QUINTA SEMANA DE CUARESMA
Misa opcional - Lunes -
Martes - Miércoles -
Jueves - Viernes -
Sábado
MISA OPCIONAL
Puede utilizarse cualquier misa de esta semana, especialmente en los años B y C, cuando el Evangelio de Lázaro no se lee en el quinto domingo de Cuaresma.
Permaneció recostado sobre él
y la carne del niño entró en calor
Lectura del segundo libro de los Reyes 4, 18b-21. 32-37
La mujer de Sunám, que había alojado en su casa al profeta Eliseo, tenía un
hijo.
Un día en que había ido a ver a su padre, que estaba con los segadores, le dijo:
«¡Ay, mi cabeza! ¡Ay, mi cabeza!». El padre dijo al servidor: «Llévaselo a su
madre». El lo tomó y se lo llevó a su madre. El niño estuvo en la falda de su
madre hasta el mediodía y luego murió.
Entonces ella subió, lo acostó en la cama del hombre de Dios, cerró la puerta y
salió.
Cuando Eliseo llegó a la casa, vio que el muchacho estaba muerto, tendido sobre
su lecho. En seguida entró, se encerró solo con el muchacho y oró al Señor.
Luego subió a la cama, se acostó sobre el niño y puso su boca, sus ojos y sus
manos sobre la boca, los ojos y las manos del niño; permaneció recostado sobre
él y la carne del niño entró en calor.
Se puso a caminar por la casa de un lado a otro, se levantó y se recostó sobre
él hasta siete veces. Entonces el muchacho estornudó y abrió los ojos.
Eliseo llamó a Guejazí y le ordenó: «Llama a la sunamita». Cuando la llamó, ella
vino y Eliseo le dijo: «Toma a tu hijo».
Ella entró y cayó a los pies de Eliseo con el rostro en tierra. Después levantó
a su hijo y salió.
Palabra de Dios.
SALMO RESPONSORIAL 16, 1. 6-8B. 15
R. ¡Me saciaré de tu presencia, Señor!
Escucha, Señor, mi justa demanda,
atiende a mi clamor;
presta oído a mi plegaria,
porque en mis labios no hay falsedad. R.
Yo te invoco, Dios mío, porque Tú me respondes:
inclina tu oído hacia mí y escucha mis palabras.
Muestra las maravillas de tu gracia,
Tú que salvas de los agresores
a los que buscan refugio a tu derecha. R.
Escóndeme a la sombra de tus alas.
Pero yo, por tu justicia,
contemplaré tu rostro,
y al despertar, me saciaré de tu presencia. R.
VERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO Jn 11, 25a. 26
Yo soy la Resurrección y la Vida.
El que cree en mi no morirá jamás.
EVANGELIO
Yo soy la resurrección y la vida
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 11, 1-45
Había un hombre enfermo, Lázaro de Betania, del pueblo de María y de su hermana
Marta. María era la misma que derramó perfume sobre el Señor y le secó los pies
con sus cabellos. Su hermano Lázaro era el que estaba enfermo.
Las hermanas enviaron a decir a Jesús: «Señor, el que tú amas, está enfermo».
Al oír esto, Jesús dijo: «Esta enfermedad no es mortal; es para gloria de Dios,
para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella».
Jesús quería mucho a Marta, a su hermana y a Lázaro. Sin embargo, cuando oyó que
este se encontraba enfermo, se quedó dos días más en el lugar donde estaba.
Después dijo a sus discípulos: «Volvamos a Judea».
Los discípulos le dijeron: «Maestro, hace poco los judíos querían apedrearte,
¿quieres volver allá?».
Jesús les respondió: «¿Acaso no son doce las horas del día? El que camina de día
no tropieza, porque ve la luz de este mundo; en cambio, el que camina de noche
tropieza, porque la luz no está en él».
Después agregó: «Nuestro amigo Lázaro duerme, pero yo voy a despertarlo".
Sus discípulos le dijeron: «Señor, si duerme, se sanará». Ellos pensaban que
hablaba del sueño, pero Jesús se refería a la muerte.
Entonces les dijo abiertamente: «Lázaro ha muerto, y me alegro por ustedes de no
haber estado allí, a fin de que crean. Vayamos a verlo».
Tomás, llamado el Mellizo, dijo a los otros discípulos: «Vayamos también
nosotros a morir con él».
Cuando Jesús llegó, se encontró con que Lázaro estaba sepultado desde hacía
cuatro días.
Betania distaba de Jerusalén sólo unos tres kilómetros. Muchos judíos habían ido
a consolar a Marta y a María, por la muerte de su hermano. Al enterarse de que
Jesús llegaba, Marta salió a su encuentro, mientras María permanecía en la casa.
Marta dijo a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría
muerto.
Pero yo sé que aun ahora, Dios te concederá todo lo que le pidas».
Jesús le dijo: «Tu hermano resucitará».
Marta le respondió: «Sé que resucitará en la resurrección del último día».
Jesús le dijo: «Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque
muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?».
Ella le respondió: «Sí, Señor, creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el
que debía venir al mundo».
Después fue a llamar a María, su hermana, y le dijo en voz baja: «El Maestro
está aquí y te llama». Al oír esto, ella se levantó rápidamente y fue a su
encuentro. Jesús no había llegado todavía al pueblo, sino que estaba en el mismo
sitio donde Marta lo había encontrado. Los judíos que estaban en la casa
consolando a María, al ver que esta se levantaba de repente y salía, la
siguieron, pensando que iba al sepulcro para llorar allí.
