RITO DE LA
CELEBRACIÓN DEL
MATRIMONIO

 

 

 

RITUAL ROMANO

REFORMADO POR MANDATO DEL CONCILIO VATICANO II
PROMULGADO POR SU SANTIDAD EL PAPA PABLO VI
Y REVISADO POR SU SANTIDAD EL PAPA JUAN PABLO II







CAPÍTULO II
CELEBRACIÓN DEL MATRIMONIO EN LA
LITURGIA DE LA PALABRA






95. Cuando por necesidad o porque se estima oportuno, no se celebra la Misa, se emplea el ritual descrito a continuación; lo emplea también el diácono (notas preliminares, n. 24).
 

RITOS INICIALES


Primer modo
96. A la hora establecida, el sacerdote (o el diácono), revestido de alba, o de sobrepelliz, y estola blanca o festiva, o también de capa pluvial (o de dalmática el diácono) del mismo color, se dirige con los ministros a la puerta de la iglesia, recibe a los novios y los saluda amablemente, haciéndoles saber que la Iglesia comparte su alegría.

97. Luego se hace la procesión hacia el altar: preceden los ayudantes, sigue el ministro, después los novios, a los que, según las costumbres locales, pueden acompañar los padres y dos testigos hasta el lugar preparado para ellos. Mientras tanto se entona el canto de entrada.

98. El ministro se acerca al altar, lo saluda con una inclinación profunda y lo venera con un beso. Después va a la sede.

Segundo modo
99. A la hora establecida, el sacerdote (o el diácono), revestido de alba o de sobrepelliz, y estola, blanca o festiva, o también de capa pluvial (o de dalmática el diácono) del mismo color, se dirige con los ministros al lugar preparado para los novios.

100. Cuando los novios han llegado a su lugar, el ministro los recibe y los saluda amablemente, haciéndoles saber que la Iglesia comparte su alegría.

101. Luego, el ministro saluda al altar con una inclinación profunda y va a la sede.

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102. Entonces hace la señal de la cruz y saluda a los presentes, diciendo:

La gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre,
y de Jesucristo, el Señor,
estén siempre con ustedes.

U otras palabras aptas, tomadas preferentemente de la Sagrada Escritura.
Todos responden


Y con tu espíritu.

O bien:
Bendito seas por siempre, Señor.

O de otro modo adecuado.

103. Luego, para disponer a los novios y a los presentes a la celebración del matrimonio, se dirige a ellos con estas palabras u otras semejantes.

Queridos hermanos:
Llenos de alegría hemos venido a la casa del Señor
para esta celebración, acompañando a N. y N. en el día
en que se disponen a celebrar su unión matrimonial.
Para ellos este momento es de singular importancia.
Por eso, acompañémolos con nuestro afecto,
amistad y oración fraterna.
Escuchemos atentamente con ellos la Palabra que Dios
nos va a dirigir hoy.
Después, con la santa Iglesia, invocaremos a Dios Padre,
por Jesucristo, nuestro Señor, para que reciba complacido
a estos hijos suyos que van a contraer matrimonio,
los bendiga y les conceda vivir siempre unidos.

104. O bien:
N.
y N., la Iglesia participa de la alegría de ustedes
y los recibe cordialmente junto con sus padres y amigos,
en el día en que van a unir para siempre sus vidas
delante de Dios, nuestro Padre.
Que el Señor los escuche en este día de alegría,
les otorgue su bendición celestial y los proteja.
Le conceda lo que desean en su corazón
y atienda todas sus peticiones.

O bien:
Queridos novios y hermanos todos:
El sacramento del Matrimonio
que vamos a celebrar ante esta comunidad,
es un acontecimiento gozoso.
Jesús, el Señor, y María su madre
también participaron con alegría
de unas bodas en Caná de Galilea.
Con su presencia significaban cuánto Dios bendice
el amor de un hombre y de una mujer,
que se comprometen a construir
un nuevo hogar en fidelidad.
El agua convertida en vino,
adelantando la hora del Maestro,
es signo del amor que Jesús-Esposo
profesa a la Iglesia-Esposa,
por la que derramó su sangre.
Pero el amor de estos novios, santificado en el matrimonio,
se convierte en signo del amor de Cristo hacia la Iglesia.
Oremos todos por la fecundidad esponsal,
paternal y de servicio a la comunidad,
de este nuevo matrimonio.

____________________________________

105. Si se hace memoria del bautismo:
Agradecidos por haber llegado a ser hijos de Dios,
hagamos ahora memoria del bautismo,
comienzo de la vida nueva en la fe,
fuente y fundamento de toda vocación.
Dios, nuestro Padre,
con la fuerza del Espíritu Santo,
reavive en todos nosotros el don
de aquella primera bendición original
para permanecer fieles al amor al que fuimos llamados.

106. Después de la invitación inicial, el ministro permanece de pie en la sede, recibe el agua bendita que le entregan los ministros y agradece por el don del bautismo:
Padre,
en el bautismo de tu Hijo Jesús en el río Jordán
has revelado al mundo el amor esponsal por tu pueblo.

R. Te alabamos y te damos gracias.

Cristo Jesús,
de tu costado abierto sobre la cruz
has engendrado a la Iglesia, tu amada esposa.

R. Te alabamos y te damos gracias.

Espíritu Santo,
fuerza del Padre y del Hijo
haz que resplandezca en N. y N. la vestidura nupcial de la Iglesia.

