis comprendido quién fundó la tierra?
El que habita sobre el círculo de la tierra -sus habitantes parecen saltamontes-, el que tendió como toldo los cielos y los despliega como tienda que se habita, el que reduce a nada los príncipes y convierte a los gobernantes en vacío: apenas plantados, apenas sembrados, apenas arraigan sus brotes en tierra, sopla sobre ellos y se agostan, y el vendaval los arrebata como tamo.
«¿A quién podéis compararme, que se me parezca?», dice el Santo.
Alzad los ojos a lo alto y mirad: ¿Quién creó aquello? El que cuenta y despliega su ejército y a cada uno lo llama por su nombre; tan grande es su poder, tan robusta su fuerza, que no falta ninguno.
¿Por qué andas hablando, Jacob, y diciendo, Israel: «Mi suerte está oculta al Señor, mi Dios ignora mi causa»? ¿Acaso no lo sabes, es que no lo has oído?
El Señor es un Dios eterno y creó los confines del orbe. No se cansa, no se fatiga, es insondable su inteligencia. Él da fuerza al cansado, acrecienta el vigor del inválido; se cansan los muchachos, se fatigan, los jóvenes tropiezan y vacilan; pero los que esperan en el Señor renuevan sus fuerzas, echan alas como las águilas, corren sin cansarse, marchan sin fatigarse.
Responsorio Rm 11,34-35; Is 40, 14
R. ¿Quién ha
conocido jamás la mente del Señor? ¿Quién ha sido su consejero? * ¿Quién le ha dado primero, para que él le
devuelva?
V. ¿Con quién se aconsejó para entenderlo, para que le enseñara el
camino exacto?
R. ¿Quién le ha dado primero, para que él le
devuelva?
Año II:
Del libro del profeta Isaías 46, 1-13
EL SEÑOR CONTRA LOS DIOSES DE BABILONIA
Bel se desploma, se derrumba Nebo; cargan sus estatuas sobre bestias y acémilas, son llevadas como fardos sobre bestias extenuadas; se han derrumbado y desplomado, incapaces de librar al que los lleva, ellos mismos van cautivos al destierro.
Escuchadme, casa de Jacob, resto de la casa de Israel, que habéis sido sostenidos por mí desde el vientre materno, a quienes he llevado desde las entrañas: hasta vuestra ancianidad yo seré siempre el mismo, hasta que el cabello se os ponga blanco yo os sostendré; yo lo he hecho y yo os seguiré llevando, yo os sostendré y os libraré.
¿A quién me compararéis, me igualaréis o me asemejaréis que se me pueda comparar? Sacan oro de la bolsa y pesan plata en la balanza; asalarian un orfebre que les fabrique un dios, se postran y hasta lo adoran. Se lo cargan a hombros, lo transportan; donde lo ponen, allí se queda; no se mueve de su sitio. Por mucho que le griten, no responde, no los salva del peligro.
Recordadlo y meditadlo, reflexionad, rebeldes, recordando el pasado predicho. Yo soy Dios y no hay otro; no hay otro dios como yo.
De antemano yo anuncio el futuro; por adelantado lo que aún no ha sucedido. Digo: «Mi designio se cumplirá, mi voluntad la realizo.» Llamo al buitre del oriente, de tierra lejana al hombre de mi designio. Lo he dicho y haré que suceda, lo he dispuesto y lo realizaré.
Escuchadme, los desanimados, que os creéis lejos de la victoria: Yo acerco mi victoria, no está lejos, mi salvación no tardará; daré la salvación en Sión y mi honor será para Israel.
Responsorio Is 46, 12. 13
R. Escuchadme,
los desanimados, que os creéis lejos de la victoria: * Daré la salvación en Sión y mi honor será para
Israel.
V. Yo acerco mi victoria, no está lejos, mi salvación no
tardará.
R. Daré la salvación en Sión y mi honor será para Israel.
SEGUNDA LECTURA
De la Carta a Diogneto
(Cap. 8, 5-9, 6: Funk 1, 325-327)
DIOS NOS REVELÓ SU AMOR POR MEDIO DE SU HIJO
Nadie jamás ha visto ni ha conocido a Dios, pero él ha querido manifestarse a sí mismo. Se manifestó a través de la fe, que es la única a la que se le concede ver a Dios. Porque Dios, Señor y Creador de todas las cosas, que todo lo hizo y todo lo dispuso con orden, no sólo amó a los hombres, sino que también fue paciente con ellos. Siempre lo fue, lo es y lo será: bueno, benigno, exento de toda ira, veraz; más aún: él es el único bueno. Después de haber concebido un designio grande e inefable se lo comunicó a su único Hijo.
Mientras mantenía oculto su sabio designio y lo reservaba para sí, parecía abandonamos y olvidarse de nosotros. Pero, cuando lo reveló por medio de su amado Hijo y manifestó lo que había establecido desde el principio, nos dio juntamente todas las cosas: participar de sus beneficios y ver y comprender sus designios. ¿ Quién de nosotros hubiera esperado jamás tanta generosidad? .
Dios, que todo lo había dispuesto junto con su Hijo, permitió que hasta el tiempo anterior a la venida del Salvador viviéramos desviados del camino recto, atraídos por los deleites y concupiscencias, y nos dejáramos arrastrar por nuestros impulsos desordenados. No porque se complaciera en nuestros pecados, sino que los toleraba. Ni es tampoco que Dios aprobara aquel tiempo de iniquidad, sino que estaba preparando el tiempo actual de justicia, a fin de que, convictos en aquel tiempo de que por nuestras propias obras éramos indignos de la vida, fuéramos hechos dignos de ella por la bondad de Dios, reconociendo así que por nosotros mismos no podíamos entrar en el reino de los cielos, pero que esto se nos concedía como un don de Dios.
Pues cuando nuestra maldad había colmado la medida y se hizo plenamente manifiesto que por ella merecíamos el castigo y la muerte, llegó en cambio el tiempo establecido por Dios para manifestar su bondad y su poder -¡oh inmenso amor de Dios a los hombres!- y no nos odió ni nos rechazó ni se vengó de nuestras ofensas, sino que nos soportó con magnanimidad y paciencia, apiadándose de nosotros y cargando él mismo con nuestros pecados. Nos dio a su propio Hijo como precio de nuestra redención: entregó al que es santo para redimir a los impíos, al inocente por los malos, al justo por los injustos, al incorruptible por los corruptibles, al inmortal por los mortales. Y ¿qué otra cosa hubiera podido encubrir nuestros pecados sino su justicia? Nosotros que somos impíos y malos, ¿en quién hubiéramos podido ser justificados sino únicamente en el Hijo de Dios?
¡Oh admirable intercambio, mediación incomprensible, beneficios inesperados: que la impiedad de muchos sea encubierta por un solo justo y que la justicia de un solo hombre justifique a tantos impíos!
Responsorio Hch 4, 12; ls 9, 6
R. En ningún otro
se encuentra la salud; * y no hay bajo el cielo
otro nombre dado a los hombres por el que nosotros debamos salvarnos.
V. Será
llamado: «Consejero admirable», «Dios poderoso», «Padre sempiterno» y «Príncipe
de la paz».
R. y no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el
que nosotros debamos salvarnos.
Oremos:
Concédenos, Señor, que la renovación del misterio de la
Navidad de tu Hijo a la cual nos preparamos, nos libre del antiguo yugo del
pecado por el cual estamos oprimidos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu
Hijo.
DÍA 18 DE DICIEMBRE
LAUDES
LECTURA
BREVE Rm 13, 11b-12
Ya es hora que despertéis del sueño, pues la salud está ahora más cerca que cuando abrazamos la fe. La noche va pasando, el día está encima; desnudémonos, pues, de las obras de las tinieblas y vistámonos de las armas de la luz.
RESPONSORIO BREVE
V. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor. R. Sobre ti.
V. Su
gloria aparecerá sobre ti. R. Amanecerá el
Señor.
V. Gloria. R. Sobre ti.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. No dejéis de velar: pronto llegará el Señor, nuestro Dios.
PRECES
Roguemos, hermanos, al Señor Jesús, juez de vivos y muertos, y digámosle: Ven, Señor Jesús.
Señor Jesucristo, tú que viniste a salvar a los pecadores, * líbranos de caer en la tentación.
Tú que vendrás con gloria para juzgar a tu pueblo, * muestra en nosotros tu poder salvador.
Ayúdanos a cumplir con fortaleza de espíritu los preceptos de tu ley, * para que podamos esperar tu venida sin temor.
Tú que eres bendito por los siglos * concédenos, por tu misericordia, que llevando ya desde ahora una vida sobria y religiosa esperemos con gozo tu gloriosa aparición.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Porque Jesucristo mismo nos lo enseñó, nos atrevemos a decir: Padre nuestro.
Oración
Concédenos, Señor, que la renovación del misterio de la Navidad de tu Hijo a la cual nos preparamos, nos libre del antiguo yugo del pecado por el cual estamos oprimidos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 18 DE DICIEMBRE
LECTURA BREVE
Tercia Rm 13, 13-14a
Andemos como en pleno día, con dignidad. No andemos en comilonas y borracheras, ni en deshonestidad ni lujuria, ni en riñas ni envidias; sino revestíos de Jesucristo, el Señor.
V. Los gentiles
temerán tu nombre, Señor.
R. Los reyes del mundo tu gloria.
Oremos:
Concédenos, Señor, que la renovación del misterio de la
Navidad de tu Hijo a la cual nos preparamos, nos libre del antiguo yugo del
pecado por el cual estamos oprimidos. Por Cristo nuestro Señor.
Sexta 1Ts 3, 12-13
Que el Señor os haga aumentar y rebosar en amor de unos con otros y con todos, así como os amamos nosotros, para que conservéis vuestros corazones intachables en santidad ante Dios, Padre nuestro, cuando venga nuestro Señor Jesucristo con todos sus santos.
V. Acuérdate de
nosotros, Señor, por amor a tu pueblo.
R. Visítanos con tu
salvación.
Oremos:
Concédenos, Señor, que la renovación del misterio de la
Navidad de tu Hijo a la cual nos preparamos, nos libre del antiguo yugo del
pecado por el cual estamos oprimidos. Por Cristo nuestro Señor.
Nona 2Ts 1, 6. 7. 10
Es justo a los ojos de Dios que a vosotros, los atribulados, os pague con descanso eterno, descanso que será en nuestra compañía. Esto sucederá el día de la revelación de Jesús, el Señor, cuando venga del cielo con los ángeles ejecutores de sus poder, cuando venga aquel día para ser glorificado en sus santos y para ser la admiración de los que han tenido fe.
V. Ven, Señor, y
no tardes.
R. Perdona los pecados de tu pueblo.
Oremos:
Concédenos, Señor, que la renovación del misterio de la
Navidad de tu Hijo a la cual nos preparamos, nos libre del antiguo yugo del
pecado por el cual estamos oprimidos. Por Cristo nuestro Señor.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al
Señor.
R. Demos gracias a Dios.
DÍA 18 DE DICIEMBRE
LECTURA BREVE Flp 4, 4-5
Estad siempre alegres en el Señor. Otra vez os lo digo: Estad alegres. Que vuestra bondad sea conocida de todos. El Señor está cerca.
RESPONSORIO BREVE
V. Muéstranos, Señor, tu misericordia. R. Muéstranos.
V. Y
danos tu salvación. R. Muéstranos, Señor, tu
misericordia.
V.
Gloria. R. Muéstranos.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Oh Adonai, Pastor de la casa de Israel, que te apareciste a Moisés en la zarza ardiente y en el Sinaí le diste tu ley, ven a librarnos con el poder de tu brazo.
PRECES
Hermanos, oremos a Cristo, el Señor que viene a salvar a todos los hombres, y digámosle confiadamente: Ven, Señor Jesús.
Señor Jesucristo, que por el misterio de la encarnación manifestaste al mundo la gloria de tu divinidad, * vivifica al mundo con tu venida.
Tú que participaste de nuestra debilidad, * concédenos tu misericordia.
Tú que en tu primera venida viniste humildemente para salvar al mundo de sus pecados, * absuélvenos de todas las culpas, cuando vuelvas de nuevo con gloria y majestad.
Tú que lo gobiernas todo con tu poder, * ayúdanos, por tu bondad, a alcanzar la herencia eterna.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Tú que estás sentado a la derecha del Padre, * alegra con la visión de tu rostro a nuestros hermanos difuntos.
Con el deseo de que la luz de Cristo ilumine a todos los hombres, digamos al Padre: Padre nuestro.
Oración
Concédenos, Señor, que la renovación del misterio de la Navidad de tu Hijo a la cual nos preparamos, nos libre del antiguo yugo del pecado por el cual estamos oprimidos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 19 DE DICIEMBRE
V. Muéstranos,
Señor, tu misericordia.
R. Y danos tu salvación.
PRIMERA LECTURA
Año I:
Del libro del profeta Isaías 41, 8-20
PROMESA DE UN NUEVO ÉXODO
Tú, Israel, siervo mío; Jacob, mi escogido; estirpe de Abraham, mi amigo. Tú, a quien cogí en los confines del orbe, a quien llamé en sus extremos, a quien dije: «Tú eres mi siervo, te he escogido y no te he rechazado.» No temas, que yo estoy contigo; no te angusties, que yo soy tu Dios: te fortalezco, te auxilio, te sostengo con mi diestra victoriosa.
Mira: se avergonzarán derrotados los que se enardecen contra ti; serán aniquilados y perecerán los que pleitean contra ti; los buscarás sin encontrarlos a los que pelean contra ti; serán aniquilados, dejarán de existir los que guerrean contra ti. Porque yo, el Señor, tu Dios, te sostengo por la diestra, y te digo: «No temas, yo mismo te auxilio.»
No temas, gusanito de Jacob, oruga de Israel, yo mismo te auxilio -oráculo del Señor-, tu redentor es el Santo de Israel. Mira, te convierto en trillo aguzado, nuevo, dentado: trillarás los montes y los triturarás; harás paja de las colinas; los aventarás, y el viento los arrebatará, el vendaval los dispersará; y tú te alegrarás con el Señor, te gloriarás del Santo de Israel.
Los pobres y los indigentes buscan agua, y no la hay; su lengua está reseca de sed. Yo, el Señor, les responderé; yo, el Dios de Israel, no los abandonaré. Alumbraré ríos en cumbres peladas; en medio de las vaguadas, manantiales; transformaré el desierto en estanque, y el yermo en fuentes de agua; pondré en el desierto cedros, acacias, mirtos y olivos; plantaré en la estepa cipreses, olmos y alerces, juntos. Para que vean y conozcan, reflexionen y aprendan de una vez que la mano del Señor lo ha hecho, que el Santo de Israel lo ha creado.
Responsorio Is 42, l; Dt 18, 15
R. Mirad a mi
siervo, en quien tengo mis complacencias; * en
él he puesto mi espíritu, para que haga brillar la justicia en las
naciones.
V. El Señor, tu Dios, te suscitará un profeta de en medio de ti, de
entre tus hermanos.
R. En él he puesto mi espíritu, para que haga brillar la
justicia en las naciones.