María llegó adonde estaba Jesús y, al verlo, se postró a sus pies y le dijo:
«Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto».
Jesús, al verla llorar a ella, y también a los judíos que la acompañaban,
conmovido y turbado, preguntó: «¿Dónde lo pusieron?». Le respondieron: «Ven,
Señor, y lo verás».
Y Jesús lloró.
Los judíos dijeron: «¡Cómo lo amaba!».
Pero algunos decían: «Este que abrió los ojos del ciego de nacimiento, ¿no
podría impedir que Lázaro muriera?».
Jesús, conmoviéndose nuevamente, llegó al sepulcro, que era una cueva con una
piedra encima, y dijo: «Quiten la piedra». Marta, la hermana del difunto, le
respondió: «Señor, huele mal; ya hace cuatro días que está muerto».
Jesús le dijo: «¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?».
Entonces quitaron la piedra, y Jesús, levantando los ojos al cielo, dijo:
«Padre, te doy gracias porque me oíste.
Yo sé que siempre me oyes, pero lo he dicho por esta gente que me rodea, para
que crean que tú me has enviado».
Después de decir esto, gritó con voz fuerte: «¡Lázaro, ven afuera!». El muerto
salió con los pies y las manos atados con vendas, y el rostro envuelto en un
sudario. Jesús les dijo: «Desátenlo para que pueda caminar».
Al ver lo que hizo Jesús, muchos de los judíos que habían ido a casa de María
creyeron en Él.
Palabra del Señor.
O bien más breve:
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan
11, 1-7. 20-27. 33b-45
Había un hombre enfermo, Lázaro de Betania, del pueblo de María y de su hermana
Marta. María era la misma que derramó perfume sobre el Señor y le secó los pies
con sus cabellos. Su hermano Lázaro era el que estaba enfermo.
Las hermanas enviaron a decir a Jesús: «Señor, el que tú amas, está enfermo».
Al oír esto, Jesús dijo: «Esta enfermedad no es mortal; es para gloria de Dios,
para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella».
Jesús quería mucho a Marta, a su hermana y a Lázaro. Sin embargo, cuando oyó que
este se encontraba enfermo, se quedó dos días más en el lugar donde estaba.
Después dijo a sus discípulos: «Volvamos a Judea».
Al enterarse de que Jesús llegaba, Marta salió a su encuentro, mientras María
permanecía en la casa. Marta dijo a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí, mi
hermano no habría muerto.
Pero yo sé que aun ahora, Dios te concederá todo lo que le pidas».
Jesús le dijo: «Tu hermano resucitará».
Marta le respondió: «Sé que resucitará en la resurrección del último día».
Jesús le dijo: «Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque
muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?».
Ella le respondió: «Sí, Señor, creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el
que debía venir al mundo».
Jesús, conmovido y turbado, preguntó: «¿Dónde lo pusieron?». Le respondieron:
«Ven, Señor, y lo verás».
Y Jesús lloró.
Los judíos dijeron: «¡Cómo lo amaba!».
Pero algunos decían: «Este que abrió los ojos del ciego de nacimiento, ¿no
podría impedir que Lázaro muriera?».
Jesús, conmoviéndose nuevamente, llegó al sepulcro, que era una cueva con una
piedra encima, y dijo: «Quiten la piedra». Marta, la hermana del difunto, le
respondió: «Señor, huele mal; ya hace cuatro días que está muerto».
Jesús le dijo: «¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?».
Entonces quitaron la piedra, y Jesús, levantando los ojos al cielo, dijo:
«Padre, te doy gracias porque me oíste.
Yo sé que siempre me oyes, pero lo he dicho por esta gente que me rodea, para
que crean que tú me has enviado».
Después de decir esto, gritó con voz fuerte: «¡Lázaro, ven afuera!". El muerto
salió con los pies y las manos atados con vendas, y el rostro envuelto en un
sudario. Jesús les dijo: «Desátenlo para que pueda caminar».
Al ver lo que hizo Jesús, muchos de los judíos que habían ido a casa de María
creyeron en Él.
Palabra del Señor.
Yo voy a morir
sin haber hecho nada
Lectura de la profecía de Daniel 13, 1-9. 15-17. 19-30. 33-62
Había en Babilonia un hombre llamado Joaquín. El se había casado con una mujer
llamada Susana, hija de Jilquías, que era muy hermosa y temía a Dios, porque sus
padres eran justos y habían instruido a su hija según la Ley de Moisés. Joaquín
era muy rico y tenía un jardín contiguo a su casa. Muchos judíos iban a
visitarlo, porque era el más estimado de todos.
Aquel año, se había elegido como jueces a dos ancianos del pueblo. A ellos se
refiere la palabra del Señor : «La iniquidad salió en Babilonia de los ancianos
y de los jueces que se tenían por guías del pueblo.» Esos ancianos frecuentaban
la casa de Joaquín y todos los que tenían algún pleito acudían a ellos.
Hacia el mediodía, cuanto todos ya se habían retirado, Susana iba a pasearse por
el jardín de su esposo. Los dos ancianos, que la veían todos los días entrar
para dar un paseo, comenzaron a desearla. Ellos perdieron la cabeza y apartaron
sus ojos para no mirar al Cielo y no acordarse de sus justos juicios.
