7. POR LOS RELIGIOSOS
Lecturas del Antiguo Testamento
1
Quédate de pie en la montaña
Lectura del primer libro de los Reyes 19, 4-9a. 11-15a
El profeta Elías caminó un día entero por el desierto, y al final se sentó bajo
una retama. Entonces se deseó la muerte y exclamó: «¡Basta ya, Señor! ¡Quítame
la vida, porque yo no valgo más que mis padres!» Se acostó y se quedó dormido
bajo la retama.
Pero un ángel lo tocó y le dijo: «¡Levántate, come!» El miró y vio que había a
su cabecera una galleta cocida sobre piedras calientes y un jarro de agua.
Comió, bebió y se acostó de nuevo.
Pero el Ángel del Señor volvió otra vez, lo tocó y le dijo: «¡Levántate, come,
porque todavía te queda mucho por caminar!.»
Elías se levantó, comió y bebió, y fortalecido por ese alimento caminó cuarenta
días y cuarenta noches hasta la montaña de Dios, el Horeb. Allí, entró en la
gruta y pasó la noche.
El Señor le dijo: «Sal y quédate de pie en la montaña, delante del Señor.» Y en
ese momento el Señor pasaba. Sopló un viento huracanado que partía las montañas
y resquebrajaba las rocas delante del Señor. Pero el Señor no estaba en el
viento. Después del viento, hubo un terremoto. Pero el Señor no estaba en el
terremoto. Después del terremoto, se encendió un fuego. Pero el Señor no estaba
en el fuego. Después del fuego, se oyó el rumor de una brisa suave. Al oírla,
Elías se cubrió el rostro con su manto, salió y se quedó de pie a la entrada de
la gruta. Entonces le llegó una voz, que decía: «¿Qué haces aquí, Elías?.»
El respondió: «Me consumo de celo por el Señor, el Dios de los ejércitos, porque
los israelitas abandonaron tu alianza, derribaron tus altares y mataron a tus
profetas con la espada. He quedado yo solo y tratan de quitarme la vida.»
El Señor le dijo: «Vuelve por el mismo camino, hacia el desierto de Damasco.»
Palabra de Dios.
2
El Amor es fuerte como la Muerte
Lectura del Cantar de los cantares 8, 6-7
Grábame como un sello sobre tu corazón, como un sello sobre tu brazo, porque el
Amor es fuerte como la Muerte, inflexibles como el Abismo son los celos. Sus
flechas son flechas de fuego, sus llamas, llamas del Señor.
Las aguas torrenciales no pueden apagar el amor, ni los ríos anegarlo. Si
alguien ofreciera toda su fortuna a cambio del amor, tan sólo conseguiría
desprecio.
Palabra de Dios.
3
Desbordo de alegría en el Señor
Lectura del libro de Isaías 61, 9-11
La descendencia de mi pueblo será conocida entre las naciones, y sus vástagos,
en medio de los pueblos: todos los que los vean, reconocerán que son la estirpe
bendecida por el Señor.
Yo desbordo de alegría en el Señor, mi alma se regocija en mi Dios. Porque él me
vistió con las vestiduras de la salvación y me envolvió con el manto de la
justicia, como un esposo que se ajusta la diadema y como una esposa que se
adorna con sus joyas.
Porque así como la tierra da sus brotes y un jardín hace germinar lo sembrado,
así el Señor hará germinar la justicia y la alabanza ante todas las naciones.
Palabra de Dios.
4
Yo te desposaré para siempre
Lectura de la profecía de Oseas 2, 16. 21-22
Así habla el Señor:
Yo la seduciré, la llevaré al desierto y le hablaré a su corazón.
Yo te desposaré para siempre, te desposaré en la justicia y el derecho, en el
amor y la misericordia; te desposaré en la fidelidad, y tú conocerás al Señor.
Palabra de Dios.
