DEL GÉNESIS A LA LETRA


LIBRO V


CAPITULO I

Los seis o siete días del Génesis pudieron relatarse como repetición de un solo día

1. Este es el libro de la creación del cielo y de la tierra; cuando fue hecho el día hizo Dios el cielo y la tierra, y lodo lo verde del campo antes de aparecer sobre la tierra, y toda la hierba del campo antes de nacer. Aún no había hecho llover Dios sobre la tierra, ni tampoco existía hombre que trabajase la tierra. Mas una fuente brotaba de la tierra y regaba toda la superficie de la tierra. Con esto ciertamente se hace más firme la sentencia por la que se entiende que Dios hizo un solo día, del que hubieran podido contarse aquellos seis o siete días por la repetición de este único, ya que la misma santa Escritura lo dice más claramente al incluir en cierto modo todas las cosas de las que había hablado desde el principio hasta este pasaje en el que dice: éste es el libro de la creación o de la hechura del cielo y la tierra, cuando fue hecho el día. Porque nadie dirá que el cielo y la tierra se conmemoraron aquí como se había dicho antes de insinuarse la creación del día, en el principio hizo Dios el cielo y la tierra1. Ya dije en su lugar lo que creí debía de decirse, es decir, si aquello se entiende de modo que Dios hiciera algo sin día, antes de hacer el día; y por qué motivo puede tomarse esto así, sin cerrar el paso a nadie que pueda entenderlo mejor. Pero ahora al decir: éste es el libro de la creación del cielo y de la tierra, cuando fue hecho el día, demuestra suficientemente, según creo, que no habló aquí del cielo y de la tierra, como en el principio antes de que se hiciera el día, cuando las tinieblas estaban sobre el abismo, sino de qué modo fue hecho el cielo y la tierra después que fue hecho el día, es decir, cuando estaban ya formados y determinados los estados y géneros de las cosas, con las que adornado y ordenado el universo ostenta esta forma actual que llamamos mundo.

2. Luego aquí se hace mención de aquel cielo que al ser creado por Dios le llamó con todas las cosas que en él están, firmamento; y de aquella tierra que con todas las cosas que contiene y con el abismo ocupa el lugar más inferior. Prosigue y añade: hizo Dios el cielo y la tierra, para que al recordar los nombres de cielo y tierra escritos antes de haber hecho el día, y repetidos después de haberlos nombrado, no se permita creer que ahora denominó el cielo y la tierra como al principio antes de que fuera creado el día. Pues así ordenó el discurso: éste es el libro de la creación del cielo y de la tierra; cuando fue hecho el día, hizo Dios el cielo y la tierra, para que si alguno, porque también aquí primeramente se conmemoran el cielo y la tierra, y después se dice que fue hecho el día, quisiera entender de la misma manera lo que anteriormente se escribió, libro de la creación del cielo y de la tierra, como lo que se dijo antes de ser creado el día: en el principio hizo Dios el cielo y la tierra, sea corregido por las palabras siguientes, porque también después de que se conmemoró que el día fue hecho, de nuevo se añadió el nombre de cielo y tierra.

3. También esta palabra que se escribió cuando y que se añadió a fue hecho el día fuerza a cualquier contradictor a no poderlo entender de otro modo. Porque si de tal forma se hubiera expuesto que se dijera: éste es el libro de la creación del cielo y de la tierra, hecho el día hizo Dios el cielo y la tierra, cualquiera tal vez juzgaría que se llamó libro de la creación del cielo y de la tierra como se llamó en el principio cielo y tierra, antes de ser hecho el día. Y después añadiendo aquí fue hecho el día, como también allí después se narró que hizo Dios el día; y diciendo de nuevo en seguida hizo Dios el cielo y la tierra (nos forzaría a entender) como si ya en cierto modo fueron hechas todas las cosas después de haber creado el día. Pero porque se expuso de tal forma que se dice: cuando fue hecho el día, ya sea que unamos estas palabras a las anteriormente escritas para formar una sola sentencia diciendo «este es el libro de la creación del cielo y de la tierra cuando fue hecho el día», o las juntemos a las posteriores formando también de este modo una sentencia completa, diciendo «cuando fue hecho el día hizo Dios el cielo y la tierra», se nos obliga sin duda a entender que se conmemoró el cielo y la tierra del modo como fueron hechos, cuando fue hecho el día. Y después en diciendo que dijo: hizo Dios el cielo y la tierra y de seguida añadiendo: y todo lo verde del campo, lo que ciertamente es evidente que en el tercer día fue hecho, con toda claridad se deduce de aquí que uno y el mismo es aquel día que Dios hizo, el cual, repitiéndose, constituye el segundo, el tercero y los demás hasta el séptimo.


CAPITULO II

Por qué se añadió «y todo lo verde del campo»

4. Como ahora el escritor quisiera tomar la creación universal bajo el nombre de cielo y tierra conforme a la usual costumbre de la sagrada Escritura, puede preguntarse por qué añadió y todo lo verde del campo. A mí me parece que lo puso para insinuarnos más significativamente de qué día hablaba al decir cuando fue hecho el día, porque ligeramente pudiera creer alguno que este día citado era el de la luz corporal, el que recorriendo su carrera nos ofrece el cambio del tiempo diurno y nocturno. Pero cuando recordamos el orden de las cosas creadas y hallamos que todo lo verde del campo se hizo en el día tercero antes de haber sido creado el sol, el que lo fue el cuarto día, con cuya presencia se lleva a cabo este día cotidiano y usual, al oír: cuando fue hecho el día, hizo Dios el cielo y la tierra y todo lo verde del campo, nos percatamos que debemos pensar e intentar investigar con la luz de nuestra inteligencia sobre este día, el que si es corporal no sé con qué luz desconocida se efectuará, y si es espiritual tendrá lugar en la sociedad de la unidad angélica, pero sin ser tal cual este que conocemos nosotros.


CAPITULO III

Por la narración se desprende que todas las cosas fueron creadas al mismo tiempo

5. También no está fuera de cuestión el que pudiendo decir: «éste es el libro de la creación del cielo y de la tierra, cuando hizo Dios el cielo y la tierra», para que bajo el nombre de cielo y tierra entendiésemos todo lo que hay en ellos, según la costumbre de hablar de la divina Escritura, como muchas veces insinúa la creación universal bajo el nombre de cielo y tierra, y algunas añadiendo el mar, y de vez en cuando juntando y diciendo «y todas las cosas que hay en ellos2», a fin de que todo lo que de ellos dijere entendiésemos que en ello estaba comprendido el día, sea el que primeramente creó o éste que hace la presencia del sol; no dijo así, sino que intercaló el día diciendo «cuando fue hecho el día». Tampoco habló de esta manera: «éste es el libro de la creación del día y del cielo y de la tierra», como si se tratara del orden en que se narran los hechos. Ni dijo: «éste es el libro de la creación del cielo y de la tierra» cuando fue hecho el día y el cielo y la tierra, cuando Dios hizo el cielo y la tierra y todo lo verde del campo. Ni se expresó de este modo: «éste es el libro de la creación del cielo y de la tierra» cuando Dios hizo el día, el cielo y la tierra y todo lo verde del campo, siendo así que la forma habitual de expresarse pedía más bien estos modos de hablar. Sino que dice: éste es el libro de la creación del cielo y de la tierra, cuando fue hecho el día, hizo Dios el cielo y la tierra y todo lo verde del campo, como insinuando esto: que cuando fue hecho el día en aquel momento hizo Dios el cielo y la tierra y todo lo verde del campo.

