Lecturas de la decimotercera semana durante el año
Año impar
Lunes - Martes - Miércoles - Jueves - Viernes - Sábado
¿Vas a exterminar al justo con el culpable?
Lectura del libro del Génesis 18, 1-2a.16-33
El Señor se apareció a Abraham junto al encinar de Mamré, mientras él estaba
sentado a la entrada de su carpa, a la hora de más calor. Alzando los ojos,
divisó tres hombres que estaban parados cerca de él.
Después, los hombres salieron de allí y se dirigieron hacia Sodoma, y Abraham los
acompañó para despedirlos.
Mientras tanto, el Señor pensaba: «¿Dejaré que Abraham ignore lo que ahora voy a
realizar, siendo así que él llegará a convertirse en una nación grande y
poderosa, y que por él se bendecirán todas las naciones de la tierra? Porque yo
lo he elegido para que enseñe a sus hijos, y a su familia después de él, que se
mantengan en el camino del Señor, practicando lo que es justo y recto. Así el
Señor hará por Abraham lo que ha predicho acerca de él.»
Luego el Señor añadió: «El clamor contra Sodoma y Gomorra es tan grande, y su
pecado tan grave, que debo bajar a ver si sus acciones son realmente como el
clamor que ha llegado hasta mí. Si no es así, lo sabré.»
Dos de esos hombres partieron de allí y se fueron hacia Sodoma, pero el Señor se
quedó de pie frente a Abraham. Entonces Abraham se le acercó y le dijo: «¿Así
que vas a exterminar al justo junto con el culpable? Tal vez haya en la ciudad
cincuenta justos. ¿Y tú vas a arrasar ese lugar, en vez de perdonarlo por amor a
los cincuenta justos que hay en él? ¡Lejos de ti hacer semejante cosa! ¡Matar al
justo juntamente con el culpable, haciendo que los dos corran la misma suerte!
¡Lejos de ti! ¿Acaso el Juez de toda la tierra no va a hacer justicia?»
El Señor respondió: «Si encuentro cincuenta justos en la ciudad de Sodoma,
perdonaré a todo ese lugar en atención a ellos.»
Entonces Abraham dijo: «Yo, que no soy más que polvo y ceniza, tengo el
atrevimiento de dirigirme a mi Señor. Quizá falten cinco para que los justos
lleguen a cincuenta. Por esos cinco ¿vas a destruir toda la ciudad?»
«No la destruiré si encuentro allí cuarenta y cinco», respondió el Señor.
Pero Abraham volvió a insistir: «Quizá no sean más que cuarenta.»
Y el Señor respondió: «No lo haré por amor a esos cuarenta.»
«Por favor, dijo entonces Abraham, que mi Señor no lo tome a mal si continúo
insistiendo. Quizá sean solamente treinta.»
Y el Señor respondió: «No lo haré si encuentro allí a esos treinta.»
Abraham insistió: «Una vez más, me tomo el atrevimiento de dirigirme a mi Señor.
Tal vez no sean más que veinte.»
«No la destruiré en atención a esos veinte», declaró el
Señor.
«Por favor, dijo entonces Abraham, que mi Señor no se enoje si hablo por última
vez. Quizá sean solamente diez.»
«En atención a esos diez, respondió, no la destruiré.»
Apenas terminó de hablar con él, el Señor se fue, y Abraham regresó a su casa.
Palabra de Dios.
SALMO Sal 102, 1-2. 3-4. 8-9. 10-11 (R.: 8a)
R. ¡El Señor es bondadoso y compasivo!.
Bendice al Señor, alma mía,
que todo mi ser bendiga a su santo Nombre;
bendice al Señor, alma mía,
y nunca olvides sus beneficios. R.
El perdona todas tus culpas
y cura todas tus dolencias;
rescata tu vida del sepulcro,
te corona de amor y de ternura. R.
El Señor es bondadoso y compasivo,
lento para enojarse y de gran misericordia;
no acusa de manera inapelable
ni guarda rencor eternamente. R.
No nos trata según nuestros pecados
ni nos paga conforme a nuestras culpas.
Cuanto se alza el cielo sobre la tierra,
así de inmenso es su amor por los que lo temen. R.