Una vez, mientras ellos aguardaban una ocasión favorable, Susana entró como en
los días anteriores, acompañada solamente por dos jóvenes servidoras, y como
hacía calor, quiso bañarse en el jardín. Allí no había nadie, fuera de los dos
ancianos, escondidos y al acecho.
Ella dijo a las servidoras: «Tráiganme la crema y los perfumes, y cierren la
puerta del jardín para que pueda bañarme.» En cuanto las servidoras salieron,
ellos se levantaron y arrojándose sobre ella le dijeron: «La puerta del jardín
está cerrada y nadie nos ve. Nosotros ardemos de pasión por ti; consiente y
acuéstate con nosotros. Si te niegas, daremos testimonio contra ti, diciendo que
un joven estaba contigo y que por eso habías hecho salir a tus servidoras.»
Susana gimió profundamente y dijo: «No tengo salida: si consiento me espera la
muerte, si me resisto no escaparé de las manos de ustedes. Pero prefiero caer
entre sus manos sin haber hecho nada, que pecar delante del Señor.»
Susana gritó con todas sus fuerzas; los dos ancianos también se pusieron a
gritar contra ella, y uno de ellos corrió a abrir la puerta del jardín. Al oír
esos gritos en el jardín, la gente de la casa se precipitó por la puerta lateral
para ver lo que ocurría, y cuando los ancianos contaron su historia, los
servidores quedaron desconcertados, porque jamás se había dicho nada semejante
de Susana.
Al día siguiente, cuando el pueblo se reunió en casa de Joaquín, su marido,
también llegaron los ancianos con la intención criminal de hacer morir a Susana.
Ellos dijeron en presencia del pueblo: «Manden a buscar a Susana, hija de
Jilquías, la mujer de Joaquín.»
Fueron a buscarla, y ella se presentó acompañada de sus padres, sus hijos y
todos sus parientes. Todos sus familiares lloraban, lo mismo que todos los que
la veían.
Los dos ancianos se levantaron en medio de la asamblea y le pusieron las manos
sobre la cabeza.
Ella, bañada en lágrimas, levantó sus ojos al cielo, porque su corazón estaba
lleno de confianza en el Señor . Los ancianos dijeron: «Mientras nos paseábamos
solos por el jardín, esta mujer entró allí con dos servidoras; cerró la puerta y
después hizo salir a las servidoras. Entonces llegó un joven que estaba
escondido y se acostó con ella. Nosotros, que estábamos en un rincón del jardín,
al ver la infamia, nos precipitamos hacia ellos.
Los vimos abrazados, pero no pudimos atrapar al joven, porque él era más fuerte
que nosotros, y abriendo la puerta, se escapó. En cuanto a ella, la apresamos y
le preguntamos quién era ese joven, pero ella no quiso decirlo. De todo esto
somos testigos.»
La asamblea les creyó porque eran ancianos y jueces del pueblo, y Susana fue
condenada a muerte.
Pero ella clamó en alta voz: «Dios eterno, tú que conoces los secretos, tú que
conoces todas las cosas antes que sucedan, tú sabes que ellos han levantado
contra mí un falso testimonio. Yo voy a morir sin haber hecho nada de todo lo
que su malicia ha tramado contra mí.»
El Señor escuchó su voz: cuando la llevaban a la muerte, suscitó el santo
espíritu de un joven llamado Daniel, que se puso a gritar: «¡Yo soy inocente de
la sangre de esta mujer!»
Todos se volvieron hacia él y le preguntaron: «¿Qué has querido decir con esto?»
De pie, en medio de la asamblea, él respondió: «¿Son ustedes tan necios, israelitas?
¡Sin averiguar y sin tener evidencia ustedes han condenado a una hija de Israel!
Vuelvan al lugar del juicio, porque estos hombres han levantado un falso testimonio
contra ella.»
Todo el pueblo se apresuró a volver, y los ancianos dijeron a Daniel: «Ven a
sentarte en medio de nosotros y dinos qué piensas, ya que Dios te ha dado la
madurez de un anciano.»
Daniel les dijo: «Sepárenlos bien a uno del otro y yo los interrogaré.»
Cuando estuvieron separados, Daniel llamó a uno de ellos y le dijo: «¡Hombre
envejecido en el mal! Ahora han llegado al colmo los pecados que cometías
anteriormente cuando dictabas sentencias injustas, condenabas a los inocentes y
absolvías a los culpables, a pesar de que el Señor ha dicho: "No harás morir al
inocente y al justo." Si es verdad que tú la viste, dinos bajo qué árbol los has
visto juntos.»
El respondió: «Bajo una acacia.»
Daniel le dijo entonces: «Has mentido a costa de tu cabeza: el Ángel de Dios ya
ha recibido de él tu sentencia y viene a partirte por el medio.»
Después que lo hizo salir, mandó venir al otro y le dijo: «¡Raza de Canaán y no
de Judá, la belleza te ha descarriado, el deseo ha pervertido tu corazón! Así
obraban ustedes con las hijas de Israel, y el miedo hacía que ellas se les
entregaran. ¡Pero una hija de Judá no ha podido soportar la iniquidad de
ustedes! Dime ahora, ¿bajo qué árbol los sorprendiste juntos?»
El respondió: «Bajo un ciprés.»
Daniel le dijo entonces: «Tú también has mentido a costa de tu cabeza: el Ángel
de Dios te espera con la espada en la mano, para partirte por el medio. Así
acabará con ustedes.»