R. Te alabamos y te damos gracias.

107. El ministro continúa:

Dios y Padre nuestro,
origen y fuente de la vida,
que nos has hecho renacer en el agua
con la fuerza de tu Espíritu,
reaviva en todos nosotros la gracia del bautismo,
y concede a N. y N. un corazón libre y una fe ardiente
para que, interiormente purificados,
asuman el don del matrimonio
como un nuevo camino hacia la santidad.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.

108. El ministro se signa con el agua bendita, y luego asperge a los novios y a la asamblea. Durante la aspersión se puede entonar un canto.

____________________________________

109. Luego, con las manos extendidas, dice una de las oraciones siguientes:

Oremos.

Señor Dios, escucha nuestra oración
y acompaña con tu amor la unión
que estableces para la propagación del género humano;
y haz que perdure por tu gracia
lo que une tu Providencia.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén

O bien:
Oremos.

Dios nuestro, que has creado el género humano
y estableciste la unión del varón y la mujer,
confirma con el vínculo de la caridad
a tus hijos que hoy contraen matrimonio,
para que siempre den testimonio
del amor que los convierte en esposos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén


O bien (Formulario B):
Oremos.

Señor y Padre nuestro, atiende nuestras súplicas
y derrama tu gracia sobre tus hijos N. y N.,
para que afirmes en el amor mutuo
a quienes hoy se unen ante el altar.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén

O bien:
Oremos.

Dios nuestro, que consagraste el vínculo matrimonial
con un sacramento tan admirable,
para significar con él la unión de Cristo y la Iglesia,
concede a estos hijos tuyos
practicar en su vida todo lo que reciben por la fe.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén

O bien (Formulario C):
Oremos.

Dios todopoderoso,
concede a estos hijos tuyos
que se unen por medio del sacramento nupcial,
la gracia de crecer en la fe que profesan
y de enriquecer a tu Iglesia con una familia
verdaderamente cristiana.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén

O bien:
Oremos.

Dios nuestro, que has bendecido el comienzo y el
desarrollo del mundo
con la fecundidad de los esposos,
atiende nuestras súplicas
e infunde sobre estos hijos tuyos N. y N.
la abundancia de tu bendición,
para que en la alianza conyugal,
con amoroso afecto y un mismo corazón,
se unan procurando la mutua santidad.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.

O bien (Formulario D):
Oremos.

Dios nuestro, que consagraste el vínculo matrimonial
con un sacramento tan admirable,
para significar con él la unión de Cristo y la Iglesia,
concede a estos hijos tuyos
practicar en su vida todo lo que reciben por la fe.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén
 

LITURGIA DE LA PALABRA

110. La Liturgia de la Palabra se realiza en la forma acostumbrada. Pueden hacerse tres lecturas, la primera de las cuales será del Antiguo Testamento, o del Apocalipsis en tiempo pascual (capítulo V).
Se elegirá siempre por lo menos una lectura que hable explícitamente del matrimonio (cap. V).
Las lecturas se toman del Leccionario anexo a este Ritual. Se proponen aquellas lecturas que expresan de modo peculiar la importancia y la dignidad del Matrimonio en el misterio de la salvación.
 

FORMULARIO A

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro del Génesis     1, 26-28. 31a

Los creó varón y mujer.

Leccionario del Matrimonio, pp. 13, 19 y 35, o Leccionario de la Misa, vol. IV, p. 260.


SALMO RESPONSORIAL     127, 1-5

R.
¡Felices los que temen al Señor!

Leccionario del Matrimonio, pp. 19, 23, 25 y 61, o Leccionario de la Misa, vol. IV, p. 279.


SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Éfeso     5, 2a. 25-32

Este es un gran misterio; yo digo que se refiere a Cristo y a la Iglesia.

Leccionario del Matrimonio, pp. 14, 20, 28 y 49, o Leccionario de la Misa, vol. IV, p. 271.


EVANGELIO

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo     19, 3-6

Que el hombre no separe lo que Dios ha unido.

Leccionario del Matrimonio, pp. 15, 21, 31, 73 y 97, o Leccionario de la Misa, vol. IV, p. 285.


FORMULARIO B

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro del Génesis     24, 48-51. 58-67

Isaac amó a Rebeca.
Así encontró un consuelo después de la muerte de su madre.

Leccionario del Matrimonio, pp. 22 y 36, o Leccionario de la Misa, vol. IV, p. 261.


SALMO RESPONSORIAL     127, 1-5

R.
¡Felices los que temen al Señor!

Leccionario del Matrimonio, pp. 19, 23, 25 y 61, o Leccionario de la Misa, vol. IV, p. 279.


EVANGELIO

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo     22, 35-40

Este es el más grande y el primer mandamiento.
El segundo es semejante al primero.

Leccionario del Matrimonio, pp. 24, 74, y 86, o Leccionario de la Misa, vol. IV, p. 286.
 

FORMULARIO C

PRIMERA LECTURA

Lectura de la profecía de Oseas     2, 16b. 17b. 21-22

Yo te desposaré para siempre.

Leccionario del Matrimonio, p. 25.


SALMO RESPONSORIAL     127, 1-5

R.
¡Felices los que temen al Señor!

Leccionario del Matrimonio, pp. 19, 23, 25 y 61, o Leccionario de la Misa, vol. IV, p. 279.


EVANGELIO

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo     6, 25-34

No se inquieten por el día de mañana.

