Epifanía del Señor
Solemnidad
INVITATORIO
Si Laudes es la primera celebración del día:
V. Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
A continuación se dice el salmo
Invitatorio, con la antífona:
A Cristo, que se nos ha manifestado, venid, adorémosle.
Si antes de Laudes se ha celebrado el Oficio de lectura:
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria. Aleluya.
LECTURA - LAUDES - MEDIA - VÍSPERAS - COMPLETAS
Oficio de lectura
HIMNO
Ayer, en leve centella,
te vio Moisés sobre el monte;
hoy no basta el horizonte
para contener tu estrella.
Los magos preguntan; y ella
de un Dios infante responde
que en duras pajas se acuesta
y más se nos manifiesta
cuanto más hondo se esconde. Amén.
SALMODIA
Ant. l: Los reyes de Tarsis y de las islas ofrecerán sus dones al Rey y Señor.
Salmo 71
Dios mío, confía tu juicio al rey,
tu justicia al hijo de reyes,
para que rija a tu pueblo con justicia,
a tus humildes con rectitud.
Que los montes traigan paz,
y los collados justicia;
que él defienda a los humildes del pueblo,
socorra a los hijos del pobre
y quebrante al explotador.
Que dure tanto como el sol,
como la luna, de edad en edad;
que baje como lluvia sobre el césped,
como llovizna que empapa la tierra.
Que en sus días florezca la justicia
y la paz hasta que falte la luna.
Que domine de mar a mar,
del Gran Río al confín de la tierra.
Que en su presencia se inclinen sus rivales;
que sus enemigos muerdan el polvo;
que los reyes de Tarsis y de las islas
le paguen tributo.
Que los reyes de Saba y de Arabia
le ofrezcan sus dones;
que se postren ante él todos los reyes,
y que todos los pueblos le sirvan.
É1 librará al pobre que clamaba,
al afligido que no tenía protector;
él se apiadará del pobre y del indigente,
y salvará la vida de los pobres;
Él rescatará sus vidas de la violencia,
su sangre será preciosa a sus ojos.
Que viva y que le traigan el oro de Saba;
él intercederá por el pobre y lo bendecirá.
Que haya trigo abundante en los campos,
y ondee en lo alto de los montes,
den fruto como el Líbano,
y broten las espigas como hierba del campo.
Que su nombre sea eterno,
y su fama dure como el sol;
que él sea la bendición de todos los pueblos,
y lo proclamen dichoso todas las razas de la tierra.
Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
el único que hace maravillas;
bendito por siempre su nombre glorioso,
que su gloria llene la tierra.
¡Amén, amén!
Ant. 1: Los reyes de Tarsis y de las islas ofrecerán sus dones al Rey y Señor.
Ant. 2: Postraos ante el Señor en su mansión sagrada. Aleluya.
Salmo 95
Cantad al Señor un cántico nuevo,
cantad al Señor, toda la tierra;
cantad al Señor, bendecid su nombre,
proclamad día tras día su victoria.
Contad a los pueblos su gloria,
sus maravillas a todas las naciones;
porque es grande el Señor, y muy digno de alabanza,
más temible que todos los dioses.
Pues los dioses de los gentiles son apariencia,
mientras que el Señor ha hecho el cielo;
honor y majestad lo preceden,
fuerza y esplendor están en su templo.
Familias de los pueblos, aclamad al Señor,
aclamad la gloria y el poder del Señor,
aclamad la gloria del nombre del Señor,
entrad en sus atrios trayéndole ofrendas.
Postraos ante el Señor en el atrio sagrado,
tiemble en su presencia la tierra toda;
decid a los pueblos: «El Señor es rey,
él afianzó el orbe, y no se moverá;
él gobierna a los pueblos rectamente.»
Alégrese el cielo, goce la tierra,
retumbe el mar y cuanto lo llena;
vitoreen los campos y cuanto hay en ellos,
aclamen los árboles del bosque,
delante del Señor, que ya llega,
ya llega a regir la tierra:
regirá el orbe con justicia
y los pueblos con fidelidad.