Entonces toda la asamblea clamó en alta voz, bendiciendo a Dios que salva a los
que esperan en él. Luego, todos se levantaron contra los dos ancianos, a los que
Daniel por su propia boca había convencido de falso testimonio, y se les aplicó
la misma pena que ellos habían querido infligir a su prójimo: Para cumplir la
Ley de Moisés, se los condenó a muerte, y ese día se salvó la vida de una inocente.
Palabra de Dios.
O bien más breve:
Lectura de la profecía de Daniel 13, 41c-62
Susana fue condenada a muerte.
Pero ella clamó en alta voz: «Dios eterno, tú que conoces los secretos, tú que
conoces todas las cosas antes que sucedan, tú sabes que ellos han levantado
contra mí un falso testimonio. Yo voy a morir sin haber hecho nada de todo lo
que su malicia ha tramado contra mí.»
El Señor escuchó su voz: cuando la llevaban a la muerte, suscitó el santo
espíritu de un joven llamado Daniel, que se puso a gritar: «¡Yo soy inocente de
la sangre de esta mujer!»
Todos se volvieron hacia él y le preguntaron: «¿Qué has querido decir con esto?»
De pie, en medio de la asamblea, él respondió: «¿Son ustedes tan necios, israelitas?
¡Sin averiguar y sin tener evidencia ustedes han condenado a una hija de Israel!
Vuelvan al lugar del juicio, porque estos hombres han levantado un falso testimonio
contra ella.»
Todo el pueblo se apresuró a volver, y los ancianos dijeron a Daniel: «Ven a
sentarte en medio de nosotros y dinos qué piensas, ya que Dios te ha dado la
madurez de un anciano.»
Daniel les dijo: «Sepárenlos bien a uno del otro y yo los interrogaré.»
Cuando estuvieron separados, Daniel llamó a uno de ellos y le dijo: «¡Hombre
envejecido en el mal! Ahora han llegado al colmo los pecados que cometías
anteriormente cuando dictabas sentencias injustas, condenabas a los inocentes y
absolvías a los culpables, a pesar de que el Señor ha dicho: "No harás morir al
inocente y al justo." Si es verdad que tú la viste, dinos bajo qué árbol los has
visto juntos.»
El respondió: «Bajo una acacia.»
Daniel le dijo entonces: «Has mentido a costa de tu cabeza: el Ángel de Dios ya
ha recibido de él tu sentencia y viene a partirte por el medio.»
Después que lo hizo salir, mandó venir al otro y le dijo: «¡Raza de Canaán y no
de Judá, la belleza te ha descarriado, el deseo ha pervertido tu corazón! Así
obraban ustedes con las hijas de Israel, y el miedo hacía que ellas se les
entregaran. ¡Pero una hija de Judá no ha podido soportar la iniquidad de
ustedes! Dime ahora, ¿bajo qué árbol los sorprendiste juntos?»
El respondió: «Bajo un ciprés.»
Daniel le dijo entonces: «Tú también has mentido a costa de tu cabeza: el Ángel
de Dios te espera con la espada en la mano, para partirte por el medio. Así
acabará con ustedes.»
Entonces toda la asamblea clamó en alta voz, bendiciendo a Dios que salva a los
que esperan en él. Luego, todos se levantaron contra los dos ancianos, a los que
Daniel por su propia boca había convencido de falso testimonio, y se les aplicó
la misma pena que ellos habían querido infligir a su prójimo. Para cumplir la
Ley de Moisés, se los condenó a muerte, y ese día se salvó la vida de una inocente.
Palabra de Dios.
SALMO 22, 1-3a. 3b-4. 5. 6
R. Aunque cruce por oscuras quebradas,
no temeré ningún mal, porque tú estás conmigo.
El Señor es mi pastor,
nada me puede faltar.
El me hace descansar en verdes praderas,
me conduce a las aguas tranquilas
y repara mis fuerzas. R.
me guía por el recto sendero,
por amor de su Nombre.
Aunque cruce por oscuras quebradas,
no temeré ningún mal,
porque tú estás conmigo:
tu vara y tu bastón me infunden confianza. R.
Tú preparas ante mí una mesa,
frente a mis enemigos;
unges con óleo mi cabeza
y mi copa rebosa. R.
Tu bondad y tu gracia me acompañan
a lo largo de mi vida;
y habitaré en la Casa del Señor,
por muy largo tiempo. R.
VERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO Ez 33, 11
Dice el Señor: Yo no deseo la muerte del malvado,
sino que se convierta y viva.
EVANGELIO
El que no tenga pecado
que arroje la primera piedra
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 8, 1-11
Jesús fue al monte de los Olivos. Al amanecer volvió al Templo, y todo el pueblo
acudía a él. Entonces se sentó y comenzó a enseñarles.
Los escribas y los fariseos le trajeron a una mujer que había sido sorprendida
en adulterio y, poniéndola en medio de todos, dijeron a Jesús: «Maestro, esta
mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés, en la Ley, nos ordenó
apedrear a esta clase de mujeres. Y tú, ¿qué dices?»
Decían esto para ponerlo a prueba, a fin de poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose,
comenzó a escribir en el suelo con el dedo.
Como insistían, se enderezó y les dijo: «El que no tenga pecado, que arroje la
primera piedra.»
E inclinándose nuevamente, siguió escribiendo en el suelo.