Leccionario del Matrimonio, p. 26.
 

FORMULARIO D

PRIMERA LECTURA

Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Éfeso     5, 2a. 21-33 o bien: 5, 2a. 25-32

Este es un gran misterio; yo digo que se refiere a Cristo y a la Iglesia.

Leccionario del Matrimonio, pp. 14, 20, 28 y 49, o Leccionario de la Misa, vol. IV, p. 271.


SALMO RESPONSORIAL     102, 1-2, 8. 13. 17-18a

R.
El Señor es bondadoso y compasivo.

Leccionario del Matrimonio, pp. 29 y 60, o Leccionario de la Misa, vol. IV, p. 278.



EVANGELIO

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo     19, 3-6

Que el hombre no separe lo que Dios ha unido.

Leccionario del Matrimonio, pp. 15, 21, 31, 73 y 97, o Leccionario de la Misa, vol. IV, p. 285.

Otras lecturas pueden tomarse del Leccionario del matrimonio.


111. Después de la lectura del Evangelio, el ministro, en la homilía, partiendo del texto sagrado, expone el misterio del Matrimonio cristiano, la dignidad del amor conyugal, la gracia del sacramento y las obligaciones de los contrayentes, atendiendo, sin embargo, a las realidades concretas de las personas presentes.
 

CELEBRACIÓN DEL MATRIMONIO

112. Cuando se celebran dos o más Matrimonios a le vez, el interrogatorio antes del consentimiento, el mismo consentimiento como así también la aceptación del mismo, se harán siempre en forma singular para cada Matrimonio; lo demás, incluyendo la bendición nupcial, se dirá una sola vez en plural para todos.

113. Puestos de pie todos, incluso los novios, y situados los testigos a uno y otro lado, el ministro se dirige a los novios con estas palabras u otras semejantes:

Queridos N. y N.: Ustedes vinieron a la casa de Dios para que el Señor consagre el amor que se profesan, en presencia del ministro de la Iglesia y ante la comunidad cristiana. Ustedes ya están consagrados por el Bautismo. Ahora, Cristo, a1 bendecir ese amor, los enriquecerá y fortalecerá por medio del sacramento del Matrimonio, para que puedan ser mutuamente fieles y asumir las responsabilidades propias de la vida matrimonial.
Les pido a ustedes que expresen ahora con sinceridad su propósito delante de toda la Iglesia.
 

INTERROGATORIO ANTES DEL CONSENTIMIENTO


PRIMERA FORMA

114. El ministro interroga a los novios sobre su libertad, su fidelidad y sobre la procreación y educación de los hijos, y a cada pregunta ellos responden.

N.
y N. ¿Vienen libre y voluntariamente
para contraer matrimonio?

Los novios responden:
Sí, venimos libremente.

El sacerdote prosigue:
¿Se comprometen a amarse y respetarse
durante toda la vida?

Los novios responden:
Sí, nos comprometemos.

La pregunta siguiente puede omitirse si lo piden las circunstancias, por ejemplo, si los contrayentes son de edad avanzada.
¿Se comprometen también a colaborar
en la obra creadora de Dios,
asumiendo la responsabilidad que les toca en la
comunicación de la vida
y en la educación de los hijos
de acuerdo con la ley de Cristo y de la Iglesia?

Los novios responden:
Sí, nos comprometemos
 

SEGUNDA FORMA

115. Los novios pueden declarar sus intensiones sobre la fidelidad y sobre la procreación y educación de los hijos, pronunciando juntos la siguiente fórmula (si los contrayentes son de edad avanzada podrán omitir la frase entre corchetes):

Concluido el camino del noviazgo,
iluminados por el Espíritu Santo
y acompañados por la comunidad cristiana,
hemos venido con plena libertad a la casa del Padre
para que nuestro amor reciba el sello de la consagración.
Conscientes de nuestra decisión,
estamos dispuestos,
con la gracia de Dios,
a amarnos y respetarnos el uno al otro durante toda nuestra vida.
[Nos comprometemos a recibir con amor los hijos que Dios quiera darnos
y a educarlos según el Evangelio de Cristo y las enseñazas de la Iglesia].

Les pedimos a ustedes, hermanos,
que recen por nosotros
para que nuestra familia
difunda en el mundo luz, paz y gozo.
 

MANIFESTACIÓN DEL CONSENTIMIENTO

116. El ministro invita los novios a expresar su consentimiento.

Manifiesten entonces la decisión de contraer matrimonio
estrechándose la mano derecha,
y expresen ante Dios y su Iglesia
el consentimiento matrimonial.

117. Los contrayentes se estrechan la mano derecha y expresan su consentimiento con una de las siguientes fórmulas:
 

PRIMERA FORMA

118. El novio se dirige a la novia con estas palabras:
Yo, N., te recibo a ti, N., como esposa,
y prometo serte fiel
tanto en la prosperidad como en la adversidad,
en la salud como en la enfermedad,
amándote y respetándote durante toda mi vida.

La novia se dirige al novio con estas palabras:
Yo, N., te recibo a ti, N., como esposo,
y prometo serte fiel
tanto en la prosperidad como en la adversidad,
en la salud como en la enfermedad,
amándote y respetándote durante toda mi vida.
 

SEGUNDA FORMA

119. El novio se dirige a la novia con estas palabras:
N.
, ¿Quieres unir tu vida a la mía,
por el sacramento del matrimonio,
en el Señor que nos ha creado y redimido?