Lecturas del Nuevo Testamento
1
Todos los creyentes se mantenían unidos
y ponían lo suyo en común
Lectura de los Hechos de los apóstoles 2, 42-47
Los hermanos se reunían asiduamente para escuchar la enseñanza de los Apóstoles
y participar en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones.
Un santo temor se apoderó de todos ellos, porque los Apóstoles realizaban muchos
prodigios y signos. Todos los creyentes se mantenían unidos y ponían lo suyo en
común: vendían sus propiedades y sus bienes, y distribuían el dinero entre
ellos, según las necesidades de cada uno.
Íntimamente unidos, frecuentaban a diario el Templo, partían el pan en sus
casas, y comían juntos con alegría y sencillez de corazón; ellos alababan a Dios
y eran queridos por todo el pueblo. Y cada día, el Señor acrecentaba la
comunidad con aquellos que debían salvarse.
Palabra de Dios.
2
Nosotros predicamos a un Cristo crucificado
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo
a los cristianos de Corinto 1, 22-31
Hermanos:
Mientras los judíos piden milagros y los griegos van en busca de sabiduría,
nosotros, en cambio, predicamos a un Cristo crucificado, escándalo para los
judíos y locura para los paganos, pero fuerza y sabiduría de Dios para los que
han sido llamados, tanto judíos como griegos. Porque la locura de Dios es más
sabia que la sabiduría de los hombres, y la debilidad de Dios es más fuerte que
la fortaleza de los hombres.
Hermanos, tengan en cuenta quiénes son los que han sido llamados: no hay entre
ustedes muchos sabios, hablando humanamente, ni son muchos los poderosos ni los
nobles.
Al contrario, Dios eligió lo que el mundo tiene por necio, para confundir a los
sabios; lo que el mundo tiene por débil, para confundir a los fuertes; lo que es
vil y despreciable y lo que no vale nada, para aniquilar a lo que vale. Así,
nadie podrá gloriarse delante de Dios.
Por él, ustedes están unidos a Cristo Jesús, que por disposición de Dios, se
convirtió para nosotros en sabiduría y justicia, en santificación y redención, a
fin de que, como está escrito: El que se gloría, que se gloríe en el Señor.
Palabra de Dios.
3
La virgen se preocupa de las cosas del Señor
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo
a los cristianos de Corinto 7, 25-35
Hermanos:
Acerca de la virginidad, no tengo ningún precepto del Señor. Pero hago una
advertencia, como quien, por la misericordia del Señor, es digno de confianza.
Considero que, por las dificultades del tiempo presente, lo mejor para el hombre
es vivir sin casarse. ¿Estás unido a una mujer? No te separes de ella. ¿No
tienes mujer? No la busques. Si te casas, no pecas. Y si una joven se casa,
tampoco peca. Pero los que lo hagan, sufrirán tribulaciones en su carne que yo
quisiera evitarles.
Lo que quiero decir, hermanos, es esto: queda poco tiempo. Mientras tanto, los
que tienen mujer vivan como si no la tuvieran; los que lloran, como si no
lloraran; lo que se alegran, como si no se alegraran; los que compran, como si
no poseyeran nada; los que disfrutan del mundo, como si no disfrutaran. Porque
la apariencia de este mundo es pasajera.
Yo quiero que ustedes vivan sin inquietudes.
El que no tiene mujer se preocupa de las cosas del Señor, buscando cómo agradar
al Señor. En cambio, el que tiene mujer se preocupa de las cosas de este mundo,
buscando cómo agradar a su mujer, y así su corazón está dividido.
También la mujer soltera, lo mismo que la virgen, se preocupa de las cosas del
Señor, tratando de ser santa en el cuerpo y en el espíritu.
La mujer casada, en cambio, se preocupa de las cosas de este mundo, buscando
cómo agradar a su marido.
Les he dicho estas cosas para el bien de ustedes, no para ponerles un obstáculo,
sino para que ustedes hagan lo que es más conveniente y se entreguen totalmente
al Señor.