6. Por lo tanto, la narración anterior indica que fue hecho primeramente el día, y a éste le considera uno sólo; al que después le llama segundo en el que fue hecho el firmamento; y tercero cuando se ordenaron las formas de la tierra y del mar y la tierra produjo los árboles y las hierbas. ¿No es esto tal vez lo que intentábamos demostrar en el libro anterior, es decir, que Dios creó todas las cosas al mismo tiempo3, ya que así lo exige el concatenamiento de la narración, pues entonces conmemoraba creadas y terminadas todas las cosas en la serie de los seis días, y ahora las acopla todas en un solo día bajo el nombre de cielo y tierra al que se juntó el género de las plantas? Si por lo que dije antes tal vez algún lector entendiera los días aquellos al modo de estos actuales por la costumbre de verlos, corregirá su parecer cuando recapacite que Dios dijo antes de estos días solares que la tierra produjera todo lo verde del campo. Ya, pues, no solamente se alega el testimonio de otro libro de la sagrada Escritura para confirmar que Dios creó todas las cosas al mismo tiempo, sino que también nos lo advierte la afirmación de la página siguiente, que dice: cuando fue hecho el día, hizo Dios el cielo y la tierra y todo lo verde del campo, para que entiendas, amado lector, que este día está repetido siete veces a fin de formar los siete días. Y cuando oyes que entonces se hicieron todas las cosas al ser hecho el día, comprendas, si puedes, que aquella senaria o septenaria repetición se hizo sin intervalos ni dilaciones temporales. Más si aún tú no puedes comprenderlo, deja estas cosas para que las contemplen otros más capaces, y tú sigue avanzando con la Escritura, que no te abandona en tu debilidad, y que con paso materno anda contigo más lentamente, la cual habla de este modo para reírse de la hinchazón de los soberbios, para atemorizar a los observadores con su profundidad, para saciar a los doctores con la verdad y para alimentar a los niños con su afabilidad.


CAPITULO IV

Por qué se dice que el heno fue creado antes de nacer

7. ¿Qué quiere decir lo que sigue, ya que la narración de la historia santa se ordena así: Cuando fue hecho el día, hizo Dios el cielo y la tierra y todo lo verde del campo antes de que estuviera sobre la tierra, y todo heno del campo antes de brotar? ¿Qué es esto? ¿No se habrá de investigar en qué sitio hiciera estas cosas antes de que estuvieran sobre la tierra y antes de que nacieran? Porque ¿quién no se inclinará a creer que entonces las hizo Dios cuando nacieron y no antes de nacer?; a no ser que se advierta por el oráculo divino que Dios creó estas cosas antes de que naciesen, a fin de que si no puede encontrar donde fueron hechas, el que con piedad cree a esta Escritura, puesto que el impío no cree, crea, sin embargo, que antes de nacer fueron creadas.

8. ¿Qué diremos, pues? ¿Acaso lo que no pocos juzgaron, que antes de aparecer sobre la tierra fueron hechas en el mismo Verbo de Dios? Mas si de este modo fueron hechas no lo fueron cuando fue hecho el día, sino antes de ser hecho el día. Pero con toda claridad dice la Escritura: cuando fue hecho el día, hizo Dios el cielo y la tierra y todo lo verde del campo antes de estar sobre la tierra y todo heno antes de nacer. Luego si cuando fue hecho el día, ciertamente no se hicieron antes de que se hiciera el día; y, por lo tanto, no se hizo esto en el Verbo que es coeterno al Padre y que existe antes del día y antes de que se hiciera alguna otra cosa, sino que (se hicieron) cuando fue hecho el día. Además las cosas que están en el Verbo están antes de toda creatura y ciertamente no son hechas; mientras que estas cosas, como lo declaran las palabras de la divina Escritura, fueron hechas cuando fue hecho el día, pero antes de que estuviesen sobre la tierra y antes de que nacieran conforme se dijo de todas las cosas verdes y del heno del campo.

9. ¿Dónde, pues (han sido hechas)? ¿Tal vez en la misma tierra en causa y en la razón de su ser, al estilo de como están todas las cosas en las semillas antes de que en cierta manera comiencen a evolucionar y a desarrollar sus crecimientos y sus formas propias, durante la sucesión de los tiempos? Mas estas semillas que vemos ahora ya están sobre la tierra, ya han nacido. ¿O es que no estaban sobre la tierra sino debajo de ella y, por lo tanto, antes de nacer fueron creadas, puesto que entonces nacieron cuando germinaron las semillas y salieron al ambiente por el ímpetu del crecimiento, lo que vemos que también ahora sucede en espacios de tiempos distribuidos para cada género propio de plantas? ¿Luego por ventura las semillas fueron creadas entonces, cuando fue hecho el día, y, por lo tanto, en ellas estaba contenido todo lo verde del campo y todo el heno, pero sin la forma que tienen ahora ya conocidas sobre la tierra, sino con aquella virtud con la que están en las razones seminales? Luego la tierra produjo primeramente semillas. Pero no hablaba así la Escritura cuando decía: y produjo la tierra hierba de alimento o hierba de heno que siembra semilla según su género y según su semejanza, y árbol frutal que engendra fruto, cuya semilla propia está en él según su género sobre la tierra. Pues por estas palabras aparece más bien que las semillas nacieron de las hierbas y de los árboles.

Mas las hierbas y los árboles no procedieron de las semillas, sino de la tierra. Además la misma palabra de Dios así lo expresa, pues no dice: «germinen las semillas en la tierra hierba de heno y árbol frutal», sino germine la tierra hierba de heno que siembra semilla, por donde insinúa que la semilla procede de la hierba, mas no la hierba de la semilla, y prosigue y dice: y así se hizo y produjo la tierra4, es decir, primeramente así se hizo en el conocimiento de aquel día, y después produjo la tierra, a fin de que esto se hiciera en la misma creatura, la cual fue creada.

10. Luego ¿de qué modo se dice antes de que fuesen sobre la tierra y antes de que nacieren? ¿Acaso como para darnos a entender que haya sido para ellas una cosa el ser hechas con el cielo y la tierra cuando fue hecho aquel día inusitado y desconocido por nosotros, al que primeramente hizo Dios, y otra distinta el aparecer sobre la tierra, lo que no tiene lugar sino durante estos días que hace el curso del sol por espacios de tiempo acomodados a cada propio género? Lo cual si es así, y aquel día es la sociedad y unidad de los supracelestes ángeles y virtudes, sin duda de un modo fue conocida, la creatura de Dios por los ángeles y de otro distinto por nosotros, pues aun exceptuando de cómo ellos la conocieron en el Verbo de Dios por quien fueron hechas todas las cosas, de forma muy distinta conocieron a la creatura en sí misma que la conocemos nosotros. Por ellos es conocida, por decirlo así primordialmente o en su origen, como la creó Dios en un principio y después de cuya creación descansó Dios de sus obras, no creando cosa alguna en adelante; mas por nosotros es conocida en la sucesión de los tiempos, según la administración de las cosas anteriormente creadas, conforme a cuya administración Dios hasta el presente obra en aquellas cosas que terminó durante la perfección senaria.

11. Luego entonces se dijo que la tierra produjera causalmente la hierba y los árboles, esto es, entonces recibió la virtud de producir, puesto que ya en ella como en las raíces de los tiempos, si puedo decirlo así, eran creadas las cosas que habían de existir durante los tiempos. Porque ciertamente más tarde plantó Dios el paraíso hacia el oriente, y allí hizo germinar de la tierra todo árbol hermoso a la vista y bueno para comer5 y, sin embargo, no se ha de decir que entonces le adjudicó alguna creatura que antes no había creado, la qua después debía de añadírsele como perfección, siendo así que en el sexto día terminó todas las obras haciéndolas sobremanera buenas. Mas porque ya todas las especies de frutales y de plantas habían sido hechas en la primera creación de la cual Dios descansó, impulsando y administrando en adelante en el curso de los tiempos aquellos mismos seres que creó, y de quienes creados descansó, por eso entonces no sólo plantó el paraíso, sino también ahora planta todas las cosas que nacen. Porque a la verdad, ¿quién otro también ahora crea todas estas cosas, sino El que hasta el presente trabaja? Mas ahora las crea sacándolas de aquellas que ya existen, entonces también eran creadas por El, cuando no eran nada, al ser hecho aquel día, es decir, la creatura espiritual e intelectual, la que ciertamente tampoco existía.