Año II:
Del libro del profeta Isaías 47, 1. 3b.15
LAMENTACIÓN SOBRE BABILONIA
Baja, siéntate en el polvo, joven Babilonia; siéntate en tierra, sin trono, capital de los caldeos, que ya no te volverán a llamar blanda y refinada. Tomaré venganza inexorable. Nuestro Redentor, que se llama el Señor de los ejércitos, el Santo de Israel, dice:
«Siéntate y calla, entra en las tinieblas, capital de los caldeos, que ya no te llamarán "Señora de reinos".
Airado contra mi pueblo, profané mi heredad, la entregué en tus manos: no tuviste compasión de ellos, abrumaste con tu yugo a los ancianos, diciéndote: "Seré señora por siempre jamás", sin considerar esto, sin pensar en el desenlace.
Pues ahora escucha esto, lasciva, que reinabas confiada, que te decías: "Yo y nadie más; no me quedaré viuda, no perderé a mis hijos." Las dos cosas te sucederán, de repente, en un solo día: viuda y sin hijos te verás a la vez, a pesar de tus muchas brujerías y del gran poder de lus sortilegios.
Tú te sentías segura en tu maldad, diciéndote: "Nadie me ve"; tu sabiduría y tu ciencia te han trastornado, mientras pensabas: "Yo y nadie más." Pues vendrá sobre ti una desgracia que no sabrás conjurar, caerá sobre ti un desastre que no podrás evitar; vendrá sobre ti de repente una catástrofe que no te imaginabas.
Insiste en tus sortilegios, en tus muchas brujerías, que han sido tu tarea desde joven; quizá te aprovechen, quizá lo espantes. Te has cansado con tus muchos consejeros: que se levanten y te salven los que conjuran el cielo, los que observan las estrellas, los que pronostican cada mes lo que va a suceder.
Mira, se han convertido en paja que el fuego consume, no pueden librarse del poder de las llamas: no son brasas para calentarse, ni hogar para sentarse enfrente. En eso han parado tus hechiceros, con quien te atareabas desde joven: cada uno se pierde por su lado, y no hay quien te salve.»
Responsorio Is 49, 13; 47, 4
R. Exulta, cielo,
goce la tierra, romped a cantar, montañas, *
porque el Señor se compadecerá de los desamparados.
V. Nuestro Redentor se
llama el Señor de los ejércitos, el Santo de Israel.
R. Porque el Señor se
compadecerá de los desamparados.
SEGUNDA LECTURA
Del Tratado de san Ireneo, obispo, Contra las herejías
(Libro 3, 20,2-3: se 34, 342-344)
EL DESIGNIO DE LA ENCARNACIÓN REDENTORA
La gloria del hombre es Dios. El beneficiario de la actividad de Dios, de toda su sabiduría y poder, es el hombre.
Y de la misma forma que la habilidad del médico se manifiesta en los enfermos, así Dios se manifiesta en los hombres. Por eso dice san Pablo: Dios encerró a todos los hombres en la desobediencia, para usar con todos ellos de misericordia. En estas palabras el Apóstol se refiere al hombre que, por desobedecer a Dios, perdió la inmortalidad, pero que alcanzó luego la misericordia, recibiendo la gracia de adopción por el Hijo de Dios.
El hombre que, sin orgullo ni presunción, piensa rectamente de la verdadera gloria de las creaturas y de la de aquel que las creó -es decir, de Dios todopoderoso que da a todos el ser- y permanece en el amor, en la sumisión y en la acción de gracias a Dios recibirá de él una gran gloria y crecerá en ella en la medida en que se asemeje al que por él murió.
El Hijo de Dios se sometió a una existencia semejante a la de la carne de pecado para condenar el pecado y, una vez condenado, expulsarlo fuera de la carne. Asumió la carne para incitar al hombre a hacerse semejante a él y para proponerle a Dios como modelo a quien imitar.
Le impuso la obediencia al Padre para que llegara a ver a Dios, dándole así el poder de alcanzar al Padre. El Verbo de Dios que habitó en el hombre se hizo también Hijo del hombre, para que el hombre se habituara a percibir a Dios y Dios a vivir en el hombre, conforme a la voluntad del Padre.
Por eso, pues, aquel que es la señal de nuestra salvación, el Emmanuel nacido de la Virgen, nos fue dado por el mismo Señor, porque era el mismo Señor quien salvaba a los que por sí mismos no podían alcanzar la salvación; por eso Pablo proclama la debilidad del hombre, diciendo: Ya sé que en mí, es decir, dentro de mi estado puramente natural, no habita lo bueno; así indica que nuestra salvación no proviene de nosotros, sino de Dios. Y añade también: ¡Desdichado de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte? Y luego, para aclarar quien lo libra, afirma que esta liberación es obra de la gracia de Jesucristo nuestro Señor.
También Isaías dice lo mismo: Fortaleced las manos débiles, robusteced las rodillas vacilantes; decid a los cobardes de corazón: «Sed fuertes, no temáis.» Mirad a vuestro Dios que trae el desquite, viene en persona y os salvará. Esto lo dice para significar que por nosotros mismos no podemos alcanzar la salvación, sino que ésta es consecuencia de la ayuda de Dios.
Responsorio Cf. Jr 31, 10; d. 4, 5
R. Escuchad,
pueblos, la palabra del Señor, anunciadla hasta los confines de la tierra, * y decid a las islas remotas: «Vendrá nuestro
Salvador.»
V. Anunciadlo y haced que se escuche en todas partes; proclamad la
buena nueva, gritadla a plena voz.
R. Y decid a las islas remotas:
<<Vendrá nuestro Salvador.>>
Oremos:
Dios nuestro, que te has dignado
revelar al mundo el esplendor de tu gloria por medio del parto de la santísima
Virgen María, concédenos venerar con fe íntegra y celebrar con sincero
rendimiento el gran misterio de la encarnación de tu Hijo. Que vive y reina
contigo.
DÍA 19 DE DICIEMBRE
LECTURA BREVE Is 2, 3
Venid, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob: él nos instruirá en sus caminos, y marcharemos por sus sendas; porque de Sión saldrá la ley, de Jerusalén la palabra del Señor.
RESPONSORIO BREVE
V. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor. R. Sobre ti.
V. Su
gloria aparecerá sobre ti. R. Amanecerá el
Señor.
V. Gloria. R. Sobre ti.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. El Salvador del mundo aparecerá como el sol naciente y descenderá al seno de la Virgen como la lluvia desciende sobre el césped. Aleluya.
PRECES
Hermanos, oremos a Cristo, el redentor, que viene a librar del poder de la muerte a los que se convierten a él, y digámosle: Ven, Señor Jesús.
Que al anunciar tu venida, Señor, * nuestro corazón se sienta libre de toda vanidad.
Que la Iglesia que tú fundaste, Señor, * glorifique tu nombre por todo el mundo.
Que tu ley, Señor, sea luz para nuestros ojos * y sirva de protección a los pueblos que confiesan tu nombre.
Tú que por la Iglesia nos anuncias el gozo de tu venida, * concédenos también el deseo de recibirte.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Con el gozo que nos da el saber que Cristo viene para hacernos hijos de Dios, digamos al Padre: Padre nuestro.
Oración
Dios nuestro, que te has dignado revelar al mundo el esplendor de tu gloria por medio del parto de la santísima Virgen María, concédenos venerar con fe íntegra y celebrar con sincero rendimiento el gran misterio de la encarnación de tu Hijo. Que vive y reina contigo.
DÍA 19 DE DICIEMBRE
LECTURA BREVE
Tercia Cf. Is 10, 20-21
Aquel día, el resto de Israel, los supervivientes de Jacob, se apoyarán sinceramente en el Señor, el Santo de Israel. Un resto volverá, un resto de Jacob, al Dios poderoso.
V. Los gentiles
temerán tu nombre, Señor.
R. Los reyes del mundo tu gloria.
Oremos:
Dios
nuestro, que te has dignado revelar al mundo el esplendor de tu gloria por medio
del parto de la santísima Virgen María, concédenos venerar con fe íntegra y
celebrar con sincero rendimiento el gran misterio de la encarnación de tu Hijo.
Que vive y reina contigo.
Sexta Cf. Is 10, 24.27
Esto dice el Señor de los ejércitos: "Pueblo mío, que habitas en Sión, , no temas." Aquel día, la carga resbalará de tu hombro, arrancarán el yugo de tu cuello.
V. Acuérdate de
nosotros, Señor, por amor a tu pueblo.
R. Visítanos con tu
salvación.
Oremos:
Dios
nuestro, que te has dignado revelar al mundo el esplendor de tu gloria por medio
del parto de la santísima Virgen María, concédenos venerar con fe íntegra y
celebrar con sincero rendimiento el gran misterio de la encarnación de tu Hijo.
Que vive y reina contigo.
Nona Cf. Is 13, 22; cf. 14, 1
Ya está a punto de llegar su hora, sus días no tardarán. El Señor se apiadará de Jacob y volverá a escoger a Israel.
V. Ven, Señor, no
tardes.
R. Perdona los pecados de tu pueblo.
Oremos:
Dios
nuestro, que te has dignado revelar al mundo el esplendor de tu gloria por medio
del parto de la santísima Virgen María, concédenos venerar con fe íntegra y
celebrar con sincero rendimiento el gran misterio de la encarnación de tu Hijo.
Que vive y reina contigo.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al
Señor.
R. Demos gracias a Dios.
DÍA 19 DE DICIEMBRE
LECTURA BREVE Flp 3, 20b-21
Esperamos que venga como salvador Cristo Jesús, el Señor. Él transfigurará nuestro cuerpo de humilde condición en un cuerpo glorioso, semejante al suyo, en virtud del poder que tiene para someter a su imperio todas las cosas.
RESPONSORIO BREVE
V. Ven a salvarnos, Señor Dios de los ejércitos. R. Ven a salvamos.
V. Que brille tu rostro y nos salve. R. Señor Dios
de los ejércitos.
V. Gloria. R. Ven a salvarnos.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Oh renuevo del tronco de Jesé, que te alzas como un signo para los pueblos, ante quien los reyes enmudecen y cuyo auxilio imploran las naciones, ven a librarnos, no tardes más.
PRECES
Supliquemos, hermanos, a Cristo, juez de vivos y muertos, y digámosle confiados: Ven, Señor Jesús.
Haz, Señor, que tu justicia, que pregonan los cielos, la reconozca también el mundo, * para que tu gloria habite en nuestra tierra.
Tú que por nosotros quisiste ser débil en tu humanidad, * fortalece a los hombres con la fuerza de tu divinidad.
Ven, Señor, y con la luz de tu palabra * ilumina a los que viven sumergidos en las tinieblas de la ignorancia.
Tú que con tu humillación borraste nuestros pecados, * por tu glorificación llévanos a la felicidad eterna.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Tú que vendrás a juzgar al mundo con gloria y majestad, * lleva a nuestros hermanos difuntos al reino de los cielos.
Movidos por la fe, invoquemos a Dios Padre con la oración que Cristo nos enseñó: Padre nuestro.
Oración
Dios nuestro, que te has dignado revelar al mundo el esplendor de tu gloria por medio del parto de la santísima Virgen María, concédenos venerar con fe íntegra y celebrar con sincero rendimiento el gran misterio de la encarnación de tu Hijo. Que vive y reina contigo.
DÍA 20 DE DICIEMBRE
V. Una voz clama
en el desierto:
Preparad el camino del Señor.
R.
Enderezad las sendas para nuestro Dios.
PRIMERA LECTURA
Año I:
Del libro del profeta Isaías 41, 21-29
EL SEÑOR, ÚNICO DIOS, ES QUIEN ANUNCIA AL LIBERTADOR CIRO
Presentad vuestro pleito -dice el Señor-; aducid vuestras pruebas -dice el Rey de Jacob-; que se adelanten y nos anuncien lo que va a suceder: Narradnos vuestras predicciones pasadas, y prestaremos atención; anunciadnos el futuro, y conoceremos el desenlace; narrad los sucesos futuros, y sabremos que sois dioses.
Haced algo, bueno o malo, que nos demos cuenta y lo veamos todo. Mirad, vosotros sois nada; vuestras obras, vacío; es abominable elegiros.
Yo lo he suscitado en el norte, y ha venido; en
oriente lo llamo por su nombre; pisará gobernantes como barro,
como pisa el
alfarero la arcilla. ¿ Quién lo anunció de antemano, para que se supiera, por
adelantado, para que dijeran: "Tiene razón»?
Ninguno lo narra, ninguno lo anuncia, nadie oye vuestro discurso. Lo anuncié yo el primero en Sión y envié un heraldo a Jerusalén. Busqué; -pero entre ellos no había nadie, ningún consejero a quien preguntarle para que me informara. Todos juntos eran nada; sus obras, vacío; aire y nulidad, sus estatuas.
Responsorio Dt 18, 18; Lc 20, 13; Jn 6, 14
R. Les suscitaré
un profeta y pondré mis palabras en su boca; * y
él les dirá todo lo que yo le mande.
V. Enviaré a mi amado Hijo; éste es
ciertamente el profeta que ha de venir al mundo.
R. y él les dirá todo lo que
yo le mande.
Año II:
Del libro del profeta Isaías 48, 1-11
EL SEÑOR ES EL ÚNICO DUEÑO DEL FUTURO
Escuchad esto, casa de Jacob, que lleváis el nombre de Israel, que brotáis de la semilla de Judá, que juráis por el nombre del Señor, que invocáis al Dios de Israel, pero sin verdad ni rectitud, aunque tomáis nombre de la ciudad santa y os apoyáis en el Dios de Israel, cuyo nombre es "Señor de los ejércitos».
El pasado lo predije de antemano: de mi boca salió y lo anuncié; de repente lo realicé y sucedió. Porque sé que eres obstinado, que tu cerviz es un tendón de hierro y tu frente es de bronce, por eso te lo anuncio de antemano, antes de que te suceda te lo predigo, para que no digas: "Mi ídolo lo ha hecho, mi estatua de leño o metal lo ha ordenado.» Lo que escuchaste lo verás todo, ¿no lo vas a admitir?
Y ahora te predigo algo nuevo, secretos que no conoces, que ahora son creados y no antes, ni de antemano los oíste, para que no digas: "Ya lo sabía.» Ni lo habías oído ni lo sabías, aún no estaba abierto tu oído, porque yo sabía lo pérfido que eres, que desde el vientre de tu madre te llaman rebelde.
Por mi nombre doy largas a mi cólera, por mi honor la reprimo para no aniquilarte. Mira, yo te he refinado como plata, te he probado en el crisol de la desgracia; por mí, por mí lo hago: porque mi nombre no ha de ser profanado, y mi gloria no la cedo a nadie.
Responsorio Is 48, 10b-11; 54, 8
R. Ya te he
probado en el crisol de la desgracia; por mí, por mí lo hago: porque mi nombre
no ha de ser profanado, * y mi gloria no la cedo
a nadie.
V. En un arranque de ira te escondí un instante mi rostro; pero te
amo con amor eterno.