Ant. 2: Postraos ante el Señor en su mansión sagrada. Aleluya.
Ant. 3: Adorad al Señor, todos sus ángeles. Aleluya.
Salmo 96
El Señor reina, la tierra goza,
se alegran las islas innumerables.
Tiniebla y nube lo rodean,
justicia y derecho sostienen su trono.
Delante de él avanza fuego
abrasando en torno a los enemigos;
sus relámpagos deslumbran el orbe,
y, viéndolos, la tierra se estremece.
Los montes se derriten como cera
ante el dueño de toda la tierra;
los cielos pregonan su justicia,
y todos los pueblos contemplan su gloria.
Los que adoran estatuas se sonrojan,
los que ponen su orgullo en los ídolos;
ante él se postran todos los dioses.
Lo oye Sión, y se alegra,
se regocijan las ciudades de Judá
por tus sentencias, Señor;
porque tú eres, Señor,
altísimo sobre toda la tierra,
encumbrado sobre todos los dioses.
El Señor ama al que aborrece el mal,
protege la vida de sus fieles
y los libra de los malvados.
Amanece la luz para el justo,
y la alegría para los rectos de corazón.
Alegraos, justos, con el Señor,
celebrad su santo nombre.
Ant. 3: Adorad al Señor, todos sus ángeles. Aleluya.
V. Los cielos pregonan su Justicia.
R. y todos los pueblos contemplan su gloria.
PRIMERA LECTURA
Del libro del profeta Isaías 60, 1-22
MANIFESTACIÓN DE LA GLORIA DEL SEÑOR SOBRE JERUSALÉN
¡Levántate y resplandece, Jerusalén, pues llega tu luz y la
gloria del Señor alborea sobre ti! Mira: la oscuridad cubre la tierra y los
pueblos están en tinieblas.
Mas sobre ti amanece el Señor y su gloria sobre ti se
manifiesta. Caminarán las naciones a tu luz y los reyes al resplandor de tu
alborada.
Levanta la vista y mira en torno: todos se reúnen y vienen a
ti: tus hijos llegan de lejos, a tus hijas las traen en brazos.
Cuando esto veas, te pondrás radiante de alegría; se
estremecerá y se ensanchará tu corazón, pues se volcarán sobre ti los tesoros
del mar, vendrán a ti las riquezas de las naciones.
Te inundará una multitud de camellos, de dromedarios de
Madián y de Efá. Vendrán todos de Saba, cargados de oro e incienso y proclamando
la gloria del Señor.
Reunirán para ti los rebaños de Cadar, y los carneros de
Nebayot estarán a tu servicio; subirán a mi altar como víctimas gratas, y
honraré mi noble casa.
¿Quiénes son esos que vuelan como nubes, como palomas al
palomar? Son navíos que acuden a mí, en primera línea las naves de Tarsis, para
traer de lejanas tierras a tus hijos, y con ellos su plata y su oro, por la fama
del Señor tu Dios, del Santo de Israel que así te honra.
Extranjeros reconstruirán tus murallas y sus reyes te
servirán; si te herí en mi cólera, en mi clemencia me he compadecido de ti.
Tus puertas estarán siempre abiertas, ni de día ni de noche se cerrarán: para
dejar entrar a ti las riquezas de las naciones traídas por sus reyes. El pueblo
y el rey que no se te sometan perecerán, sus naciones serán exterminadas.
Vendrá a ti el orgullo del Líbano, con el ciprés y el abeto y
el pino, para adornar el lugar de mi santuario y ennoblecer mi estrado.
Los hijos de tus opresores vendrán a ti encorvados, y los que
te despreciaban se postrarán a tus pies; te llamarán Ciudad del Señor, Sión del
Santo de Israel. Estuviste abandonada, aborrecida y deshabitada, pero yo te haré
el orgullo de los siglos, la delicia de todas las edades.
Te nutrirás con la leche de las naciones, con las riquezas de los reyes serás
alimentada; y sabrás que yo, d Señor, soy tu salvador, que el Héroe de Jacob es
tu redentor. En vez de bronce, te traeré oro; en vez de hierro, te traeré
plata; en vez de madera, bronce, y en vez de piedra, hierro; te daré por
magistrados la paz y por gobernantes la justicia.