ALELUIA Cf. Sal 94, 8ab
Aleluia.
No endurezcan hoy su corazón,
sino escuchen la voz del Señor.
Aleluia.
EVANGELIO
Sígueme
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo
8, 18-22
Al verse rodeado de tanta gente, Jesús mandó a sus discípulos que cruzaran a la otra orilla.
Entonces se aproximó un escriba y le dijo: «Maestro, te seguiré adonde vayas.»
Jesús le respondió: «Los zorros tienen sus cuevas y las aves del cielo
sus nidos; pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza.»
Otro de sus discípulos le dijo: «Señor, permíteme que vaya antes a enterrar a mi padre.»
Pero Jesús le respondió: «Sígueme, y deja que los muertos entierren a sus muertos.»
El Señor hizo llover sobre Sodoma y Gomorra azufre y fuego
Lectura del libro del Génesis 19, 15-29
Cuando el Señor decidió destruir las ciudades de Sodoma y
Gomorra, los ángeles instaron a Lot, diciéndole: «¡Vamos! Saca a tu mujer y a tus dos
hijas que están aquí, para que no seas aniquilado cuando la ciudad reciba su
castigo.» Como él no salía de su asombro, los hombres lo tomaron de la mano, lo
mismo que a su esposa y a sus dos hijas, y lo sacaron de la ciudad para ponerlo
fuera de peligro, porque el Señor tuvo compasión de él.
Después que lo sacaron, uno de ellos dijo: «Huye, si quieres salvar la vida. No
mires hacia atrás, ni te detengan en ningún lugar de la región baja. Escapa a
las montañas, para no ser aniquilado.»
Lot respondió: «No, por favor, Señor mío. Tú has sido bondadoso con tu servidor
y me has demostrado tu gran misericordia, salvándome la vida. Pero yo no podré
huir a las montañas, sin que antes caigan sobre mí la
destrucción y la muerte. Aquí cerca hay una ciudad -es una población
insignificante- donde podré refugiarme. Deja que me quede en ella, ya que es tan
pequeña, y así estaré a salvo.»
Entonces él le respondió: «Voy a complacerte una vez más: no destruiré la ciudad
de la que hablas. Pero apúrate; refúgiate en ella, porque no podré hacer nada
hasta que llegues allí.» Por eso la ciudad recibió el nombre de Soar, que
significa «pequeño poblado.»
Cuando el sol comenzó a brillar sobre la tierra, Lot entró en Soar.
Entonces el Señor hizo llover sobre Sodoma y Gomorra azufre y fuego que
descendían del cielo. Así destruyó esas ciudades y toda la extensión de la
región baja, junto con los habitantes de las ciudades y la vegetación del suelo.
Y como la mujer de Lot miró hacia atrás, quedó convertida en una columna de sal.
A la madrugada del día siguiente, Abraham regresó al lugar donde había estado en
la presencia del Señor. Cuando dirigió su mirada hacia Sodoma, Gomorra y toda la
extensión de la región baja, vio un humo que subía de la tierra, como el humo de
un horno.
Así, cuando Dios destruyó las ciudades de la región baja, se acordó de Abraham,
librando a Lot de la catástrofe con que arrasó las ciudades donde él había
vivido.
Palabra de Dios.
SALMO Sal 25, 2-3. 9-10. 11-12 (R.: 3a)
R. ¡Tu amor está siempre ante mis ojos, Señor!.
Examíname, Señor, y pruébame,
sondea hasta lo más íntimo de mi ser;
porque tu amor está siempre ante mis ojos,
y yo camino en tu verdad. R.
No me incluyas entre los pecadores
ni entre los hombres sanguinarios:
ellos tienen las manos llenas de infamia,
y su derecha está repleta de sobornos. R.
Yo, en cambio, procedo íntegramente:
líbrame y concédeme tu gracia.
Mis pies están firmes sobre el camino llano,
y en la asamblea bendeciré al Señor. R.
ALELUIA Sal 129, 5
Aleluia.
Espero en el Señor y confío en su palabra.
Aleluia.