R. y mi gloria no la cedo a nadie.
SEGUNDA LECTURA
De las Homilías de san Bernardo, abad, Sobre las excelencias de la Virgen Madre
(Homilía 4, 8-9: Opera omnia, edición cisterciense, 4 [1966], 53-54 )
EL MUNDO ENTERO ESPERA LA RESPUESTA DE MARÍA
Has oído, Virgen, que concebirás y darás a luz un hijo. Has oído que no será por obra de varón, sino por obra del Espíritu Santo. Mira que el ángel aguarda tu respuesta: ya es tiempo de que vuelva al Señor que lo envió. También nosotros, condenados a muerte por una sentencia divina, esperamos, Señora, tu palabra de misericordia.
En tus manos está el precio de nuestra salvación; si consientes, de inmediato seremos liberados. Todos fuimos creados por la Palabra eterna de Dios, pero ahora nos vemos condenados a muerte; si tú das una breve respuesta, seremos renovados y llamados nuevamente a la vida.
Virgen llena de bondad, te lo pide el desconsolado Adán, arrojado del paraíso con toda su descendencia. Te lo pide Abraham, te lo pide David. También te lo piden ardientemente los otros patriarcas, tus antepasados, que habitan en la región de la sombra de muerte. Lo espera todo el mundo, postrado a tus pies.
Y no sin razón, ya que de tu respuesta depende el consuelo de los miserables, la redención de los cautivos, la libertad de los condenados, la salvación de. todos los hijos de Adán, de toda tu raza.
Apresúrate a dar tu consentimiento, Virgen, responde sin demora al ángel, mejor dicho, al Señor, que te ha hablado por medio del ángel. Di una palabra y recibe al que es la Palabra, pronuncia tu palabra humana y concibe al que es la Palabra divina, profiere una palabra transitoria y recibe en tu seno al que es la Palabra eterna.
¿Por qué tardas?, ¿por qué dudas? Cree, acepta y recibe. Que la humildad se revista de valor, la timidez de confianza. De ningún modo conviene que tu sencillez virginal olvide ahora la prudencia. Virgen prudente, no temas en este caso la presunción, porque, si bien es amable el pudor en el silencio, ahora es más necesario que en tus palabras resplandezca la misericordia.
Abre, Virgen santa, tu corazón a la fe, tus labios al consentimiento, tu seno al Creador. Mira que el deseado de todas las naciones está junto a tu puerta y llama. Si te demoras, pasará de largo y entonces, con dolor, volverás a buscar al que ama tu alma. Levántate, corre, abre. Levántate por la fe, corre por el amor, abre por el consentimiento. Aquí está -dice la Virgen- la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra.
Responsorio Cf. Lc 1, 31. 42
R. Recibe la
palabra, Virgen María, que el Señor te anuncia por medio del ángel: concebirás y
darás a luz al Dios hecho hombre, * para que te
llamen bendita entre las mujeres.
V. Darás a luz un hijo sin perder tu
virginidad, concebirás en tu seno y serás madre siempre intacta.
R. Para que
te llamen bendita entre las mujeres.
Oremos:
Dios nuestro, cuyo Verbo inefable fue
recibido por la Virgen Inmaculada cuando aceptó tu designio, manifestado' por el
anuncio del ángel, e, inundada por la luz del Espíritu Santo, fue convertida en
mansión de la divinidad, concédenos que también nosotros, a imitación suya,
aceptemos siempre sincera y humildemente tu voluntad. Por nuestro Señor
Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 20 DE DICIEMBRE
LECTURA BREVE Gn 49, 10
No se apartará de Judá el cetro, ni el bastón de mando de entre sus rodillas, hasta que venga el que ha de venir, aquel a quien le está reservado, a quien rendirán homenaje las naciones.
RESPONSORIO BREVE
V. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor. R. Sobre ti.
V. Su
gloria aparecerá sobre ti. R. Amanecerá el
Señor.
V. Gloria. R. Sobre ti.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. El ángel Gabriel fue enviado a María Virgen, desposada con José.
PRECES
Oremos, hermanos, a Cristo el Señor, luz que alumbra a todo hombre, y digámosle con gozo: Ven, Señor Jesús.
Que la luz de tu presencia disipe, Señor, nuestras tinieblas * y nos haga dignos de recibir tus dones.
Sálvanos, Señor Dios nuestro, * y durante todo el día daremos gracias a tu santo nombre.
Enciende nuestros corazones en tu amor, para que deseemos ardientemente tu venida * y anhelemos vivir íntimamente unidos a ti.
Tú que quisiste experimentar nuestras dolencias, * socorre a los enfermos y a los que morirán en el día de hoy.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Recitemos las palabras de Jesús, pidiendo al Padre que venga su reino: Padre nuestro.
Oración
Dios nuestro, cuyo Verbo inefable fue recibido por la Virgen Inmaculada cuando aceptó tu designio, manifestado por el anuncio del ángel, e, inundada por la luz del Espíritu Santo, fue convertida en mansión de la divinidad, concédenos que también nosotros, a imitación suya, aceptemos siempre sincera y humildemente tu voluntad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 20 DE DICIEMBRE
LECTURA BREVE
Tercia Jr 23, 5
Mirad que llegan días -oráculo del Señor- en que suscitaré a David un vástago legítimo: reinará como rey prudente, hará justicia y ejercerá el derecho en la tierra.
V. Los gentiles
temerán tu nombre, Señor.
R. Los reyes del mundo tu gloria.
Oremos:
Dios
nuestro, cuyo Verbo inefable fue recibido por la Virgen Inmaculada cuando aceptó
tu designio, manifestado por el anuncio del ángel, e, inundada por la luz del
Espíritu Santo, fue convertida en mansión de la divinidad, concédenos que
también nosotros, a imitación suya, aceptemos siempre sincera y humildemente tu
voluntad. Por Cristo nuestro Señor.
Sexta Jr 23, 6
En sus días se salvará Judá, Israel habitará seguro. Y lo llamarán con este nombre: "El-Señor-nuestra-justicia".
V. Acuérdate de
nosotros, Señor, por amor a tu pueblo.
R. Visítanos con tu
salvación.
Oremos:
Dios
nuestro, cuyo Verbo inefable fue recibido por la Virgen Inmaculada cuando aceptó
tu designio, manifestado por el anuncio del ángel, e, inundada por la luz del
Espíritu Santo, fue convertida en mansión de la divinidad, concédenos que
también nosotros, a imitación suya, aceptemos siempre sincera y humildemente tu
voluntad. Por Cristo nuestro Señor.
Nona Ez 34, 15-16
Yo mismo apacentaré mis ovejas y las llevaré a reposar -oráculo del Señor-. Buscaré las ovejas perdidas, recogeré las descarriadas; vendaré a las heridas, curaré a las enfermas; cuidaré de las fuertes y robustas, y las apacentaré como es debido.
V. Ven, Señor, no
tardes.
R. Perdona los pecados de tu pueblo.
Oremos:
Dios
nuestro, cuyo Verbo inefable fue recibido por la Virgen Inmaculada cuando aceptó
tu designio, manifestado por el anuncio del ángel, e, inundada por la luz del
Espíritu Santo, fue convertida en mansión de la divinidad, concédenos que
también nosotros, a imitación suya, aceptemos siempre sincera y humildemente tu
voluntad. Por Cristo nuestro Señor.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al
Señor.
R. Demos gracias a Dios.
DÍA 20 DE DICIEMBRE
LECTURA BREVE Cf. 1Co 1, 7b-9
Esperamos vivamente la revelación de Jesucristo, Señor nuestro. Él nos fortalecerá hasta el fin, de modo que nos encontremos libres de culpa en el día de Jesucristo, nuestro Señor. Fiel es Dios, por quien hemos sido convocados a la unión con su Hijo.
RESPONSORIO BREVE
V. Ven a salvarnos, Señor Dios de los ejércitos. R. Ven a salvamos.
V. Que brille tu rostro y nos salve. R. Señor Dios
de los ejércitos.
V. Gloria. R. Ven a salvarnos.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Oh llave de David y cetro de la casa de Israel, que abres y nadie puede cerrar, cierras y nadie puede abrir, ven y libra a los cautivos que viven en tinieblas y en sombras de muerte.
PRECES
Oremos, hermanos, a
Cristo, nuestro Señor y redentor, que vendrá con gloria al fin de los tiempos, y
digámosle: Ven, Señor Jesús.
Señor y redentor nuestro, que al nacer en la carne me
libraste del yugo de la ley, * completa en
nosotros los beneficios de tu amor.
Tú que tomaste de nuestra humanidad todo lo que no repugnaba
a tu divinidad, * danos de tu naturaleza los
dones de los que la nuestra está sedienta.
Con tu presencia da cumplimiento a nuestros deseos, * y con la fuerza de tu amor inflama nuestros
corazones.
Danos la gracia de alegrarnos contigo en la gloria, * pues ya en este mundo nuestra fe sincera te
confiesa.
Se pueden añadir algunas
intenciones libres.
Derrama, Señor, el rocío de tu amor * sobre las almas de todos los difuntos.
Llenos del Espíritu de Jesucristo, nos atrevemos a decir:
Padre nuestro.
Oración
Dios nuestro, cuyo Verbo inefable fue recibido por la
Virgen Inmaculada cuando aceptó tu designio, manifestado por el anuncio del
ángel, e, inundada por la luz del Espíritu Santo, fue convertida en mansión de
la divinidad, concédenos que también nosotros, a imitación suya, aceptemos
siempre sincera y humildemente tu voluntad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu
Hijo.
DÍA 21 DE DICIEMBRE
V. Señor, Dios
nuestro, restáuranos.
R. Haz brillar tu rostro sobre nosotros y
sálvanos.
PRIMERA LECTURA
Año I:
Del libro del profeta Isaías 42, 10-25
HIMNO AL DIOS SALVADOR, CEGUERA DE ISRAEL
Cantad al Señor un cántico nuevo, llegue su alabanza hasta el confín de la tierra; muja el mar y lo que contiene, las islas y sus habitantes; alégrese el desierto con sus tiendas, los cercados que habita Cadar; exulten los habitantes de Petra, clamen desde la cumbre de las montañas; den gloria al Señor, anuncien su alabanza en las islas.
El Señor sale como un héroe, excita su ardor
como un guerrero, lanza el alarido, mostrándose valiente frente al enemigo.
«Desde antiguo guardé silencio, me callaba y aguantaba; mas ahora grito como la
mujer cuando da a luz, jadeo y resuello. Agostaré montes y collados, secaré toda
su hierba, convertiré los ríos en yermo, desecaré los estanques; conduciré a los
ciegos por el camino que no conocen, los guiaré por senderos que ignoran. Ante
ellos convertiré la tiniebla en luz, lo escabroso
en llano. Esto es lo que
pienso hacer, y no dejaré de hacerlo.»
Retrocederán avergonzados los que confían en el ídolo, los que dicen a la estatua: «Tú eres nuestro Dios.» Sordos, escuchad y oíd; ciegos, mirad y ved: ¿Quién es ciego sino mi siervo, quién es sordo sino el mensajero que envío? ¿Quién es ciego como mi enviado, quién es sordo como el siervo del Señor? Mirabas mucho sin sacar nada, con los oídos abiertos no te enterabas.
El Señor, por amor de su justicia, quería glorificar y engrandecer su ley: pero son un pueblo saqueado y despojado, atrapados todos en cuevas, encerrados en mazmorras. Lo saqueaban, y nadie lo libraba; lo despojaban, y nadie decía: «Devuélvelo.»
¿Quién de vosotros prestará oído, y atento escuchará el futuro? ¿Quién entregó a Jacob al saqueo, a Israel al despojo? ¿No fue el Señor contra quien pecamos, no queriendo seguir sus caminos ni obedecer su ley? Derramó sobre él el ardor de su ira, el furor de la guerra; lo rodeaban sus llamas, y no se daba cuenta; lo quemaban, y no hacía caso.
Responsorio Is 42, 16; Jn 8, 12
R. Conduciré a
los ciegos por el camino que no conocen, los guiaré por senderos que ignoran;
* ante ellos convertiré la tiniebla en luz, lo
escabroso en llano.
V. El que me sigue no camina en tinieblas.
R. Ante
ellos convertiré la tiniebla en luz, lo escabroso en llano.
Año II:
Del libro del profeta Isaías 48, 12-21; 49, 9b-13
EL NUEVO ÉXODO
Esto dice el Señor:
«Escúchame, Jacob, Israel, a quien llamé: Yo soy, yo soy el primero y yo soy el último. Mi mano cimentó la tierra, mi diestra extendió el cielo; cuando yo los llamo, se presentan juntos.
Reuníos todos y escuchad: ¿Quién de ellos lo ha predicho? Mi amigo cumplirá mi voluntad sobre Babilonia y la raza de los caldeos.
Yo mismo, yo he hablado y yo lo he llamado, lo he traído y he dado éxito a su empresa. Acercaos y escuchad esto: No hago predicciones en secreto, y, desde que sucede, allí estoy yo.»
Y ahora el Señor Dios me ha enviado con su Espíritu. Así dice el Señor, tu redentor, el Santo de Israel:
«Yo, el Señor, tu Dios, te enseño lo que es para tu provecho, te guío por el camino por donde debes ir. Si hubieras atendido a mis mandatos sería tu paz como un río, tu justicia como las olas del mar; tu raza sería numerosa como la arena, como sus granos los vástagos de tus entrañas; tu nombre no sería aniquilado ni destruido ante mí.»
¡Salid de Babilonia, huid de los caldeos! Anunciad con voz de júbilo, anunciadlo y proclamadlo: publicadlo hasta el confín de la tierra. Decid: «El Señor ha rescatado a su siervo Jacob.» No pasaron sed cuando los guió por la estepa, hizo brotar agua de la roca, hendió la roca y manó agua.
Por los caminos pastarán, tendrán praderas en todas las dunas; no pasarán hambre ni sed, no les hará daño el bochorno ni el sol; porque los conduce el Compasivo y los guía a manantiales de agua. Convertiré mis montes en caminos y mis senderos se nivelarán.
Miradlos venir de lejos; miradlos, del norte y del poniente, y los otros del país de Siene. Exulta, cielo, goce la tierra, romped a cantar, montañas, porque el Señor consuela a su pueblo y se compadecerá de los desamparados.
Responsorio Sal 95, 11; Is 49, 13; Sal 71, 7
R. Alégrese el
cielo, goce la tierra, romped a cantar, montañas, porque el Señor, nuestro Dios,
va a venir * y se compadecerá de los
desamparados.
V. En sus días florecerá la justicia y abundará la paz.
R. y
se compadecerá de los desamparados.
SEGUNDA LECTURA
Del Comentario de san Ambrosio, obispo, sobre el evangelio de san Lucas
(Libro 2, 19. 22-23. 26-27: CCL 14, 39-42)
VISITACIÓN DE LA VIRGEN MARÍA
Cuando el ángel reveló a María los misterios recónditos de Dios, para fortificar la fe con un ejemplo, habló a la Virgen de la maternidad de una mujer ya anciana y estéril; con ello le quiso demostrar que para Dios no hay nada imposible.