La novia responde:
Sí, quiero, con la gracia de Dios.

La novia se dirige al novio con estas palabras:
N.
, ¿Quieres unir tu vida a la mía,
por el sacramento del matrimonio,
en el Señor que nos ha creado y redimido?

El novio responde:
Sí, quiero, con la gracia de Dios.

Y juntos dicen:
Nosotros prometemos amarnos fielmente,
en el gozo y en el dolor, en la salud y en la enfermedad,
y sostenemos mutuamente durante toda nuestra vida.
 

TERCERA FORMA

120. El ministro, si por razones pastorales pareciera más oportuno, puede pedir el consentimiento de los contrayentes mediante una pregunta.

Primero, pregunta al novio:
N.
, ¿Quieres recibir por esposa a N.
y prometes serle fiel
tanto en la prosperidad como en la adversidad,
en la salud como en la enfermedad,
amándola y respetándola durante toda tu vida?

El novio responde:
Sí, quiero.

Luego pregunta a la novia:
N.
, ¿Quieres recibir por esposo a N.
y prometes serle fiel
tanto en la prosperidad como en la adversidad,
en la salud como en la enfermedad,
amándolo y respetándolo durante toda tu vida?

La novia responde:
Sí, quiero.
 

CONFIRMACIÓN DEL CONSENTIMIENTO

121. El ministro que recibe el consentimiento dice a los esposos:
El Señor confirme el consentimiento
que han manifestado delante de la Iglesia,
y realice en ustedes lo que su bendición les promete.
Que el hombre no separe lo que Dios ha unido.

Todos responden:
Amén


O bien:
El Dios de Abrahán,
el Dios de Isaac,
el Dios de Jacob,
el Dios que en el paraíso unió a Adán y Eva
confirme en Cristo
el consentimiento que han manifestado
delante de la Iglesia,
y los sostenga con su bendición.
Que el hombre no separe lo que Dios ha unido.

Todos responden:
Amén


122. El ministro invita a los presentes a alabar a Dios:
Bendigamos al Señor.

Todos responden:
Demos gracias a Dios.

Puede preferirse otra aclamación.

 

BENDICIÓN Y ENTREGA DE LOS ANILLOS

123. El ministro dice:
El Señor bendiga + estos anillos,
que se entregarán el uno al otro,
como signo de amor y de fidelidad.
R. Amén.


O bien:
Bendice, Señor, + estos anillos,
para que los esposos que han de llevarlos
se guarden íntegra fidelidad el uno al otro,
permanezcan en tu voluntad y en tu paz
y vivan siempre en el amor mutuo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.


O bien:
Bendice, + Señor, y santifica el amor de estos hijos tuyos,
y que estos anillos, signo de fidelidad,
sirvan para recordarles el amor que los une.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.

Según le oportunidad los anillos pueden rociarse, con agua bendita.


124. El esposo coloca el anillo en el dedo anular de la esposa, diciendo, según la oportunidad:

N.
, recibe este anillo como signo de mi amor y fidelidad.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Del mismo modo, la esposa coloca el anillo en el dedo anular del esposo, diciendo, según la oportunidad:
N.
, recibe este anillo como signo de mi amor y fidelidad.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

125. Entonces toda la comunidad puede entonar un himno o canto de alabanza.
 

ORACIÓN DE LOS FIELES

126. Luego se hace, en le forma acostumbra, la oración universal (de la cual se proponen otros modelos en los nn. 413-416).

    a) en primer lugar el ministro invita a orar;
    b) se proponen las invocaciones de la oración universal con la respuesta de los fieles, pero teniendo en cuenta que cada invocación se armonice con la bendición nupcial y no la duplique;
    c) si no se distribuye la sagrada comunión, sigue el Padre nuestro;
    d) por último, omitiendo la oración conclusiva, el ministro invoca la bendición de Dios sobre la esposa y el esposo, la cual nunca se omite.
 

FORMULARIO A

Quien preside invita a orar:
Queridos hermanos,
conscientes del don especial de gracia y caridad,
mediante el cual Dios ha querido hacer perfecto
y consagrar el amor de nuestros hermanos N. y N.
encomendémolos al Señor.

Un lector propone las intenciones.

Para que estos fieles cristianos N. y N.,
unidos ahora en la santidad del Matrimonio,
puedan gozar de la salud y de la salvación eterna.
Oremos.
R. Escúchanos, Señor.

Para que el Señor bendiga la unión de estos esposos
como santificó las bodas de Caná.
Oremos.
R. Escúchanos, Señor.

Para que el Señor, haciendo fecundo el amor de N. y N.,
les conceda paz y los sostenga
y puedan dar un fiel testimonio de vida cristiana.
Oremos.
R. Escúchanos, Señor.

Para que el pueblo cristiano progrese
día a día en la virtud,
y todos los que están oprimidos
por las dificultades de la vida
reciban la ayuda de la gracia que viene de lo alto.
Oremos.
R. Escúchanos, Señor.

Para que el Espíritu Santo
renueve la gracia del sacramento del Matrimonio
en todos los esposos aquí presentes.
Oremos.
R. Escúchanos, Señor.

Concluye quien preside le celebración:
Infunde, Señor, el Espíritu de tu amor en N. y N.,
para que sean un solo corazón y una sola alma;
y al suplicarte con estas intenciones
ayúdalos con tu gracia
para vivir con fidelidad el Evangelio.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.