No se oirá más hablar de violencias en tu tierra, ni de ruina
o destrucción dentro de tus fronteras. Pondrás a tus murallas el nombre de
«Salvación» y a tus puertas el de «Alabanza».
Ya no será el sol tu luz en el día, ni te alumbrará en la
noche la claridad de la luna; porque el Señor será tu luz perenne, y tu Dios
será tu esplendor.
Tu sol ya no se pondrá ni menguará tu luna, porque el Señor
será tu luz eterna y se habrán acabado los días de tu luto.
En tu pueblo todos serán justos y poseerán por siempre la
tierra: es el brote que yo he plantado, la obra de mis manos, para gloria mía.
El pequeño crecerá hasta mil y el menor se hará pueblo
numeroso: yo, el Señor, he hablado; cuando llegue el tiempo, me apresuraré a
cumplido.
Responsorio Is 60, 1. 3
R. Levántate y resplandece, Jerusalén, pues llega tu luz
* y la gloria del Señor alborea sobre ti.
V. Caminarán las naciones a tu luz y los reyes al
resplandor de tu alborada.
R. Y la gloria del Señor alborea sobre ti.
SEGUNDA LECTURA
De los Sermones de san León Magno, papa
(Sermón 3 En la Epifanía del Señor, 1-3. 5: PL 54,
240-244)
EL SEÑOR DA A CONOCER SU SALVACIÓN EN TODO EL ORBE DE LA TIERRA
La providencia misericordiosa de Dios, cuando dispuso
socorrer en la plenitud de los tiempos al mundo que perecía, determinó salvar a
todos los hombres en Cristo.
Ellos forman la incontable descendencia prometida en otro
tiempo a Abraham, descendencia que había de ser engendrada no según la carne,
sino por la fecundidad de la fe, y que por esto fue comparada a la multitud de
las estrellas, para que la esperanza del padre de todas las gentes tuviera por
objeto no una progenie terrena, sino celestial.
Entre, entre en la familia de los patriarcas la totalidad de
los gentiles, y reciban los hijos de la promesa la bendición de la descendencia
de Abraham, a la que han renunciado los hijos según la carne. En la persona de
los tres magos adoren todos los pueblos al Autor del universo; y sea Dios
conocido no sólo en Judea, sino en todo el orbe, a fin de que en todas partes
su fama sea grande en Israel.
Adoctrinados, amadísimos hermanos, por estos misterios de la
gracia divina, celebremos, llenos de gozo espiritual, el día de nuestras
primicias y el comienzo de la vocación de los gentiles, dando gracias a Dios
misericordioso que, como dice el Apóstol, nos ha hecho capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz. Él nos ha sacado del dominio de las
tinieblas, y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido; porque, como
había profetizado Isaías, el pueblo de los gentiles que caminaba en
tinieblas vio una grande luz; sobre los que habitaban en tierra de sombras
brilló un intenso resplandor. De ellos dice el mismo profeta, dirigiéndose
al Señor: Tú llamarás a un pueblo desconocido, un pueblo que no te conocía
correrá hacia ti.
Éste es el día que Abraham contempló y saltó de gozo,
al reconocer a los hijos de su fe que habían de ser bendecidos en su
descendencia, que es Cristo; y, al contemplar de antemano que había de ser por
su fe padre de todas las gentes, dio gloria a Dios, plenamente convencido de
que Dios, que lo había prometido, tenía también poder para cumplirlo.
Éste es el día que cantó el salmista, cuando dijo: Todos
los pueblos vendrán a postrarse en tu presencia, Señor, bendecirán tu nombre;
y también: El Señor da a conocer su salvación, revela a las naciones su
justicia.
Sabemos que estas predicciones empezaron a cumplirse desde
que la estrella hizo salir de su lejano país a los tres magos, para que
conocieran y adoraran al Rey de cielo y tierra. Su docilidad es para nosotros un
ejemplo que nos exhorta a todos a que sigamos, según nuestra capacidad, las
invitaciones de la gracia, que nos lleva a Cristo.