Al oír María este anuncio, llena de gozo y sin demora, partió hacia las montañas, no porque dudara de las palabras del ángel ni porque estuviera incierta de la veracidad del hecho ni porque vacilara ante la realidad del ejemplo, sino porque se sentía impulsada por el deseo de cumplir un deber de piedad, anhelante de prestar sus servicios y presurosa por la intensidad de su alegría.
Llena ya totalmente de Dios, ¿a dónde podía dirigirse María con prisa sino hacia las alturas? En efecto, la gracia del Espíritu Santo ignora la lentitud. Los beneficios de María y los dones de la presencia del Señor se manifestaron en seguida, pues, así que Isabel oyó el saludo de María, su criatura saltó de gozo en su seno y ella quedó llena del Espíritu Santo.
Considera la precisión y exactitud de cada una de las palabras: Isabel fue la primera en oír la voz, pero Juan fue el primero en experimentar la gracia, porque Isabel escuchó según las facultades de la naturaleza, pero Juan, en cambio, se alegró a causa del misterio. Isabel sintió la proximidad de María, Juan la del Señor; la mujer oyó la salutación de la mujer, el hijo sintió la presencia del Hijo; ellas proclaman la gracia, ellos, viviéndola interiormente, logran que sus madres se aprovechen de este don hasta tal punto que, con un doble milagro, ambas empiezan a profetizar por inspiración de sus propios hijos.
El niño saltó de gozo y la madre fue llena del Espíritu Santo, pero no fue enriquecida la madre antes que el hijo, sino que, después que fue repleto el hijo, quedó también colmada la madre. Juan salta de gozo y María se alegra en su espíritu. En el momento que Juan salta de gozo, Isabel se llena del Espíritu, pero, si observas bien, de María no se dice que fuera llena del Espíritu, sino que se afirma únicamente que se alegró en su espíritu (pues en ella actuaba ya el Espíritu de una manera incomprensible); en efecto: Isabel fue llena del Espíritu después de concebir; María, en cambio, lo fue ya antes de concebir, porque de ella se dice: Dichosa tú que has creído.
Pero también vosotros sois dichosos porque habéis oído y creído, pues todo el que cree, como María, concibe y da a luz al Verbo de Dios y proclama sus obras.
Que resida, pues, en todos el alma de María, y que esta alma proclame la grandeza del Señor; que resida en todos el espíritu de María, y que este espíritu se alegre en Dios; porque, si bien según la carne hay sólo una madre de Cristo, según la fe Cristo es fruto de todos nosotros, pues todo aquel que se conserva puro y vive alejado de los vicios, guardando íntegra la castidad, puede concebir en sí la Palabra de Dios.
El que alcanza, pues, esta perfección proclama, como María, la grandeza del Señor y siente que su espíritu, también como el de María, se alegra en Dios, su salvador; así se afirma también en otro lugar: Proclamad conmigo la grandeza del Señor.
El Señor es engrandecido ciertamente, pero no en el sentido de que reciba por medio de nuestras palabras algo que a él le faltaba, sino, porque con estas palabras él queda engrandecido en nosotros. En efecto, porque Cristo es la imagen de Dios, cuando alguien actúa con piedad y con justicia engrandece la imagen de Dios -pues todo hombre ha sido creado a su imagen y semejanza- y, al engrandecer esta imagen, también él queda engrandecido por una mayor participación de la grandeza divina.
Responsorio Lc 1,.45. 46; Sal 65, 16
R. Dichosa tú que
has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá. Y dijo María: * «Proclama mi alma la grandeza del
Señor.»
V. Venid a escuchar, os contaré lo que Dios ha hecho conmigo.
R.
Proclama mi alma la grandeza del Señor.
Oración
Señor, acoge benignamente las plegarias de tu pueblo, que se alegra por la venida de tu Hijo en nuestra carne mortal; concédele que, cuando vuelva él revestido de gloria y majestad, pueda también alegrarse al recibir de sus manos la recompensa de la vida eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 21 DE DICIEMBRE
LECTURA BREVE Is 7, 14b-15
Mirad: la Virgen ha concebido y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel: «Dios-con-nosotros». Éste comerá requesón y miel, hasta que aprenda a rechazar el mal y a escoger el bien.
RESPONSORIO BREVE
V. Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor. R. Sobre ti.
V. Su
gloria aparecerá sobre ti. R. Amanecerá el
Señor.
V. Gloria. R. Sobre ti.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. No temáis, dentro de cinco días vendrá a vosotros el Señor, nuestro Dios.
PRECES
Oremos, hermanos, a nuestro Señor Jesucristo, que en su misericordia nos visita, y digámosle con insistencia: Ven, Señor Jesús.
Tú que viniste del seno del Padre para revestirte de nuestra carne mortal, * libra de toda corrupción a nuestra naturaleza caída.
Tú que cuando vengas al final de los tiempos aparecerás glorioso ante tus elegidos, * al venir ahora muéstrate clemente y compasivo con los pecadores.
Nuestra gloria, oh Cristo, es alabarte; * visítanos, pues, con tu salvación.
Tú que por la fe nos has llevado a la luz, * haz que te agrademos también con nuestras obras.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Pidamos que el reino de Dios llegue a todos los hombres: Padre nuestro.
Oración
Señor, acoge benignamente las plegarias de tu pueblo, que se alegra por la venida de tu Hijo en nuestra carne mortal; concédele que, cuando vuelva él revestido de gloria y majestad, pueda también alegrarse al recibir de sus manos la recompensa de la vida eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 21 DE DICIEMBRE
LECTURA BREVE
Tercia
Is 2, 11
Los ojos orgullosos serán humillados, será doblegada la arrogancia humana; sólo el Señor será ensalzado aquel día.
V. Los gentiles
temerán tu nombre, Señor.
R. Los reyes del mundo tu gloria.
Oremos:
Señor,
acoge benignamente las plegarias de tu pueblo, que se alegra por la venida de tu
Hijo en nuestra carne mortal; concédele que, cuando vuelva él revestido de
gloria y majestad, pueda también alegrarse al recibir de sus manos la recompensa
de la vida eterna. Por Cristo nuestro Señor.
Sexta Is 12, 2
Él es mi Dios y salvador: confiaré y no temeré, porque mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi salvación.
V. Acuérdate de
nosotros, Señor, por amor a tu pueblo.
R. Visítanos con tu
salvación.
Oremos:
Señor,
acoge benignamente las plegarias de tu pueblo, que se alegra por la venida de tu
Hijo en nuestra carne mortal; concédele que, cuando vuelva él revestido de
gloria y majestad, pueda también alegrarse al recibir de sus manos la recompensa
de la vida eterna. Por Cristo nuestro Señor.
Nona Dn 9, 19
¡Señor, escucha! ¡Señor, perdona! ¡Señor, atiende y obra! ¡No tardes más, por ti mismo, oh Dios mío, pues tu nombre se invoca sobre tu pueblo!.
V. Ven Señor, y
no tardes.
R. Perdona los pecados de tu pueblo.
Oremos:
Señor,
acoge benignamente las plegarias de tu pueblo, que se alegra por la venida de tu
Hijo en nuestra carne mortal; concédele que, cuando vuelva él revestido de
gloria y majestad, pueda también alegrarse al recibir de sus manos la recompensa
de la vida eterna. Por Cristo nuestro Señor.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al
Señor.
R. Demos gracias a Dios.
DÍA 21 DE DICIEMBRE
LECTURA BREVE 1Co 4, 5
No juzguéis antes de tiempo; dejad que venga el Señor. Él sacará a la luz lo que está oculto en las tinieblas y pondrá al descubierto las intenciones del corazón. Entonces vendrá a cada uno su alabanza de parte de Dios.
RESPONSORIO BREVE
V. Ven a salvarnos, Señor Dios de los ejércitos.
R. Ven a salvarnos.
V. Que brille tu rostro y
nos salve.
R. Señor Dios de los ejércitos.
V. Gloria. R. Ven
a salvarnos.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Oh sol que naces de lo alto, resplandor de la luz eterna, sol de justicia, ven a iluminar a los que viven en tinieblas y en sombras de muerte.
PRECES
Roguemos, amados hermanos, a Jesucristo, que nos salvó de las tinieblas de nuestros pecados, y con humildad invoquémoslo, diciendo: Ven, Señor Jesús.
Congrega, Señor, a todos los pueblos de la tierra * y establece con todos tu alianza eterna.
Cordero de Dios, que viniste para quitar el pecado del mundo, * purifícanos de nuestras faltas y pecados.
Tú que viniste a salvar lo que se había perdido, * ven de nuevo para que no perezcan los que salvaste.
Cuando vengas, danos parte en tu gozo eterno, * pues ya desde ahora hemos puesto nuestra fe en ti.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Tú que has de venir a juzgar a los vivos y a los muertos, * recibe, entre tus elegidos, a nuestros hermanos difuntos.
Digamos juntos con fe las palabras que Cristo nos enseñó: Padre nuestro.
Oración
Señor, acoge benignamente las plegarias de tu pueblo, que se alegra por la venida de tu Hijo en nuestra carne mortal; concédele que, cuando vuelva él revestido de gloria y majestad, pueda también alegrarse al recibir de sus manos la recompensa de la vida eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 22 DE DICIEMBRE
V. Escuchad,
naciones, la palabra del Señor.
R. Y proclamadla en todos los confines de la
tierra.
PRIMERA LECTURA
Año I:
Del libro del profeta Isaías 43, 1-13
LIBERACIÓN DE ISRAEL
Así dice el Señor, el que te creó, Jacob, el que te formó, Israel:
«No temas, que te he redimido, te he llamado por tu nombre, tú eres mío. Cuando cruces las aguas, yo estaré contigo, la corriente no te anegará; cuando pases por el fuego, no te quemarás, la llama no te abrasará.
Porque yo, el Señor, soy tu Dios; el Santo de Israel es tu salvador. Como rescate tuyo entregué a Egipto, a Etiopía y Saba a cambio de ti; porque eres de gran precio a mis ojos, eres valioso, y yo te amo; entregué hombres a cambio de ti, pueblos a cambio de tu vida: no temas, que contigo estoy yo.
Desde oriente traeré a tu estirpe, desde occidente te reuniré. Diré al Norte: "Entrégalo"; al Sur: "No lo retengas"; tráeme a mis hijos de lejos, y a mis hijas, del confín de la tierra; a todos los que llevan mi nombre, a los que creé para mi gloria, a los que hice y formé.»
Sacad al pueblo ciego, aunque tiene ojos; a los sordos, aunque tienen oídos; que se reúnan las naciones y se junten los pueblos: ¿Quién de ellos puede contárnoslo, o informamos de predicciones pasadas? Que presenten testigos para justificarse, que los oigamos, y diremos: «Es verdad.»
Vosotros sois mis testigos -oráculo del Señor-, y mis siervos, a quienes escogí, para que supierais y me creyerais, para que comprendierais que soy yo. Antes de mí no existía ningún dios, y después de mí ninguno habrá: Yo, yo soy el Señor; fuera de mí no hay salvador. Yo predije y salvé; yo anuncié, y no teníais dios extranjero. Vosotros sois mis testigos -oráculo del Señor-; yo soy Dios, desde siempre lo soy. No hay quien libre de mi mano; lo que yo hago, ¿quién lo deshará?
Responsorio Is 43, 10; Jn 3, 31. 32
R. Vosotros sois
mis testigos -oráculo del Señor-, y mis siervos, a quienes escogí, * para que supierais y me creyerais, para que
comprendierais que soy yo.
V. El que ha venido del cielo está por encima de
todos y habla como testigo de cosas que ha visto y oído.
R. Para que
supierais y me creyerais, para que como prendierais que soy yo.
Año II:
Del libro del profeta Isaías 49, 14-50, 1
RESTAURACIÓN DE SIÓN
Dice Sión:
«El Señor me ha abandonado, el Señor me ha olvidado.» «¿Puede una madre olvidarse de su criatura, dejar de querer al hijo de sus entrañas? Pues, aunque ella se olvide, yo no te olvidaré.
Mira, en mis palmas te llevo tatuada, tus muros están siempre ante mí; ya se aprestan los que van a reconstruirte, y se van los que te demolían y asolaban.
Levanta los ojos en torno y mira: todos se reúnen para venir a ti; por mi vida -oráculo del Señor-, a todos los llevarás como vestido precioso, serán tu cinturón de novia. Porque tus ruinas, tus escombros, tu país desolado resultarán estrechos para tus habitantes, mientras se alejarán los que te devoraban. Los hijos que dabas por perdidos te dirán otra vez: "Mi lugar es estrecho, hazme sitio para habitar." Y tú dirás en tu corazón: "¿Quién me ha engendrado a éstos? Pues yo había quedado sin hijos y estéril. ¿Quién me los ha criado? Yo había quedado sola, éstos ¿de dónde han venido?"»
Así dice el Señor:
«Mira, con la mano hago seña a las naciones, alzo mi estandarte para los pueblos: traerán a tus hijos en brazos, a tus hijas las traerán en hombros. Sus reyes serán tus ayos, y sus princesas tus nodrizas; se postrarán ante ti, rostro en tierra, y besarán el polvo de tus pies. Sabrás entonces que yo soy el Señor, que no defraudo a los que esperan en mí.»
Así dice el Señor:
«¿Se le puede quitar la presa a un valiente? ¿Se le escapa a un guerrero su cautivo? Sí -dice el Señor-, se le arrebatará su presa al valiente, se le escapará al guerrero su cautivo; yo mismo defenderé tu causa, yo mismo salvaré a tus hijos.
Haré a tus opresores comerse su propia carne, se embriagarán de su sangre como de vino; y sabrá todo el mundo que yo soy el Señor, tu Salvador, y que tu redentor es el Héroe de Jacob.»
Así dice el Señor:
«¿Dónde está la carta de divorcio de vuestra madre, a quien repudié?, o ¿a cuál de mis acreedores os vendí? Mirad: si fuisteis vendidos, fue por vuestras culpas; si vuestra madre fue repudiada, fue por vuestros crímenes.»
Responsorio Is 49, 15; cf. Sal 26, 10
R. ¿Puede una
madre olvidarse de su criatura, dejar de querer al hijo de sus entrañas? * Pues, aunque ella se olvide, yo no te
olvidaré.
V. Si mi padre y mi madre me abandonan, tú, Señor, me
recogerás.
R. Pues, aunque ella se olvide, yo no te olvidaré.
SEGUNDA LECTURA
Del Comentario de san Beda el Venerable, presbítero, sobre el evangelio de san Lucas
(Libro 1, 46-55: CCL 120, 37-39)
MAGNIFICAT
María dijo: <<Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi salvador.»
"El Señor -dice- me ha engrandecido con un don tan magnífico e inaudito que no se puede explicar con palabras humanas, y el mismo corazón con todo su amor apenas puede llegar a comprenderlo. Por lo tanto, me entrego con todas mis fuerzas a la alabanza y a la acción de gracias, contemplando la grandeza de aquel que es eterno, y gustosamente le consagro mi vida, sentimientos y pensamientos, porque mi espíritu se alegra en la divinidad eterna de Jesús, es decir, del Salvador, que se ha revestido de mi carne y reposa en mi seno.»
Porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo.
Estas palabras se relacionan con el comienzo del cántico, donde se dice: Proclama mi alma la grandeza del Señor. Sin duda que sólo aquel en quien el Poderoso hace obras grandes sabrá proclamar dignamente la grandeza del Señor y podrá exhortar a los que, como él, se sienten enriquecidos por Dios, diciendo: Proclamad conmigo la grandeza del Señor, ensalcemos juntos su nombre.
Pues el que no proclama la grandeza del Señor, sabiendo que es infinita, y no bendice su nombre será el último en el reino de los cielos. Se dice que su nombre es santo porque, por su inmenso poder, trasciende toda creatura y está infinitamente por encima de todas las cosas creadas.
Auxilia a Israel su siervo, acordándose de su misericordia. Con toda propiedad el cántico llama siervo o niño del Señor a Israel, pues, para salvado, Dios lo acogió como se acoge a un niño obediente y humilde, según aquello que dice Oseas: Cuando Israel era un niño yo lo amé.
Porque quien no quiere humillarse no puede tampoco ser salvado ni decir con el profeta: Dios es mi auxilio, el Señor sostiene mi vida, pues, el que se haga pequeño tal como este niño será el más grande en el reino de los cielos.
Como lo había prometido a nuestros padres, en favor de Abraham y su descendencia por siempre.
Al hablar aquí de la descendencia de Abraham no se refiere a la descendencia según la carne, sino según el espíritu, es decir, no sólo habla de aquellos que han sido engendrados según la carne, sino también de todos aquellos que han seguido los pasos de Abraham por medio de la circuncisión de la fe. Porque Abraham creyó cuando estaba en la circuncisión y, ya entonces, su fe le fue tenida en cuenta para la justificación.
Por lo tanto la venida del Salvador fue prometida: Abraham y a su descendencia por siempre, es decir, a los hijos de la promesa, de quienes se dice: Si sois de Cristo sois por lo mismo descendencia de Abraham, herederos según la promesa.
Con razón la madre del Señor y la madre de Juan se adelantaron con sus respectivas profecías al nacimiento de sus hijos; con ello, de la misma forma que el pecado comenzó por la mujer, también por la mujer se inicia la salvación, y la vida, que fue perdida por el engaño que sedujo a una sola mujer, es ahora devuelta al mundo por la profecía de dos mujeres que compiten en su empeño por anunciar la salvación.
Responsorio Lc 1, 48. 50
R. Desde ahora me
felicitarán todas las generaciones. * porque el
Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo.
V. Y su
misericordia llega a sus fieles de generación en generación.
R. Porque el
Poderoso ha hecho obras grandes por mi: su nombre es santo.
Oración
Dios nuestro, que, compadecido del hombre caído y sentenciado a muerte, quisiste redimirlo con la venida de tu Hijo, concede a los que en esta Navidad han de postrarse ante él con humildad, para adorarlo hecho niño en Belén, que merezcan gozar eternamente de la compañía de su redentor. Que vive y reina contigo.
DÍA 22 DE DICIEMBRE
LECTURA
BREVE
Is 45, 8
Cielos, destilad el rocío; nubes, derramad al Justo;
ábrase la tierra y brote la salvación, y con ella germine la justicia.
RESPONSORIO BREVE
V. Sobre ti,
Jerusalén, amanecerá el Señor. R. Sobre ti.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.LAUDES
V. Su gloria aparecerá sobre ti. R. Amanecerá el Señor.
V. Gloria. R. Sobre ti.
PRECES
Imploremos, hermanos, a
Dios Padre, que ha enviado a su Hijo para salvar al mundo, y digámosle
suplicantes: Muéstranos, Señor, tu misericordia.
Padre lleno de amor, no permitas que nuestra vida y
nuestras obras rechacen a Cristo, tu enviado, *
pues nuestra lengua lo proclama con fe plena.
Tú que enviaste a tu Hijo para salvación de los hombres,
* aleja de nuestra nación y del mundo entero
toda desgracia y todo dolor.
Que la tierra entera se alegre por la venida de tu Hijo,
* experimentando cada día más la felicidad que
en ti se encierra.
Concédenos, por tu misericordia, llevar ya desde ahora una
vida sobria y religiosa, * mientras aguardamos
la dichosa esperanza, la aparición gloriosa de Jesucristo.
Se pueden añadir algunas
intenciones libres.
Con el gozo que nos da el saber que Cristo viene para
hacernos hijos de Dios, digamos al Padre: Padre nuestro.
Oración
Dios nuestro, que, compadecido del hombre caído y
sentenciado a muerte, quisiste redimirlo con la venida de tu Hijo, concede a los
que en esta Navidad han de postrarse ante él con humildad, para adorarlo hecho
niño en Belén, que merezcan gozar eternamente de la compañía de su redentor. Que
vive y reina contigo.
DÍA 22 DE DICIEMBRE
Tercia
Mi 5, 4-5a
El jefe de Israel se alzará y pastoreará el rebaño con el
poder del Señor, con la majestad del nombre del Señor su Dios. Habitarán
tranquilos, porque se mostrará él grande hasta los confines de la tierra, y él
será nuestra paz.
V. Los gentiles temerán tu nombre, Señor. Oremos:
R. Los reyes
del mundo tu gloria.
Dios nuestro, que, compadecido del hombre caído y
sentenciado a muerte, quisiste redimirlo con la venida de tu Hijo, concede a los
que en esta Navidad han de postrarse ante él con humildad, para adorarlo hecho
niño en Belén, que merezcan gozar eternamente de la compañía de su redentor. Que
vive y reina contigo.
Sexta
Ag 2, 7.10
Todavía un poco más, y agitaré cielo y tierra, mar y
continentes. La gloria de este segundo templo será mayor que la del primero y en
este sitio daré la paz -oráculo del Señor de los ejércitos-. Oremos: Nona
Ml 4, 2
A los que honran mi nombre los iluminará un sol de justicia
que lleva la salud en los rayos; vosotros saldréis brincando como terneros del
establo -dice el Señor de los ejércitos-.
V. Ven Señor, y no tardes. Oremos:
V. Acuérdate de
nosotros, Señor, por amor a tu pueblo.
R. Visítanos con tu salvación.
Dios nuestro, que, compadecido del hombre caído y
sentenciado a muerte, quisiste redimirlo con la venida de tu Hijo, concede a los
que en esta Navidad han de postrarse ante él con humildad, para adorarlo hecho
niño en Belén, que merezcan gozar eternamente de la compañía de su redentor. Que
vive y reina contigo.
R. Perdona los pecados de tu
pueblo.
Dios nuestro, que, compadecido del hombre caído y
sentenciado a muerte, quisiste redimirlo con la venida de tu Hijo, concede a los
que en esta Navidad han de postrarse ante él con humildad, para adorarlo hecho
niño en Belén, que merezcan gozar eternamente de la compañía de su redentor. Que
vive y reina contigo.
CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración
comunitaria, se añade:
R. Demos gracias a Dios.
DÍA 22 DE DICIEMBRE
LECTURA
BREVE St 5, 7-8. 9b
Aguardad con paciencia, hermanos, hasta la
manifestación del Señor. Ved cómo el labrador espera el precioso fruto de la
tierra. Lo va aguardando pacientemente, hasta que la tierra reciba las lluvias
tempranas y las tardías. Aguardad también vosotros con toda paciencia,
fortaleced vuestros corazones, porque la manifestación del Señor está ya cerca.
Mirad que el juez está a las puertas.
RESPONSORIO BREVE
V. Ven a salvarnos,
Señor Dios de los ejércitos. CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.VÍSPERAS
R. Ven a
salva
V. Que brille tu rostro y nos salve.
R. Señor
Dios de los ejércitos.
V. Gloria. R. Ven a salvarnos.
PRECES
Oremos, hermanos, a
Cristo el Señor, que por nosotros se anonadó a sí mismo, y digámosle confiados:
Ven, Señor Jesús.
Señor Jesús, que con tu encarnación has salvado al
mundo, * purifica nuestras almas y nuestros
cuerpos de todo pecado.
No permitas que aquellos a quienes llamas hermanos por tu
encarnación * se alejen de ti por el
pecado.
No permitas que aquellos a quienes has salvado con tu venida
* merezcan ser castigados en el día de tu
juicio.
Cristo Jesús, que nunca alejas de nosotros tu bondad y tu
amor, * haz que alcancemos la corona
inmarcesible de gloria.
Se pueden añadir algunas
intenciones libres.
Te encomendamos, Señor, a nuestros hermanos que han sido
separados temporalmente de su cuerpo; * haz que,
muertos para el mundo, vivan eternamente para ti.
Movidos por la fe, invoquemos a Dios Padre con la oración
que Cristo nos enseñó: Padre nuestro.
Oración
Dios nuestro, que, compadecido del hombre caído y
sentenciado a muerte, quisiste redimirlo con la venida de tu Hijo, concede a los
que en esta Navidad han de postrarse ante él con humildad, para adorarlo hecho
niño en Belén, que merezcan gozar eternamente de la compañía de su redentor. Que
vive y reina contigo.
DÍA 23 DE DICIEMBRE
V. Derrama,
Señor, tu misericordia sobre nosotros.
R. Danos tu salvación, según tu
promesa.
PRIMERA LECTURA
Año I:
Del libro del profeta Isaías 43, 18-28
RENOVACIÓN DE ISRAEL
Esto dice el Señor:
«No recordéis lo de antaño, no penséis en lo antiguo; mirad que realizo algo nuevo; ya está brotando, ¿no lo notáis?
Abriré un camino por el desierto, ríos en el yermo; me glorificarán las bestias del campo, chacales y avestruces, porque ofreceré agua en el desierto, ríos en el yermo, para apagar la sed de mi pueblo, de mi escogido, el pueblo que yo formé, para que proclamara mi alabanza.
Tú no me invocabas, Jacob; ni te esforzabas por mí, Israel; no me ofrecías ovejas en holocausto, no me honrabas con tus sacrificios. Yo no te avasallé exigiéndote ofrendas, ni te cansé pidiéndote incienso; no me comprabas canela con dinero, no me saciabas con la grasa de tus sacrificios; pero me avasallabas con tus pecados y me cansabas con tus culpas.
Yo, yo era quien por mi cuenta borraba tus crímenes y no me acordaba de tus pecados; recuérdamelo tú, y discutiremos; cuéntamelo tú, y saldrás absuelto.
Ya tu primer padre pecó, tus jefes se rebelaron contra mí; por eso profané a príncipes consagrados, entregué a Jacob al exterminio y a Israel a los insultos.»
Responsorio Is 43, 19. 25; Jn 1, 29
R. Mirad que
realizo algo nuevo; ya está brotando, ¿no lo notáis? * Yo, yo era quien por mi cuenta borraba tus crímenes
y no me acordaba de tus pecados.
V. Éste es el Cordero de Dios, que quita el
pecado del mundo.
R. Yo, yo era quien por mi cuenta borraba tus crímenes y no
me acordaba de tus pecados.
Año II:
Del libro del profeta Isaías 51, 1-11
DIOS PROMETE LA SALVACIÓN A LOS HIJOS DE ABRAHAM
Escuchadme, los que vais tras la justicia, los que buscáis al Señor: Mirad la roca de donde os tallaron, la cantera de donde os extrajeron;" mirad a Abraham, vuestro padre, y a Sara, que os dio a luz; cuando lo llamé, era uno, pero lo bendije y lo multipliqué.
El Señor consuela a Sión, consuela a sus ruinas: convertirá su desierto en un edén, su yermo en jardín del Señor; allí habrá gozo y alegría, con acción de gracias al son de instrumentos.
Hacedme caso, pueblos, dadme oído, naciones, pues de mí sale la ley, mis mandatos son luz de los pueblos. En un momento haré llegar mi victoria, amanecerá como el día mi salvación, mi brazo gobernará los pueblos: me están aguardando las islas, ponen su esperanza en mi brazo.
Levantad los ojos al cielo, mirad abajo, a la tierra: el cielo se disipa como humo, la tierra se consume como ropa, sus habitantes mueren como mosquitos; pero mi salvación dura por siempre, mi victoria no tendrá fin.
Escuchadme, los entendidos en derecho, el pueblo que lleva mi ley en el corazón: no temáis la afrenta de los hombres, no desmayéis por sus oprobios: pues la polilla los roerá como a la ropa, como los gusanos roen la lana; pero mi victoria dura por siempre, mi salvación de edad en edad.
Despierta, despierta; revístete de fuerza, brazo del Señor; despierta como antaño, en las antiguas edades. ¿No eres tú quien destrozó al .monstruo y traspasó al dragón? ¿No eres tú quien secó el mar y las aguas del Gran Océano; el que hizo un camino por el fondo del mar para que pasaran los redimidos?
Volverán los rescatados del Señor, vendrán a Sión entre aclamaciones, una dicha eterna coronará su cabeza, gozo y alegría los acompañarán y se alejarán de ellos las penas y aflicciones.
Responsorio Cf. Is 51, 4. S; d. 35, 10
R. Hacedme caso,
pueblos, dadme oído, naciones, * en un momento
haré llegar mi Justo, amanecerá como el día mi Salvador.
V. Volverán los
rescatados del Señor, vendrán a Sión entre aclamaciones.
R. En un momento
haré llegar mi Justo, amanecerá como el día mi Salvador.
SEGUNDA LECTURA
Del Tratado de san Hipólito, presbítero, Contra la herejía de Noeto
(Cap. 9-12: PG lO, 815-819)
MANIFESTACIÓN DEL MISTERIO ESCONDIDO
Hay un único Dios, hermanos, que sólo puede ser conocido a través de las Escrituras santas. Por ello debemos esforzarnos por penetrar en todas las cosas que nos anuncian las divinas Escrituras y procurar profundizar en lo que nos enseñan. Debemos conocer al Padre como él desea ser conocido, debemos glorificar al Hijo como el Padre desea que lo glorifiquemos, debemos recibir al Espíritu Santo como el Padre desea dárnoslo. En todo debemos proceder no según nuestro arbitrio ni según nuestros propios sentimientos ni haciendo violencia a los deseos de Dios, sino según los caminos que el mismo Señor nos ha dado a conocer en las santas Escrituras.
Cuando sólo existía Dios y nada había aún que coexistiera con él, el Señor quiso crear el mundo. Lo creó por su inteligencia, por su voluntad y por su palabra; y el mundo llegó a la existencia tal como él lo quiso y cuando él lo quiso. Nos basta, por tanto, saber que, al principio, nada coexistía con Dios, nada había. fuera de él. Pero Dios, siendo único, era también múltiple. Porque con él estaba su sabiduría, su razón, su poder y su consejo; todo esto estaba en él, y él era todas estas cosas. Y, cuando quiso y como quiso, y en el tiempo por él mismo predeterminado, manifestó al mundo su Palabra, por quien fueron hechas todas las cosas.