Si no se distribuye la sagrada comunión, sigue el Padre nuestro.
 

FORMULARIO B

Quien preside invita a orar:
Queridos hermanos,
acompañemos con nuestra oración a esta nueva familia,
para que se acreciente día a día el amor de estos esposos
y Dios sostenga bondadoso a todas las familias.

Un lector propone las intenciones.

Por estos nuevos esposos,
para que su familia crezca en la unidad y en la paz.
Oremos.
R. Te rogamos, óyenos.

Por sus parientes y amigos
y por todos los que acompañaron y ayudaron a estos esposos.
Oremos.
R. Te rogamos, óyenos

Por los jóvenes que se preparan a al matrimonio
y por todos los que Dios llama a otros estados de vida.
Oremos.
R. Te rogamos, óyenos.

Por todas las familias,
para que prevalezca en ellas la comprensión y la paz.
Oremos.
R. Te rogamos, óyenos.


Por todos los difuntos que dejaron este mundo,
en particular por nuestros familiares y amigos.
Oremos.
R. Te rogamos, óyenos.

Por la Iglesia, pueblo santo de Dios,
y por la unidad de todos los cristianos. Oremos.
R. Te rogamos, óyenos.

Concluye quien preside la celebración:
Señor Jesús, que está presente en medio de nosotros
mientras N. y N. consagran su unión,
escucha nuestra oración
y cólmanos con tu Espíritu.
Tu que vives y reinas por los siglos de los siglos.
R. Amén.

Si no se distribuye la sagrada comunión, sigue el Padre nuestro.
 

FORMULARIO C

Quien preside invita a orar:
Invoquemos a Dios, nuestro Padre,
fuente inagotable del amor,
para que sostenga a estos esposos
en el canino que hoy han iniciado.

Un lector propone las intenciones.

Por la santa Iglesia de Dios,
que en su interior y en su relación con el mundo
exprese el rostro de una verdadera familia
que sabe amar, dar y perdonar.
Oremos.
R. Escúchanos, Padre.

Por N. y N., unidos ahora en el Matrimonio:
que el Espíritu Santo los sostenga en la entrega mutua
haga fecunda su unión y los colme de alegría.
Oremos.
R. Escúchanos, Padre.

Por N. y N.:
que la gracia del sacramento que han recibido
los fortalezca en las dificultades
y los conserve en la fidelidad.
Oremos.
R. Escúchanos, Padre.

Por los jóvenes y los novios:
que se preparen a construir su familia
según la palabra del Evangelio,
agradecidos por el don y la belleza del amor.
Oremos.
R. Escúchanos, Padre.

Por la sociedad civil:
que reconozca y sostenga la dignidad de la familia,
y ayude a los esposos
a cumplir con su deber de educadores.
Oremos.
R. Escúchanos,

Por los esposos aquí presentes:
que sepan obtener fortaleza y coraje de la vida sacramental
para un renovado testimonio cristiano.
Oremos.
R. Escúchanos, Padre.

Por nuestra comunidad:
reunida para la celebración
del sacramento del Matrimonio;
que se reconozca siempre la esposa amada de Cristo.
Oremos.
R. Escúchanos, Padre.

Concluye quien preside la celebración:
Dios y Padre bondadoso,
que desde el inicio del mundo bendijiste
la unión del hombre y de la mujer
y que en Cristo nos revelaste
la dimensión nupcial de tu amor,
concede a estos esposos una profunda armonía de espíritu
y un continuo crecimiento en tu caridad.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.

Si no se distribuye le sagrada comunión, sigue el Padre nuestro.
 

FORMULARIO D

Quien preside invita a orar:
Oremos, queridos hermanos,
por las necesidades de la santa Iglesia,
por el mundo entero y, especialmente,
por nuestros hermanos N. y N.
que acaban de unirse en Matrimonio.

Un lector propone las intenciones.
Por el Pueblo de Dios, que es la Iglesia:
para que ofrezca a los hombres
una verdadera imagen del amor de Jesús.
Oremos.
R. Escucha, Señor, la oración de tus hijos.

Por N. y N. unidos hoy en Matrimonio:
para que sus vidas sean una respuesta fiel
a la Palabra de Dios
que acaban de escuchar.
Oremos.
R. Escucha, Señor, la oración de tus hijos.

Por los hogares de nuestra Patria:
para que prevalezcan en ellos
la comprensión y la armonía.
Oremos.
R. Escucha, Señor, la oración de tus hijos.

Por todos los Matrimonios:
para que guiados por la luz del Señor
sean generosos, pacientes y fieles.
Oremos.
R. Escucha, Señor, la oración de tus hijos.

Por los difuntos de nuestras familias,
para que el Señor, en su gran misericordia,
les conceda vivir para siempre
en la gran familia del Cielo.
Oremos.
R. Escucha, Señor, la oración de tus hijos.

Concluye quien preside la celebración:
Escucha, Padre de bondad, nuestra oración
y concede a tus servidores que confían en ti,
conseguir los dones de tu gracia,
conservar el amor en la unidad
y llegar [con su descendencia], después de esta vida,
al reino eterno.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.

Si no se distribuye la sagrada comunión, sigue el Padre nuestro.
 