CAPITULO V

El orden expuesto de la creación de las cosas en seis días
no implica intervalo de tiempo, sino conexión de causas

12. Hechas, pues, las creaturas, comenzaron a correr los tiempos con los movimientos de los seres; por lo tanto, en vano se indaga buscando dónde estaban los tiempos antes de existir la creatura, como si pudieran encontrarse los tiempos antes de los tiempos. En efecto, si no existiese movimiento alguno de creatura corporal o espiritual por el que al presente le antecediera el pasado y le sucediera el futuro, no habría en absoluto tiempo alguno, puesto que la creatura no puede moverse si (ella) no existe. Luego más bien el tiempo procede de la creatura que no la creatura del tiempo, pero ambos comenzaron a existir por Dios, porque de El y por El y en El son todas las cosas6. Ni se tome de tal modo lo dicho, el tiempo comenzó con la creatura, como si el tiempo no fuese creatura, siendo como es el tiempo el movimiento de la creatura de un lugar a otro, efectuado por las sucesiones de las cosas conforme a la ordenación de Dios que administra todas las cosas que creó. Por lo tanto, cuando pensamos en la primera creación de las creaturas, de cuyas obras descansó Dios en el séptimo día, no debemos juzgar que aquellos días fueron como éstos solares, ni que la misma obra fue como la actual por la que ahora obra Dios algo en el tiempo, sino del modo como obró en el principio cuando comenzaron los tiempos, como operó al crear a la vez todas las cosas, dándoles sin intervalos de tiempo un orden, pero de conexión de causas, para que las que fueron creadas simultáneamente también recibieran su perfección en el número de aquel día presentado seis veces.

13. Así, pues, no fue creada primeramente en orden temporal, sino causal, la materia informe, pero formable, espiritual y corporal de la que se hiciera lo que debía ser hecho, puesto que antes de ser diseñada no hubiera sido formada. Ni fue proyectada por algún otro ser fuera de aquel sumo y verdadero Dios, por quien todas las cosas existen, ya sea que por el nombre de cielo y tierra esté significada la materia que en el principio hizo Dios antes de aquel único día que creó, y a la que llamó así porque de ella fueron creados el cielo y la tierra, o ya sea que se designe bajo el nombre de tierra invisible e informe y abismo de tinieblas, como lo dejamos dicho en el primer libro.

14. Entre los seres que de la informidad fueron formados y a los que claramente se les llama creados o hechos o fabricados, el primero que fue hecho es el día. Porque convenía que obtuviera la primacía de la creación aquella naturaleza que pudiera conocer a la creatura por el Creador, y no al Creador por medio de la creatura; y el segundo, el firmamento del que procede el mundo corpóreo; y el tercero, la forma del mar y de la tierra incluyendo en ésta potencialmente, por decirlo así, la naturaleza de las hierbas y de las plantas, ya que de este modo la tierra, al imperio de la voz de Dios, produjo aquellos seres antes de nacer, recibiendo todos ellos sus medidas apropiadas, las que desenvolvería ella en la sucesión del tiempo según el propio género de cada uno; y a continuación, después que fue creada esta como despensa de las cosas, fueron creados los luminares y los astros en el cuarto día, a fin de que primeramente la parte superior del universo se adornara con las cosas visibles que se mueven en el mundo. En el quinto día la naturaleza de las aguas que se une al cielo y al aire, produjo al mandato de la voz de Dios sus propios habitantes, a saber, todos los animales que nadan y vuelan, y también todo esto se creó potencialmente con sus propias medidas, las que se desenvolverían más tarde por medio de los movimientos convenientes de los tiempos. En el sexto día formó la tierra, de manera semejante los animales terrestres como últimos moradores, sacados del último elemento del mundo, también potencialmente, de quienes el tiempo se encargaría de desenvolver visiblemente en adelante las medidas propias de ellos.

15. Todo este orden de la creatura ordenada le conoció aquel día, y presentado al conocimiento de él al modo de seis veces distintas, constituyó como seis días siendo uno sólo, y conociendo primeramente en el Creador todas las cosas que fueron creadas, y después en sí mismas sin quedarse absorto en ellas, sino que refiriendo este posterior conocimiento de ellas a la gloria de Dios, constituyó la tarde, la mañana y el mediodía en cada uno de estos seis días, no mediante espacios de tiempos, sino en el orden de las cosas creadas. Últimamente, teniendo presente el conocimiento del descanso de su Creador por el que descansó en Sí mismo de todas sus obras, en cuyo descanso no existe la tarde, mereció ser bendecido y santificado por esto; de aquí que la Escritura recomienda y la Iglesia reconoce este número septenario como dedicado al Espíritu Santo7.

16. Luego este es el libro de la creación del cielo y de la tierra, puesto que en el principio hizo Dios el cielo y la tierra, según cierta, por decirlo así, formabilidad de la materia, la que después, mediante la palabra de El, había de ser formada; cuya formabilidad procedió a la formación no en tiempo, sino en origen, porque ciertamente al ser formada, primero fue hecho el día, y cuando fue hecho el día hizo Dios el cielo y la tierra y todo lo verde del campo antes de que estuviese sobre la tierra, y todo heno antes de nacer, como anteriormente lo dejamos expuesto, a no ser que alguno más clara y convenientemente pudo, o en adelante pueda, comprenderlo y explicarlo.


CAPITULO VI

De si por estas palabras «aún no llovía sobre la tierra etc.»,
puede entenderse que todas las cosas fueron creadas al mismo tiempo

17. Difícil es averiguar a qué se refiere y qué cosa nos quiere insinuar lo siguiente: Aún Dios no había hecho llover sobre la tierra, ni existía hombre que cultivase la tierra. Por esto parece se insinuó que Dios hizo el heno del campo antes de que naciese, porque aún no había llovido sobre la tierra, pues si hubiera hecho el heno después de la lluvia aparecería más bien que nació por la lluvia que fue hecho por El. ¿Pero qué cosa que nazca después de llover será hecha por otro fuera de Dios? ¿Por qué no existía hombre que trabajase la tierra? ¿Acaso no había hecho ya al hombre en el sexto día y en el séptimo había descansado de todas sus obras? ¿O es que, recapitulando, conmemora que cuando hizo Dios todo lo verde del campo y todo heno aún no llovía sobre la tierra ni existía el hombre, ya que hizo la hierba en el día tercero y al hombre en el sexto? Cuando hizo Dios todo lo verde y todo el heno del campo antes de nacer sobre la tierra, no sólo no existía el hombre que la trabajase, mas ni el mismo heno estaba sobre la tierra, el cual ciertamente dice que fue hecho antes de nacer. ¿O acaso por esto hizo Dios la hierba en el día tercero porque aún no existía el hombre que trabajando hiciera nacer estas plantas? Como si tan gran multitud de árboles y tanta clase de hierbas no nazcan de la tierra sin trabajo alguno del hombre.

18. ¿O es que se escribieron ambas cosas con el fin de hacer notar que aún no llovía sobre la tierra (cuando hizo Dios las plantas) y que tampoco existía el hombre que la cultivase? Donde no existe el trabajo del hombre nacen las plantas mediante la lluvia. Mas hay plantas que si no interviene el trabajo del hombre no nacen con la lluvia. Por lo tanto, ahora es necesario el auxilio de ambas para que todas las plantas nazcan; entonces faltaron los dos. Por esto hizo Dios estas cosas mediante el poder de su Verbo sin lluvia y sin trabajo del hombre. Ahora también las hace, más por la lluvia y por la mano del hombre, aunque ni el que planta ni el que riega es algo, sino Dios que da el incremento8.