Y como Dios contenía en sí mismo a la Palabra, aunque ella fuera invisible para el mundo creado, cuando Dios hizo oír su voz, la Palabra se hizo entonces visible; así, de la luz que es el Padre salió la luz que es el Hijo, y la imagen del Señor fue como reproducida en el ser de la creatura; de esta manera el que al principio era sólo visible para el Padre empezó a ser visible también para el mundo, para que éste, al contemplarlo, pudiera alcanzar la salvación.
El sentido de todo esto es que, al entrar en el mundo, la Palabra quiso aparecer como Hijo de Dios; pues, en efecto, todas las cosas fueron hechas por el Hijo, pero él es engendrado únicamente por el Padre.
Dios dio la ley y los profetas, impulsando a éstos a hablar bajo la moción del Espíritu Santo, para que, habiendo recibido la inspiración del poder del Padre, anunciaran su consejo y su voluntad.
La Palabra, pues, se hizo visible, como dice san Juan, y repitió en síntesis todo lo que dijeron los profetas, demostrando así que es realmente la Palabra por quien fueron hechas todas las cosas. Dice: Ya al comienzo de las cosas existía la Palabra, y la Palabra estaba con Dios y la Palabra era Dios; por ella empezaron a existir todas las cosas, y ninguna de las que existen empezó a ser sino por ella. Y más adelante: El mundo empezó por ella a existir, pero el mundo no la reconoció. Vino a los suyos y los suyos no la recibieron.
Responsorio Cf. 1s 9, 6. 7; Jn 1, 4
R. Nos nacerá un
niño y será llamado «Dios poderoso», * se
sentará sobre el trono de David, su padre, y grande será su poder: llevará sobre
sus hombros el señorío.
V. Él era la fuente de la vida, y esta vida era la
luz para los hombres.
R. Se sentará sobre el trono de David, su padre, y
grande será su poder: llevará sobre sus hombros el señorío.
Oración
Dios todopoderoso y eterno, estando ya próximo el aniversario del nacimiento de tu Hijo en carne mortal, te pedimos nos hagas sentir la abundancia de su amor, que lo hizo encarnarse en el seno de la Virgen María y habitar entre nosotros. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
DÍA 23 DE DICIEMBRE
LECTURA
BREVE Jr 30, 21. 22
Esto dice el Señor: «Saldrá de Jacob un príncipe, su
señor saldrá de en medio de él; me lo acercaré y se llegará a mí. Vosotros
seréis mi pueblo y yo seré vuestro Dios.»
RESPONSORIO BREVE
V. Sobre ti,
Jerusalén, amanecerá el Señor. CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. LAUDES
R. Sobre ti.
V. Su gloria aparecerá sobre ti.
R. Amanecerá el Señor.
V. Gloria. R. Sobre ti.
PRECES
Oremos, hermanos, a
Cristo, nuestro redentor, que ha venido para darnos la justificación, y
digámosle con júbilo: Ven, Señor Jesús.
Señor, cuya venida en la carne anunciaron antiguamente
los profetas, * haz germinar en nosotros la
semilla de las virtudes.
Concede a los que anunciamos al mundo tu salvación * que encontremos también en ti nuestra
salvación.
Tú que viniste a librar a los oprimidos, * cura las dolencias de los que sufren.
Tú que reconciliaste al mundo con Dios en tu primera venida,
* absuélvenos de toda condenación cuando vengas
como juez.
Se pueden añadir algunas
intenciones libres.
Repitamos las palabras de Jesús, pidiendo al Padre que venga
su reino: Padre nuestro.
Oración
Dios todopoderoso y eterno, estando ya próximo el
aniversario del nacimiento de tu Hijo en carne mortal, te pedimos nos hagas
sentir la abundancia de su amor, que lo hizo encarnarse en el seno de la Virgen
María y habitar entre nosotros. Por nuestro Señor Jesucristo, tu
Hijo.
DÍA 23 DE DICIEMBRE
HORA INTERMEDIA
LECTURA
BREVE
Tercia
Jr 29, 11.13 Sé muy bien lo que pienso hacer con vosotros: designios de
paz y no de aflicción, daros un porvenir y una esperanza. Me buscaréis y me
encontraréis si me buscáis de todo corazón.
V. Los gentiles temerán tu nombre, Señor. Oremos:
R. Los reyes
del mundo tu gloria.
Dios todopoderoso y eterno, estando ya próximo el
aniversario del nacimiento de tu Hijo en carne mortal, te pedimos nos hagas
sentir la abundancia de su amor, que lo hizo encarnarse en el seno de la Virgen
María y habitar entre nosotros. Por Cristo nuestro Señor.
Sexta Jr 30, 18
Esto dice el
Señor: "Yo cambiaré la suerte de las tiendas de Jacob, me compadeceré de sus
moradas."
V. Acuérdate de nosotros, Señor, por amor a tu pueblo. Oremos:
R.
Visítanos con tu salvación.
Dios todopoderoso y eterno, estando ya próximo el
aniversario del nacimiento de tu Hijo en carne mortal, te pedimos nos hagas
sentir la abundancia de su amor, que lo hizo encarnarse en el seno de la Virgen
María y habitar entre nosotros. Por Cristo nuestro Señor.
Nona
Ba 3, 5-6a
No te acuerdes de las iniquidades de nuestros padres, sino
acuérdate de tu mano y de tu nombre en esta hora. Pues eres el Señor, Dios
nuestro.
V. Ven, Señor, y no tardes. Oremos: CONCLUSIÓN
Después de la oración, por lo menos en la celebración
comunitaria, se añade:
R. Perdona los pecados de tu
pueblo.
Dios todopoderoso y eterno, estando ya próximo el
aniversario del nacimiento de tu Hijo en carne mortal, te pedimos nos hagas
sentir la abundancia de su amor, que lo hizo encarnarse en el seno de la Virgen
María y habitar entre nosotros. Por Cristo nuestro Señor.
R. Demos gracias a
Dios.
DÍA 23 DE DICIEMBRE
LECTURA
BREVE 2Pe 3, 8b-9
Para el Señor un día es como mil años, y mil años
como un día. No es tardo el Señor en el cumplimiento de sus promesas, como
algunos piensan. Lo que hace es aguardaros pacientemente, porque no quiere que
nadie perezca, sino que todos vengáis a arrepentiros.
RESPONSORIO BREVE
V. Ven a salvarnos,
Señor Dios de los ejércitos. R. Ven a
salva CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.VÍSPERAS
V. Que brille tu rostro y nos salve. R. Señor Dios
de los ejércitos.
V. Gloria. R. Ven a salvarnos.
PRECES
Roguemos a nuestro
Redentor, que viene a dar la Buena Noticia a los pobres, y digámosle:
Manifiesta, Señor, tu gloria a los hombres.
Manifiéstate, Señor, a todos los que no te conocen,
* para que también ellos vean tu
salvación.
Que tu nombre, Señor, se anuncie hasta los confines de la
tierra * y que todos los hombres descubran el
camino que conduce a ti.
Tú que viniste la vez primera para salvar al mundo, * ven de nuevo para salvar a los que en ti
creen.
Aquella libertad que tu venida dio a los redimidos * consérvala y defiéndela siempre con tu poder.
Se pueden añadir algunas
intenciones libres.
Tú que ya viniste en la carne y vendrás de nuevo a juzgar al
mundo, * da en tu venida el premio eterno a los
difuntos.
Llenos del Espíritu de Jesucristo, nos atrevemos a decir:
Padre nuestro.
Oración
Dios todopoderoso y eterno, estando ya próximo el
aniversario del nacimiento de tu Hijo en carne mortal, te pedimos nos hagas
sentir la abundancia de su amor, que lo hizo encarnarse en el seno de la Virgen
María y habitar entre nosotros. Por nuestro Señor Jesucristo, tu
Hijo.
DÍA 24 DE DICIEMBRE
Las antífonas y los salmos se toman del día correspondiente.
V. El Señor
anuncia su palabra a Jacob.
R. Sus decretos y mandatos a Israel.
PRIMERA LECTURA
Año I:
Del libro del profeta Isaías 44, 1-8. 21-23
PROMESAS DE REDENCIÓN DE ISRAEL
Escucha, Jacob, siervo mío; Israel, mi elegido: Así dice el Señor que te hizo, que te formó en el seno y te auxilia:
«No temas, siervo mío, Jacob, mi amado, mi elegido; voy a derramar agua sobre lo sediento y torrentes en el páramo; voy a derramar mi aliento sobre tu estirpe y mi bendición sobre tus vástagos. Crecerán como hierba junto a la fuente, como sauces junto a las acequias. Uno dirá: "Soy del Señor"; otro se pondrá el nombre de Jacob; uno se tatuará en el brazo: "Del Señor", y se apellidará Israel.»
Así dice el Señor, Rey de Israel, su redentor, el Señor de los ejércitos:
«Yo soy el primero y yo soy el último; fuera de mí no hay dios. ¿Quién se parece a mí? Que se levante y hable, que lo explique y me lo exponga. ¿Quién anunció de antemano el porvenir, quién nos predice lo que ha de suceder? No temáis, no tembléis: ¿no lo anuncié y lo predije por adelantado? Vosotros sois testigos: ¿hay un dios fuera de mí? No existe roca que yo no conozca.
Acuérdate de esto, Jacob; de que eres mi siervo, Israel. Yo te formé, siervo mío eres, Israel, no te olvidaré. He disipado como niebla tus rebeliones, como nube tus pecados: vuelve a mí, que yo soy tu redentor.»
Aclamad, cielos, porque el Señor ha actuado; vitoread, simas de la tierra; romped en aclamaciones, montañas, y tú, bosque, con todos tus árboles; porque el Señor ha redimido a Jacob y se gloría de Israel.
Responsorio Is 40, 9
R. Súbete a un
monte elevado, heraldo de Sión; * di a las
ciudades de Judá: «Aquí está vuestro Dios.»
V. Alza fuerte la voz, heraldo de
Jerusalén.
R. Di a las ciudades de Judá: «Aquí está vuestro Dios.»
Año II:
Del libro del profeta Isaías 51, 17-52, 2. 7-10
JERUSALÉN ES EVANGELIZADA
Despierta, despierta, ponte en pie, Jerusalén, que bebiste de la mano del Señor la copa de su ira y apuraste hasta el fondo el cáliz del vértigo. Entre los hijos que engendró, no hay quien la guíe; entre los hijos que crió, no hay quien la lleve de la mano.
Esos dos males te han sucedido: saqueo y destrucción, hambre y espada: ¿quién se compadece de ti?, ¿quién te consuela? Tus hijos yacen desfallecidos en las esquinas de las calles, como antílopes en la red, repletos de la ira del Señor, de la amenaza de tu Dios.
Por tanto, escucha esto, pobrecilla, embriagada, mas no de vino. Así dice el Señor, tu Dios, defensor de tu pueblo:
«Mira, yo quito de tu mano la copa del vértigo, no volverás a beber del vaso de mi ira; lo pondré en la mano de tus verdugos, que te decían: "Póstrate para que pasemos encima"; y tú presentabas la espalda como suelo, como calzada para los transeúntes.»
Despierta, despierta; revístete de fortaleza, Sión; vístete el traje de gala, Jerusalén, ciudad santa; porque no I volverán a entrar en ti incircuncisos ni impuros.
Sacúdete el polvo, ponte en pie, Jerusalén cautiva; desata las correas de tu cuello, cautiva hija de Sión.
¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae la dicha, que anuncia la salvación, que dice a Sión: «Ya reina tu Dios»!
Escucha: tus vigías gritan, cantan a coro, porque ven cara a cara al Señor que vuelve a Sión.
Prorrumpid a una en gritos de júbilo, soledades de Jerusalén, porque el Señor consuela a su pueblo y ha rescatado a Jerusalén: el Señor desnuda su santo brazo a la vista de todas las naciones, y verán los confines de la tierra la victoria de nuestro Dios.
Responsorio Cf. Ex 19, 10. 11; Dt 7, 15; cf. Dn 9, 24
R. Purificaos,
hijos de Israel: porque mañana descenderá el Señor, * y alejará de vosotros toda enfermedad.
V. Mañana
quedará borrada la iniquidad de la tierra y sobre nosotros reinará el Salvador
del mundo.
R. Y alejará de vosotros toda enfermedad.
SEGUNDA LECTURA
De los Sermones de san Agustín, obispo
(Sermón 185: PL 38, 997-999)
LA VERDAD BROTA DE LA TIERRA Y LA JUSTICIA MIRA DESDE EL CIELO
Despierta, hombre: por ti Dios se hizo hombre. Despierta, tú que duermes, surge de entre los muertos, y Cristo con su luz te alumbrará. Te lo repito: por ti Dios se hizo hombre.
Estarías muerto para siempre, si él no hubiera nacido en el tiempo. Nunca hubieras sido librado de la carne del pecado, si él no hubiera asumido una carne semejante a la del pecado. Estarías condenado a una miseria eterna, si no hubieras recibido tan gran misericordia. Nunca hubieras vuelto a la vida, si él no se hubiera sometido voluntariamente a tu muerte. Hubieras perecido, si él no te hubiera auxiliado. Estarías perdido sin remedio, si él no hubiera venido a salvarte.
Celebremos, pues, con alegría la venida de nuestra salvación y redención. Celebremos este día de fiesta, en el cual el grande y eterno Día, engendrado por el que también es grande y eterno Día, vino al día tan breve de esta nuestra vida temporal.
Él se ha hecho para nosotros justicia, santificación y redención. Y así -como dice la Escritura- «el que se gloria que se gloríe en el Señor.»
La verdad brota, realmente, de la tierra, pues Cristo, que dijo: Yo soy la verdad, nació de la Virgen. Y la justicia mira desde el cielo, pues nadie es justificado por sí mismo, sino por su fe en aquel que por nosotros ha nacido. La verdad brota de la tierra, porque la Palabra se hizo carne. Y la justicia mira desde el cielo, porque toda dádiva preciosa y todo don perfecto provienen de arriba. La verdad brota de la tierra, es decir, la carne de Cristo es engendrada en María. Y la justicia mira desde el cielo, porque nadie puede apropiarse nada, si no le es dado del cielo.
Ya que hemos recibido la justificación por la fe, estamos en paz con Dios, porque la justicia y la paz se besan.
Por medio de nuestro Señor Jesucristo, porque la verdad brota de la tierra. Por él hemos obtenido el acceso a esta gracia en que estamos: y nos gloriamos apoyados en la esperanza de la gloria de Dios. Fíjate que no dice «nuestra gloria», sino la gloria de Dios, porque la justicia no procede de nosotros, sino que mira desde el cielo. Por ello el que se gloria que se gloríe no en sí mismo, sino en el Señor.
Por eso también, cuando el Señor nació de la Virgen, los ángeles entonaron este himno: Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.
¿Cómo vino la paz a la tierra? Sin duda porque la verdad brota de la tierra, es decir, Cristo nace de María. Él es nuestra paz, él ha hecho de los dos pueblos una sola cosa, para que todos seamos hombres de buena voluntad, unidos unos a los otros con el suave vínculo de la unidad. Alegrémonos, pues, por este don, para que nuestra gloria sea el testimonio que nos da nuestra conciencia; y así nos gloriaremos en el Señor, y no en nosotros. Por eso dice el salmista: Tú eres mi gloria, tú mantienes alta mi cabeza.