BENDICIÓN NUPCIAL

127. Los esposos se ponen de rodillas en sus lugares.
En la invitación pueden omitirse, si no habrá distribución de la sagrada Comunión o alguno de los esposos no va a comulgar, las palabras que van entre corchetes. También pueden omitirse las palabras entre corchetes, según lo aconsejen las circunstancias, por ejemplo si los esposos son de edad avanzada.
Para la bendición se utilizará uno de los formularios siguientes.
 

FORMULARIO A

El ministro, con las manos juntas, invita a los presentes a la oración con estas u otras palabras:
Queridos hermanos,
oremos al Padre para que bendiga
a estos hermanos nuestros
que se han unido en Cristo;
que Él derrame su gracia,
y a quienes unió con una alianza santa
[por el sacramento del Cuerpo y de la Sangre de Cristo]
los confirme en el amor recíproco.

Todos oran en silencio durante breves momentos.

128. Después, el ministro con las manos extendidas sobre los esposos, prosigue diciendo:
Dios nuestro,
que con tu poder hiciste todas las cosas de la nada,
desde el principio todo lo ordenaste,
haciendo al hombre a tu imagen,
le diste al varón la ayuda inseparable de la mujer,
para que ya no fueran dos, sino una sola carne
y enseñaste que nunca será lícito separar
lo que Tú has querido unir para siempre.

Dios y Padre, que consagraste la vida conyugal
por medio de un sacramento tan grande,
prefigurando en el matrimonio
la unión que existe entre Cristo y la Iglesia.

Dios y Padre, que unes al varón y a la mujer
y concedes a esta unión, establecida desde el principio,
la única bendición que no fue abolida
por la pena del pecado original,
ni por la sentencia del diluvio.

Mira con bondad a estos hijos tuyos
que, unidos por el vínculo conyugal,
imploran tu bendición.
Envía sobre ellos la gracia del Espíritu Santo,
para que, por la efusión de tu amor en sus corazones,
permanezcan fieles en la alianza nupcial.

Concede a tu hija N. el don del amor y de la paz,
y la gracia de seguir siempre
el ejemplo de aquellas santas mujeres
que son alabadas en la Sagrada Escritura.

Que el corazón de su esposo N.
confíe en la que ahora es su esposa
y, reconociéndola como su compañera
y coheredera de la vida de gracia,
la respete y la ame como Cristo ama a su Iglesia.

Y ahora, Padre, te suplicamos por estos hijos tuyos:
que la firmeza de la fe
y el cumplimiento de tus mandamientos
los mantenga íntimamente unidos,
y haga de ellos un ejemplo para los demás,
de manera que, inspirándose en el Evangelio,
den a todos un buen testimonio de Cristo.
[Que sean padres fecundos y de reconocida virtud
y puedan ver a los hijos de sus hijos.]
Y después de una vida larga y feliz,
gocen de la paz de los santos
en el Reino de los cielos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.
 

FORMULARIO B

El ministro, con las manos juntas, invita a los presentes a la oración con estas u otras palabras:
Queridos hermanos, oremos al Señor
para que bendiga a estos esposos
que se unen en matrimonio ante el altar de Dios,
y [con la participación del Cuerpo y la Sangre de Cristo]
permanezcan siempre unidos por el amor.

Todos oran en silencio durante breves momentos.

Después, el ministro con las manos extendidas sobre los esposos, prosigue diciendo:

Padre santo, Tú hiciste al hombre a tu imagen
y lo creaste varón y mujer,
a fin de que, unidos en su cuerpo y en su corazón,
cumplieran su misión en este mundo.

Tú quisiste, Padre, que la unión nupcial de los esposos
nos revelara el designio de tu amor
y fuera el signo de la Alianza que hiciste con tu pueblo,
y así pusiera de manifiesto
el misterio de la unión entre Jesucristo y la Iglesia.

Te pedimos que derrames tu bendición
sobre estos hijos tuyos [N. y N.]
e infundas en sus corazones
el poder del Espíritu Santo.


Concédeles, Padre,
que en esta unión sacramental que comienzan
se comuniquen mutuamente las riquezas de tu amor
y que, siendo el uno para el otro signo de tu presencia,
sean de verdad, un solo corazón y una sola alma.

Concédeles también, Señor,
mantener con su trabajo el hogar que hoy constituyen;
[que eduquen a sus hijos en el espíritu del Evangelio
y los preparen para incorporarlos a tu familia santa].

Colma con tu bendición a tu hija N.,
para que pueda cumplir sus deberes de esposa [y madre]
y sea el alma y la alegría del hogar.

Bendice también con abundancia a tu hijo N.,
para que cumpla sus deberes
de esposo fiel [y padre generoso].

Concede, Padre santo,
que estos esposos unidos en tu presencia,
[así como ahora se acercan a la mesa del altar]
se alegren un día de participar en el banquete de tu Reino.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.
 

FORMULARIO C

El ministro, con las manos juntas, invita a los presentes a la oración, con estas u otras palabras:

Invoquemos, hermanos,
la bendición de Dios sobre estos esposos,
para que proteja con su auxilio
a quienes ha unido en el sacramento del matrimonio.

Todos oran en silencio durante breves momentos.

Después, el ministro con las manos extendidas sobre los esposos, prosigue diciendo:

Padre santo, creador de todo cuanto existe,
que has hecho a tu imagen al varón y a la mujer
y quisiste bendecir su unión conyugal,
te pedimos por estos esposos
que acaban de unirse por el sacramento del matrimonio.