Palabra de Dios.
4
Tengan un mismo amor, un mismo corazón,
un mismo pensamiento
Lectura de la carta del apóstol san Pablo
a los cristianos de Filipos 2, 1-4
Hermanos:
Si la exhortación en nombre de Cristo tiene algún valor, si algo vale el
consuelo que brota del amor o la comunión en el Espíritu, o la ternura y la
compasión, les ruego que hagan perfecta mi alegría, permaneciendo bien unidos.
Tengan un mismo amor, un mismo corazón, un mismo pensamiento. No hagan nada por
espíritu de discordia o de vanidad, y que la humildad los lleve a estimar a los
otros como superiores a ustedes mismos. Que cada uno busque no solamente su
propio interés, sino también el de los demás.
Palabra de Dios.
5
Aman a Jesucristo sin haberlo visto
Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro 1, 3-9
Bendito sea Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, que en su gran
misericordia, nos hizo renacer, por la resurrección de Jesucristo, a una
esperanza viva, a una herencia incorruptible, incontaminada e imperecedera, que
ustedes tienen reservada en el cielo. Porque gracias a la fe, el poder de Dios
los conserva para la salvación dispuesta a ser revelada en el momento final.
Por eso, ustedes se regocijan a pesar de las diversas pruebas que deben sufrir
momentáneamente: así, la fe de ustedes, una vez puesta a prueba, será mucho más
valiosa que el oro perecedero purificado por el fuego, y se convertirá en motivo
de alabanza, de gloria y de honor el día de la Revelación de Jesucristo. Porque
ustedes lo aman sin haberlo visto, y creyendo en él sin verlo todavía, se
alegran con un gozo indecible y lleno de gloria, seguros de alcanzar el término
de esa fe, que es la salvación.
Palabra de Dios.
6
Cenaremos juntos
Lectura del libro del Apocalipsis 3, 14b. 20-22
Jesucristo, que es el Amén, el Testigo fiel y verídico, el Principio de las obras de
Dios, afirma:
«Yo estoy junto a la puerta y llamo: si alguien oye mi voz y me abre, entraré en
su casa y cenaremos juntos.
Al vencedor lo haré sentar conmigo en mi trono, así como yo he vencido y me he
sentado con mi Padre en su trono.
El que pueda entender, que entienda lo que el Espíritu dice a las Iglesias.»
Palabra de Dios.
Salmos responsoriales
1 SALMO 18, 9-11
R. ¡Tus palabras, Señor, son Espíritu y Vida!
Los preceptos del Señor son rectos,
alegran el corazón;
los mandamientos del Señor son claros,
iluminan los ojos. R.
La palabra del Señor es pura,
permanece para siempre;
los juicios del Señor son la verdad,
enteramente justos. R.
Son más atrayentes que el oro,
que el oro más fino;
más dulces que la miel,
más que el jugo del panal. R.
2 SALMO 26, 1-3. 5
R. ¡No me abandones, mi Dios y mi salvador!
El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es el baluarte de mi vida,
¿ante quién temblaré? R.
Cuando se alzaron contra mí los malvados
para devorar mi carne,
fueron ellos, mis adversarios y enemigos,
los que tropezaron y cayeron. R.
Aunque acampe contra mí un ejército,
mi corazón no temerá;
aunque estalle una guerra contra mí,
no perderé la confianza. R.
Sí, él me cobijará en su Tienda de campaña
en el momento del peligro;
me ocultará al amparo de su Carpa
y me afirmará sobre una roca. R.
3 SALMO 44, 11-12. 14-17
R. ¡Salgan al encuentro de Cristo, el Señor!
¡Escucha, hija mía, mira y presta atención!
Olvida tu pueblo y tu casa paterna,
y el rey se prendará de tu hermosura.
El es tu señor: inclínate ante él. R.