Al oír estas palabras, todos se retiraron, uno tras otro, comenzando por los más ancianos.
Jesús quedó solo con la mujer, que permanecía allí, e incorporándose, le preguntó: «Mujer,
¿dónde están tus acusadores? ¿Alguien te ha condenado?»
Ella le respondió: «Nadie, Señor.»
«Yo tampoco te condeno, le dijo Jesús. Vete, no peques más en adelante.»
Palabra del Señor.
O bien, en el Año C, cuando este Evangelio sea leído en el domingo precedente:
Yo soy la luz del mundo
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 8, 12-20
Jesús dirigió una vez más la palabra a los fariseos, diciendo: «Yo soy la luz del mundo.
El que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la Vida.»
Los fariseos le dijeron: «Tú das testimonio de ti mismo: tu testimonio no vale.»
Jesús les respondió: «Aunque yo doy testimonio de mí, mi testimonio vale porque sé de
dónde vine y a dónde voy; pero ustedes no saben de dónde vengo ni a dónde voy.
Ustedes juzgan según la carne; yo no juzgo a nadie, y si lo hago, mi juicio vale
porque no soy yo solo el que juzga, sino yo y el Padre que me envió.
En la Ley de ustedes está escrito que el testimonio de dos personas es válido.
Yo doy testimonio de mí mismo, y también el Padre que me envió da testimonio de mí.»
Ellos le preguntaron: «¿Dónde está tu Padre?»
Jesús respondió: «Ustedes no me conocen ni a mí ni a mi Padre; si me conocieran
a mí, conocerían también a mi Padre.»
El pronunció estas palabras en la sala del Tesoro, cuando enseñaba en el Templo.
Y nadie lo detuvo, porque aún no había llegado su hora.
Palabra del Señor.
Todo el que haya sido mordido,
al mirar la serpiente de bronce, quedará curado
Lectura del libro de los Números 21, 4-9
Los israelitas partieron del monte Hor por el camino del Mar Rojo, para bordear
el territorio de Edóm. Pero en el camino, el pueblo perdió la paciencia y
comenzó a hablar contra Dios y contra Moisés: «¿Por qué nos hicieron salir de
Egipto para hacernos morir en el desierto? ¡Aquí no hay pan ni agua, y ya
estamos hartos de esta comida miserable!»
Entonces el Señor envió contra el pueblo unas serpientes abrasadoras, que
mordieron a la gente, y así murieron muchos israelitas.
El pueblo acudió a Moisés y le dijo: «Hemos pecado hablando contra el Señor y
contra ti. Intercede delante del Señor, para que aleje de nosotros esas serpientes.»
Moisés intercedió por el pueblo, y el Señor le dijo: «Fabrica una serpiente
abrasadora y colócala sobre un asta. Y todo el que haya sido mordido, al mirarla,
quedará curado.»
Moisés hizo una serpiente de bronce y la puso sobre un asta. Y cuando alguien era
mordido por una serpiente, miraba hacia la serpiente de bronce y quedaba curado.
Palabra de Dios.
SALMO 101, 2-3. 16-18. 19-21
R. Señor, escucha mi oración,
y llegue a ti mi clamor.
Señor, escucha mi oración
y llegue a ti mi clamor;
no me ocultes tu rostro
en el momento del peligro;
inclina hacia mí tu oído,
respóndeme pronto, cuando te invoco. R.
Las naciones temerán tu Nombre, Señor,
y los reyes de la tierra se rendirán ante tu gloria:
cuando el Señor reedifique a Sión
y aparezca glorioso en medio de ella;
cuando acepte la oración del desvalido
y no desprecie su plegaria. R.
Quede esto escrito para el tiempo futuro
y un pueblo renovado alabe al Señor:
porque él se inclinó desde su alto Santuario
y miró a la tierra desde el cielo,
para escuchar el lamento de los cautivos
y librar a los condenados a muerte. R.
VERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO
La semilla es la palabra de Dios, el sembrador es Cristo;
el que lo encuentra permanece para siempre.
EVANGELIO
Cuando hayan levantando al Hijo del hombre,
entonces sabrán que Yo soy
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 8, 21-30
Jesús dijo a los fariseos:
«Yo me voy, y ustedes me buscarán y morirán en su pecado. Adonde yo voy, ustedes no pueden ir.»
Los judíos se preguntaban: «¿Pensará matarse para decir: "Adonde yo voy, ustedes no pueden ir"?»
Jesús continuó: «Ustedes son de aquí abajo, yo soy de lo alto. Ustedes son de este mundo, yo no soy de este mundo.
Por eso les he dicho: "Ustedes morirán en sus pecados." Porque si no creen que Yo Soy, morirán en sus pecados.»
Los judíos le preguntaron: «¿Quién eres tú?»
Jesús les respondió: «Esto es precisamente lo que les estoy diciendo desde el comienzo. De ustedes, tengo mucho que decir,
mucho que juzgar. Pero aquel que me envió es veraz, y lo que aprendí de él es lo que digo al mundo.»
Ellos no comprendieron que Jesús se refería al Padre.
Después les dijo: «Cuando ustedes hayan levantado en alto al Hijo del hombre, entonces sabrán que Yo Soy y que no hago nada
por mí mismo, sino que digo lo que el Padre me enseñó. El que me envió está conmigo y no me ha dejado solo, porque yo hago
siempre lo que le agrada.»
Mientras hablaba así, muchos creyeron en él.