¿Qué mayor gracia pudo hacernos Dios? Teniendo un Hijo único lo hizo Hijo del hombre, para que el hijo del hombre se hiciera hijo de Dios.
Busca dónde está tu mérito, busca de dónde procede, busca cuál es tu justicia: y verás que no puedes encontrar otra cosa que no sea pura gracia de Dios.
Responsorio Is 11, 1. 5. 2
R. Saldrá un
renuevo del tronco de Jesé, y de su raíz brotará un vástago. * La justicia será el ceñidor de su cintura, y la
lealtad el cinturón de sus caderas.
V. Sobre él se posará el espíritu del
Señor: espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de
fortaleza.
R. La justicia será el ceñidor de su cintura, y la lealtad el
cinturón de sus caderas.
Si este día cae en domingo, después del segundo responsorio se dice el himno Señor, Dios eterno.
Oración
Jesús, Señor nuestro, ven pronto, no tardes más, para que se reanimen con tu venida los que confían en tu amor. Tú que vives y reinas.
DÍA 24 DE DICIEMBRE
24 de diciembre: Ant. 1.:
Tú, Belén, tierra de Judá, de ningún modo eres la menor, porque de ti
saldrá un jefe, que gobernará a mi pueblo Israel.
Los salmos y el cántico se toman
del día correspondiente.
24 de diciembre: Ant. 2.:
Levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación.
24 de diciembre: Ant. 3.:
«Mañana será el día de vuestra salvación», dice el Señor de los
ejércitos.
LECTURA
BREVE Is 11,
1-3a
Saldrá un renuevo del tronco de Jesé, y de su raíz
brotará un vástago. Sobre él se posará el espíritu del Señor: espíritu de
sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de fortaleza, espíritu de
ciencia y de temor del Señor.
RESPONSORIO BREVE
V. Mañana quedará borrada la iniquidad de la tierra.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. LAUDES
R. Mañana
V. Y sobre nosotros reinará el Salvador del
mundo.
R. Quedará borrada la iniquidad de la
tierra.
V. Gloria. R. Mañana.
PRECES
Hermanos, oremos con
todo nuestro espíritu a Cristo redentor, que vendrá con gran poder y gloria, y
digámosle: Ven, Señor Jesús.
Señor Jesucristo, que vendrás con poder desde el cielo,
* mira nuestra pequeñez y haz que seamos dignos
de tus dones.
Tú que viniste a anunciar la Buena Noticia a los hombres,
* danos fuerza para que también nosotros
anunciemos el Evangelio a nuestros hermanos.
Tú que desde el trono del Padre todo lo gobiernas, * haz que aguardemos con alegría la dicha que
esperamos, tu aparición gloriosa.
Consuélanos, Señor, con los dones de tu divinidad, * a los que anhelamos la gracia de tu venida.
Se pueden añadir aIgunas
intenciones libres.
Pidamos que el reino de Dios llegue a todos los hombres:
Padre nuestro.
Oración
Jesús, Señor nuestro, ven pronto, no tardes más, para que se reanimen con tu venida los que confían en tu amor. Tú que vives y reinas.
DÍA 24 DE DICIEMBRE
HORA INTERMEDIA
LECTURA
BREVE
Tercia
Is 4,2
Aquel día, el vástago
del Señor será joya y gloria, fruto del país, honor y ornamento puro para los
supervivientes de Israel.
V. Los gentiles temerán tu nombre, Señor. Oremos: Sexta
Is 4,3
A los que queden en Sión, a los restantes en Jerusalén, los
llamarán santos: serán inscritos para vivir en Jerusalén.
V. Acuérdate de nosotros, Señor, por amor a tu
pueblo.
R. Los reyes del mundo tu gloria.
Jesús, Señor nuestro, ven pronto, no tardes más,
para que se reanimen con tu venida los que confían en tu amor. Tú que vives y
reinas.
R. Visítanos con tu
salvación.
Oremos: Nona
Is 61,11
Como el suelo echa sus brotes, como un jardín hace
brotar sus semillas, así el Señor hará brotar la justicia y los himnos, ante
todos los pueblos.
V. Ven, Señor, y no tardes. Oremos: CONCLUSIÓN
Jesús,
Señor nuestro, ven pronto, no tardes más, para que se reanimen con tu venida los
que confían en tu amor. Tú que vives y reinas.
R. Perdona los pecados de tu
pueblo.
Jesús, Señor nuestro, ven pronto, no tardes más,
para que se reanimen con tu venida los que confían en tu amor. Tú que vives y
reinas.
Después de la oración, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al
Señor.
R. Demos gracias a Dios.
V. Señor, abre mis labios.
R. Y mi
boca proclamará tu alabanza.
Al Rey que viene, al Señor que se acerca, venid, adorémosle.
Salmo
94
Salmo
99
Salmo
66
Salmo
23
Salmo 94
INVITACIÓN A LA
ALABANZA DIVINA
Animaos unos
a otros, día tras día,
mientras perdura el «hoy». (Hb
3,13)
Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos
salva; +
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con
cantos.
Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los
dioses,
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres
de los montes.
Suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que
modelaron sus manos.
Venid, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador
nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo, el rebaño que
él guía.
Ojalá escuchéis hoy su voz:
"No endurezcáis el corazón como en
Meribá,
como el día de Masá en el desierto:
cuando vuestros padres me
pusieron a prueba,
y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.
Durante cuarenta años
aquella generación me repugnó, y dije:
"Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por
eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso."
Si para el Invitatorio se escoge el salmo 99, el 66 o el 23, y el salmo escogido formara ya parte de la salmodia del día, se diría entonces en su lugar, en la salmodia, el salmo 94.
Salmo 99
ALEGRÍA DE LOS QUE
ENTRAN EN EL TEMPLO
Los redimidos
deben entonar un canto de victoria.
(S. Atanasio)
Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con aclamaciones.
Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.
Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios
con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:
«El Señor es bueno, su misericordia es eterna,
su fidelidad por
todas las edades.»
Salmo 66
QUE TODOS LOS PUEBLOS
ALABEN AL SEÑOR
Sabed que
esta salvación de Dios ha sido enviada
a los gentiles. (Hch
28,28)
El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre
nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.
¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te
alaben.
Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con
justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la
tierra.
¡Oh Dios!, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te
alaben.
La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga;
que le teman hasta los confines del orbe.
Salmo 23
ENTRADA
SOLEMNE DE DIOS EN SU TEMPLO
Las puertas
del cielo se abren ante Cristo
que como hombre sube al cielo. (S. Ireneo).
Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus
habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.
¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el
recinto sacro?
El hombre de manos inocentes y puro corazón,
que no confía en
los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ese recibirá la bendición
del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.
Este es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia,
Dios de Jacob.
¡Portones!, alzad los dinteles,
levantaos, puertas antiguas:
va a entrar el Rey de la gloria.
¿Quién es ese Rey de la gloria?
El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra.
¡Portones!, alzad los dinteles,
levantaos, puertas antiguas:
va a entrar el Rey de la gloria.
¿Quién es ese Rey de la gloria?
El Señor, Dios de los
ejércitos.
Él es el Rey de la gloria.
V. Señor, abre mis labios.
R. Y mi
boca proclamará tu alabanza.
El Señor está cerca, venid, adorémosle.
Salmo
94
Salmo
99
Salmo
66
Salmo
23
HIMNOS DE ADVIENTO
1)
Hasta el 16 de diciembre
OFICIO DE LECTURA
Verbo que del cielo bajas,
Luz del Padre que,
naciendo,
socorres al mundo mísero
con el correr de los
tiempos.
Ilumina el corazón,
quema de
amor nuestro pecho,
y borren tus enseñanzas
tantos deslices y
yerros,
para que, cuando
regreses
como juez de nuestros hechos,
castigues el mal oculto
y
corones a los buenos.
Que la maldad no nos
lance
por nuestras culpas al fuego,
mas felices moradores
nos veamos en
tu reino.
A Dios Padre y a su
Hijo
gloria y honor tributemos,
y al Espíritu Paráclito,
por los siglos
sempiternos. Amén.
LAUDES
Ven, Señor, no tardes,
ven, que te esperamos;
ven, Señor, no
tardes,
ven pronto, Señor.
El mundo muere de frío,
el
alma perdió el calor,
los hombres no son hermanos
porque han matado al
Amor.
Envuelto en noche
sombría,
gime el mundo de pavor;
va en busca de una esperanza,
buscando
tu fe, Señor.
Al mundo le falta vida
y le
falta corazón;
le falta cielo en la tierra,
si no lo riega tu
amor.
Rompa el cielo su
silencio,
baje el rocío a la flor,
ven, Señor, no tardes tanto,
ven,
Señor. Amén.
O bien:
Una clara voz resuena
que las tinieblas repudia,
el sueño
pesado ahuyéntase,
Cristo en el cielo fulgura.
Despierte el alma dormida
y
sus torpezas sacuda,
que para borrar los males
un astro nuevo
relumbra.
De arriba llega el
Cordero
que ha de lavar nuestras culpas;
con lágrimas imploremos
el
perdón que nos depura,
porque en su nueva
venida
que aterroriza y conturba,
no tenga que castigarnos,
mas con
piedad nos acuda.
Al Padre eterno la
gloria,
loor al Hijo en la altura,
y al Espíritu Paráclito
por siempre
alabanza suma. Amén.
VÍSPERAS
Éste es el tiempo en que llegas,
Esposo, tan de repente,
que
invitas a los que velan
y olvidas a los que duermen.
Salen cantando a tu
encuentro
doncellas con ramos verdes
y lámparas que guardaron
copioso y
claro el aceite.
¡Cómo golpean las necias
las
puertas de tu banquete!
¡Y cómo lloran a oscuras
los ojos que no han de
verte!
Mira que estamos
alerta,
Esposo, por si vinieres,
y está el corazón velando
mientras los
ojos se duermen.
Danos un puesto a tu
mesa,
Amor que a la noche vienes,
antes que la noche acabe
y que la
puerta se cierre. Amén.
O bien:
Jesucristo, Palabra del Padre,
luz eterna de todo
creyente:
ven, Señor, porque ya se hace tarde,
ven y escucha la súplica
ardiente.
Cuando el mundo dormía en
tinieblas,
en tu amor, tú quisiste ayudarlo
y trajiste, viniendo a la
tierra,
esa vida que puede salvarlo.
Ya madura la historia en
promesas,
sólo anhela tu pronto regreso;
si el silencio madura la
espera,
el amor no soporta el silencio.
Con María, la Iglesia te
aguarda
con anhelos de esposa y de madre
y reúne a sus hijos, los
fieles,
para juntos poder esperarte.
Cuando vengas, Señor, en tu
gloria,
que podamos salir a tu encuentro
y a tu lado vivamos por
siempre,
dando gracias al Padre en el reino. Amén.
2) Desde el 17 de diciembre
OFICIO DE LECTURA
Alegría de nieve
por los caminos.
Todo espera la
gracia
del Bien Nacido.
Miserables los hombres,
dura
la tierra.
Cuanta más nieve cae,
más cielo cerca.
La tierra tan dormida
ya se
despierta.
Y hasta el hombre más muerto
se despereza.
Ya los montes se allanan
y
las colinas,
y el corazón del hombre
vuelve a la vida.
Gloria al Padre y al
Hijo,
gloria al Espíritu,
que han mirado a la tierra
compadecidos.
Amén.
LAUDES
La pena que la tierra soportaba
a causa del pecado, se ha
trocado
en canto que brota jubiloso
en labios de María
pronunciado.
El sí de las promesas ha
llegado,
la alianza se cumple, poderosa,
el Verbo eterno de los
cielos
con nuestra débil carne se desposa.
Misterio que sólo la fe
alcanza,
María es nuevo templo de la gloria,
rocío matinal, nube que
pasa,
luz nueva en presencia misteriosa.
A Dios sea la gloria
eternamente,
al Hijo suyo amado Jesucristo,
que quiso nacer para
nosotros
y darnos su Espíritu divino. Amén.
O bien:
Que
viene Cristo repiten
con su clamor los profetas
previniendo que la
gracia
de la redención se acerca.
Se anuncia nuestro
mañana,
los corazones se alegran,
anunciadores de gloria
miles de voces
resuenan.
Fue el primer
advenimiento
no de castigo ni de pena,
sino por curar heridas
salvando
a quien pereciera.
Mas ha de venir de nuevo,
su
venida nos alerta,
a coronar a los justos
y a darles la
recompensa.
Luz perenne se nos
brinda,
la salvación centellea,
y un resplandor nos convoca
a las
mansiones etéreas.
Oh Cristo, anhelamos
verte
cual Dios en visión perpetua,
porque este gozo
será
bienaventuranza eterna. Amén.
VÍSPERAS
Ya muy cercano, Emmanuel,
hoy te presiente Israel,
que en
triste exilio vive ahora
y redención de ti implora.
Ven ya, del cielo
resplandor,
Sabiduría del Señor,
pues con tu luz, que el mundo
ansía,
nos llegará nueva alegría.
Llegando estás, Dios y
Señor,
del Sinaí legislador,
que la ley santa promulgaste
y tu poder
allí mostraste.
Ven, Vara santa de
Jesé,
contigo el pueblo a lo que fue
volver espera, pues aún gime
bajo
el cruel yugo que lo oprime.
Ven, Llave de David, que al
fin
el cielo abriste al pueblo ruin,
que hoy puede andar, libre su
vía,
con la esperanza del gran día.
Aurora tú eres que, al
nacer,
nos trae nuevo amanecer,
y con tu luz, viva esperanza
el corazón
del hombre alcanza.
Rey de la gloria, tu
poder
al enemigo ha de vencer,
y al ayudar nuestra flaqueza,
se
manifiesta tu grandeza. Amén.
HIMNOS DE LA
HORA MEDIA
Tercia
Sexta
Nona
Oh Santo Espíritu, que con el
Padre
y el Hijo eres un solo Dios eterno:
dígnate ya bajar hasta
nosotros
y entrar y derramarte en nuestros pechos.
Que la mente, la lengua y el
sentido
den testimonio de tu nombre excelso,
y que las llamas del amor
despunten,
y que al prójimo abrasen con su fuego.
Escúchanos, oh Padre
piadosísimo,
y haz que se cumpla nuestro deseo,
tú que reinas sin tiempo
con tu Hijo
Jesucristo y el Santo Paracleto. Amén.
O bien, fuera de los domingos y de las solemnidades:
El trabajo, Señor, de cada
día
nos sea por tu amor santificado,
convierte su dolor en alegría
de
amor, que para dar tú nos has dado.
Paciente y larga es nuestra
tarea
en la noche oscura del amor que espera;
dulce huésped del alma, al
que flaquea
dale tu luz, tu fuerza que aligera.
En el alto gozoso del
camino,
demos gracias a Dios, que nos concede
la esperanza sin fin del don
divino;
todo lo puede en él quien nada puede. Amén.