EVANGELIO
Levantándose, increpó al viento y al mar
y sobrevino una gran calma
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 8, 23-27
Jesús subió a la barca y sus discípulos lo siguieron. De pronto se desató en el mar una tormenta tan grande, que las olas cubrían la barca. Mientras tanto,
Jesús dormía. Acercándose a él, sus discípulos lo despertaron, diciéndole: «¡Sálvanos, Señor, nos hundimos!»
Él les respondió: «¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe?» Y levantándose, increpó al viento y al mar, y sobrevino una gran calma.
Los hombres se decían entonces, llenos de admiración: «¿Quién es este, que hasta el viento y el mar le obedecen?»
El hijo de esa esclava
no va a compartir la herencia con mi hijo Isaac
Lectura del libro del Génesis 21, 3. 5. 8-20
En el tiempo anunciado por Dios, Sara concibió y dio un hijo
a
Abraham, que ya era anciano. El niño creció y fue destetado, y el
día en que lo destetaron, Abraham ofreció un gran banquete. Sara vio que el hijo
de Agar, la egipcia, jugaba con su hijo Isaac. Entonces dijo a Abraham: «Echa a
esa esclava y a su hijo, porque el hijo de esa esclava no va a compartir la
herencia con mi hijo Isaac.» Esto afligió profundamente a Abraham, ya que el
otro también era hijo suyo.
Pero Dios le dijo: «No te aflijas por el niño y por tu esclava. Concédele a Sara
lo que ella te pide, porque de Isaac nacerá la descendencia que llevará tu
nombre. Y en cuanto al hijo de la esclava, yo hará de él una gran nación, porque
también es descendiente tuyo.»
A la madrugada del día siguiente, Abraham tomó un poco de pan y un odre con agua
y se los dio a Agar; se los puso sobre las espaldas, y la despidió junto con el
niño. Ella partió y anduvo errante por el desierto de Berseba. Cuando se acabó
el agua que llevaba en el odre, puso al niño debajo de unos arbustos, y fue a
sentarse aparte, a la distancia de un tiro de flecha, pensando: «Al menos no
veré morir al niño.» Y cuando estuvo sentada aparte, prorrumpió en sollozos.
Dios escuchó la voz del niño, y el Angel de Dios llamó a Agar desde el cielo:
«¿Qué te pasa, Agar?», le dijo. «No temas, porque Dios ha oído la voz del niño
que está ahí. Levántate, alza al niño y estréchalo bien en tus brazos, porque yo
haré de él una gran nación.»
En seguida Dios le abrió los ojos, y ella divisó un pozo de agua. Fue entonces a
llenar el odre con agua y dio de beber al niño.
Dios acompañaba al niño y este fue creciendo. Su morada era el desierto, y se
convirtió en un arquero experimentado.
Palabra de Dios.
SALMO Sal 33, 7-8. 10-11. 12-13 (R.: 7a)
R. El Señor escucha al pobre que lo invoca.
Este pobre hombre invocó al Señor:
él lo escuchó y los salvó de sus angustias.
El Angel del Señor acampa
en torno de sus fieles, y los libra. R.
Teman al Señor, todos sus santos,
porque nada faltará a los que lo temen.
Los ricos se empobrecen y sufren hambre,
pero los que buscan al Señor no carecen de nada. R.
Vengan, hijos, escuchen:
voy a enseñarles el temor del Señor.
¿Quién es el hombre que ama la vida
y desea gozar de días felices? R.
ALELUIA Sant 1, 18
Aleluia.
El Padre ha querido engendrarnos
por su Palabra de verdad,
para que seamos como las primicias de su creación.
Aleluia.
EVANGELIO
¿Has venido aquí para atormentar a los demonios antes de tiempo?
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo
8, 28-34
Cuando Jesús llegó a la otra orilla, a la región de los gadarenos, fueron a su
encuentro dos endemoniados que salían de los sepulcros. Eran tan feroces, que
nadie podía pasar por ese camino. Y comenzaron a gritar: «¿Que quieres de
nosotros, Hijo de Dios? ¿Has venido aquí para atormentarnos antes de tiempo?»
A cierta distancia había una gran piara de cerdos paciendo. Los demonios
suplicaron a Jesús: «Si vas a expulsarnos, envíanos a esa piara.» El les dijo:
«Vayan.» Ellos salieron y entraron en los cerdos: estos se precipitaron al mar
desde lo alto del acantilado, y se ahogaron.