Palabra del Señor.
Dios ha enviado a su Ángel
y ha salvado a sus servidores
Lectura de la profecía de Daniel 3, 1.4.5b.6.8.12.14-20.24-25.28
El rey Nabucodonosor hizo una estatua de oro, de treinta
metros de alto y tres de ancho, y la erigió en la llanura de Dura, en la
provincia de Babilonia. El heraldo proclamó con fuerza: «A todos ustedes,
pueblos, naciones y lenguas, se les ordena lo siguiente: ustedes deberán
postrarse y adorar la estatua de oro que ha erigido el rey Nabucodonosor. El que
no se postre para adorarla, será arrojado inmediatamente dentro de un horno de
fuego ardiente».
En ese mismo momento se acercaron unos caldeos y acusaron a
los judíos ante el rey: «Hay unos judíos, Sadrac, Mesac y Abed Negó, a quienes
tú has encomendado la administración de la provincia de Babilonia: esos hombres
no te han hecho caso, rey; ellos no sirven a tus dioses ni adoran la estatua de
oro que tú has erigido».
Nabucodonosor tomó la palabra y dijo: «¿Es verdad, Sadrac, Mesac y Abed Negó,
que ustedes no sirven a mis dioses y no adoran la estatua de oro que yo erigí?
¿Están dispuestos ahora, apenas oigan el sonido de la trompeta, el pífano, la
cítara, la sambuca, el laúd, la cornamusa y de toda clase de instrumentos, a
postrarse y adorar la estatua que yo hice? Porque si ustedes no la adoran, serán
arrojados inmediatamente dentro de un horno de fuego ardiente. ¿Y qué Dios podrá
salvarlos de mi mano?»
Sadrac, Mesac y Abed Negó respondieron al rey Nabucodonosor, diciendo: «No
tenemos necesidad de darte una respuesta acerca de este asunto. Nuestro Dios, a
quien servimos, puede salvarnos del horno de fuego ardiente y nos librará de tus
manos. Y aunque no lo haga, ten por sabido, rey, que nosotros no serviremos a
tus dioses ni adoraremos la estatua de oro que tú has erigido.»
Nabucodonosor se llenó de furor y la expresión de su rostro se alteró frente a Sadrac, Mesac y Abed Negó. El rey tomó la palabra y ordenó activar el horno
siete veces más de lo habitual. Luego ordenó a los hombres más fuertes de su
ejército que ataran a Sadrac, Mesac y Abed Negó, para arrojarlos en el horno de
fuego ardiente.
El rey Nabucodonosor quedó estupefacto y se levantó rápidamente. Y tomando la
palabra, dijo a sus cortesanos: «¿No eran tres los hombres que fueron atados y
arrojados dentro del fuego?»
Ellos le respondieron, diciendo: «Así es, rey.»
El replicó: «Sin embargo, yo veo cuatro hombres que caminan libremente por el
fuego sin sufrir ningún daño, y el aspecto del cuarto se asemeja a un hijo de
los dioses.»
Nabucodonosor tomó la palabra y dijo: «Bendito sea el Dios de Sadrac, Mesac y
Abed Negó, porque ha enviado a su Ángel y ha salvado a sus servidores, que
confiaron en él y, quebrantando la orden del rey, entregaron su cuerpo antes que
servir y adorar a cualquier otro dios que no fuera su Dios.»
Palabra de Dios.
SALMO Dn 3, 52a y cd. 53. 54-55. 56
Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres.
Bendito sea tu santo y glorioso Nombre.
R. Alabado y exaltado eternamente.
Bendito seas en el Templo de tu santa gloria.
R. Aclamado y glorificado eternamente
por encima de todo.
Bendito seas en el trono de tu reino.
R. Aclamado por encima de todo
y exaltado eternamente.
Bendito seas tú, que sondeas los abismos
y te sientas sobre los querubines.
R. Alabado y exaltado eternamente por encima de todo.
Bendito seas en el firmamento del cielo.
R. Aclamado y glorificado eternamente.
VERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO Cf. Lc 8, 15
Felices los que retienen la Palabra de Dios
con un corazón bien dispuesto
y dan fruto gracias a su constancia.
EVANGELIO
Si el Hijo los libera serán realmente libres
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 8, 31-42
Jesús dijo a aquellos judíos que habían creído en él:
«Si ustedes permanecen fieles a mi palabra, serán verdaderamente mis discípulos:
conocerán la verdad y la verdad los hará libres.»
Ellos le respondieron: «Somos descendientes de Abraham y jamás hemos sido
esclavos de nadie. ¿Cómo puedes decir entonces: "Ustedes serán libres"?»
Jesús les respondió: «Les aseguro que todo el que peca es esclavo del pecado. El
esclavo no permanece para siempre en la casa; el hijo, en cambio, permanece para
siempre. Por eso, si el Hijo los libera, ustedes serán realmente libres. Yo sé
que ustedes son descendientes de Abraham, pero tratan de matarme porque mi
palabra no penetra en ustedes.
Yo digo lo que he visto junto a mi Padre, y ustedes hacen lo que han aprendido
de su padre.»
Ellos le replicaron: «Nuestro padre es Abraham.»
Y Jesús les dijo: «Si ustedes fueran hijos de Abraham obrarían como él. Pero
ahora quieren matarme a mí, al hombre que les dice la verdad que ha oído de
Dios. Abraham no hizo eso. Pero ustedes obran como su padre.»