Todos, amadísimos hermanos, debéis emularas en este empeño, a
fin de que brilléis como hijos de la luz en el reino de Dios, al cual se llega
por la integridad de la fe y por las buenas obras; por nuestro Señor Jesucristo,
que vive y reina con Dios Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos.
Amén.
Responsorio
R. Éste es el día glorioso en que se manifestó a las naciones el Salvador
del mundo, al cual anunciaron los profetas y adoraron los ángeles.
* Los magos, al ver su estrella, se llenaron de júbilo y acudieron a ofrecerle dones.
V. Ha amanecido para nosotros un día sagrado: venid, naciones, a adorar al Señor.
R. Los magos, al ver su estrella, se llenaron de júbilo y acudieron a ofrecerle dones.
Después del segundo responsorio, se dice el himno
Señor, Dios eterno.
La oración conclusiva como en las Laudes.
CONCLUSIÓN
Después de la oración conclusiva, por lo menos en la celebración comunitaria, se añade:
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.
Laudes
HIMNO
Estrella nunca vista se aparece
a los remotos magos orientales,
y, al juzgar de los fuegos celestiales,
otra lumbre mayor los esclarece.
Nacido sacro Rey se les ofrece,
con nuevas maravillas y señales,
para que reverentes y leales
la obediencia le den como merece.
Parten llevados de la luz y el fuego,
del fuego de su amor; luz que los guía
con claridad ardiente y soberana.
Subió al trono de Dios el pío ruego,
y, llenos de firmísima alegría,
vieron la luz de Dios por nube humana.
Gloria y loores por la eternidad
tribútense a la Santa Trinidad. Amén.
SALMODIA
Ant. 1: Los magos, abriendo sus cofres, ofrecieron al Señor oro, incienso y mirra. Aleluya.
Madruga por Dios todo el que re-
chaza las obras de las tinieblas.
Salmo 62, 2-9
¡Oh Dios!, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua.
¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios.
Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré de manjares exquisitos,
y mis labios te alabarán jubilosos.
En el lecho me acuerdo de ti
y velando medito en ti,
porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo;
mi alma está unida a ti,
y tu diestra me sostiene.
Ant. 1: Los magos, abriendo sus cofres, ofrecieron al Señor oro, incienso y mirra. Aleluya.
Ant. 2: Mares y ríos, bendecid al Señor; manantiales, ensalzad con himnos a nuestro Dios. Aleluya.
Cántico Dn 3, 57-88. 56
Alabad al Señor, sus siervos todos. (Ap 19, 5)
Creaturas todas del Señor, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.
Ángeles del Señor, bendecid al Señor;
cielos, bendecid al Señor.
Aguas del espacio, bendecid al Señor;
ejércitos del Señor, bendecid al Señor.
Sol y luna, bendecid al Señor;
astros del cielo, bendecid al Señor.
Lluvia y rocío, bendecid al Señor;
vientos todos, bendecid al Señor.
Fuego y calor, bendecid al Señor;
fríos y heladas, bendecid al Señor.
Rocíos y nevadas, bendecid al Señor;
témpanos y hielos, bendecid al Señor.
Escarchas y nieves, bendecid al Señor;
noche y día, bendecid al Señor.
Luz y tinieblas, bendecid al Señor;
rayos y nubes, bendecid al Señor.
Bendiga la tierra al Señor,
ensálcelo con himnos por los siglos.
Montes y cumbres, bendecid al Señor;
cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor.
Manantiales, bendecid al Señor;
mares y ríos, bendecid al Señor.
Cetáceos y peces, bendecid al Señor;
aves del cielo, bendecid al Señor.
Fieras y ganados, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.
Hijos de los hombres, bendecid al Señor;
bendiga Israel al Señor.
Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor;
siervos del Señor, bendecid al Señor.
Almas y espíritus justos, bendecid al Señor;
santos y humildes de corazón, bendecid al Señor.
Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.
Bendigamos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo,
ensalcémoslo con himnos por los siglos.
Bendito el Señor en la bóveda del cielo,
alabado y glorioso y ensalzado por los siglos.
No se dice Gloria al Padre.
Ant. 2: Mares y ríos, bendecid al Señor; manantiales, ensalzad con himnos a nuestro Dios. Aleluya.
Ant. 3: Llega tu luz, Jerusalén, y la gloria del Señor alborea sobre ti y caminarán las naciones a tu luz. Aleluya.
Salmo 149
Los hijos de la Iglesia, nuevo
pueblo de Dios, se alegran en su
Rey, Cristo, el Señor. (Hesiquio)
Cantad al Señor un cántico nuevo,
resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;
que se alegre Israel por su Creador,
los hijos de Sión por su Rey.
Alabad su nombre con danzas,
cantadle con tambores y cítaras;
porque el Señor ama a su pueblo
y adorna con la victoria a los humildes.
Que los fieles festejen su gloria
y canten jubilosos en filas:
con vítores a Dios en la boca
y espadas de dos filos en las manos:
para tomar venganza de los pueblos
y aplicar el castigo a las naciones,
sujetando a los reyes con argollas,
a los nobles con esposas de hierro.
Ejecutar la sentencia dictada
es un honor para todos sus fieles.
Ant. 3: Llega tu luz, Jerusalén, y la gloria del Señor alborea sobre ti y caminarán las naciones a tu luz. Aleluya.
LECTURA BREVE Is 52, 7-10
¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae la dicha, que anuncia la salvación, que dice a Sión: «Ya reina tu Dios»! Escucha: tus vigías gritan, cantan a coro, porque ven cara a cara al Señor, que vuelve a Sión. Prorrumpid a una en gritos de júbilo, soledades de Jerusalén, porque el Señor consuela a su pueblo y ha rescatado a Jerusalén: el Señor desnuda su santo brazo a la vista de todas las naciones, y verán los confines de la tierra la victoria de nuestro Dios.
RESPONSORIO BREVE
V. Se postrarán ante él todos los reyes.
R. Se postrarán ante él todos los reyes.
V. Todos los pueblos le servirán.
R. Y todos los reyes.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Se postrarán ante él todos los reyes.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Hoy la Iglesia se ha unido a su celestial Esposo, porque, en el Jordán,
Cristo ha lavado los pecados de ella, los magos acuden con regalos a las bodas del Rey
y los invitados se alegran por el agua convertida en vino. Aleluya.
Cántico de Zacarías Lc 1, 68-79
EL MESÍAS Y SU PRECURSOR
Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.
Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.
Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.
Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.
Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.
Ant.: Hoy la Iglesia se ha unido a su celestial Esposo,
porque, en el Jordán, Cristo ha lavado los pecados de ella, los magos acuden con
regalos a las bodas del Rey y los invitados se alegran por el agua convertida en
vino. Aleluya.
PRECES
Veneremos a nuestro Salvador, adorado hoy por los magos, y aclamémoslo con alegría, diciendo:
Luz de luz, ilumina nuestro día.
Cristo Jesús, que te manifestaste revestido de nuestra frágil carne humana,
santifícanos por la palabra de Dios y por la oración.
Cristo Jesús, santificado por el Espíritu,
líbranos de todo error.
Cristo Jesús, mostrado a los ángeles,
danos a gustar, ya en la tierra, de los bienes de tu reino.
Cristo Jesús, proclamado a los gentiles,
ilumina el corazón de todos los hombres con la luz del Espíritu Santo.
Cristo Jesús, en quien el mundo ha creído,
aumenta la fe en todos los creyentes.
Cristo Jesús, que has subido a la gloria,
enciende en nosotros el deseo de tu reino.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
Alegres porque Jesucristo nos ha hecho hijos de Dios, digamos: Padre nuestro.
Oración
Señor, tú que manifestaste a tu Hijo en este día a todas las naciones por medio de una estrella,
concédenos, a los que ya te conocemos por la fe, llegar a contemplar, cara a cara, la hermosura
infinita de tu gloria. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.
hora intermedia
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria. Aleluya.