Embellecida con corales engarzados en oro
y vestida de brocado, es llevada hasta el rey.
Las vírgenes van detrás, sus compañeras la guían. R.
Con gozo y alegría entran al palacio real.
Tus hijos ocuparán el lugar de tus padres,
y los pondrás como príncipes por toda la tierra. R.
4 SALMO 111, 1-9
R. ¡Feliz el que teme al Señor!
Feliz el hombre que teme al Señor
y se complace en sus mandamientos.
Su descendencia será fuerte en la tierra:
la posteridad de los justos es bendecida. R.
En su casa habrá abundancia y riqueza,
su generosidad permanecerá para siempre.
Para los buenos brilla una luz en las tinieblas:
es el Bondadoso, el Compasivo y el Justo. R.
Dichoso el que se compadece y da prestado,
y administra sus negocios con rectitud.
El justo no vacilará jamás,
su recuerdo permanecerá para siempre.
No tendrá que temer malas noticias.
Su corazón está firme, confiado en el Señor. R.
Su ánimo está seguro, y no temerá,
hasta que vea la derrota de sus enemigos.
El da abundantemente a los pobres:
su generosidad permanecerá para siempre,
y alzará su frente con dignidad. R.
5 SALMO 122, 1-2
R. Nuestros ojos miran al Señor.
Levanto mis ojos hacia ti,
que habitas en el cielo.
Como los ojos de los servidores
están fijos en las manos de su señor. R.
Como los ojos de la servidora
están en las manos de su dueña:
así miran nuestros ojos al Señor, nuestro Dios,
hasta que se apiade de nosotros. R.
6 SALMO 148, 1-2. 11-14
R. ¡Los jóvenes y las vírgenes, alaben el nombre del Señor!
Alaben al Señor desde el cielo,
alábenlo en las alturas;
alábenlo, todos sus ángeles,
alábenlo, todos sus ejércitos. R.
Los reyes de la tierra y todas las naciones,
los príncipes y los gobernantes de la tierra;
los ancianos, los jóvenes y los niños,
alaben el nombre del Señor. R.
Su majestad está sobre el cielo y la tierra,
y él exalta la fuerza de su pueblo.
¡A él, la alabanza de todos sus fieles,
y de Israel, el pueblo de sus amigos! R.
Aleluia y Aclamaciones antes del Evangelio
1 Mt 5, 6
Felices los que tienen hambre y sed de justicia,
porque serán saciados.
2 Cf. Mt 11, 25
Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra,
porque revelaste los misterios del Reino a los pequeños.
3 Jn 8, 31b-32a
Si ustedes permanecen fieles a mi palabra,
serán verdaderamente mis discípulos
y conocerán la verdad.
4 Jn 14, 23
El que me ama será fiel a mi palabra,
y mi Padre lo amará; iremos a él y habitaremos en él.
5 Jn 15, 9b. 5b
Permanezcan en mi amor.
El que permanece en mí, y Yo en él,
da mucho fruto.
EVANGELIOS
1
Has ocultado estas cosas a los sabios
y las has revelado a los pequeños
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo
según san Mateo 11, 25-30
Jesús dijo:
«Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas
a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños. Sí, Padre,
porque así lo has querido.
Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, así
como nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera
revelar.
Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré.
Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de
corazón, y así encontrarán alivio. Porque mi yugo es suave y mi carga liviana.»
Palabra de Dios.
2
El que pierda su vida a causa de mí la encontrará
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo
según san Mateo 16, 24-27
Jesús dijo a sus discípulos:
«El que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, que cargue con su
cruz y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda
su vida a causa de mí, la encontrará. ¿De qué le servirá al hombre ganar el
mundo entero si pierde su vida? ¿Y qué podrá dar el hombre a cambio de su vida?
Porque el Hijo del hombre vendrá en la gloria de su Padre, rodeado de sus
ángeles, y entonces pagará a cada uno de acuerdo con sus obras.»