19. ¿Y qué significa lo que se añade: una fuente brotaba de la tierra y regaba toda la superficie de la tierra? Pues dado que la fuente aquella manase con tanta abundancia como el Nilo en Egipto, ¿podría reemplazar a la lluvia en toda la tierra? ¿Por qué la Escritura divina nos encarga con el mayor interés que entendamos que Dios hizo antes de que lloviera aquellas plantas, siendo así que lo mismo podía ayudar a las plantas la fuente que regaba toda la tierra como la lluvia caída del cielo?; y si tal vez pudiera aquella fuente ayudar algo menos, ciertamente nacerían menos, pero siempre nacerían algunas. ¿O es que también la Escritura, según su costumbre, nos habla, como a débiles, con sencillez, insinuando, sin embargo, algo que pueda entenderlo el que se encuentre con fuerzas? Porque, sin duda, así como por este día poco antes explicado significó la Escritura que fue hecho un solo día por Dios, y que entonces hizo Dios el cielo y la tierra cuando fue hecho el día, para que del modo que pudiéramos pensásemos que Dios hizo todas las cosas a la vez, no obstante que la narración anterior de los seis días parece haber dado a entender como intervalos de tiempo, así ahora en diciendo que dijo: hizo Dios con el cielo y la tierra todo lo verde del campo antes de que apareciese sobre la tierra y todo el heno del campo antes de que naciese, añadió: aún no había hecho llover Dios sobre la tierra ni existía hombre que trabajase la tierra, como si dijera: «no hizo Dios entonces las plantas tales como ahora las hace cuando llueve y cuando trabajan los hombres», porque ahora se hacen aquellas plantas durante intervalos de tiempo, los que no existían entonces, cuando Dios hizo a la vez todas las cosas con las que también comenzaron a existir los tiempos.


CAPITULO VII

De la fuente que regaba toda la tierra

20. Lo que sigue: y una fuente brotaba de la tierra y regaba toda la superficie de ella, en cuanto me es dado entender, intima que las cosas se hagan, según intervalos de tiempo, de aquellas primera creación de las naturalezas, de la cual fueron hechas todas las cosas al mismo tiempo. Y con razón comienza por aquel elemento del que nacen toda clase de animales y de hierbas y de plantas, diciendo que ejecuten sus medidas temporales impuestas a sus naturalezas; puesto que todos los primeros gérmenes de las semillas ya sea de los que es engendrada la carne o de donde proceden las plantas, son húmedos y crecen por causa del agua. Mas también existen en ellos eficacísimas medidas que llevan consigo virtudes derivadas de aquellas perfectas obras de Dios, de las que descansó en el séptimo día.

21. Sin embargo, con razón se investiga cuál sea esta fuente capaz de regar la superficie de toda la tierra, porque si existió debemos indagar el porqué se secó, puesto que ahora no vemos fuente alguna con la que se riegue toda la superficie de la tierra. Quizá el pecado del hombre mereció también esta pena, a fin de que reprimido el caudal tan abundante de aquella fuente, desapareciese la fecundidad natural de la tierra y así se aumentase la fatiga del hombre. Puede la conjetura humana afirmar lo que acabo de decir, aunque nada nos diga a este propósito la divina Escritura, a no ser que se oponga a ello el que el pecado del hombre, a quien se impuso la pena del trabajo, fue posterior a las delicias del paraíso. Además, el paraíso tenía una inmensa fuente propia, de la que hablaremos después con más detención en su propio lugar, y de cuyo único manantial se narra que nacían cuatro ríos inmensos, conocidos por todos los hombres. ¿Pero dónde estaba esta fuente o estos ríos cuando aquella única e inmensa brotaba de la tierra y regaba la superficie terrestre? Porque ciertamente entonces el Geón, que hoy se llama Nilo y es uno de aquellos cuatro, no regaba el Egipto cuando la fuente brotaba de la tierra y saciaba no solamente el Egipto sino toda la superficie de la tierra.

22. ¿O se ha de creer que primeramente quiso Dios regar toda la tierra con una sola fuente grandísima, a fin de que las cosas que había creado primero en la tierra, habiendo recibido el apoyo del agua, ya en adelante se formasen durante intervalos de tiempo conforme a la diversidad de cada especie y los determinados números de días; y después habiendo plantado el paraíso contuvo el manantial de aquella fuente, y llenó la tierra como ahora la vemos de otras muchas fuentes; y de una sola fuente, de la del paraíso, dividió cuatro caudalosísimos ríos, de tal modo que el resto de la tierra poblada con los géneros de sus creaturas que ejecutaban las convenientes medidas de los tiempos, tuvieran también fuentes y ríos propios; y el paraíso plantado en lugar más prominente enviara del centro de su fuente aquellos cuatro ríos? ¿O es que se ha de creer que de aquella única fuente del paraíso, manando abundantísimamente, regó en un principio toda la tierra y la fecundó, a fin de que nacieran las diferentes especies de plantas conforme a las medidas de los tiempos, cuyas especies había creado en la tierra sin intervalos de tiempo, y después redujo en aquel lugar el caudalosísimo manantial de las aguas para que brotaran de diversos puntos esparcidos por toda la tierra ríos y fuentes; y más tarde, en el lugar de aquella fuente que no regaba ya toda la tierra, sino que brotaban de él aquellos cuatro únicos y memorables ríos, plantó el paraíso, donde colocó al hombre que creara?


CAPITULO VIII

De cuánto nos ayuden a conjeturar las cosas que la Escritura calla

23. Como no están escritas todas las cosas, sino solamente las que el Espíritu Santo, que inspiraba al escritor sagrado, juzgó conveniente que podían ser útiles no sólo para el conocimiento de las cosas creadas, sino también para el simbolismo de las futuras, pues la Escritura no dice de qué modo hayan corrido los tiempos después de aquella primera creación de las cosas, ni cómo tuvo lugar la administración de las creaturas que fueron hechas en un principio y terminadas en aquel día sexto; (por esto) nosotros, ignorantes, conjeturamos qué haya podido hacer el que lo calló no ignorándolo; pero sólo intentamos, según nuestro alcance y en cuanto nos preste su ayuda, hacer ver que en la santa Escritura no existe absurdo y contradicción alguna que se oponga al parecer del lector; no sea que mientras juzga que no pudo hacerse lo que la Escritura dice se hizo, o se aparte de la fe o no se acerque a ella.


CAPITULO IX

Dificultad sobre la fuente que regaba toda la tierra

24. Por lo tanto, cuando preguntamos acerca de esta fuente en qué sentido se dijo que ascendía de la tierra y regaba toda la superficie de ella, no debe parecer imposible lo que dijimos; y si le pareciesen a algunos imposibles las cosas que consignábamos busque él mismo otra sentencia en la que al mismo tiempo deje en pie la verdad de la santa Escritura, la cual sin lugar a duda siempre es veraz aun cuando no manifieste claramente su contenido. Porque si alguno quisiera argüir con el intento de convencer que ella es falsa, o él no ha de decir verdad alguna sobre la creación y el gobierno de las creaturas, o si la dijere, juzgará, no entendiendo la divina Escritura, que es falsa. Como le sucedería si quisiera disputar diciendo que no pudo existir una fuente tan grande que regase toda la superficie de la tierra, porque si no regaba los mondes no regaba toda la superficie de la tierra; mas si los regaba no era ya una irrigación fecundante, sino una inundación diluvial, y, por lo tanto, si entonces de este modo se encontraba la tierra, era toda ella un mar, y aún no era visible la árida.