HIMNO
Tercia
Oh Santo Espíritu, que con el Padre
y el Hijo eres un solo Dios eterno:
dígnate ya bajar hasta nosotros
y entrar y derramarte en nuestros pechos.
Que la mente, la lengua y el sentido
den testimonio de tu nombre excelso,
y que las llamas del amor despunten,
y que al prójimo abrasen con su fuego.
Escúchanos, oh Padre piadosísimo,
y haz que se cumpla nuestro buen deseo,
tú que reinas sin tiempo con tu Hijo
Jesucristo y el Santo Paracleto. Amén.
O bien, fuera de los domingos y de las solemnidades:
El trabajo, Señor, de cada día
nos sea por tu amor santificado,
convierte su dolor en alegría
de amor, que para dar tú nos has dado.
Paciente y larga es nuestra tarea
en la noche oscura del amor que espera;
dulce huésped del alma, al que flaquea
dale tu luz, tu fuerza que aligera.
En el alto gozoso del camino,
demos gracias a Dios, que nos concede
la esperanza sin fin del don divino;
todo lo puede en él quien nada puede. Amén.
Sexta
En los domingos:
Cuando la luz del día está en su cumbre,
eres, Señor Jesús, luz y alegría
de quienes en la fe y en la esperanza
celebran ya la fiesta de la Vida.
Eres resurrección, palabra y prenda
de ser y de vivir eternamente;
sembradas de esperanzas nuestras vidas,
serán en ti cosecha para siempre.
Ven ya, Señor Jesús, Salvador nuestro,
de tu radiante luz llena este día,
camino de alegría y de esperanza,
cabal acontecer de nueva vida.
Concédenos, oh Padre omnipotente;
por tu Hijo Jesucristo, hermano nuestro,
vivir ahora el fuego de tu Espíritu,
haciendo de esta tierra, un cielo nuevo. Amén.
O bien:
Este mundo del hombre, en qué él se afana
tras la felicidad que tanto ansía,
tú lo vistes, Señor, de luz temprana
y de radiante sol al mediodía.
Así el poder de tu presencia encierra
el secreto más hondo de esta vida;
un nuevo cielo, y una nueva tierra
colmarán nuestro anhelo sin medida.
Poderoso Señor de nuestra historia,
no tardes en venir gloriosamente;
tu luz resplandeciente y tu victoria
inunden nuestra vida eternamente. Amén.
O bien:
Oh Señor, Dios eterno y bondadoso,
tú diriges los tiempos y la vida;
son por ti luminosas las mañanas,
con tu sol das el fuego al mediodía.
Que tu paz se derrame en nuestras almas
y que apague el ardor de la discordia;
que descansen los cuerpos fatigados,
anhelando el reposo de tu gloria.
Tu amistad danos, Padre omnipotente,
sea Cristo la senda que sigamos,
ilumine el Espíritu el desierto
en que todos a ti peregrinamos. Amén.
Nona
Fundamento de todo lo que existe,
de tu pueblo elegido eterna roca,
de los tiempos Señor, que prometiste
dar tu vigor al que con fe te invoca.
Mira al hombre que es fiel y no te olvida,
tu Espíritu, tu paz háganlo fuerte
para amarte y servirte en esta vida
y gozarte después de santa muerte.
Jesús, Hijo del Padre, ven aprisa
en este atardecer que se avecina,
serena claridad y dulce brisa
será tu amor que todo lo domina. Amén.
O bien:
Oh Dios, tenaz vigor de toda cosa,
que inmóvil en ti mismo permaneces,
y que el orden del tiempo determinas
por medio de la luz que nace y muere.
Dígnate concedernos, en la tarde,
Luz con que nuestra vida nunca cese,
y haz que el bien infinito de la gloria
siga a la gracia de una santa muerte.
Glorificado seas, Jesucristo,
nacido del más puro y santo vientre,
y que sean también glorificados
el Padre y el Espíritu por siempre. Amén.