Concede, Señor, tu abundante bendición
a estos hermanos nuestros N. y N.,
y que el poder del Espíritu Santo llene sus corazones
para que, alegrándose en su mutua entrega,
[hagan fecundo su hogar y]
enriquezcan a la Iglesia.

Que te alaben, Padre, en la alegría
y te busquen en la tristeza;
que en el trabajo encuentren el gozo de tu ayuda
y en las dificultades sientan cercano tu consuelo;
que invoquen tu nombre en la oración de tu Iglesia,
sean tus testigos en el mundo
y, después de una vida plena y feliz
en compañía de sus amigos,
lleguen a tu reino eterno.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.
 

FORMULARIO D

El ministro, con las manos juntas, invita a los presentes a la oración con estas u otras palabras:

Queridos hermanos,
invoquemos la bendición de Dios
sobre estos esposos, N. y N.,
Él, que hoy los colma de gracia
con el sacramento del Matrimonio,
los acompañe siempre con su protección.

Todos oran en silencio durante breves momentos.

Después, el sacerdote con las manos extendidas sobre los esposos, prosigue diciendo:

Dios Padre de toda bondad,
en tu designio de amor creaste al varón y a la mujer
para que, en la entrega recíproca,
con ternura y fecundidad viviesen alegres en la comunión.


Cuando llegó la plenitud de los tiempos
has enviado a tu Hijo, nacido de una mujer.
En Nazaret,
compartiendo las alegrías y las fatigas
de toda familia humana,
creció en sabiduría y gracia.
En Caná de Galilea,
convirtiendo el agua en vino,
se convirtió en presencia de alegría
en la vida de los esposos.
En la cruz se humilló
hasta la extrema pobreza de la condición humana.
Así nos has revelado, Padre,
tu amor admirable por nosotros,
sin pedir nada a cambio.

Con la efusión del Espíritu de tu Hijo Resucitado
has concedido a la Iglesia
recibir tu gracia en nuestro tiempo
santificando todos sus días.

Ahora, Padre, mira a N. y N.,
que se encomiendan a ti:
lleva a término la obra que comenzaste en ellos
y conviértela en signo de tu caridad.
Descienda tu bendición sobre estos esposos
para que, marcados con el fuego del Espíritu Santo,
se conviertan en Evangelio vivo entre los hombres.
[Que sean guías sabios y firmes de sus hijos
que alegrarán a su familia y a la comunidad].

Sean alegres en la esperanza,
fuertes en la tribulación,
perseverantes en la oración,
atentos a las necesidades de los hermanos,
diligentes en la hospitalidad.
No devuelvan a nadie mal por mal,
bendigan y no maldigan,
vivan muchos años y en paz con todos.

Padre, el amor de estos esposos
sea semilla de tu reino.
Y que conserven en el corazón una profunda ansia de ti
hasta el día en el cual,
junto a sus seres queridos,
puedan alabar eternamente tu nombre.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.

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129. Luego, si no se distribuye la sagrada Comunión, el ministro, a continuación, puede hacer uso de tos ritos complementarios, que se encuentran en el n. 138; luego bendice al pueblo con la siguiente fórmula de bendición o con la que se encuentra en el n. 139, a la que puede seguir la presentación de los esposos a Nuestra Señora, n. 141.

Y a todos ustedes, que están aquí presentes,
los bendiga Dios todopoderoso,
Padre, Hijo, + y Espíritu Santo.
R. Amén.

Es aconsejable terminar la celebración con un canto adecuado.

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SAGRADA COMUNIÓN

130. Si se distribuye la sagrada comunión, acabada la bendición nupcial, el ministro se dirige al lugar donde se reserva la Eucaristía, toma el copón con el Cuerpo del Señor, lo deposita sobre el altar y hace genuflexión.

131. Luego introduce la oración dominical con estas palabras u otras semejantes:
Fieles a la recomendación del Salvador
y siguiendo su divina enseñanza,
nos atrevemos a decir:

y todos a la vez, continúan:

Padre nuestro.

132. Después, el ministro, si se juzga oportuno, invita a los fieles con estas palabras u otras similares:

Pueden darse la paz.

Entonces los esposos y todos los presentes se intercambian un signo de paz y de caridad.

133. Después de esto, el ministro, haciendo genuflexión, toma el pan consagrado y, manteniéndolo un poco elevado sobre el copón, dice:
Este es el Cordero de Dios
que quita el pecado del mundo.
Dichosos los invitados a la Cena del Señor.

Y añade con todos los que van a comulgar:

Señor, no soy digno de que entres en mi casa,
pero una palabra tuya bastará para sanarme.


134. Después se acerca a los que van a comulgar con el copón y muestra a cada uno de ellos la hostia un poco elevada, diciendo:

El Cuerpo de Cristo.

Y el que va a comulgar responde:
Amén.

Y comulga.


135. Mientras se hace la distribución de la sagrada comunión, se puede entonar, según la oportunidad, un canto adecuado.

136. Terminada la distribución de la comunión, según la oportunidad, se puede guardar un tiempo de sagrado silencio o cantar un salmo o un canto de alabanza.


137. Luego el ministro dice la oración siguiente:
Oremos.

Después de compartir tu mesa,
te pedimos Padre santo, que estos hermanos nuestros
que hoy se han unido en matrimonio
permanezcan siempre fieles a ti
y anuncien tu nombre a sus hermanos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.
 