Ellos le dijeron: «Nosotros no hemos nacido de la prostitución; tenemos un solo
Padre, que es Dios.»
Jesús prosiguió: «Si Dios fuera su Padre, ustedes me amarían, porque yo he
salido de Dios y vengo de él. No he venido por mí mismo, sino que él me envió.»
Palabra del Señor.
Serás el padre de una multitud de naciones
Lectura del libro del Génesis 17, 3-9
Abrám cayó con el rostro en tierra, mientras Dios le seguía diciendo:
«Esta será mi alianza contigo: tú serás el padre de una multitud de naciones. Y
ya no te llamarás más Abrám: en adelante tu nombre será Abraham, para indicar
que yo te he constituido padre de una multitud de naciones. Te haré
extraordinariamente fecundo: de ti suscitaré naciones, y de ti nacerán reyes.
Estableceré mi alianza contigo y con tu descendencia a través de las
generaciones. Mi alianza será una alianza eterna, y así yo seré tu Dios y el de
tus descendientes. Yo te daré en posesión perpetua, a ti y a tus descendientes,
toda la tierra de Canaán, esa tierra donde ahora resides como extranjero, y yo
seré su Dios.»
Después, Dios dijo a Abraham: «Tú, por tu parte, serás fiel a mi alianza; tú, y
también tus descendientes, a lo largo de las generaciones.»
Palabra de Dios.
SALMO 104, 4-5. 6-7. 8-9
R. El Señor se acuerda eternamente de su alianza.
¡Recurran al Señor y a su poder,
busquen constantemente su rostro;
recuerden las maravillas que él obró,
sus portentos y los juicios de su boca! R.
Descendientes de Abraham, su servidor,
hijos de Jacob, su elegido:
el Señor es nuestro Dios,
en toda la tierra rigen sus decretos. R.
El se acuerda eternamente de su alianza,
de la palabra que dio por mil generaciones,
del pacto que selló con Abraham,
del juramento que hizo a Isaac. R.
VERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO Cf. Sal 94, 8ab
No endurezcan hoy su corazón,
sino escuchen la voz del Señor.
EVANGELIO
Abraham, vuestro padre, se alegró pensando ver mi día
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 8, 51-59
Jesús dijo a los judíos:
«Les aseguro que el que es fiel a mi palabra, no morirá jamás.»
Los judíos le dijeron: «Ahora sí estamos seguros de que estás endemoniado.
Abraham murió, los profetas también, y tú dices: "El que es fiel a mi palabra,
no morirá jamás." ¿Acaso eres más grande que nuestro padre Abraham, el cual
murió? Los profetas también murieron. ¿Quién pretendes ser tú?»
Jesús respondió: «Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada. Es
mi Padre el que me glorifica, el mismo al que ustedes llaman "nuestro Dios", y
al que, sin embargo, no conocen. Yo lo conozco y si dijera: "No lo conozco",
sería, como ustedes, un mentiroso. Pero yo lo conozco y soy fiel a su palabra.
Abraham, el padre de ustedes, se estremeció de gozo, esperando ver mi Día: lo
vio y se llenó de alegría.»
Los judíos le dijeron: «Todavía no tienes cincuenta años ¿y has visto a Abraham?»
Jesús respondió: «Les aseguro que desde antes que naciera Abraham, Yo Soy.»
Entonces tomaron piedras para apedrearlo, pero Jesús se escondió y salió del Templo.
Palabra del Señor.
El Señor está conmigo como un guerrero temible
Lectura del libro del profeta Jeremías 20, 10-13
Oía los rumores de la gente: «¡Terror por todas partes! ¡Denúncienlo! ¡Sí, lo
denunciaremos!» Hasta mis amigos más íntimos acechaban mi caída: «Tal vez se lo
pueda seducir; prevaleceremos sobre él y nos tomaremos nuestra venganza.»
Pero el Señor está conmigo como un guerrero temible: por eso mis perseguidores
tropezarán y no podrán prevalecer; se avergonzarán de su fracaso, será una
confusión eterna, inolvidable.
Señor de los ejércitos, que examinas al justo, que ves las entrañas y el
corazón, ¡que yo vea tu venganza sobre ellos!, porque a ti he encomendado mi
causa.
¡Canten al Señor, alaben al Señor, porque él libró la vida del indigente del
poder de los malhechores!
Palabra de Dios.
SALMO 17, 2-3a. 3bc-4. 5-6. 7
R. En mi angustia invoqué al Señor y él me escuchó.
Yo te amo, Señor, mi fuerza,
Señor, mi Roca, mi fortaleza y mi libertador. R.
Eres mi Dios, el peñasco en que me refugio,
mi escudo, mi fuerza salvadora, mi baluarte.
Invoqué al Señor, que es digno de alabanza
y quedé a salvo de mis enemigos. R.
Las olas de la Muerte me envolvieron,
me aterraron los torrentes devastadores,
me cercaron los lazos del Abismo,
las redes de la Muerte llegaron hasta mí. R.
Pero en mi angustia invoqué al Señor,
grité a mi Dios pidiendo auxilio,
y él escuchó mi voz desde su Templo,
mi grito llegó hasta sus oídos. R.
VERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO Cf. Jn 6, 63c. 68c
Tus palabras, Señor, son Espíritu y Vida;
tú tienes palabras de Vida eterna.