Palabra de Dios.
3
A causa del Reino de los Cielos
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo
según san Mateo 19, 3-12
Se acercaron a él algunos fariseos y, para ponerlo a prueba, le dijeron: «¿Es
lícito al hombre divorciarse de su mujer por cualquier motivo?»
El respondió: «¿No han leído ustedes que el Creador, desde el principio, los
hizo varón y mujer; y que dijo: Por eso, el hombre dejará a su padre y a su
madre para unirse a su mujer, y los dos no serán sino una sola carne? De manera
que ya no son dos, sino una sola carne. Que el hombre no separe lo que Dios ha
unido.»
Le replicaron: «Entonces, ¿por qué Moisés prescribió entregar una declaración de
divorcio cuando uno se separa?» El les dijo: «Moisés les permitió divorciarse de
su mujer, debido a la dureza del corazón de ustedes, pero al principio no era
así. Por lo tanto, yo les digo: El que se divorcia de su mujer, a no ser en caso
de unión ilegal, y se casa con otra, comete adulterio.»
Los discípulos le dijeron: «Si esta es la situación del hombre con respecto a su
mujer, no conviene casarse.» Y él les respondió: «No todos entienden este
lenguaje, sino sólo aquellos a quienes se les ha concedido. En efecto, algunos
no se casan, porque nacieron impotentes del seno de su madre; otros, porque
fueron castrados por los hombres; y hay otros que decidieron no casarse a causa
del Reino de los Cielos. ¡El que pueda entender, que entienda!»
Palabra de Dios.
4
El que hace la voluntad de Dios,
ése es mi hermano, mi hermana y mi madre
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo
según san Marcos 3, 31-35
Llegaron la madre y los hermanos de Jesús y, quedándose afuera, lo mandaron llamar. La
multitud estaba sentada alrededor de Jesús, y le dijeron: «Tu madre y tus
hermanos te buscan ahí afuera.»
El les respondió: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?» Y dirigiendo
su mirada sobre los que estaban sentados alrededor de él, dijo: «Estos son mi
madre y mis hermanos. Porque el que hace la voluntad de Dios, ese es mi hermano,
mi hermana y mi madre.»
Palabra de Dios.
5
Marta recibió a Jesús en su casa.
María eligió la mejor parte
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo
según san Lucas 10, 38-42
Jesús entró en un pueblo, y una mujer que se llamaba Marta lo recibió en su
casa. Tenía una hermana llamada María, que sentada a los pies del Señor,
escuchaba su Palabra.
Marta, que estaba muy ocupada con los quehaceres de la casa, dijo a Jesús:
«Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola con todo el trabajo? Dile que
me ayude.»
Pero el Señor le respondió: «Marta, Marta, te inquietas y te agitas por muchas
cosas, y sin embargo, pocas cosas, o más bien, una sola es necesaria, María
eligió la mejor parte, que no le será quitada.»
Palabra de Dios.
6
Permanezcan en mí, como Yo permanezco en ustedes
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo
según san Juan 15, 1-8
Jesús dijo a sus discípulos:
«Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el viñador. El corta todos mis sarmientos
que no dan fruto; al que da fruto, lo poda para que dé más todavía. Ustedes ya
están limpios por la palabra que yo les anuncié. Permanezcan en mí, como yo
permanezco en ustedes. Así como el sarmiento no puede dar fruto si no permanece
en la vid, tampoco ustedes, si no permanecen en mí.
Yo soy la vid, ustedes los sarmientos. El que permanece en mí, y yo en él, da
mucho fruto, porque separados de mí, nada pueden hacer. Pero el que no permanece
en mí, es como el sarmiento que se tira y se seca; después se recoge, se arroja
al fuego y arde.
Si ustedes permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que
quieran y lo obtendrán.
La gloria de mi Padre consiste en que ustedes den fruto abundante, y así sean
mis discípulos.»
Palabra del Señor.