CAPITULO X

Cómo se ha de entender la fuente que regaba toda la tierra

25. Al que se le responde que esto podía suceder en alternativas de tiempos, como en ciertas épocas el Nilo se desborda por las llanuras de Egipto y en otras vuelve a su cauce ordinario. Pues se cree que los desbordamientos anuales son debidos a la reunión de las aguas y nieves invernales de no sé qué partes desconocidas y apartadas del mundo. ¿Qué puede decirse del flujo y reflujo alternativo del mar, qué de ciertas playas las cuales se inundan en gran extensión con las olas y alternativamente son descubiertas? Por no hablar de los cambios maravillosos que demuestran tener ciertas fuentes, las que en determinados y regulares intervalos de años, de tal modo inundan los campos, que riegan toda aquella región donde están, y en otros tiempos apenas ofrecen a esta región aguas para beber, la que tiene que ser sacada de profundísimos pozos. Luego ¿por qué ha de ser increíble que de un solo manantial profundísimo manando hasta inundar unas veces y represándose otras regara en aquel tiempo toda la tierra? Porque si a la inmensidad del mismo abismo, considerado únicamente en aquella sola parte que contiene la tierra de recónditos antros, desde donde se distribuyen todos los ríos y fuentes por diversos conductos y cursos, exceptuando aquella otra parte que se denomina mar y que con gran extensión y masas de olas amargas rodea evidentemente las tierras, ha querido llamar la sagrada Escritura por la igualdad de naturaleza fuente y no fuentes, y ésta por innumerables conductos subía del profundo de la tierra, no en forma como de mar o de lago, sino como vemos que se deslizan las aguas por los cauces de los ríos y por serpenteados arroyos, con cuya desbordante crecida bañaban las tierras vecinas. ¿Quién no aceptará esto? Sólo el que con espíritu de contienda disputa. También puede entenderse que se dijo «fue regada toda la superficie de la tierra», como se dice todo el vestido es colorado, aunque no lo sea totalmente, sino en partes; y principalmente porque entonces la incipiente tierra es creíble que fuese plana la mayor parte de ella, aunque no toda, donde pudieron los manantiales insurgentes dividirse y derramarse más ampliamente.

26. Por lo tanto, se dijo de la inmensidad o abundancia de este manantial, que era una fuente, la que subiendo de la tierra regaba toda la superficie de ella por diferentes cauces, ya sea porque tuviera una sola salida por cualquiera parte, o porque formaba una determinada unidad en los abismos ocultos de la tierra, de donde brotaban sobre la tierra todas las fuentes grandes y pequeñas; ya sea también, y esto es lo más creíble, que el autor sagrado escribió en lugar del número plural el singular, porque no dice una sola fuente brotaba, sino «fuente brotaba de la tierra», para que de esta manera entendamos que fueron muchas las fuentes que por toda la tierra regaban infinidad de lugares o regiones particulares; al estilo que se dice, el soldado, y por él se entienden muchos soldados, o como se dijo langosta y rana, en las plagas9 con que los egipcios fueron castigados, siendo así que era innumerable et número de langostas y ranas. En fin, no nos cansemos más tiempo.


CAPÍTULO XI

La primera creación de las cosas fue hecha sin espacios de tiempo, no así su administración

27. Pero consideremos con más detención a ver si nos es posible sostener por todos los medios la opinión conforme a la cual decíamos que de un modo obró Dios al crear todas las cosas en la primera creación, de cuyas obras descansó el séptimo día, y de otro distinto dirige la administración de ellas por la que hasta ahora trabaja; es decir, entonces obró al mismo tiempo todas las cosas sin ningún intervalo de pausa temporal, mas ahora obra en intervalos de tiempo, por los que vemos se mueven los astros de oriente al poniente; se cambia el cielo de verano a invierno; nacen las semillas después de ciertos ciclos de días, crecen, llegan a la plenitud de su vida y se mueren; los animales también en determinados límites y prefijados lapsos de tiempo son concebidos, nacen, se perfeccionan y progresando durante la vida hasta la senectud llegan a la muerte, y así marchan por el mismo camino todas las cosas que pertenecen al tiempo. Pero ¿quién ejecuta estas cosas, sino Dios, y sin movimiento alguno por parte de El, puesto que el tiempo a El no le toca? Luego entre aquellas obras de Dios de las cuales descansó el séptimo día y estas que administra hasta ahora, la Escritura sagrada, interponiendo cierto inciso en su narración, nos hace ver que explicó aquéllas y comienza a describir éstas. La explicación de aquéllas las hizo así: Este es el libro de la creación del cielo y de la tierra; cuando fue hecho el día, hizo Dios el cielo y la tierra, y todo lo verde del campo antes de que estuviera sobre la tierra y todo el heno del campo antes de que naciera. Aun Dios no había hecho llover sobre la tierra, ni existía el hombre que trabajase la tierra. La descripción de éstas la comienza así: Una fuente brotaba de la tierra y regaba toda la superficie de la tierra. Desde el nombramiento de esta fuente y en adelante todas las cosas que se narran, son hechas en espacios de tiempo, no en creación simultánea.


CAPITULO XII

Las obras de Dios se consideran bajo tres aspectos distintos

28. Así, pues, de una manera están en el Verbo de Dios las razones inmutables de todas las creaturas, y de otra las obras de El, de las que descansó en el séptimo día; y, por fin, de otra distinta estas que ahora labra de aquéllas. De estas tres formas de estar, la última no es conocida plenamente, debido a los sentidos del cuerpo y a lo familiares que nos son en la vida; mas aquellas otros dos a las que no llega la percepción del sentido, y el pensamiento humano apenas se ejercita en ellas, debemos primero creerlas basados en la autoridad divina, y después conocerlas de cualquier modo que sea, valiéndose de las cosas que nos son conocidas, cada uno cuanto más o menos pudiera, según su capacidad y ayudado del auxilio divino, para que pueda conocerlas en las razones internas y eternas.


CAPITULO XIII

Todas las cosas antes de ser creadas existían en la sabiduría de Dios

29. Que la misma sabiduría de Dios, por quien fueron creadas todas las cosas, conocía aquellas primeras, divinas, inconmutables y eternas razones antes de hacerlas, lo confirma la sagrada Escritura al decir: En el principio era el Verbo, y el Verbo estaba en Dios, y el Verbo era Dios y Este era en el principio con Dios. Todas las cosas fueron hechas por El, y sin El nada fue hecho10. Luego ¿quién será tan demente que se atreva a decir que Dios hizo las cosas sin conocerlas? Por lo tanto si las conocía, ¿dónde, si no es en Sí mismo, en el cual estaba el Verbo, por quien fueron hechas todas las cosas? Porque si fuera de Sí mismo las había conocido, ¿quién se las había enseñado? Pero ¿quién conoció el pensamiento de Dios o quién fue su consejero, o quién primeramente le dio a El, y se lo recompensará? Así, pues, de El y por El y en El son todas las cosas11.

30. También las palabras que siguen en el Evangelio confirman esta sentencia, pues añade el evangelista y dice: lo que fue hecho, en El era vida, y la vida era la luz de los hombres12. Ciertamente las almas racionales, entre cuyo género el hombre fue hecho a imagen de Dios, no tienen luz verdadera y propia, sino el mismo Verbo de Dios, por quien fueron creadas todas las cosas, y del que pudieron hacerse participantes las almas al purificarse de toda inmundicia y error.


CAPITULO XIV

De qué modo puede entenderse aquello que dice San Juan «todo lo que fue hecho...»

31. El texto evangélico no puede recitarse así: todo lo que fue hecho en El, es vida. De tal modo que primeramente digamos: todo lo que fue hecho en El, y después concluyamos, es vida. Porque qué cosa no fue hecha en El cuando, habiendo hablado de infinidad de creaturas, y aún más de terrenas, dice en el salmo «todas las cosas las hiciste en la Sabiduría»13, y que el Apóstol lo confirma diciendo «porque en El fueron creadas todas las cosas en los cielos y en la tierra, las visibles y las invisibles14». Luego si leyéremos del modo que anteriormente lo hicimos, con toda razón deduciremos que aun la misma tierra y cualquiera cosa que en ella esté, es vida. ¿Y quién no ve que si es un absurdo decir que viven todas las cosas, todavía será mucho mayor decir que son vida; sobre todo teniendo en cuenta que el evangelista distingue de qué vida habla, cuando añade: y la vida era la luz de los hombres? Por lo tanto se ha de puntuar de tal modo que cuando digamos todo lo que fue hecho inmediatamente concluyamos, en El es vida. A saber: no en Sí, es decir, en su propia naturaleza, por la que se hizo que la creación y la creatura existiesen, sino en El es vida porque todas las cosas que fueron hechas por El las conocía antes de hacerlas. Y por esto no tiene vida en El del modo que la tiene en sí misma la creatura que hizo, sino que la tiene en El como vida y luz de los hombres, la cual es la misma sabiduría de Dios y el mismo Verbo Unigénito del Padre. Por consiguiente, lo que fue hecho, en él tiene vida, del mismo modo que se dijo: como el Padre tiene vida en sí mismo, así dio al Hijo tener vida en sí mismo15.