EVANGELIO
Intentaron detenerlo, pero él se les escapó de las manos
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 10, 31-42
Los judíos tomaron piedras para apedrearlo.
Entonces Jesús dijo: «Les hice ver muchas obras buenas que vienen del Padre;
¿por cuál de ellas me quieren apedrear?»
Los judíos le respondieron: «No queremos apedrearte por ninguna obra buena, sino
porque blasfemas, ya que, siendo hombre, te haces Dios.»
Jesús les respondió: «¿No está escrito en la Ley: Yo dije: Ustedes son dioses?
Si la Ley llama dioses a los que Dios dirigió su Palabra -y la Escritura no
puede ser anulada- ¿Cómo dicen: "Tú blasfemas", a quien el Padre santificó y
envió al mundo, porque dijo: "Yo soy Hijo de Dios"?
Si no hago las obras de mi Padre, no me crean; pero si las hago, crean en las
obras, aunque no me crean a mí. Así reconocerán y sabrán que el Padre está en mí
y yo en el Padre.»
Ellos intentaron nuevamente detenerlo, pero él se les escapó de las manos. Jesús
volvió a ir al otro lado del Jordán, al lugar donde Juan había bautizado, y se
quedó allí. Muchos fueron a verlo, y la gente decía: «Juan no ha hecho ningún
signo, pero todo lo que dijo de este hombre era verdad.» Y en ese lugar muchos
creyeron en él.
Palabra del Señor.
Haré de ellos una sola nación
Lectura de la profecía de Ezequiel 37, 21-28
Así habla el Señor:
Yo voy a tomar a los israelitas de entre las naciones adonde habían ido; los
reuniré de todas partes y los llevaré a su propio suelo. Haré de ellos una sola
nación en la tierra, en las montañas de Israel, y todos tendrán un solo rey: ya
no formarán dos naciones ni estarán más divididos en dos reinos.
Ya no volverán a contaminarse con sus ídolos, con sus abominaciones y con todas
sus rebeldías. Los salvaré de sus pecados de apostasía y los purificaré: ellos
serán mi Pueblo y yo seré su Dios.
Mi servidor David reinará sobre ellos y todos ellos tendrán un solo pastor.
Observarán mis leyes, cumplirán mis preceptos y los pondrán en práctica.
Habitarán en la tierra que di a mi servidor Jacob, donde habitaron sus padres.
Allí habitarán para siempre, ellos, sus hijos y sus nietos; y mi servidor David
será su príncipe eternamente.
Estableceré para ellos una alianza de paz, que será para ellos una alianza
eterna. Los instalaré, los multiplicaré y pondré mi Santuario en medio de ellos
para siempre. Mi morada estará junto a ellos: yo seré su Dios y ellos serán mi
Pueblo. Y cuando mi Santuario esté en medio de ellos para siempre, las naciones
sabrán que yo soy el Señor, el que santifico a Israel.
Palabra de Dios.
SALMO Jer 31, 10. 11-12ab. 13
R. El Señor nos cuidará como un pastor a su rebaño.
¡Escuchen, naciones, la palabra del Señor,
anúncienla en las costas más lejanas!
Digan: «El que dispersó a Israel lo reunirá,
y lo cuidará como un pastor a su rebaño.» R.
Porque el Señor ha rescatado a Jacob,
lo redimió de una mano más fuerte que él.
Llegarán gritando de alegría a la altura de Sión,
afluirán hacia los bienes del Señor. R.
Entonces la joven danzará alegremente,
los jóvenes y los viejos se regocijarán;
yo cambiaré su duelo en alegría,
los alegraré y los consolaré de su aflicción. R.
VERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO Ez 18, 31
Dice el Señor: Arrojen lejos de ustedes todas las rebeldías
y háganse un corazón nuevo y un espíritu nuevo.
EVANGELIO
Para congregar en la unidad a los hijos de Dios
que estaban dispersos
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 11, 45-57
Al ver lo que hizo Jesús, muchos de los judíos que habían ido a casa de María
creyeron en él. Pero otros fueron a ver a los fariseos y les contaron lo que
Jesús había hecho.
Los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron un Consejo y dijeron: «¿Qué
hacemos? Porque este hombre realiza muchos signos. Si lo dejamos seguir así,
todos creerán en él, y los romanos vendrán y destruirán nuestro Lugar santo y
nuestra nación.»
Uno de ellos, llamado Caifás, que era Sumo Sacerdote ese año, les dijo: «Ustedes
no comprenden nada. ¿No les parece preferible que un solo hombre muera por el
pueblo y no que perezca la nación entera?»
No dijo eso por sí mismo, sino que profetizó como Sumo Sacerdote que Jesús iba a
morir por la nación, y no solamente por la nación, sino también para congregar
en la unidad a los hijos de Dios que estaban dispersos.
A partir de ese día, resolvieron que debían matar a Jesús. Por eso él no se
mostraba más en público entre los judíos, sino que fue a una región próxima al
desierto, a una ciudad llamada Efraím, y allí permaneció con sus discípulos.
Como se acercaba la Pascua de los judíos, mucha gente de la región había subido
a Jerusalén para purificarse. Buscaban a Jesús y se decían unos a otros en el
Templo: «¿Qué les parece, vendrá a la fiesta o no?» Los sumos sacerdotes y los
fariseos habían dado orden de que si alguno conocía el lugar donde él se
encontraba, lo hiciera saber para detenerlo.
Palabra del Señor.