PLEGARIA EUCARÍSTICA II

99. Aunque esta Plegaria eucarística tiene un prefacio propio que forma parte de su misma estructura, puede usarse también con otros prefacios, especialmente con aquellos que presentan una breve síntesis del misterio de la salvación, por ejemplo, con los prefacios comunes.

V. El Señor esté con ustedes.
R. Y con tu espíritu.

V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.

CP
En verdad es justo y necesario,
en nuestro deber y salvación
darte gracias, Padre santo,
siempre y en todo lugar,
por Jesucristo, tu Hijo amado.

Por él, que es tu Palabra, hiciste todas las cosas;
tú nos lo enviaste
para que, hecho hombre por obra del Espíritu Santo
y nacido de María, la Virgen,
fuera nuestro Salvador y Redentor.

Él, en cumplimiento de tu voluntad,
para destruir la muerte y manifestar la resurrección,
extendió sus brazos en la cruz,
y así adquirió para ti un pueblo santo.

Por eso, con los ángeles y los santos,
proclamamos tu gloria, diciendo:

Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del Universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo.

100. El sacerdote, con las manos extendidas, dice:
CP

Santo eres en verdad, Señor, fuente de toda santidad;

101. Junta las manos y, manteniéndolas extendidas sobre las ofrendas, dice:
CC

por eso te pedimos que santifiques estos dones
con la efusión de tu Espíritu,

Junta las manos y traza el signo de la cruz sobre el pan y el cáliz conjuntamente, diciendo:
de manera que se conviertan para nosotros
en el Cuerpo y + la Sangre
de Jesucristo, nuestro Señor.

Junta las manos.

102. En las fórmulas que siguen, las palabras del Señor han de pronunciarse claramente y con precisión, como lo requiere la naturaleza de las mismas palabras.
Él mismo,


En la Misa vespertina del Jueves santo:

    en esta misma noche,



cuando iba a ser entregado a su pasión,
voluntariamente aceptada,

Toma el pan y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue:
tomó pan, dándote gracias, lo partió
y lo dio a sus discípulos, diciendo:

Se inclina un poco.

TOMEN Y COMAN TODOS DE ÉL,
PORQUE ESTO ES MI CUERPO,
QUE SERÁ ENTREGADO POR USTEDES.


Muestra el pan consagrado al pueblo, lo deposita luego sobre la patena y lo adora, haciendo genuflexión.

103. Después prosigue:
Del mismo modo, acabada la cena,

Toma el cáliz y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue:
tomó el cáliz,
y, dándote gracias de nuevo,
lo pasó a sus discípulos, diciendo:

Se inclina un poco.

TOMEN Y BEBAN TODOS DE ÉL,
PORQUE ÉSTE ES EL CÁLIZ DE MI SANGRE,
SANGRE DE LA ALIANZA NUEVA Y ETERNA,
QUE SERÁ DERRAMADA
POR USTEDES Y POR MUCHOS
PARA EL PERDÓN DE LOS PECADOS.

HAGAN ESTO EN CONMEMORACIÓN MÍA.


Muestra el cáliz al pueblo, lo deposita luego sobre el corporal y lo adora, haciendo genuflexión.

104. Luego dice una de las siguientes fórmulas:
CP

Éste es el Misterio de nuestra fe.

O bien:
Éste es el Sacramento de nuestra fe.

Y el pueblo prosigue, aclamando:
Anunciamos tu muerte,
proclamamos tu resurrección.
¡Ven, Señor Jesús!


O bien:
CP

Éste es el Misterio de la fe, Cristo nos redimió.

Y el pueblo prosigue, aclamando:
Cada vez que comemos de este pan
y bebemos de este cáliz,
anunciamos tu muerte, Señor, hasta que vuelvas.

O bien:
CP

Éste es el Misterio de la fe, Cristo se entregó por nosotros.

Y el pueblo prosigue, aclamando:
Salvador del mundo, sálvanos,
que nos has liberado por tu cruz y resurrección.


105. Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice:
CC

Así, Padre,
al celebrar ahora
el memorial de la muerte y resurrección de tu Hijo,
te ofrecemos el Pan de Vida y el Cáliz de Salvación,
y te damos gracias
porque nos haces dignos de servirte en tu presencia.

Te pedimos humildemente
que el Espíritu Santo congregue en la unidad
a cuantos participamos del Cuerpo y Sangre de Cristo.