Los cuidadores huyeron y fueron a la ciudad para llevar la noticia de todo lo
que había sucedido con los endemoniados. Toda la ciudad salió al encuentro de
Jesús y, al verlo, le rogaron que se fuera de su territorio.
El sacrificio de Abraham,
nuestro padre en la fe
Lectura del libro del Génesis 22, 1-19
Después que Abraham permaneció largo tiempo en el país de los
filisteos, Dios puso a prueba a Abraham. «¡Abraham!», le dijo.
Él respondió: «Aquí estoy.»
Entonces Dios le siguió diciendo: «Toma a tu hijo único, el que tanto amas, a
Isaac; ve a la región de Moria, y ofrécelo en holocausto sobre la montaña que yo
te indicaré.»
A la madrugada del día siguiente, Abraham ensilló su asno, tomó consigo a dos de
sus servidores y a su hijo Isaac, y después de cortar la leña para el
holocausto, se dirigió hacia el lugar que Dios le había indicado. Al tercer día,
alzando los ojos, divisó el lugar desde lejos, y dijo a sus servidores:
«Quédense aquí con el asno, mientras yo y el muchacho seguimos adelante. Daremos
culto a Dios, y después volveremos a reunirnos con ustedes.»
Abraham recogió la leña para el holocausto y la cargó sobre su hijo Isaac; él,
por su parte, tomó en sus manos el fuego y el cuchillo, y siguieron caminando
los dos juntos.
Isaac rompió el silencio y dijo a su padre Abraham: «¡Padre!»
Él respondió: «Sí, hijo mío.»
«Tenemos el fuego y la leña, continuó Isaac, pero ¿dónde está el cordero para el
holocausto?»
«Dios proveerá el cordero para el holocausto», respondió Abraham. Y siguieron
caminando los dos juntos.
Cuando llegaron al lugar que Dios le había indicado, Abraham erigió un altar,
dispuso la leña, ató a su hijo Isaac, y lo puso sobre el altar encima de la
leña. Luego extendió su mano y tomó el cuchillo para inmolar a su hijo. Pero el
Ángel del Señor lo llamó desde el cielo: «¡Abraham, Abraham!»
«Aquí estoy», respondió él.
Y el Ángel le dijo: «No pongas tu mano sobre el muchacho ni le hagas ningún
daño. Ahora sé que temes a Dios, porque no me has negado ni siquiera a tu hijo
único.»
Al levantar la vista, Abraham vio un carnero que tenía los cuernos enredados en
una zarza. Entonces fue a tomar el carnero, y lo ofreció en holocausto en lugar
de su hijo. Abraham llamó a ese lugar: «El Señor proveerá», y de allí se origina
el siguiente dicho: «En la montaña del Señor se proveerá.»
Luego el Ángel del Señor llamó por segunda vez a Abraham desde el cielo, y le
dijo: «Juro por mí mismo -oráculo del Señor- : porque has obrado de esa manera y
no me has negado a tu hijo único, yo te colmaré de bendiciones y multiplicaré tu
descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla
del mar. Tus descendientes conquistarán las ciudades de sus enemigos, y por tu
descendencia se bendecirán todas las naciones de la tierra, ya que has obedecido
mi voz.
Abraham regresó a donde estaban sus servidores. Todos juntos se fueron a Berseba,
y Abraham residió allí.
Palabra de Dios.
SALMO Sal 114, 1-2. 3-4. 5-6. 8-9 (R.: 9)
R. ¡Caminaré en presencia del Señor!
O bien:
Aleluia.
Amo al Señor, porque él escucha
el clamor de mi súplica,
porque inclina su oído hacia mí,
cuando yo lo invoco. R.
Los lazos de la muerte me envolvieron,
me alcanzaron las redes del Abismo,
caí en la angustia y la tristeza;
entonces invoqué al Señor:
«¡Por favor, sálvame la vida!» R.
El Señor es justo y bondadoso,
nuestro Dios es compasivo;
el Señor protege a los sencillos:
yo estaba en la miseria y me salvó. R.
