26 de junio
San Josemaría Escrivá de Balaguer
El Señor colocó al hombre en el jardín, para que lo cultivara
Lectura del libro del Génesis 2, 4b-9.15
Cuando el Señor Dios hizo tierra y cielo, no había aún matorrales en la tierra,
ni brotaba hierba en el campo, porque el Señor Dios no había enviado lluvia
sobre la tierra, ni había hombre que cultivase el campo.
Sólo un manantial salía del suelo y regaba la superficie del campo.
Entonces el Señor Dios modeló al hombre de arcilla del suelo, sopló en su nariz
un aliento de vida, y el hombre se convirtió en ser vivo.
El Señor Dios plantó un jardín en Edén, hacia oriente, y colocó en él al hombre
que había modelado.
El Señor Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles hermosos de ver y
buenos de comer; además, el árbol de la vida, en mitad del jardín, y el árbol
del conocimiento del bien y el mal.
El Señor Dios tomó al hombre y lo colocó en el jardín de Edén, para que lo
guardara y lo cultivara.
Palabra de Dios
SALMO Sal 2, 7-12
R.: Alaben al Señor, todas las naciones.
Voy a proclamar el decreto del Señor;
Él me ha dicho:
«Tú eres mi Hijo: Yo te he engendrado hoy. R.
Pídemelo: te daré en herencia las naciones,
en posesión, los confines de la tierra:
los gobernarás con cetro de hierro,
los quebrarás como jarro de loza». R.
Y ahora, reyes, sean sensatos;
escarmienten, los que rigen la tierra:
sirvan al Señor con temor,
ríndanle homenaje temblando. R.
No sea que se irrite, y vayan a la ruina,
porque se inflama de pronto su ira.
¡Dichosos los que se refugian en Él! R.
El Espíritu y nuestro espíritu dan un testimonio concorde: que somos hijos de Dios
Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los Romanos 8, 14-17
Hermanos:
Los que se dejan llevar por el Espíritu de Dios, esos son hijos de Dios.
Habéis recibido, no un espíritu de esclavitud, para recaer en el temor, sino un
espíritu de hijos adoptivos, que nos hace gritar: «¡Abba!» (Padre).
Ese Espíritu y nuestro espíritu dan un testimonio concorde: que somos hijos de
Dios; y, si somos hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con
Cristo, ya que sufrimos con él para ser también con él glorificados.
Palabra de Dios
ALELUYA Mc 1, 17
Vengan conmigo -dice el Señor- y los haré pescadores de hombres.
EVANGELIO
Desde ahora serás pescador de hombres
Lectura del santo evangelio según san Lucas 5, 1-11
En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la palabra de
Dios, estando él a orillas del lago de Genesaret. Vio dos barcas que estaban
junto a la orilla; los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las
redes.
Subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidió que la apartara un poco de
tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente.
Cuando acabó de hablar, dijo a Simón:
«Rema mar adentro, y echad las redes para
pescar».
Simón contestó:
«Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos pescado
nada; pero, por tu palabra, echaré las redes».
Y, puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan grande que reventaba la
red. Hicieron señas a los socios de la otra barca, para que vinieran a echarles
una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían. Al
ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús diciendo:
«Apártate de mí,
Señor, que soy un pecador».
Y es que el asombro se había apoderado de él y de los que estaban con él, al ver
la redada de peces que habían cogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan,
hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón.
Jesús dijo a Simón:
«No temas; desde ahora serás pescador de hombres».
Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.
Palabra del Señor.