32. No se ha de pasar en silencio lo que está escrito en los códices más puros: lo que fue hecho, en El era vida. De tal modo que era vida se entienda del mismo modo como en el principio era el Verbo y el Verbo era en Dios, y el Verbo era Dios. Luego todo lo que fue hecho, ya antes era vida en El, y no una vida cualquiera; puesto que las bestias se dice que viven, y no obstante no pueden gozar de la participación de la Sabiduría; sin embargo, la vida era luz de los hombres. En efecto las almas racionales purificadas por su gracia pueden llegar a esta clase de visión, en cuya comparación no existe otra ni más excelente ni más bienaventurada.


CAPITULO XV

Qué vida tengan en Dios todas las cosas que existen

33. Mas si leemos y entendemos el pasaje del Evangelio así: Todo lo que fue hecho, en El tiene vida, confirma la sentencia de que todo lo que fue hecho por él se entiende que tiene vida en El; en cuya vida vio todas las cosas cuando las hizo, y como las vio, así las hizo. No las vio fuera de sí mismo, sino en sí mismo determinó todas las cosas que hizo. Su visión no es otra distinta a la del Padre, sino la misma y única, como la misma y única es la sustancia de ambos. También en el libro de Job se habla de la Sabiduría por quien fueron hechas todas las cosas de esta manera: Dónde se encontró la Sabiduría, y el lugar de la ciencia dónde está, el mortal ignora sus caminos y no se encuentra entre los hombres; y poco después dice: hemos oído el rumor de su gloria, el Señor señaló el camino de ella, y El conoce su lugar, porque El perfeccionó todo lo que está debajo del cielo y conoce todas las cosas que están en la tierra ya que a todas las hizo; cuando hizo el equilibrio de los vientos y la medida de las aguas, así como lo vio lo detalló16. Con estos y otros testimonios parecidos se prueba que todas estas cosas antes de ser hechas estaban en el conocimiento del Hacedor. Y ciertamente de tanto mejor modo estaban allí cuanto que son más verdaderas, eternas e inmutables. A cualquiera le debería de bastar conocer, o firmemente creer, que Dios ha hecho todas las cosas (para comprender que estaban en El antes de hacerlas), pues no creo que exista hombre tan insensato que juzgue haber hecho Dios cosas que no conocía. Por lo tanto, si las conocía antes de hacerlas, sin duda antes de hacerlas eran en El del mismo modo conocidas como eterna e inconmutablemente viven y son vida (en El). Mas del mismo modo fueron hechas como existe cada creatura en su propio género.


CAPITULO XVI

A Dios le percibimos por la mente con más facilidad que a las creaturas

34. Luego si aquella naturaleza eterna e inmutable, que es Dios, tiene en Sí el existir, como lo dice Moisés: Yo soy el que soy17, también es evidente que tiene un modo de ser muy distinto del que tienen es las cosas que han sido hechas, porque aquel ser de El es el verdadero y el único, puesto que siempre permanece de la misma manera, y no solamente no se cambia, sino que no puede en absoluto cambiarse. Nada de las cosas que hizo existe como es El, y, sin embargo, tiene desde el principio todas las cosas como es El. Pues no las hubiera hecho si no las conociera antes de hacerlas, ni las hubiera conocido si no las viera, ni las viera si no las tuviera, ni tuviera las cosas que aún no habían sido hechas, a no ser que las tuviera del mismo modo que es El, que no es hecho. Y aunque yo diga que esta sustancia es inefable y que no puede explicarse en modo alguno por un hombre a cualquiera otro hombre, si no es valiéndose de ciertas palabras que ocupan tiempo y espacio, siendo El como es antes de todo tiempo y lugar, sin embargo, más cerca está de nosotros El que nos hizo que muchas cosas que fueron hechas por El; porque en El vivimos, en El nos movemos y en El somos18. Y muchas de estas cosas no están al alcance de nuestra mente, por la desemejanza de naturaleza, puesto que ellas son corporales. Nuestra mente no es capaz de verlas en Dios en las mismas razones causales en las que fueron hechas para saber de ese modo el número de ellas, su cantidad y calidad, dado que no las veamos por el sentido del cuerpo. Efectivamente, no se hallan al alcance de los sentidos del cuerpo, porque están alejadas o separadas de nuestra mirada y contacto por la interposición o la oposición de otras, de donde resulta que sea mayor el esfuerzo que empleamos para llegar a ellas que el prestado para llegar a Aquel por quien han sido hechas, a pesar de ser como es mucho más excelente percibirle, por la riqueza incomparable, en cualquiera partecica con piadosa mente, que comprender el universo entero. Por lo cual con toda razón se reprende en el libro de la Sabiduría a los inquisidores de este mundo diciendo: si tanto empeño pusieron y tanto pudieron progresar en el conocimiento del mundo, ¿cómo es que no encontraron más fácilmente al Señor de él19? Los fundamentos de la tierra son desconocidos a nuestros ojos, mas el que afianzó la tierra está cerca de nuestras almas.


CAPITULO XVII

Cómo se entienden las frases «antes del tiempo», «con el comienzo del tiempo» y «en el tiempo»

35. Consideremos ahora ya todas aquellas cosas que hizo Dios a la vez, de las que descansó el séptimo día habiéndolas terminado en el sexto; ya que después hemos de considerar las obras de El en las cuales hasta el presente trabaja. El es antes del siglo. Con el siglo decimos que están aquellas cosas por donde empezó a existir el siglo, como es el mismo mundo. Mas decimos que están en el siglo aquellas que nacen en el mundo. Así, pues, la Escritura dijo: todas las cosas fueron hechas por El y sin El nada se hizo, y poco después añade: en este mundo estaba y el mundo fue hecho por El20. De esta obra de Dios se escribió en otro lugar: Tú que hiciste el mundo de materia informe21. Ya hemos dicho que este mundo se cita muchas veces bajo los nombres de cielo y tierra, del que dice la Escritura que lo hizo Dios cuando fue hecho el día; de cuyas palabras también anteriormente cuanto nos pareció convenientemente disputamos de cómo se acople este día a la creación del mundo, y cómo este fue terminado con todas sus obras en seis días, y cómo fue hecho entonces cuando fue hecho el día, de forma que asimismo concuerde con lo que dice también la Escritura: Dios creó todas las cosas a un mismo tiempo22.


CAPITULO XVIII

Cómo son conocidas por Dios y sus ángeles muchas creaturas desconocidas por los hombres.
Conocimiento matinal y vesperal

36. De esta creación universal de Dios desconocemos muchas cosas, ya sea de las que en el cielo están tan elevadas que no puedan nuestros sentidos corporales percibirlas, ya de las que se encuentran en las regiones de la tierra tal vez inhabitables, o de las que están ocultas abajo, o en el profundo del abismo o en las recónditas cavernas de la tierra. Ciertamente todas estas cosas no existían antes de ser hechas. Luego, ¿cómo eran conocidas para Dios las cosas que no eran? Además, ¿de qué modo haría las cosas que le eran desconocidas ignorándolo? Luego las hizo conociéndolas, no las conoció después de haberlas hecho. Por lo tanto, antes de ser hechas eran y no eran. Eran en el conocimiento de Dios, mas no eran en la propia naturaleza de ellas, y por esto fue hecho el día aquel (los ángeles) para que de uno y otro modo las conocieran en Dios y en ellas mismas. Conociéndolas en Dios con conocimiento matinal fue como la mañana, y conociéndolas en ellas mismas fue como la tarde. De Dios no me atreveré a decir que las conoció de otro modo cuando las hizo, que las conocía antes de hacerlas para hacerlas, ya que en El no hay mudanza ni asomos de obscuridad23.