El libró mi vida de la muerte,
mis ojos de las lágrimas y mis pies de la caída.
Yo caminaré en la presencia del Señor,
en la tierra de los vivientes. R.
ALELUIA 2Cor 5, 19
Aleluia.
Dios estaba en Cristo, reconciliando al mundo consigo,
confiándonos la palabra de la reconciliación.
Aleluia.
Evangelio
Glorificaban a Dios
por haber dado semejante poder a los hombres
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 9, 1-8
Jesús subió a la barca, atravesó el lago y regresó a su ciudad. Entonces le presentaron a un paralítico tendido en una camilla. Al ver la fe de esos
hombres, Jesús dijo al paralítico: «Ten confianza, hijo, tus pecados te son perdonados.»
Algunos escribas pensaron: «Este hombre blasfema.»
Jesús, leyendo sus pensamientos, les dijo: «¿Por qué piensan mal? ¿Qué es más fácil decir: "Tus pecados te son perdonados", o "Levántate y
camina"? Para que ustedes sepan que el Hijo del hombre tiene sobre la tierra el poder de perdonar los pecados -dijo al paralítico- levántate, toma tu
camilla y vete a tu casa.»
Él se levantó y se fue a su casa.
Al ver esto, la multitud quedó atemorizada y glorificaba a Dios por haber dado semejante poder a los hombres.
Isaac amó a Rebeca
y encontró un consuelo después de la muerte de su madre
Lectura del libro del Génesis 23, 1-4.
19; 24, 1-12. 15-16. 23-25. 32-34. 37-38. 57-59. 61-67
Sara vivió ciento veintisiete años, y murió en Quiriat Arbá -actualmente Hebrón-
en la tierra de Canaán. Abraham estuvo de duelo por Sara y lloró su muerte.
Después se retiró del lugar donde estaba el cadáver, y dijo a los descendientes
de Het: «Aunque yo no soy más que un extranjero residente entre ustedes, cédanme
en propiedad alguno de sus sepulcros, para que pueda retirar el cadáver de mi
esposa y darle sepultura».
Luego Abraham enterró a Sara en la caverna del campo de
Macpelá, frente a Mamré, en el país de Canaán.
Abraham ya era un anciano de edad avanzada, y el Señor lo había bendecido en
todo. Entonces dijo al servidor más antiguo de su casa, el que le administraba
todos los bienes: «Coloca tu mano debajo de mi muslo, y júrame por el Señor,
Dios del cielo y de la tierra, que no buscarás una esposa para mi hijo entre las
hijas de los cananeos, con los que estoy viviendo, sino que irás a mi país
natal, y de allí traerás una esposa para Isaac.»
El servidor le dijo: «Si la mujer no quiere venir conmigo a esta tierra, ¿debo
hacer que tu hijo regrese al país de donde saliste?»
«Cuídate muy bien de llevar allí a mi hijo», replicó Abraham. «El Señor, Dios
del cielo, que me sacó de mi casa paterna y de mi país natal, y me prometió
solemnemente dar esta tierra a mis descendientes, enviará su Ángel delante de
ti, a fin de que puedas traer de allí una esposa para mi hijo. Si la mujer no
quiere seguirte, quedarás libre del juramento que me haces; pero no lleves allí
a mi hijo».
El Señor puso su mano debajo del muslo de Abraham, su señor,
y le prestó juramento respecto de lo que habían hablado. Luego tomó diez de los
camellos de su señor, y tomando consigo toda clase de regalos, partió hacia Arám
Naharaím, hacia la ciudad de Najor. Allí hizo arrodillar a los camellos junto a
la fuente, en las afueras de la ciudad. Era el atardecer, la hora en que las
mujeres salen a buscar agua. Entonces dijo:«Señor, Dios de Abraham, dame hoy una
señal favorable, y muéstrate bondadoso con mi patrón Abraham».
Aún no había terminado de hablar, cuando Rebeca, la hija de
Betuel, apareció con su cantero en el hombro. Era una joven virgen, de aspecto
muy hermoso. El hombre le preguntó: «¿De quién eres hija? ¿y hay lugar en la
casa de tu padre para que podamos pasar la noche?» Ella respondió: « Soy la hija
de Betuel, el hijo de Milcá dió a Najor». Y añadió: «En nuestra casa hay paja y
abundancia, y también hay un sitio para pasar la noche».