En los domingos:
Cuando la luz del día está en
su cumbre,
eres, Señor Jesús, luz y alegría
de quienes en la fe y en la
esperanza
celebran ya la fiesta de la Vida.
Eres resurrección, palabra y
prenda
de ser y de vivir eternamente;
sembradas de esperanzas nuestras
vidas,
serán en ti cosecha para siempre.
Ven ya, Señor Jesús, Salvador
nuestro,
de tu radiante luz llena este día,
camino de alegría y de
esperanza,
cabal acontecer de nueva vida.
Concédenos, oh Padre
omnipotente,
por tu Hijo Jesucristo, hermano nuestro,
vivir ahora el fuego
de tu Espíritu,
haciendo de esta. tierra un cielo nuevo. Amén.
O bien:
Este mundo del hombre, en que
él se afana
tras la felicidad que tanto ansía,
tú lo vistes, Señor, de luz
temprana
y de radiante sol al mediodía.
Así el poder de tu presencia
encierra
el secreto más hondo de esta vida;
un nuevo cielo y una nueva
tierra
colmarán nuestro anhelo sin medida.
Poderoso Señor de nuestra
historia,
no tardes en venir gloriosamente;
tu luz resplandeciente y tu
victoria
inunden nuestra vida eternamente. Amén.
O bien:
Oh Señor, Dios eterno y
bondadoso,
tú diriges los tiempos y la vida;
son por ti luminosas las
mañanas,
con tu sol das el fuego al mediodía.
Que tu paz se derrame en
nuestras almas
y que apague el ardor de la discordia;
que descansen los
cuerpos fatigados,
anhelando el reposo de tu gloria.
Tu amistad danos, Padre
omnipotente,
sea Cristo la senda que sigamos,
ilumine el Espíritu el
desierto
en que todos a ti peregrinamos. Amén.
Fundamento de todo lo que
existe,
de tu pueblo elegido eterna roca,
de los tiempos Señor, que
prometiste
dar tu vigor al que con fe te invoca.
Mira al hombre que es fiel y no
te olvida,
tu Espíritu, tu paz háganlo fuerte
para amarte y servirte en
esta vida
y gozarte después de santa muerte.
Jesús, Hijo del Padre, ven
aprisa
en este atardecer que se avecina,
serena claridad y dulce
brisa
será tu amor que todo lo domina. Amén.
O bien:
Oh Dios, tenaz vigor de toda
cosa,
que inmóvil en ti mismo permaneces,
y que el orden del tiempo
determinas
por medio de la luz que nace y muere.
Dígnate concedernos en la
tarde,
Luz con que nuestra vida nunca cese,
y haz que el bien infinito de
la gloria
siga a la gracia de una santa muerte.
Glorificado seas,
Jesucristo,
nacido del más puro y santo vientre,
y que sean también
glorificados
el Padre y el Espíritu por siempre. Amén.
Señor, Dios eterno,
alegres te cantamos,
a ti nuestra alabanza,
a ti, Padre del cielo, te
aclama la creación.
Postrados ante ti, los ángeles te adoran
y cantan sin
cesar:
Santo, santo, santo es el Señor, Dios del universo;
llenos
están el cielo y la tierra de tu gloria.
A ti, Señor,
te alaba el coro celestial de los apóstoles,
la multitud de los profetas te enaltece,
y el ejército glorioso de los
mártires te aclama.
A ti la Iglesia santa,
por todos los confines extendida,
con júbilo te adora y canta tu grandeza:
Padre, infinitamente santo,
Hijo eterno, unigénito de Dios,
Santo Espíritu de amor y de consuelo.
Oh Cristo, tú eres el Rey de la gloria,
tú el Hijo y Palabra
del Padre,
tú el Rey de toda la creación.
Tú, para salvar al hombre,
tomaste la condición de
esclavo
en el seno de una virgen.
Tú destruiste la muerte
y abriste a los creyentes las puertas
de la gloria.
Tú vives ahora, inmortal y glorioso,
en el reino del
Padre.
Tú vendrás algún día,
como juez universal.
Muéstrate, pues,
amigo y defensor de los hombres que
salvaste.
y recíbelos por siempre allá en tu reino,
con tus santos y
elegidos.
La parte que sigue puede omitirse, si se cree oportuno.
Salva a tu pueblo, Señor, y bendice a tu heredad.
Sé su pastor, y guíalos por siempre.
Día tras día te bendeciremos
y alabaremos tu nombre por siempre
jamás.
Dígnate, Señor, guardarnos de pecado en este día.
Ten piedad de nosotros, Señor,
ten piedad de
nosotros.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo
esperamos de ti.
A ti, Señor, me acojo,
no quede yo nunca defraudado.
Te Deum laudamus; * te Dominum confitemur.
Te æternum
Patrem, * omnis terra veneratur.
Tibi omnes angeli, *
tibi cæli et universæ potestates;
tibi cherubim
et seraphim *
incessabili voce
proclamant:
Sanctus, * Sanctus, * Sanctus *
Dominus Deus Sabaoth.
Pleni sunt cæli et terra * maiestatis gloriæ
tuæ.
Te gloriosus * Apostolorum chorus,
te prophetarum *
laudabilis numerus,
te martyrum candidatus * laudat exercitus.
Te per
orbem terrarum * sancta confitetur Ecclesia,
Patrem * immensæ
maiestatis;
venerandum tuum verum * et unicum Filium;
Sanctum quoque *
Paraclitum Spiritum.
Tu rex gloriæ, * Christe.
Tu Patris * sempiternus es
Filius.
Tu, ad liberandum suscepturus hominem, *
non horruisti Virginis uterum.
Tu, devicto mortis aculeo,
*
aperuisti credentibus regna cælorum.
Tu ad
dexteram Dei sedes * in gloria Patris.
Iudex crederis * esse venturus.
Te
ergo quæsumus, tuis famulis subveni, *
quos pretioso
sanguine redemisti.
Æterna fac cum sanctis tuis * in gloria
numerari.
Hæc última pars hymni ad libitum omitti potest.
Salvum fac populum tuum, Domine, *
et benedic hæreditati tuæ.
Et rege eos, * et extolle illos usque in
æternum.
Per singulos dies * benedicimus te;
et laudamus nomen tuum in
sæculum, *
et in sæculum sæculi.
Dignare, Domine,
die isto *
sine peccato nos custodire.
Miserere
nostri, Domine, * miserere nostri.
Fiat misericordia tua, Domine, super nos,
*
quemadmodum speravimus in te.
In te, Domine,
speravi, *
non confundar in æternum.
Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu
en Dios mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su
esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el
Poderoso
ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo
y su
misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de
corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide
vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham
y su
descendencia por siempre.
Magnificat *
anima mea Dominum,
et exsultavit spiritus meus *
in Deo salvatore meo,
quia respexit humilitatem
ancillæ suæ,
*
ecce enim ex hoc beatam me
dicent
omnes
generationes,
quia fecit mihi magna qui potens est,
*
et sanctum nomen eius,
et misericordia eius in
progenies et progenies *
timentibus eum.
Fecit potentiam in bracchio suo,
*
dispersit superbos mente cordis sui;
deposuit
potentes de sede *
et exaltavit
humiles;
esurientes implevit bonis *
et divites
dimisit inanes.
Suscepit Israel puerum suum,
*
recordatus misericordiæ,
sicut
locutus est ad patres nostros, *
Abraham en semini
eius in sæcula.
Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y
redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa
de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de
sus santos profetas.
Es la salvación que nos libra
de nuestros enemigos
y de la
mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia
que
tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que
juró
a nuestro padre Abraham.
Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de
los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su
presencia, todos nuestros días.
Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás
delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la
salvación,
el perdón de sus pecados.
Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el
sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en
sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la
paz.
Benedictus Dominus Deus Israel, *
quia visitavit et fecit redemptionem plebi suæ
et erexit cornu salutis nobis *
in domo
David pueri sui,
sicut locutus est per os sanctorum, *
qui a sæculo sunt, prophetarum eius,
salutem ex
inimicis nostris *
et de manu omnium, qui oderunt
nos;
ad faciendam misericordiam
cum patribus nostris
*
et memorari testamenti sui sancti,
iusiurandum,
quod iuravit ad Abraham
patrem nostrum, *
daturum se nobis,
ut sine timore, de manu
inimicorum liberati, *
serviamus illi
in
sanctitate et iustitia coram ipso *
omnibus diebus
nostris.
Et tu, puer, propheta Altissimi vocaberis: *
præibis enim ante faciem Domini
parare vias
eius,
ad dandam scientiam salutis plebi eius *
in remissionem peccatorum eorum,
per viscera misericordiæ Dei nostri, *
in quibus visitabit nos oriens ex
alto,
illuminare his, qui in tenebris
et in umbra mortis
sedent *
ad dirigendos pedes nostros in viam
pacis.
Serie I
Salmo 119
DESEO DE LA
PAZ
Estad firmes en la tribulación,
sed asiduos en la oración. (Rm 12,
12)
En mi aflicción llamé
al Señor,
y él me respondió.
Líbrame, Señor, de los labios mentirosos,
de la lengua traidora.
¿Qué te va a dar o a
mandar Dios, lengua traidora?
Flechas de arquero,
afiladas con ascuas de
retama.
¡Ay de mí, desterrado
en Masac,
acampado en Cadar!
Demasiado llevo viviendo con los que odian
la paz;
cuando yo digo: «Paz», ellos dicen: «Guerra».
Salmo 120
EL GUARDIÁN
DE ISRAEL
No tendrán hambre ni sed;
no les molestará el sol ni
calor alguno
(Ap 7, 16)
Levanto mis ojos a los
montes:
¿de dónde me vendrá el auxilio?
El auxilio me viene del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.
No permitirá que
resbale tu pie,
tu guardián no duerme;
no duerme ni reposa
el
guardián de Israel.
El Señor te guarda a
su sombra,
está a tu derecha;
de día el sol no te hará daño,
ni la
luna de noche.
El Señor te guarda de
todo mal,
él guarda tu alma;
el Señor guarda tus entradas y salidas,
ahora y por siempre.
Salmo 121
LA CIUDAD
SANTA DE JERUSALÉN
Os habéis acercado al monte de Sión,
ciudad del Dios vivo,
Jerusalén
del cielo. (Hb 12, 22)
¡Qué alegría cuando me
dijeron:
«Vamos a la casa del Señor»!
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén.
Jerusalén está fundada
como ciudad bien compacta.
Allá suben las tribus, las tribus del
Señor,
según la costumbre de
Israel,
a celebrar el nombre del Señor;
en ella están los tribunales de
justicia
en el palacio de David.
Desead la paz a
Jerusalén:
«Vivan seguros los que te aman,
haya paz dentro de tus muros,
seguridad en tus palacios.»
Por mis hermanos y
compañeros,
voy a decir: «La paz contigo.»
Por la casa del Señor,
nuestro Dios,
te deseo todo bien.
Salmo 122
EL SEÑOR,
ESPERANZA DEL PUEBLO
Dos ciegos. . . se pusieron a gritar:
«Señor, ten compasión de
nosotros,
Hijo de David. » (Mt. 20, 30)
A ti levanto mis ojos,
a ti que habitas en el cielo.
Como están los ojos de los esclavos
fijos en las manos de sus señores,
como están los ojos de
la esclava
fijos en las manos de su señora,
así están nuestros ojos en
el Señor,
Dios nuestro, esperando su misericordia.
Misericordia, Señor,
misericordia,
que estamos saciados de desprecios;
nuestra alma está
saciada
del sarcasmo de los satisfechos,
del desprecio de los
orgullosos.
Salmo 123
NUESTRO
AUXILIO ES EL NOMBRE DEL SEÑOR
El Señor dijo a Pablo: «No temas. .
que yo estoy contigo.» (Hch 18,
9-10)
Si el Señor no hubiera
estado de nuestra parte
-que lo diga Israel-,
si el Señor no hubiera
estado de nuestra parte,
cuando nos asaltaban los hombres,
nos habrían
tragado vivos:
tanto ardía su ira contra nosotros.
Nos habrían arrollado
las aguas,
llegándonos el torrente hasta el cuello;
nos habrían llegado
hasta el cuello
las aguas espumantes.
Bendito el Señor, que
no nos entregó
como presa a sus dientes;
hemos salvado la vida
como
un pájaro de la trampa del cazador:
la trampa se rompió y escapamos.
Nuestro auxilio es el
nombre del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.
Salmo 124
EL SEÑOR
VELA POR SU PUEBLO
La paz de Dios sobre Israel. (Ga 6,16)
Los que confían en el
Señor
son como el monte Sión:
no tiembla, está asentado para siempre.
Jerusalén está rodeada
de montañas,
y el Señor rodea a su pueblo ahora y por siempre.
No pesará el cetro de
los malvados
sobre el lote de los justos,
no sea que los justos
extiendan
su mano a la maldad.
Señor, concede bienes
a los buenos,
a los sinceros de corazón;
y a los que se desvían por sendas
tortuosas,
que los rechace el Señor con los malhechores.
¡Paz a Israel!
Salmo 125
DIOS,
ALEGRÍA Y ESPERANZA NUESTRA
Como participáis en el sufrimiento,
también participáis en el
consuelo. (2 Co 1, 7)
Cuando el Señor cambió
la suerte de Sión,
nos parecía soñar:
la boca se nos llenaba de risas,
la lengua de cantares.
Hasta los gentiles
decían:
«El Señor ha estado grande con ellos.»
El Señor ha estado grande
con nosotros,
y estamos alegres.
Que el Señor cambie
nuestra suerte
como los torrentes del Negueb.
Los que sembraban con
lágrimas
cosechan entre cantares.
Al ir, iban llorando,
llevando la semilla;
al volver, vuelven cantando,
trayendo sus gavillas.
Salmo 126
EL ESFUERZO
HUMANO ES INÚTIL SIN DIOS
Sois edificación de Dios. (1Co 3,9)
Si el Señor no
construye la casa,
en vano se cansan los albañiles;
si el Señor no
guarda la ciudad,
en vano vigilan los centinelas.
Es inútil que
madruguéis,
que veléis hasta muy tarde,
que comáis el pan de vuestros
sudores:
¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!
La herencia que da el
Señor son los hijos;
una recompensa es el fruto de las entrañas:
son
saetas en mano de un guerrero
los hijos de la juventud.
Dichoso el hombre que
llena con ellas su aljaba:
no quedará derrotado
cuando litigue con su
adversario en la plaza.
Salmo 127
PAZ
DOMÉSTICA EN EL HOGAR DEL JUSTO
«Que el Señor te bendiga desde Sión»,
es decir, desde su Iglesia.
(Arnobio)
¡Dichoso el que teme
al Señor
y sigue sus caminos!
Comerás del fruto de
tu trabajo,
serás dichoso, te irá bien;
tu mujer, como una vid fecunda,
en medio de tu casa;
tus hijos, como
renuevos de olivo,
alrededor de tu mesa:
ésta es la bendición
del
hombre que teme al Señor.
Que el Señor te
bendiga desde Sión,
que veas la prosperidad de Jerusalén
todos los días
de tu vida;
que veas a los hijos de tus hijos. ¡Paz a Israel!