CAPITULO XIX

Los ángeles, mensajeros de Dios, conocieron desde eltiempo el ministerio del reino de los cielos

37. Ciertamente que Dios no necesita de mensajeros para conocer las cosas inferiores, como si por medio de ellos acrecentara su sabiduría, sino que en El mismo, de un modo seguro y admirable, conoce todas las cosas permanente e inconmutablemente. Tiene sin duda mensajeros, por ellos y por nosotros mismos, porque así, obedeciendo a Dios, y consultándole sobre las cosas inferiores a ellos, acatan los sublimes preceptos y mandatos de El, lo que es un bien para ellos en orden a su propia naturaleza y substancia. A los mensajeros se les llamó en griego aggeloi (ángeles) con cuyo nombre genérico se denomina a toda aquella ciudad celeste la que juzgamos fue creada el día primero.

38. A ellos, pues, no les está oculto el reino de los cielos, el cual fue revelado también en tiempo oportuno para nuestra salud, a fin de que cuando seamos librados de esta peregrinación nos unamos a la compañía de ellos. Que no lo ignoraban, se declara porque el mismo germen que llegó en tiempo oportuno fue dispuesto mediante ellos por la mano del Mediador24, es decir, en la potestad de Aquel que es el Señor do ellos tanto en la forma de Dios como en la forma de siervo. Igualmente dice el mismo Apóstol: A mí, el menor de lodos los santos, me ha sido dada la gracia de evangelizar en las gentes las investigables riquezas de Cristo, y de esclarecer a todos cuál sea la distribución del misterio escondido desde los siglos en Dios, que creó todas las cosas, para que se manifestase ahora a los Principados y a las Potestades que habitan en las regiones celestes, por medio de la Iglesia, la de muchas maneras sabiduría de Dios, según la ordenación de los siglos que hizo en Cristo Jesús Señor nuestro25. Luego si esto estuvo escondido durante los siglos en Dios, de forma que no obstante se dio a conocer por medio de la Iglesia la sabiduría multiforme de Dios a los Principados y Potestades que están en los cielos, fue debido a que allí está la primera Iglesia, donde después de la resurrección ha de reunirse también esta Iglesia para que seamos iguales a los ángeles de Dios26. Luego se dio a conocer a los ángeles con el comienzo del siglo porque ninguna creatura empieza a existir antes del tiempo, sino con el tiempo, ya que por ella tuvieron origen los siglos, y ella existe a la par con los siglos porque su principio es el principio de los siglos. Mas el Unigénito, por quien fueron creadas todas las cosas, existe antes de los siglos27. Y, por tanto, hablando la Sabiduría en representación de sí misma, dice: antes de los siglos me estableció28, a fin de que en ella, a quien se le dijo todas las cosas las hiciste en sabiduría29, hiciera todas las cosas.

39. Los ángeles no solamente conocen en Dios las cosas ocultas, sino también se manifiestan a ellos aquí (en la tierra) cuando tiene lugar el cumplimiento de su hechura haciéndose ostensibles, pues el Apóstol lo testifica así: y sin duda grande es el misterio de la piedad, el que fue manifestado en carne, justificado en espíritu, visto por los ángeles, predicado entre las gentes, creído en el mundo, recibido en la gloria30. Si no me engaño, todas las cosas que se dicen haberlas conocido Dios como en tiempo presente, más bien se relatan de este modo para darnos a. entender que las hizo conocer a los ángeles o a los hombres, puesto que esta forma de hablar, tomando el efecto por la causa, se encuentra reiteradamente en las santas Escrituras, sobre todo si se atribuye a Dios alguna cosa que, según la misma verdad, presente a nuestras mentes, nos grita que no le puede convenir a Dios en sentido literal.


CAPITULO XX

Dios aún trabaja

40. Mas ahora distingamos ya las obras de Dios, aquellas en las que al presente trabaja, de las que descansó en el séptimo día, pues algunos juzgan que Dios solamente hizo el mundo, y las demás cosas que existen en él son hechas ya por el mismo mundo conforme El lo ordenó y mandó, mas El mismo en adelante ya nada obra. Contra éstos se alega el testimonio aquel del Señor: Mi Padre hasta ahora trabaja. Y para que no juzgue alguno que obra en Sí mismo, mas no en este mundo, dice: El Padre que está en Mí ejecuta sus obras, y como el Padre resucita a los muertos y da vida, así el Hijo a quien quiere da vida31. Y a continuación (para que entendamos) que no sólo Dios ejecuta las obras grandes y principales, sino también estas terrenas y menudísimas, dice el Apóstol: Necio, lo que tú siembras no será vivificado, si no muere, y lo que siembras no es el cuerpo que ha de ser, sino un simple grano, y si a mano viene de trigo o de alguna otra semilla, mas Dios le da el cuerpo que quiere y a cada semilla su propio cuerpo32. Luego creamos, y, si podemos, entendamos, que hasta el presente obra Dios, y de tal forma que si llegara a retirar su acción de las cosas creadas por El perecerían sobre la marcha.

41. Pero si juzgamos firmemente que Dios forma ahora alguna creatura, de tal modo que no hubiera creado el género de ella en la primera creación del mundo, abiertamente contradecimos a la Escritura, que dice: Dios terminó todas sus obras en el día sexto33. Es, pues, evidente que de aquellos géneros de cosas que creó primeramente, hace ahora muchas nuevas que no hizo entonces; mas no puede creerse con razón que ahora instituya nuevos géneros, porque entonces Dios terminó todas sus obras. Ahora ciertamente impulsa con un poder oculto a todo el universo, y por este impulso se mueve el universo al cumplir los ángeles sus insinuaciones, al recorrer las estrellas sus órbitas, al variar los vientos su dirección e intensidad, al agitarse las aguas del mar y formarse las olas debidas al viento, al germinar las plantas desenvolviendo sus propias semillas, al engendrar los animales y pasar la vida llevados de diferentes instintos, al permitir que los impíos sirvan de prueba a los justos. El es el que extiende los siglos que estaban como replegados en aquel primer día que hizo, los que, sin embargo, no se desenvolverían si el Creador de las cosas dejara de gobernarlas con providencial movimiento.


CAPITULO XXI

todas las cosas son gobernadas por la divina providencia

42. Es conveniente que las cosas que nacen y se forman en el tiempo nos avisen de qué modo debamos considerarlas. Pues no en vano se escribió sobre la Sabiduría, que se muestra a los amadores con júbilo en sus caminos, y que sale al encuentro de ellos prestándoles todo su amparo34. En modo alguno se debe dar oídos a los que juzgan que la divina Providencia gobierna ciertamente las partes más elevadas del mundo, es decir, desde el límite del aire más denso hacia arriba. Pero esta parte somera, terrena y húmeda de este aire cercano a la tierra, que se humedece con las evaporaciones de la tierra y de las aguas, y en el que se forman los vientos y las nubes, dicen que es conducida más bien per movimientos fortuitos y casuales. Pero contra éstos habla el Salmo, que, después de haber explicado la alabanza que los seres celestiales tributan a Dios, dirigiéndose también a estas cosas inferiores, dice: Alabad al Señor (habitantes) de la tierra, dragones y todos los abismos, el fuego, el hielo, la nieve, el granizo, los vientos de las tempestades (vosotros todos), que cumplís el mandato del Señor35. Ninguna cosa sin duda aparenta a los ojos del hombre ser movida más casualmente que todas estas tempestades y borrascosos elementos, por lo que se transforma el aspecto de este bajo cielo, al que no sin motivo también se le llamó con nombre de tierra. Mas al añadir que cumplen su mandato, demuestra suficientemente que también el orden de estas cosas se halla sometido al divino imperio, y más bien se oculta a nosotros que falta a la naturaleza del universo. ¿Qué cosa quiere expresar el Salvador cuando dice por su boca que un pájaro no cae sobre la tierra sin la voluntad de Dios36, y que Dios viste al heno del campo que hoy es y poco después será arrojado en el fuego37, si no es confirmar que la divina Providencia no sólo gobierna a toda esta parte del mundo destinada a las cosas mortales y corruptibles, sino también a las cositas más viles y abyectas?