El hombre entró en la casa. Pero cuando le sirvieron de comer
dijo: «No voy a comer si antes no expongo el asunto que traigo entre manos. Soy
servidor de Abraham. Mi patrón me hizo prestar un juramento diciendo: "No
busques una esposa para mi hijo entre las hijas de los cananeos en cuyo país
resido. Ve, en cambio a mi casa paterna, y busca entre mis familiares una esposa
para mi hijo"».
Ellos dijeron:« Llamemos a la muchacha, y preguntémosle qué
opina».
Entonces llamaron a Rebeca y le preguntaron: «¿Quieres irte
con este hombre?». «Sí», respondió ella. Ellos despidieron a Rebeca y a su
nodriza, lo mismo que al servidor y a sus acompañantes. Rebeca y sus sirvientes
montaron en los camellos y siguieron al hombre. Éste, tomó consigo a rebeca, y
partió.
Entretanto, Isaac había vuelto de las cercanías del pozo de Lajai Roí, porque
estaba radicado en la región del Négueb. Al atardecer salió a caminar por el
campo, y vio venir unos camellos. Cuando Rebeca vio a Isaac, bajó del camello y
preguntó al servidor: «¿Quién es ese hombre que viene hacia nosotros por el
campo?»
«Es mi señor», respondió el servidor. Entonces ella tomó su velo y se cubrió.
El servidor contó a Isaac todas las cosas que había hecho, y este hizo entrar a
Rebeca en su carpa. Isaac se casó con ella y la amó. Así encontró un consuelo
después de la muerte de su madre.
Palabra de Dios.
SALMO Sal 105, 1-2. 3-4a. 4b-5 (R.: 1a)
R. ¡Den gracias al Señor, porque es bueno!
¡Den gracias al Señor, porque es bueno,
porque es eterno su amor!
¿Quién puede hablar de las proezas del Señor
y proclamar todas sus alabanzas? R.
¡Felices los que proceden con rectitud,
los que practican la justicia en todo tiempo!
Acuérdate de mí, Señor,
por el amor que tienes a tu pueblo. R.
Visítame con tu salvación,
para que vea la felicidad de tus elegidos,
para que me alegre con la alegría de tu nación
y me gloríe con el pueblo de tu herencia. R.
ALELUIA Mt 11, 28
Aleluia.
«Vengan a mí
todos los que están afligidos y agobiados,
y Yo los aliviaré». Dice el Señor.
Aleluia.
EVANGELIO
No son los sanos los que tienen necesidad del médico;
prefiero la misericordia al sacrificio
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo
9, 9-13
Jesús vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado a la mesa de recaudación de impuestos, y le dijo: «Sígueme.» El se levantó y lo siguió.
Mientras Jesús estaba comiendo en la casa, acudieron muchos publicanos y pecadores, y se sentaron a comer con él y sus discípulos. Al ver esto, los fariseos
dijeron a los discípulos: «¿Por qué su Maestro come con publicanos y pecadores?»
Jesús, que había oído, respondió: «No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos. Vayan y aprendan qué significa: Yo quiero
misericordia y no sacrificios. Porque yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.»
Jacob suplantó a su hermano
y le quitó la bendición
Lectura del libro del Génesis
27, 1-5. 15-29
Cuando Isaac envejeció, sus ojos se debilitaron tanto que ya no veía nada.
Entonces llamó a Esaú, su hijo mayor, y le dijo: «¡Hijo mío!» «Aquí estoy»,
respondió él. «Como ves, continuó diciendo Isaac, yo estoy viejo y puedo morir
en cualquier momento. Por eso, toma tus armas -tu aljaba y tu arco- ve al campo,
y cázame algún animal silvestre. Después prepárame una buena comida, de esas que
a mí me gustan, y tráemela para que la coma. Así podré darte mi bendición antes
de morir.»