RITOS COMPLEMENTARIOS

138. Antes de la bendición final, se puede hacer alguno de los siguientes ritos complementarios:

Entrega del libro de los Evangelios o de la Biblia:
N.
y N. reciban el libro de la Palabra de Dios.
Busquen en ella a Cristo Camino, Verdad y Vida
para crecer juntos en el amor
y realizar sus vidas en plenitud.

O bien:

Entrega de una oración
N.
y N. reciban esta oración
y comprométanse a rezarla juntos
para que el Dios de la Vida y la Verdad
les muestre su camino.

O bien:

Entrega de la Cruz
N.
y N. reciban la Cruz del Señor;
que en el nuevo hogar que han formado
sea signo visible del amor de Dios por los hombres.
 

CONCLUSIÓN DE LA CELEBRACIÓN

139. El rito concluye con la bendición de los esposos y del pueblo, ya sea con la forma sencilla La bendición de Dios, ya sea con alguna de las fórmulas siguientes:
 

FORMULARIO A

El ministro con las manos extendidas sobre los esposos, dice:
Dios, Padre eterno,
los conserve unidos en el amor,
y que la paz de Cristo habite en ustedes
y permanezca siempre en su hogar.
R. Amén.

Sean ustedes benditos en sus hijos,
que encuentren ayuda en sus amigos
y vivan en paz con todos.
R. Amén.

Que en el mundo sean testigos del amor de Dios,
y que los pobres y afligidos
sean objeto de la bondad de ustedes,
para que ellos los reciban un día
en las mansiones eternas de Dios.
R. Amén.

Y bendice a todo el pueblo:

Y a todos ustedes, que están aquí reunidos,
los bendiga Dios todopoderoso,
Padre, Hijo, + y Espíritu Santo.
R. Amén.
 

FORMULARIO B

El sacerdote con las manos entendidas sobre los esposos, dice:

Dios Padre omnipotente les conceda su gozo
y los bendiga en sus hijos.
R. Amén.

El Hijo unigénito de Dios los asista con su misericordia
en la prosperidad y en la adversidad.
R. Amén.

El Espíritu Santo de Dios
derrame siempre su caridad en sus corazones.
R. Amén.

Y bendice a todo el pueblo:

Y a todos ustedes, que están aquí reunidos,
los bendiga Dios todopoderoso,
Padre, Hijo, + y Espíritu Santo.
R. Amén.
 

FORMULARIO C

El sacerdote con las manos entendidas sobre los esposos, dice:
El Señor Jesús, que asistió a las bodas de Caná,
les conceda su bendición,
a ustedes y a todos sus familiares y amigos.
R. Amén.

El Señor, que amó a su Iglesia hasta el fin,
derrame incesantemente su amor en el corazón de ustedes.
R. Amén.

El Señor los ayude a ser testigos fieles de su resurrección
y a esperar con alegría su venida gloriosa.
R. Amén.

Y bendice a todo el pueblo:
Y a todos ustedes, que están aquí reunidos,
los bendiga Dios todopoderoso,
Padre, Hijo, + y Espíritu Santo.
R. Amén.
 

FORMULARIO D

El ministro con las manos extendidas sobre los esposos, dice:
Dios, Padre eterno,
los conserve unidos en el amor,
y que la paz de Cristo habite en ustedes
y permanezca siempre en su hogar.
R. Amén.

Sean ustedes benditos en sus hijos,
que encuentren ayuda en sus amigos
y vivan en paz con todos.
R. Amén.

Que en el mundo sean testigos del amor de Dios,
y que los pobres y afligidos
sean objeto de la bondad de ustedes,
para que ellos los reciban un día
en las mansiones eternas de Dios.
R. Amén.

Y bendice a todo el pueblo:
Y a todos ustedes, que están aquí reunidos,
los bendiga Dios todopoderoso,
Padre, Hijo, + y Espíritu Santo.
R. Amén.

140. Terminada la celebración, los testigos y el ministro firman el acta de Matrimonio. El acto de firmar puede hacerse en la sacristía o en presencia del pueblo, pero no debe hacerse sobre el altar.
 

PRESENTACIÓN DE LOS ESPOSOS A NUESTRA SEÑORA

141. Según la práctica arraigada en el pueblo de encomendar a la Virgen los distintos momentos de la vida, concluida la celebración y antes de retirarse del altar, los esposos pueden dirigir la siguiente oración a Nuestra Señora.
Despues, si se cree conveniente, pueden ofrecer dos cirios encendidos o un ramo de flores ante un altar de la Virgen; sería el momento más oportuno para la interpretación del tradicional Ave María.


Virgen María, esposa y Madre:
en este día feliz nos presentamos ante ti
con el corazón desbordante de alegría.
Tú que en Caná de Galilea, junto a tu Hijo,
intercediste por unos novios,
escucha la oración que te hacemos llegar.
Nuestro amor ha sido bendecido por Jesús
y como cristianos pedimos que intercedas ante tu Hijo,
como en aquella hora, para que seamos
alabanza de la gloria de su gracia
y testigos luminosos ante los hombres
del amor que nos ha hecho esposos.
Amén.

142. El ministro despide a la asamblea con estas palabras u otras semejantes, que expresen la llamada a la misión y al testimonio esponsal en la comunidad:

En la Iglesia y en el mundo sean testigos
del don de la vida y del amor que acaban de celebrar.
Vayan en paz.

R. Demos gracias a Dios.