CAPITULO XXII

Argumentos a favor de la acción de la divina Providencia

43. Los que niegan la acción de la divina Providencia y no admiten la santa palabra de tanta autoridad, ciertamente si vieran esta parte del mundo, la que juzgan más bien perturbada por movimientos fortuitos, que gobernada por la suprema Sabiduría de Dios, lo cual intentan probar abusando de un doble argumento, el que señalé anteriormente, de la inconstancia de las tempestades o de la felicidad y desgracia de los hombres, que acaece sin tener en cuenta los merecimientos de la vida; si vieran, repito, el orden tan grande que aparece en los miembros carnales de un animal cualquiera, y no lo digo para los médicos que, llevados por la necesidad de su arte, diligentemente escudriñaron, contaron y descubrieron estos miembros, sino para cualquier hombre de mediocre inteligencia y reflexión, ¡cómo no aclamarían que no ha habido, ni siquiera un instante, en el que Dios haya abandonado el gobierno de estas cosas de quien reciben toda la ley de medida, toda la igualdad de los números y todo el orden de los pesos! ¿Qué cosa más absurda, qué cosa más fuera de sentido puede uno imaginarse que toda esta universal creación se halle libre de la voluntad y del gobierno de la divina Providencia, cuando vemos estar dispuestas las cosas más pequeñas e inferiores con tanto orden, que algunas veces, pensando atentamente en ellas, infunden en el ánimo un profundo e inefable temor de admiración? Y siendo así que aventaja la naturaleza del alma a la del cuerpo, ¿qué cosa más fuera de razón no será el pensar que no existe ningún cuidado sobre las costumbres de los hombres por parte de la divina Providencia, cuando aparecen y se patentizan en la carne de aquellos seres tantos indicios de este cuidado? Mas porque etas cosas pequeñas se presentan al instante a nuestros sentidos y fácilmente las investigamos, por esto aparece claramente el orden en ellas, mientras que aquellas de las que no podemos ver su orden, se juzgan desordenadas por aquellos que creen no existe más orden que el que pueden ver, o si creen que existe, lo creen tal cual lo acostumbraron a ver.


CAPITULO XXIII

De qué modo ha creado dios todas las cosas al mismo tiempo y cómo hasta el presente trabaja

44. Nosotros, para no caer en la perversidad de los que siguen estos métodos, seamos de los que la misma Providencia dirija los pasos por medio de la santa Escritura. Y, por tanto, acerca de estas obras de Dios, intentemos indagar, ayudándonos El, de qué modo creó al mismo tiempo todas las cosas, descansando de todas las cosas que terminó, y cómo trabaja hasta el presente formando las especies en la sucesión de los tiempos. Consideremos la hermosura de un árbol cualquiera, en su tronco, en sus ramas, en sus hojas y frutos; esta forma, ciertamente, tal cual es ahora no se formó de repente, sino por el orden que conocemos, pues comenzó por la raíz, la que clavó el primer germen en la tierra y de ella crecieron todas aquellas partes ordenadas y formadas. Por lo tanto, aquel germen procedió de la semilla, luego en la semilla estaban primeramente todas estas cosas, no con masa de magnitud corporal, sino con virtud y potencia causal, porque aquella corpulencia se ha formado por la fecundidad de la humedad y de la tierra. Mas en el pequeño grano lo más excelente y admirable que hay es aquella fuerza o virtud causal por la que la humedad, juntándose y mezclándose con la tierra como si fuera material la construcción, se convierte en tal especie de árbol, en el esparcimiento de ramas, en dar verdor y figura a las hojas, en engrosar y formar los frutos y, por fin, en proporcionar a todas las partes de él ordenadísima distribución. Porque qué cosa brota o pende del árbol que no haya sido extraído o tomado de cierto como oculto tesoro de aquella semilla, y esto no obstante que esta semilla proceda de un árbol, aunque este árbol no proceda de otra semilla, sino de otro árbol, y este último traiga de nuevo su origen de otra semilla, pues algunas veces también el árbol se origina del árbol cuando se desgaja un retoño y se planta. Luego la semilla procede del árbol, y el árbol de la semilla, y también el árbol del árbol, mas una semilla en modo alguno procede de otra, a no ser que intervenga entre ambas un árbol; pero un árbol puede originarse de otro aunque no medie entre ellos una semilla. Luego, por sucesiones alternas, uno procede de otro y ambos de la tierra, mas la tierra no procede de ellos, porque primero es la tierra, que es la madre de la semilla y del árbol. Acerca de los animales puede dudarse si los gérmenes proceden de los animales o los animales de los gérmenes, mas cualquiera cosa que de éstas sea primero, lo cierto es que ellos proceden de la tierra.

45. Mas como en la misma semilla estaban invisiblemente y al mismo tiempo todas las cosas, las que en la sucesión de los tiempos formarían el árbol, así también se ha de pensar que el mismo mundo, cuando Dios creó todas las cosas al mismo tiempo, haya tenido a la vez todas los cosas que en él y con él fueron hechas al ser hecho el día; no solamente el cielo con el sol, la luna y las estrellas, de los que hasta el presente se conserva la disposición con el movimiento circular; y la tierra y los abismos, que están sometidos a movimientos que podríamos llamar inconstantes y que forman la otra parte inferior del mundo, sino también aquellos seres que el agua y la tierra potencial y causalmente produjeron antes de que apareciesen en la sucesión de los tiempos, como a nosotros nos son ya conocidos en las obras que Dios hasta el presente trabaja.

46. Siendo estas cosas así, se escribió: Este es el libro de la creación del cielo y de la tierra; cuando fue hecho el día, hizo Dios el cielo y la tierra, y todo lo verde del campo antes de que apareciese sobre la tierra, y todo el heno del campo antes de que naciera. Mas no hizo estas cosas como las hace al presente, con la obra con que las trabaja hasta ahora mediante la lluvia y el cultivo del hombre, pues para decirnos que no las hizo entonces así, añadió: Aún no llovía sobre la tierra ni existía hombre que trabajase la tierra. Las hizo, pues, de aquel modo por el que creó todas las cosas al mismo tiempo y las terminó en el día senario, cuando al día aquel que hizo le presentó seis veces las obras que El hizo, no con alternativas de intervalos temporales, sino causalmente en un conocimiento ordenado. Después, habiendo descansado de sus obras en el séptimo día, se dignó ofrecernos el conocimiento del descanso de este día como el día del gozo, y por esto no santificó y bendijo un día cualquiera de sus obras, sino el día de su descanso, desde el cual ya en adelante no crea criatura alguna, sino que en todas aquellas que creó al mismo tiempo trabaja sin descanso gobernándolas y moviéndolas por un acto de administración, descansando y trabajando al mismo tiempo, como ya hemos explicado. Hablando la Escritura de las obras de Dios en las que ahora trabaja, y que se han de desenvolver a través de los tiempos, dice, como comenzando su narración: Una fuente subía de la tierra y regaba toda la superficie de la tierra. Como ya hemos dicho lo que creímos convenía decirse sobre esta fuente, ahora pasaremos a tratar en otro libro de las cosas que siguen.

Traducción: Lope Cilleruelo, OSA