Rebeca había estado escuchando cuando Isaac hablaba con su hijo Esaú. Y apenas
este se fue al campo a cazar un animal para su padre, Rebeca dijo a Jacob: «Ve
al corral y tráeme de allí dos cabritos bien cebados. Yo prepararé con ellos una
buena comida para tu padre, de esas que le agradan a él y tu se la llevaras para
que la come. Así te bendecirá antes de morir».
Rebeca tomó una ropa de su hijo mayor Esaú, la mejor que había
en la casal, y se la puso a Jacob, su hijo menor; y con el cuero de los cabritos
le cubrió las manos y la parte lampiña del cuello. Luego le entregó la comida y
el pan que había preparado.
Jacob se presentó ante su padre y le dijo: «¡Padre!» Este respondió: «Sí, ¿quién
eres, hijo mío?» «Soy Esaú, tu hijo primogénito, respondió Jacob a su padre, y
ya hice lo que me mandaste. Por favor, siéntate y come lo que cacé, para que
puedas bendecirme».
Entonces Isaac le dijo: «¡Qué rápido lo has logrado, hijo mío!» Jacob respondió:
«El Señor, tu Dios, hizo que las cosas me salieran bien.»
Pero Isaac añadió: «Acércate, hijo mío, y deja que te toque, para ver si eres
realmente mi hijo Esaú o no.»
Él se acercó a su padre; este lo palpó y dijo: «La voz es de
Jacob, pero las manos son de Esaú.» Y no lo reconoció, porque sus manos estaban
cubiertas de vello, como las de su hermano Esaú. Sin embargo, cuando ya se
disponía a bendecirlo, le preguntó otra vez: «¿Tú eres mi hijo Esaú?» «Por
supuesto», respondió él.
«Entonces sírveme, continuó diciendo Isaac, y déjame comer lo que has cazado,
para que pueda darte mi bendición.»
Jacob le acercó la comida, y su padre la comió; también le sirvió vino, y lo
bebió. Luego su padre Isaac le dijo: «Acércate, hijo mío, y dame un beso.»
Cuando él se acercó para besarlo, Isaac percibió la fragancia de su ropa.
Entonces lo bendijo diciendo:
«Sí, la fragancia de mi hijo
es como el aroma de un campo
que el Señor ha
bendecido.
Que el Señor te dé el rocío del cielo,
y la fertilidad de la tierra,
trigo
y vino en abundancia.
Que los pueblos te sirvan
y las naciones te rindan
homenaje.
Tú serás el señor de tus hermanos,
y los hijos de tu madre se
inclinarán ante ti.
Maldito sea el que te maldiga,
y bendito el que te bendiga.»
Palabra de Dios.
SALMO Sal 134, 1-2. 3-4. 5-6 (R.: 3a)
R. ¡Alaben al Señor, porque es bueno!.
O bien:
Aleluia.
Alaben el nombre del Señor,
alábenlo, servidores del Señor,
los que están en la Casa del Señor,
en los atrios del Templo de nuestro Dios. R.
Alaben al Señor, porque es bueno,
canten a su Nombre, porque es amable;
porque el Señor eligió a Jacob,
a Israel, para que fuera su posesión. R.
Sí, yo sé que el Señor es grande,
nuestro Dios está sobre todos los dioses.
El Señor hace todo lo que quiere
en el cielo y en la tierra,
en el mar y en los océanos. R.
ALELUIA Jn 10, 27
Aleluia.
«Mis ovejas escuchan mi voz,
yo las conozco y ellas me siguen», dice el Señor.
Aleluia.
EVANGELIO
¿Acaso pueden estar tristes mientras el esposo está con ellos?
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 9, 14-17
Se acercaron los discípulos de Juan y le dijeron: «¿Por qué tus discípulos no ayunan, como lo hacemos nosotros y los fariseos?»
Jesús les respondió: «¿Acaso los amigos del esposo pueden estar tristes mientras el esposo está con ellos? Llegará el momento en que el esposo les será quitado,
y entonces ayunarán.
Nadie usa un pedazo de género nuevo para remendar un vestido viejo, porque el pedazo añadido tira del vestido y la rotura se hace más grande.
Tampoco se pone vino nuevo en odres viejos, porque los odres revientan, el vino se derrama y los odres se pierden. ¡No, el vino nuevo se pone en odres nuevos,
y así ambos se conservan!»