Os he dado potestad para pisotear
serpientes y escorpiones. (Lc 10,19)
Tú que habitas al amparo del Altísimo,
que vives a la sombra del Omnipotente,
di al Señor: Refugio mío, alcázar mío.
Dios mío, confío en ti.
Él te librará de la red del cazador,
de la peste funesta.
Te cubrirá con sus plumas,
bajo sus alas te refugiarás:
su brazo es escudo y armadura.
No temerás el espanto nocturno,
ni la flecha que vuela de día,
ni la peste que se desliza en las tinieblas,
ni la epidemia que devasta a mediodía.
Caerán a tu izquierda mil,
diez mil a tu derecha;
a ti no te alcanzará.
Tan sólo abre tus ojos
y verás la paga de los malvados,
porque hiciste del Señor tu refugio,
tomaste al Altísimo por defensa.
No se te acercará la desgracia,
ni la plaga llegará hasta tu tienda,
porque a sus ángeles ha dado órdenes
para que te guarden en tus caminos;
te llevarán en sus palmas,
para que tu pie no tropiece en la piedra;
caminarás sobre áspides y víboras,
pisotearás leones y dragones.
«Se puso junto a mí: lo libraré;
lo protegeré porque conoce mi nombre,
me invocará y lo escucharé.
Con él estaré en la tribulación,
lo defenderé, lo glorificaré;
lo saciaré de largos días,
y le haré ver mi salvación.»
Ant.: Al amparo del Altísimo no temo el espanto nocturno.
LECTURA BREVE Ap 22, 4-5
Verán el rostro del Señor, y tendrán su nombre en la frente. Y no habrá más noche,
y no necesitarán luz de lámpara ni de sol, porque el Señor Dios alumbrará sobre ellos,
y reinarán por los siglos de los siglos.
RESPONSORIO BREVE
V. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
V. Tú, el Dios leal, nos librarás.
R. Te encomiendo mi espíritu.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant.: Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos,
para que velemos con Cristo y descansemos en paz.
Cántico de Simeón Lc 2, 29-32
CRISTO, LUZ DE LAS NACIONES Y GLORIA DE ISRAEL
Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en paz,
porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado ante todos los pueblos:
luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel.
Ant.: Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos,
para que velemos con Cristo y descansemos en paz.
Oración
Visita, Señor, esta habitación: aleja de ella las insidias enemigo; que tus santos ángeles
habiten en ella y nos guarden en paz y que tu bendición permanezca siempre con nosotros.
Por Cristo nuestro Señor.
CONCLUSIÓN
V. El Señor todopoderoso nos conceda un noche tranquila y una santa muerte.
R. Amén.
ANTÍFONA FINAL DE LA SANTÍSIMA VIRGEN
I
Madre del Redentor, virgen fecunda,
puerta del cielo siempre abierta,
estrella de mar,
ven a librar al pueblo que tropieza
y se quiere levantar.
Ante la admiración de cielo y tierra,
engendraste a tu santo Creador,
y permaneces siempre virgen.
Recibe el saludo del ángel Gabriel,
y ten piedad de nosotros, pecadores.
II
Salve, Reina de los cielos
y Señora de los ángeles;
salve raíz, salve puerta,
que dio paso a nuestra luz.
Alégrate, virgen gloriosa,
entre todas la más bella;
salve, agraciada doncella,
ruega a Cristo por nosotros.
III
Dios te salve, Reina y Madre de misericordia,
vida, dulzura y esperanza nuestra,
Dios te salve.
A ti llamamos los desterrados hijos de Eva,
a ti suspiramos, gimiendo y llorando,
en este valle de lágrimas.
Ea, pues, Señora, abogada nuestra,
vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos,
y después de este destierro muéstranos a Jesús,
fruto bendito de tu vientre.
Oh clemente, oh piadosa,
oh dulce Virgen María!
IV
Bajo tu amparo nos acogemos,
santa Madre de Dios,
no desprecies las oraciones
que te dirigimos en nuestras necesidades,
antes bien líbranos de todo peligro,
oh Virgen gloriosa y bendita.