C1
Acuérdate, Señor,
de tu Iglesia extendida por toda la tierra;


    Los domingos, cuando no hay otro
«Acuérdate, Señor» propio, puede decirse:

Acuérdate, Señor de tu Iglesia, extendida por toda la tierra,
y reunida aquí en el domingo,
día en que Cristo ha vencido a la muerte
y nos ha hecho partícipes de su vida inmortal;

«Acuérdate, Señor»
propios de algunas solemnidades


En la Natividad del Señor y durante su octava:

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra
y reunida aquí (en la noche santa) en el día santo
en que la Virgen María dio a luz al Salvador del mundo;

En la Epifanía del Señor:

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra
y reunida aquí en el día santo en que tu único Hijo,
eterno como tú en la gloria,
se manifestó en la realidad de nuestra propia carne;

Desde la Misa de la Vigilia pascual hasta el segundo domingo de Pascua:

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra
y reunida aquí (en la noche santísima) en el día santísimo
de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo;

En la Ascensión del Señor:

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra
y reunida aquí en el día glorioso
en que Cristo ha sido constituido Señor del cielo y de la tierra;

En el domingo de Pentecostés:

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra
y reunida aquí en el día en que la efusión de tu Espíritu
ha hecho de ella sacramento de unidad para todos los pueblos;


y con el Papa N.,
con nuestro Obispo N. (Aquí se puede hacer mención del Obispo Coadjutor o Auxiliar, de acuerdo con la Ordenación general del Misal Romano, n. 149).


    El Obispo, cuando celebra en su diócesis, dice:
    conmigo, indigno servidor tuyo,

    Cuando celebra un Obispo que no es el Ordinario diocesano, dice:
    con mí hermano N., Obispo de esta Iglesia de N., conmigo, indigno siervo tuyo,


y todos los pastores que cuidan de tu pueblo,
llévala a su perfección por la caridad.


INTERCESIONES PARTICULARES

En las Misas de Pascua, de su Octava y en la del bautismo de adultos:

Acuérdate también de nuestros hermanos (N. y N.)
que hoy, por medio del bautismo (y de la confirmación),
han entrado a formar parte de tu familia;
ayúdales a seguir a Cristo, tu Hijo,
con ánimo generoso y ferviente.

En la Misa del Bautismo de niños:

Acuérdate también de nuestros hermanos (N. y N.)
(
de aquellos hermanos nuestros)
que hoy has hecho renacer del agua y del Espíritu Santo,
librándolos del pecado;
tú que los has incorporado,
como miembros vivos, al cuerpo de Cristo,
inscribe también sus nombres en el libro de la vida.

En la Misa de la Confirmación:

Acuérdate también de tus hijos (N. y N.)
que, regenerados en el bautismo,
hoy has confirmado,
marcándolos con el sello del Espíritu Santo;
custodia en ellos el don de tu amor.

En la Misa de Primera Comunión:

Acuérdate de tus hijos (N. y N.)
que por vez primera invitas en este día
a participar del pan de vida y del cáliz de salvación,
en la mesa de tu familia;
concédeles crecer siempre en tu amistad
y en la comunión con tu Iglesia.

En la Misa del Matrimonio:

Acuérdate de tus hijos (N. y N.)
que en Cristo, hoy han fundado una nueva familia,
iglesia doméstica y sacramento de tu amor,
y concédeles que la gracia de este día
se prolongue a lo largo de toda su vida.

En la Misa por los difuntos se puede añadir:

Recuerda a tu hijo (hija) N.,
a quien llamaste (hoy) de este mundo a tu presencia;
concédele que,
así como ha compartido ya la muerte de Jesucristo,
comparta también con él
la gloria de la resurrección.


C2
Acuérdate también de nuestros hermanos
que se durmieron en la esperanza de la resurrección,
y de todos los que han muerto en tu misericordia;
admítelos a contemplar la luz de tu rostro.
Ten misericordia de todos nosotros,
y así, con María, la Virgen Madre de Dios,
su esposo san José,
los apóstoles y cuantos vivieron en tu amistad
a través de los tiempos,
merezcamos, por tu Hijo Jesucristo,
compartir la vida eterna y cantar tus alabanzas.

Junta las manos.

106. Toma la patena con el pan consagrado y el cáliz y, elevándolos, dice:
CP o CC

Por Cristo, con él y en él,
a ti, Dios Padre omnipotente,
en la unidad del Espíritu Santo,
todo honor y toda gloria
por los siglos de los siglos.

El pueblo aclama:
Amén.

Después sigue el rito de la Comunión.